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[Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Fuguwu - 06-02-2026 Día 44 de Primavera, Año 17
Corriente Rakusei, Arabasta
Nanohana, 12:30 P.M.
El sol del mediodía golpea sin piedad sobre Nanohana, marcando las 12:30pm en este día primaveral de Arabasta. La temperatura alcanza los 38 grados centígrados, y el aire seco del desierto urge a beber cantidades ingestas de agua para no deshidratarse. El cielo es de un azul intenso, sin una sola nube que ofrezca alivio, y el reflejo del sol sobre las construcciones de piedra caliza y adobe genera un resplandor que obliga a entrecerrar los ojos. Es un día maravilloso, bastante típico en Arabasta, por lo que toda la gente en la ciudad esta haciendo su día a día sin prestar atención al clima local de la cuarta isla de la corriente Rakusei en el Grand Line. Owen y Gwen se encuentran en la zona portuaria de Nanohana, a aproximadamente 80 metros del muelle principal. El puerto se extiende en forma de herradura irregular, con un malecón de 400 metros de largo y 15 metros de ancho construido con bloques de piedra caliza traída de canteras antiguas ahora olvidadas. Actualmente hay siete embarcaciones atracadas, desde pequeños botes pesqueros de 8 metros hasta un galeón mercante de 35 metros que descarga barriles de lo que parecen ser provisiones. El olor a sal, pescado fresco y alquitrán de los cascos de los barcos impregna esta zona, mezclándose ocasionalmente con ráfagas de perfume cuando el viento sopla desde el interior de la ciudad. La zona portuaria alberga aproximadamente veinte edificaciones comerciales, la mayoría almacenes de dos plantas con altura promedio de 7 metros, construidos con piedra y madera resistente al clima desértico. Sus paredes gruesas de 40 centímetros mantienen el interior más fresco, pero afuera el calor es implacable. Hay catorce puestos temporales instalados cerca del muelle, principalmente vendedores de pescado fresco, agua en odres de cuero, frutas importadas de otras islas, y equipo náutico básico. La actividad es moderada, con aproximadamente cincuenta personas moviéndose entre los puestos y las embarcaciones, la mayoría estibadores, pescadores y mercaderes supervisando sus cargamentos. Patrullas de marines rondan la zona del puerto, verificando documentación de las embarcaciones que arriban. Hacia el noreste, a unos 200 metros de distancia, se puede apreciar el inicio de la zona central de Nanohana. Las calles se ensanchan considerablemente allí, pasando de los 6 metros de ancho de la zona portuaria a avenidas de 12 metros flanqueadas por edificios de hasta dos plantas. Es el corazón comercial de la ciudad, donde los famosos mercados de especias y perfumes de Nanohana atraen mercaderes de todo el Grand Line. Desde aquí se puede ver el bullicio, escuchar el murmullo constante de negociaciones y el pregón de vendedores, y ocasionalmente llegan ráfagas de aromas exóticos, canela, azafrán, incienso y las fragancias florales por las que la ciudad es conocida. La zona central alberga aproximadamente doscientos puestos permanentes y otros cien temporales que cambian según la temporada. Se estima que más de quinientas personas transitan esa área a esta hora del día. Más allá, hacia el oeste y noroeste, se extiende la periferia de Nanohana. Allí las construcciones son más modestas, casas de adobe de una o dos plantas con techos planos, calles más estrechas de apenas 4 metros de ancho que serpentean sin orden aparente. La periferia es mayormente residencial. Es más tranquila, con menos de cien personas visibles en las calles a esta hora, muchos refugiados del calor del mediodía en el interior de sus hogares. Los edificios de la periferia rara vez superan los 5 metros de altura, y sus paredes encaladas reflejan la luz del sol creando un paisaje casi cegador.
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RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Gwendolyn - 06-02-2026 —¿Cómo crees que sea Nahonana? — no es un error de adrede, pero solo ha escuchado a una persona decir su nombre y de pasada. Aunque su sentido está desarrollado a veces no es suficiente — Por lo que he visto todos tienen mucho calor todo el tiempo — permaneció junto a Owen todo el tiempo, sintiendo como su hombro roza de vez en cuando con la silueta ajena un par de veces para cerciorarse que sigue ahí — ¿También te da a ti? ¿Es muy molesto? — alzó sus manos y las posó en las mejillas del pelirrojo por unos segundos, para enfriar ligeramente la piel, aunque es un fresco efímero, durará hasta que las retire y nada más.
—Estaba pensando que podría comprar algo, me queda un poco de dinero — un poco que cada vez es menos, pero que aumentará, porque han vuelto a la civilización una vez más — Ropa nueva estaría bien — es una suposición, porque no se ve, pero por las noches revisa la tela, encontrándose problemas que antes no estaban ahí — Más acorde al lugar. — no ser unos extraños eternamente, porque además, no hay pistas hasta cuándo se quedarán. Podría ser una estadía corta o una que se alargue de lo necesario, están a merced de un hombre caprichoso y aunque es gratis, no les queda otra opción que aceptar lo que alguien quiera. El viaje le pareció tranquilo, no llegó a Dürr, dejándolo en el barco, en un arrepentimiento temprano. Seguramente podría haber cargado las cosas de regreso si son muchas. Escuchó el bullicio de la gente y sonrió, es una emoción que no pensó que sentiría. Un confort de la compañía, a diferencia del eterno silencio en Little Garden — También podríamos comprar algo para comer — su mano libre se alzó ligeramente, con el dedo índice levantado — Además quiero saber cómo es la música acá, me podría ayudar para pensar la siguiente canción — un segundo dedo se levantó en la explicación — Y… No logró hablar más, algo llamó su atención, es un detalle que provocó una mueca en el rostro. —No traje dinero… — no suena el tintineo de las monedas, ni el peso que debería provocar los berrys, por lo tanto ¿Con qué va a pagar todo lo que quiere? — Estaba tan emocionada que lo dejé en el cuarto — es una sonrisa incómoda — ¿Me podrías prestar y te lo regreso cuando volvamos? O tal vez podríamos conseguir un poco vendiendo algo. ¿Pero qué?
—Así además aprendo cómo hacerlo.
ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ HOLA FUWU
RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Owen Yang - 07-02-2026 —¿Cómo crees que sea Nahonana? —
![]() -No lo sé, pero el puto calor que hace no es ni medio normal, Gwen.- Llevaban casi un día completo en la espectacular y desértica isla de Arabasta, donde los contrastes eran tan abrumadores que ni el propio Owen creyó que algo así podría existir. Desde el propio Jagd Hund, barco del famoso enmascarado de agujeros, podía divisarse la extrañeza de un lugar que jamás, el pelirrojo, había visto hasta ahora: Una playa gigantesca, infinita, como si no existiesen tierra más allá de las mismas o como si la arena costera fuese lo único que existiese. Claro, el chico nunca había visto un territorio que fuese un total y completo arenero. Dunas, sol atronador, pero pequeños sectorcitos, a la lejanía con un frondoso verde, adornado por palmeras y una abundante cantidad de agua, como si la propia naturaleza, aún en unas condiciones que parecían ser terriblemente hostiles, pudiese abrirse paso. No sabía si su sensación de calor había cambiado o si jamás había sentido algo así, pero, desde que se había bajado del barco, su sudor no parecía respetar las leyes normales del fluido expulsado por el cuerpo; Esta vez, este se notaba algo espeso, mínimamente aceitoso y, curiosamente, pese a tener oscurecido parte de su cuello y debajo de las axilas, carecía total y completamente de hedor, ¿Acaso esto era sentir "calor de verdad" y no lo vivido, por ejemplo, en el verano de Isla del Karate? -Gracias, linda.- acotó en cuanto el intenso frío que expulsaban las manos de la mujer de su vida le permitía, aunque sea, mitigar un poco el malestar que se veía acentuado de manera extraña, incluso había cierto retorcijón en el vientre, como quien "se encuentre enfermo, pero no encuentra razones", ese instante previo a tener gripe o sufrir de fiebre. Demoraron varios minutos hasta poder alcanzar una ciudad que tenía un lenguaje diferente en varias de las cartelerías, pero estaba tan perfectamente marcada, subdividida e iconografiada que era prácticamente a prueba de tontos (Y quién podría ser más tonto que el pelirrojo) además de que, a cada minuto que pasaba, la gran fortaleza comerciante del muchachito salía a flote -¿Qué...comerciarán aquí?- veía cómo un gran galeón descargaba cajas y cajas de lo que posiblemente eran provisiones, ¿O acaso eran los pagos o bienes intercambiados? Imposible saberlo, debía aprovechar el día para poder averiguar cuáles eran los fuertes del lugar y, tal vez, amasar una pequeña fortuna en todo el tiempo que Sohem los retuviese allí. Demoraron varios minutos hasta que pudieron empezar a escuchar el bullicio de una ciudad que no parecía estar demasiado movida; El calor resultaba ser tan atronador, tan sofocante, que Owen, con la mujer de su vida al lado (La cual ni se inmutaba por las sensaciones) jadeaba con molestia mientras parpadeaba, en esos sudores que llegan hasta las pestañas. Ella buscaba comprarse ropas nuevas -Pero...si así estás...ugh.- claro, para ella esto era un parque de diversiones, ¿Y quién puede culparla? Solo debía estar escuchando el encalidado movimiento y barullo de personas interesadas por el movimiento de sus especiales, textiles y artesanías de una belleza sin igual mientras que el chico luchaba por respirar ante una temperatura que parecía no conocer la palabra perdón. Aunque...algo llamó la atención tanto del muchacho que no dudó ni un ápice de segundo en detener su sensación de desagrado.
— ¿Me podrías prestar y te lo regreso cuando volvamos? O tal vez podríamos conseguir un poco vendiendo algo. — ![]() -...vendiendo algo?- Ese Owen, ese que él sentía que "ya había pasado a mejor época", volvía arremeter sin piedad producto a que, posiblemente, podrían obtener algo de calidad allí. Ambos estaban posicionados justo en lo que parecía ser el corazón central del comercio ciudadano, aún desconocidos del nombre de las tierras movilizadas en las que se encontraban. Sus ojos celeste brillante mostraron una inmensa picardía mientras miraba el rostro de la mujer más preciosa que jamás había visto, pudiendo, sus sentidos, verse ligeramente opacados por el enorme gentío y regateo. Además, los aromas eran inmensos: Especias, perfumes, incluso Gwen, con su visión comprometida, sentiría todos esos estímulos a más no poder -Tengo una idea.- con su brazo derecho, aquel que guiaba parcialmente los sentidos de la muchachita para denotar la figura del pelirrojo, comenzaría la morisqueta. El calor había sido abrumador, pero Owen había estado rodeando todos y cada uno de los mercados presentes; Debido a su fuerte influencia en la industria textil, vendían muchísimas prendas para poder vestir en la ocasión, tal y como Gwen solicitaba en un primer lugar. De la misma manera, el pelirrojo necesitaba pasar un poco desapercibido al recordar que, sin más dilación, los Wanteds de ambos aparecían en el periódico y, como resultaban ser de millones de Berrys, muchos podrían ir a buscarles. ¿Pero a quién le importaba pasar desapercibido cuando uno podía tener una excelente oportunidad de negocio?
