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[Fic - Entrenamiento] La venda púrpura - Aspros - 19-09-2023 Tras un par de semanas de descanso en las que pude centrarme en mi trabajo en la agencia de modelos, fui convocado por Luxury en nuestro lugar de reunión, bajo las infinitas pilas de basura producidas por la ciudad de Goa. Me había venido bien desconectar de los constantes entrenamientos, pero era consciente de que era importante no perder el ritmo y aprovechar el impulso para seguir avanzando en el Okama Kenpo. Caminaba con paso firme, acompañado por el sol de la mañana y unos pocos viandantes obligados a madrugar al igual que yo. Me tomaba muy en serio mis horarios de descanso, puesto que el agotamiento y la falta de sueño eran los mejores amigos de la gente fea.
- Has aprendido las bases del ballet, lo que te aproxima cada vez más al entendimiento del Okama Kenpo. No obstante, queda aún un largo camino frente a ti -en esta ocasión, Luxury me había recibido en la casa de muñecas vistiendo un largo y ostentoso kimono de motivos florales. El cinturón obi, ancho y ricamente decorado, añadía un toque de sofisticación al atuendo, anudado en un lazo exquisito en la parte posterior. Lo que realmente destacaba era el recogido impresionante que llevaba en su cabello. El pelo, perfectamente peinado y recogido en un moño alto, estaba adornado con una serie de flores de seda que imitaban las que se encontraban en el kimono. Las flores añadían un toque de color y feminidad, y contrastaban maravillosamente con la sobriedad del kimono y la sombra de barba inminente en el mentón de la okama. - Pero ahora, sirve el té.
La taza de porcelana que sostenía entre mis manos estaba decorada con un diseño elegante y sutil. El aroma reconfortante del té, una mezcla de hojas de té negro y especias, se alzó con delicadeza cuando retiré la tapa de la tetera. El vapor ascendió en espirales fragantes, llenando el aire con su calidez. Vertí el líquido ambarino en la taza, observando cómo se movía con gracia y delicadeza, como si cobrara vida propia. El primer sorbo envolvió mi boca en una ola de sabor: el té era suave y profundo, con notas de canela y un ligero toque de vainilla. Las pastas reposaban en un pequeño plato de porcelana al lado de la taza. Eran pequeñas obras maestras de la repostería: galletas de mantequilla con bordes dorados y espolvoreadas con azúcar glas. Tomé una de ellas entre mis dedos y la llevé a mis labios. El crujido delicado al morderla liberó su sabor dulce y mantecoso, que se mezcló perfectamente con el té caliente. - Esto irá directamente a las cartucheras -pensé mientras masticaba de más aquella dulce delicia.
La suave melodía de la música de fondo añadía un toque de serenidad a la escena, como si nos encontrásemos en una tierra remota ajena a este mundo. A Luxury le gustaba crear atmósferas temáticas en las que encarnaba un papel, como si de una obra de teatro se tratase. En aquella ocasión, parecía haberse convertido en la madame de un prostíbulo oriental, maquillada hasta la extenuación. No podía dejar de mirar la desbordante cantidad de rímel que la Okama había empleado aquella mañana. Sus pestañas parecían pesadas y afiladas, y amenazaban con salir propulsadas hacia mí en cualquier momento.
- Bien -dije mientras sostenía la taza entre mis manos, abrazándola- ¿Y qué es lo que debería hacer ahora?
- CALLARTE Y … digo, disfrutar del té, pequeña amapola.
Se sucedieron los segundos, los minutos y las horas. Volví al estudio bajo la promesa de que al día siguiente me vería sometido al inicio de un nuevo entrenamiento orientado a una nueva disciplina. A veces dudaba del porqué de mi motivación para seguir entrenando con aquella Okama, pero sentía que era algo que me aproximaba hace un futuro de ambición y felicidad, un futuro de respuestas.
- Espero que no me haga aprender bailes de salón.
- ¡El Gran azote, las memorias del pasado de las noches de invierno!
Con aquella estruendosa frase me recibía Luxury al día siguiente. Esa mañana me recibía con traje de karate, de un blanco puro y reluciente, que se ceñía perfectamente a su figura esbelta y fornida. Cada pliegue y costura del traje se ajustaba con precisión, revelando la dedicación y la atención al detalle que ella había puesto en su apariencia. El cinturón, de un vibrante color dorado, rodeaba su ancha cintura, destacando en contraste con el blanco inmaculado del uniforme.
