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Point de Rupture :: Pasado :: Privado - Maria Merlot - 17-02-2026
IMPORTANTE
Narrador / María ………………………………………………….. Día 14 del año 17, Primavera – 9:58 a.m.
En algún lugar de la selva, Little Garden, Paraíso. Los grillos en su cabeza, siempre activos, habían dejado de chillar. Se quedaban callados cuando sus ensoñaciones desaparecían, y la realidad la golpeaba más fuerte que el deseo de estar ausente. No había margen para las distracciones, no había margen para sus irreverentes, y pocos prácticos, planes. Su cuerpo lo sabía, desde el momento en que el suelo tembló y aquel ruido sordo invadió sus sentidos, solo dos palabras bordearon su razón: Vida o Muerte. Y ellas no iban a morir, no podían darse ese lujo, un lujo que ella en particular siempre anhelo alcanzar, pero desde… que los había conocido, se transformo en algo más, en ganas de vivir… y ver cumplir sus sueños. ¿Cuáles? ¿Afectaba acaso? Para alguien como ella, que siempre estuvo sola con su mente y sus fantasmas, sus nakamas ahora representaban ese sueño por el que desea vivir, pelear y seguir adelante; y no, no se refería a una facción, porque en el camino también conoció ojos igual de amables, se refería a la esencia de aquellos por los que valía respirar y soñar en grande.
María Merlot, con el corazón agitado, salto fuera del agua. Las gotas se deslizaban por su cuerpo empapando el lugar. Sin pensarlo mucho corrió en línea recta unos 10 metros deteniéndose detrás de un árbol, tan grande que ocultaría a cinco sirenas como ella. El latido tan fuerte la ensordecía, aunque en el exterior solo se podía escuchar a la naturaleza siendo. ¿Cómo podía ayudar a Maki? No lo sabía, pero debía pensar rápido, el tiempo jugaba en su contra. Por un segundo se permitió reprocharse su debilidad e inutilidad. Si tan solo ella fuera… un poco más útil, un poco más bélica, un poco más… de todo lo que eran sus nakamas y de lo que carecía. Apretó sus puños enguantados, esos guantes evitaron que las uñas se enterraran en la propia carne. No, no podía permitirse caer en desesperación, debía enfocarse. Negó con su cabeza, haciendo que en el proceso su largo y mojado cabello rosado danzara a su alrededor disparando gotas en todas las direcciones. ¿Si llamaba a sus compañeros del Flush Royal?
¿Si regresaba al campamento y distraía al gigante mientras Maki lo atacaba? ¿Si intentaba seducir a aquella mole enorme con twerking? ¿Si solo confiaba en su hermana? ¿Si…? Si, solo si… ella se quedaba quieta y esperaba, como siempre lo había hecho, todo estaría bien ¿Verdad? María levanto sus manos, los puños dejaron de apretarse, y sus orbes descansaron sobre las palmas abiertas. Es lo que siempre había sido, el hermoso juguete de alguien, un adorno más de la habitación, la distracción bonita y vacía de la vida de otros. Por eso odiaba cuando los grillos se callaban, la hacían pensar en todas sus debilidades, en todo lo errado que representaba… por eso, la muerte, le susurraba como única acción útil en su mediocre existencia.
Amargo… su boca se llenó de amargura, no se percato hasta ese instante que miro sus palmas y lo que leía en estas. El sabor de la propiedad incapacidad, y de escuchar a lo lejos la sinfonía de un porvenir… del cual no podía ser participe, porque su sola presencia representaba un riesgo ¿Para quién? ¡Su Hermana! Porque ahora mismo ella se estaba enfrentando a una lucha tenaz, por su culpa… María la incito a ir por los dinosaurios bebes, y ahora estaba atrapada entre unos delincuentes y un gigante iracundo… mientras ella… se alejo, la abandono dejando la propia cruz en la espalada ajena. Ella estaba a una distancia segura…
Segura… ¡SEGURA! La palabra reemplazo la amargura por algo peor, la lucidez que solo un condenado puede descubrir. Ahí en medio del bosque de una isla que ni recordaría más adelante, lo supo, con la claridad del cielo azul que se extendía más allá de los doseles arbóreos: No huyo porque tuviera miedo, el miedo nunca fue una constante en la orbita de su locura… se alejo de la batalla huyendo de su propia incapacidad.
