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Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Versión para impresión

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Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Hyákinthos - 13-02-2026

Día 34 de invierno, año 16
9:30 p.m.

El aire frío del mar se mezcló con la temperatura alta de la costa de Little Garden y, con ello, el viento arrastró una humedad que trajo consigo una sensación pegajosa en la piel y, de paso, a varios insectos enormes que se peleaban por darse un festín con su sangre.

Esa mezcla de sensaciones incómodas hicieron que el médico chasqueara la lengua mientras peleaba para hacer funcionar un encendedor que no quería cooperar con él, todo con el fin de encender una pila de cáscaras de limones y naranjas, que estaban sobre un cuenco de madera cerca de la ventana de la cocina del Royal Flush, para que estas sirvieran como un “repelente” natural contra los bichos que se empeñaban en molestarlos desde que llegaron a la isla.

—Lo siento, por esto insistí en hablar aquí adentro. Afuera es un infierno de bichos, debo encontrar una forma de mantenerlos alejados si es que quiero dormir en paz —. La voz del médico salió cansada, más aburrida y grave de lo normal y no era para menos, después del largo viaje en alta mar desde Whisky Peak hasta Little Garden, merecía una buena noche de descanso.

—Y también quiero disculparme contigo por no reconocerte cuando llegaste —. Alzó su mirada, distrayéndose por un momento del encendedor y de las cáscaras de cítricos para prestar atención al otro hombre que estaba en la cocina con él. —Aunque, agradezco que no te hayas ofendido, cocinero, supongo que, si es como dices y viajamos juntos por un tiempo, a estas alturas estarás acostumbrado a mi poca memoria…No es algo de lo que me sienta orgulloso de todos modos. Como sea, ¿Podrías repetirme tu nombre una vez más? —Preguntó mientras su vista volvía a bajar a su intento de crear fuego.

—Supongo que creerás que soy un grosero, trajiste en tu barco a la Cocinera Bonita y al Hombre de Traje y aún así no soy capaz de recordar tu nombre ni tu rostro —. Dejó entrever una sonrisa amarga que, de un momento a otro, se transformó en una de satisfacción al ver que el encendedor se había decidido a cooperar con el poco combustible que le quedaba y las chispas de fuego salieron a la vista, las suficientes para que las cáscaras de limones y naranjas empezaran a quemarse y a dejar escapar el humor que, por fin, ahuyentaría a los molestos mosquitos.

—¡Ja! ¡Era hora! —Sacudió su cabeza y dejó a un lado el encendedor, ahora sí volteándose para dar toda su atención al del mechón blanco. —Perdón, perdón, si no lograba encender la “fogata” iba a enloquecer, pero… ¿En qué estábamos? Ah sí…el barco, los tripulantes —. Suspiró antes de moverse hacia la nevera y abrirla. Hablar le había abierto el apetito. —Gracias por traerlos hasta aquí, espero que no hayan causado muchos problemas…La Cocinera Bonita ya está en su habitación y el Hombre del Traje…bueno, no he sabido más de él desde que llamó en la tarde diciendo que algo ocurría —. Terminó de decir mientras sacaba un tazón de vidrio de la refrigeradora antes de cerrarla de nuevo y girarse para mirar con seriedad al otro pirata.

—Cocinero, te ves cansado, incluso diría que algo pálido…Espero que no hayas contraído escorbuto o algo parecido, aunque lo dudo mucho, siendo chef, deberías saber lo que causa esa enfermedad —. De todos modos, el médico sabía que el “cocinero” no tenía esa palidez ceniza típica de esa enfermedad, si no una de agotamiento o de haber tenido un mal día y, tal vez, por las palabras que escuchó del hombre de traje (Jin) al haberlo llamado en la tarde, eso explicaría el estado de ánimo del otro muchacho. —Jmmm…Comerás algo, puede que no sea tan exquisito como lo que seguro preparas, pero es mejor que nada ¿No lo crees?

El pelirrosa volvió a girarse sobre sus talones mientras sacaba un par de platos de la alacena en los que sirvió una buena porción de ensalada en cada uno, solo eso, sin nada de carne.

—Bueno, espero que no le hagas asco a comer solo hojas, lo preparó Merlot, es una ensalada griega —al decir esa palabra inclinó su cabeza hacia un lado. —¿No te parece curiosa esa palabra? “Griega” ¿De dónde crees que vendrá? —. Se encogió de hombros y le pasó al cocinero el plato en que había servido su porción de comida, eso junto a un tenedor. —Como sea…ella no le agregó nada que se derivara de ningún animal, pero yo me encargué de agregarle queso feta, solo a la porción que comería yo y bueno, ahora tu…Tuve que hacerlo, no podía comer solo vegetales y ya está, aunque un pedazo de pollo, carne o algún tipo de marisco también habría venido bien. Lástima que sea tarde para cocinar algo así.

Dejó su propio plato a un lado antes de recordar que no había sacado nada para beber. Volvió a rebuscar en la nevera y encontró un jugo frío que ya estaba abierto, al menos no tenía alcohol…aunque, dependiendo del giro que tomara la conversación, se pensaría si buscar una botella después.

—¿Jugo? —Acercó la botella al otro hombre, colocándola sobre el mueble de la cocina y haciendo que se deslizara hasta donde estaba el cocinero. —Está preparado con bayas rojas que compramos en Whisky Peak…nada del otro mundo, pero es mejor que tragarse la comida solo con saliva —. Se encogió de hombros antes de volver a su plato para meter una cucharada de ensalada a su boca y, por fin, decidirse a empezar esa conversación que temía llevar a cabo.

