Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
Una Vikinga amable [Presente relativo] - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Baterilla (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=298)
+----- Foro: Pueblo Baquella (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=299)
+----- Tema: Una Vikinga amable [Presente relativo] (/showthread.php?tid=3137)



Una Vikinga amable [Presente relativo] - Sigrid Birkisson - 05-02-2026

Dia 25 de Primavera del año 17 
South Blue, Baterilla, Pueblo de Baquella

Sigrid caminaba por el pueblo de Baquella con el uniforme de la Marina perfectamente ajustado a su tamaño descomunal, avanzando con pasos tranquilos que hacían vibrar levemente el empedrado sin que ella pareciera notarlo. No estaba de servicio activo, pero el uniforme era claro, visible, imposible de ignorar, y eso cambiaba por completo la forma en que la gente la miraba, algunos civiles se enderezaban con respeto, otros la observaban con curiosidad abierta, y no faltaban quienes bajaban la voz al verla pasar, como si la justicia misma acabara de doblar la esquina. Sigrid, por su parte, devolvía cada mirada con una sonrisa amplia y sincera, saludando con la mano, inclinando un poco la cabeza cuando alguien le deseaba buen día, porque aunque siguiera siendo soldado raso, entendía que para muchos su sola presencia significaba seguridad, y no se tomaba esa responsabilidad a la ligera.
 
Se detuvo frente a una panadería, atraída por el olor cálido del pan recién hecho, y asomó la cabeza con cuidado por la puerta, procurando no golpear el marco. —Buenos días —dijo con voz grave y alegre —¿Todavía queda pan? — El panadero la miró un segundo ante de sonreír ampliamente. —Siempre queda pan para la Marina —respondió, entregándole una hogaza enorme que aun así parecía pequeña entre las manos de Sigrid. Ella pagó sin discutir, agradeció con un gesto exageradamente educado y continuó su camino, mordiendo un pedazo con evidente satisfacción mientras observaba el movimiento del pueblo, los niños corriendo, los comerciantes discutiendo precios, la vida siguiendo su curso normal, ese mismo curso que ella ayudaba a proteger incluso cuando nadie se lo pedía directamente.
 
Más adelante, al cruzar una pequeña plaza, su oído captó un sonido fuera de lugar, un quejido apagado, tenso, y aunque no aceleró de inmediato, su atención se centró por completo en el origen. Un joven estaba sentado en el borde de una fuente, sosteniéndose la muñeca con el ceño fruncido. Sigrid se acercó sin brusquedad, señalándose el uniforme con naturalidad. —Soy médica de la Marina —dijo —¿Te duele mucho? — El joven asintió y ella se arrodilló, revisando con cuidado, palpando con precisión y calma. —Parece una torcedura —comentó —Duele, pero no es grave si la cuidamos. —Le indicó cómo sostenerla y pidió a un vecino una tela limpia, dando instrucciones claras, sin dramatizar, porque sabía que mantener la calma también era parte del tratamiento.
 
Cuando terminó, se levantó despacio, sacudiéndose el polvo del uniforme. —Ve al hospital si empeora — advirtió con una sonrisa —Y no cargues cosas pesadas hoy, ni siquiera si te lo pide una linda chica. — El joven agradeció varias veces mientras ella retomaba su camino, pan bajo el brazo, alabarda descansando a la espalda, consciente de que incluso en un paseo sencillo, vestir ese uniforme significaba estar siempre disponible, y para Sigrid, eso no era una carga, sino una elección hecha con orgullo silencioso.


RE: Una Vikinga amable [Presente relativo] - Akira Raito - 06-02-2026

Akira se encontraba en uno de esos pocos días de descanso que tenían los soldados marines. Al tener pocas misiones dado su poco nivel de fuerza y 'escaso' conocimiento en entornos hostiles, a los reclutas les dejaban descansar si habían tenido entrenamientos duros que requirieran de un par de días para su recuperación física, o si por el contrario hacían algo que les destacara en lo que se refería a sus profesiones. 