![]() -¡ACÉRQUENSE PARA VER A LA SUPER DIVINA, Y ADIVINA, GWENDILINY LA MAGNIFIQUINI!- Su exclamación buscaba llamar la atención de muchos de los transeúntes, mercaderes y personas afines al trueque, ¿Porqué? El plan de Owen era el siguiente: Luego de varias horas en búsqueda de las ropas que pudiesen encajarles correctamente y regateando un poco su precio, el pelirrojo ayudó a la mujer de sus sueños a iniciar una de las tantas trampas que, en Isla del Karate, habían hecho con antelación. Si bien ella le había hecho sentir que "esto no era correcto" allí estaban en tierras no solamente inhóspitas, sino, completamente alejadas a su tierra natal o punto inicial de encuentro. No era buen plan meterse en problemas y hacer que Sohem se fuese a enojar más de la cuenta, pero, ¿Qué diablos? Era la trampa perfecta: Todos preocupándose por comerciar entre ellos, regateando berry tras berry, ¿Dónde estaba la diversión, la ludopatía, el misticismo? Ahí es donde encontraba el juego de aquellos dos. El pelirrojo, como siempre, con su realidad completamente alterada, se colocó justo en el medio del sentido de movimiento del mercado y de las personas, los cuales tenían bastante distancia los unos con los otros para poder pasar y que no sean estorbados. Evidentemente, aparecería un nodo de gente que, progresivamente, llamaría a más gente, o al menos ese era el plan del muchachito que, al igual que había regateado por las ropas que allí tenían, lo había hecho con un humilde puestito en donde yacía un taburete, una sillita de madera algo desvencijada y chirriante y una caja rectangular que le daba altura y servía de tarima. Gracias a su potente vozarrón, podía llamar la atención de todos los allí presentes y obligarles a voltear. Sobre la mesita, la idea, era que Gwen estuviese sentada delante, teniendo otra silla igual de maltrecha delante y que todos pudiesen ver. Ella se veía despampanante, con ese característico velo de rejas blancas y sus ojos cerrados. La muchachita ya de por sí tenía su característica aura mística y esotérica sin siquiera tener que vestirla como una persona de las dunas, pero había que seguir hasta que no aguante la mentira, claro está -¿¡ACASO ESTÁN DESEOSOS DE SABER LO QUE LES DEPARARÁ EN EL FUTURO!?- la exclamación de Owen podía escucharse como la del dueño de un circo, acentuando las palabras en cadencias grandes y sin respirar mientras hacía un barrido corporal de izquierda a derecha. Increíblemente, aquellas ropas parecían hacer sentir menos el sofocante calor que antes -¡Con la magnífica GWENDILINY- Estiró su brazo izquierdo, señalándola -TODO TU DESTINO SERÁ DICHO EN MENOS DE UN MINUTO!- y, finalmente las palabras, volteó para poder ver a la mujercita, quedándose bastante cerca de su rostro para mitigar el sonido de las personas -Todos los que están aquí venden productos, Gwen. Nuestro objetivo será vender un servicio.- comentaba, porque, en esto, por muy estafador que fuese, el pelirrojo manejaba -En los mercados y los negocios gana el primero en hacer algo, o el mejor. Si todos se la pasan comprando y vendiendo,- ¡PIP!, le tocó la punta de la nariz con el índice muy despacito -presta atención a tu nariz: Especias, perfumes, inciensos, ¿Qué le depara al mercader cansado y agotado que encuentra su vida totalmente avasallada o con una vida cíclica?- buscaba convencerla, esbozando una sonrisa picaresca en el proceso. ![]() -Estímulo. Razones para seguir comerciando, seguir trabajando, volver su producto una estrella, trascender. Si uno ofreciera un negocio donde les mintiésemos un poco sobre su futuro, diciéndoles que van a ser ricos, famosos, que sus productos se van a volver una marca registrada, ¿Saben lo contentos que se van a poner?- Casi parecía un tratamiento de "psicólogo", algo que el médico, Kiyoshi, había hecho con él tiempo atrás. Claro, todo esto no tenía ningún fin terapéutico más allá de un efecto placebo, pero los negocios son negocios -Mucha gente solo quiere escuchar que, tarde o temprano, su vida va a mejorar, o va a dar un giro drástico, o que encontrarán al amor de su vida,- inevitablemente, llevó su mano derecha al rostro de la chica del velo -como yo lo he encontrado, por ejemplo. La ilusión vende mucho, más de lo que te imaginas.- y, volviendo a sonreír pícaramente, siguió -¿¡Qué me dices!? ¿¡Gwendiliny!?-.
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RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Fuguwu - 07-02-2026 Ha transcurrido una hora desde que Owen y Gwen llegaron al puerto de Nanohana, y el sol continúa su implacable reinado sobre la ciudad. La temperatura se mantiene en los 38 grados centígrados, y la humedad del aire es prácticamente inexistente, apenas un 15%. En estas condiciones, la deshidratación es inevitable para aquellos incautos que llevan todo el día sin tomar agua, incluso para aquellos a quienes el calor no afecta de la misma manera que a otros. El mercado central de Nanohana se extiende en un área aproximada de 240 metros de largo por 180 metros de ancho. Las calles principales que lo atraviesan miden 12 metros de ancho, mientras que los callejones secundarios entre los puestos apenas alcanzan los 3 metros. Los edificios que flanquean el mercado son construcciones de dos plantas, con altura promedio de 6 metros, sus fachadas de piedra caliza y adobe pintadas en tonos ocre, beige y blanco para reflejar la luz solar. Aproximadamente cuarenta edificios rodean el perímetro del mercado, la mayoría albergando tiendas permanentes en sus plantas bajas y viviendas o almacenes en las superiores. Dentro del mercado mismo hay doscientos puestos permanentes construidos con madera resistente y toldos de lona gruesa en tonos naranjas, rojos y blancos que ofrecen sombra a los comerciantes. Estos puestos miden entre 2 y 4 metros de ancho por 3 metros de profundidad, organizados en filas relativamente ordenadas que dejan pasillos de 2 metros entre ellos. Además de los permanentes, hay aproximadamente cien puestos temporales, simples estructuras de madera con toldos improvisados o sin ellos, donde vendedores ambulantes ofrecen mercancías variadas. La cantidad de personas transitando el mercado a esta hora ha aumentado considerablemente. Se estiman unas quinientas personas moviéndose entre los puestos, creando un flujo constante de compradores, vendedores, estibadores llevando mercancías, niños corriendo entre las piernas de los adultos, fuerzas de la justicia monitoreando la seguridad pública, y turistas fascinados por los productos exóticos. El ruido es considerable, un murmullo constante de negociaciones, regateos, preguntas sobre precios, vendedores pregonando sus productos, y conversaciones casuales le dan vida al mercado de Nanohana. En medio de este bullicio, Owen y Gwen han logrado establecer su pequeño espectáculo. El pelirrojo consiguió las ropas locales a un precio absurdamente bajo gracias a sus habilidades de negociación, regateando con un comerciante de textiles hasta reducir el costo a casi una cuarta parte del precio inicial, pagando la ridícula cantidad de 500 berries. Owen y Gwen ahora visten apropiadamente para las condiciones climáticas al igual que el resto de los residentes de Nanohana, la tela de sus ropas es ligera y respira bien, diseñada específicamente para el clima desértico de Arabasta. El plan de Owen funciona mejor de lo esperado. La voz potente del pelirrojo logró captar la atención inicial de los transeúntes, y la presencia de Gwen hizo el resto. Su belleza es innegable, incluso con el velo cubriendo sus ojos, y cuando habla su voz es suave y amable, transmitiendo una calidez que contrasta perfectamente con el misterio que proyecta. En menos de veinte minutos desde que iniciaron el espectáculo, aproximadamente veinte personas se han congregado formando una cola irregular frente al pequeño puesto improvisado en el corazón del mercado, prácticamente en el centro del mismo, aunque ligeramente alejado hacia el noreste en una de las esquinas donde bifurcan las calles que llevan al centro desde el norte y el este. La composición de la cola es variada. El grupo de gente haciendo fila atraída por la energía del pelirrojo y la belleza de su acompañante es variopinto, compuesto por gente de todas las edades y sexos. El nodo de gente alrededor del puesto ha comenzado a atraer más curiosos. Aproximadamente otras treinta personas se han detenido a observar desde la distancia, formando un semicírculo irregular alrededor del espectáculo sin comprometerse todavía a unirse a la cola. Algunos comerciantes de puestos cercanos observan con molestia evidente, pues el espectáculo está bloqueando parcialmente el flujo de tráfico hacia sus establecimientos, pero no han dicho nada todavía. Otros comerciantes miran con curiosidad profesional, evaluando si este tipo de servicio podría ser competencia o complemento para sus propios negocios.
