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[T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Versión para impresión

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[T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Fuguwu - 11-02-2026

Día 82 de Primavera, Año 17.
Corriente Rakusei, Isla de Drum.
Reino Sakura, Puerto, 2200 hrs.
 

 
Las diez de la noche encuentran al puerto de Drum sumido en un silencio pesado, interrumpido únicamente por el crujir de los maderos contra el oleaje y el viento cortante que arrastra consigo copos de nieve desde las Drum Rockies. El muelle principal mide aproximadamente 180 metros de largo y 12 de ancho, construido en madera oscura reforzada con herrajes de hierro que el frío ha vuelto quebradizo en los bordes. A lo largo del muelle se distribuyen unas quince embarcaciones de distinto tamaño, la mayoría pesqueras y cargueras con las cubiertas cubiertas de una capa de nieve de entre cinco y diez centímetros. Dos faroles de aceite cada veinte metros iluminan el camino con una luz amarillenta que la nevada difumina antes de que llegue al suelo. La temperatura ronda los menos ocho grados y el viento del norte la lleva a sentirse como menos quince. Anclado al extremo este del muelle, amarrado con cuatro cabos gruesos a los pilones de hierro más robustos del puerto, descansa el Cyndia Crawford. El galeón mide 54 metros de eslora y casi 14 de manga, con tres palos que se elevan a 28, 32 y 26 metros respectivamente. Su casco es azul marino profundo con molduras doradas que recorren toda la borda, y en la proa la figura tallada de una mujer rubia de vestido celeste emerge sobre las aguas negras con una expresión serena. Las ventanas del casco iluminan el agua con un resplandor cálido y anaranjado que resulta casi obsceno comparado con la oscuridad que lo rodea. En el palo mayor ondea un estandarte morado con el pegaso del casino bordado en hilo plateado, visible desde cualquier punto del muelle. Han pasado ya varios meses desde el incidente del casino con los piratas Sigurd y Ubbe, y el casino vuelve a mostrarse en perfectas condiciones, irguiéndose alto y orgulloso ante todos sus visitantes.
 
El acceso al barco se da por una pasarela de 8 metros de largo y metro y medio de ancho, construida en madera lacada en negro con pasamanos dorados. En la base de la pasarela, sobre el muelle, un par de veladores delimitan una zona de espera donde aguardan unas doce personas formando una fila informal. Algunos llevan abrigos de piel, otros van envueltos en capas de tela cara, y más de uno luce sombrero de copa o joyería visible incluso desde lejos. La dinámica es clara y no requiere explicación: quien llega con el atuendo correcto, con la postura correcta y con la actitud de alguien que no concibe la posibilidad de que le nieguen el paso, sube por la pasarela sin que nadie le diga una palabra. Quien llega con menos, o con la mirada baja, o sin acompañante que avale su presencia, es desviado sin miramientos hacia los laterales del barco como personal de servicio. El responsable de esta selección silenciosa es un hombre de unos cincuenta años apostado en lo alto de la pasarela, directamente sobre cubierta. Mide cerca de 1.95, ancho de hombros, con el cabello blanco peinado hacia atrás y una mandíbula cuadrada que no ha sonreído en toda la noche. Viste frac negro con detalles dorados y guantes blancos, lleva las manos entrelazadas a la espalda y observa a cada persona que sube con una mirada fría y mecánica. No habla más de lo necesario. Una inclinación de cabeza hacia la puerta significa que puedes pasar. Una mirada sostenida sin gesto alguno significa que no. En el flanco de estribor del Cyndia Crawford, alejado unos 30 metros de la entrada principal y mal iluminado por un único farol que la nieve ha reducido a una mancha borrosa, un grupo de cuatro cargadores descarga cajas desde una lancha pequeña directamente hacia una compuerta lateral del casco ubicada a poco más de un metro sobre el nivel del agua. La compuerta mide aproximadamente 1.20 metros de alto por 1 metro de ancho, y permanece abierta en intervalos de entre tres y cinco minutos cada vez que los cargadores empujan una nueva entrega. En ese costado del muelle no hay nadie más. El frío y la hora se han encargado de mantener alejado a cualquier curioso.
 

 
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Casino Pegaso

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RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Kiyoshi Maeda - 12-02-2026

— ¿Son tontos? No es propio de alguien como yo ir a un casino... Por mucho que mi casa quede muy lejos de aquí, tengo una reputación familiar que mantener. — Reclame lo que haya reclamado, al final terminó cediendo. Por mucho que quisiera imponer su idea individual por sobre el grupo, siempre termina aceptando que la tripulación es la que manda y a él solo le queda cooperar. Esto no quita que durante todo el tiempo que estuvo comprando ropa y poniéndosela para la noche, en su rostro habitaba una cara de culo que nadie pudo sacársela.

