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[Pasado] Glare | Privado - Versión para impresión

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[Pasado] Glare | Privado - Hasegawa Shin - 06-02-2026

Vacío.

Las manos tiemblan, el pecho evoca memorias pasajeras capaces de permanecer para siempre, una contradicción tan irónica como imposible en situaciones normales, pero viables cuando se trata de alguien que entiende el significado de perderlo todo. Los ojos denotan un cansancio arrastrado desde días anteriores, incluso antes de viajar, a veces se ríe en silencio de cómo muchos lo pasan por alto, centrándose en su lugar en las mil tonterías que es capaz de realizar en segundos, o bajo la completa incapacidad de percibirlo gracias a sus lentes de sol.

El agua ha dejado de correr en la ducha, su cabello mojado comienza a secarse aunque aún caen gotas sobre el lavabo. La imagen que observa en el espejo desencaja, casi que no se reconoce, como si una energía extraña e inexplicable deformase sus facciones hasta el punto de crear un nuevo rostro. Quizás disociaba demasiado, en su pecho no había espacio para el bienestar, y cuando pasaba demasiado tiempo en soledad las cenizas de un fuego que supo arder lo incineran, otra ironía extraña, pues antaño aquel ardor representaba su motor, el motivo para seguir adelante.

Ahora, es sólo un vacío.

Y es extraño como todo deriva en la soledad, un naufragio personal, sin tierras a la vista, sin objetivos que abordar, sin nadie con quien compartir las anécdotas más graciosas en complicidad, o poder dar a entender lo que siente genuinamente. En ocasiones ve al nuevo grupo con la expectativa de poder entregarse a una compañía incondicional, pero la sangre en sus manos de quienes supieron acompañarlo hace años vuelve a hacer mella. El poder que obtuvo y la responsabilidad que conlleva realza antiguos fantasmas, la sensación de que eventualmente se alejará de los demás, lo suficiente como para encontrarse sobre una cima, u otro precipicio de caída extremadamente profunda.

El poder representa soledad. Y la soledad trae memorias que nunca va a superar, un dolor con el que debe aprender a sobrevivir, pues el concepto de "vivir" le es completamente ajeno. Para siempre.

Secarse y vestirse le pesa, igual que colocarse el collar regalado por su clan bajo las telas. Pudo lavar el uniforme que lo identifica como marine la noche anterior, y salir igual de perfumado que siempre del baño prestado por la base de la Marina para higienizarse, símil a todos los días. Una vez termina, se coloca las gafas de sol y deja la ropa usada en una bolsa para recogerla luego. Es ahí cuando finalmente sale por la puerta, afrontando otra tarde en una nueva isla.

En ese momento, vuelve a sonreír. Un gesto que no se refleja en el espejo, un deslumbramiento que es incapaz de observarlo a los ojos. El mismo humor tonto y expresivo de siempre, la máscara perfecta, el medio ideal para mantenerlos lejos a todos, incluso a su mejor amigo.

En ese velo es imbatible, nadie logra sacarlo de su eje, porque a su vez, nadie va a decirle nada que no sepa ya. Cuando la moral es intocable, el odio no traspasa ninguna barrera, puede actuar desde la frialdad y simular impulsos, desacatos o arrebatos de locura con absoluta cordura. Lo divertido es que nadie tiene por qué saberlo, es quizás, su mejor arma.

Una que volvería a ver Nyra Kuroshiro, la pequeña mink cuya familia le suena, reciente compañera de la aún más reciente División 75. Un día entero pasó viviendo de la ropa robada a Omuyaga, y aparentemente la rubia fue incapaz de soportarlo y lo obligó a quedar esa tarde para, por supuesto, salir de compras con su propio dinero y renovar sus pertenencias para los posibles viajes futuros o misiones que no implicasen riesgos combativos. La chica le pareció tan prudente como molesta, en el buen sentido, y tras insistir un poco lo terminó convenciendo.

Llegaría quince minutos tarde, algunas costumbres no podían morir, aunque no fue a propósito. Interactuar con una nueva persona realmente le costaba, convirtiéndose en un peso que lo dejaba en los mismos puntos estáticos de siempre, como si su cuerpo hubiese sido recubierto de un lodo que a penas lo dejaba moverse repentinamente. O sintiese el abrazo de vectores invisibles, atrapándolo aún si quiere correr.

Si los cálculos no le fallaban, ella al ser tan aplicada habría llegado antes a la entrada de la base marine, y una vez salió... efectivamente, ahí la vio. Se preguntaba cuánto tiempo la habrá hecho esperar. —¡Yō, pequeña Nyri! —la saludó enérgico, viéndolo, sintiendo su presencia, era imposible decir que había pasado un día bastante duro.

Obvio que volvió a tomarse el atrevimiento de usar un apodo aunque aún se estaban conociendo, el peso de que la haya ayudado con el equipaje, quizás.

—Considérate afortunada, no le suelo regalar las tardes a casi nadie. Son mi momento preferido para leer mis novelas románticas favoritas. —se inclinó hacia ella, recortando las distancias a pocos centímetros e invadiendo el espacio personal de la chica, agitando el dedo índice. Sin embargo, volvió a su posición original, desvariando sobre el mismo tópico —¿Te puedes creer que en todas las que leo siempre se tardan hasta el final para darse un mísero beso? ¡Yo no lo puedo creer! —se cruzó de brazos, casi que inflando las mejillas en un berrinche infantil, su mirada y ojeras ocultas tras las gafas de sol oscuras.

—En fin. Mejor céntrate, o sino, no iremos de compras nunca. —y en un acto sorpresivo, la señala, como si fuese ella la culpable del retraso en salir a por las prendas que supuestamente necesita. —Aunque, siendo sincero, no sé qué quieres que compre en un pueblo pesquero como Baquella, ¿pretendes vestirme de marinerito, hm? —que era muy diferente a ser un Marine hecho y derecho, al menos no tenía que vestirse con esos gorritos horrendos y ropajes de a rayas azules y blancas. —Si es así... te seguiré de todas formas, sí. Tengo que devolverle esa ropa a Kael, aunque luego la prenda fuego... —el motivo eran sus colonias carísimas y fuertes, aunque el olor era demasiado agradable y masculino. —Te sigo, ¿o me sigues? Bah, como quieras. —se encogió de hombros, después de todo ya estaban ahí, y difícilmente podría escapar considerando el ímpetu que le ha visto a Kuroshiro.

El sol no tardaría demasiado en ponerse, quizás dos, o tres horas como mucho. Los negocios seguirían abiertos un rato más, por ende tendrían tiempo, o eso esperaba Hasegawa, nunca había estado en Baterilla.

Fecha



RE: [Pasado] Glare | Privado - Nyra Kuroshiro - 07-02-2026

Tratándose de Shin, no esperaba que llegase a tiempo, pero como tampoco quería arriesgarme a equivocarme, llegué unos 5 minutos antes de la hora. Aun así, para entretenerme mientras esperaba, me había preparado una revista de moda en el bolso que poder consultar para tratar de inspirarme cuando empezáramos a mirar ropa. Así pues, no me molestó que llegara tarde (¡al menos no fueron 20 minutos!) y guardé la revista con una mano en el bolso mientras agitaba la otra alegremente en alto.

―¡Yō, Shiiin! ―saludé con aquella fórmula que tanto había visto usar tanto al albino como a su amigo.

Iba a preguntarle cómo había estado, pero antes de poder hacerlo, se apresuró a dejar claro lo especial que era yo para él como para dedicarme un tiempo que no solía dedicar a nadie normalmente, o así lo quise yo interpretar. Sin embargo, no me dio tiempo a decirle que me sentí halagada, porque enseguida una nueva información captó toda mi atención.

―¿Novelas románticas? ―pregunté con absoluto interés y una sonrisa de genuina curiosidad, girando levemente mi rostro, sin importarme para nada su repentina cercanía. Por supuesto, no pude evitar echarme a reír con la razón de su frustración al respecto―. ¡Es verdad! Pero bueno, siempre puedes escribir tu propia novela romántica y que termine como tú quieras, ¿no te parece? ¡A lo mejor es tan novedosa que te vuelves famoso y todo!

Pero al parecer Shin es de ese tipo de personas que saca un tema y luego “te culpa” por quedarte en él. La verdad es que, viniendo de él, es una actitud bastante divertida y me aseguraría de tenerla en cuenta para el futuro.