—Oye, cocinero, soy distraído y olvidadizo, pero creo que estoy acostumbrado a lidiar con las emociones de las personas. En las consultas siempre llegan pacientes intentando fingir que se sienten mejor de lo que en verdad están…a veces son más fáciles de descubrir de lo que creen —. Sus ojos dorados se fijaron con seriedad en Uker Rackham, una expresión peculiar para alguien que aparentaba siempre estar en las nubes. —Sé por la llamada del Hombre de Traje que algo pasó y no creo que tu estes aquí solo por ser el caballero que ha acompañado a la Cocinera Bonita —Odeth —de regreso a su barco...así que no tienes que contenerte si tienes algo que decir.

Algo le decía que lo que escucharía no sería algo de su agrado, pero, aún así, debía saberlo, porque si algo malo estaba ocurriendo en esa isla, podía afectarlo también a él y no hay nada que le desagradara más que verse envuelto en algún tipo de problema que podría haber prevenido solo con tener un poco de información.

—¿Se puede saber que fue lo que sucedió, cocinero? Con lujo de detalles…destácate, tengo una libreta en donde anotar, así que me encargaré de conservar conmigo los detalles importantes de esta historia.

Vestimenta de Hyak



RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Rackham Uker - 17-02-2026

- Mi nombre es Uker, y ya te dije que no te disculpes por eso -. Comprendía al contrario, esa poca memoria, la incapacidad de recordar hasta los detalles más básicos. Pese al sentimiento que podrían describir sus palabras, su rostro era otro poema. Los ojos perdidos, observando con la cabeza gacha hacia el suelo de madera, mientras sus codos se apoyaban en sus rodillas para tener algo que no lo dejara caer hacia adelante y despegarse de la silla en la que estaba sentado. - No fue nada… -. Dijo ante el agradecimiento ajeno, con la voz más agotada que antes. No parecía existir enojo en sus vocablos, pero sus manos se agarraban entre sí con la fuerza de quien sufre por algo y no lo deja salir.

Las palabras del médico lo hicieron elevar un poco la mirada, sin levantar la cabeza. Era evidente, para cualquiera, no era necesario tener el conocimiento que tenía Hyákinthos para deducir que algo lo aquejaba. - Claro… -. Aceptó la comida, así como la bebida en cuanto le llegó. Pasó por alto el comentario sobre el nombre de la ensalada por parte del pelirrosa, más por estar pensando otra cosa que por no querer escucharlo. El tono rojizo de la bebida le trajo recuerdos, la arena siendo manchada con ese líquido rojo, el odio que sentía en ese momento, la despedida de Owen, Maki no siguiendo sus órdenes. Podría apretar los puños y presionar sus dientes entre sí, pero no era su estilo, su rabia era más callada, solitaria, evidente al mismo tiempo que escondida. - Lo que pasó.. -.

¿Cómo explicarlo? Hasta a él le era difícil de creer lo que vio, tanto que casi podría pensar que ese enojo que sentía no era más que una creación de su mente. - Cuando llegamos, dos marines estaban esperándonos -. El médico pidió que lo contara todo, así que mejor empezar por el inicio. - Un rubio, parecía tener un cargo importante, tal vez capitán de su propia tripulación, y el otro era un mink, un leopardo -. Sería bueno aclararle con quien no debía meterse. - Estaban esperando para capturarnos. Maki se había drogado para no tener que aguantar a Jin, Odeth entró en pánico, Jin solo pensó en intentar escapar. Pensaba comprarles algo de tiempo para que huyeran, pero… -.

El cubierto sintió la fuerza de su agarre de repente, una acción potenciada por esa rabia que aún sentía. - Alguien más apareció, Sohem Burnhead, uno de los individuos más poderosos y famosos del mundo, el dueño del banco Goldreich -. Incluso decirlo ahora sonaba demasiado loco para ser real, pero tal vez el doctor no sabía a quién se estaba refiriendo. - Lo acompañaban Owen y Gwen, supuse que habían capturado a Owen y salté del barco para enfrentarlos, pero ese tipo no estaba ahí para ayudar a nadie. Dos marines y un cazador salieron de sus escondites, el cazador fue estúpido e intentó convencer a Sohem de capturarnos, por lo que él lo mató, así como a su compañero. Los marines decidieron retirarse, Owen y Gwen tuvieron que volver con Sohem y nosotros simplemente quedamos en el mismo punto desde donde empezamos -.

Una explicación extensa, tal vez demasiado, pero fue el propio Hyak quien había pedido que sea con lujo de detalles. - Deben andar con cuidado, hay marines en esta isla, tal vez incluso estaban con nosotros en los Cabos Gemelos. No es completamente seguro andar por ahí, así que mantengan la guardia alta -. Esa información era la más importante, y por lo tanto se aseguró de que el contrario la anotara para después compartirla con la otra tripulación. - Solo vine a decir eso -.

Pero, tanto por la forma de contar lo sucedido como por su expresión, era claro que algo más lo aquejaba.


RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Hyákinthos - 19-02-2026

El primer recuerdo sobre su vida, que tiene el médico, es en un barco pirata.

Su vida, durante siete años, giró en torno a la piratería. Sí, se alejó un tiempo, pero ahora, volvía a ser lo mismo.

Podía decirse que tiene “experiencia”, es la razón por la que prefiere ser precavido y, sobre todo, informarse sobre posibles peligros con los contactos a su alrededor.

Claro, debía estar listo para cualquier cosa. Eso se decía cada día, porque conocía bien el funcionamiento del mundo en que decidieron vivir.

Por eso, cuando el hombre del mechón blanco pronunció las primeras palabras para explicar lo que les había pasado, no se sorprendió de ninguna manera.

Marines.

