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[Presente Relativo] Some Negotiations | [Privado] - Onizuka Jin - 03-02-2026 Día 32, Invierno.
23:27h.
Jagd Hund, zarpando camino a Arabasta.
Vengo de aquí.
Las reparaciones del barco se habían dado de forma excelente, ahora podía incluso respirar algo más tranquilo gracias al hecho de haber demostrado sus capacidades. El barco navegaba con una perfección impecable, se había preocupado de hacerlo todo de la forma más perfecta posible y, sin embargo, todavía quedaba una cosa. Una importante...
Negocios.
Porque no planeaba solo subirse a un barco y hacer que todo cayera del cielo. Por supuesto que no, de hecho eso era imposible. Si quería llegar al Bajo Mundo, tenía que comenzar con algo. Tenía dos cosas, dos de lo más interesantes de hecho, o eso suponía. Pese a su conocimiento, no tenía tanto como para conocer el calibre de lo que tenía en las manos. Sí, era de noche, pero había elegido ese horario específicamente para no encontrarse con la pareja que también estaba en el barco y para que, al menos la mayoría de los soldados de Sohem estuvieran descansado. Esto era un asunto a tratar solo y exclusivamente entre el hombre y él mismo. Respiró profundamente una vez pudo pasar hasta donde sabía que solía estar, después de preguntar algunos compañeros. No abrió la puerta de golpe, desde luego esa no era la mejor opción si quería empezar con buen pie. Toc-Toc-Toc.
Tres golpes y esperó una respuesta, la que fuera necesaria para darle permiso para entrar. Lo hizo poco después de escuchar un sonido, posiblemente una respuesta, quizás solo siendo mandado a la mierda. Sin embargo no se rindió, primero habló desde el otro lado de la puerta para que supiera de quién se trataba. —Señor-... Digo... Jefe, soy yo, Jin. Jin Onizuka. — todavía no se acostumbraba a llamarlo por “jefe”, pero sabía que era cuestión de tiempo habituarse. Un pequeño desliz, mínimo. —Tengo algo importante que mostrarle, se-, jefe. Esperó un poco más antes de tomar la iniciativa y abrir la puerta. El aspecto de Jin era ordenado, el cabello todavía estaba algo húmedo por la reciente ducha, porque efectivamente, había tenido su pequeña dosis de placer antes de aparecerse frente a él. Además, llevaba ropa nocturna, suficiente para sentirse cómodo y que Sohem apreciara que no buscaba en absoluto ser hostil. Estar desarmado frente a alguien como él era la mejor idea si no quería consecuencias nefastas. —Espero que la reparación del barco haya quedado a su gusto, jefe. — pronunció a modo de saludo, inclinando ligeramente la cabeza de forma educada y seria. Caminó entonces hasta él, despacio. No reveló al instante lo que era que pudiera tener, pero en el fondo sabía que podría ser cuanto menos valioso. —¿Recuerda lo que le pedí cuando nos encontramos?
Hizo una breve pausa, recordando el momento del que le estaba hablando. Sin embargo, viendo que parecía olvidar los nombres, quiso retomar de nuevo la conversación. —Estoy interesado en contactos... interesantes, como bien le dije. Sé que comprende a qué me refiero. Prometo no decepcionarlo y, por supuesto, tampoco planeo que nada de esto sea gratis. Por eso... vengo con un par de obsequios a cambio, porque usted y yo sabemos que nada es gratis, ¿no es así? Puso entonces, sobre la mesa de su escritorio, en primer lugar, una pistola. La misma que había sacado de aquella tumba y esperó a que la analizara, si es que lo hacía. Esperó el tiempo necesario, sus ojos analizando el arma, con paciencia sublime. El cigarrillo que llevaba consigo desde el inicio del relato parecía empezar a terminar de consumirse. —Aparentemente es una especie de reliquia, bastante útil debo decir. — No recordaba haber visto antes un arma como esa y, quién sabe, quizás con un buen herrero podría ser incluso más útil. —Pero, por supuesto, eso no es todo, Jefe. Dio especial énfasis a la palabra "Jefe" esta vez, una media sonrisa, cargada de cálculo y orgullo iluminó su rostro al momento que colocó sobre la mesa dos guantes, en forma de garras. Guantes de un tamaño considerable que parecían tener la capacidad de adaptarse. No era necesario ser un genio para saber que eso tenía mucho más valor. ¿Quién sabe? Quizás fuera hasta demasiado peligroso para un cualquiera. Esperó unos segundos más, solo esperando a ver si analizaba o estudiaba el objeto. ¿Quizás conocía mejor el valor que él? ¿O la peligrosidad del mismo? Estaba expectante, lleno de adrenalina. No podía perder detalle de lo que transcurría en ese momento. ![]() —Esto también es para usted. Según tengo las fuentes que conozco, es una de las mejores armas, casi exclusivas.
