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El cargamento robado [Aventura T2 - Presente Absoluto] - Kibai - 15-02-2026 Isla de Baterilla - Pueblo Baquella
Día 2 de Verano - Año 17 El archipiélago de Baterilla siempre ha tenido dos caras: la postal idílica de arenas blancas que atrae a los navegantes y la asfixiante espesura de su vegetación interior, donde el aire se vuelve sólido y el olor a madera húmeda lo impregna todo. Hoy, esa dualidad se ha quebrado de forma abrupta. En el camino de servidumbre que conecta los muelles principales con el aserradero de la zona norte, el silencio habitual de la selva ha sido sustituido por el zumbido de las moscas y el crujido de la madera astillada. Un de los convoyes de camino a los aserraderos no ha llegado a su destino. Tres carros de transporte pesado, diseñados para soportar toneladas de materia prima, yacen volcados en mitad de la ruta. Las marcas de las ruedas en el barro seco sugieren una frenada de emergencia, seguida de un impacto lateral seco. No hay rastro de disparos de cañón ni de explosiones; quienquiera que haya asaltado el cargamento, lo hizo con la precisión quirúrgica de quien conoce el terreno y no desea llamar la atención más de lo estrictamente necesario. Las cuerdas de cáñamo que aseguraban los troncos y los suministros han sido cortadas con filos excepcionalmente limpios, y los tablones que debían servir para las defensas de la infraestructura local han desaparecido, dejando tras de sí solo el rastro de arrastre que se pierde entre los helechos gigantes que custodian la entrada a la jungla profunda. La importancia de este cargamento no reside únicamente en su valor monetario. Para la administración local, el aserradero es el corazón de la logística en este sector de Baterilla. Perder un envío completo de tal magnitud no es solo un golpe a las arcas, es un desafío directo a la autoridad de la Marina en la isla. Si el cargamento no aparece antes de que la humedad empiece a pudrir la madera o de que los asaltantes logren sacarlo por alguna cala clandestina, el mensaje será claro: la Ley no llega más allá de la línea de costa. A varios kilómetros de distancia, en la base de la Marina, el calor del mediodía se filtra a través de las persianas metálicas del barracón de la División 75. El ambiente es denso. El sonido de las botas contra el suelo de hormigón y el tintineo de los correajes de cuero forman el hilo musical de una unidad que sabe que el descanso ha terminado. En una de las paredes, un mapa topográfico de la isla está lleno de anotaciones tácticas y chinchetas que marcan los puestos de vigilancia, pero hoy, el punto de interés es una mancha roja que señala la ruta hacia el aserradero. En el centro de la estancia, el Den Den Mushi de comunicaciones emite un carraspeo metálico. El caracol, que lleva grabado el número de la división en su caparazón, parece cansado por las horas de transmisión constante. Finalmente, la voz del Sargento de la base, una voz curtida por décadas de servicio y disciplina férrea, resuena a través de los altavoces con una autoridad que no admite réplica. —Atención, División 75. Dejen lo que estén haciendo y escuchen con atención. —El tono del sargento es seco, despojado de cualquier floritura—. Hace menos de una hora se ha confirmado el asalto total al convoy del aserradero. El informe inicial habla de un ataque coordinado. No ha habido supervivientes entre los escoltas civiles para dar un testimonio directo, pero la escena habla por sí sola: se han llevado hasta el último clavo del cargamento. No buscaban dinero de los bolsillos de los conductores; buscaban el suministro. El oficial hace una pausa, permitiendo que la gravedad de la situación se asiente entre los presentes. —El cargamento es vital para las reparaciones de la flota y la infraestructura de defensa. Baterilla no puede permitirse mostrar debilidad. Su misión es inmediata: desplácense al punto del asalto, aseguren el perímetro y rastreen la mercancía. No me importa si tienen que dar la vuelta a cada piedra de esa jungla o interrogar a cada estibador del puerto. Encuentren el cargamento y traigan de vuelta a los responsables, preferiblemente encadenados. La transmisión termina con un clic seco, dejando el barracón en un silencio que solo dura unos segundos. La orden está dada. La jurisdicción de la Marina ha sido violada en su propio patio trasero y la respuesta debe ser proporcional a la afrenta. Para los integrantes de la unidad, el reto no es solo el combate, sino el entorno. La jungla de Baterilla es un laberinto verde donde el rastreo se vuelve una pesadilla bajo el sol abrasador. Sin embargo, no hay espacio para la duda. Kael Omuyaga, Nyra Kuroshiro y Choi Hae-won tienen ahora la responsabilidad de restaurar el orden. Los uniformes, aún impecables, pronto se llenarán del polvo y la resina de la isla, pero es el precio a pagar por mantener la justicia en estas aguas. El camino hacia el aserradero es ahora una herida abierta en el mapa de la isla. Mientras recogen su equipo y se preparan para la partida, los marines saben que el tiempo es su peor enemigo. Cada minuto que pasan en el barracón es un minuto que los saqueadores aprovechan para internarse más en la espesura o para dividir el botín. El orgullo de la División 75 está en juego, y en un mundo donde el equilibrio de poder es tan frágil como una rama seca, un fracaso en una misión de recuperación de este calibre no es una opción.