O al menos eso había entendido el joven marine tras ayudar con indicaciones náuticas, por den-den mushi, a unos pescadores a quienes la corriente se había llevado mar a dentro. Para él, con solo unas pequeñas pinceladas de lo que les estaba haciendo la corriente y las mareas, solo bastó con indicarles un par de maniobras que pensó casi de manera instintiva para que pudieran retomar el rumbo al puerto. Y ahora, pues no hacía falta que se pusiera el uniforme, así que vestía de manera bastante sencilla: vaqueros azul claro y camiseta de manga corta verde menta.

Estaba paseando por el pueblo sin tener mucha idea de a dónde dirigirse. Cualquier otro día hubiera sentido inquietud por meterse en la selva o por lanzarse a mar a intentar surfear las olas, pero esta vez simplemente le apetecía pasear, observar y despejar la mente. Y eso estaba haciendo.

Se había comprado una cartón de brochetas de pollo recién cocinadas a la brasa y avanzaba mientras se las comía sin mucha prisa, consiguiendo que la mitad se le quedaran frías, algo que no le importaba mucho ya que estaba actuando prácticamente por inercia, y si algo estaba tostado y crujiente, no le importaba que no le quemara la lengua. Y de pronto escuchó tanto un quejido como una voz familiar—. Anda, compañera... —pensó mientras le daba a la brocheta un nuevo mordisco.

Observó a lo lejos la escena como un abuelo que observa una obra, o como un niño la primera vez que ve a un animal que no conocía. Notó como la chica le examinaba la muñeca y le daba indicaciones—. A ese creo que le conozco... Seguro que ahora no vuelve a tirar piedras a los tejados —se le escapó la risa acompañada de un suspiro. Y vio a su compañera de nuevo emprender su camino.

Akira alucinaba con el tamaño de esa alabarda, podía sentarse perfectamente en el filo y todavía le colgarían las piernas. Pero volviendo a Sigrid, ella sí que portaba el uniforme y estaba de servicio y Akira no quería molestarla demasiado si estaba trabajando, pero era su compañera de división y quería ver cómo se las arreglaba en un día calmado como el de hoy, así que empezó a seguirla. No de manera discreta impidiendo que la viera, pero si con una distancia prudente, dejándola ser, y concentrado en sus brochetas de pollo. Aunque no era difícil verlo si de casualidad de daba la vuelta.



RE: Una Vikinga amable [Presente relativo] - Sigrid Birkisson - 07-02-2026

Poco después el joven se alejó calle abajo, todavía sacudiendo la mano sana con exageración y lanzando sonrisas nerviosas a cualquiera que se cruzara en su camino, dejando claro que era de esos muchachos que llamaban la atención no tanto por su aspecto, sino por su manera de moverse, de hablar y de existir, siempre un poco más ruidosa de lo necesario. Sigrid lo siguió con la mirada durante unos segundos, masticando el último trozo de pan con gesto pensativo, y no pudo evitar notar que en ningún momento se había detenido a explicar cómo se había hecho el daño en la muñeca, como si el origen de la herida fuera un detalle sin importancia o, quizás, algo que prefería guardar para sí mismo. La vikinga no lo juzgó, al contrario, soltó una breve risa nasal y negó con la cabeza, porque como médica ya había aprendido que muchos dolores venían acompañados de silencios voluntarios, y que a veces curar no significaba hacer preguntas, sino saber cuándo no hacerlas.

El día continuó con una calma casi rutinaria para Sigrid, que siguió avanzando por las calles del pueblo con el paso tranquilo de quien no tiene prisa, pero tampoco se distrae. Saludó con la cabeza y una sonrisa abierta a los dueños de los puestos que ya la reconocían por el uniforme y por su tamaño imposible de ignorar, intercambió un par de palabras amables, aceptó algún comentario torpe disfrazado de cumplido y, sin darle demasiada importancia, ayudó a mover una que otra caja demasiado pesada para algún anciano que se negaba a admitir que los años ya no le permitían ciertos esfuerzos. Eran cosas sencillas, gestos pequeños que no figuraban en ningún reglamento de la Marina, pero que para ella formaban parte natural de lo que significaba servir, estar presente y usar su fuerza cuando hacía falta, sin ruido ni alarde. 