- ¿Ballet y…kárate? -era una combinación extraña a la par que extraordinaria. Podía ver el sentido de la fusión de ambos estilos, ya que me permitirían asestar fuertes golpes con una técnica más precisa, pero con la elegancia y flexibilidad del ballet. No obstante, todo aquello me confundía.
- Así es, mi pequeño saltamontes -replicó con aquella frase de la película “Kung Fu”, en la cual había participado mi madre como vendedora del puesto de fritos frente al dojo donde transcurría la película. Fue un papel pequeño, pero la catapultó al éxito- Y para ello debes vestirte acorde a la ocasión.
Luxury se aproximó a un armario en el fondo de la estancia y lo abrió. En su interior, suspendido en una percha, colgaba un traje de karate que era una maravilla de la moda. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue el inusual color: era de un rosa suave y delicado, un tono que contrastaba con la imagen tradicionalmente asociada con el karate. El traje estaba cuidadosamente doblado y tenía un aspecto impecable. Cada detalle, desde los bordes de las mangas hasta el cinturón, estaba cosido con precisión y amor por el detalle. El rosa del traje parecía brillar bajo la luz tenue de la habitación, como si estuviera imbuido de una energía única y femenina. Me acerqué con cautela al traje, maravillado por su singularidad. Las fibras de la tela parecían suaves al tacto, y la belleza de su diseño me dejó sin aliento.
- Bonito, ¿eh? Pues es todo tuyo.
Al ponerme la prenda, pude notar la suavidad del tejido, pero también su increíble firmeza. Apostado frente a uno de los espejos de la sala rectangular, observaba como aquel traje parecía hecho a medida para mi cuerpo. Me volteé para observar como realzaba de forma singular mis hermosos glúteos, cuando me percaté de la inscripción que lucía en la parte baja de la espalda. Se trataba de una sucesión de letras enmarcadas en tachuelas de color rosa brillante, como si de tratase de pequeñas perlas.
- ¿Luxury’s hoe?
- Nimiedades.
Según Luxury, el entrenamiento en el karate abarcaba mucho más que las técnicas físicas. Inculcaba valores como la perseverancia, la autoconfianza, el respeto y la autoconciencia. Los golpes, bloqueos y patadas se ejecutan con precisión quirúrgica, y cada uno tiene un propósito específico en la defensa o el ataque: su combinación con el ballet era letal.
Nuestro calentamiento comenzaba con suaves estiramientos, alargando lentamente los músculos tensos. Cada movimiento era deliberado, cada estiramiento llevaba consigo una sensación de apertura y flexibilidad. Sentía cómo mi cuerpo respondía gradualmente, como si estuviera despertando de un letargo. Luego, pasábamos a ejercicios de flexiones y abdominales, fortaleciendo nuestro núcleo y aumentando nuestra resistencia. El sonido de mi respiración, profunda y rítmica, llenaba el cuarto de espejos. Avanzábamos hacia las técnicas de bloqueo y golpeo en el aire. Cada movimiento estaba lleno de intención, y el sonido de los golpes resonaba en la sala. Era como si estuviéramos practicando una danza marcial, una danza que conectaba con siglos de tradición y sabiduría. Luxury insistía en la importancia de la concentración y la respiración durante el calentamiento, recordándonos que el karate era un arte marcial que requería tanto disciplina mental como habilidades físicas. Cada movimiento debía ser realizado con plena conciencia y presencia en el momento, pero su fuerte perfume hacía que mis respiraciones profundas fuesen un verdadero suplicio- Es parte de la prueba -debatía ella, en referencia a mis quejas.
A medida que avanzamos al núcleo del entrenamiento, nos enfrentamos en combates amistosos. Sus ataques eran rápidos y precisos, y me vi desafiado constantemente a defenderme y responder con destreza. Cada movimiento era una lección en la técnica y la estrategia del karate. Lo que hizo que este entrenamiento fuera verdaderamente especial fue la habilidad de Luxury para fusionar la gracia del ballet con la fuerza del karate. Sus giros y saltos parecían desafiar la gravedad, mientras que sus golpes y bloqueos eran ejecutados con una precisión asombrosa. Era como si estuviera presenciando una danza marcial elegante y poderosa. Tras un par de horas, el entrenamiento llegó a su fin, y nos inclinamos en una señal de respeto y agradecimiento mutuo. Fue una experiencia enriquecedora y memorable que me recordó que la fuerza y la gracia pueden coexistir en el mundo de las artes marciales; la fuerza no excluye a la belleza, la fuerza es belleza.