Su media sonrisa se esbozaba ahora con más confianza, sus ojos procuraban no abandonar la parte del rostro ajeno, ya fuera que llevara o no la máscara. —No le pido nada a cambio, nada más que me deje unirme a usted, y confíe en que pueda demostrarle mis capacidades.
Cajita de Tabaco
RE: [Presente Relativo] Some Negotiations | [Privado] - Sohem - 05-02-2026 — Oe oe, tenemos que empezar a cobrar las deudas del banco — me dije a mi mismo viendo los papeles sobre mi escritorio, comprobando que en los Blues se había incrementado la cantidad de préstamos que se estaban dando, y pensando que quizá debería empezar a fortificar la presencia del Goldreich en esos mares débiles para que nadie pensase en tomarnos a la ligera o en la triste idea de robarnos. Hellhound reposaba junto a mi, apoyado en el suelo y verticalmente hacia la mesa. Emperor por su parte, estaba tirado encima de mi cama. Shoto lo había diseñado para que pudiera quitármelo desde el hombro con facilidad y una consecuente acción de los músculos de mi espalda y unos movimientos con la otra mano, para poder ducharme o dormir sin ese armatoste gigante. Yacía en silencio pero no carente del brillo característico que tenía en las tres cintas de color anaranjado en la zona del biceps. Esto dejaba a la vista la conexión mecánica en mi hombro, el injerto que hizo Shoto para conectarlo todo a los nervios, músculos y mi voluntad como tal, pues la capa de plumas estaba en un perchero en la pared, junto a la chaqueta militar gris verdoso que solía portar. Geheimnis reposaba sobre el escritorio donde trabajaba, mirándome desde todos y cada uno de esos agujeros que tenía. Por mi parte, vestía únicamente con mis botas altas, mi pantalón del mismo color que la chaqueta, y una camiseta interior de color blanca. Tres golpes sonaron en la puerta — Qué — dije, sin pregunta siquiera ni un tono amable, escuchando después la voz de uno de los nuevos tripulantes diciendo que tenía algo que mostrarme. Suspiré pesadamente y solté los papeles sobre la mesa, llevándome la mano a la cara y escuchando abrirse la puerta tras de mi. Después de eso expresó que esperaba que la reparación del barco hubiera quedado a mi gusto, ante lo que volví a abrir los ojos y me giré sobre mi mismo - ya que al estar sentado frente al escritorio daba la espalda a la puerta - y lo miré haciendo una reverencia — Ponte algo de ropa coño. Qué pintas son estas para venir a molestarme a estas putas horas — dije al verle con una túnica algo abierta y mostrando su cuerpo. No quería tonterías a bordo ni jueguitos raros de casanovas. Pero entonces comenzó a caminar hacia mi. Arqueé una ceja y le miré desde esa posición, ofreciendo el flanco sin brazo hacia él, completamente seguro de que podría aplastarle con mi mano desnuda si intentaba hacer algo, aunque lo único que intentó fue una pregunta. Me preguntó que si recordaba lo que me pidió cuando nos encontramos — No — mentí, respondiendo seco y áspero, antes de que pudiera continuar. Y así lo hizo, diciéndome que quería contactos e información pero que antes de esperarlos quería obsequiarme con algo. Eso captó mi atención. Entonces dejó en mi mesa una pistola grande con un cargador generoso. Un juguete para otro, no para mi. Las armas de fuego no eran de mi preferencia - aunque recordé el disparo a Nitobo por un breve segundo y pensé en que no era mala idea tener un arma propia - por más que la manufactura de la misma fuera interesante. La explicación que acompañaba este arma era vaga y redundante. Lo siguiente fueron dos guantes con cuchillas en los nudillos, grandes y anchos. Los miré frunciendo levemente el ceño y activé mi kenbunshoku simplemente por precaución, sintiendo como aquellas armas no eran unas armas cualquiera. Sostuve una de ellas con mi mano izquierda y me levanté de la silla. El hombre conmigo decía que eran armas exclusivas — Esto no es un juguete, es un arma peligrosa — dije mirándola, entendiendo y asumiendo completamente que me las estaba entregando a mi y que ahora eran cosa mía — ¿De donde coño has sacado esto, Limoni Cucas? — pregunté, girando la muñeca para apreciar aun más la calidad de aquellas garras. No eran armas corrientes y estaba completamente seguro de aquello, eran un tipo de armas que en las manos equivocadas podrían provocar mucho dolor al mundo. Eran especiales, si, pero eran peligrosas, y no quería que alguien con la fuerza suficiente como para enfrentarme tuviera una ventaja extra por usarlas. Comencé a acumular todo el calor que me era posible dentro de mi, haciendo que este se volviese cada vez más potente e incandescente en mi interior, sin dejarlo salir, sin causar sofoco fuera de mi. Preparándome. Aquellas armas no eran normales.