¡INCAPAZ!
Incapaz de ayudar. Incapaz de pelear. Incapaz de distraer. Incapaz de… todo. No podía recordar cosas, no podía orientarse, no podía pelear, ni siquiera podía callarse. La respiración se aceleró, su pulso redoblo la velocidad. Sobre pensar la encaminaba a un estado de colapso emocional, uno que catalizaba sus reproches internos como la espectadora inútil de su propio fracaso… y traición.
¡Si, traición!
Acababa de dejar a su hermana a su suerte mientras ella se refugiaba. A más pensamientos lógicos, peores eran las conclusiones. Su respiración entrecortada, el temblor en su cuerpo. Jamás se había sentido de esa forma, jamás se había odiado tanto a si misma… pero aun podía hacer algo ¿cierto? Llevo las manos palpitantes a sus mejillas, presionando con fuerza para anclarse a la realidad de la situación — … Cal…calmate… pien…piensa… — se dijo en un susurro que detonaba todo el pánico que la envolvía, la ansiedad y su malestar.
Debía regresar…
Ella regresaría… ¿Por dónde? Si regresaba por el agua. ¡NO! Ahí estaba el monstruo femenino… Si saltaba la cerca de madera…. ¡NO! No sabía donde podía caer… Si rodeaba la cerca hasta llegar por donde entro el gigante… ¡NO! Muy lejos, mucho tiempo. Entonces… ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? No lo sabía, pero salió de detrás del árbol, con la vista fija en la pared de madera… corrió de regreso, cualquiera estaría bien mientras pudiese estar al lado de su hermana, a los cuatro metros del agua se detuvo, o más bien los sonidos la detuvieron… y algo dentro, muy dentro quedo a la espera de… que todo estuviera bien.
El estruendo de la batalla la abrazo, sería su locura que se sobreponía al caos solo para centrarse en el par que no podía ver… no había porque sentir miedo, no por Maki D. Zenin, nunca por ella. La hermosa mujer de quemaduras entrañables y presencia arrebatadora, una de las personas más poderosas que había conocido, y aun así le había abierto los brazos aceptando cada hebra de su inutilidad. ¡Su hermana estaría bien!
Siempre lo estaba, no había otra salida en su mente. María respiro profundo, convenciéndose de ello, ignorando la lógica que la atormentaba, nunca fue por Maki… la fémina saldría victoriosa, fue por ella misma, por verse como un ancla, por ser la culpable de ese encuentro fortuito desafortunado — … Si sabe que te pusiste así, se va a reír de ti, Tonto atún — soltó entre una risa nerviosa, así la había bautizado su Unnie, esa sola frase le trajo un poco de paz.
María dio un paso más hacia el agua, hacia la cerca… envuelta en su fe ciega y la esperanza de la victoria. ¿Así era como los artistas creaban sus obras de artes? ¿Colores nacidos de las emociones desbordantes ¡La celeste podía verlo con claridad, al cerrar sus ojos lo visualizo: Un precioso vitral con tonos azules, dorados y verdes, pero también negros, vinotinto, oscuros. Una composición abstracta representativa de su estúpido momento de… colapso mental. Una suave risa escapo de sus labios, necesitaría a un artesano que diera vida a su locura… Tan hermoso…
Tan abstracto… Tan frágil… AAARrrrrrggghhh CRAAAAAAAAAAAAAASH Roto en miles de pedazos sin siquiera haber sido creado. El grito de Maki D. Zenin la petrifico en el sitio, y su mundo se fragmento delante de sus ojos, aunque lo que tuviera frente una valla de madera — … ¿Unn…unnie? — balbuceo relamiendo sus labios y abrazando su cuerpo, su corazón calmado empezó a revolotear…
Pum…
¿Maki?
Pum Pum…
¿Grito?
Pum pum pum…
¿Qué estaba pasando allá adentro?