Debió aplicarse bien el inhalador antes de ir, también consumió pastillas para la tos. Al tener que ir a un sitio en donde la apariencia y el porte importan tanto, llevar puesta su típica mascarilla es algo inadmisible. Lo odia, pero las reglas son las reglas, y sus padres no lo educaron para que no pueda regodearse entre la supuesta alta sociedad. De hecho, por ese mismo motivo es que el tipo indicado dentro de la tripulación para ser el que entre por la puerta del frente.

Tras haber pasado horas en las tiendas de Drum buscando ropa, logró dar con algo que le servía. Obvio que le pidió dinero a los suyos para comprar, pues él ya estaba casi en números rojos, pero la idea de ir al tal casino al ser de ellos, no les quedó de otra más que abrir la billetera.


Su particular rifle, aquel que tanto adora, cargado con su respectiva munición perforante, es entregado a Varo en esta oportunidad. Es duro para él separarse de un objeto tan preciado, pero duda mucho de que le dejen ingresar con el arma en es su espalda. — Será mejor que lo cuides con tu vida, Tontoro. — Se lo entrega directamente en las manos, tardando varios segundos en soltarlo al costarle darse a la idea de que lo deja en manos de otro.

— Bien, tonto Uker, espero que estés listo para esto. Recuerda que no debes hablar tan alto, guarda silencio lo más que puedas y sígueme la corriente. Odio actuar como ellos, pero sé lo que hay que hacer. No hables a no ser que alguien te lo pida, o yo te lo ordene, ¿te queda claro? — El abrigo negro que usa sobre su ropa es bastante ancho, pues así también es imponente, inspira importancia, fuerza, poder. Además, al cubrir todo su cuerpo, lo protege un poco del frío que tanto le dificulta. Sin embargo, aún con todo esto, sigue vigente la necesidad de un segundo individuo que avale su posición.

Una vez Uker se haya preparado y puesto en posición, sobre todo con artículos de limpieza que le entrega el enemigo número 1 de los gérmenes, parten en dirección al tan famoso barco. Respecto a cómo ingresarán Varo y Eros ya queda en la habilidad de su mente, pero de todos modos Kiyoshi lleva en un bolsillo ubicado al costado izquierdo de su cintura oculto el Den Den Mushi para comunicarse en caso de que pueda ayudarlos desde el interior del recinto.

Refunfuña al llegar y ver la fila que hay. — Odio hacer esto. — Porque primero, le fastidia rodearse de tanta gente. Por eso también es positivo ir con un conocido de confianza, eso le permite sobreponerse a esa adversidad que, quiera o no, le afecta. Segundo, porque ser el tipo de individuo que pasa por encima del resto es algo que nunca ha tolerado. Sus padres no eran así.

Como si no le importase nada ni nadie, camina en línea recta empujando a quien tenga que empujar. Debido a sus dos metros de estatura, se impone al resto a pesar de que no es muy fuerte físicamente. Al menos sí lo es si lo comparamos con individuos normales. Sus pasos cesan a un metro de distancia de aquel que sirve como última prueba antes de ingresar, el responsable de elegir a quién entra y a quién no. Kiyoshi, con una mirada seria, como si casi no tuviese emociones por nadie, alza la voz con el tono justo. — Doctor Kiyoshi Maeda. He venido con mi mayordomo y guardia, más encargado de cargar el dinero que conseguiré en este lugar. Espero que tengan buena calefacción, tonto.

Aquí es donde ocurre la mayor apuesta en esta primera parte de la historia. El pirata, ahora en su papel de médico, no escatima en esperar a que el otro dé una respuesta. Dando por hecho que alguien como él merece entrar, retoma la caminata hacia la puerta, pudiendo suceder que sea detenido de buena o mala manera, o que simplemente se le deje entrar. ¿Qué pasará?

— Adelántate, rápido. Asegúrate de desinfectar todo lo que vaya a pisar o tocar, tonto. — Ordena a Uker.

OFF ROL



RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Rackham Uker - 12-02-2026

- Bien, de igual manera necesitaba nueva ropa -. Esas fueron sus palabras en cuanto el plan de la tripulación terminó su fase de planificación, valga la redundancia. Tanto él como Kiyoshi fueron arrastrados por las circunstancias a comprar trajes, el medico uno mucho más lujoso y señorial que el cocinero, pero al fin y al cabo gran parte de su dinero guardado se fue en la vestimenta de ambos, junto a una sombrilla cuyo fin sería revelado después. También se compró una máscara muy básica, una que vendían en una tienda de recuerdos, una que combinaba bien con sus nuevas prendas y le ocultaba gran parte del rostro. Ahora era reconocido, gracias a esos carteles de recompensa y a esa mención en un periódico ya casi olvidado. “El Marcado” no debería ser visto para no generar un escándalo, por lo que optó por ocultarse. Para ayudar a este cometido, intentó con todas sus fuerzas cambiar un poco su peinado, utilizando uno más arreglado, cortando también los mechones blancos que hace tan poco había teñido.