La caja de Pandora
RE: El cargamento robado [Aventura T2 - Presente Absoluto] - Kael Omuyaga - 17-02-2026 Kael desde muy temprano en aquella mañana no ha tenido un solo minuto de descanso. Ha despertado antes que el resto de sus compañeros para ayudar al menos a una de sus camaradas a estar lista para el combate, dispuesto a entregar parte de su arduo esfuerzo en ello. Le ha llevado horas, mucho esfuerzo y trabajo duro, pero sabe que esto es necesario. Tras las primeras horas de sol, y el fin del esfuerzo para su trabajo, vino el entrenamiento con otro de sus compañeros, quién ha debido ausentarse seguramente para hacer alguna guardia tras aquello, y que, para la maldita desgracia de los tres presentes en el barracón, no podrían ayudarles en el momento de recibir el mensaje puesto que no estaban en el lugar. Kael se coloca el uniforme tan pronto escucha la voz del oficial a través del animal de comunicación. Ni siquiera le hace falta oírlo terminar de hablar para saber que, de algún modo u otro, tendrá que salir él a trabajar. El mensaje es preocupante cuando se requiere a toda su división. —Sí, señor. Partiremos de inmediato.—Desconoce el paradero de los otros cuatro miembros de su escuadrón, pero no puede perder el tiempo buscándolos. La actuación debe ser inmediata, y el cuartel utilizaría sus recursos y su información sobre las tareas del resto de miembros para informarles.—Choi, ten. Llévate esto, por si acaso. Camina varios pasos a su compañera uniformada, entregándole del bolsillo de su propio pantalón marino la munición que había fabricado para los miembros a distancia de su escuadrón. No tiene nada para la morena, pero sabe que al menos no será necesario que actúe de esa forma con alguien que combate a corta distancia. En los segundos previos a ver a sus compañeras listas, revisaría una última vez los datos del mapa topográfico sobre la pared, observando los puntos de vigilancia desde los que, en el camino asaltado por los ladrones podrían escapar los maleantes sin ser detectados hasta ser demasiado tarde, tratando de pasar desapercibidos. Intuye que la profundidad de la jungla será la mayor amiga de estos personajes, y sabe que no será un reto sencillo. —Iremos a paso ligero. ¿Tenéis todo?—Mientras pregunta, se hace con una serie de grilletes sencillos para detener a los culpables. De encontrarlos, necesitará una forma de llevarlos esposados hasta la base, tal y cómo había ordenado el oficial mientras, con el reloj corriendo a contrarreloj antes de ver la misión fracasar, terminaba de alistarse por completo, abriendo la puerta para salir de inmediato. --- Camina por la ruta oficial, siguiendo la trayectoria del convoy hasta el punto designado de asalto. Lo primero que debían hacer es buscar pistas, huellas o resquicios que verifiquen lo que su intuición había previsto. Si habían caminado en dirección a un punto poco vigilado, sin duda alguna tomarían ese camino si el ataque había sido estudiado, y no era meramente un asalto fortuito por parte de unos bandidos con mucha suerte. —Dividámonos.—Aconsejó el de cabello azabache, con su tono de voz habitual que no eleva demasiado la voz.—Debemos cubrir más terreno, pero aseguraos de manteneros siempre a la vista de los otros. Choi, tú a la izquierda. Nyra, ve por mi derecha. Avisaremos si encontramos alguna pista por donde han huido. No quiere alejarlas demasiado. En la profundidad de aquel frondoso paraje, los humanos no eran los únicos seres peligrosos de toda la isla.
mazmorra
RE: El cargamento robado [Aventura T2 - Presente Absoluto] - Choi Hae-won - 17-02-2026 Este es uno de esos días, ¿verdad?
