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[P. Relativo/Autonarrada] recados en la base marine - Versión para impresión

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[P. Relativo/Autonarrada] recados en la base marine - Dashrath Rifenhardt - 09-02-2026

Día 78 de Primavera, Año 17.

Iba caminando despreocupado por la vida, sobre las calles abarrotadas de todo tipo de negocios y transeúntes mientras deslumbraba en el horizonte un cálido manto de luz acompañado por el canto de una parvada diurna, presumiendo en confianza una verde manzana sostenida sobre mi zurda que sobresalía con su sencilla manera sobre una casi arrugada bolsa de cartón repleta de víveres que llevaba encima de la parte posterior de mi codo, estaba de rutina, apenas desocupado y de regreso para con mis compañeros, dirigiendo el ritmo de mis pisadas hacia la base militar como había hecho durante todos los días desde que habíamos regresado en busca del saber.

No había respuesta a nuestras interrogantes todavía. Pero, La Isla Baterilla parecía lo más cercano a un hogar para cualquiera de nosotros, tal vez como debe ser para con todo soldado que todavía no tiene nombre o fama, más no es que me permitiera filosofar, me creyera sabio o necesitara creer, sino por disruptivo que pudiera ser encontraba un sabor agradable en nuestro presente y agradecía en silencio lo cotidiano que podía ser el ahora, familiarizándome en cierta manera a nuestra rutina de trabajo inclusive cuando no hubiera ni una sola tarea en la que pudiéramos referirnos igual que las que suelen hacer los civiles, el pueblo honrado y de su gente pacífica.

Pues éramos circunstancialmente otro tipo de gente. Más tampoco había manera de fingir que toda la unidad carecía de corazones nobles, jóvenes e inexpertos porque eso habría sido una mentira carente de todo sentido, porque además aunque tuviéramos los uniformes todavía éramos personas, novatos incapaces de entender más allá de lo que nos resultaba evidente, o de todo lo que nos convencíamos a creer en nuestra propia arrogancia, entonces una vez recorrido las calles de adoquines hasta la entrada principal de la base marine no hubo manera para evitar que alcanzara a ver cuán lejos estábamos de ser los soldados ejemplares que se imaginaba debía ser.

No sabia sí debía de estar arrepentido o consternado en comprender lo lejos que estaba mi comportamiento de llegar a las del mártir o un héroe, pero además tampoco sabía porque me sentía también alegre de no ser ideal, agradecido de mis incapacidades y formas toscas, nostálgico con las imprudencias de mis compañeros e incluso puede que decidido en rechazar cualquier naturaleza alejada que me impidiera comprender el corazón de otros, porque si me alejaba del gusto del pueblo, de las preocupaciones locales o de una tienda de víveres que iba solo de paso mientras caminaba tal vez terminara convertido en un sargento, en un militar y en una maquina tonta.

No quería ser nostálgico de ninguna manera, no buscaba pensar de más y aun cuando únicamente habría ido a pasear por la madrugada me detuve enfrente de la entrada principal con una mirada pensativa mientras sonreí, apenas regresando a la lucidez luego de que un joven recluta que estaba cumpliendo guardia llegara a notarme con la mirada ida, enfrente de la entrada que vigilaba y notara mi uniforme entre lo que si parecía consternado, lamente avergonzadamente preocupar a mi inexperto amigo, incapaz de saber si estar en una unidad nueva era también pensar más en el grupo como una familia más de la que estar atento, o si solo estaba siendo muy tonto.

Me disculpe con un gesto sencillo, repetí el gesto hasta 3 veces y luego de que el joven vigilante comprendiera que no había ningún inconveniente más allá de haberme distraído en mis propios pensar volvimos al protocolo, buscando mi nombre en una lista de cadetes que había salido en la noche anterior, rectificando a mis razones de llegada e incluso aunque ambos sabíamos, sapientes del entender y de que no sería primera vez en nuestra base, señalado con una de sus manos en dirección hacia donde debía seguir el paso mientras me despedía amablemente con una palmada en los hombros que me hacia entender sin palabras que todavía había preocupación a su pesar.

Hubiera querido explicarme, despejar su pensamiento exagerado y como hubiera perdido demasiado tiempo en hacerlo simplemente me limite en regresar el gesto de una sonrisa que se esforzaba en agradecer su solidaridad, sin entender en un principio la realidad, pero marchando sin prisas hasta una sala abierta con una recepción en medio y hasta 4 escaleras a la vista o puede que más si consideraba los pasillos adyacentes que iban en el fondo, cruzando hacia el primer pasillo, subiendo hacia el piso siguiente mientras observaba oficinas particulares que eran de algunos superiores o para uso profesional de la criminología, ni siquiera me moleste en fijarme mucho.

