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Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Asherah Bel-Nadin - 12-02-2026 》13 de Invierno del Año 16, Mercado Central de Samba.
El invierno en Samba tiene una costumbre incómoda: vuelve todo más pesado. Las telas de los puestos no flotan; tironean. El viento marino se cuela entre las calles como un ladrón elegante y empuja a la gente sin pedir disculpas. La fruta huele más intensa cuando el aire es frío, como si quisiera defender su dulzura del clima hostil. Nadie pasea: todos avanzan como hileras de hormiga buscando su espacio en las cuevas. Yo también. Cuatro metros de anatomía desmedida atravesando un mercado que fue pensado para proporciones más... "diplomáticas". Alas plegadas con disciplina. Hombros apenas inclinados. Cada paso medido como si el suelo pudiera ofenderse. No soy torpe porque ya aprendí a no serlo, pero soy consciente de que, a veces, sí altero el entorno. Voy entrando en el pasillo central cuando una ráfaga decide ponerse juguetona. El toldo del puesto de frutas se infla de golpe, como una vela que recuerda demasiado tarde que alguna vez fue barco. Mi ala derecha, perfectamente plegada, intercepta el viento entre las plumas apenas un segundo. No lo golpea: lo redirige. Y ese pequeño desvío hace magia. El toldo se sacude, una cuerda vibra. El primer cajón tiembla con dignidad endeble. Y entonces... CATÁSTROFE COLORIDA Los tomates saltan como si alguien hubiera gritado hasta enrojecer la garganta con un “libertad”. Las naranjas salen despedidas con entusiasmo cual respingo deportivo. Una pirámide de manzanas se desarma en cámara lenta y después decide acelerar. Un cajón cae sobre otro con el dramatismo exagerado de quien llevaba años esperando una excusa perfecta para tirar el lance. No hay orden. No hay estrategia. Solo fruta huyendo en todas direcciones. El mercado queda en silencio medio segundo mientras la sinfónica escurridiza, viscosa y saltarina queda de fondo. Un tomate aterriza bajo mi bota que al paso se aplasta con un sonido húmedo. Otro rebota contra mi pierna y sale disparado hacia la izquierda como si tuviera un plan propio. Parpadeo. Bueno. Eso fue… inesperado. El vendedor sin poder contener la avalancha mira el suelo, luego los cajones, luego el toldo traidor, y finalmente emprende el ascenso visual hasta mi cara. El viaje le toma su tiempo. Yo me quedo donde estoy, realmente desconcertada sin saber cómo continuar. Respiro, y el aire frío dibuja un suspiro visible frente a mi boca. Una naranja pasa rodando entre mis piernas. La detengo con la punta del pie antes de que alcance la zona de tránsito intenso. Alrededor, el mercado decide que esto es entretenimiento invernal gratuito. Alguien ríe. Un niño intenta atrapar una manzana fugitiva. Dos personas ya especulan sobre responsabilidades legales que claramente nadie piensa asumir. — Juro que esto parece actuado, pero no lo es... es todo un tema — digo lo bastante alto para que el dueño del puesto lo escuche. Realmente no soy consciente de que fue "más o menos" mi culpa, es cuestión de casualidad causal... ¿o algo así? Una ráfaga vuelve a mover el toldo caído, como si quisiera participar otra vez. Y entonces lo veo por el rabillo del ojo. Un tomate, sobreviviente heroico y fugitivo, rueda directo hacia la trayectoria de una mujer que avanza distraída, cargando bolsas, mirando cualquier cosa menos el suelo brillante de pulpa. La escena se arma sola. El tomate gira. La bota ajena avanza. El invierno contiene la respiración. Yo no. — ¡Cuidado! — grito cuanto lo más que puedo, con una voz que no está diseñada para pasar desapercibida.
imagencita
RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Miyori Hoshino - 14-02-2026 13 de Invierno del Año 16, Mercado Central de Samba.