Técnicas
Inventario
RE: [Presente Relativo] Some Negotiations | [Privado] - Onizuka Jin - 05-02-2026 Sus ojos descendieron a su propia ropa. Elevó sus hombros, no buscaba ser descarado, tampoco nada con él, ya había tenido su propia diversión antes de estar allí. Por educación, de todas formas, se ató mejor la bata que usaba como pijama, incluso si debajo de ella tenía ropa interior. —Mis disculpas, no busco faltarle al respeto, es por comodidad. — No mentía y, además, presentarse así solo revelaba más que no estaba armado, que no buscaba atacarlo ni dañarlo. Era el mejor método. Por supuesto, los modales carecían en el ya no enmascarado. Su rostro ahora, bajo la escasa iluminación que permitía la habitación, podía seguir viendo las cicatrices de su rostro, unas que claramente contaban historias muy serias sin hablar. No le tomó importancia, estaba acostumbrado y, teniendo en cuenta que todavía no lo conocía, era normal que estuviera alerta y no tuviera un poco de tacto. Sus ojos lo analizaron, estudiándolo, viendo cómo ahora que había hecho entrega de las armas las observaba detenidamente. Lo supo; había captado su atención. No supo de la pistola, pero sí que parecía saber algo más que él. Quizás solo estuviera pensando en otra forma de uso. Por un momento llegó a creer que el valor que tenían era nulo... hasta que claramente hubo palabras, palabras que eran muy serias. No conocía que el peligro fuera TAN elevado, sabía que podrían serlo, por supuesto, también que eran de un valor sumamente elevado, pero no el calibre que poseían. Eso despertó incluso más su propio interés. Sus labios esbozaron una sonrisa de oreja a oreja, estaba comenzando a llegar a él como había querido. —Jefe, no quiero faltarle al respeto, pero todavía no ha respodido a lo que le he dicho.
Sus brazos se elevaron, cruzándose entre su pecho, cubriendo mejor la zona descubierta con la que se había presentado frente a él y, una vez más, tratando de no ser descarado. —Como le he dicho, son obsequios a cambio del favor que le pedí. Sé que conoce bien esta línea de trabajo, y estoy seguro de que alguien como usted, Jefe, tendrá más experiencia quizás que yo en este tipo de negocios. — El cigarrillo ahora reposaba en su diestra, entre el índice y corazón, por el brazo que estaba en el exterior. Lo observó a él, luego al arma. —Podría decirle de dónde lo saqué, por supuesto, pero dígame, ¿eso garantiza que me acepte trabajar con usted? ¿Siquiera poder conseguir su confianza por mínimo que sea? — El tono de su voz se volvió más pausado, firme y seguro. No trató de corregir el hecho de que lo llamara con otro nombre, incluso si se había presentado de nuevo antes de entrar. Se había habituado a ello, igual que lo había hecho en su momento con Hyákinthos. —Aún así, como le dije, quiero que confíe en mí, así que le diré dónde lo encontré.
Aprovecharía el hecho de que, al menos de forma aparente, no parecía recordar que él mismo le había entregado esos cuerpos, o quizás ni siquiera había prestado atención a las armas que poseían. Mejor así. —Fue en dos cuerpos. Esa arma concretamente en la de un Mink que era seriamente peligroso. No creo que sea necesario dar detalles de cómo murieron. — No es que los hubiera matado él y, aunque hubiera querido, no hubiera siquiera podido. Esa emboscada inesperada de aquel aluvión de Marines y dos cazadores era algo imposible de escapar. —Nadie más las ha tocado desde que las tengo y, como ve, se las estoy entregando a usted. No pido Berries, no pido poder, solo que me de una oportunidad, que me deje unirme a usted, trabajar para usted y demostrarle las capacidades que poseo hasta que consiga confiar plenamente en mí. — Estiró el cigarrillo, ofreciéndoselo de forma amistosa. —¿Qué me dice, Jefe? Estoy seguro de que esas armas en las manos equivocadas podrían resultar seriamente peligrosas, quizás destruir más de lo que creamos usted y yo, pero sé que con usted estará en buenas manos. Es más fuerte que yo, más poderoso que yo y estoy seguro de que, o bien podría destruirlas para evitar el peligro o custodiarlas con una seguridad mucho mayor. La elección es suya.