Durante varias semanas, nuestro entrenamiento se redujo a dichos calentamientos, a fortalecer mi núcleo y a mejorar mi concentración en combate. Gracias a ello, con el tiempo comencé a notar que mi cuerpo se fortalecía, mi mente se despejaba y que poco a poco estaba más preparado para afrontar las siguientes lecciones. Estos cambios físicos, lejos de reducirse solo a mis avances en el Okama Kenpo, suponían también grandes avances en mi carrera de modelo, despertando la envidia y la admiración de mis compañeros de oficio: mi mente y mi cuerpo respondían. Eso no significaba que de vez en cuando, sintiese que mi cuerpo no me respondiese debido al agotamiento físico y mental.
Mi cuerpo y mente estaban completamente rendidos, y cada músculo parecía protestar por el esfuerzo extremo al que lo había sometido. La habitación estaba sumida en una penumbra tranquila, con la luz del atardecer filtrándose suavemente a través de las cortinas entreabiertas. El aire estaba impregnado con el aroma reconfortante de una mezcla de hierbas y aceites esenciales, que se había convertido en un ritual de recuperación después de cada entrenamiento agotador. El colchón bajo mí se sentía como un refugio seguro y acogedor, ofreciéndome el consuelo que necesitaba en ese momento. Mi cuerpo yacía inmóvil, como si cada músculo y articulación se hubiera fundido con la cama en un intento de recuperación. Cada respiración era profunda y pausada, como si mi cuerpo estuviera tratando de encontrar su equilibrio y calma interna después de la tormenta de actividad física. Sentía el pulso de mi corazón aún acelerado, recordándome la intensidad de la práctica y el esfuerzo que había invertido.
- No pienso levantarme de aquí hasta mañana -pensé. Había pospuesto todas mis citas y pedido el día libre en el trabajo. Comenté a Luxury que no me vendría mal emplear un día entero a estar tirado en la cama, a lo cual, entre risas, accedió, dándome entender que una vieja tenía más fondo físico que yo.
Mis ropas de entrenamiento estaban tiradas en un rincón de la habitación, testigos de la dedicación y el sacrificio que había implicado el entrenamiento. No me había molestado en lavarlas, a pesar de mi puntillosa dedicación a la higiene personal y la limpieza. Mis ojos se cerraron lentamente, permitiéndome sumergirme en un estado de relajación profunda. Cada músculo y articulación parecía liberar la tensión acumulada, y el agotamiento comenzó a ceder paso a una sensación de satisfacción y logro. Mientras yacía en la cama, repasé mentalmente los momentos del entrenamiento, recordando los desafíos superados y las lecciones aprendidas. A pesar del agotamiento, había una sensación de gratitud por la oportunidad de crecimiento y superación personal que el Okama Kenpo me ofrecía. El sonido suave del viento afuera y el canto distante de los pájaros crearon una banda sonora serena para mi descanso merecido. A medida que me dejaba llevar por el abrazo reconfortante de la cama, me di cuenta de que este estado de agotamiento era un recordatorio de mi dedicación y compromiso con mi camino en las artes marciales, un camino que me había llevado a límites físicos y mentales, pero que también me había enriquecido de manera inigualable.
- Que dura es la vida adulta, quien fuese niño otra vez.
Me dormí y soñé precisamente con aquella idea, con la niñez. Soñé con aquella casa que me había visto crecer, en la que pasé tantos momentos, la mayoría de ellos en una lucrativa soledad. Esta casa, ubicada en un tranquilo rincón del pasado, sigue siendo un lugar lleno de encanto en mis recuerdos. La casa era imponente, con altos techos y amplias habitaciones que parecían extenderse hasta el infinito. Los suelos de madera crujían bajo mis pies mientras exploraba cada rincón. Grandes ventanales dejaban entrar la luz del sol, que bañaba las estancias con un brillo dorado y suave. La biblioteca era el tesoro más preciado de la casa. Las estanterías estaban llenas de libros de todos los tamaños y colores, y el aroma a papel antiguo y tinta era embriagador. Había un sillón de cuero desgastado en el rincón de la habitación, donde solía sentarme durante horas, rodeado de historias y mundos por descubrir. Aquel sillón olía a mi padre, debido a las incontables horas que este había pasado sentado en él, repasando los borradores de sus futuras publicaciones.