―Ah, ¡en absoluto! De marinerito ya vas vestido todos los días con este uniforme ―repliqué tirándole levemente de la solapa de la chaqueta de marine―, y queremos algo nuevo, ¿recuerdas? ¡Pero no te preocupes por las prendas! Resulta que conozco a una de las encargadas de conseguir y reparar ropas para la Marina, y te aseguro que le va tan bien que ha abierto una segunda tienda en otra isla, y siempre se asegura de tener proveedores de tan lejos como pueda permitírselo ―anuncié al tiempo que comenzaba a andar, tomándolo del brazo―. Déjame veeer… ―murmuré al tiempo que lo observaba, palpando primero cerca de la muñeca, luego subiendo al codo y después a los músculos y al hombro―. Tú sigue andando, ¡déjame a mí! ―Me coloqué tras él, empujándolo un poco por la espalda, al tiempo que calculaba a ojo la distancia entre sus hombros y la altura del cuello hasta la cintura. De hecho, no tuve problema en tocar directamente en esa última zona durante un segundo antes de volver a caminar a su lado―. ¡Listo! Medidas memorizadas. Ahora hemos ahorrado tiempo y me será mucho más fácil encontrar a la primera tu talla ―sonreí mientras mi cola se movía orgullosamente alegre―. Y, de paso, si te sirve la ropa de Kael, a lo mejor quieres comprarle a él algo para darle las gracias y así le repones lo que él quiera mandar a la hoguera ―añadí con un guiño y una suave risita antes de volver a mirar al frente―. ¡Mira! Ahí es a donde vamos.

El local no era muy grande, aunque sí podía parecerlo en comparación con otros de Baterilla. Era en su mayor parte de un blanco impoluto y el nombre lucía el mismo tono azul de nuestra facción. «Weaver’s Line».

―No te preocupes por las apariencias ―informé mientras abro la puerta y lo dejo pasar con un gesto―, te aseguro que Glinda no se limita solo a lo que puedes ver en el escaparate.
―Como tiene que ser, querida. ―La voz de Glinda  Weaver se escuchó tras el mostrador mientras bajaba elegantemente sus gafas para vernos mejor. La bonita empleada con la que estaba hablando se aleja sonriente de allí para seguir trabajando―. Hacía tiempo que no te veía por aquí.

[Imagen: hMZqjBi.jpeg]

―¡Hola, Glinda! Hemos llegado hace poquito, pero esta vez no he venido sólo a saludar ―comento cerrando la puerta para agarrar al albino del brazo y acercarlo hasta ella―. Te presento a Shin: es uno de los miembros de la tripulación a la que me han asignado. ¡Lo he traído para que hagas tu magia con él!
―Mmm… Interesante ―murmura, analizándolo―. Muy bien, ¿tienes alguna idea en mente, jovencito?


RE: [Pasado] Glare | Privado - Hasegawa Shin - 07-02-2026

Gradualmente algunas particularidades saltaron a la vista del albino, sin embargo, la principal se manifiesta desde un concepto que comienza a percibir muy lejano: ¿Cómo demonios podría incomodar o hacer rabiar a esta chica? La pequeña humink es excéntrica, casi tanto como él, y eso le hace titubear levemente, no acostumbra a toparse con personas capaces de seguirle el juego, o peor aún, ¡no mostrar ápice de reacción a sus tonterías!

El mismísimo Hasegawa, desde su lucidez interna, sabe que no actúa normal, y viéndose encerrado en su propio juego termina entrecerrando los párpados al mirarla directamente tras el primer intercambio, vociferando dudas e incertidumbres. —Hmm... —su personalidad tan irritante estaba diseñada para tomar el control, ahora debía encontrar una nueva manera de abordarla para conocer en dónde se encontraban los límites, se juró por dentro que no se iba a salir con la suya.

Esa inyección de orgullo le hizo volver a su eje.

—¿Sabes, Nyri? Todo lo que hago se me da bien... pero sólo tengo tiempo para ser marine. Que terrible. —se encoge de hombros, sobreactuando pesadez y un pseudo arrepentimiento, se nota a leguas que miente pero es precisamente la mezcla de todo lo que le hace tener cierta gracia particular. ¿Lo peor? Siempre que se propone algo, lo perfecciona, esa parte es verídica, pero alguien con su sentido de la justicia jamás se arrepentiría de haber elegido ese camino, incluso si tenía que cambiarlo todo desde dentro.

Al final, Kuroshiro rompe el contacto físico por primera vez. Hasegawa entonces abrió los ojos ampliamente tras las gafas de sol oscuras, luego decidió quitárselas para guardarlas en el interior del uniforme marine, sin esconder la sorpresa parcial que le causó ese gesto, pues vino acompañado de otra frase y un nuevo acercamiento que termina permitiendo, siendo la propia Nyra sujetándolo del brazo y arrastrándolo a caminar. Súbitamente sintió los múltiples toqueteos en su cuerpo, observándola hacer hasta que se colocó a su espalda, palpando inclusive en la zona lumbar tras darle un empujón.

—¡Oye! —exclamó, y luego suspiró, acatando las órdenes. ¿Acaso Hasegawa Shin había encontrado la horma de su zapato? ¿La persona capaz de dominarlo y llevar su carácter? Por dentro no lo quería permitir, pero Kuroshiro le estaba cayendo demasiado bien, así que sencillamente desistió, dejándose llevar. De su boca se emitieron varios segundos de silencio anormales, incluso cerrando los ojos un instante relativamente breve.

No podía evitar recordar.

—¡Esto no te saldrá gratis! ¿Me oyes? Siempre quise tocar tus orejas, me tomaré ese beneficio cuando menos te lo esperes. —se cruzó de brazos, haciendo el berrinche y de paso confesando algo genuino que no había exteriorizado hasta ese momento. Se juraba por dentro que debían ser demasiado suaves, aunque no sabía si tanto como su cabello o inclusive más, ni hablar de su cola, el movimiento conseguía llamar a su tentación. La rubia cabellera de Nyra parecía bien cuidada y de aspecto agradable, sin duda intrigaban al siempre 'clingy' albino.

—¿Comprarle ropa a Kael? Olvídalo, sólo hago regalos a mujeres atractivas. Así que tendré que pensar en un presente para ti, pequeña Nyri. ~ —entonces abrió los ojos con sorpresa nuevamente, y se encaró por completo a la morena, si hablamos específicamente de piel, claro. —¡Un momento! Esto cuenta como cita, ¿dónde están mis modales? Definitivamente te debo unas flores. ¡Tonto de mí! —gradualmente volvía a esa personalidad seductora y graciosilla, dándole un marco más personal al paseo a consciencia, tanteando la posible reacción de Kuroshiro.

Observó a donde Nyra apuntó y a primera vista le agradó lo que vislumbraba, un local con los colores de la facción, vidriera interesante y al entrar, una mujer que daba la apariencia de saber muy bien los secreto detrás del negocio al que se dedicaba. Parecía conocer a su acompañante, lo cual le hizo sonreír casi que malevolamente por las ideas que comenzaba a maquinar, gesto distinguible por todos los presentes mientras la chica volvía a arrastrarlo del brazo, Hasegawa dejándose llevar.

Mantuvo el silencio nuevamente, hasta que la ahora reconocible como Glinda se dirigió hacia él, instante que aprovechó a la perfección. —Así que conoces a Nyra... ¿te ha hablado de mí? —intuía que no, por ello se reposicionó con una velocidad impresionante hasta quedar al lado de la más adulta, casi que susurrándole al oído, aunque su compañera marine fuese capaz de escuchar lo que iba a decirle. —¿Te ha contado que soy su novio, hm, hm? —nuevamente el burdo humor de Shin haciendo de las suyas, con los típicos juegos físicos de acercarse y alejarse, pues antes de que Glinda termine de procesar lo dicho, el albino se colocaría justo detrás de Kuroshiro y apoyaría ambas manos sobre los hombros de la susodicha, mostrando una sonrisa bastante amplia y cerrando los ojos, como si por dentro quisiese evitar apreciar el tornado que sus palabras podían generar.