¿Debía sorprenderlo?

No, estaban por todos lados, en todos los mares. Es verdad que no podía decir con exactitud por qué o a quién servían, pero, en su mente, indicaban una enorme bandera roja. Un grupo al que debía evitar, bueno, al menos a aquellos con los que no se podía negociar.

Su expresión; sin embargo, no se mantuvo impávida ni desinteresada, pues sus ojos dorados mostraban un brillo de interés similar al de un niño que escucha un buen cuento antes de ir a dormir, incluso, al escuchar a Uker —nombre que debía aprender aún —, metió a su boca una cucharada de ensalada que se tomó su tiempo para masticar antes de dejar su plato sobre el desayunador y moverse hacia un lado para tomar entre sus manos una libreta de cubierta negra.

—¿Un leopardo? ¿Tienen minks en la marina? —Eso era nuevo para él y, de hecho, lo que más le llamó la atención, aunque, de todos modos, luego de haber escrito la fecha y hora en la parte de arriba de la libreta, anotó en esta la descripción que el cocinero le dio del “capitán” marine, el rubio y del leopardo, solo para estar seguro. —¿Cómo es que los marines supieron en qué playa y a qué hora iban ustedes a desembarcar? No tiene sentido ¿Los vigilaban desde la isla anterior? Aunque…bueno, eso no me sorprendería —. Terminó de escribir mientras seguía escuchando la historia, una llena de nombres a los que no lograba ponerles una cara.

¿Quién era esa Maki que se drogaría para no aguantar a este tal Jin?, ¿tan terrible era ese Jin? ¿Y quién era Odeth? Bueno, lo cierto es que no podía culparla por entrar en pánico, seguro él habría actuado igual ¿o no? Bien…quizá no, pero no podía culpar a la chica que no “conocía”.

—¿Por qué los querrían capturar?, ¿Acaso tiene carteles de “se busca”? No recuerdo que hayas cometido algún crimen para ganarte uno, bueno, además de andar por ahí con una bandera pirata, pero…muchos lo hacen y no por eso tienen una foto suya en el periódico con una recompensa debajo —. Aún así, si todos los mencionados tenían un cartel, no podría ignorarlo, de ahora en adelante tendría que ser más precavido, cuidarse de que no los vieran juntos…claro, se le olvidaba que, ahora, él mismo tiene una recompensa; sin embargo, parecía que eso no era lo más importante de esa historia.

El bolígrafo se levantó del papel al mismo tiempo que sus ojos dejaron de mirar la página rayada con datos y, en cambio, se centró en el rostro apagado del cocinero cuando habló de ese hombre… ¿Quién era? Alzó una ceja, algo le decía que Uker había estado frente a alguien más grandioso de lo que describía y, por algún motivo, nada de lo que escuchaba le daba una pista sobre aquel nombre. Sin querer mordió su propio labio, con fuerza suficiente para magullar la carne, aunque solo era un gesto que usaba para concentrarse, para procesar la información.

Dejó que el otro hombre hablara, también anotó que había dos marines más en la isla y, por supuesto, el nombre del dueño de ese banco que mencionó, además de que se había llevado a un tal Owen y a una tal Gwen, no tenía la más mínima idea de quienes eran, pero no estaba de más tener su historia registrada en su libreta.

Al final de toda la explicación, el médico dejó escapar un suspiro y golpeteó la página de la libreta con el bolígrafo que aún tenía en sus manos… ¿Por dónde podía empezar para analizar todo?, ¿Qué debía decir para consolar al otro hombre?

—¿Y? ¿Cómo se ven esos otros dos marines que aparecieron? Y ese tal Deadburn… ¿Cómo luce? Debo anotar de que tipo de sujetos debo cuidarme —. Sí, eso no sonó para nada como un consuelo, pero es lo primero que se le vino a la mente. —Jmmm…dijiste que Deadburn no había ido a ayudar, pero parece que su presencia ayudó a que los marines se retiraran y los libró de dos cazadores que seguro querrían sus cabezas en una estaca… ¿También debo cuidarme de él?

Aprovechando toda su ronda de preguntas, se acercó de nuevo a su plato de ensalada y comió un poco más antes de darse cuenta de que aquella mirada decaída aún seguía en el rostro del cocinero. El médico volvió a suspirar y dejó, nuevamente, su plato a un lado, para acercarse al otro hombre y darle un par de palmaditas en el hombro.

—Lo siento —. Dio una palmadita más antes de alejarse solo un paso. —Sé que estar frente a un grupo grande de marines suele ser problemático. Termina, generalmente, en muertes de ambos bandos…Nada agradable, no es más que un reguero de sangre —. Rodó los ojos y pensó en aquellas veces en la que su antigua banda estuvo en problemas similares, nada en lo que quisiera pensar mucho.

—¿Sabes? Creo que no te lo he dicho, pero he estado antes en estos mares —. Alzó su mirada mientras se cruzaba de brazos y su expresión se ensombrecía ligeramente. —El Grand Line es peligroso. No es un juego. Las mareas son tan cambiantes como el clima y, los que habitan estos mares, son monstruos. Supongo que hay que acostumbrarse a estas cosas, pero…no es fácil —. Dejó escapar una risa que se escuchó más como un bufido.

—Dices que solo viniste a decir eso, pero…algo más te ocurre, es demasiado notorio…así que… ¿Quieres tomar algo? Algo que no sea jugo. Hay licor en la alacena, puedes tomar la botella que desees —. Señaló a su espalda, a los cajones que reposaban en lo alto de la cocina. —Las penas pasan mejor con alcohol ¿No lo crees? Además, no quiero que te vayas aún…me dijiste que debo cuidarme, pero ¿De qué debo cuidarme exactamente? Dime… ¿Hay algo en específico que deba preocuparme de esas personas que mencionaste? —Sonrío, con la tranquilidad de alguien que parece acostumbrado a historias similares. Con suerte, tal vez eso aligeraría un poco el ambiente o, quizá, lo empeoraría.



RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Rackham Uker - 02-03-2026

No, él tampoco le encontraba explicación a porqué fueron justamente ellos los que sufrieron ese ataque. En cuanto todo terminó y pudo procesar la información, asumió que habían sido los primeros en caer en ese lugar, pero si Owen se encontraba ahí debería haber salido de algún lado, de la misma isla que ellos. Tenía entendido que Sohem provenía del nuevo mundo, Gwen también estaba con ellos, por lo que… Owen debía haber estado junto a los Cabaret, por lo que se volvía aún más extraño que los buscaran justamente a ellos.

Ninguno esperaba ver a Sohem ahí tampoco, al menos eso parecía, por lo que tampoco se habían captado de su presencia. ¿Los habrán atacado por mera mala suerte de ser los primeros en llegar después de ellos? Incluso estaban colocados de forma estratégica, como si tuvieran dominada esa zona desde antes.

Todo era demasiado extraño, la cabeza le dolía y su enojo se acumulaba. Si continua pensandolo solo va a ser peor, mejor dejar eso para cuando pueda estar completamente solo.

- Sohem, lleva una máscara blanca con agujeros tapando todo su rostro. Lleva un brazo completamente mecanico de color negro y un arma extraña con picos -. ¿Cómo más podrías describir a alguien a quien no se le ve la cara? - Su akuma, o lo que asumo que es una akuma, genera calor alrededor, suficiente para sofocar a cualquiera. En cuanto usó eso, todo el aire abandonó mi cuerpo y no pude hacer más que quedarme quieto y esperar que él desactive su habilidad -. Su cara enojada solo se volvió peor al escuchar eso, apretando aún más su puño de la rabia. - Sea lo que sea, no es algo que pueda combatir -.

Y eso era lo peor, que no pudiera hacer nada contra un posible peligro. Podría haber muerto en esa isla y ya no existiría nada de él, ni siquiera su sueño o su objetivo.

Así que el médico había estado ya por el Grand Line. Sorprendente, aún más tomando en cuenta el gran trabajo que requería subir, la dificultad aumentaba si se quería ir en reversa. Eso no era posible en el Grand Line, así que… ¿El Calm Belt? Esas aguas estaban repletas de peligros y reyes marinos, pero si alguien podía navegar por ahí…

Sohem, no había otra forma de que haya llegado a Little Garden, al menos no la veía. ¿Qué clase de persona era Hyak para poder hacer algo así? Debía haber otra solución, no era posible navegar por el Calm Belt.

¿Algo más le pasaba? Si, no era un secreto tampoco, pero no se trataba de algo que le gustase hablar. Su mirada bajó de nuevo, meditando si hablar de esto con el médico o mejor guardarselo para sí mismo. Rechazó el alcohol con un simple gesto de su mano, no quería emborracharse, necesitaba estar alerta, si esos tipos volvían a aparecer…

Se llevó una de sus manos al rostro, a sus ojos específicamente, usando dos de sus dedos para masajear sus párpados y quitarse el cansancio, o al menos intentarlo. ¿Cuánto tiempo llevaba despierto? ¿Hace cuanto que esa rabia y enojo poblaban su mente de nuevo? Había perdido la cuenta de cuántas horas llevaba sin un descanso apropiado.

- Esos tipos… si nos atrapaban, mi sueño se hubiera terminado -. No observó directamente al pelirosa al hablar, su cabeza vagó entre recuerdos difusos, dolorosos y un poco ambiguos. - Si me atrapan y descubren quien soy, mi pasado… -. Su mente se llenó de fuego, la visión de algo carbonizándose frente a él, bajo sus pies, muy diferente a cuando vio cómo las mismas llamas consumían a todo su pueblo desde la lejanía. - No van a simplemente meterme en una prisión, no voy a tener años arrebatados, simplemente me mataran… como lo hicieron con él -. No especificó a quién se refería, pero ponerle tanto énfasis a esa última palabra marcaba que se trató de algo o alguien importante para el cocinero. - Esos malditos asesinaron a todos en mi pueblo, a mi familia, me dejaron vagando solo en una isla que a los años se volvió un territorio de piratas sin compasión y me obligaron a huir. Huir de la muerte, de ellos, de un castigo solo por existir -. Sus manos se juntaron y apretaron entre sí, sus ojos se mantenían abiertos y afilados, casi manchados en sangre por el enojo que sentía.

- Necesito más poder, mucho más. Esos imbéciles no van a hacer conmigo lo mismo que hicieron con mi familia -. Para ambos hombre y cualquiera que se encontrara cerca, sería algo imperceptible, pero la verdad del mundo se hace visible ante quien tiene el poder para observarla. ¿Cuál era esa verdad? El aura roja que marcaba la existencia de Uker, imperceptible para aquellos sin conocimiento del haki, se alzó siguiendo sus palabras. En su pecho, ese brillo que lo rodeaba adquirió un tono gris, casi blanco.

Nunca había sufrido ninguna enfermedad, nunca en su vida, pero aquella cosa que provocó la matanza de su pueblo aún dormía en él. Era tan parte suya como cualquiera de sus sentimientos y emociones, pero aún faltaba un buen camino de esta historia para que el propio pirata pueda notar este hecho.


RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Hyákinthos - 05-03-2026

En el ambiente reinó un silencio que solo las olas chocando con la madera del barco, el viento pululando entre los mástiles y el sonido insistente de los insectos en el exterior, se atrevieron a romper.
 