Los latidos descontrolados palpitaban por todo su cuerpo, y su mente imagino lo peor… si corría podía llegar, iba a ir por su hermana… si, pero sus pies no se movieron, y se odio por eso, su propio cuerpo no reacciono, solo se quedo en shock delante de una visión catastrófica pero que no podía confirmar…
Pum…
inútil…
Pum pum…
Incapaz…
Pum pum pum…
Traidora…
Pum pum pum pum…
Cobarde…
Pum pum pum pum pum…
Levanto sus manos a la cabeza, específicamente a sus orejas, intentando acallar las voces que la atormentaban y el palpitar de su pulso desgarrador. Lagrimas empezaron a formarse en sus ojos por la frustración del momento, su cuerpo no reaccionaba, su hermana la necesitaba… ¿Qué clase de Nakama era? ¿Qué clase de confianza podían depositar en ella?
Patética…
Tarde…
Demasiado tarde…
Un sonido familiar la hizo alzar la vista al cielo azul, ahí… todo cambio, el mundo dejo de girar, todo lo demás quedo en ultimo plano: La mascota alada de Maki, sosteniendo a una Maki herida… derrotada, maniatada a sus propias pesadillas.
¡¡¡¡MALDICIÓN!!!!
El grito anterior, no fue nada en comparación esa palabra surgida de lo profundo de su ser. La imagen de su hermana sangrando, llorando y derrotada la acompañarían por el resto de su vida. Sus propias lagrimas le resultaron insulsas en comparación. Tan diferentes como el día y la noche, como el agua y el fuego, ese momento quebró algo muy dentro de la semisirena, pero no había tiempo para explorarlo… debía hacer algo… ¡TENIA QUE HACER ALGO!
Corrio hasta la mujer peliverde, dejándose caer a su lado, mirando su estado y odiándose mas y mas con cada segundo que pasaba — … To-todo v-va a es-est-tar b-bien, U-unnie — tartamudeo, o solo fue el reflejo del temblor de todo su cuerpo. Quiso agarrarla, quiso abrazarla, no sabía ni por donde comenzar y sus manos solo sabían trepidar. Sangre, demasiada sangre, no podía ver más, no en su propio estado, así que sus orbes solo se enfocaron en su rostro, y el líquido en sus ojos la destrozaron, jamás pensó verla así… y ahí, esperaba que dijera algo “Tonto atún estoy bien” “Deja de ser inútil y ayúdame a levantarme” cualquier cosa, pero no paso… lo único que sucedió fue que sus ventanas del alma siempre tan llenas de vida, chispas y locuras se apagaron delante suyo, se cerraron… Invasores, el balance de esta isla ha sido amenazado por su presencia. Sus estructuras serán destruidas. Si desean conservar sus vidas, tienen 30 segundos para desaparecer de mi vista.
La voz del culpable de todo retumbo, haciéndola salir de su shock, impidiéndole llorar, gritar, decir algo más… ¿Conservar la vida? ¿Acaso ese monstruo no había tenia suficiente? Ella no se iba a quedar a descubrirlo, tenia que salir de ahí, tenia que sacar a su hermana de su radar, tenia que encontrar a Hyakinthos, tenia que salvar a Maki…
Por pura adrenalina, miedo o quien sabe qué, la mujer de cabellos rosados tomo con la mayor de las delicadezas a la desmayada, pegándola a su cuerpo lo más que pudo. Y empezó a correr… ¿hacia dónde? No lo sabía, pero se iría lo más lejos de ese maldito campamento. María corrió a la misma velocidad de su corazón. No le importaron las ramas que la raspaban en el camino, los animales que se atravesaban sin preocupaciones, solo huyo del lugar, sin soltar a su hermana, sin mirar atrás. Siguió el arroyo, el que alimentaba el lago de los contrabandistas. El agua siempre la protegía, y la guiaba. Sus ojos llenos de lagrimas a veces le nublaban la visión, haciéndola tropezar, pero nunca dejo que algo hiciera daño a la mujer desmayada. Raspones, ropa rota, sucia… parecía que ella también estuvo en una pelea, y lo estaba de cierta forma contra la isla, contra Little Garden. Día 14 del año 17, Primavera – 01:17 p.m.