—¡Convengamos que mi idea principal es un estilo que me asemeje a las hermosas pintas que lleva mi queridísima Nyri! —entonces le palmea ambos hombros dos veces, y "se teletransporta" delante de ella, dándole la espalda y de frente a la vendedora —¿Puedes creerlo? Se ha atrevido a lucir más que yo. ¡Es intolerable, LinLin! —y ahí está, su costumbre de ponerle apodos a todo el mundo.

—Empecemos por lo básico... —si por fin hablaría en serio es todo un misterio. —¿Conoces los haoris? Me gusta la ropa tradicional. Combinar blanco y negro, minimalista pero con un toque único, ¡sé que lo entiendes LiiinLin! —a todo esto, actuaba como si no hubiese declarado que Nyra era su pareja, en su cabeza y a estas alturas aquello había pasado a segundo plano.

—¿Tú que dices, Nyri? ¿Me vería bien en prendas como esa? —y finalmente se volteó, guiñándole un ojo, sonriendo y sacándole la punta de la lengua. Todo ocurrió en un tramo muy acelerado de tiempo, casi que intentando no permitirle reaccionar a nadie hasta que el maremoto de juegos y sobre-información cesase en ese espacio de silencio que le brindó a su nueva compañera.

Si sería golpeado, le gritarían o regañarían por la osada declaración quedaba a juicio de las damas presentes.

Shin... intentaría sobrevivir en cualquier caso.


RE: [Pasado] Glare | Privado - Nyra Kuroshiro - 15-02-2026

Dejé escapar una risita con el comentario del albino.

―Es una desgracia para la historia de la humanidad que no vayan a salir tus historias, pero la Marina se beneficiará mucho de tal sacrificio~.

También me llamó la atención que decidiera guardar sus gafas de sol. ¡No estaba acostumbrado a verlo sin ellas! La verdad es que no entendía por qué se molestaba en ocultar sus ojos, porque eran muy bonitos y quedaban increíbles con su cabello. ¿Quizás le solía molestar mucho la luz? Aunque ese día también brillaba bastante el sol…

Pero bueno, ¡eso no era importante! Lo que sí lo era es tomar sus medidas, aunque fuera a ojo (y tacto) para poder encontrar lo antes posible ropa que le quedara bien. Por supuesto, se quejó un poquito, pero yo simplemente me hice la tonta tratando de contener una risa… hasta que comentó lo de tocarme las orejas cuando menos me lo esperara.

―¡No, no! Espera, espera, ¡hay normas antes de poder tocarme las orejas! ―exclamé llevándome ambas manos a la cabeza, protegiendo con mis brazos mi cabeza, pero sin llegar a tocarme las orejas ni siquiera con mis propias manos. Todo ello, colocándome ante él y caminando hacia atrás, sin perderlo de vista ni un segundo―. Primero tengo que comprobar que te lavas las manos con agua y con jabón. ¿Sabías que todo el mundo segrega cierta grasa en sus manos de forma natural? ¡No sabes el tiempo que paso cuidándome el cabello como para que me toquen las orejas con las manos sucias!

Ya estaba acostumbrada a que mucha gente quisiera tocarme las orejas o la cola (especialmente los niños), y aunque al principio no me gustaba, había llegado a acostumbrarme… ¡pero también había aprendido a poner límites claros al respecto!

Aunque bueno, ¡no hay casi nada que la sugerencia de un regalo no pueda endulzar!

―Aaaaw, ¡muchas gracias, Shiiin! ―celebré con silenciosas palmadas al ritmo de un par de saltitos. Aun así, consideraba que debería regalarle algo también a Kael por las molestias causadas, pero no me dio tiempo a preguntarle si comprarle un vestido contaría como convertirlo en “mujer atractiva” cuando su sorpresa captó toda mi atención. Espera…―. ¡¿Cita?! ―Mis ojos se abrieron de par en par justo antes de empezar a negar con las manos―. Vamos a comprar ropa, ¡¿qué parte de esto cuenta como cita?!

Pero no pudimos profundizar mucho más, porque ya habíamos llegado a la tienda en cuestión, y teníamos que aprovechar que era una rara ocasión en la que no había demasiados clientes en ese momento. Además, Shin es Shin, ¡seguro que estaba bromeando!


Seguro que le cae muy bien a la señora Weaver, él es muy… ¡¿Ha usado su fruta para teletransportarse a su lado?! Obviamente, ella alzó bastante las cejas por la sorpresa, y antes de que ella respondiera a su primera pregunta...

―¡No somos novios! ―exclamé mirándolo con cara molesta mientras mis brazos se tensaban hacia abajo con las manos cerradas en puños antes de señalarlo con una de ellas girándome hacia la modista―. ¡No le creas, Glinda, está mintiendo!

Mientras él se colocaba tras de mí colocándome las manos en los hombros, ante lo que yo me crucé de brazos y me alejé un paso para mirarlo con reproche, la mujer terminó de procesar lo ocurrido y comenzó a analizarnos con profundo interés y una sonrisa de lo más entretenida. ¡No se lo estará creyendo, ¿no?!

―Caballero, lo que suceda entre ambos no es de mi incumbencia ―comentó, sin embargo, al tiempo que pasaba a centrarse en él―. ¿Podría responder a mis preguntas, si es tan amable?

Aunque estaba molesta, la verdad es que me sentí halagada con su comentario… y ¡no, se me escapó una risita cuando dijo que era intolerable que me atreviera a lucir más que él! Aparté la mirada deprisa, aún con los brazos cruzados. ¡No puedes hacerme reír, Shin, se supone que estoy enfadada! Ay, no, ¡la cola! Controlé demasiado tarde el movimiento que delató mi alegría, pero aun así intento centrarme en la modista para disimular.

A la señora, quien había ignorado el apodo del albino, se le iluminó la mirada ante la mención de los haoris.

―Tengo justo lo que necesitas. ―Un chasquido de dedos y una de sus empleadas fue de inmediato al almacén, sabiendo lo que tenía que buscar. La sonrisa de la mujer era orgullosa―. Sin embargo, te advierto que sólo te lo venderé si empiezas a llamarme por mi nombre.

Ante la pregunta de mi compañero, no tardé en responder.

―La verdad es que sí, ¡te puede quedar superbien! ―comenté con felices palmaditas silenciosas. El guiño y el gesto con la lengua no me molestaron en absoluto. ¡Claramente a Shin le encantaba meterse con todo el mundo!―. El negro contrastaría mucho con tu cabello y con tu piel, aunque también sería interesante añadirle algún toque azul por tus ojos.
―Para eso están los complementos, pero cada cosa a su debido tiempo ―añadió Glinda.

Su ayudante llegó entonces con un haori precioso de color negro con un estampado de garzas blancas que no sólo lo harían ver elegante, sino también realzarían su cabello por estar estas principalmente en la zona baja del cuerpo y de las mangas. ¡Realmente le podría quedar genial puesto!

―Póntelo con estos pantalones ―indicó la modista, ofreciéndole unos negros simples―. Como la camisa de tu uniforme es blanca, el conjunto debería quedar bastante aceptable.
―¡Pruébatelo, Shin! ¡A ver cómo te queda!


RE: [Pasado] Glare | Privado - Hasegawa Shin - 15-03-2026

—¿Qué estás insinuando...? —arqueó una ceja mientras la observaba, como si de pronto se hubiese sentido extremadamente ofendido, y es que el hombre de las colonias caras y cuidado físico casi ritualista no podía asimilar que alguien dudase del cuidado de sus manos. —¡Pregúntale a Kael por qué su olfato se dañó! No aguantó tan buen aroma cerca por tanto tiempo. —se cruzó de brazos mientras asentía, aunque no tardó en mostrarle las susodichas a Kuroshiro, y además de emitir el mismo perfume ostentoso, masculino y rico a todas luces, la piel se veía tan pulcra que parecían caer pequeñas estrellitas de la susodicha.

—¡La próxima vez que dudes de ello, no lo perdonaré! —sentenció, dispuesto a seguir, momento en donde terminó decidiendo que iba a picarla haciéndole creer que terminaron envueltos en una cita.

—Desde que aceptaste salir a solas conmigo esto se ha convertido en una cita, por supuesto. Así que cuéntalo para tu récord personal, tuviste el privilegio de salir íntimamente con el gran... ¡Hasegawa Shin! —no faltó una pose espectacular delante de la pequeña marine para presumir aún más, extendiendo los brazos y sonriendo de manera deslumbrante. —Eso no pasa todos los días. —resume, y vuelven al camino. La energía de ambos es bastante similar, son dos personas que se ven incapaces de mantenerse quietas y además, mantienen cierto deje extrovertido y desvergonzado particular.