Fue cuando en medio de esa normalidad casi doméstica, que algo rompió el ritmo apacible de la tarde. Un poco más adelante, entre dos edificios estrechos, desde uno de los callejones mal iluminados, comenzaron a escucharse dos voces elevadas, tensas, cargadas de molestia. No sonaban a gritos desesperados ni a auxilio, sino más bien a una discusión básica, de esas que nacen del orgullo, de un malentendido o de una palabra dicha de más, pero aun así lo suficientemente intensas como para llamar la atención de cualquiera con algo de experiencia en lidiar con personas. Sigrid redujo el paso, ladeó ligeramente la cabeza y frunció el ceño con un gesto serio, porque aunque no pareciera algo grave, como marine no podía simplemente seguir de largo. Había aprendido que muchas situaciones peligrosas empezaban exactamente así, con voces alzadas y emociones fuera de control. Enderezó la espalda, acomodó el uniforme instintivamente y se desvió hacia el callejón, preparada para intervenir con calma, autoridad y, si era necesario, con la firmeza justa para evitar que una simple discusión se convirtiera en algo que alguien terminaría lamentando.


—Chicos, ¿por qué discuten? —intervino Sigrid con voz clara y sorprendentemente amable para lo imponente de su figura, asomándose al callejón como si estuviera entrando a una taberna y no a un posible conflicto —¿Acaso no es mejor resolver los malentendidos con una buena jarra de cerveza y algo para picar?— La vikinga alzó una ceja y dejó que una sonrisa ladeada suavizara el peso de sus palabras, manteniendo las manos visibles y relajadas, no como gesto de debilidad, sino como señal de que aún estaban a tiempo de calmarse. 

Su tono no buscaba imponer miedo ni autoridad, aunque el uniforme y su tamaño ya hacían gran parte del trabajo, sino recordarles que antes de ser un problema que la Marina tuviera que atender, seguían siendo solo dos personas alteradas por algo que, con un poco de aire y sentido común, podía resolverse sin golpes ni sangre que luego terminarían en la enfermería o peor.


RE: Una Vikinga amable [Presente relativo] - Akira Raito - 16-02-2026

Verdaderamente su compañera parecía no haber notado su presencia. Desde esa altura tendría que tener un campo de visión muchísimo mayor, pero tal vez necesitaba gafas… Era algo que podría pensar Akira, pero no parecía ser el caso. Y que también estaba avanzando dándole la espalda. Iba tranquila, y cuando por fin Akira se dispuso a acelerar el paso para alcanzarla, dado que una zancada de Sigrid equivalía como a más de diez de Akira, este miró a su brocheta para darle un último bocado y al levantar la vista la había perdido.

—Pero no puede ser… Si mide más de cinco metros… ¿Soy imbécil? ¿Estoy ciego? —empezó a mirar a izquierda y a derecha con velocidad intentando diferenciar a su amiga, pero no había manera. Lo único que consiguió diferenciar fue un alejado callejón algo oscuro, típica calle donde se colocaban los contenedores de basura dada su mala ubicación, y decidió acercarse.

Pero no de una manera sencilla, sino saltando de nuevo por los tejados. Seguramente Sigrid había escuchado al igual que el aquel par de voces elevadas y agresivas y se había dirigido al lugar. Un buen marine haría eso, y en su división no había marines malos.

Saltando de tejado en tejado consiguió por fin identificar la voz de Sigrid que estaba proponiendo a aquel par de molestos una ¿cerveza? Con aquellas frases tan tensas captaban la atención de todo aquel que pasara por la entrada de la calle, y eso no era plato de buen gusto, Baquella era un pueblo tranquilo.