En algún lugar de la selva, Little Garden, Paraíso. ¿Cuánto tiempo había corrido? No lo sabía, no le importaba, pero a su cuerpo si, fue este quien puso el freno cuando cayo por un poco pronunciado barranco (nunca soltó a Maki). Cuando un quejido salió de la inconsciente, ella reacciono. Miro a su alrededor, no sabia dónde estaba, todo era demasiado grande. Ojalá estuviera Thrym o Kelvin con ella, así ellos en su gigantez podrían cuidarla y entender mejor ese paisaje. Ahí en el medio de quien sabe dónde, con su hermana en brazos… se permitió llorar, gritar, lamentarse — … So-solo ha si-sido una caid-da, U-unnie. Va-vamos a le-levantarnos… to-todo est-estará b-bien — su voz apenas salia, entrecortada por sus emociones fuera de control mientras abrazaba el cuerpo de la peliverde y se mecía hacia delante y atrás, como una cuna que intentaba calmar a un recién nacido…
Luego de un rato volvió a levantarse, y caminar con la mujer en brazos, pero era inútil, no sabia dónde estaba, ni como llegar al Flush Royal. No sabía nada, no podía hacer nada… era una inútil, patética, un despojo de la sociedad. ¡Debería ser ella la que estuviera al borde de la muerte y no Maki! — … U-un m-medico — musito, eso necesitaba su hermana, y ella conocía al mejor de todo el mundo azul. De pronto la imagen del buen doctor, de cabellos rosados y mirada lejana, pero cálida la hizo recordar que él era su todo, él tendría la solución, siempre la tenía. Una llamada…
Si, lo llamaría… y todo estaría bien, en orden.
GRRRRUUURRRRRRRRRRRRRRRRUUUURRRRRRRRR
Ese sonido la hizo estremecerse, y cuando alzo la vista había algo mucho más grande que sus amigos gigantes… un dinosaurio. ¿Amigo o enemigo? Ella no iba a descubrirlo, salió corriendo de nuevo. Otro maratón de supervivencia contra el reloj. Más árboles, más charcos, más selva. Y otro tropiezo, pero esta vez el cuerpo inerte de Maki se escapo de sus brazos, que perdieron agarre por el cansancio. Rodo a un par de metros de ella, que se estampo contra el suelo saboreando y viviendo de primera mano cuan patética era.
María se arrastro hasta su hermana, con las lagrimas brotando en descontrol — … Lo… lo sien-siento tan-tanto — se disculpó con ella por todo, porque todo era su culpa. Su corazón roto, volvió a dejar escapar otro alarido lleno de dolor e impotencia, mientras tomaba el cuerpo entre sus brazos, lo único que podía hacer. Se levanto, y camino hasta un pequeño agujero (para el estándar de la isla) en la base de unos de los árboles. Se metió ahí sin importarle si había otros inquilinos, por suerte estaba vacío. Dejo en el suelo, con toda la devoción nacida de su amor fraternal, a Maki. Y con sus manos gelatinosas empezó a rebuscar en su bolso, hasta encontrar a la Piruleta que la miro con ojos de pena como si entendiera su profundo sufrimiento. El animalito hizo lo suyo, y la conexión con Hyakinthos empezó a andar. Un tono.
Respira.
Dos tonos.
Calmada.
Tres tonos…
Él la salvará.
Cuatro tonos…
Todo estará bien.
Cinco tonos…
¿Y si no lo tenía a la piruleta con él?
Seis tonos…
¿Debía llamar a Jensen?
Siete tonos…
¿Si algo le había pasado también?
Ocho tonos…
Respiración agitada, calma desterrada.
Nueve tonos…
Jmmmm... ¿Sirena? ¿Por qué me despiertas? ¿Te perdiste en la jungla?
El gemido de estar despertándose acompañado de la voz suave y confiable, familiar y responsable, del objeto de su adoración la hizo atorarse con un nudo en la garganta y las lagrimas volvieron a salir. Posiblemente escucharía su respiración entrecortada, los sorbidos de su nariz y el hipido de alguien desconsolado — … A-ayuda…. se mu-muere en m-mis bra-brazos… y-yo de-debí es-estar en su lu-lugar… po-por fa-favor... ha-haz alg-algo.... t-tu siem-siempre sa-sabes que ha-hacer… — su voz siempre alegre estaba saturada de agonía, gritos desgarradores, lagrimas desbocadas y un estado de shock emocional que podían ser palpables a través de la llamada…
¿Cuánto tiempo tardaría en colapsar… por completo? Quizás el medico lo podría saber, quizás el médico entendía que él también estaba en una lucha contra el reloj, si quería llegar hasta la sirena y aquello por lo que sollozar convulsivamente… haciéndola tambalearse en un punto de quiebre inevitable.