Definitivamente serían el dolor de cabeza de la setentaicinco.

Y gracias al cielo y los mares habían llegado a salvo al local de Glinda antes de que este cerrase por lo mucho que podían llegar a distraerse Nyra y Shin, siendo además que el albino a penas llegó decidió mostrarle a la más adulta de los tres de que pasta estaba hecho, desplegando su excentricidad y absoluta carencia de vergüenza.

Incluso Kuroshiro lo tuvo que interrumpir de manera inmediata, fue la primera vez que observó algo de molestia en las agraciadas facciones y expresiones de su compañera, hablando de hechos vinculados a él, por supuesto, y claro que lo iba a aprovechar, porque era el equivalente a llegar al final del arcoíris, vencer al duende y llevarse su olla de oro. —¿¡Cómo que no!? —cuestionó, absolutamente sorprendido y mirándola hacia abajo —¿Y qué hago yo ahora con el anillo de compromiso? ¡Pensé que veníamos a comprar mi atuendo para la boda! —refunfuñó, guiados al final por la aparente solemnidad profesional de Glinda, quien omitió vínculos personales en pos de llevar la conversación hacia su terreno, la ropa.

Escuchando atentamente a Glinda, no pudo evitar observar de reojo a Nyra, quien parecía estar moviendo su cola de manera instintiva, y eso le produjo hasta ternura, por ende le dedicó una sonrisa radiante antes de volver a prestarle atención a la comerciante.

—Pero... ¡tú te llamas LinLin! —replicó, negando con la cabeza en estado de shock ante las acusaciones infundadas. Desde luego, si se quería que la cosa salga bien, Nyra tendría que intervenir, caso contrario la forma de ser del albino estancaría las negociaciones. Oh sí, eso sonó gánster.

Sacó pecho cuando Kuroshiro comenzó a elogiarlo y comentar objetivamente los detalles que sumaban a una estética destacable mediante la prenda que trajo la ayudante de Glinda, y no tardó en alucinar también, pues aquel negro con las garzas blancas como adorno generaba una combinación de colores únicas sumando la representación visual ofrecida por las propias características del albino, quien sujetó el haori con toda la intención de inspeccionarlo a fondo.

Acató entonces las órdenes de la comerciante, asintiendo —Esto se ve fantástico. —añadió, en dirección al probador más cercano, y una vez cerrada la cortina no tardó demasiado en deshacerse de su uniforme y cambiar de look, porque no podía ser el más rápido únicamente en combate.

Al salir, se fijó en la mirada de Nyra especialmente, acercándose a ambas y luciendo la prenda como si hubiese sido diseñada específicamente para él. Aquel momento fue teñido de un magnetismo único, pues quitando el haori blanco que suele utilizar en momentos al margen de patrullajes o misiones, a Shin nunca se lo había visto con alguna prenda diferente, al menos entre la mayoría de compañeros en su División, y claro, la expresión calmada que mantenía, semi-neutral, sus ojos cerúleos sosteniendo un brillo tenue y los movimientos medidos le daban la auténtica apariencia de un modelo. Hasegawa sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Por eso no tardaría en arruinarlo.

—No se sorprendan, todo lo que me ponga me queda bien. —su reconocido ego volvió a emerger, rompiendo el pequeño fragmento de magia donde se lucía sin esclarecerlo, desde... la humildad, algo que no pegaba con él. —Pero reconozco que sabes lo que haces, LinLin. Te podría contratar para que me diseñes toda la ropa, ¿te apetece viajar por el mundo? —entonces, se apoyó en el mostrador seductoramente, haciendo un firme contacto visual con la mujer —Si te aburres, siempre puedo ser una buena compañía. —sí, efectivamente, acababa de mostrarse galán con la persona a la que le compraría la prenda de vestir que estaba luciendo, sólo que había olvidado parcialmente un pequeño detalle ofrecido por el mismísimo Shin.

—¡Ah! Demonios, cierto que no puedo... voy a casarme con Nyra, ¿recuerdas? Lo nuestro no será. Pero te recordaré en cada nueva isla que visite. Las memorias de LinLin avanzarán en lo profundo de mi corazón. —acompañó las sandeces con gestos teatrales, incluso dándole la espalda, y usando un tono poético exagerado, riendo una vez volvió a observar a Kuroshiro.

Era difícil aburrirse con Shin. O no querer matarlo cada diez minutos.


RE: [Pasado] Glare | Privado - Nyra Kuroshiro - 18-03-2026

Vaya, ¿por qué parecía ofenderse por decirle que hay que tener las manos limpias para tocarme las orejas? ¡Pero si ya le había dicho que es normal ensuciarse solo por existir! Pero, por supuesto, ante tanto dramatismo solo podía tratar de tratar de disimular una risita, aunque sin demasiado éxito.

―No te preocupes, Shin, ¡no insinúo ni dudo de nada! Pero igual que hay que lavarse las manos antes de comer, también que lavárselas para tocar zonas cercanas al cabello de una chica~.

Y ¡¿cómo no?! ¡Tenía que sacar una justificación para…! ¿Mi record personal? ¿El gran Hasegawa Shin? Su sonrisa, confianza y pose me contagian su felicidad y no puedo evitar echarme a reír. En una cosa tiene razón: ¡esto no pasa todos los días! ¡Qué divertido!

―Bueno, si me lo pones así, ¡no puedo negarme!

Pero, muy fuera de lo esperado, una vez llegamos al local de Glinda y empezamos a charlar con ella, ¡todo escaló demasiado rápido!

―¡Pero ¿qué anillo compromiso ni atuendo para bodas?! ―exclamé colocando los brazos en jarra―. ¡Nos estamos conociendo! ¡Es una primera cita, Shin, ni siquiera somos novios, no la confundas! ―reclamé señalando a la señora Glinda.

Por suerte, la mujer intervino para poner algo de orden y pedir la información que necesitaba, ¡pero incluso en esas, mi compañero se las apañó para sacarme de mi estado normal! Esa vez, con un inesperado y bonito halago que me gustó más de lo que el pique que me invadía en ese momento me permitía admitir.

Sin embargo, las negociaciones parecieron llegar a un punto muerto cuando ella pidió que no se le cambiara su nombre y él insistió con LinLin.

―“La señora Glinda”, para ti ―advirtió una vez más.
―Señora Glinda, ¡no se preocupe! ―la llamé, tratando de captar su atención antes de empezar a hablar para tratar de convencerla…, ¡cosa que no sería nada fácil!―. Shin es una persona brillante, y ya has visto que es muy extrovertido, carismático y que le encanta llamar la atención. ¡Allí donde lleve tu ropa, todos la verán! ¡Puede ser un anuncio andante! Es marine, ¡y todos querrán ir a buscar tu ropa en cada isla a la que vaya!

La mujer me observó con una mezcla de reproche y curiosidad, pues si algo había que le importara tanto como su ego, eso eran los beneficios económicos. No por nada era tan buena en su negocio, después de todo.

Finalmente, debió de decidir que soportar las rarezas de Shin eran un buen precio a pagar por los beneficios, porque no tardó en intervenir al respecto.

―Está bien. No responderé a ese nombre, pero le venderé la ropa. Sin embargo, espero que las ventas aumenten después de esto… En caso contrario, esta será la única vez que venda algo a tu novio.
―¡Que no es mi novio!

¡¿Por qué Glinda sonrió como si estuviera a punto de reírse?! ¡Agh!

No mucho después, el albino salió del probador… ¡Y ESTÁ MARAVILLOSO!

―¡Guau, Shiiiiiin! ¡Te queda increíble! ―exclamé con palmadas silenciosas y casi imperceptibles saltitos en el sitio mientras lo miro de arriba abajo. ¡Se ajustaba a su movimiento y a cada parte de su cuerpo con cada pose!―. ¡Parece hecho específicamente para ti! ¡Es impresionante!
―Sí, ciertamente… ―escuché murmurar a la mujer, cosa que me sorprendió. No era nada fácil impresionarla―. Joven, ¿te has planteado ser modelo? ―¡¿Modelo?! ¡¿Se planteaba hacerlo modelo?! ¡Guau!