El médico había supuesto que sus preguntas no tendrían una respuesta inmediata, a fin de cuentas, le bastó con analizar por unos segundos más, mientras comía un poco de su ensalada, el rostro del cocinero, para darse cuenta de que la amargura aún lo embargaba. Por supuesto, le quedaba más que claro que lo vivido no se iría después de un par de palabras de desahogo.
 
Suspiró antes de hacer un esfuerzo por meter un par de cucharadas más de ensalada a su boca. El tema, en cierto modo, había logrado disminuirle el apetito. Hizo el plato a un lado y, justo en ese momento, vio de reojo como el pelinegro abría de nuevo su boca, en una clara intención de seguir con la conversación.
 
En ese instante agradeció haber dejado a un lado el plato de ensalada, pues ahora tenía sus manos libres para tomar entre ellas la libreta y empezar a anotar aquellas palabras que salían de la boca de su acompañante.
 
—¿Sohem? ¿O sea…Deadburn? —Asumió que sí, que se refería a la misma persona y anotó el nombre al lado del apellido que él creía que el hombre portaba. —¿Tiene una prótesis robótica? ¡Wow! ¡Eso es genial! Creo que solo podría ser colocada por un excelente cirujano…me pregunto quien habrá hecho la operación, sería interesante conocerlo —. Sí, sentía lástima por lo que el cocinero le estaba contando, pero, como un niño, no podía evitar fascinarse ante algunos detalles, por eso subrayó lo del brazo mecánico doblemente, resaltándolo por sobre el detalle de la máscara, todo eso antes de volver a prestar la atención debida en lugar de divagar sobre como se vería aquella prótesis mecánica.
 
Pero claro, no todo podía ser color de rosa. Su ceño se frunció y sus dientes mordieron con fuerza su labio inferior, haciéndose sangrar casi de inmediato en cuanto escuchó la información sobre la fruta de diablo…No, no solo se castigó mordiéndose a si mismo, tensó sus músculos por inercia y afiló sus sentidos, como si estuviera en un peligro real, de hecho, apretó el bolígrafo con tanta fuerza que fue un crack proveniente de este lo que lo hizo volver a la realidad. No lo rompió, pero la herramienta se astilló por uno de sus lados.
 
—Tsk…Lo he dicho antes y lo vuelvo a decir. Los que viajan por este mar son monstruos. Hay que estar preparados para cualquier cosa —. Una línea recta dividió la página en donde anotó la descripción física del hombre, para ahora poder escribir los detalles de la akuma que el cocinero le mencionaba… ¿De qué le serviría? No tenía idea de como combatir algo así, lo más probable es que él se hubiera quedado quieto también, tal como contaba el cocinero. Ni siquiera sabía bien como poder combatir a alguien con una akuma, en general…los veía como seres excepcionales. Al menos en el South Blue no tenía que preocuparse demasiado por encontrar a monstruos así. —Lamento que tuvieras que descubrirlo tan pronto.
 
Y de nuevo, silencio, solo que ahora se les sumaban a las olas, al viento y a los insectos, el sonido insistente del bolígrafo cerrado chocando con el papel de la libreta del médico.
 
Dejaría que el otro se “tranquilizara”, mientras que él, aprovechando esa calma aparente que daba aquella peculiar noche en la cocina del barco, gastaba sus energías en pensar… ¿En qué? En las palabras del cocinero, en esa idea de no poder combatir a las frutas… ¿Y si la hubiera? No todas, claro, pero si conocía los efectos de algunas frutas seguro que podría crear un “antídoto” para mitigar los efectos que pudieran causar en el cuerpo. No sería una cura, no sería un enfrentamiento directo, si no un paliativo para evitar que las cosas pasen a mayores.
 
Volvió a morder con fuerza su labio, dándole igual el daño que pudiera provocarse y, por un momento, dejó a un lado la libreta y la pluma y metió su mano en su bolsillo para sacar de este un pequeño frasco que no dudó en abrir y llevar hacia su nariz, para aspirar el aroma a menta que tan atenuado sentía en sus fosas nasales pero que, en realidad, llenó la cocina de un penetrante y fresco olor a menta que, lo más probable, es que también se sintiera en el pasillo del barco.
 
Y, fue ahí, después de unos segundos de aspirar aquella esencia como si se le fuera la vida en ello, que tuvo una idea que, quizá, solo quizá, podría mitigar o, al menos, hacer más llevaderos los efectos de calor y… ¿Por qué no? También los del frío. Si hay algo que el médico detesta es el frío, así que, por lógica, pensó que si había una fruta que se encargaba de inducir calor, debe haber una que induzca frío y…creía tener una solución para ambas. Soluciones que tendría que probar en islas con climas de verano y de invierno, respectivamente.
 
—¡Oye, cocinero! Tengo una ide…
 
No pudo hablar más cuando el otro hombre se apoderó de la conversación. Notó entonces ese tono de voz que le pareció… ¿Triste? Sí, eso debía ser tristeza.
 
Tragó saliva y olisqueó de nuevo el frasco con menta, todo mientras escuchaba que el pelinegro le hablaba…pero… ¿Qué se supone que podía decirle en un caso así? Sabía que algo como: “déjalo pasar y sigue adelante” no era una frase muy agradable de escuchar en esos momentos, por más que fuera lo más realista, así que se limitó a guardar silencio, dejando que fuera este el que sirviera de consuelo al hombre…o, al menos, eso intentó hacer hasta que escuchó algo que le llamó la atención.
 