Recuerdo las tardes que pasaba en la biblioteca, sumergiéndome en las páginas de libros de cuentos, novelas de aventuras y enciclopedias llenas de conocimiento. Cada libro era una puerta hacia la imaginación, y me perdía en sus páginas, viajando a lugares lejanos y viviendo emocionantes aventuras sin moverme de mi asiento. La casa también tenía un jardín mágico, donde las flores y los árboles parecían tener vida propia. Pasaba horas explorando sus rincones, persiguiendo mariposas y construyendo castillos de hojas caídas. El aroma de las flores y el susurro de las hojas en el viento eran un recordatorio constante de la belleza y la serenidad de la naturaleza. Fue una de esas mágicas flores la que llamó poderosamente mi atención. Me aproximé ligero hacia ella, como si flotase en el aire, como si fuese una pequeña abeja atraído por el néctar dorado de aquella maravilla de la naturaleza. De pronto, cuando estuve lo más cerca posible de la flor, pude ver cómo, en lugar de corola, el tallo lucía una gruesa cara adornada con pestañas gigantescas que me dedicaba una mirada maliciosa. Se trataba de Luxury.
- ¡A entrenar, flacucho!
Me desperté sobresaltado en mitad de la noche, jadeando y empapado en sudor. Miré a mi alrededor desconcertado, como si lo que acababa de ver hubiese existido alguna vez en el mundo real. En las noches de luna llena, su luz era tan brillante que iluminaba la habitación como si fuese de día.
- Esta mujer me va a volver loco.
La sesión de entrenamiento de aquel día era ligeramente distinta a la de los demás. Me encontraba de pie, en medio de la sala de espejos, sumergido en un completo y penetrante silencio. La sala de espejos era un espacio impresionante, con paredes cubiertas de espejos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Cada espejo reflejaba mi imagen, multiplicándome en un laberinto de reflejos que desafiaba mi percepción y orientación.
- Hoy me temo que debo ponerte las cosas un poco más difíciles de lo habitual -Luxury se aproximó a mi con andares parsimoniosos y juguetones, oscilando con la mano derecha lo que parecía ser una banda de tela púrpura con brillantes- Debo privarte de la vista, mi querido cactus del desierto.
Con los ojos vendados, me encontré en un estado de total oscuridad. El silencio era absoluto, pero podía sentir la presencia de Luxury, incluso la de mis propios reflejos a mi alrededor, todos igualmente privados de vista. Esta falta de visión agudizó mis otros sentidos, haciéndome más consciente de cada sonido y movimiento en la sala. La voz de Luxury parecía provenir de todas partes.
- No pretendo que sepas de dónde te vienen los golpes, pero sí que reacciones rápido a mis indicaciones. Comenzaré a lanzarte una serie de proyectiles que deberás desviar o esquivar, pero solo empleando tus piernas.
- Entend… AY.
Mientras contestaba, un objeto contundente, lo que parecía ser una bola de goma, impactó en mi frente, dejando tras de sí una leve rojez. Más que el dolor producido, fue la propia sorpresa del impacto la que me hizo reaccionar- Ese era un golpe de advertencia, para animarte a esquivar el resto de pelotas. En la vida, es importante saber manejar bien un par de pelotas, Aspros.
- No empieces con esos dobles sentidos.
El reto comenzó. Al principio, el espacio entre la advertencia de la maestra y el lanzamiento era suficiente como para poder esquivar la pelota con facilidad: ¡izquierda! ¡derecha!, se sucedían sus indicaciones, notando como la okama se desplazaba ágilmente a mi alrededor. El entrenamiento con los ojos vendados me hizo sentir vulnerable y desafiado, pero también me proporcionó una profunda sensación de concentración y conexión con mi cuerpo y mi entorno. Cada movimiento se volvió más consciente, más intenso, como si estuviera explorando el karate desde una perspectiva completamente nueva. Pero conforme pasaba el tiempo, me resultaba cada vez más y más difícil reaccionar frente a los instantáneos comandos. Varias pelotas impactaron sobre mi hombro, en mi nuca, en el muslo derecho. Sentía como si Luxury hubiese multiplicado su cuerpo y rodeado completamente para avasallarme a disparos a quemarropa. Su velocidad y su puntería eran afiladas como una katana.