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RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Gwendolyn - 08-02-2026 Es una sensación nostálgica, porque recordó la primera vez que se enojó con Owen, una molestia suave que ahora la hace reír, no por lo que hacen, sino por darse cuenta por todo lo que han pasado. No le gusta mentir, no le gusta jugar con las esperanzas de la gente, aun así, menos le agrada dejar a Owen sin su apoyo, incluso si está mal lo que hacen.
Las ropas nuevas no las pudo ver, pero sí sentir. Son extrañas y no cubren lo suficiente para su gusto, pero no se quejó, una pregunta de si le queda bien y una afirmación fueron suficiente para quitarle cualquier tipo de duda. El cambio de su nombre la hizo reírse en un sonido ahogado, que se arrastró por la garganta, pero no se escapó de sus labios. Un suspiro que terminó en una sonrisa fue la reacción ante el toque a su nariz — No lo sé — es la respuesta ante su pregunta, porque aunque lo ha oído en su ofrecimiento, quiso escuchar su idea con más detalle — ¿Les vas a mentir para hacerlos felices? — su mano derecha se posó sobre sus propios labios, porque entiende la mentira como la respuesta más fácil, pero que no resuelve nada. Es la medicina para otro síntoma, aun así… —Sí tu lo dices… No se vio convencida inicialmente, hasta que aparece la pregunta final. Es un apodo nuevo que no se molestó en corregir, porque hace mucho que no le da uno — Está bien, pero solo un poco. — es la condición para seguir. Lo suficiente como para conseguir lo que quieren. Hasta no tener excusa para seguir. Atendió a la gente escuchando lo que quieren, se parece a una confesión de la iglesia. Pero ésta vez no promete que Dios se hará cargo, es el destino y la buena suerte. Lo mismo con otro nombre, sin plegaria, pero con el mismo deseo que se cumpla. Tomó la mano de todos aquellos a los que le habló de un futuro mejor. De una vida que los puede hacer feliz, esperando que el escucharlos pueda calmar la inquietud de no poder ver el futuro, aun así llega uno que no tiene el dinero suficiente para que pueda decirle una mentira que no tiene valor. —Lo haré sin pedirte ningún berry, pero no se lo digas a nadie ¿Está bien? — sus manos se encontraron con la persona y paseó la punta de los dedos sobre la palma, como si pudiese encontrar algo sobre ellas. Pero no es nada más que una textura distinta — Tómalo como un regalo. Debe ser porque… — se quedó en silencio unos segundos, buscando la palabra correcta — Veo un brillante futuro para ti. Pero no puede ver, ni futuro o siquiera a quien tiene enfrente, por lo tanto tendrá que tener fe ¡Una extra! Escuchó su problema y no respondió una solución, es el parche para una herida profunda, pero ¿Qué podría hacer? —Pronto las cosas serán mejor. — es el confort de un futuro mejor, que ha dicho tantas veces que ya está acostumbrada a ello — No te rindas aún ¿Está bien? Lo escuchó partir y un suspiro salió de sus labios, antes de acomodarse sobre el sitio en donde está sentada — Owen ¿Puedes venir un momento? — su mano se movió, indicándole que se acerque, sin poder reconocer su posición — ¿Cuánta gente falta? No puede ver la fila, simplemente esperar que el siguiente sea el último antes de partir a divertirse — Al último le dije que lo haría gratis, no tenía dinero, para que no le cobres — movió su mano, esperando que la tome — Pero necesitaba un empujón… como tú, cuando nos conocimos — una risa salió de sus labios al recordar eso, mientras sus manos se alzaron, estirando el cuerpo — Para que como te pasó a ti, encuentre lo que estaba buscando. A veces no son milagros, son cosas simples, solo que uno tarda en encontrarlo. —¿Ya podemos ir a comer? O hay más gente a la que debo atender
ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ Veri deshidatada
RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Owen Yang - 08-02-2026 — ¿Les vas a mentir para hacerlos felices? —
![]() -Sí. La verdad suele ser aburrida, pesada y muy molesta. La fantasía de un mañana mejor moviliza a la gente a ser mejores. Funciona casi siempre.-
Esta clase de interacciones, de una fuerte tensión entre las cosas morales e inmorales, era una de las dinámicas primigenias entre aquellos dos; Ella, que siempre creció con fuertes valores religiosos (Hacer el bien, poner la otra mejilla, ayudar al desvalido) chocaba de manera bestial con él (Aprovechar las oportunidades, la moral buena y mala es cuestionable, ayudar, pero no a cualquiera). Siempre fueron polos total y completamente opuestos, incluso, a puntos completamente ridículos. Aún así, el seguir juntos en esta afronta total y aventura de proporciones colosales dependía de la integridad del otro, como si el vínculo fuese lo suficientemente estrecho para que sus razones de existir dependan en buena medida de la presencia del otro. Ella comenzaba con el "paripé". Owen controlaba no solamente la cola de gente, sino, que seguía con el escándalo para continuar llamando la atención de todos los transeúntes curiosos y mercaderes desdichados en su banquito para ganar un poco de altura -¿¡Acaso sus vidas son desdichadas y carentes de sentido!?- parecía un vendedor de productos a través de un dispositivo electrónico de otra dimensión. Apretaba la garganta, carraspeaba un poco mientras tragaba una saliva que recorría por su garganta como una gran bola de metal, rallándole cada milímetro de la misma -¡¿Acaso sien-COF-COF- le resultó inevitable toser, la garganta raspaba tanto que cerró los ojos y apretó el rostro, para proseguir -...Acaso sienten que todos sus esfuerzos solo los llevan a más esfuerzo?!- los labios empezaban a picar, mientras que la muchachita, cumpliendo con su labor, mantenía los ojos de los múltiples oriundos y turistas entretenidos. A nadie le importaba ciertamente si Gwen tenía verdaderas capacidades mágicas para poder resolver sus ajetreadas vidas, lo que les importaba, en el fondo, es creer que "las cosas podían ir a mejor" tarde o temprano, ¿O no es, acaso, el anhelo de muchos? -¡Por una modiquísima suma, podrán saberlo!-. Luego de un largo rato, Owen escuchó como era llamado por la mujer que amaba -¿Qué pasó? ¿Estás bien?- volteó, con algo de preocupación, mientras la fila seguía siendo lo suficientemente abundante como para tener que ir moviendo a las personas de izquierda a derecha, molestándoles en el paso. — Al último le dije que lo haría gratis, no tenía dinero, para que no le cobres —