Kiyoshi era el tipo perfecto para ingresar por la puerta grande, pero iba a necesitar un acompañante, alguien que también estuviera adecuado a un trato o estilo de vida tan importante como el que debían aparentar, pero sin dejar de lado su puesto como trabajador. Un guardaespaldas, aquel que cuidaba a un médico muy importante, un trabajador que solo estaba ahí para cumplir órdenes. Ese puesto le venía como anillo al dedo.


El frío le helaba la sangre en cuanto se preparaban para dar comienzo a la operación. Dejó su katana en mano de Varo, así como lo había hecho Kiyoshi con su arma principal, para luego acercarse a Eros. - Solo para aclarar, si hay problemas, ¿huimos o peleamos? -. Ya lo habían acordado en cuanto planearon todo esto, pero necesitaba una segunda confirmación. Esperando la respuesta, se colocó la máscara con tranquilidad, dando un último aliento que salió como vapor antes de que su boca y nariz terminaran tapadas. Al escuchar la respuesta del capitán, simplemente asintió, pues su papel actual no le requería hablar. Luego de serle entregado esos elementos de limpieza y que el mismo joven los guardara en los bolsillos internos de su abrigo, tomó la sombrilla que había conseguido comprar y la extendió.

Una protección ante los copos de nieve, otro acto más para darle un sentido a ese odio que tenía Kiyoshi por los gérmenes. ¿Qué mejor que demostrarlo en todo lo que podían? Así luego no tendrían que fingir sobre algo más.

Escuchó las palabras del médico, ahora con un porte mucho más diferente, incluso intimidante si no supiera el hombre que se escondía tras ese disfraz, asintiendo ante las órdenes, como debía hacer. Antes la diferencia de altura no se notaba, la diferencia entre sus físicos si, pero ahora era todo lo contrario: los casi 10 centímetros de diferencia se hacían ver, y sus hombros parecían estar a la par gracias a la ropa portada por Maeda.

Llegaron al puerto, no hubo un solo momento de duda en Kiyoshi, pese a que pudo escuchar claramente como se quejaba al ver la cantidad de gente reunida. Avanzaron sin piedad, sin importarles esas personas, sin importarle a él mismo quienes eran, pues en ese momento no eran de su interés. Un hombre quiso quejarse y acercarse de más a Kiyoshi cuando faltaban pocos metros para llegar a su destino, por lo que el “mayordomo” lo detuvo, sujetando su rostro y apartándolo una vez más, sin mirar en su dirección, sin hacerle entender que era importante.

Por fin se pararon frente al hombre más importante en ese momento, aquel que debía dejarlos pasar. Las palabras del “respetado” doctor salen sin apuro y sin espera, sorprendiendo tal vez a cualquiera que no lo conozca con ese insulto del final, pero para Uker se había vuelto algo tan normal que sus cejas (lo único visible de su rostro fuera de la máscara) no tuvieron ningún movimiento.

Recibió órdenes, asintió y se dispuso a cumplirlas, sin siquiera escuchar antes el veredicto de quien era el juez en ese momento. Aún así, en su interior rugían las verdaderas dudas: ¿Los dejaran pasar? ¿El disfraz será suficiente?

¿Esta noche se convertirá en otro amargo recuerdo?

Libro de recetas



RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Eros Focalor - 13-02-2026

30 minutos antes de la llegada de los Sepultura al Cyndia Crawford del Casino Pegaso...

Día 82 de Primavera, Año 17.
Corriente Rakusei, Isla de Drum.
Reino Sakura, Puerto, 21:30 hrs.

"Eros estaba sentado alrededor de la luz tenue de su camarote de capitán observando una serie de Wanteds sobre su escritorio, todos ellos publicados en el periódico anterior. Sobre el escritorio había una serie de periódicos fechados del año 11 a la última edición que había podido conseguir del día 35 de Invierno del Año 16, en el cual tanto él como sus compañeros habían aparecido entre los más buscados de los mares del sur. La mirada del capitán parecía contemplativa mientras descansaba las piernas sobre el escritorio, sus ojos parecían perdidos sobre los wanted.

Si estaban dispuestos a pisar fuerte en los mares, debían hacerse notar, hacer ruido. Rosse tenía facilidad para resaltar, pero él era más bien el líder de un grupo de perfil bajo... Tendrían que conseguir contactos, poder o influencias para afianzarse con seguridad pues Kiyoshi tenía razón, no todo podía resolverse enfrentando a la muerte de cabeza.

Pero el plan estaba en marcha. Ante todo, esto iba a ser una aventura."


A medida que se acercaban al puerto todos tenían sus indicaciones listas, el plan se había repasado para tener los suficientes planes de contingencia. Conocían las habilidades de sus compañeros, sus fortalezas sociales y sus debilidades. — Si hay problemas hablamos, si no podemos hablar peleamos... Si hay que huir, hay que huir. Pero nada de precipitarnos —Aclaró ajustando el frac con el que había venido vestido, ropajes de las ceremonias fúnebres formales que solía prescindir mientras aseguraba el Den Den Mushi oculto en un pequeño morral que colgaba en el costado derecho de su cadera. No trajo sus guantes, para no levantar sospechas en caso de tener que fundirse con la multitud. Entonces devolvió su mirada a sus compañeros uno a uno, finalmente pasando a su forma completa para comenzar a andar a la par del grupo en sus no más de 25 centímetros, siendo el movimiento a través de las pisadas y el olfato por prescindir de la vista.