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RE: Point de Rupture :: Pasado :: Privado - Hyákinthos - 28-02-2026 Habitaciones masculinas del Royal Flush
01:15 p.m.
En la habitación hay silencio.
No es algo que le moleste, por el contrario, lo agradece.
Las olas lo arrullan como a un bebe y el silbido del viento chocando con la madera del barco, colándose entre los mástiles y las velas recogidas solo le suman tranquilidad a lo que el médico considera su “noche”.
Sí, noche, porque hay oscuridad. Da igual que sean más de la 1:00 p.m., ni un solo rayo de sol se cuela por las espesas cortinas negras que consiguió en Whisky Peak antes de zarpar. Es la mejor inversión que ha podido hacer.
Gracias a ellas ahora está dormido como un niño pequeño, por eso los sonidos marinos le sirven como canción de cuna.
Su respiración es apacible, demasiado para alguien que debería haber despertado hace horas si fuera un adulto responsable. Nada puede molestarlo…o eso creyó.
Lo primero que lo perturbó fue una sacudida más fuerte que las demás, una parecida al mecer perturbado de una madre que mueve una cuna sin cuidado. Eso lo hizo removerse en su lugar, pero no fue suficiente para despertarlo. ¿Qué clase de marinero sería si un simple remezón le robaba el sueño?
Se acurrucó mejor en su colchón, aferrándose a las sábanas, aun negándose el descontento de un buen despertar, pero el mar lo obligaría…tarde o temprano.
El resto de las sacudidas no parecían subir de intensidad, tanto fue así, que pronto su cuerpo empezó a acostumbrarse a ese mecer más brusco, aunque no estaba listo para lo que seguía.
La mar enojada es peligrosa.
Primero intenta advertirlo con dureza, pero sin herir, luego las señales son más claras. El viento ahora no silba entre los mástiles, parece lamentarse, aullar y, aunque el médico no es consciente de lo que sucede afuera, su subconsciente parece alertarlo, pues su cuerpo físico frunce el ceño y deja a un lado la posición fetal para recostarse estirado en la cama, bocarriba, de modo que pudiera ponerse de pie de un salto de ser necesario…vaya error.
El barco se mece una vez más, pero ya no hay cuidado ni siquiera dureza, solo violencia. Las olas que chocan con la madera se alzan y se cuelan por la cubierta y, mientras tanto, en las habitaciones, cualquier objeto mal colocado abandona su puesto y se estrella contra el suelo o cualquier superficie que se atreva a recibirlo.
Si hubiera alguien más en el barco, se habría escuchado el sonar de los frascos en la cocina y el caer de los implementos en la enfermería y, si el pelirrosa hubiera estado despierto, habría notado el desorden en la habitación, incluyendo el pesado atlas de anatomía que dejó, la noche anterior, sobre una tabla que reposa sobre la cabecera de su cama y que, guiado por la fuerza del mar y la gravedad, decidió desprenderse de la madera para salir disparado a un mejor rumbo: a su dueño.
No hay peor manera de despertar que cuando el sueño es arrebatado con violencia.
No supo cómo ni porque, pues en lo único que pudo pensar el médico cuando abrió sus ojos y jadeo para intentar tomar el aire que le faltó de repente, fue en el dolor agudo y punzante que empezó desde la boca de su estómago y que se fue extendiendo al resto de su abdomen. Su boca se abrió tanto como sus párpados y por más que respirara hondo, aquel dolor seguía ahí, acompañado del peso de algo que no se apartaba de encima.
“Si Jensen hizo esto voy a matarlo.”
Pensar en cómo asesinar a un compañero no es la manera más agradable de empezar el día, pero, aunque sus ojos estuvieran abiertos, aún no visualizaba al verdadero culpable de su desgracia.