![]() -...vale, pero que no se enteren los demás, sino, también querrán.-
Ella empezó a explicarse y a excusarse ligeramente, pero Owen era capaz de entenderlo a la perfección; La ayuda no siempre tiene que tener un precio a su lado, y no dudó en darle la mano para tomársela -Minuto,- volteó, hacia aquel de turbante que esperaba a ser atendido de siguiente luego de un largo rato al sol -ya vamos contigo, colega.- con la mano libre, empezaba a gesticular con los dedos extendidos, en señal de buscar detenerle. Volvía a clavar sus orbes celeste brillante en la mujer de su vida, escuchándole sugerir que, posiblemente, ya tenía deseos de comer -¿Podrás aguantar unos minutos más?- preguntaba genuinamente, le resultó imposible no volver a carraspear; El calor, el sol y la falta de líquido en su garganta empezaba a cobrárselo bastante caro -¿Quieres agua?- típica pregunta capciosa que en realidad responde por él, ya que empezaba a sentirse sediento -Diles que te esperen dos minutos que necesitas descansar, ¿Vale?- se aproximó un poco más a ella, besándole la frente justo antes de su "vale" y empezar a caminar por los puestos aledaños hasta poder encontrar a cualquiera que pueda proveer del rico nectar. Ellos parecían encontrarse justo en la esquina de aquel inmenso cuadrado, pero, ¿Por dónde empezar a buscar? -Debo encontrar pronto un puestito, lo que sea.- balbuceaba, con semejante calor, por mucho que Gwen pudiese regular su propia temperatura, su cuerpo no mentiría al igual que lo hacía con el del pelirrojo. Divagaba por todos y cada uno de los puestitos hasta poder encontrar el deseado, algo alejado del punto central en donde se encontraba originariamente el pelirrojo. De la misma manera que regateó un poco por el precio de la vestimenta que tenía, ahora, lo hacía con dos cantimploras metálicas y brillantes cargadas del líquido que, colgando el de su compañera en el cuello, el de él, ¡SUP!, el sonido de la tapita a presión se escuchó y, automáticamente, -¡GLUP-GLUP!- el muchacho, haciendo que su turbante cayese al suelo lenta y progresivamente debido a la resistencia del viento, dejaba en vista su característica cabellera rojiza que tanto llamaba la atención entre tantos tonos amarronados -Mi madre, dulce néctar.- le hablaba a la cantimplora, cargándola como si fuese un bebé, justo delante de su rostro, para viajar directamente hacia donde se encontraba la muchachita de sus sueños y el sonido del metal del recipiente de metal, ¡PLING, PLING! rebotase producto de los impactos con su propio cuerpo, haciendo que se sacuda de manera aleatoria debido a la velocidad de moverse a paso acelerado hacia el punto inicial. -Gwenchi, toma.- atrapó su mano derecha, ya en el puesto nuevamente, llevándole la cantimplora destapada hacia la mano y que ella, por consiguiente, prosiguiera a beber -¡COMENZAMOS DEVUELTA EN CINCO MINUTOS! ¿¡QUIÉN QUIERE CONOCER SU DESTINO!?-
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RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Fuguwu - 09-02-2026 Una hora ha transcurrido desde que Owen y Gwen iniciaron su espectáculo en el centro del mercado de Nanohana. Durante este tiempo han atendido a diez personas, cada consulta durando aproximadamente cinco minutos. La generosidad natural de Gwen, su alma pura y su incapacidad para exigir pagos justos han resultado en ganancias mínimas. A los primeros clientes les cobró apenas unos pocos berrys. A medida que avanzaba la fila, sus precios continuaron siendo demasiado bajos, y al último cliente no le cobró absolutamente nada. El resultado es que apenas han recuperado el dinero que Owen gastó en las ropas locales, dejándolos prácticamente en el mismo punto financiero en que comenzaron. La fila original de veinte personas se ha reducido a la mitad. Diez personas continúan esperando su turno, algunas mostrando señales de impaciencia por el tiempo transcurrido bajo el sol del mediodía, otras conversando entre ellas para hacer más llevadera la espera. La temperatura sigue siendo brutal, 38 grados centígrados que castigan sin misericordia a quienes permanecen bajo la luz directa. Owen, consciente finalmente de la necesidad imperiosa de hidratarse, decide hacer una pausa en el espectáculo para ir en busca de agua. El pelirrojo se aleja del pequeño puesto improvisado, abriéndose paso entre los curiosos que aún rodean el espectáculo. Se dirige hacia uno de los puestos permanentes ubicado a unos 30 metros de distancia, donde un comerciante vende agua en odres de cuero y jarras de cerámica. Owen adquiere dos jarras grandes de agua fresca por un precio ridículamente bajo demostrando de nuevo sus grandes dotes de comerciante, y comienza su regreso hacia donde Gwen espera. Durante su ausencia, un niño pequeño se acerca al puesto. Tiene aproximadamente seis años, tal vez menos, su rostro moreno está cubierto de polvo y sus ropas son harapos remendados múltiples veces. Sus pies descalzos están encallecidos por caminar sobre la arena caliente y las piedras del mercado. El niño se aproxima a Gwen con pasos tímidos, sus ojos grandes y oscuros la observan con una mezcla de admiración y seriedad. El pequeño se detiene frente a la silla donde Gwen permanece sentada y extiende una mano pequeña y sucia hacia ella. Su voz es aguda, infantil, cargada de una dulzura propia de su edad – “Eres