Y, por supuesto, la confianza de mi compañero seguía siendo arrolladora. … ¡Demasiado! Antes de que esta pudiera responderle sobre viajar por el mundo, ¡va y se inclina sobre el mostrador para intentar seducirla! ¡¿Cómo que “buena compañía”!? Glinda abre los ojos como platos, confusa,¡y normal, no es para menos!

―¡Shin! ―exclamé rígida y con los brazos estirados hacia abajo finalizando en puños cerrados, con la intención de recordarle mi presencia. Al menos eso sirve para que rectifique y… ¡bueno, y también para que vuelva a sacar el tema de la boda, pero no puedo arreglar todos los inconvenientes a la vez! … ¿O sí? ¡Espera, ¿cómo que la va a llevar en su corazón?!

―¡Oye, ¿no decías que lo de tener una cita contigo no pasaba todos los días?! ¡Porque empiezo a sospechar que no es algo tan especial!

Pero Glinda aprovechó mi distracción para recomponerse y no tardó en volver a sacar esa sonrisa que suele lucir cuando está ante un muy buen potencial de negocio.

―Lo que sí es especial es el carisma de este chico ―comentó mientras se giraba para sacar una prenda de un armario grande que había tras ella. Cuando volvió hacia nosotros, mostró una prenda mucho más corta que un haori, pero del mismo estilo, esta vez en tonos azules que iban desde el tono más oscuro hasta uno mucho más claro hasta llegar al blanco, formando entremedias formas que recordaban a algo entre olas marinas y pétalos―. A ver cómo te queda este. Va a juego con el color de tus ojos y tiene varios tonos. Podría ser interesante.


RE: [Pasado] Glare | Privado - Hasegawa Shin - 05-04-2026

Sólo fue un espectador más de la negociación a la cual se enfrentó Kuroshiro, se desligaría de toda culpa, claro está, porque a efectos prácticos y tangibles para el resto de personas, salvo su propio palacio mental, no había hecho nada malo. Sin embargo no pudo evitar sonreír ligeramente, Nyra sabía lo que hacía, y si se enfrascaba en la tarea de proponérselo, todos sus objetivos de pronto llegarían a parecer algo tangible, por muy imposibles que se viesen desde la perspectiva presente.

Que pesadilla de mujer.

Glinda fue convencida, y sin meter el dedo en la herida, Hasegawa optó por irse a probar la ropa, intentando no seguir picando a la pobre vendedora. Hasta él sabía que una sobrecarga de su extenuante carisma podía volverlo más molesto de lo que se planteaba en primera instancia, contrario a lo que muchos podrían imaginar poseía una inteligencia emocional más desarrollada de lo que demuestra, es precisamente por eso que actúa como lo hace.

Shin podría definirse como un castillo enorme detrás de un muro impenetrable, aunque transparente. Expone al mundo todo lo que les gustaría ver, la figura de un héroe indomable, invencible, cuya sonrisa jamás caería ni aunque todo pareciese a punto de desmoronarse, pero no dejaba pasar a nadie, pues de atravesarse esa protección, todos entenderían que sólo es una fachada bien desarrollada, aún y si formaba parte de su filosofía y voluntad. Por dentro todo es solitario, vacío, sin ningún tipo de mueble o decoración, validando su existencia desde la fortaleza, ser una especie de arma que incline la balanza en favor de sus propios deseos, aquellos que lo llevasen a liberar a millones.

La salida repleta de modelaje, soberbia y seducción no fue sólo azar, o romper con la seriedad humilde que aparentaba. Kuroshiro tenía un algo que le traía recuerdos lejanos, quizás era su espíritu libre, o la alegría constante e irrompible, vertiente de sus ganas por no rendirse jamás. Y ante esas emociones, nunca se enfrentaba al dolor que arrastraban consigo, las eludía volviéndose un payaso, incapaz de tomarse a nada ni nadie en serio, moviéndose por el mundo como si nada pudiese tocarlo, o rebuscar entre los pensamientos e ideas que ocultaba.

Las reacciones de ambas inflan su ego, por ende se mantiene posando, cayendo una cascada de estrellas imaginarias desde cada nueva pose que les regala, y no es hasta la pregunta de LinLin que vuelve a hacerse escuchar, en el mismo porte expresado durante toda la tarde, aunque ligeramente más medido que antes. —Creo que se lo dije a mi amada más temprano. Podría ser cualquier cosa que me proponga, soy bueno en todo... —suspira, cerrando los ojos como si fuese parte de la realeza —¿Pero quién salvaría a los cientos de miles de esclavos alrededor del mundo? Sólo confío en mí para llevarlo a cabo. —su poder, sus ideales y claro, la certeza de que nunca caería ante la corrupción. Pero si se lo dijo, es porque le vino como anillo al dedo para su lado más narcisista.

Lo cierto es que guarda más de una promesa con Kael, y formando parte de otra División las responsabilidades abarcaban mucho más de lo que planteaba. Estaba claro que no los abandonaría, ni tampoco los dejaría caer por decisiones impulsivas, o arrebatos de poder, donde sabe que vencería ante enemigos muy peligrosos, aunque el resto no esté listo para esos enfrentamientos. Uno de ellos, es quienes quisiesen defender la legalidad de los esclavos en el mundo, batalla destinada sólo a los más valientes.

Pero no iba a arruinar el momento con una clase de moral seria, no estaba allí por ello.

La recriminación de Nyra no pasa desapercibida, lo que le da el suficiente espacio a Hasegawa para acercarse a ella e inclinarse, con ambos rostros peligrosamente cerca. Otra de las virtudes del albino, alguien capaz de cambiar el tono del ambiente a base de acciones súbitas o incluso, sutiles. El aroma a perfume invadiría los sentidos de su compañera, y por supuesto, el gesto digno de alguien enamorado, galante hacia su pareja y extremadamente fiel aparecería en su rostro, dándole una suave palmadita en la cabeza, entre sus tiernas orejas. —No te preocupes. Sólo tengo ojos para ti. —rompería el contacto y volvería a concederle su espacio personal, sin romper el contacto visual. —Hoy eres la protagonista, al fin y al cabo. —cerrando los ojos y encogiéndose de hombros, niega con la cabeza, restando peso a sus preocupaciones y manteniendo el personaje que se encargó de desarrollar con el afán de picarla y volverla loca. Que esté funcionando lo llenaba de alegría.

Entonces Glinda volvió a la carga, interrumpiendo al dúo de marines y ofreciendo otra prenda, esta vez con colores más acordes a su propia estética natural de ojos azules y cabello blanco, resaltándolo enormemente. Al girarse, lo que observó lo transportó a un momento de su vida que creía olvidado tras algunos años, perdido entre los miles de recuerdos que había compartido con ella, pero que en realidad siempre están ahí, esperando el momento perfecto para asestar su estocada. No supo qué hacer, al menos no de inmediato.

•••

Ella; un mundo donde los colores parecen más cálidos, donde cada vacío es llenado por sonrisas que anestesian el dolor, donde se pone punto final a cada asunto dispuesto a convertirse en un problema futuro. La persona más molesta que conoció, capaz de ponerlo a trabajar incluso cansado, o a reír cuando no quedaban fuerzas para hacerlo. Sí, ella lo había atrapado en su red nuevamente, obligándolo a cerrar los ojos. ¿Cómo decirle que no? Desde que se encontraron quedó fascinado con su facilidad para torcer las reglas de lo establecido y encontrarles un nuevo significado, por ende no le quedaba otra más que confiar.

La tela se ajusta a su piel con un cuidado único, talladas a mano desde el cariño de su pareja, Himari. Los detalles se afinan, dejándolo todo perfecto, hasta finalmente colocarse delante de él y aplaudir tres veces, expresándose con su energía característica —¡Ya puedes ver! —siguiendo su voz, abrió los ojos, y aunque quiso bajar inmediatamente para apreciar el finalizado de su obra, no pudo evitar reposar su atención en aquella sonrisa llena de orgullo.

—Esto es... —la mirada cerúlea del albino encontró una nueva fascinación en la tela azul, bordeados únicos que combinaban con su cabello, todo en su sitio. —Un absoluto desastre. —cuando volvió a observarla, el propio gesto de Hasegawa delató la broma.