—¡¿Cerveza y algo para picar?! ¡¡ME APUNTO!! —gritó Akira desde lo alto del tejado mientras descendía de forma vertical justo y directo para enganchar a aquel par de gritones del cuello, pero no con intención de hacer daño, sino como quien le pasa el brazo sobre los hombros a un colega. Esta acción hizo que con la inercia de la bajada tuvieran que inclinarse a la altura del rubio.

—¿Qué tal Sigrid? ¿Entonces nos vamos? —levantó la vista a su amiga y le sonrió. Sabía perfectamente que su compañera estaba trabajando y que no podía hacer eso, pero quería hacer la broma. Aunque Akira no llevara puesto el uniforme, seguía siendo marine y tampoco podía quedarse de brazos cruzados si notaba algo que pudiera alterar el orden público—. ¿Estás en mitad de alguna misión o patrullando? —y soltó a aquel par tras su forcejeo de querer soltarse. Pero ahí seguían, el plan les había convencido.



RE: Una Vikinga amable [Presente relativo] - Sigrid Birkisson - 17-02-2026

Sigrid parpadeó dos veces cuando la voz de Akira cayó desde el cielo como un relámpago con hambre de brocheta, y por un instante la gigantesca soldado raso llevó la mano a la frente como si buscara confirmar que no estaba teniendo una visión producto del calor, porque claro que no lo había visto durante todo el día, pero no esperaba verlo aterrizar como una gaviota descarada y abrazar a los dos discutidores como si fueran amigos de infancia, así que la vikinga soltó una carcajada profunda que resonó en el callejón, grave y cálida, como tambor de guerra pero sin amenaza, solo diversión sincera, mientras cruzaba los brazos bajo el pecho y negaba con la cabeza con esa expresión entre paciente y divertida que solo alguien acostumbrado a lidiar con reclutas nerviosos y aldeanos testarudos podía tener.

—Akira, si ibas a caer del cielo al menos trae cerveza de verdad, no promesas para estos señores —respondió con tono burlón, pero enseguida su mirada se volvió más firme, médica y marine al mismo tiempo, observando a los dos hombres como quien revisa una herida antes de coserla —Nadie aquí se va a ningún lado hasta que me expliquen qué pasa, sin gritos, sin empujones y sin romperse los huesos, que luego soy yo quien tiene que entablillar muñecas y limpiar narices sangrantes, ¿sí? Despues se pueden ir a beber con mi compañero —alzó un dedo enorme como advertencia suave, inclinándose un poco para quedar a la altura de los tres, su sombra cubriéndolos como techo de tormenta, pero sus ojos claros brillando con calma sincera — Chicos, yo no vine a este pueblo a llenar celdas por discusiones tontas, vine a proteger y a curar, así que respiren hondo, díganme qué pasó y si después siguen enfadados, les invito un pan con queso en el mercado y hablamos como gente civilizada, ¿trato? —

La vikinga soltó el aire despacio, recordando las palabras que siempre repetía cuando alguien alzaba la voz, porque sabía que la fuerza no era solo músculo ni tamaño, sino paciencia, y porque aunque su alabarda descansara lejos, su uniforme bastaba para recordar que estaba allí como Marine incluso en día tranquilo, y aun así no podía evitar sonreír de lado al mirar a Akira, sacudiendo la cabeza como quien regaña a un hermano menor. —Y tú, deja de asustar a la gente cayendo del techo, que un día me vas a provocar un infarto a un abuelo y me tocará reanimarlo con las manos llenas de migas de tu brocheta —añadió con risa baja, antes de volver a los hombres con tono más suave —Vamos, chicos, hablen, que una discusión se cura más fácil que una fractura, y créanme, yo prefiero mil veces escuchar historias tontas que limpiar sangre en mis días libres. —