un ángel” – dice el niño – “¿Puedo tocarte la cara? Nunca he visto un ángel de verdad.” – su mano se mueve lentamente hacia el rostro de Gwen, pero sus ojos están fijos en otra cosa. El collar de plata que rodea el cuello de la muchacha, con su gema azul brillando bajo la luz del sol, es el verdadero objetivo. La otra mano del niño, escondida parcialmente detrás de su cuerpo diminuto, se prepara para ejecutar el movimiento que probablemente ha practicado docenas de veces con otros visitantes desprevenidos del mercado. Pero Gwen se da cuenta. Sus sentidos, desarrollados más allá de lo normal por su condición, detectan la intención real del niño. En el momento exacto en que la pequeña mano se lanza hacia el collar con velocidad sorprendente para alguien de su tamaño, Gwen reacciona. Sus propios dedos capturan la muñeca del pequeño ladrón con firmeza pero sin lastimarlo, deteniendo el robo en el acto. El niño se congela por un instante, sus ojos se abren con shock al darse cuenta de que ha sido descubierto. La sorpresa rápidamente se transforma en pánico. Se retuerce intentando liberar su muñeca, y cuando Gwen lo suelta, el pequeño retrocede tambaleándose – “¡Perdón, perdón, perdón!” – grita el niño, su voz quebrándose en sollozos que pueden o no ser genuinos. Da media vuelta y corre entre las piernas de las personas que observan la escena, desapareciendo en cuestión de segundos entre la multitud del mercado, su pequeña figura perdiéndose en el laberinto de puestos y compradores. El incidente atrae atención inmediata. Las personas en la fila comienzan a murmurar entre ellas, algunos expresando indignación por el intento de robo, otros comentando sobre la habilidad de Gwen para detectarlo. Los curiosos que rodeaban el espectáculo también reaccionan, el murmullo crece en volumen, y el alboroto general aumenta considerablemente. Algunos vendedores de puestos cercanos se acercan para ver qué ha ocurrido, añadiendo más voces al caos. Es este alboroto, sumado a la aglomeración que el espectáculo ha estado generando durante la última hora, lo que finalmente atrae la atención directa de la justicia. Dos marines que han estado observando el mercado desde la distancia se acercan con pasos firmes y decididos. El primero es un Teniente de aproximadamente sesenta años. Su rostro está curtido por décadas de servicio, arrugas profundas surcan su frente y las comisuras de sus ojos. Lleva el uniforme estándar de la Marina, pantalones blancos, camisa blanca de manga larga y las insignias de su rango claramente visibles su uniforme. Un sable cuelga de su cinturón del lado izquierdo, y sus botas negras están impecablemente limpias a pesar del polvo omnipresente del mercado. Su expresión es seria, profesional, la de alguien que ha visto demasiado como para sorprenderse por pequeños incidentes en un mercado. El segundo es un Contramaestre de aproximadamente treinta años. Es considerablemente más joven que su superior, su rostro muestra menos señas del tiempo pero igual determinación. Viste el mismo uniforme estándar, aunque su uniforme tiene las insignias correspondientes a su rango menor. Porta un rifle al hombro derecho, el arma sujeta con una correa de cuero, y también lleva un sable más pequeño en el cinturón. Ambos marines avanzan hacia el puesto donde Gwen permanece sentada. La multitud que rodeaba el espectáculo comienza a dispersarse inmediatamente. Las personas que observaban curiosas desde la distancia se alejan con prisa, dirigiéndose hacia otros sectores del mercado o simplemente alejándose de la presencia de la autoridad. Algunos de los que esperaban en la fila también se retiran, no deseando involucrarse en lo que sea que los marines vengan a investigar. En menos de treinta segundos, el semicírculo de curiosos se ha reducido a apenas una docena de personas que mantienen una distancia prudencial, y la fila de espera ha quedado en solo seis individuos que parecen tener asuntos genuinos o simplemente más valentía que los demás. Owen regresa en ese preciso momento, las dos jarras de agua en sus manos. Su expresión cambia al ver a los marines aproximándose a su puesto. El Teniente llega primero, deteniéndose a un metro de distancia de la mesa improvisada. Su mirada recorre el puesto, observa a Gwen sentada en su silla, el taburete vacío frente a ella, la caja que sirve de tarima, y finalmente sus ojos se posan en Owen que acaba de llegar con el agua. El Teniente habla con voz clara y autoritaria, el tono de alguien acostumbrado a ser obedecido sin cuestionamiento – “Buenas tardes. Hemos notado que han establecido un negocio en el mercado central de Nanohana. Necesito que presenten los documentos que confirman el pago de las tasas municipales requeridas para operar un puesto comercial en esta zona.” – el Contramaestre permanece ligeramente detrás y a la derecha de su superior, su mano descansando cerca del sable en su cinturón, sus ojos moviéndose entre Owen y Gwen con atención. El mercado continúa su actividad normal alrededor de ellos, pero un círculo invisible de aproximadamente 5 metros se ha formado alrededor del puesto, los transeúntes evitando acercarse demasiado a donde la Marina está realizando su investigación.
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RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Gwendolyn - 09-02-2026 No le gusta la reacción del niño, no es desconfianza por creer que algo va a pasar, es por el título que le ha dado. Es un pasado que no quiere que vuelva y una devoción que ya no merece, menos si se encuentra vendiendo gotas de esperanzas, para personas que mueren de sed por una vida vacía — No soy un ángel — es lo único que declaró, aun así no hizo nada para interponerse en la situación. Esperó paciente a que termine, cuando el instinto le habló. No dudó en tomar con fuerza aquella joya que cuida con recelo, incluso si nunca la podrá observar.