—¡Pues te jorobas! Porque vas a usarla igual. —Himari lo entendió de inmediato, el pequeño gesto de sorpresa y shock agradable lo delató, motivo que la volcó a apoyar su dedo índice en el pecho de Shin, casi que acusativa. —Siempre vistes con las prendas que te regalan los clanes, o el uniforme y las mil quinientas ventajas que te dan en armamento, pero pensé que te verías mejor en colores que tengan que ver más contigo. Definitivamente es mi parte favorita de ti. —cruzándose de brazos, asintió varias veces, arrancándole una suave sonrisa al albino.

—Así es como debe ser, no entrené tanto para dejarlo estar en el momento de aplicar todo ese esfuerzo... —reconoce que al principio no supo cómo contestar, y eso le hizo escapar del contacto visual. Desafortunadamente para el marine, ella se dio cuenta, y recortó las distancias, observándolo directamente a los ojos.

—¡Exactamente! Esto te recordará que no sólo importa lo bueno que seas, sino, quién quieres ser. —un regalo simple, cargado de significado. Ella veía a través del prodigio, más allá de la política que unió al clan Hasegawa y al clan Hiroshi en un matrimonio que selló la rivalidad entre ambos, del cual emergió el primogénito de esa familia en Shin, aquel que heredaría la responsabilidad de convertirse en marine, costumbre añeja de sendos árboles genealógicos.

Lo simplificaba tanto que daba miedo, y al mismo tiempo, le causaba un confort único, vencido totalmente por su insistencia, sin salida de sus ojos. —Y por supuesto, algo que te recuerde a mí cuando te envíen de misión a otras islas. —su rostro vuelve a sentirse difuso, las palabras se desvanecen, la calidez se enfría.

Sólo sigue siendo un recuerdo.

Y nunca dejará de serlo.

•••

La vida parece conectarlo todo, todo el tiempo.

Era increíble la enorme capacidad de amalgamar presente y pasado que tenía el universo, desde una mezcla concreta de colores, a aromas que llenen el resto de sentidos del momento en donde se percibieron por primera vez, para dejar un vacío que enmarque la ausencia de lo que alguna vez se presentó como eterno. Shin observó la prenda en completo silencio sobre su cuerpo durante algunos segundos, dentro del lugar designado para probársela, y entonces... una sonrisa, amarga, resignada, que guardaba en su interior el suspiro buscando deshacerse de la densidad mental que estaba atravesando.

Había guardado el resto de cosas en una bolsa que Glinda le facilitó antes de llevársela consigo, dejando ahí el haori negro y su uniforme, perfectamente doblados y contaminados del riquísimo perfume que siempre se pone, y tras esos breves minutos era momento de salir. Tanto Nyra como la comerciante habrían notado que tardó más que antes.

—Tal como se lo adelanté, LinLin. —expresó, en un tono mucho más sereno y contenido, simulando normalidad mediante el manto egocéntrico que sus palabras mantenían, pues le dijo que todo le quedaría bien. —Permítame pagarle, me gustaría tomar un poco de aire y no tengo ganas de ponerme el uniforme otra vez. —dependiendo de las palabras de Glinda, buscaría el dinero en la bolsa. —Me llevaré ambos, pero este me lo dejaré puesto. —su sonrisa había vuelto a ganar algo de brillo, y su energía dio un pequeño vuelco particular pese a seguir siendo él, es como si sus ganas de picar a todo el mundo hubiesen amainado, o algo de lo que realmente suele pensar y sentir emergiera levemente. Y con su recuerdo a flor de piel, no pudo hacer otra cosa más que dedicarle aquellas palabras.

—Estos colores quedan mejor conmigo.

Un refugio de su identidad.


RE: [Pasado] Glare | Privado - Nyra Kuroshiro - 05-04-2026

Una risita escapó de mis labios ante esa confianza en la perfeccción de todo lo que hace. ¡Vaya ego! Pero mi expresión cambió con un grito ahogado de pura emoción con la siguiente frase de Shin.

―¡¿De verdad?! ―exclamé casi con estrellitas en los ojos al tiempo que avanzaba un par de pasos hacia él, con los brazos pegados al cuerpo y las manos cerradas a la altura del pecho, pudiendo contener a duras penas lo que sentía mientras mi cola se movía frenéticamente tras de mí―. ¡¿De verdad quieres salvar a los cientos de miles de esclavos alrededor del mundo?! ―¡No me lo puedo creer! ¡Es la primera persona desde Ritsu que me encuentro con esa convicción!―. ¡Pues ni sueñes con hacerlo tú solo! ¡No vas a librarte de mí hasta que lo consigamos entre los dos, Shin!

Mi certeza y convicción eran absolutas, porque si esta era ya irrompible antes de conocerlo, ¡mucho más ahora que sabía que no tendría que luchar sola!

¡Uy! Cuando me di cuenta de lo que habíamos dicho, miré a Glinda, quien nos observaba con una ceja alzada. ¡Por un momento olvidé que ella hacía ropa para la Marina!

―Me es indiferente lo que pretendáis hacer, siempre que no cometáis una ilegalidad ―sentenció con seriedad antes de ignorarnos preparando cosas tras el mostrador―. Sin embargo, voy a tener que solicitaros que os abstengáis de esos comentarios en mi tienda. No quisiera que se me relacionara con posturas controversiales.

Dejé escapar un pequeño suspiro. ¡Ay, menos mal! Por supuesto, su respuesta no iba a cambiar mi mentalidad, pero siempre es más fácil actuar en este tipo de cosas cuando no toda la Marina está al tanto de tus planes.

―¡No se preocupe, señora Glinda! ―exclamé con la mejor de mis sonrisas―. ¡No le causaremos ningún problema!

¡Y fue entonces cuando Shin se puso a ligar con LinLin! ¡Y también la boda! ¡Agh! A estas alturas, ¡no sé si lo ha hecho para picarme o para que ella olvidara el comentario de los esclavos! ¿Quizás fueran las dos cosas? ¡Sí, seguro que son las dos!

Cuando le reclamo con los brazos en jarra, él aprovecha para inclinarse hacia mí, dejando su rostro muy cerca del mío, pero yo no retrocedo ni un milímetro, ni siquiera aunque tuve que aguantar por unos segundos la respiración debido a la intensidad de su perfume. ¡No dejaría que se saliera con la suya, si eso era lo que pretendía! Lo sigo mirando con algo de rabia, pero él pone esa expresión. ¡Maldita sea, qué buen actor es! ¡Casi pareciera que de verdad está…!

―No te preocupes. Sólo tengo ojos para ti.

Sus palabras son inmediatamente seguidas de un gritito de emoción de varias de las empleadas de la tienda, lo que hace que me sonroje ipso facto, pero antes de poder reaccionar, él ya me ha devuelto el espacio personal. ¡Al final casi se ha salido con la suya de tocarme las orejas! ¡Y creo que ha logrado que media tienda se crea que de verdad hay algo entre nosotros!

Sin embargo, su siguiente frase es la que termina de suavizar mi expresión. Mientras Glinda se había adelantado para darle una nueva prenda, yo no pude evitar fijarme en que esta era la segunda vez que Shin decía algo parecido a lo largo del día, pero era muy diferente de la primera vez. Antes fue una broma evidente sobre atreverme a brillar más que él, pero ahora había dicho que hoy soy la protagonista… y viniendo de alguien que normalmente se esfuerza tanto por brillar en todo…

No pude evitar darle vueltas mientras se probaba de ropa. Mientras se la probaba… durante más tiempo que antes. Glinda se puso a hacer cosas mientras tanto, sin darle mayor importancia, pero siendo que el albino suele ser bastante hiperactivo…

Cuando salió del probador, se dirigió al mostrador para pagar con un tono bastante más sereno que de costumbre. Es como si su expresión fuera parecida a la de nromalmente, pero sus palabras… ¡Ay, no! ¡Algo le pasa! Sin embargo, me limité a sonreír y fingir normalidad mientras estábamos en el interior.

―Por supuesto, caballero ―sonrió la mujer, preparada para cobrarle.

Tras despedirnos de Glinda, salimos finalmente de la tienda. Observaba de reojo a Shin, planteándome cómo enfocar las cosas.