Ante la división del personal de servicio, y los invitados mientras que Kiyoshi y Uker podrían manejar el abanico de las formas sociales con mayor facilidad por sus trasfondos médicos y culinarios... El sepulturero y el mink ladrón deberían tomar un método alternativo por la entrada de servicio.

Con serenidad el topo avanzó justo por detrás de las pisadas del Mink encargado de llevar las armas, Eros sabía que no podía ser sigiloso por su torpeza natural en cambio trepando por la espalda de su compañero para finalmente trepar hasta el interior del sombrero del mismo ocultándose para confiar en las capacidades de infiltración del explorador de la tripulación.

Ataud



RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Varoganchin - 13-02-2026

Aquella tarde, la ilusión me había embriagado cuando oí a mis compañeros sobre nuestros planes. Discutimos sobre varias posibilidades, todas ellas propias de piratas de nuestra reputación. Debíamos engrosar nuestras arcas así que finalmente decidimos ir a un lugar de apuestas. Pero no una mesa sombría en el rincón más apartado del bar, no. Nos dirigíamos a un casino. Mi primera vez en uno. Había fantaseado muchas veces con aquella idea; con juegos de cartas, ruletas, dados... No podía esperar a incrementar mi fortuna. O comenzarla, pues mi vida de pirata no me había supuesto más que gastos y poca gloria.

Me había vestido con mi mejor camisa, con la idea de poderme hacer pasar por alguien de servicio en caso de necesitarlo. La idea me parecía brillante, algo digno de las mejores novelas de atracos. Una infiltración a plena vista. Sin embargo, la genialidad se difuminó en mi mente al recordar aquellos dichosos carteles con mi cara, los mismos que ponían precio a mi cabeza. Sin duda habrían llegado a cualquier parte y no quería arriesgarme a ser reconocido. Por ello, nuestro plan tomó otros tintes.

Recibí de mala gana el rifle de Kiyoshi, sus balas y la katana de Uker. Cubrí tanto sus armas como las mías con una manta, a modo de hacerlas parecer un hatillo. Mi gesto era amargo, pues en parte me molestaba no poder acceder de manera normal al casino. Aunque en realidad, me sentía honrado de que mis compañeros confiasen en mi para guardar sus pertenencias. Chasqueé la lengua.

—Descuida. Yo me encargo de esto mientras los marqueses entráis por la puerta grande.

El puerto era bastante grande. Había numerosas embarcaciones a los lados. Sin embargo, la más imponente de todas ellas era el galeón del fondo. El Casino Pegasus. Un barco impresionante que albergaba en su interior algo que me podía hacer las veces de paraíso. Mi corazón latía emocionado, pero aún así, el frío era tal que no me permitía sentir el más mínimo calor. Avancé por la pasarela, observando la gran fila de gente que había esperando para acceder al casino. El doctor y el cocinero se marcharon hacia allí, pues era su parte del plan. Sentí como el capitán trepaba por mi espalda para llegar a esconderse en mi sombrero. Tiré con suavidad del ala delantera para facilitarle el paso y tras ello, calé con suavidad. Quería dejarle suficiente espacio, pero también pretendía ocultar en parte mis ojos, mantenerme en las sombras. Di un par de golpecitos en la copa del sombrero, a modo de saludo para Eros.

Exploré las opciones. Era imposible que alguien como yo pudiera acceder por la entrada principal. Otra opción sería hacerme pasar por alguien de servicio. Imaginé cómo serían nuestras posibilidades por ese camino. Podría pasar por camarero. No miraría a nadie y actuaría con decisión. El problema vendría cuando algún responsable me preguntase qué hacía allí. No podría mentir, nunca fui capaz de hacerlo. Sin duda, eso me acabaría delatando y poniendo en riesgo nuestro acceso al casino. No, debía buscar otra manera de acceder.

Cerré mi cazadora, no solo con la intención de cortar el aire gélido que golpeaba mi pecho, sino también con la idea de tapar la tela blanca de mi camisa, de volverme uno con la sombra. Observé el lateral del barco y vi que unos metros más allá, un grupo de hombres trabajaba cargando cajas al barco. No usaban una pasarela ni nada parecido, lo hacían directamente por una especie de ventana que se cerraba poco después de cada carga. Avancé con sigilo, por las zonas donde la tenue luz del farol apenas llegaba. Me deslicé agachado, con cautela, enfocado en aquella apertura. Esperé a que metieran otra de las cajas. Cogí aire.

—Allá vamos, capitán —susurré.

