![]() |
|
Asesinato sin resolver [Autonarrada T1] [Presente absoluto] - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Baterilla (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=298) +---- Tema: Asesinato sin resolver [Autonarrada T1] [Presente absoluto] (/showthread.php?tid=3121) |
Asesinato sin resolver [Autonarrada T1] [Presente absoluto] - Kael Omuyaga - 03-02-2026 El nombre de Baterilla nunca se pronunciaba en voz alta dentro de la Marine sin que el ambiente se volviera denso. Sonaba bastante extraño, una tierra que apenas se limita por poseer un banco Goldreich, un pueblo pesquero, y un volcán que lleva miles de años inactivos. No aparecía en canciones, ni en relatos heroicos, ni siquiera en informes extensos. Era una isla pequeña, insignificante si le preguntaban a Kael, pero aún así, él tenía un papel que cumplir allí, unas órdenes que llevar a cabo, y unos documentos que tenía que presentar a algunos superiores sobre lo que había encontrado en Isla de Samba. Había logrado realizar algunos progresos junto con su compañera de División, Nyra Kuroshiro, quién tenía una aparente facilidad para conseguir que el humano diese mucho más de sí mismo de lo que suele acostumbrar. El viaje que realizó el día anterior duró lo habitual, dos días en poder llegar y mientras tanto descansar, patrullar, y asegurar que ningún pirata asaltaba aquel navío sin más. A diferencia de Samba, al llegar no hubo funcionarios nerviosos, y tampoco parecía haber por el momento un mayor convoy comercial que aquel en el que él mismo llegó. El barco transportaba suministros, armas ligeras, productos de otros lugares que en el lugar se considerarían exóticos, y los nuevos reclutas que acabaron por conformar la División setenta y cinco. Nadie hablaba demasiado, y eso a Omuyaga no le gustaba lo más mínimo. Cuando Baterilla apareció en el horizonte, lo vió como una mancha verde en el horizonte, rodeada por aguas de un azul oscuro. A medida que se acercaban, lo primero que destacó fue el faro. Aquel era considerado una de las mayores atracciones turísticas de la isla, lo cuál hablaba bastante mal de lo que tenía para ofrecer ese lugar, pero eso él no tenía que comprobarlo, pues tampoco es que hubiese venido como un turista. Este se alzaba sobre un acantilado, imponente pese a la simplicidad de su diseño arquitectónico. Blanco, con detalles anaranjados, igual que las casas del pueblo. Cuando se acercó un poco más, el puerto de Baquella se veía como lo que era realmente: pequeño y funcional. Barcos pesqueros amarrados con cuerdas gastadas, redes extendidas al sol, cajas de pescado apiladas con cuidado. Las casas, de paredes color como ya mencioné blancas y tejados naranjas, parecían encajar entre sí como piezas de un rompecabezas al no ser ninguna igual a la otra. Por lo menos estaba claro que no las habían construido en bloque, sino que cada uno se había ocupado de tener la suya propia, pero no se habían esmerado con el cambio de colores. El problema con ellos parece devenir en la poca falta de imaginación o, en su ausencia, la incapacidad de poder usar otros colores para su decoración. Cualquiera que fuese el motivo, al menos le daban un aspecto único al lugar que no había visto antes. Los habitantes observaron desde la distancia. No había hostilidad abierta, pero sí una cautela profunda. Aquella no era una isla que recibiera a la Marine con entusiasmo, sino con resignación. Muchos de ellos, como en todas partes del mundo a las que el humano ha podido llegar a pisar, ha podido comprobar que la gente no tiene buenos ojos en la Marina, incluso si otros tantos miles se unen a su ejército con tal de engrosas las filas o, ¿Quién sabe? pensar en grandeza como el propio hombre de esta historia trata de hacer en un futuro. La base naval se encontraba a las afueras del pueblo, lo suficientemente cerca como para vigilar, pero no tanto como para mezclarse. Era una estructura sencilla, reforzada, con muros de piedra y una bandera del Gobierno Mundial ondeando constantemente, incluso cuando no soplaba el viento. El joven marine fue asignado a tareas básicas casi de inmediato. Patrullas costeras, guardias nocturnas, control del muelle. Nada que implicara combate directo. Nada que exigiera más que atención y resistencia. Todo ello hasta que finalmente pudiesen darle un momento con el que reunirse con un rango superior al que poder informar. "¿Es en serio? ¿Me hacen venir hasta aquí, y sólo me hacen trabajar a mí?" Al menos, hasta donde llegaba su conocimiento actual, no le habían dado ningún otro trabajo al resto de sus compañeros, pero conociendo a su amigo albino, este era capaz de hacerse el loco para no tener que trabajar si no le apetecía. Fue la primera noche, aquella mientras patrullaba cerca del acantilado que se detuvo frente al faro. La luz se encendió poco después, girando lentamente, barriendo el mar con su resplandor. Los pescadores lo observaban desde abajo con una mezcla de alivio y respeto. Uno de los veteranos de la base, un marine de rostro curtido y voz grave, se detuvo a su lado. —Ese faro ha salvado más vidas que toda esta base junta —dijo sin mirarlo—. Y aun así, nadie habla de él. Kael solo se quedó en silencio, sin decir una sola palabra, esperando no interrumpir a aquel hombre que, por su larga edad, esperaba que estuviera como mínimo un par de puestos por encima de él. --- Con el paso de los días, empezó a notar que Baterilla era distinta a cualquier otro lugar en el que hubiera estado. No había piratas fácilmente a la vista, tampoco disturbios en las calles muy seguramente controlados por los miembros de la marina, ni grandes