Cajita de Tabaco
RE: [Presente Relativo] Some Negotiations | [Privado] - Sohem - 11-02-2026 No tardó en recalcar que no había respondido a su pregunta, como si le estuviera debiendo algo por enseñarme un par de guantes y una pistola deforme. Ni que yo llevara un anticuario de armas o algo por el estilo. Ni que se me pudiera comprar con "regalos" y "presentes" como estos. Me parecía que aquel chico no terminaba de entender con quién trataba... pero nada de títulos de Señor de la Moneda, ni Emperador del Bajo Mundo, ni ninguna mierda de esas. Con quien trataba como persona. Yo no era un pusilánime avaricioso al que poder comprar con agasajos. Yo era mi propia fuerza de combate, un ejército de un sólo hombre, y mi voluntad sólo se incrementaba ante las faltas de respeto. Pues aunque no tuviera memoria para las caras o los nombres, si la tenía para las palabras y los tratos. Y me acordaría de esto. Explicó brevemente que había saqueado estos objetos de dos cadáveres, y expresó su preocupación de que fueran demasiado peligrosos para caer en manos ajenas. Lo primero que pensé es que serían un gran activo para ponerlos a la venta en el bajo mundo, y lo segundo, que sería una mala idea si llegaba a manos de alguien con unas capacidades como Viktor o yo mismo. No convenía difundir el poder en manos que no estuvieran controladas por mi. Entendí que si me lo ofrecía, al haberlo saqueado, era porque no podía usarlas... y más aun con eso, que consideraba que sería suficiente como para poder usarlo en su favor en algún momento. Al puro estilo de ¿recuerdas aquel favor?. Pero conmigo no funcionaban esas cosas. — No me trates de usted... — dije sin mirarle — Me hace mayor y debemos tener la misma edad — maticé, frunciendo el gesto y agitando un poco el guante — Con Jefe basta — terminé de indicarle el trato. Estaba a favor de la disciplina y de la jerarquía, y muchos de los soldados del Goldreich me trataban como señor, o incluso de usted, pero no me gustaba la pomposidad en los hombres y mujeres a mi cargo que no eran simples asalariados con uniforme. Esas tonterías eran para la masa — Y déjate de tanto remilgo y mariconada, no me gusta. Ve al grano. Si puedes decirme algo con tres palabras, mejor que con cuatro — ahí clavé mis ojos en él, entrecerrando los párpados y asegurándome de que estaba entendiendo que a este juego se jugaba con mis normas, o no se jugaba. Entonces volví a mirar el guante. La temperatura se disparó por un solo segundo y volvió a la normalidad, haciendo que mi piel comenzase a tornarse anaranjada y brillante, como si fuera un caqui pringado en aceite, fruto de la concentración calorífica que se daba en el interior de mi organismo y que llevaba la temperatura de mi cuerpo a ser prácticamente células hirviendo — King Skin — dije mientras pequeñas lenguas de vapor danzaban despacio desde todas las partes de mi piel ascendiendo en la habitación, reflejando la paradoja de que no hubiera calor ambiente, pero que yo hubiese elevado mi temperatura a puntos insospechados. En mi mano y mis dedos comenzaron a ponerse de color naranja intenso y a aumentar la temperatura de la habitación considerablemente — Melt Pelt — dije empezando a amarillear y calentar el metal de los guantes a una velocidad pasmosa mientras estos empezaban a hervir volviéndose hierro caliente y brillante. Los resplandores del metal emitían reflejos en mi cara y chocaban contra mis ojos dorados como las lenguas de fuego de una fogata acariciaban la cara de los nocturnos, y mientras movía la mano el guante sobre esta empezaba a contraerse y derretirse deformándose poco a poco perdiendo su integridad — Cualquier respuesta por mi parte es innecesaria — dije sin dejar de mirar los guantes — Tú ya formas parte del banco Goldreich, me perteneces, y demostrarás tu talento cuando sea el momento oportuno, no con regalos ni tonterías como esta. Harás cuando se te pida, y recibirás en base a lo que hagas — maticé mientras el guante se derretía y era moldeado por mi mano para convertirse en una pelota deforme de acero ennegrecido, que, al cerrar mis dedos sobre ella, se deformó con la presión y los surcos de cada uno de ellos. Dejé caer la esfera al suelo y rodó levemente por el vaivén del barco, llevando mi mano a agarrar el segundo guante — Márchate y olvida que estos guantes existen y lo que ha pasado aquí — simplifiqué preparándome para hacer lo mismo con el segundo guante.