Me aseguré de que los trabajadores estuvieran centrados en el siguiente cargamento y entonces, salté a la ventana. Mi idea era utilizar la anterior caja como cobertura en caso de que hubiese gente esperando al otro lado. Me agazapé junto a la caja, aprovechando la penumbra. ¿Lo habíamos conseguido? ¿Estábamos dentro? La emoción me embargaba.



INFO



RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Fuguwu - 13-02-2026

El portero observa a Kiyoshi durante tres segundos, evaluándole. Tres segundos le bastan. Es el tiempo que tarda un hombre de su experiencia en leer a alguien y valorar si es material para el casino, o no. La capa con bordados orientales, el broche de estrella, los dos metros de estatura y sobre todo la indiferencia absoluta con la que el doctor ya ha reanudado su marcha hacia la puerta antes de escuchar respuesta. Todo eso habla antes que cualquier palabra. Hay una mentira en las palabras de aquel joven doctor que no le escapa, pero es insignificante. El portero inclina la cabeza apenas un centímetro hacia un joven de traje que aguarda a su derecha, quien desaparece por la puerta y regresa menos de un minuto después con un sobre lacado en dorado que entrega sin prisa. El portero lo extiende hacia Kiyoshi con una sola mano. Dentro del sobre hay una chequera en blanco con el logo del Casino Pegaso, gruesa, de cuero con el pegaso grabado en relieve dorado. La chequera es una línea de crédito asignada al Doctor Maeda y sus acompañantes. Sin embargo, hay un colateral, por supuesto. El mayordomo, cuyo nombre deberá quedar registrado en un libro encuadernado en cuero negro en caso de aceptar la gentil oferta del casino.
 
El interior del Cyndia Crawford es alucinante. El calor es lo primero, un calor seco y uniforme que sube desde el suelo mediante un sistema de ingeniería que involucra diales de calor destruidos en pro de la comodidad y otros tesoros que no son más que una muestra de la capacidad económica de la organización detrás del casino. La temperatura interior ronda los veintitrés grados, un contraste brutal con los menos ocho del exterior que tarda apenas unos pasos en volverse completamente olvidable. El olor es a madera barnizada y tabaco suave. La luz proviene de las velas de cera dispuestas en los candelabros de pared cada tres metros. La música, que desde el muelle llegaba apagada y lejana, aquí se escucha mejor. Un piano toca una melodía a ritmo de jazz, suave y delicada. Lo primero que se abre ante Kiyoshi y Uker una vez dentro del galeón es el salón principal, una sala de forma irregular que ocupa el grueso del casco y que la alfombra roja de pelo corto unifica visualmente pese a sus distintas zonas. El techo alcanza los 4.20 metros en el centro y desciende hacia los laterales siguiendo la curvatura del barco. En el extremo norte, dos mesas de póker ovaladas tapizadas en fieltro verde oscuro cada una con capacidad para ocho jugadores, una de ellas ocupada esta noche por tres apostadores regulares. Más hacia el centro del salón, una ruleta de 1.10 metros de diámetro gira atendida por un crupier de chaleco negro, flanqueada por una mesa de blackjack a la derecha y otra de dados a la izquierda completan la oferta principal. Junto a la pared este, separada del salón por un biombo de madera, una barra de caoba de seis metros con doce taburetes altos es atendida por un único barman. Detrás de la barra, los estantes alcanzan casi el techo cargados de botellas con todo tipo de licores y bebidas no alcohólicas. Hacia el lado de babor, separada del salón principal por un arco de madera oscura de 2.40 metros de alto, se abre una sala secundaria de suelo de madera sin alfombrar donde dos mesas de billar de 2.50 metros de largo esperan a quien prefiera algo más tranquilo que las cartas. Esta zona está menos concurrida, con apenas dos personas jugando en una de las mesas, y la iluminación es más tenue. En el extremo sur, entre la sala de billar y las mesas de juego, un piano de cola de aproximadamente 1.80 metros ocupa el rincón con la presencia del dueño de todo el recinto. Hay cincuenta personas distribuidas por el casino esta noche, más las que sigan siendo admitidas con el paso de la noche.
 
En el flanco de estribor, la compuerta de carga permanece abierta toda la noche, pues la entrada y salida de víveres para la cocina que no se detiene mientras el casino este abierto es ridícula. Varo aterriza sobre una caja de madera con la habilidad de quien ha entrado a sitios peores por huecos más pequeños, con Eros acomodado bajo el ala del sombrero sin haber emitido un solo sonido. El interior de la zona de carga es un pasillo estrecho de 1.40 metros de ancho y techo bajo, apenas 1.80 de altura, iluminado por dos faroles de aceite colgados de ganchos en la pared. Huele a serrín húmedo y a salsas de cocina que llegan desde algún lugar cercano. Una de las habitaciones se revela claramente como un almacén que mide aproximadamente diez metros cuadrados, las paredes forradas con estanterías que albergan barriles con diferentes tipos de alcohol y sacos de ingredientes apilados. No hay nadie en el almacén en este momento, el personal de servicio está ocupado arriba atendiendo las demandas de la clientela en el piso de arriba, en la zona de apuestas del casino. Al final del pasillo hay otra entrada, sin adornos, marcada simplemente como “Cocina/Bar”, y a través de ella se pueden escuchar los sonidos de la cocina. El espacio que se abre en la cocina mide 20 metros de largo por 10 de ancho y cuarenta personas se mueven a un ritmo perfecto. Entre el almacén y la cocina, una escalera conduce hacia el piso principal, al área del casino.
 