Mis aventuras en Samba siempre me han dejado muy lindos recuerdos, personas que no olvidaré jamás. Así como también, no pienso olvidar nunca mi tierra natal y a las personas con las que logré conectar mi camino con ellos. Podría decirse que el clima de hoy era un poco más terco que otros días, no violento, pero sí había corrientes colerientas desquitandose con todo aquel que fuese en su contra. Y eso no me dejaba libre al momento de salir a caminar y comprar algunos pequeños suministros de comida. En este caso, delicioso pan de una pastelería que me gusta mucho de Samba. El dia de hoy usaba un abrigo de color verde en tonalidad jade, y con un juego de sombrero con hebillas doradas trenzadas en la solapa frontal del gorrito. Por encima del gorrito había un pompom de lana del mismo color. También portaba una bufanda blanca, medias del mismo color, y por último, guantes en tonalidad bermellon. Siempre llevaba conmigo mi violín guardado en un estuche de color negro, lo cargaba cuál mochila de escuela. —Que delicioso huele…— Murmuré para mí misma, cautiva de los olores que desprendía mi bolsa de panes, tenía de todas las formas y sabores, y sin duda, mi favorita era un pan que estaba rellena de jalea de frambuesas, muy deliciosa. Estaba feliz, muy feliz, tanto que no me percataba de mi camino, ni las personas que transitaban a mi alrededor. Tenía hambre, y era momento de merendar. Mi camino avanzaba por la zona mercantil de Samba, donde habían muchos puestos coloquiales de frutas, pescadería, comida callejera, cervezas, lugares de aposta, florerias, lo que quisieran las personas vender y salir ganando. Sentí frío, y de pronto el camino me parecía cuesta abajo. —¿Eh?....- Dije, asombrada de que mi campo de visión ya no era la bolsa, si no, el cielo nublado que el día de hoy se estaba promulgando como dueño del clima. Mi pié derecho se alzó cuesta arriba como si de una acrobacia de baile se tratase, y…sin hacerse esperar, terminé tumbada en el suelo, con la bolsa de pan añicos, con fruta a mi alrededor cuál cama funeral al momento de despedirse de un ser querido, en lugar de flores, eran fruta.
Vestimenta
RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Asherah Bel-Nadin - 18-02-2026 El grito al parecer sale tarde y no por falta de volumen sino por destino inevitable. La bota ajena pisa el tomate con una convicción que la fruta no merece. El sonido es breve y húmedo. El equilibrio se rompe como una promesa mal calculada. Y ella vuela. No es una caída vulgar. Es casi armoniosamente coreografiada. El pie se eleva, el cuerpo intenta negociar con el aire, las bolsas describen una parábola trágicamente hermosa. Después, el suelo. Un golpe seco. Pan disperso. Fruta que decide acompañar la escena como decoración involuntaria. Un breve silencio se apodera de la escena. Mi corazón tarda medio segundo en comprender que el acto dos ya está en marcha. Me muevo. No con prisa descontrolada —eso empeoraría todo— sino con esa velocidad medida que aprendí cuando los errores cuestan más que vergüenza. Dos zancadas largas reducen la distancia. Me inclino, calculando peso y espacio viendo que la chica es mucho mas menuda que yo. — ¿Estás bien? — pregunto, y esta vez mi voz intenta bajar de intensidad, grave pero cercana. La veo mejor ahora: abrigo de un hermoso color jade, bufanda que si era blanca ahora ya está un poco más cromática, guantes bermellón, y un estuche negro aún sujeto como si fuera extensión de su columna. Alrededor pan aplastado. Frambuesa abierta sobre el empedrado frío como una herida dulce. Me arrodillo lo suficiente para quedar a su altura sin aplastar nada más en el proceso. Mis alas se tensan, quietas y disciplinadas. Evalúo rápido: caída lateral, impacto de cadera, posible golpe en muñeca. No parece grave. El orgullo, quizás el más dañado. Una manzana rueda entre nosotras y la detengo con dos dedos antes de que complete otra fuga dramática. — El tomate fue el que conspiró — murmuro, con una seriedad casi científica — Lo vi organizarlo todo, es todo un tema. Le ofrezco la mano, amplia pero abierta con cuidado, como quien sostiene algo frágil