Técnica
RE: [Presente Relativo] Some Negotiations | [Privado] - Onizuka Jin - 12-02-2026 Se le haría complicado no tratarlo de usted, pero peticiones eran, desde luego, peticiones. Sus ojos lo observaron, viendo su propia mano con el cigarrillo en el aire, algo que no parecía haber aceptado. Cerró los ojos, elevando su propia mano calmadamente, tampoco es que conociera la personalidad del propio Sohem lejos de los conocimientos de sus grandes etiquetas, algo que hacía que el simple hecho de estar allí ya fuera más que un logro. Por eso, para él, hablarle de ese modo ya era algo que debía hacer aunque fuera involuntariamente. Después de todo, era un peso pesado, por mucho que él hubiera tenido hombres a su servicio no era absolutamente nada más que una pequeña hormiga en el camino de un titán. —Como quieras, Jefe. Intentaré tratarte de "tu". Solo disculpe-... Disculpa si me cuesta habituarme.
Tuvo que corregirse, elevando la mano hacia sus labios, posando su cigarrillo entre los suyos, elevando el mechero, dando una larga calada. Parece que le tocaba ser más directo, no podía jugar al juego al que estaba habituado, tampoco deseaba faltarle al respeto ni mucho menos perder la cabeza. Descendió la mirada, ya que al encontrarse todavía sentado estaba por debajo de él, sin contar, por supuesto, la diferencia de alturas. —Quiero trabajar para ti y llegar a lo más alto, eso es todo.
Ahora sí había sido directo, conciso y sin adornos, tal y como había pedido el pelirrosa. Sus ojos descendieron al guante que poseía, viendo cómo este se comenzaba a fundir en su propia mano. Sonrió de medio lado, era algo que ya se había quitado de encima. Al final sí había sido buena idea entregárselo. Si realmente era tan peligroso como imaginaba y lo usaban otros podría existir un peligro mayor. La iluminación de su cigarrillo solo hizo que su rostro se apreciara más entre la oscuridad nocturna y lejos de la vela, si no fuera por el humo que lo cubría. Sin duda había sido una excelente idea entregarle aquellos objetos. Se cruzó de brazos, manteniendo la mirada hacia lo que ahora era una enorme bola de metal, inservible, inutilizable, posiblemente hasta irreparable. Sus ojos siguieron el recorrido del guante... o más bien aquella esfera negra que ahora rodaba a su lado hasta chocar contra la pared en un sonido seco. Sus ojos regresaron hacia el hombre, retirando el cigarrillo, dibujando una sonrisa de oreja a oreja, amplia, cargada de orgullo. Si ya admitía que estaba bajo sus órdenes, ya había conseguido dar su primer paso y, lo mejor de todo, esos guantes no estarían en manos equivocadas. Había hecho una buena elección no solo en elegirlo como su “nuevo” jefe, sino también como su trabajador. —No sé de qué guantes me hablas, Jefe. Pensé que solo venía de visita a mostrarte una pistola.
No dijo mucho más, no era necesario y lo sabía, estaba seguro de que los dos lo sabían. Entre personas de ese tipo de mundillo se comprendían, solo se dio media vuelta, caminando tranquilamente hasta la entrada principal, colocando la mano en el pomo de la puerta, frenando en seco unos segundos para voltearse a mirar de reojo aquel escritorio que le daba la espalda, buscando con la mirada cualquier cosa, conversación final, despedida final... Fuera lo que fuere lo que transcurriera, ya estaba hecho. Ya estaba dentro del Goldreich. Primer objetivo cumplido. ![]() —Espero que descanses bien, Jefe. Si hay algo más en que pueda ayudarte, sabes dónde encontrarme.
Cerró la puerta tras de sí, despacio, intentando no molestar más al hombre de lo que había hecho. Las últimas palabras se dirigían ahora como su empleado, no como alguien hablando de negocios, porque eso ya había terminado. Además, si había algo que sabía hacer bien el yakuza era guardar secretos, no solo explotarlos, y lo que ocurrió allí no iba a salir de allí, ni siquiera bajo amenaza. Solo unos pasos más, quedaba un largo camino por delante, pero estaba al fin un paso más cerca de su objetivo. No solo se lo iba a demostrar a Sohem, también a sí mismo. Era capaz de eso y más... Tenía que hacerlo, fuera como fuere. No podía quedarse atrás. Lo iba a conseguir.
Cajita de Tabaco
RE: [Presente Relativo] Some Negotiations | [Privado] - Sentomaru - 13-02-2026 ✘ TEMA: CERRADO |