 
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RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Kiyoshi Maeda - 13-02-2026

Justo antes de ingresar, frena los pasos. Sus ojos se mantienen al frente, no intercambiando miradas con el portero no por temor ni duda, sino por indiferencia. Aunque sea él quien tiene el poder de decisión sobre quién entra y quién no, es Kiyoshi el encargado de demostrar clase y superioridad. Aún sin verlo directamente, se percata del gesto que hace. Algo sucederá, o más bien, alguien se acerca. Se le extiende un pequeño presente el cual no es gratis, como nada lo es en este tipo de lugares.

Rápidamente se presenta la primera encrucijada. Para empezar, una persona adinerada y de poder debería ser capaz de competir aquí con su propio dinero. Lamentablemente, desde su comienzo como pirata hasta la actualidad, Kiyoshi y berries han sido colocados como antónimos en el diccionario mundial. Además, dudar y pensar también mostrará una imagen decadente, por lo que en un acto casi de reflejo, acepta la chequera y se la tiende a su compañero, encargándole el llevarla. — Asegúrate de limpiarla, no sabemos qué tan limpias traía sus manos ese tonto muchacho.

Ahora viene la parte más importante y una que puede marcar un antes y un después en la velada. Una de las precauciones que debieron tomar es la de ocultar la identidad del famoso espadachín que tienen en la tripulación, pero de un momento a otro, todo se desarma.

“Rackham Uker”.

Sin duda, sin titubear, sus dedos escriben con una letra perfecta —rarísimo para tratarse de un médico— el nombre de su acompañante. Eso sí, se asegura de cerrar el cuaderno antes de devolverlo. Ya con todo listo, y con poderío económico suficiente para hacer lo que quiera dentro del casino, procede a entrar. Para cualquier persona, la música, los refinados clientes, las bebidas, los juegos, ese tipo de cosas debería ser lo que llame la atención. Mas Kiyoshi no es como el resto, es un distinto. Lo que disfruta de este nuevo escenario en que se plasman sus movimientos es el cambio en la temperatura. Odia el frío, se sentía horrible fuera, pero ahora está mucho más cómodo. De hecho, un suspiro de relajación escapa de sus labios. — Supongo que ya puedo relajarme. Estamos dentro. — La verdad es que ni se preocupa del hecho de haber revelado la identidad de Uker. Es un tipo sincero, jamás hubiese puesto un nombre falso.

Los primeros metros del interior se recorren con paso tranquilo, pero cabeza en alto, mirada al frente, postura recta, y sin mostrar una mísera sonrisa. Sus ojos se mueven lentos, pero constantes. Un hombre con una memoria privilegiada como él, siempre observa, siempre está atento hasta de los menores detalles. Una vez el escenario ya se encuentra dentro de su cabeza, cualquier cambio podría ser más fácil de percibir para él.

Tras haberse aprendido varias de las rutas a seguir, opta por quedarse más cerca del centro del salón. El motivo es simple: debe haber más concentración de jugadores. Si bien odia socializar con muchos, puede ser crucial en un principio hacerse notar, así nadie dudará, o eso espera, de que fue correcto dejarlo entrar. Afortunadamente está acompañado de alguien en que confía, por lo que puede controlar sus nervios siempre y cuando ninguno de los dos se aparte demasiado del otro.

El juego escogido es la ruleta, situándose a la izquierda de la misma, a solo medio metro. Alejarse mucho de todos podía desprender vibras de temor o desconfianza, sentimientos que no puede permitirse esta noche. — Esto está sucio, tontos. Limpia la ruleta. — Ordena a Uker. Luego, realiza un ademán con la mano derecha a Uker para que se acerque y utilice la chequera que le entregó. — Cinco mil. — Kiyoshi será quien dé las órdenes, Uker el que haga todo lo demás. — Al negro. — Asevera con voz fría, cruda, como si estuviese seguro de ganar, o como si tuviese tanto dinero que no le importa perder.

— Que sea rápido. El tiempo es oro, y desconozco qué tanto han limpiado este lugar. Percibo muestras de polvo bastante molestas.