aunque pese poco. El mercado exhala una vez más. La risa contenida se transforma en murmullos. El vendedor alterna entre indignación y alivio por tener un nuevo foco narrativo que no sea exclusivamente su desastre. Observo el pan esparcido. — Esto... fue mi culpa indirecta — admito al fin, exhalando vapor blanco en el aire — El puesto de verduras y frutas decidió colapsar cuando pasé. El tomate fue… bueno, un efecto secundario. Mi tono no busca excusa. Solo claridad. Recojo uno de los panes menos dañados y lo inspecciono como si pudiera revertir el tiempo por pura voluntad. Soplo la nieve y tierra que pudiera tener... pero no hay reversión en esto. Lo dejo sobre el único sector seco que encuentro cerca y vuelvo a mirarla. — Al menos el mercado entero fue testigo — digo, con una media sonrisa cómplice — Nadie va a poder acusarte de haberte caído por torpeza propia. Una ráfaga vuelve a cruzar el mercado, moviendo telas caídas y esparciendo olor a fruta abierta y pan dulce. Me mantengo atenta hacia la chica por si pierde equilibrio otra vez. RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Miyori Hoshino - 20-02-2026 Realmente no sabía qué fue lo que había pasado. Sí, resbalé, ¿Pero como no fui capaz de ver el camino por donde iba?, supongo que estaba demasiado inmersa en lo que se refiere a mi merienda. Decidí quedarme ahí unos minutos, no por el hecho de confusión, si no, que ante una caída así se debe tomar tiempo para ponerse en pie, dando lugar a sentir el dolor si es que pasó algo grave. Hasta el momento solo me dolía la parte de la espalda. Escuché unos pasos acercarse a mí, y a la vez, una voz femenina hablando desde las alturas. Y vaya alturas. Una mujer demasiado hermosa a mi percepción, piel morena perfecta, textura de porcelana, su pelo níveo y puro, y sus ojos…eran joyas. Pero también, me di cuenta que poseía alas azabaches imponentes pero que no restaban a su belleza innata, no, de hecho realzaba más su figura la cuál era asombrosa. — S-si… — Respondí con timidez, pues ahora si me ganaba la vergüenza de que me hayan visto tropezar. Lentamente decidí tomar asiento entre el desastre a mi alrededor, e inspeccioné rápido que mi instrumento estuviera bien. Gracias a Dios no sufrió daño alguno. Algunas frutas deciden fugarse de la escena pero la doncella decide ser la heroína y luego soltó un comentario muy ingenioso, tanto que logró sacarme una risita no estruendosa. ¿Por qué?, porque sí me imaginé la escena del señor tomate organizando tal crimen. — Tendremos que entregarlo a la autoridades entonces. — Respondí a su broma, ya más relajada que antes. Tomé su mano con gran cariño y agradecimiento. Sacudí el polvo y la nieve de mi abrigo, y tratando de quitar las manchas de más de alguna fruta machacada por mi caída. Luego le escuché explicar lo que había sucedido, digamos que fue un efecto dominó. Donde hay causas y consecuencias pero se van desarrollando de manera muy curiosa. — No debes preocuparte por el pan, se puede comprar más. —- Dije para que no tuviera preocupaciones por eso, no era su culpa, simplemente las cosas no salieron como debían ser. — Jajajaja, lo cierto es que sí soy muy torpe, pero creo que hoy más. — Compartí con ella una sonrisa de complicidad, al momento que me encogí de hombro aceptando la realidad de mi persona. —-- Mucho gusto, mi nombre es Miyori Hoshino. —- ¿Puedo invitarle un café para agradecer su ayuda?, vamos, que fue la única en venir a ver si estaba bien, jejejeje. RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Asherah Bel-Nadin - 25-02-2026 La observo mientras recupera el eje. No tarda en hacerlo. Eso me tranquiliza más de lo que dejo ver. Cuando menciona lo de entregar al tomate a las autoridades, una esquina de mi boca se eleva sin permiso. Bien. Tiene sentido del humor incluso sentada en medio del desastre. Eso ya es mérito. Su mano es pequeña dentro de la mía, pero firme. La ayudo a incorporarse cuidando no impulsarla de más; ajusto el movimiento para que sea ella quien marque el ritmo. Cuando queda en pie, la diferencia entre nuestras alturas vuelve a imponerse, y por un segundo temo