Respiró hondo, con dificultad y, poco a poco, se incorporó en la cama hasta quedar sentado y, con ello, el enorme tomo de anatomía cayó hacia sus muslos. El médico parpadeó, miro al libro, confundido, preguntándose que hacía esa cosa en su cama, hasta que, de nuevo, otro remezón del barco, cortesía del oleaje, lo hizo sumar dos más dos.
—Tsk…me tienen que estar jodiendo —. Chasqueó la lengua y rodó los ojos antes de tomar el libro entre sus manos y colocarlo en el suelo, debajo de su cama. Su abdomen aún dolía, pero nada que no pudiera soportar o, al menos, era un dolor lo suficientemente débil para que su mente aún pensara en regresar a los brazos de Morfeo.
01:17 p.m.
Volvió a acomodarse en la cama, abrazó su almohada, cerró sus ojos y…
Purupurupuru…
—No ahora, por favor —. Se aferró con más fuerza a su almohada, sus párpados se cerraron con más ímpetu, intentó dejar su mente en blanco. Sea quien sea que estuviera llamando, seguro se rendiría al tercer tono.
Purupurupuru…
—Solo cállate…déjame dormir…
Purupurupuru…
—Aún es temprano…
Purupurupuru…
—¿Cuatro? —Su cerebro aún estaba más en el mundo de los sueños que en la vigilia, pero aún así, fue capaz de alzar su mirada para observar al caracol sobre la mesa.
Purupurupuru…
Tal vez si hubiera estado despierto desde antes habría respondido hace dos tonos, pero su mente aún procesaba si era más importante responder a la llamada o volver a cerrar los ojos. Si era algo realmente importante, lo irían a buscar a su cuarto.
Purupurupuru…
—El enfermo busca al doctor…
Purupurupuru…
Sus párpados se cerraron, se decidió a que nada del exterior podría molestarlo. Debía ser un número equivocado o una mala broma para hacer que se levantara de la cama.
Purupurupuru…
No…no podía ser eso. Nadie demoraría tanto al otro lado de la línea por una simple broma. De repente recordó en donde estaban. No era una isla paradisíaca y ya, era una jungla llena de peligros en la que cualquier cosa era posible. No podía confiarse, no podía no atender a un llamado. Se levantó de golpe, se sentó en la cama y su mano se extendió para tomar el auricular del caracol.
Purupurupuru…
—Jmmmm... ¿Sirena? ¿Por qué me despiertas? ¿Te perdiste en la jungla? —Desgraciadamente, sus sentidos aún no funcionaban del todo, por lo que tanto su voz, como la primera frase que emitió al reconocer quien lo llamaba con tanto ahínco, sonó tan perezosa como el resto de su cuerpo en ese momento, tan perezosa como su propio cerebro…aunque era pereza se le quitaría tan rápido como si hubiera sido bañado con agua fría.
—¿Sirena? —No…eso no era normal. Estaba seguro de que escuchó quejidos, mocos, los jadeos de alguien en medio de la desesperación. Ella aún no hablaba y él no fue capaz de emitir otra palabra hasta que ella le respondiera y, cuando lo hizo, se dio cuenta que no responderle habría sido algo de lo que podría arrepentirse.
Aguantó la respiración. ¿En dónde se había metido ella?, ¿No debía estar con Thrym? Quizá con Jensen…podía recordar que se trataban como hermanos, aunque, de todos modos, no había visto al pelinegro desde hace un par de días. Sacudió su cabeza, no podía pensar en posibilidades, debía pensar en el ahora, debía ser la voz de la razón para lo que sea que estuviera pasando…y… ¿Y si no era algo tan grave? Además, ella dijo que alguien se moría en sus brazos…eso quería decir que no era ella la que estaba en peligro directo. Soltó el aire que había retenido y se levantó de la cama, con el den den mushi sostenido en una de sus manos, mientras caminaba dando tumbos por la habitación.
—Nadie va a morir, Merlot —. Para bien o para mal su tono era relajado, demasiado relajado ahora que había discernido que no era la mestiza quien estaba en peligro de muerte. —¿A quién tienes en tus brazos? ¿A un dinosaurio? Si es así, tráelo…estoy cansado de comer pescado y, hasta ahora, no he probado carne de dinosaurio…aunque seguro el gigante acapararía todo —. Chasqueó la lengua e, inconscientemente, volvió a sentarse en su cama para rebuscar en la mesa de noche un frasco con esencia de menta.