Uno de los hombres, moreno y con el delantal aún manchado de harina, se rascó la nuca con torpeza mientras evitaba mirar a la vikinga directamente, como si su tamaño le obligara a pensar mejor las palabras antes de soltarlas, y al final soltó un suspiro largo que olía a cansancio más que a rabia. —Es por unas cajas de naranjas, Marine… yo soy de la frutería de la esquina, y esta mañana dejé tres cajas marcadas con mi sello para llevarlas al mercado grande, pero cuando volví del puerto faltaba una, y la encontré en su puesto —dijo señalando al otro, con un gesto medio indignado medio avergonzado —No digo que la robara, pero estaba ahí, y yo tengo deudas con el proveedor, si me falta mercancía me cobran igual y ya debo dos semanas de alquiler, no puedo perder más. Yo le pedí que me la devolviera, él dice que la compró a un chico que pasó vendiendo barato, pero la caja tiene mi marca, ¿cómo no voy a sospechar? Solo quería que lo entendiera, que no es por orgullo, es porque si pierdo esas frutas, pierdo el puesto y mi hija come de ese puesto, señora Marine.—

El otro hombre, más joven y con la muñeca vendada de manera descuidada, apretó los labios como si se tragara la vergüenza antes de hablar, mirando un segundo la venda torcida que Sigrid seguramente corregiría en cuanto pudiera, y luego levantó la voz no con furia sino con frustración cansada. —¡Porque yo no soy ladrón! —soltó, pero enseguida bajó el tono, consciente de la mirada tranquila de la vikinga —Yo tengo un carrito de jugos, y un chico del puerto me vendió la caja barata, barata de verdad, y pensé que era porque estaban algo golpeadas. No vi ninguna marca, o si la vi no la entendí, yo no sé leer bien esos sellos, cuando este señor vino gritándome delante de los clientes, me sentí humillado, como si ya me hubiera condenado sin escucharme. Yo trabajo desde antes del amanecer, tengo a mi madre enferma en casa, y si la gente cree que robo, nadie me compra jugo, nadie. Solo quería que me dejara explicar, pero él me agarró del cuello del carrito, yo empujé su mano, y ya empezamos a gritarnos como idiotas. No quiero problemas, Marine solo quiero vender en paz y que mi madre tenga medicina esta semana.—

Sigrid no pudo evitar girar el rostro hacia su compañero, buscando en los ojos de Akira ese brillo travieso que siempre escondía una mente rápida, porque para la vikinga la fuerza servía para detener golpes, pero las soluciones reales nacían de pensar con calma. Era evidente que había algo torcido en la historia, un hueco entre las palabras de ambos hombres donde se escondía la verdad, y la gigante sintió ese cosquilleo familiar de cuando un diagnóstico empezaba a aclararse en su cabeza: ninguno de ellos era realmente culpable, sino víctimas de un tercero que había tomado lo ajeno y lo había vendido al otro sin remordimiento. Se cruzó de brazos con suavidad, la alabarda descansando contra la pared como un gigante dormido, y habló con esa sinceridad que siempre la acompañaba, incluso cuando vestía uniforme. —¿Qué crees que debamos hacer, Akira? —preguntó con naturalidad, aunque sabía perfectamente que él no estaba en servicio ese día, aun así, conocía su corazón y sabía que no se quedaría mirando como espectador cuando podía ayudar a arreglar algo roto.


RE: Una Vikinga amable [Presente relativo] - Akira Raito - 04-05-2026

—¿Te imaginas haber caído del cielo de verdad? Qué locura sería —se sacudió el polvo de la ropa. Recordar que a diferencia de Sigrid, Akira esta vez iba vestido con ropa de calle, como quién va a comprar el pan, mientras que su compañera llevaba puesto el uniforme reglamentario de la Marina. Terminaba de caer desde el tejado de los edificios al escuchar el barullo que armaban aquellos dos y tras seguir la pista de su nueva amiga y compañera de división, acabó metido en mitad del meollo tras escuchar las palabras mágica: cerveza y algo para picar.