proyectar una sombra innecesaria. Suelto despacio. Escucho su nombre. Miyori Hoshino. Asiento con una leve inclinación de cabeza, gesto aprendido en salones donde la cortesía pesaba tanto como las coronas. — Asherah — digo simplemente. Nada más. El apellido se queda donde siempre lo dejo: detrás de los dientes. No lo necesito aquí. No en medio de fruta aplastada y pan herido. Cuando ofrece el café, la propuesta cae tibia en contraste con el aire frío. No respondo de inmediato. Mi mente hace inventario. Había venido al mercado por algo puntual. Un encargo leve, casi ridículo frente al desastre reciente: conseguir cera para plumas. La que uso se terminó esta mañana, y el invierno vuelve el plumaje más rígido si no lo trato con disciplina. También necesitaba hilo resistente para reforzar una costura interior del abrigo. Nada urgente. Nada que no pueda esperar unas horas sin que el mundo vuelva a colapsar. Miro alrededor. El puesto empieza a recomponerse. El vendedor junta tomates sobrevivientes con resignación profesional. El mercado ya recuperó el pulso. Nadie parece herido. La catástrofe pasó de épica a anécdota en menos de un minuto. Podría seguir mi camino. Podría fingir que mi participación terminó con el grito. Pero ella está ahí, sacudiendo su abrigo verde, con frambuesa en la bufanda y una sonrisa que no guarda rencor. El invierno es pesado. El café, no. — Aceptarlo sería estratégicamente inteligente — respondo, con una seriedad que tarda medio segundo en revelar la broma — Así puedo asegurarme de que ningún otro vegetal atente contra tu integridad en el trayecto. Es todo un tema. Tomo una de las bolsas sobrevivientes, reviso su contenido y la acomodo antes de ofrecérsela, esta vez sin dramatismo. — Además… — añado, dejando que la mirada descienda apenas hacia las manchas rojizas en su abrigo y regrese a sus ojos — creo que el invierno ya hizo suficiente espectáculo por hoy. El viento vuelve a empujar, pero esta vez no desarma nada. Inclino apenas un ala para amortiguar la ráfaga más directa que cruza el pasillo. — Guía el camino, Miyori — digo, apartándome lo justo para no invadir su espacio — Pero con una condición. Una media sonrisa asoma, menos contenida que antes. — Que esta vez miremos el suelo antes de avanzar. No estoy segura de que el mercado soporte una segunda coreografía. Y, por primera vez desde que entré al mercado, mi tamaño no se siente como un problema. Sino como algo que puede acompañar. RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Miyori Hoshino - 27-02-2026 Me hizo feliz que la doncella aceptara la invitación a disfrutar de un delicioso café. Y no pude evitar reír un poco cuando hizo mención de posibles vegetales atentando contra mi integridad social. —- Me sentiré segura de tenerla cerca entonces, Ashe — Expresé jovial, mientras extendía mi mano para recibir nuevamente una de las bolsas, por fortuna, algunos panes habían sobrevivido a la caída y sería el acompañamiento perfecto para el café. El viento comenzó a hacerse notar otra vez, con ráfagas provenientes del sentido contrario, obligándome a cerrar los ojos por un par de segundos. Noté cómo Ashe movía ligeramente sus alas para contener el violento empuje de aquella brisa traviesa. Sus alas azabache eran tan preciosas como su apariencia divina. — Sin embargo, me parece que es un hermoso día… Algo gris, sí, pero oportuno para conocer nuevas personas. Entonces el sendero quedó libre y el mapa a seguir existía únicamente en mi cabeza, yo sería la guía, y Ashe, mi acompañante. ¿No me convertí en Cill?, La idea cruzó fugaz por mi mente. Pero ahora la Lunarian impuso una condición, y mis ojos azulinos se alzaron hacia los suyos con suprema curiosidad. La sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios ya anunciaba alguna referencia cómica, y Ashe no me decepcionó. Reí en absoluta complicidad cuando mencionó que el mercado difícilmente soportaría una segunda coreografía mía. Claro… seguramente, desde la perspectiva de los demás, mí caída había sido todo un espectáculo inolvidable. Aún así, lejos de avergonzarme, aquella torpeza compartida parecía haber