- No eres capaz de esquivarme porque no estás concentrado, no escuchas el silencio.
Mientras me encuentro con los ojos vendados, la oscuridad envuelve mis sentidos, y un silencio aparente se cierne sobre mí. Pero a medida que me sumerjo en esta quietud aparente, mis oídos comienzan a captar sonidos que antes pasaban desapercibidos: el suave roce de la ropa mecida por mis movimientos, el murmullo distante de una tetera al fuego, el canto de un pájaro solitario en una jaula del salón. Los sonidos emergen del silencio como notas de una sinfonía invisible, cada uno con su propia tonalidad y ritmo. Puedo sentir la presencia del mundo a mi alrededor a través de estos sonidos, como si estuviera en sintonía con la naturaleza misma. El silencio se convierte en un lienzo en blanco en el que se pintan estos sonidos, cada uno con su propia historia y significado. Cada suspiro de la brisa, cada chisporroteo distante, se convierte en un tesoro auditivo que revela la belleza oculta del mundo que me rodea. Mis otros sentidos también se agudizan en la oscuridad. Siento la textura del suelo bajo mis pies, la suavidad de la brisa en mi piel, y el aroma de las velas aromáticas cercanas. Escuchar el silencio con los ojos vendados es como sumergirse en un universo paralelo, donde el mundo se revela de una manera completamente nueva. Es una experiencia que nos recuerda la riqueza de la percepción humana y la belleza que podemos encontrar en la quietud y el misterio de lo que nos rodea. En un acto involuntario, alcé mi mano con precisión para aferrar una de las pelotas lanzadas, como si la hubiese visto claramente con los ojos.
- Exactamente, ahora estás escuchando. No solo debes escuchar mis indicaciones, también debes escuchar mi cuerpo, el tuyo, el aire, la fricción, todo. Ahora lo que quiero es que no esquives las pelotas, sino que las golpees con tus piernas exclusivamente. Puedes quitarte la venda.
A pesar de la tenue iluminación, mis ojos se quejaron ante la resplandeciente luz de los candelabros. Los froté con fuerza intentado reducir aquella desagradable sensación. El entrenamiento continúa. Las pelotas se movían rápidamente por el aire, zigzagueando y cambiando de dirección de manera impredecible. Debía de estar alerta en todo momento, concentrado en anticipar el próximo movimiento de cada lanzamiento de la veloz Luxury. Cada golpe era una ráfaga de energía concentrada. Mis brazos se movían en un arco perfecto mientras conectaban con la pelota, y podía sentir la vibración de la colisión a través de mis extremidades. La pelota salía disparada en una dirección diferente, y mi objetivo era ajustar mi posición rápidamente para estar listo para el próximo lanzamiento. El ritmo del ejercicio aumentaba gradualmente, con las pelotas lanzadas en una sucesión rápida. Era como si estuviera inmerso en una danza de velocidad y precisión, un baile marcial que exigía todo de mí. A pesar del desafío, el ejercicio era gratificante. Cada vez que golpeaba una pelota con éxito, sentía una oleada de satisfacción y confianza en mi habilidad. Era un recordatorio constante de la importancia de la práctica constante y la mejora continua en el karate. A medida que la sesión de entrenamiento llegaba a su fin, me sentía exhausto pero lleno de gratitud por la oportunidad de enfrentar este desafío. Golpear pelotas lanzadas durante el entrenamiento de karate había fortalecido mis habilidades y mi concentración, preparándome para futuros desafíos en el mundo de las artes marciales. Una sudorosa Luxury comenzaba a jadear.
- Bueno, creo que por hoy está bien -dijo, sin poder contener un profundo suspiro.
- Creo que puedo un rato más.
- Maldito adolescente.
- Prepárate bien para mañana, será nuestra última sesión de entrenamiento -sentenció Luxury mientras nos despedíamos a la entrada de la casa de muñecas. La escalinata de caracol culminaba en un tragaluz oculto por montones de basura. No es que Luxury se ocultase de alguien viviendo allí, más bien buscaba la tranquilidad y la comodidad que la ciudad principal no le podía brindar. Además, aseguraba que allí nadie podría oírme gritar, lo cual me dejaba un tanto inquieto.