Los aposentos reservados para la división setenta y cinco son cómodos —lo suficiente como para que puedan moverse tranquilamente— y funcionales. Por supuesto, es lo que tiene formar un equipo bastante numeroso en comparación a otras divisiones que parecen ser minoritarias. Medita, a medida que acondiciona y limpia su arma, en todos los cambios de dirección que ha dado la vida, el karma e incluso las decisiones que ha tomado. Desde que consumió aquella fruta, todo parece surrealista. Entrenarla, para peor de sus males, trae más traumas que alegrías y odia, con todo su ser, tener una memoria que le impide borrar imágenes que le traen escalofríos.
Tal vez es por gracia de los dioses o tal vez es todo lo contrario, pero la posterior misión, junto con la gravedad y posibles consecuencias de la misma, le distraen lo suficiente como para dejar el asunto de sus nuevas «habilidades» a un lado y centrarse específicamente en lo que de verdad importa. Agradece haberse puesto el uniforme con antelación, mientras prepara su arma. Está a punto de guardar el relicario que siempre lleva consigo entre sus ropajes cuando es sorprendida por su compañero. Ese paquete de balas es, aunque no quiera admitirlo, su salvavidas en esos momentos.
—Hmmm… Gracias, Kael —Su respuesta es suave y tranquila—. Justo lo estaba necesitando. Me había quedado sin balas por las sesiones de práctica de estos últimos días.
Lleva consigo dos pares de esposas para inmovilizar a los responsables de semejante locura. Como siempre, acomoda un pequeño mechón de cabello tras la oreja mientras revisa con atención el mapa que tienen a disposición. Lo memoriza para no perder detalles. Respira hondo. Se mentaliza para tratar de dar lo mejor de sí en esta misión, y parte hacia su destino sin pestañear junto a sus compañeros.
Arma en mano. Cartucho ya cargado. Enseres suficientes. Determinación. Eso es lo que, por el momento, necesita.
***
Debe decir que las circunstancias de este robo le son extremadamente sospechosas. Desde el primer momento, si se pone a pensar, fueron específicos en extremo a la hora de robar. Los perpetradores sabían qué debían hacer y cómo. Conocían la importancia del cargamento que llevaban. Vieron la oportunidad entre vacíos y encararon con seguridad, y bastante profesionalidad. Sabían que podían hacerlo; tenían la seguridad. ¿será así, o ella está sobreestimando a esas personas? Hae-won ha leído lo suficiente como para imaginar diferentes escenarios, mas no puede apresurarse a sacar conjeturas.
Algo le dice que ha habido un infiltrado, ya sea entre el cuerpo de marines o, en el más alejado de los casos, entre los proveedores de la materia prima. También puede ser que se haya tratado de un grupo que ha estado vigilando con bastante interés los movimientos de sus compañeros o incluso de la guardia civil, aunque sería bastante complicado si se tiene en cuenta en dónde están ubicados y la fuerte presencia de la ley en el lugar. Si quiere sacar conjeturas sobre un plan de baja de defensas, no puede pensar solamente en piratas porque, para alguien como ella, es demasiado específico el hecho y ha habido una clara intención de su parte.
Tal vez pudo haberse tratado de los hijos de la revolución… O tal vez, se trata de un grupo de bandidos con la suficiente materia gris como para hacer un robo, pero carentes de prudencia al meterse con miembros del cuerpo de marines.
Respira con calma al encontrarse con el terreno en el que se presume esa gente estuvo por última vez, antes de que se les perdiera el rastro. Deben tener cuidado. Lo sabe. Por eso mismo, cuando escucha las directivas de su compañero, ella asiente sin decir más y comienza su incursión por el sector izquierdo, mirando de vez en cuando a sus compañeros. Buscaría marcas de profundidad, huellas o algún objeto que se les haya caído y que les permita, de alguna manera, entender de quiénes se tratan. Tal vez algún identificativo menor podría venir bien.
… Bah, no importa lo que encuentre; lo que importa es encontrar algo cuanto antes, porque el tiempo corre. Una vez ingresaran en terreno, ella agudizaría sus sentidos para percibir alguna cosa, la que sea.