aligerado el aire entre las dos, como si el tropiezo hubiese sido la contraseña secreta para una amistad icónica. Que dichosa soy. — Le prometo que tendré sumo cuidado —- No pude evitar reírme ante sus palabras. Es curioso, ahora pensaba en la infinidad de formas en que las personas llegan a tu vida, siempre de la manera que uno nunca espera. Sin duda, recordaría siempre aquel “campo de batalla” de tomates como un recuerdo grato de remontar en mi memoria, y quizás, en recordar con cariño a una nueva amiga. Comencé a caminar junto a la albina de piel morena, disfrutando el placer de su compañía. Por supuesto, avanzaba con cuidado, evitando resbalar o dejarme llevar por las traviesas ráfagas de viento. — ¿Es de aquí, de Samba? — Pregunté sin apartar la vista del sendero, mientras nos adentrábamos entre los puestos mercantiles y los edificios repletos de souvenirs. —- No suelo ver muchas personas con alas así de bellas por aquí — Me expliqué, observando a Ashe apenas unos segundos antes de volver a fijar la vista en el camino —- Bueno, aunque yo soy extranjera por aquí. Unos minutos más tarde llegamos a zuna más central de la calle mercantil, donde los puestos se mezclaban con despachos de establecimientos de comida y restaurantes, dejando atrás la calle de puestos más ambulantes. Era una zona más colorida y daba vida a aquel bullicioso lugar. Estábamos en busca de un local rústico, con cimientos de piedra y un estilo coloquial en tonos cobres. Los ventanales lucían un hermoso color verde jade que contrastaba con la calidez de la fachada. Afuera, sillas redondas permanecían dispuestas a dar un buen lugar a sentarse a conversaciones cordiales. Decoradas todas con sombrillas cerradas a causa del fuerte viento que azotaba en Samba. Aun así, tanto las sillas como las mesas eran tan atráctivas como el propio edificio. Todas de mandera de caoba con detalles verdes a juego con los ventanales. En el escaparate, un letrero elegante que anunciaba “El Trébol Dorado”. Al divisarlo desde la distancia, noté que el lugar estaba algo concurrido, pero eso no le restaba encanto, parecía un sitio acogedor donde valdría la pena detenerse a comprar. —- ¿Te parece bien comprar para llevar?. RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Asherah Bel-Nadin - 02-03-2026 Camino a su lado, midiendo el paso para no imponer el ritmo. El mercado se abre ante nosotras como si nada hubiese ocurrido. Las tragedias pequeñas tienen esa virtud: se disuelven rápido y dejan solo el eco. — Ashe — repito en silencio, probando el apodo como quien prueba una fruta nueva. No me desagrada. — Entonces procuraré estar cerca — respondo con suavidad — No podemos permitir que el reino vegetal cobre confianza. El viento insiste, pero ya no es adversario; es ruido de fondo. Mantengo las alas recogidas, lo suficiente para no convertir el trayecto en un espectáculo adicional. Su comentario sobre el día me arranca una exhalación breve. — Los días grises suelen ser más honestos — menciono con tranquilidad — No prometen más de lo que pueden cumplir. Escucho su risa cuando menciona la coreografía. No hay rastro de vergüenza en ella. Eso me sorprende. La mayoría intenta reconstruir su dignidad después de una caída; Miyori la lleva puesta incluso manchada de tomate. Avanzamos entre puestos y fachadas hasta que su pregunta se desliza entre el bullicio. ¿Es de aquí, de Samba? Observo las calles antes de responder. Las telas agitadas, los letreros vibrando, la gente negociando como si el mundo dependiera de cada moneda. — No — contesto finalmente, sin pretender ahondar más por el momento — Estoy de paso. Samba es… una escala algo indefinida en el tiempo. La miro apenas cuando menciona mis alas. No con orgullo. Tampoco con incomodidad. Solo con la aceptación de quien sabe que no pasa desapercibida. — No suelo ocultarlas — añado — Sería más problemático fingir que no existen. Es todo un tema. Su confesión de extranjería me arranca una media sonrisa. — Entonces somos dos forasteras intentando no tropezar. El “Trébol Dorado” aparece frente a nosotras como una promesa cálida en medio del viento. Piedra, cobre, verde