OFF ROL



RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Rackham Uker - 13-02-2026

La máscara era un buen recurso, le permitía pasar desapercibido a ojos de la gente que muy seguramente había visto un cartel de recompensa con su rostro en este mientras tomaban su camino hacia el casino, sus expresiones podían pasar desapercibidas, junto a otra cantidad de razones por las que decidió llevar ese accesorio. Una de estas era crucial para este momento: la capacidad de ocultar sus ojos, dejando incapaces a cualquiera de notar hacia donde miraba. Su cabeza se encontraba al frente, haciendo parecer que observaba a quien ahora lo trataba como un empleado con un gesto serio en el rostro, pero sus ojos buscaban otra información.

El cheque les llegó, Kiyoshi no dudo en aceptarlo, sorprendiendo al cocinero que había pensado que iba a hacer que él se hiciera cargo de sostener, agarrar y manejar todo lo que venga de manos ajenas, aunque de igual manera terminó por pasársela de todas formas. El pelinegro asintió, sin una palabra, sacó del interior de su saco un paño que el mismo Maeda le había entregado antes, utilizándolo para limpiar la chequera mientras su compañero se encargaba de dejar asentado en papel quién iba a pagar por todo si algo les salía mal. Con sus ojos ocultos pudo verlo bien, la tinta sobre el papel que terminó por escribir su nombre, aquel que también se encontraba en los carteles repartidos por la marina. “Esto es malo”, pensó para sí mismo, agradeciendo el ambiente frio que le impedía sudar, o una gota habría rodado por el costado de su rostro en cuanto vio como el cuaderno se cerraba.

Sabía de la sinceridad extrema que poseía el médico, pero no esperaba que fuer a ser utilizada en su contra de esa manera.

Ya habían ingresado al lugar en cuanto pudo volver a doblar el pañuelo que estaba utilizando y volverlo a guardar en el mismo bolsillo. El calor llegó a su cuerpo, haciéndolo quejarse mentalmente por un instante, pero pronto descubrió que tampoco se trataba de una temperatura sofocante, se podía estar en ese lugar como si en la isla no hubiese un clima azotador permanente. “Increíble”, volvió a pensar, junto a una pregunta de si podrían poner algo así en el barco para que Kiyoshi no sufra el frío. Sus ojos volvieron a analizar el lugar, pero manteniendo su rostro hacia el frente era difícil notar muchas cosas. Un grupo de personas sentadas, parecían estar jugando algo con cartas manejado por un crupier, blackjack supuso, más cerca del centro, un par de mesas rodeadas, imposible de saber que juegos contenían sin acercarse, no había mucho más que ver desde esa posición que no sea la cantidad de gente que acudió a cumplir con sus deseos más terrenales.

Adentrarse en el gentío significó tanto un alivio como un problema, pues ahora debía estar más atento a miradas de sospecha y duda, a la vez que mantener su acto a la perfección. Kiyoshi optó por acercarse a una de las mesas centrales, Uker no tuvo más opción que seguirlo muy de cerca y hacer caso a sus ordenes. Sin pedir permiso del crupier, sacó nuevamente el paño que antes ocupó para limpiar la chequera y lo usó para repasar las zonas más cercanas al Maeda en la mesa, notando que desde ahí podría ver cosas que antes no veía. Durante la limpieza, aprovechó sus ojos escondidos para recibir más información: una zona más apartada, conectada por una escalera pequeña, lo dejaba ver a un hombre y mujer rubios sosteniendo palos de madera frente a una mesa un poco más alta que sus caderas, notando que se trataba de una habitación de billar. En esa misma dirección, un poco más al costado, ahora sí en la misma sala que las mesas, un piano de cola, junto al hombre con el traje más extravagante y llamativo del lugar. Algo le decía que esa persona era importante.

Al terminar de limpiar, hizo caso a la siguiente orden. La chequera solo se mantuvo abierta un momento mientras anotaba la cantidad dicha por su “jefe”, arrancando el papel y colocándolo sobre la mesa en la zona correspondiente. Tras eso, retrocedió un paso y guardó sus manos a su espalda, volviendo a su porte serio y vista al frente, esperando otra orden, o más bien actuando. Le parecía arriesgado apostar, sobre todo teniendo su nombre escrito en ese cuaderno de la entrada, pero no hacerlo podría significar sospechas. Si pudieran alejar dudas de cualquiera tirando un poco de dinero y acercándose a otras mesas para obtener información tras eso sería mejor.

Rechazó un ofrecimiento de bebidas y comida de uno de los trabajadores, recordando a sus otros dos compañeros que, a su parecer, tenían la parte más difícil. ¿Qué tal les estaría yendo?

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RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Eros Focalor - 14-02-2026

Eros confiaba en las capacidades de sigilo, infiltración y robo del explorador del grupo tan bien como sabía que las propias era nulas o inexistentes por su torpeza. Para su fortuna al pesar escasos 100 gramos en su forma completa, no suponía una molestia para el mink el llevarlo sobre su cabeza reposando durante todo el trayecto hacia el interior del casino bajo el ala del sombrero. La infiltración no estaría lista hasta que finalmente estuviesen entre los invitados del casino y encontrasen el punto de encuentro con sus compañeros de forma satisfactoria. — Bien hecho Varo, cúbreme mientras me transformo, por favor —pidió antes de bajarse igual que como habia escalado por la espalda del mink finalmente aterrizando en el suelo de la parte de la bodega, para su fortuna las cajas tenían espacio suficiente entre ellas para fungir como un espacio seguro donde podría volver a su forma humana.