conflictos visibles. Todo parecía en calma… demasiado en calma. Los habitantes de Baquella evitaban conversaciones largas. Respondían con educación, pero nunca profundizaban. Solamente cuando se hablaba del Gobierno Mundial, bajaban la voz. Si alguno de los marines era quién preguntaba o sacaba algo de mención, la gente asentía la gran mayoría del tiempo. Fue durante una patrulla interior cuando comprendió por qué. Más allá del pueblo, tras una extensión interminable de palmeras, se alzaba el volcán. Dos mil metros de altura. Inactivo desde hacía siglos según decían los registros. Su silueta dominaba la isla, oscura, silenciosa. No expulsaba humo ni lava, pero imponía una sensación constante de vigilancia. La Marine mantenía puestos de observación alrededor del volcán. No por actividad geológica, sino por protocolo. Así lo indicaban los documentos. "Protocolo..." una palabra que había asumido como propia, de forma que lo tomase como un robot que no tuviera que pensar, y solamente obedecer ordenes. La rutina continuó. Pesca al amanecer. Patrullas al mediodía. Faro al anochecer. Y, sin embargo, algo empezó a romper la monotonía. Un pescador no regresó una noche. El faro funcionó. El mar no estaba especialmente embravecido. Las redes aparecieron flotando, intactas. El barco, encallado en una pequeña cala al norte de la isla. La Marine organizó una búsqueda rápida, pero no se esforzaron mucho hasta averiguar que no encontrarían nada. Ni un solo rastro de un hombre que había vivido en este lugar posiblemente toda su vida, y que esperaba viviera solo, o no tuviese unos hijos a los que hacer esperar por alimento a la vuelta. No era la primera desaparición, descubrió después. Solo estaba siendo la primera que coincidía con su estancia. En Baquella, la gente seguía murmurando, pero esta vez, Kael se aseguró de poder prestar la suficiente atención. No acusaban a nadie directamente, pero sus miradas se desviaban hacia el interior de la isla, hacia la base de los Marines. Era un crudo mensaje que mostraba ineficacia por parte del cuerpo, o incluso acusaciones infundadas de corrupción entre nuestras filas. A pesar de todo esto, el humano consideró mejor idea mantener el silencio, sin llegar a condenar a las personas del lugar por infieles al gobierno mundial, o dudar de la pureza de la Marina, aunque...¿a quién quiere engañar? Sabe perfectamente que la Marina no es perfecta, y muchos de sus miembros son bastante más vanidosos de lo que deberían. Al final, fue asignado rápidamente a una nueva patrulla. Él, junto con compañeros que poco o nada tenían que ver con su división, avanzaron por senderos poco transitados, con el calor pegándose a la piel. El volcán se alzaba cada vez más grande, y el silencio era casi absoluto. No había pájaros. No había insectos. Fue entonces cuando lo encontraron. No era un pirata. No era un criminal. Era el pescador. El cuerpo no mostraba signos de lucha. No había heridas visibles. Solo una expresión de miedo congelada en el rostro. Había muerto aterrorizado, torturado de alguna forma que habían sido capaces de ocultar, y que ahora, le pesaría por siempre en donde quiera que estuviese. El informe oficial habló de accidente. De caída. De fauna salvaje. Pero el joven marine sabía que no encajaba, y si había algo que había logrado hacer bien durante las últimas semanas era descubrir complots. Por supuesto, debía ir con muchísimo cuidado. Si el problema terminaba siendo la Marina, tal y como el pueblo sospechaba, no podría moverse ni un solo paso más. No tiene rango, ni mucho menos fuerza para denunciarlo abiertamente. Pero tenía algo que ya había usado antes: paciencia. Escribió. Observó. Anotó nombres de personas que le conocían, horarios de donde pudo haber estado durante su ausencia, los lugares que frecuentaba...y entonces descubrió que al menos ese pescador en particular, quizás tenía motivos suficientes para terminar desaparecido. Al igual que la base de la Marina, en el lugar se encuentra también una de las instalaciones del Banco Goldreich, un lugar en el que el dinero se mueve con bastante regularidad, y que ciertamente no deja a ninguna persona indiferente. Ese hombre había acumulado, según vecinos de la zona, varias deudas que no podía saldar solo con la pesca. Su mujer no quiso hablar, lloraba la pérdida de su marino y repudiaba la presencia del que posee cabello azabache por ser quién debía protegerlo y aún así no haber hecho nada por conseguirlo. Por lo que puede darse a entender, puede que algunos cobradores se hayan cansado de esperar, y hayan decidido tomar partido en el asunto. Lo único que podría preocupar ahora al Soldado Raso era, precisamente, la mujer que no deseaba saber nada de la Marina. Si no estaban contentos con la muerte del hombre, la siguiente terminaría siendo ella. El informe fue enviado junto con los suministros semanales. No como denuncia. Simplemente como observación. Quizás en esta ocasión no haya logrado mucho, pero al menos el pueblo, a diferencia de ocasiones anteriores, ha podido ver como un Marine ha empezado a tomar testimonio para sacar pistas de lo ocurrido, ha comenzado a investigar, y al menos parecía hacer el trabajo que según siempre se ha dicho, es el que la Marina debe hacer en pos de proteger a la gente. Quizás él no haya solucionado nada, pero por lo menos ha puesto un pequeño grano de arena en lo que conseguiría calmar el malestar del pueblo...y para él, en el fondo, eso era más que suficiente.
Karmas a tener en cuenta
RE: Asesinato sin resolver [Autonarrada T1] [Presente absoluto] - PX-5 - 03-02-2026 Aventura invalidada
Motivos
✘ TEMA: CERRADO |