- ¿La última, ya? -repliqué. Sentía que aún me quedaba mucho por aprender. Había dedicado mucho tiempo a los entrenamientos, días y noches, pero aún así, sentía que no era suficiente.
¿Pero alguna vez iba a sentirme realmente preparado? El miedo a la prueba final podía manifestarse en pensamientos autocríticos y negativos. Dudas sobre mis habilidades y temores sobre el fracaso se apoderaban de mi mente, como voces susurrantes que socavan mi confianza. Cada pregunta sin respuesta o tema sin dominar se convertía en un peso que amenaza con arrastrarme hacia abajo. Sin embargo, a pesar del miedo, hay una fuerza interior que nos impulsa a seguir adelante. Es la determinación de enfrentar la prueba final, de luchar a pesar de los obstáculos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Es el reconocimiento de que el miedo es solo una parte de la experiencia, y que la verdadera valentía radica en seguir adelante a pesar de él. Llegué a la conclusión de que a veces, en la vida, uno necesita saltar al vacío para saber si puede volar. Cuanto más lo pensase, más miedo tendría, pero en el fondo sabía que podía con eso y más.
- Considero que eres capaz de enfrentarte a la prueba final del “dojo” de Goa.
- Y… ¿en qué consiste?
- En algo sencillo, una pelea en serio contra mí.
Finalmente, llegó el día de mi entrenamiento final, un momento que había estado esperando con anticipación y cierta aprensión. Mi maestra, la gran Joseph Luxury, una figura extraordinaria que desafiaba las convenciones, era una okama que combinaba a la perfección la gracia del ballet con la fuerza del karate. Era una maestra en ambos mundos, y esta pelea sería la culminación de meses de aprendizaje y dedicación. El escenario de batalla sería la frecuentada sala de espejos, bañada por la luz tenue de varios candelabros dispuestos por la estancia y que creaban una atmósfera mágica y misteriosa. Mi maestra se encontraba en el centro, vestida en un tutú y con un kimono de karate que resplandecía en colores vibrantes. Su presencia era imponente y su confianza era palpable, aunque aquella fusión de estilos al vestir me dejó un tanto perplejo. Comenzamos la pelea con un saludo respetuoso, una reverencia que simbolizaba nuestro compromiso con la disciplina y el respeto en las artes marciales. La música comenzó a llenar la sala, una mezcla de composiciones clásicas y ritmos percusivos, que marcarían el ritmo de nuestro enfrentamiento.
- Suena a cliché, pero no pienso contenerme, Aspros. Este es el momento en el que me demostrarás lo mucho o poco que vales para esto.
- Yo tampoco pienso contenerme, por muy vieja que seas.
Nuestros movimientos eran una fusión de dos mundos aparentemente opuestos. Luxury se movía con la gracia y la elegancia de un bailarín de ballet, realizando giros y saltos que parecían desafiar la gravedad. Sus movimientos eran fluidos y etéreos, como si danzara sobre el campo de batalla. Por otro lado, mis movimientos estaban imbuidos de la fuerza y la precisión del karate. Realicé bloqueos y golpes con intención, cada uno ejecutado con una técnica precisa. Cada vez que nuestros caminos se cruzaban, era como si dos mundos chocaran, creando una danza marcial única que desafiaba todas las expectativas. A medida que avanzaba la pelea, la música y nuestros movimientos se fusionaron en una coreografía impresionante. El dojo resonaba con el sonido de nuestros movimientos, creando una sinfonía de lucha y gracia.
- No debes confiar solo en un estilo -dijo mientras retrocedía para evitar uno de mis golpes- El Okama Kenpo no es solo kárate, debe brillar la elegancia del ballet en tus movimientos.
Finalmente, llegó el momento culminante de nuestra pelea. Nos enfrentamos en el centro del salón, y con un gesto de respeto mutuo, nos inclinamos en una reverencia final. Habíamos compartido una experiencia única que trascendía los límites del ballet y el karate, una prueba de que la expresión personal y la autenticidad pueden fusionarse de maneras sorprendentes en el mundo de las artes marciales y la danza.
- Déjame verte florecer.