jade. El lugar tiene algo deliberado, casi teatral. Me detengo un segundo para evaluar la concurrencia, el flujo de entrada y salida, la disposición de las mesas. Funcional. Resguardado. Suficiente para lo que aspiramos. Cuando pregunta si me parece bien comprar para llevar, observo las sombrillas cerradas y la danza constante de las ráfagas. — Me parece prudente — respondo luego de un breve suspiro desprendiendo vaho en el ambiente — Prefiero que el café llegue a destino sin convertirse en otra escena memorable. Hago una leve inclinación hacia la puerta. — Entremos. Esta vez vigilaré el suelo… y las bandejas. El aire cambia apenas cruzamos el umbral. Calidez. Aroma tostado. Un murmullo más bajo, más denso. La madera cruje con dignidad bajo cada paso y las lámparas, en tonos cobrizos, derraman una luz que no intenta impresionar: simplemente abraza. Me adelanto lo justo para abrir espacio entre las mesas y permitir que mis alas no rocen ninguna silla. No quiero inaugurar una nueva categoría de accidentes diplomáticos. Mientras avanzamos hacia el mostrador, reviso mis propias inclinaciones. Algo oscuro. Intenso. Sin azúcar. El tipo de café que no pide permiso para existir. Quizá con un dejo especiado, si el lugar se atreve. La miro de reojo. — Si no vamos a tomarlo aquí… — pregunto con calma y sinceridad — ¿dónde planeas llevarme? No es desconfianza. Es estrategia. Mis ojos recorren el interior una vez más, calculando distancias, puertas secundarias, corrientes de aire invisibles. Luego vuelven a ella. — Me gustaría saber el destino antes de comprometer el suministro. Y, aunque mi tono conserve la disciplina habitual, algo en mi voz admite lo evidente: No me molesta que el trayecto sea más largo. RE: Fruta Libre [pasado social | Miyo] - Miyori Hoshino - 09-03-2026 Asherah parecía coincidir conmigo en disfrutar de nuestros aperitivos en un lugar menos concurrido, y aquello me hacía sentir aliviada de cierta manera. Luego comentó que debíamos ser precavidas para no montar otra escena memorable donde el protagonista fuese una incidencia de cafeína — Esperemos que no sea el caso, jejeje. Caminamos hacia el local con cuidado de no llevarnos nada por delante ni tropezar con las mesas del exterior. Ashe fue la primera en ingresar al establecimiento, seguida por mí. Al cruzar el umbral, ambas percibimos aquella calidez capaz de disipar el frío en cuestión de segundos. Sin duda, era una sensación demasiado agradable. Era un aroma delicioso, capaz de abrir el apetito, un aroma tostado y fuerte. Mientras nos adentrábamos hacia el despacho del local, este me parecía cada vez más hermoso, con sus luces en tonos mandala ámbar que cumplían con su propósito de hacer la cafetería más hogareña. —- Y yo procuraré ver el camino, jejeje — respondí en complicidad a su comentario, no me gustaría volver a caer bajo ninguna circunstancia. Estando en el despacho pudimos apreciar las dos, las opciones de bebidas calientes reflejadas en un menú oscuro con enunciados dorados, y para la calidad de su producto, era algo accesible sin duda. Yo tomaría sin duda alguna un Latte mediano con esencia de vainilla y canela, en cambio Asherah tomó una opción más fuerte, café oscuro y sin nada de azúcar. —- ¿Le gusta mucho el café fuerte, Ashe?, una vez intenté tomarlo así y al segundo estaba suplicando por un turrón de azúcar, jejeje. La miré investigando el local, quizás en busca de un espacio libre a lo que yo también me dispuse a inspeccionar si había algo a nuestra oportunidad de conseguir. Pero el plan fue fallido. —- Pues… —- Murmuré algo pensativa, realmente no lo había planeado del todo. — ¿Qué le parece en las bancas del parque cerca de la plaza?, podríamos sentarnos y disfrutar de las bebidas. En lo que la hermosa Lunarian me respondía nuestro pedido no se hizo esperar, solo fue cuestión de unos minutos, siendo la tardanza de los minutos la preparación de mi bebida. Tomé el vaso de cartón entre mis manos y esperé a que Ashe tomará el suyo para sentirnos listas a caminar por el establecimiento. —- ¿Qué tal ha sido su estadía en Samba?, ¿Experiencias emocionantes? |