—¿A él? Dijiste que Sunset Deadburn solo mató a un par de cazadores… ¿O alguien más murió a manos de los marines? —Sus palabras salieron demasiado rápido, volvió a ponerse en alerta, aunque…pronto entendió que el cocinero no se estaba refiriendo a nadie que hubiera pisado esa isla…al menos no este día. —¿Jmmm? Con esos malditos te refieres al… ¿Gobierno?, ¿a la marina? —Luego pensó mejor en su pregunta, quizá estaba siendo muy metiche. —Olvídalo, no tienes que responderlo…No importa quien haya sido, son unos corruptos, siempre lo han sido. Al menos los piratas no nos disfrazamos tras un uniforme para cometer “atrocidades” —. Habló con quietud, casi relajado, pero cuando levantó su mirada para ver al otro hombre, vio aquellos ojos inyectados de sangre…rabia pura…y; sin embargo, lejos de sentir miedo, sintió lástima. Parecía que de repente se activó en el pelirrosa un instinto de hermano mayor que no sabía que tenía.
 
—Existir no debería ser un crimen —. Susurró mientras se cruzaba de brazos y dejaba escapar un suspiro. Era un hipócrita por intentar consolar al pelinegro con esas palabras. —Aunque tal vez no sea el más indicado para decirlo.
 
No quiso dejar que de nuevo se instalara un silencio incómodo entre ambos, así que no tardó en seguir la conversación, dejando escapar, premeditadamente, un pequeño dato sobre un pasado que sí podía recordar.
 
—No tiene que hacer contigo lo mismo que hicieron con tu familia. Hay maneras con las que podrías protegerte, camuflarte, disfrazar tu identidad sin necesidad de esconderte en las alcantarillas como una rata —. Se encogió de hombros, ni siquiera tenía que aclarar a quienes se refería, supuso que el cocinero lo entendería. —Además, seguro que, si te vuelves alguien importante o que sabe cosas importantes, te querrán más vivo que muerto. Los marines no siempre matan, a veces capturan…Eso hicieron con mi antigua tripulación, los capturaron —. No diría que fue porque él los vendió, eso era otra historia.
 
—Y sí, necesitas más poder para lograr todo eso, pero no lo conseguirás desvelándote toda la noche. Escucha tengo una idea…bueno, dos…Primero, dices que es imposible vencer a alguien con akuma o eso entendí que dijiste...si sigues con ese pensamiento no te harás más fuerte...pero, no soy quien para decírtelo, aunque si te puedo decir que puede haber maneras de enfrentarlos —. Hizo una pausa, como si meditara sus palabras —. Antes dijiste que hay una fruta que genera calor, así que pensaba que quizá podría crear alguna droga que actúe como un aislante térmico interno o un estabilizador de proteínas…eso ayudaría a que el cuerpo afectado por calor extremo no colapse de inmediato y…eso me hizo pensar que si hay una fruta que provoca calor, debe haber una que provoque frío, así que…
 
Se dio cuenta de que estaba hablando demasiado, así que no tardó en avergonzarse y morder sus labios de nuevo, recurriendo a esa mala maña que era imposible que se le quitara.
 
—Lo siento, lo siento, debo estar confundiéndote. Lo diré más lento. Para el calor, una sustancia que lo aplaque y para el frío, una droga que genere calor metabólico masivo. Dos caras de una misma moneda —. Esta vez si hizo una pausa antes de emocionarse más. —Puedo inducir esos estados de manera artificial en sujetos de pruebas y experimentar con ellos cuando logre crear lo que tengo en mente. Será mucho de ensayo y error.
 
No tardó en tomar de nuevo su libreta para anotar sus ideas…Era increíble que el cocinero llegara para darle tan buenas ideas para investigaciones.
 
—Perdona, es que me emociona saber que podré mantenerme ocupado mientras esté en esta isla —. Sonrió y luego su expresión cambió a una de más comprensión, una comprensión que llegó acompañada del suspiro de alguien que no sabía bien que hacía.
 
—Bueno, mi segunda idea es menos enredada…Ve a descansar. Cuidaré tu barco esta noche, solo prométeme que mañana me prepararás un buen desayuno y, además, si quieres puedo decirle a Thrym que te ayude a mover el barco de lugar, a un sitio donde los marines no puedan encontrarte —. Su idea no parecía mala en su mente, pero consideró que, quizá, el otro hombre no quería ayuda, así que decidió adelantarse a cualquier negación. —Y antes de que digas que no, sería peor si por falta de sueño llegan a atraparte y ponen fin a cualquier anhelo que puedas tener…así que…hazle caso a tus mayores. Guíame a tu barco, lo cuidaré por hoy.



RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Rackham Uker - 14-03-2026

El comentario sobre los marines y los piratas del médico no trajo paz a la mente de Uker, todo lo contrario. ¿Qué importaba si lo ocultabas o no? No dejabas de ser actor de crímenes horribles. Que sean marines no es más que un añadido, pero la gente capaz de hacer eso debería ser juzgada y…

No, no podía mentir de esa manera, no a sí mismo.

Poco le importaba el crimen, o si cometieron alguno o no, la verdad era que su odio hacia quienes portaban ese uniforme iba mucho más al fondo. Sean honestos o mentirosos, asesinos o defensores, simples soldados rasos o almirantes, todos eran igual de culpables. Todos habían visto lo que ocurrió en Flevance, todos habían portado ese uniforme con orgullo mientras oían los gritos de dolor y pedidos de auxilio de las personas que Uker conocía, nadie levantó un dedo, nadie se puso en contra, simplemente accionaron y buscaron eliminar todas las pruebas. Aquellos más jóvenes incluso deben conocer todo lo que el gobierno hace, lo que la marina provoca bajo la excusa de ser “héroes”, y aún así los siguen y anhelan ser como ellos.