Nuestros cuerpos se entrelazaron en una serie de movimientos sofisticados y armoniosos, como si estuviéramos comunicándonos a través de la danza. Cada paso era una expresión de nuestras emociones, una lucha de voluntades manifestada a través de los movimientos delicados y poderosos del ballet. A medida que la pelea avanzaba, la música y nuestros movimientos se volvieron más apasionados y frenéticos. Cada gesto era una declaración de nuestra determinación y nuestro deseo de superarnos mutuamente. La energía en el estudio era palpable, como si estuviéramos en un duelo épico en el escenario. Estaba cansado, pero no podía fallar ahora, tras tanto tiempo de dedicación, de sudor y de noches en vela, simplemente no podía. Realicé un giro audaz y un salto impresionante, mientras mi maestro respondía con una serie de pasos sorprendentemente elegantes. Durante mi pirueta, deshice el nudo que aferraba el keikogi a mi cuerpo, haciendo que se desprendiera de mí como una hoja en otoño. Este movimiento generó una pequeña distracción que me permitió golpear severamente a Luxury en su lateral izquierdo, con un hermoso puntapié digno del más grande bailarín. En un gesto teatral, nos separamos y, con una reverencia mutua, dimos por terminado nuestro enfrentamiento.
- Nada… mal -sonriente, la okama dejó caer su cuerpo al frente mientras se aferraba a su costado malherido.
- No, nada mal -respondí, mientras dejaba mi agotado cuerpo también caer, presa del cansancio.
Desconozco el tiempo que ambos estuvimos ahí, tirados en el suelo, pero al despertarme pude verme postrado en la lujosa cama con dosel de Luxury, mientras que ella, con un delantal floral, preparaba sendas tazas de té. Silbaba una canción, animada, como si todo lo que había ocurrido momentos antes hubiese sido un sueño. Lo hubiese creído si no fuese por el terrible cansancio que atenazaba mi cuerpo o las vendas que recorrían el torso de Luxury bajo el pequeño delantal. Tal vez hubiese aprobado el examen, pero no debía olvidar que ella, y con mucha diferencia, seguía siendo la maestra. Cuando se percató de que había recuperado la consciencia, se volteó y se aproximó al borde de la cama, donde se sentó, provocando que mi cuerpo girase hacia aquella dirección debido a su considerable peso. Alargó su musculoso brazo para ofrecerme una taza del té que había estado preparando. Olía a canela, mi favorito. Fue en aquel momento cuando me percaté de la cercanía que había desarrollado hacia ella, al igual que me ocurrió con Caroline. Tal vez, juntándome con ellas, con Okamas, es donde más fácilmente podía encontrar un lugar llamado hogar.
- Enhorabuena, guapetón.
Unas semanas más tarde, Luxury y yo, tras dejar que nuestros cuerpos se recuperasen de la pelea, disfrutábamos de un paseo por la ciudad. A pesar de ser conocida en el reino de Goa, era inevitable que la gente se fijase en ella, en su gran constitución, en su radiante fuerza, en su estilo. Al atravesar una de las calles, nos encontramos inmersos en un bullicioso mercado que se extendía por una plaza empedrada. Los puestos estaban repletos de productos frescos, artesanías y tesoros únicos que atraían a los visitantes y lugareños por igual. Los colores y aromas de las especias y los alimentos frescos llenaban el aire, creando una atmósfera vibrante y llena de vida.
- Así que estarás aquí una larga temporada.
- Sí, me iré moviendo de aquí para allá con la agencia, pero mi base por el momento será esta isla.
Al caer la tarde, nos detuvimos en una encantadora cafetería de la plaza principal para disfrutar de una taza de té caliente. El ambiente tranquilo y acogedor del lugar nos brindó el escenario perfecto para concluir nuestro paseo, que quedaría grabado en mi memoria durante mucho tiempo. Luxury me observada expresando una mezcla de orgullo y preocupación, como una madre que veía partir a su polluelo del nido. O eso suponía, ya que mi propia madre nunca había mostrado esa preocupación por mi: ¿exceso de confianza o falta de instinto maternal? Quien sabe.
- No descuides tu entrenamiento. Aunque hayas aprendido todo lo que yo sé, ya te dije que ahí fuera, en otros mares, existen maestros más severos y fuertes que yo.
- Cuando tenga la oportunidad les visitaré. Debo ser más fuerte.
- Espero que no te olvides de esta vieja y vengas a contármelo.
- No podría olvidarte, aunque quisiese.
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