―Yo también creo que esos colores quedan mucho mejor contigo ―comenté finalmente con una sonrisa cálida y las manos enlazadas en la espalda―. ¿Te parece si damos un paseo por la playa? Está bastante cerca.

Lo sugerí porque sé que a esta hora no suele haber mucha gente, así que podría ser un lugar tranquilo para hablar si terminaba apeteciéndole hacerlo.

―Shin… ¿Te encuentras bien? ―inquirí con suavidad, sin estar del todo segura de cómo respondería―. ¿Querías tomar el aire por alguna razón?


RE: [Pasado] Glare | Privado - Hasegawa Shin - 06-04-2026

Un ideal heredado y reinterpretado desde su filosofía absoluta, aquella que no le permitía arrodillarse ante nadie, ni mucho menos creer en su derrota independientemente de los enemigos que tuviese delante. Hasegawa observaba al mundo desde su moral tras haberla cuestionado durante mucho tiempo, fortalecida gracias a una única persona, y con toda la seguridad del mundo para defenderla, quizás por ello no imaginó que encontraría aliados dentro de la marina, considerando que la mayoría responde a lo impuesto por el gobierno mundial sin rechistar. Se sentía un pez fuera del agua, y a veces cuestionaba el haber elegido un bando equivocado cuando presenciaba de primera mano la corrupción, sin embargo, no podía ser de otra manera...

Quien le recordaba destellos del pasado, también creía en la misma causa. Definitivamente el destino entrelaza pasado y presente.

Se giró a Nyra con su misma sonrisa confiada, apreciando el entusiasmo y la seguridad particular con la que habla. Ella es diferente, claro está, aunque comparte la cabezonería de llevar las cosas hasta el punto de conseguir sus objetivos, lo hacía mediante una camaradería pronunciada, y una empatía difícil de ignorar. Es el tipo de chica capaz de hacer que cada persona del mundo se sienta acompañada, aunque en el caso de Shin... bueno, se presentaban cuestiones más complejas de lo que reluce a simple vista.

—Claro que sí, Nyri. Nada de lo que digo es mentira. —sacudió levemente el dedo índice a la altura de su rostro, como un adulto regañando a un menor, nuevamente entrando en el juego de hacer que todas sus palabras representen un enigma, sin dar pistas sobre cuando habla en serio y cuando no. —Tendrás que demostrar estar a la altura. —confirmó entonces, segundos antes de que la interrupción de Glinda hiciera acto de presencia, dirigiendo su mirada hacia ella.

Permitió que Kuroshiro le diga lo que debía, sin embargo, no se quedaría sin aportar su granito de arena a la conversación. —No te preocupes, LinLin. El mundo va a cambiar y tienes delante al culpable, sólo... espera. —apuntó hacia ella, y resultaba evidente que no incluyó a Nyra en ese detonante del cambio que anunciaba.

Sí, le agradaba. Sí, era divertido estar junto a ella y descifrar nuevas formas de hacerse insufrible para la gente. Pero no la veía a su altura, ni tan siquiera la respetaba a un nivel plano de fortaleza. A ojos del albino, Kuroshiro era otra persona que debía proteger de los peligros del mundo.

Lo siguiente fue el ligue con Glinda y la consiguiente reacción, lo que provocó el acercamiento renovado del albino hacia Nyra, sucediendo lo que nunca imaginó causar desde que conoció a la enérgica hija de una pirata. Un sonrojo.

Claro que escuchó los grititos acompañando el momento, para ser sincero no se había enterado de que allí habían otras empleadas, y en primera instancia descartó que fueron ellas las verdaderas culpables. Esa expresión de la chica, sus mejillas rojas haciendo juego con el tono de su cabello y obvio, la tez tan particular de su piel, fueron el premio perfecto para Shin, quien se guardaría aquello como su obra magna contra alguien de temple tan alto.

Ignoró la expresión que puso después, más suave, pues se encargó de probarse la nueva prenda que finalmente se dejó puesta, y al regresar había desaparecido, aunque en él surgieron momentos que volvieron a hundir su de por sí, floja estabilidad emocional. Se encargó de pagarle a Glinda, dejando una cuantiosa propina bastante considerable como recompensa por tolerarlo, y volvió con Nyra, despidiéndose de ella en conjunto y saliendo de la tienda.

Pasaron el suficiente rato allí como para que la brisa nocturna los invadiera al toparse nuevamente con el exterior, y aún mostrando la misma serenidad que antes en su expresión, se giró a la chica cuando reafirmó las palabras que le dirigió a la vendedora, ofreciéndole un paseo adicional. Recordaba que la playa tenía un pequeño mirador desde donde el característico faro de Baterilla se veía espectacular a esas horas, y entonces el plan se le hizo ineludible.

—Y ni así consigo estar a tu altura, que cruel es la vida... —volvió a negar con la cabeza, sus párpados cerrados antes de hacer contacto visual con los ojos azules de Kuroshiro. —Conozco un lugar, está poco antes de llegar a la playa, podríamos ir. —e inició el paseo. Estaban a pocos minutos a pie de la zona, y previo a ello atravesarían un pequeño mercadillo artesanal nocturno, donde la iluminación era cálida y el ambiente bastante festivo. Pese a ello, de momento sólo veían las luces cual luciérnagas a la distancia, envueltos en el manto frívolo de la noche, instante donde el silencio fue llenado por la voz de Nyra, haciendo gala de lo increíblemente perceptiva que era.

Hasegawa permanecía con su bolsa, donde reposaban el resto de sus prendas, y en un principio pareció no inmutarse ante la profundidad de su cuestión, restándole importancia desde el propio gesto tranquilo que mostraba. De todas formas, su calma inusual seguía indicando algo, silencioso, sutil, pero que Nyra era capaz de ver como si fuese un libro abierto.

—Siempre estoy bien, Nyra. —su sonrisa, magnética, se muestra de soslayo. La confianza y ego que lo caracterizan pasan a ser solemnes, reduciendo esa típica explosividad. —¿Y tú? Todavía recuerdo que te pusiste roja antes de que me vaya. —se encoge de hombros, un gesto más bien divertido y cómplice.

—No me digas que ya te estás enamorando de mí... —suspiró, elevando el drama del asunto, redirigiendo la atención con maestría. —Y yo que te veía de la manito con Kael, que problema. —negando con la cabeza vuelve a cerrar los ojos.

Al abrirlos, percibe que el fondo de luces representando el mercadillo artesanal está más cerca.

—Pero esto no deja de ser una cita, así que... tengo que sorprenderte de alguna manera —asintió, antes de sujetar la bolsa con firmeza y entonces... tomarla desprevenida con su desafío.


—¡El primero que llegue a la feria gana! —simplemente se movió, apoderándose del ritmo, torciéndolo a su gusto como siempre parecía hacer. Dueño del mundo bajo su perspectiva, libre para decidir en cada momento, desde cualquier tipo de emoción, y quizás era por haberla recordado, pero entre la calma, su tristeza y las sonrisas resignadas, existía una luz especial.

Al principio sólo fue un paso, súbito, tensando la noche mientras los farolillos a la distancia enmarcaban la silueta del albino, quebrando la quietud del momento, y no tardó en adelantarla. Sus pasos hicieron eco, diluyéndose antes de existir, y en su lugar un fulgor único comenzó a mezclarse con la iluminación a la distancia, como si la luz hubiese decidido seguirlo, o siempre hubiese estado ahí, esperando ser liberada.

Dorado. No brillante, ni invasivo. Cálido, como el recuerdo que lo abrazó mediante las telas sobre su torso.

Kuroshiro lo vería de espaldas al inicio debido a la velocidad, su figura ampliando la distancia entre ambos, mientras ese resplandor comenzaba a trazar líneas suaves en el aire, difuminando sus bordes, haciéndolo menos... tangible. Y en medio de ese desplazamiento imposible, durante un instante tan breve como súbito, Shin se giró para observarla directamente a los ojos. Un perfil, sonriente, mostrándole el símbolo de la victoria con los dedos índice y medio, asomando su lengua con descaro infantil, burlón, como si todo aquello sólo fuese otro de sus interminables juegos.

Como si no hubiese nada más.

Como si nunca hubiese nada más.

Entonces desapareció.