Ya no se trataba de si estuvieron en su pueblo esa noche o no, pues incluso quienes los defienden y admiran tienen la misma culpa que aquel que incendió el hospital donde vio a sus padres por última vez.

Pero el otro hombre lo despertó, hablando sobre esconderse, ocultar su identidad y nombre. - No pienso esconderme -. Pese a no sonar agresivo al hablar, la idea de seguir ese consejo le asqueaba tanto que podría simplemente levantarse e irse del lugar sin decir ni una palabra. - De igual manera tengo que llegar a la inmortalidad y forjar mi nombre en la historia para conseguir mi objetivo, así que ocultarme al completo no ayudaría en eso -.

No era idiota, sabía que lo mejor era ocultarse en las situaciones donde su reputación no hiciera más que traerle problemas, y era seguro que en cuanto llegue a una ciudad o isla con bastantes habitantes buscaría ocultar su rostro. Aún así, también entendía que su meta era algo imposible, y conseguirla no le iba a ser posible si no era más que un cocinero don nadie.

Y así el tema pasó al ámbito científico.

La posibilidad de apalear los efectos generados por las frutas usando otros métodos era algo que se había propuesto, incluso los marines tenían esas esposas y cadenas de material marino. Era posible, las akumas no cambiaban las reglas básicas del mundo, al menos no las que había visto, por lo que sus efectos podían combatirse con diversos sistemas. Solo había un fallo en esa ecuación.

- Si quisieras crear algo así… -. Comenzó a hablar, levantando su dedo índice para indicarle que había una variable importante. - La reacción que contrarreste el efecto debería ser de igual, similar o mayor potencia -. Tal vez su punto no se entendiera, y lo más probable es que Hyak no pudiera visualizarlo al no haber estado frente a algo así, por lo que procedió a explicarse. - Cuando cocinas, buscas equilibrar los ingredientes y que la receta siga en lo posible unos pasos específicos. Si fuera a agregar más sal, quedaría muy salado, pero si no pongo la suficiente la comida solo será sosa y sin sabor suficiente -. Lo llevó a un terreno que dominaba, para darle a entender que entendía de lo que hablaba.

- Lo que Sohem hizo no fue solo el calor que sientes un día de verano en mediodía, diría que ni siquiera era comparable al calor que se puede sentir en el desierto bajo los rayos del sol -. Sus manos se unieron, entrelazando sus dedos y presionando entre sí, para luego para formar lo más parecido a una esfera que podía. - En menos de un segundo, en un gran área alrededor de él, extinguió el oxígeno y dejó a todos sin respirar. Ni siquiera un fogón preparado para un gigante sería capaz de algo así, pero el calor era tanto que estoy seguro de que estuvo a solo una decena de grados de poder cocinarnos ahí mismo -. Sacó su mirada de sus manos y sus ojos ahora se enfocaron en los del pelirosa. - Sabiendo eso, dime… -.

- ¿Cómo negarías eso sin congelar el cuerpo de la persona en el camino? -

A su ver, era imposible crear algo tan específico y potente como para contrarrestar semejante cosa. Podían haber medicinas, suplementos, incluso había oído de comidas para combatir el calor o el frío, pero las akumas le permitían a su usuario llevar esas capacidades naturales a otros niveles.

La oferta de ayuda del médico fue agradecida por Rackham, pero lastimosamente tuvo que rechazarla. - Gracias por eso, pero seguiré despierto -. Levantó su mano para indicarle que rechazaba la ayuda. - Si intento dormir ahora no tendré más que pesadillas de nuevo. Además, quiero que Maki despierte y deje de estar drogada, si fueran a atacarnos estando yo dormido y ella en ese estado… -. Mucho peor que esa misma mañana seguro. - Estaremos bien, si sucede algo mandaré a Maki aquí en sigilo -. No, probablemente tampoco haría caso a esa orden, pero algo debía decir.

- No creo que debas ser tú quien me ofrezca eso de igual manera -. Dicho así, parecía una reprimenda al mismo doctor, por lo que rápidamente mencionó al objetivo de su enojo. - ¿Dónde está Ashveil? No lo vi desde que llegué. ¿Espera algo para tratar a su compañera? -.  Dijo refiriéndose a Odeth, y al desaparecido capitán de los Dead Man’s Hand. - Podría al menos hacer acto de presencia, luego de obligarme a tomar el liderazgo de una tripulación que no me escucha -.

Esto ya se había convertido en algo personal, y era evidente hasta para él que el enojo le estaba afectando en gran medida. - Lo siento, no… -. Volvió a llevar su mano a la cara, a masajear la zona que unía sus dos cejas y sus parpados para despertarse. - No debía decir eso, lo siento -.


RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - Hyákinthos - 27-03-2026

Un zumbido casi ensordecedor, quizá provocado por algún enorme insecto que rondaba en las afueras del barco, le recordó al médico en qué tipo de isla estaban. Un paraje virgen, sin tanta intervención humana, una zona sin ley, cualquier cosa podría pasar y eso preocupó al médico, más aún después de escuchar las palabras del cocinero y su clara negación a esconderse…Una pésima idea en perspectiva, pero ¿Quién era él para decirle que no lo hiciera? Suspiró y dejó pasar el comentario del otro hombre, sin pena ni gloria, solo con la resignación de alguien que sabía que esos pensamientos podían llegar a ser contraproducentes.
 