Apretó el objeto encorvándose en el acto, asustada por el intento de robo. Su cuerpo tembló, en esa amenaza de perder algo valioso a lo que se ha aferrado por tanto tiempo. Sintió ganas de llorar, de irse de ahí a un sitio vacío en donde el alboroto no los rodee — Owen — lo llamó, porque en realidad lo que quiso en ese instante es irse de ahí. Quizás es el karma intentando darle una lección, la advertencia de que es suficiente ¡Que no lo haga más! — Dónde estás. Escuchó a la gente hablar, aun así suenan juntas que no pudo reconocer nada ¿O será el terror que le ha nublado los sentidos? Una bocanada de aire fue lo que tomó, intentando recuperar la compostura. Y luego de unos segundos volvió, mientras el collar se esconde detrás de parte de la ropa que trae. La llegada de Owen la tranquilizó y el trago de agua calmó un cuerpo que parece haberse estresado demás — Deberíamos irnos, Owen. Ya no quiero esta- Las voces de los marines llamaron su atención, se volteó al escucharlas en donde creyó que es su posición — Buenas tardes — un saludo suave y amable, en donde aparece un problema nuevo, como si el anterior no fuese suficiente — Oh… — ¿Qué es lo que les han pedido? ¿Qué es una tasa municipal? Ignorante de la mayoría de las cosas, simplemente tragó saliva, porque no existe una respuesta en ese instante. ¿Debería decir algo ella? —Debería estar por aquí… — ¿Qué se supone que tienen que pasar? ¿Un papel? ¿Un objeto? ¿Una insignia? Habló con calma para no espantar a nadie, para no empeorar una situación que ya le parece mala. Su mano se movió con suavidad bajo la mesa, dándose segundos para pensar ¡Hasta que finalmente se acaba el tiempo! —¡¿HUH?! M-Me robaron mi bolso ¡No lo encuentro! — es un objeto que nunca ha aparecido, pero la idea de un robo sigue presente, incluso de tan solo pensar lo que ha ocurrido con anterioridad el cuerpo una vez más se estremece — Estaba aquí… Quizás se lo llevaron mientras me distraía por mi collar, seguro por eso intentaron llevarse mi cadena — porque ese intento todo el mundo lo ha visto — Ahí estaban todas mis cosas… además del dinero que traía. Una mueca triste apareció en su rostro, está mal mentir, está mal engañar, pero… es lo que el destino le pide hacer para avanzar. Solo es la respuesta más lógica para un problema que no debería existir. —Deberían hacer algo… Yo… yo no puedo buscar al ladrón. — sus manos avanzaron a sus ojos, esos que viven escondidos, porque de nada sirven ya — Me imagino que la marina no dejaría que una persona ciega haga el trabajo de la justicia ¿No? Qué tipo de persona sería esa.
ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ Owen me enseñó a mentir, yo no era así (????
RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Owen Yang - 10-02-2026 Owen, completamente enajenado de lo que estaba aconteciendo en el puestito donde abandonó a la mujer de su vida, pudo distinguir el cómo las cosas...lenta y progresivamente, empezaban a torcerse. ¿Acaso es que eres un atractor de malas situaciones, Owen? ¿O es que simplemente haces cosas y pretendes que no tengan consecuencias? En cualquier caso, parte de las personas que parecían interesadas en su espectáculo improvisado, ahora estaban mucho más revueltas -¿Qué cojon...- no terminó el insulto mientras se dirigía hacia el barullo que empezaba a acontecer, uno que estaba mitigado por la aparición de lo peor que podría haberse imaginado el muchacho que ahora no cargaba turbante: Marines. Ambas jarras, una en cada mano, aunque una completamente vacía, mientras notaba aquel uniforme que el pelirrojo ya tenía muy bien visto. ¿No le gustaban los Marines? En lo absoluto; En su infancia, en lugar de ser una fuerza que le protegiese de las injusticias vividas en Isla Tamanegi, al contrario, obraban el pos de la monarquía imperante. No recordaba cuando fue la última vez que había visto su Wanted, pero bajo sus recuerdos era un número alto. Demasiado alto. ¿Acaso Gwen tenía uno también? En cuanto el chico se aproximó ante la interacción, el sonido ¡PAK! de una de las jarras sonó en la mesita que Gwen utilizaba a para "revelar el futuro" de las personas -Toma, linda.- y, mientras el agente hablaba y la muchachita próximamente se excusaría, le tomó la mano derecha para aproximarla hacia la manija de la misma y que ella, por potestad propia, pudiese beber del líquido y, así, no sucumbir al potencial sol. “Buenas tardes. Hemos notado que han establecido un negocio en el mercado central de Nanohana. Necesito que presenten los documentos que confirman el pago de las tasas municipales requeridas para operar un puesto comercial en esta zona.” –
—¡¿HUH?! M-Me robaron mi bolso ¡No lo encuentro! —
![]() -Sí, esperen nobles agentes, tengo la documentación guardada en mipo.- ¿En mipo? ¿Owen sonreía con simpatía y amabilidad? ![]() -Mipolla en vinagre, ¿Qué cojones quieren?- Siempre tan educado. Owen detestaba a los Marines, es más, en cuanto comenzó a cuestionar sus autoridades y dejar en vista su inminente rebeldía (Una que no podía ni siquiera controlar debido a su impulsividad), hizo un escaneo en la vestimenta de ambos o, al menos, en su uniforme, detectando esos patrones blanco, celeste y dorado que enmarcaba que eran agentes de seguridad marítima. El que estaba delante se veía mucho más condecorado y, por simple lógica, denotaba ser su superior, más cuando mantenía la delantera en la visual. No pudo evitar clavar sus orbes celeste brillante y fruncir el ceño automáticamente vio al menos mayor de ambos dos, aquel que parecía un adulto aunque no el más anciano -Tiene el mismo uniforme que...el Stroud ese.- fue un recuerdo que le generó bastante ruido, porque, aquel rubio, parecía aparecer no solamente en carne y hueso, sino, casi como un fantasma que recorría una senda paralela a la del chico, ahora, explosivo. Owen observaba su mirada, especialmente del que tenía exactamente el mismo uniforme que el rubio que se topó, al menos, unas tres veces de forma repetida. Sus distinciones, medallas y ropas se mostraban iguales que las de él, aquel que mencionaba, sin parar y a viva voz, ser "contramaestre", aunque el chico no distinguiese "qué tan importante" era uno. Este se veía ligeramente oculto, con una de sus manos apoyada cerca de lo que era evidentemente su arma defensiva y probablemente reglamentaria, visible para el chico explosión. La posición del pelirrojo era clara: Justo delante de Gwen, ocultándola casi de la misma manera que lo estaba haciendo el más veterano de ambos Marines, con ese instinto protector que siempre tenía para con ella, así, muchas veces, ella pudiese valerse por sí misma -¿Porqué se ponen a andar pidiendo tazas de tres al cuarto a dos pringados como nosotros y no se enfocan en parar a gilipollas que matan de hambre a la gente?