No existieron explosiones, ni sonidos que anticipasen lo que iba a ocurrir, sólo una ausencia que se sintió de inmediato, llevándose consigo la luz que le había mostrado, y el gesto, fundiéndose con los faroles a la distancia. Sólo permaneció la estela que seguía su dirección durante algunos segundos más, antes de disolverse en el camino, encogiéndose sobre sí misma.

Nunca dijo que iba a ser una carrera justa, llegando a la meta antes de que Nyra siquiera se plantease seguirlo, y si lo hacía, se chocaría contra la realidad. Ni en la senda hacia el mercadillo, ni entre el gentío acumulado allí encontraría a Shin. Por un instante parecería que jamás estuvo presente, o que iba a jugarle una broma pesada volviendo a donde se hospedaba sin avisarle.

Escapando, de la pregunta que le hizo, del recuerdo, de sus remordimientos. Como si de pronto, esos ojos azules hubiesen iluminado más que su propia luz, apuntando hacia rincones que quería enterrar en contra de su voluntad. No existirían lágrimas, ni gestos que mostrasen ese dolor a nadie, pero al sentirse expuesto, esa distancia emocional que alza contra el mundo se manifestó con un brillo hermoso, deslumbrante. Durante un pequeño rato no quiso ser encontrado, camuflando el dolor con juegos, sin embargo, seguía ahí, esperando el momento para cumplir con su palabra.

Volver a sorprenderla.

Let there be light



RE: [Pasado] Glare | Privado - Nyra Kuroshiro - 06-04-2026

Sonreí alegremente a pesar de su evidente mentira. ¡Sí, claro! ¡Si todo lo que dijera fuera verdad, nos estaríamos casando mañana! Pero, por supuesto, no voy a dejar pasar una provocación que me invita a superarme a mí misma.

―¡Ya verás como sí estaré a la altura!

Por suerte, también mi compañero participó en calmar a la mujer del negocio… ¡aunque está muy equivocado en una cosa!

―¡Oye, ¿cómo que el culpable?! ―me piqué de nuevo―. ¡Ya te he dicho que no te vas a librar de mí! ¡Te demostraré que estaré de sobra a la altura y ni tú podrás negarlo!
―Como dije antes… ―intervino Glinda, alzando a penas un tono su voz, ignorándome por completo y respondiendo al joven―, me trae sin cuidado lo que hagáis, siempre que no cometáis una ilegalidad.

Por supuesto, no nos tomaba en serio a ninguno, y es una mujer demasiado centrada en el presente y lo tangible como para preocuparse por palabras sin hechos teniendo un próspero negocio del que encargarse.

El resto del tiempo en la estancia fue relativamente normal… dejando a un lado la preocupación que empezaba a tener por mi nuevo amigo. Tras terminar de comprar la ropa, salimos a la calle.

Ya había anochecido para entonces, y sugerí dar un paseo por la playa por ver si en un lugar tranquilo podría querer hablar un poco más sobre lo que fuera que le estuviera rondando la cabeza. Y el plan salió bien, ¡incluso quería llevarme a un sitio cerca de allí!

… Pero era la segunda vez. Era la segunda vez que dice algo que me pone “por encima”, de alguna manera. Primero, que soy la protagonista, ¿y ahora que no consigue estar a mi altura?

―¡Claro, vamos! Pero… ¿estar a mi altura sobre qué? ―inquirí curiosa, con la sonrisa aún en el rostro como una máscara para mi inquietud―. Porque ya dejaste antes bastante claro que respecto a lo de la esclavitud, soy yo quien tiene bastante que demostrar.

No había signos del pique anterior. En realidad, en el fondo esos piques me parecían de lo más divertidos aunque a ratos pudieran sacarme un poco de quicio. Además, en el fondo sabía que él tenía razón. Nos conocíamos desde hacía muy poco tiempo, y teniendo él la fruta que tiene, yo ni podría soñar en alcanzar su poder. No al menos de momento. ¡Ni siquiera había visto una de esas en mi vida!

Mientras caminábamos, no pude contener más la pregunta que llevaba un rato tratando de aguantarme… y no me sorprendió su respuesta.


―Siempre estoy bien, Nyra.  ―«Mentiroso».

Mi pensamiento fue automático. Nadie puede estar siempre bien, eso es imposible. Eso mismo es lo que piensa de mí mucha gente en varias islas, pero ninguna de esas personas ha estado junto a mí el tiempo suficiente como para haber visto otra cara, especialmente por mi afán de crear constantemente recuerdos bonitos para todo el mundo. Así que, si esperaba que me tragara algo así, estaba muy equivocado… aunque, por supuesto, no podría culparlo por no confiar aún bastante en mí como para compartirme una preocupación real. De momento, me basta con demostrarle que quiero ser su ami…

―¿Y tú? Todavía recuerdo que te pusiste roja antes de que me vaya.

¡Maldito sea! ¡¿Por qué tiene que sacar eso ahora?!

―Estoy bien, ¡me puso nerviosa la reacción de las chicas! ―volví a picarme de nuevo, cruzándome de brazos―. Eres demasiado buen mentiroso, Shin. ¡Después de haber visto eso, te va a costar que me crea a la primera todo lo que dices!

Una indirecta sutil a la mentira que me acababa de decir, pero sin salir del juego, para que viera que no es algo que en realidad me molestara.

―No me digas que ya te estás enamorando de mí…  ―¡Agh! ¡¿Por qué lo saca todo de contexto?!―. Y yo que te veía de la manito con Kael, qué problema.
―¡¿Qué?! ―¡¿Él también?!
―Pero esto no deja de ser una cita así que… tengo que sorprenderte de alguna manera.

Y, acto seguido, ¡echa a correr! ¡Y encima me reta!


―¡Oye! ―lo llamo, tratando con mi mejor velocidad de seguirle el paso en vano―. ¡Eso no es justo y lo sabes!

Entonces, Shin brilló como sólo él sabía hacerlo, no intenso como lo había visto presumiendo y bromeando el día que lo conocí, sino sutil, tenue, dorado, cálido… casi difuminándose con las luces del final de la calle y que me habían pasado desapercibidas hasta entonces. Parece que cambian con el ambiente o… ¿quizás… con sus emociones?

Lo último que vi de él fue su perfil, sonriente, con el símbolo de la victoria en los dedos, su lengua en una burla amistosa y la intensidad de su mirada perfectamente visible… antes de desaparecer por completo.

―¡Shiiiin!

Grité con todas mis fuerzas para llamarlo, pero la estela que dejó a su paso terminó por disolverse, silenciosa. Apreté el paso aún más si cabía, aun sabiendo que sería imposible alcanzarlo, ¡pero no tenía intención de rendirme tan fácilmente!

Mis pasos no tardaron en llevarme al mercadillo nocturno. El ambiente era realmente acogedor y la gente paseaba por la calle, alumbrada por los farolillos que adornaban los puestos. Me vi obligada a bajar el ritmo y simplemente caminar deprisa debido a la gente, ya que no quería causar algún tipo de accidente… y de paso aprovecharía para recuperar un poco el aliento…

Mis ojos volaban de puesto en puesto, entre las personas, tratando de divisar su cabello albino o la prenda tan distintiva que acababa de comprar…, pero los segundos pasaban y yo seguía sin verlo. Por un momento, me asustó pensar que se hubiera ido, dejándome sola. … ¿Asustar? Un pensamiento fugaz cruzó entonces mi mente: ¿Y si… había huido porque estaba también asustado? Pero… ¿de qué? No, no tiene sentido… ¿Lo tiene?

―¡Shiiiin, ¿es esta tu idea de sorpresa?! ―gritaría en la calle, con las manos junto a mi boca para hacer que el sonido llegara más lejos―. ¡¿Vas a dejar a una poooobre y duuulce chica desamparada en la calle?! ―exclamé con tono más dramático, uno casi idéntico al que utilicé el día que quise que Shin y Kael me subieran las maletas al barco. Los curiosos que me miraban aumentaron, pero seguí caminando sin que me importara lo más mínimo―. ¡Esta no es forma de terminar una cita, Shin!

Me crucé de brazos, aún caminando, tratando de divisarlo. ¿Y si no lo encontraba? ¿Y si de verdad se había ido? ¿Por qué la primera persona que conocía que compartía mi sueño se volvía tan inalcanzable?

―Y luego pretenderá que no me preocupe por él… ―suspiré sin detenerme.