En todo caso, detuve mi avance en una oficina integrada de por sí con una pequeña recepción limitada por una serie de bancas metálicas, una ventana horizontal y algunas etiquetas que marcaban varios nombres y rangos, pero claro, nada de eso me importaba en lo absoluto simplemente me había tocado ser el chico de los recados y apenas me habían indicado que pasara, urge entre la bolsa de cartón que llevaba a un cilindro de café caliente, para entonces seguir hacia la siguiente puerta que había pedido 2 botellas de agua, luego hacia la siguiente que también había ordenado un pequeño almuerzo acompañado de jugo y así más o menos por unos 9 o 15 minutos.

Luego de entregar todas las ordenes de mis superiores me encontré en la bolsa de cartón con la agradable vista de mi manzana verde y no dude en tomar con mis manos, lustrando con mi pantalón y pegándole un mordisco, abatido en manera mientras me sentaba en una de las escaleras menos transitadas del piso 1 mientras se daba a por supuesto que seguía repartiendo los víveres, entonces me tome un descanso de los que nadie suele comentar, entonces tras un par de minutos fui a caminar desviándome par de pasillos, tirando lo sobrante en una papelera y parándome solo un por instante breve en la zona en donde estaban el resto de los chicos, para servirme agua.

Me hubiera gustado quedarme. Pero, todavía tenia responsabilidades pendientes en la pequeña base marine así que decidí despedirme tan pronto como termine de robar un poco de agua y me reportaría con mis superiores, entonces me asignaron una tarea más que parecía sencilla, simplemente debía de escoltar a una mujer que iba a visitar a su hijo en la sala de practicas en donde los novatos eran moldeados antes de entregárseles uniforme, realmente no había ningún peligro casi nunca, pero algunas unidades eran de tiro por esa zona así que no hacia falta arriesgar a un civil y simplemente no había nadie más que consideraran valiera el tiempo en dicha tarea.

No me opuse, mi superior me indico que iríamos hasta la recepción que todos llegan a encontrarse en la entrada porque ahí me esperaba la madre del cadete Stuart L. Itte y simplemente lo seguí pegándome tras de sus pasos, manteniendo guardia, tal vez por ser ejemplar, porque media bastante y para impresionar a una madre visitante como resultaba normal en centros de entrenamiento militar, entonces pasada media hora me ordeno marcharme, la señal fue clara luego de recorrer las instalaciones de la base marine, pues quería que trajera al hijo de la dama hasta su oficina particular en el segundo piso de las instalaciones así que hice el saludo, dije sí señor y marcharía.

No pretendía demorar ni tomar desvíos esta vez. Por supuesto, me encontré de paso con otros cadetes que iban saludándome de forma amistosa y otros tantos que parecían de la unidad del pequeño mink que iba buscando, signo de que habían terminado las practicas para este punto lo que significaba también que debía apresurarme o el supervisor encargado del joven reportaría que nunca había llegado para coordinar la asignación informada, razón por la que tuve que apresurarme, caminar a toda prisa por los pasillos blancos y entrar con poca o nula dignidad bajo los signos claros de nerviosismo hacia la aula abierta de campo, entonces ambos me saludaron.

El recluta me había esperado 4 minutos aproximadamente consciente de que su madre estaba recorriendo de nuestras instalaciones junto uno de nuestros superiores, parece que había tenido problemas de rendimiento o quizás había tenido un conflicto por su manera en la que no parecía particularmente alegre sobre esta visita, ¿honestamente? no lo sabía, nunca me habían visitado aquí adentro pero imaginaba que se había metido en una gorda así que inevitablemente no quise arrastrado, no quise avergonzarlo y simplemente lo deje en sus pesares, caminando hasta la oficina respectiva en donde tocaría la puerta con calma, esperaría que mi superior asintiera hacia mí y me despediría con el saludo militar típico para salir marchando casi como robot de aquella oficina.

Hice un enorme suspiro intentando quitarme el pesar del aburrido día de trabajo, pero lo bastante lejos para que no se escuchara y pudiera regresar sin más que una hora de descanso en dirección a donde estaban mis amigos, preguntándome que habían estado haciendo en su jornada.

Off



RE: [P. Relativo/Autonarrada] recados en la base marine - PX-6 - 09-02-2026

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Aventura Autonarrada: Completada
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