- se estaba proyectando, evidentemente, pero su ceño fruncido mostraba que no dudaba en plantarles cara -¡AAAAAH! ¡Ya sé porqué!- estaba muy prepotente, hasta desafiante, con su puño izquierdo tan apretado y atento a cualquier maniobra que mantenga su atención dirigida hacia sus orbes celestes que hacían un escaneo similar al del Marine por detrás del más veterano: El anciano, el más joven, y vice versa -Porque son quienes les pagan el sueldo, ¿No es así, vendiditos?- No debía hacerse el listo, mucho menos estarle generando problemas a Sohem Burnedead, pero su corazón y ser ardían en rabia en el instante que mantenía interacciones con la fuerza de autoridad que debería estar protegiendo el orden. ¿Cuál? El que les convenga, claro está. ![]() -Si quieren que esto se vuelva un polvorín, se volverá. Váyanse por donde vinieron, y nosotros haremos lo mismo. ¿Se los digo así, o quieren un dibujito?-
Lo único que le resistía a Owen de que la situación escale a niveles estratosféricos era querer proteger al amor de su vida y, evidentemente, evitar que el sujeto que los había traído termine por volverlo definitivamente en el "bebé ceniza". El pelirrojo se encontraba a un metro exacto de Gwen, anteponiendo la visión de la chica de parte de los Marines con su cuerpo por delante y el brazo derecho ligeramente extendido a modo de barrera, haciendo que sus ropas del desierto se estirasen casi como una cortina, impidiendo aún más la visión de la chica. Ella se intentó mostrar pasiva, mucho más sumisa, mansa y como víctima. El pelirrojo era pura efervescencia, el calor estaba comenzando a golpearle la copa de la cabeza y empezar a freírle las neuronas (más) y, nuevamente, volvía a hacerse presente ese sudor tan distintivo y que el cuerpo es capaz automáticamente de notar como algo anormal. Se podía apreciar aceitoso, menos líquido, con las autoridades a, como extremo, un metro más adelante. La mirada del muchacho vio, durante un segundo, lo que portaba en el cinturón el más mayor de los dos: Otro sable. Ambos parecían ser diestros al igual que el propio pelirrojo. Los ojos del chico, casi de refilón y mirando por dos segundos, detectó lo que sobresalía del Marine que yacía por detrás del veterano -Un arma de fuego.- difícil distinguir si era un rifle, un francotirador o cualquiera de estas así el muchacho hubiese traficado con las mismas en su época más oscura -Dos diestros.- no sabía cómo acabaría aquello, pero el crujir de sus punteras y guantes hacían el resto del trabajo mientras que, a cinco metros, el semicírculo de personas se gestaba como si el espectáculo se hubiese transformado en uno donde los dos piratas, ahora, eran el verdadero problema -Gwen, tal vez tendrás que usar tus poderes.- balbuceó, sin siquiera quitarles la mirada de encima a ambos. Ella, con su potente sentido del oído, posiblemente podría escucharle. ![]() -Yo usaré los míos.-
Defuse the bomb:
RE: [Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones - Fuguwu - 11-02-2026 La tensión alrededor del pequeño puesto improvisado es palpable. El círculo de cinco metros que los transeúntes mantienen instintivamente alrededor de la escena no ha cambiado, y el mercado continúa su actividad normal más allá de ese perímetro invisible, ajeno al enfrentamiento que se desarrolla en su centro. El sol sigue golpeando sin piedad sobre las cabezas de todos los presentes. El Teniente escucha los insultos de Owen con una expresión que no cambia ni un milímetro. Sus ojos, curtidos por décadas de servicio, se clavan en el pelirrojo con una frialdad profesional que resulta más intimidante que cualquier grito. Cuando Owen termina, el marine mayor deja pasar exactamente dos segundos de silencio antes de responder, su voz baja un tono pero gana en peso y autoridad – “Joven, le recomiendo que elija con mucho cuidado sus próximas palabras” – su se mueve hacia el sable – “No me interesan las excusas. Lo que me interesa es la documentación que acredita el pago de tasas municipales para operar un puesto comercial en el mercado central de Nanohana” – dice, sus ojos fuertemente clavados en el pelirrojo – “Si no pueden presentarla en los próximos treinta segundos, ambos acompañarán a mis hombres al cuartel de la Marina para resolver esta situación allí” – sus ojos se desplazan brevemente hacia Gwen antes de volver a Owen – “No es una sugerencia.” – Mientras el Teniente mantiene su posición frente a Owen y Gwen, el Contramaestre se ha desplazado discretamente dos metros hacia la derecha, suficiente distancia para hablar sin ser fácilmente interrumpido. De su cinturón extrae un Den Den Mushi. El animal responde de inmediato al ser activado, sus pequeños ojos abriéndose y sus antenas moviéndose con atención. El Contramaestre habla en voz baja pero clara, su mirada sin dejar de moverse entre los dos jóvenes frente a su superior mientras transmite la información – “Aquí Contramaestre Felix, patrulla mercado central, sector norte. Solicitamos verificación de identidad. Dos individuos, posible operación comercial sin licencia. Primero, masculino, joven, aparenta entre dieciséis y veinte años, complexión atlética delgada, cabello rojo intenso extremadamente alborotado, ojos celeste brillante, ojeras marcadas, caninos prominentes. Viste túnica local color crema con chaleco terracota bordado en dorado, turbante beige con detalles rojos.” – levanta la cabeza para empezar a dar la siguiente descripción sin pararse a respirar siquiera – “Segundo, femenino, joven, estatura promedio, complexión esbelta, cabello largo bicolor violeta y negro extremadamente liso, flequillo recto, piel blanca, rasgos finos. Viste túnica marfil con manto granate y velo blanco sobre los ojos. Porta collar de plata con gema azul. Ambos de apariencia claramente extranjera. Solicito confirmación en registros. Cambio.” – El Den Den Mushi repite las últimas palabras con su voz característica y queda en espera, sus antenas erguidas. El Contramaestre mantiene el aparato cerca de su oído mientras sus ojos no abandonan a Owen ni un instante, su mano libre descansando sobre la correa del rifle con naturalidad calculada. El Teniente no ha movido un músculo durante todo este tiempo. Sus treinta segundos siguen corriendo.
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