Se encogió de hombros y dejó de lado la libreta y el bolígrafo para comer un poco más de la ensalada, los últimos bocados, antes de que el plato quedara limpio y lo colocara en el fregadero, el cual estaba justo al lado de la ventana en la que antes había encendido las cáscaras de cítricos. Todo esto mientras escuchaba al otro hombre explicarle los peligros reales de la fruta del tal Deadburn y, ciertamente, sonaba como un gran problema, aun así…la idea había quedado anotada en su libreta y, sea como sea, buscaría una manera de combatir casos similares, vinieran de él o de otra persona.
 
—Solo deja que lo intente, cocinero —dijo mientras lavaba aquel envase que antaño contuvo la ensalada griega, para luego, al terminar, girarse para encarar al pelinegro. —Entiendo tu explicación y sé que, al no haber estado ahí, no puedo dimensionar el daño que causó, pero…al menos déjame crear una sustancia que disminuya el calor. Puede que no funcione con él, porque por lo que describes, espero no encontrarlo nunca como enemigo, pero…podría funcionar con otras personas. Nunca sabes con quien te encontrarás en estos mares.
 
El zumbido volvió a retumbar en sus oídos y eso hizo que el pelirrosa se girara apenas para volver a luchar con el encendedor. Las cáscaras secas que había puesto antes se habían consumido casi por completo, ya era momento de encender más de aquel repelente improvisado. Tendría que trabajar en algo mejor después.
 
—Solo no pienses en los detalles ahora, cuando tenga algo…seguro que serás de los primeros en saberlo —. Su tono de voz sonó un poco cansado, casi adormilado, aunque fue bien disimulado debido a su pequeña y renovada pelea con el encendedor; sin embargo, el tema murió ahí y uno nuevo surgió, como era normal en ese tipo de conversaciones nocturnas, en donde todos se volvían más “abiertos” con respecto a sus emociones.
 
—Bien. No puedo obligarte si es lo que deseas, pero tampoco te sobre esfuerces. No sería bueno ni para ti ni para…eh…Mako…sí, ella —. Apenas podía recordar el rostro de la mujer y eso que estaba consciente de haber viajado con ella en algún momento. Nadie se imaginaría que, tiempo después, sería uno de los pocos nombres y rostros que recordaría con claridad. —Solo asegúrate de pedir ayuda si es necesario…más aun con marines rondando —¿Por qué le importaba al médico? Por el simple hecho de que se supone que eran aliados, algo que debía aprovechar, después de todo, la única razón por la que había aceptado unirse a una tripulación era por una promesa de protección. Se veía así mismo como un ser más delicado que en lo que en realidad era.
 
Después de unos segundos pudo encender el fuego y, con ello, más cáscaras de naranjas, mandarinas y limones, empezaron a quemarse. El humo no le afectaba, a fin de cuentas, su olfato estaba bastante dañado, así que, al verlo, solo sonrió de oreja a oreja…una sonrisa que se convirtió en una mueca de seriedad cuando el cocinero mencionó el nombre del supuesto capitán de los Death Man’s Hand.
 
—Lucarne Ashveil —. Ni siquiera se dio cuenta que recordó perfectamente tanto el nombre como el apellido del hombre. —No lo sé…No sé donde puede estar —. Dejó a un lado el encendedor y volvió a mirar directamente al pelinegro. Se notaba fastidiado y, podía entenderlo, él estaba igual, aunque lo disimulaba mejor.
 
—Después de llegamos a la primera isla no volví a verlo. Te agradezco por haberlo traído desde esa montaña invertida o…reversa o…no recuerdo el nombre, pero tu entiendes —. Suspiró, cansado, buscando las palabras para explicar lo que sucedía. —Nos habló un par de veces antes de desaparecer. Intenté mantenerlo en cama para ayudarlo con sus heridas, pero…un día ya no estaba. No lo encontramos en esa isla llena de cactus y ya no podíamos seguir en ese lugar por más tiempo. Tuvimos que partir sin él. No vendrá a ver a la cocinera bonita ni a ninguno de nosotros…No sé que habrán vivido ustedes en ese foso, pero parece que consiguió quebrar su psique.
 
El pequeño fuego creado antes crujió a la vez que el médico se cruzaba de brazos. Su rostro, iluminado por las pequeñas llamas, tenía un matiz de seriedad que era extraño para su usual expresión distraída, pero que parecía que esta noche, era la constante.
 
—Y no te disculpes, el Grand Line es un cementerio de Piratas, no es un sitio en que se espera que todos sobrevivan —. Su manera de expresarse llegó acompañada de una frialdad que no solía usar con el resto de sus compañeros, algo que reservaba para momentos en los que, su verdadera personalidad, debía salir a flote, pero ahora…fue necesario o, quizá, solo fue algo natural, después de todo, una persona no siempre podía ocultar su naturaleza real.
 
—Además, estas cansado y enojado —. El pelirrosa imitó al pelinegro, terminó también masajeando su propio entrecejo, evidenciando un cansancio, pero no como el del pelinegro, si no uno más natural, un cansancio producido después de un viaje largo. —No puedo culparte por algo como esto, yo mismo no sé que será de nosotros ahora —. Miró por la ventana, visiblemente más preocupado que antes.
 
—Vaya manera de ser recibido en esta isla ¿No? —El hombre soltó una risa amarga, casi sarcástica. —Bueno, supongo que solo queda seguir jugando…ya que decidimos viajar…y…tienes mi contacto de den den mushi, cocinero, úsalo si lo crees necesario…Ahora, si no vas a aceptar mi oferta, tal vez sea mejor que regreses a tu barco a cuidar a tu compañera —. Señaló hacia la puerta, de hecho, el mismo caminó hacia ella para salir de la cocina y respirar el frío y prehistórico aire de la isla…Le convenía relajarse, después de todo, al final de esa conversación, tendría mucho en que pensar.