A medida que caminaba entre las cajas las olfateo para ver si encontraba algo interesante o digno de atención, pero el aroma del licor era todo lo que su olfato podía sentir en mayor medida y, en cierto punto, tenia sentido.

Se detuvo detrás de un caja, haciéndose bolita al meter sus matas por debajo de su cuerpo para finalmente cancelar su transformación volviendo a su forma humana. No se explicaba aun porque, desde su llegada a Drum, el transformarse le estaba costando mucho más que antes teniendo inclusive que reposar por unos momentos tras ello e inclusive incapaz de moverse.

— Adelántate Varo, revisa que no haya moros en la costa con tu sigilo y avancemos hasta el piso superior. Quiero que tengamos contacto visual con Uker y Kiyoshi lo antes posible... En unas horas serás millonario amigo —Bromeó a sabiendas que con sus escasos recursos económicos tampoco es que podrían darse grandes lujos aprovechando el casino, pero eso no los detendrían, estaban dispuestos a dejar su marca en el lugar fuese por el motivo que fuese.

Temía que desde el paso del dúo del carnicero de Whisky Peak la seguridad se hubiese reforzado, pero era una posibilidad, tan solo debían mantenerse por fuera de la marginalidad para poder salir bien parados. Los sepultura podían ser personas civilizadas ¿Verdad?

Ataud



RE: [T4 - Pr Rel] Casino Pegaso ft Sepultura - Varoganchin - 15-02-2026

Mi vida había cambiado bastante desde que abandoné Samba. Sin embargo, mi habilidad para el sigilo parecía innata. Era algo con lo que siempre me había sentido a gusto; acechar en las sombras, escurrirme por cualquier pequeño recoveco, robar y salir sin ser visto. Parecía que mi cuerpo estaba hecho para ello. En las últimas semanas había dejado de practicar aquellas habilidades, pero no por ello me había vuelto más torpe, en absoluto.

Conseguí colarnos tanto a mí como a Eros por aquella esclusa. Aterrizamos dentro del barco y para nuestra suerte, nadie parecía estar recogiendo los envíos en aquel momento. Pero aún no podíamos confiarnos. No habíamos alcanzado nuestro objetivo. El capitán me solicitó que siguiese en guardia mientras él cambiaba de forma. Yo también había notado una pequeña dificultad añadida al usar mi akuma no mi tras haber llegado a esta isla, pero él se veía obligado a utilizar mucho más tiempo ahora para transformarse. Eros bajó por mi espalda y se deslizó entre dos cajas.

—Tranquilo, capitán. Puedes confiar en mi

Mis palabras estaban llenas de orgullo, por saber qué Eros tenía su confianza depositada en mi para un momento tan vulnerable. También estaban cargadas de compromiso, pues había prometido ser de utilidad para mis compañeros. Me agazapé junto a las cajas para intentar ser menos visible, mientras revisaba aquel pasillo en busca de algún curioso que pudiese dar la señal de alarma.

El pasillo en el que nos encontrábamos parecía ser alguno destinado al servicio. Unos metros más adelante había un cuarto que parecía ser un almacén a juzgar por el trozo de estantería que alcanzaba a ver desde mi posición. Al fondo, la cocina. En ella había un sinfín de cocineros trabajando a destajo, corriendo de un lado para otro en lo que simulaba ser una danza bien ensayada. Entre esas dos salas, unas escaleras que llevaban a un piso superior. El olor que emanaba de las preparaciones que bullían al fondo era muy tentador, pero más lo era aún la imagen que nos esperaba arriba. Eros bromeó con la posibilidad de hacer una pequeña fortuna y yo no pude dejar de fantasear.

—Crees que habrá juegos de dados? O tal vez debería optar mejor por las cartas. Siempre me gustaron los juegos de cartas. Como sea, pienso salir con un buen puñado de berries de aquí.

Me adelanté con cuidado. El ansia por apostar tiraba de mi. Pegado a la pared, mis pasos eran casi imperceptibles, mi figura una con la sombra. Pasé de largo el almacén, repleto de latas, barriles y algunos sacos de provisiones, que sin duda nos hubieran venido bien cuando nos vimos atrapados en Little Garden. Llegué hasta las escaleras. Revisé con cautela antes de asomarme, despacio. No pude ver a nadie. Me giré hacia Eros y le hice un gesto con la cabeza. Camino despejado. Recoloqué el tirante que mantenía mi arma y las de mis compañeros a la espalda y subí unos a uno los escalones. Ya casi podía verlo, lo tenía casi al alcance. Era hora de disfrutar del casino.



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