Off
RE: El cargamento robado [Aventura T2 - Presente Absoluto] - Nyra Kuroshiro - 20-02-2026 ¡¿De verdad es TAN DIFÍCIL reunirnos todos en un mismo lugar?! Continué frotando frenéticamente la katana allí en el barracón, frustrada por que la mayoría se había ido a hacer cosas, ¡pero yo tenía que hablar con todos para contarles lo de la fruta! ¡Aaah! Pero nada, si no estábamos todos, prefería esperar… así que, en su lugar, dediqué aquel tiempo a hacer cosas útiles, como limpiar y asegurarme de que todo estuviera dispuesto en los armarios en caso de que hubiera algún tipo de misión de emergencia… ¡y menos mal que lo hice! Me quedo paralizada en cuanto escucho sonar el Den Den Mushi del barracón. Es la primera vez que lo escucho. A pesar de que el caracol parece cansado, la voz al otro lado suena claro y fuerte. Memorizo toda la información y asiento a Kael cuando dice que iremos para allá. Mientras él da a Choi algo de munición, yo abro uno de los armarios en los que me había asegurado de guardar unas mochilas pequeñas y ligeras, una para cada miembro del grupo, aunque en este caso solamente sacaría tres. Realmente estaban casi vacías, salvo por un par de raciones de emergencia de esas que duraban años sin estropearse, una cantimplora, cerillas, una navaja plegable, crema solar y antimosquitos (inoloros), unos metros de cuerda y varios ganchos en cada mochila. ―Un momento, Kael, la selva es peligrosa y no podemos permitir que al final se nos escapen por andar deshidratados ―explico al tiempo que se las entrego―. Llenad las cantimploras y dadme un segundo, os prometo que no tardo. Acto seguido, fui a una zona del armario en la que me había asegurado de ir acumulando mapas y cogí uno simple de la isla y un lápiz rojo. Acto seguido, señalé en él la zona del aserradero y tracé la ruta oficial. Recordaba perfectamente el mapa en la pared, así que no tuve que mirarlo, pero antes de salir lo comprobé rápidamente solo por estar segura, y metí ambos en mi mochila antes de salir. Ya que no podíamos llevarnos el de la base, tener otro nos permitiría anotar lo que descubriéramos teniendo en cuenta distancias y todo lo demás, tanto por lo que pudiéramos utilizar durante la misión como para dar un buen informe a la vuelta. Una vez hecho eso, agarré mi katana, rellené mi cantimplora y me reuní con los demás. Tras comprobar que teníamos las esposas y todo lo necesario, partimos hasta el lugar. ***
Durante el camino, repasé mentalmente toda la información relevante: • El ataque ocurrió hacía menos de una hora en el momento de la llamada, por lo que no debían de andar lejos. • El ataque fue coordinado. Se desconoce el número de asaltantes. • No hay supervivientes. • El objetivo era el suministro: la madera. Y, siendo Baterilla, los cargamentos de madera eran enormes. • ¿Posible provocación intencional a la Marina? Eso significa que los culpables conocían la ruta y probablemente las defensas del cargamento (¿los llevarían vigilando un tiempo?), pero también que sabían cómo transportar toda esa carga y dónde esconderla, y una cosa era transportar carros por una ruta establecida y otra muy diferente llevarla a través de una selva salvaje. Solamente se me ocurren dos opciones: o habían creado una ruta para llevarse de allí toda la madera hasta el mar para sacarla de la isla lo antes posible, o habían creado un escondite tan bueno como para mantener la materia oculta el tiempo suficiente como para que dejáramos de buscar antes de llevarse de allí la mercancía con mayor tranquilidad. Una vez llegamos al lugar en cuestión, saco el mapa y me apoyo brevemente en el tronco de una de las palmeras para marcar exactamente el lugar del ataque. Ya que estoy, aprovecho para hacer un círculo alrededor, más o menos a la distancia máxima que podrían haber recorrido teniendo en cuenta el peso de toda la carga, y fijarme así en el mapa y comprobar qué lugares podría ser que hubiera cerca de aquí y que pudieran servir o bien de escondite o bien para facilitar una ruta de escape. ¿El mar estaba cerca para huir por la costa? ¿Había algún tipo de edificación humana? ¿Estaba lo bastante cerca de la ladera del volcán, donde podría haber cuevas o algo similar? Por supuesto, si alguno de mis compañeros me lo solicitara, les dejaría consultar el mapa. Una vez hecho eso, lo guardo rápidamente y comienzo a buscar por donde me indica Kael. Busco huellas, rastros de sangre, hendiduras en la tierra… pero también miro hacia arriba, a las copas de los árboles, tanto por si hubiera alguien vigilando como por si hubiera alguna señal. Era poco probable que hubiera marcas, pero si han sido tan ingeniosos como para causar todo esto sin escándalo, quizás se habían servido de alguna raza voladora o algún mecanismo que no podamos imaginar de momento. Por supuesto, también me aseguro de estar completamente atenta a cualquier ruido que parezca no provenir de donde están mis compañeros, pues permanecemos todos a la vista de los otros.
off
RE: El cargamento robado [Aventura T2 - Presente Absoluto] - PX-4 - 23-02-2026 Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado
TEMA CERRADO
SE LIBERA EL PRESENTE DE LOS PARTICIPANTES
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