—Oye Sigrid, tú siendo vikinga la cerveza te tiene que gustar, ¿verdad? —le picó en la vena curiosa. Pocas veces se había ido a tomar algo con el resto de compañeros del cuartel, la excepción estaba siendo esta nueva división a la que le habían asignado, pero entre pitos y flautas tampoco habían tenido mucho tiempo para hablar entre todos. Estos últimos días habían consistido en entrenar más que otra cosa, seguramente porque estarían a punto de encomendarles alguna misión importante como grupo, y entonces aquello era lo prioritario. Aunque ahora mismo, lo prioritario era la manera de actuar de la médica de la división y de cómo acabar con el jaleo que estaban provocando estos dos energúmenos en una de las calles del centro del tranquilo pueblo Baquella.

—Ey, Sigrid, tampoco te pases... Yo pensaba que si íbamos a beber algo vendrías tú... Yo no quiero que me relacionen con estos dos, quiero decir... Míralos —terminó la frase señalando a ambos con sus dedos índice de cada mano justo en la dirección a sus caras, sus dedos apuntaban entre sus ojos, como si fueran el blanco de un francotirador.

—No me malinterpretéis, a veces hago cosas como esta de caer de un tejado... Pero de ahí a irme a tomar algo con gente que causa problemas... ¡NO!  —se rascó el cogote con la mano derecha mientras en su cara se dibujaba una sonrisa vergonzosa y empezaba a hacer circulitos con la punta del pie en el suelo, moviendo el tobillo de manera nerviosa, como si fuera un chiquillo—. El de los problemas me gusta ser a mi

—Es broma... ¡Es broma! —se adelantó antes de que Sigrid le arreara un porrazo. La única chica de la división era la que más golpes había estado repartiendo entre el resto de miembros, y eso que era la más alta... ¿Podía considerarse maltrato infantil teniendo en cuenta la diferencia de varios metros? Jajajaja, tonterías.

—Lo del infarto a un abuelo no lo había pensado... Vigilaré mejor donde caer, es verdad —se rascó el moflete mientras analizaba la frase de su compañera y la advertencia no advertencia. Con sustos así a cualquiera le daría un vuelco el corazón, y no le faltaba razón. Pero no iba a dejar de hacerlo, al fin y al cabo, a los ojos de Akira, la mejor manera de patrullar las calles era desde las alturas—. Claro tu como mides cinco metros, pues no te hace falta subirte a los tejados —le respondió levantándose de hombros y acompañando el gesto con un arqueamiento de cejas y una sonrisa algo pícara. Y a todo esto, los dos que estaban armando escandalo flipando con la naturalidad con la que Sigrid y Akira hablaban justo después de haberlos parado por evitar problemas mayores. Akira era una cara ya conocida en Baterilla, toda su infancia la ha pasado en la isla y le han visto crecer, pero este par parecían nuevos, así que no podía utilizar el comodín del público.

—Toma ya la historia... —miró a Sigrid levantando de nuevo las cejas y realizando una mueca con la boca que significaba algo cómo "¿estás escuchando lo mismo que yo?"—. Está claro, ¿no? Encontrar al auténtico ladrón y hacer que devuelva las naranjas y el dinero... —se colocó en posición de héroe, con los brazos en jarra a ambos lados y sus manos en la cintura.

—A ti. ¿Cuánto te cobró por las naranjas? Y tú. ¿A cuánto las sueles vender? —sacó un puñado de berries de su bolsillo y le hizo al vendedor de zumos que le pagara el resto del monto al frutero, añadiendo Akira la diferencia, es decir, el precio al que se lo había comprado a aquel ladrón, para dejar a aquellos dos en tablas—. Bueno, como de momento no me hace falta el dinero, vamos a hacerlo así... Ahora os toca colaborar y describir el aspecto de aquel muchacho... Ninguno quiere a un ladrón entre las calles... Hoy te ha robado la fruta a ti, pero mañana te robará a ti los zumos... Necesitamos altura, color de piel, corte de pelo, ropa... Todo eso, ¿no Sigrid? No ando de servicio, pero te ayudo con esto. Luego, cuando lo encontremos, lo acercas tu al cuartel y listo.