—No llores, María, vamos…escucharte así me rompe el corazón. Seguro que no es tan grave ¿Verdad? Nada que no pueda arreglar con un par de vendas…De todos modos… ¿Dónde estás? —Al terminar de hablar llevó el frasco a su nariz para aspirar el aroma de la menta un par de veces antes de guardar el frasco en el bolsillo de su bata y dignarse a caminar hacia la salida de su habitación. —¿En la playa?
Abrir la puerta de su cuarto lo hizo consciente de la luz del sol. Cerró sus ojos cuando la iluminación le pegó de golpe y tuvo que parpadear rápido para acostumbrarse a la claridad, todo mientras, aun en pijama, caminaba hacia la cubierta del barco.
El mar volvió a estremecerse, las olas que lograron llegar hasta cubierta mojaron los pies del médico y, aunque se quejó del agua, seguía en la línea, no se atrevía a colgar, pero más que preocuparse por la llamada, se preocupaba por localizar a la sirena de rosa celeste.
—No cuelgues, háblame —. Miró en varias direcciones, caminó por la cubierta y observó la playa una y otra vez, pero no había nadie. Estaba solo. —María Merlot ¿Dónde estás? —Tragó saliva, por más que su voz sonara firme, la gravedad en su pregunta pudo delatar algo de preocupación. —No te veo por ningún lado del barco ni en la playa… ¿Entraste a la jungla? ¿Puedes ver el barco?
Los ojos amarillos del médico se fijaron en la espesura de la selva, en los árboles que se levantaban más altos que cualquier edificio, en la oscuridad que consumía a cualquiera que pusiera un pie dentro. Temió lo peor para la semi-sirena.
—Merlot —dijo con una seriedad con la que no recordaba haberle hablado antes. —, necesito que te calmes y me digas, exactamente, qué es lo que está pasando.
Karmas
Vestimenta de Hyak
RE: Point de Rupture :: Pasado :: Privado - Maria Merlot - 29-03-2026 Narrador / María Merlot
MUSIQUITA
Inahlación.
Exhalación. Caos. Miedo. El enfoque de María se distorsionaba entre mantener a su hermana viva, entre escuchar a Hyakinthos. La voz del médico la quebró pero también la abrazo, la hizo llorar más pero también bajar un poco las revoluciones de las emociones desbordadas. Él, como su punto focal, le brindaba estabilidad… él siempre sabía que hacer. Lo escucho llamarla “Sirena” como siempre le decía. Las lágrimas caían, la voz se perdía en su garganta, la mirada sobre la desmayada mujer peliverde.
Nadie va a morir, Merlot.
Sorbido de mocos, y un chillido de llanto, solo eso escucharía el médico. Esas palabras, tan claras y serenas la hicieron llevar sus manos temblorosas a la cara de Maki D. Zennin, quitar un mecho que ocultaba los moretones y heridas — … no… no… vas… a morir… escuchaste… Unnie… — balbuceo para que solo ella la escuchará, mientras intentaba seguirle el ritmo a las palabras de Algodón de Azúcar.
¿A quién tienes en tus brazos? ¿A un dinosaurio?
¿Un dinosaurio? Si por querer salvar a unas indefensas crías es que terminaron en esa situación, una que reflejaba cuan inútil e inepta era la mestiza frente a sus nakamas — … no… es… mi Unnie… es Maki… no despierta… — gimió al contarlo, su voz se quebraba con cada palabra — … no… no sé que… hacer… no sé a… dónde ir… — volvió a romper en llantos que venían desde lo más roto de su corazón y espíritu, como una hoja echada al volcán, consumiéndose entre las llamas.
No llores, María.
Sus peticiones, siempre fáciles de cumplir, esta vez se tornaba difícil. ¿Estaba preocupando a Hyakinthos? ¿Estaba fallando a otro nakama? — … no… dejan… de … salir… lo … lo …. siento… — con el dorso de ambas manos busco limpiarse las lágrimas, los mocos, aunque más bien se regaba el barro y la sangre — … si… si… tu… puedes… arreglarlo… vendas… y… pomadas… cute-neas… — recordó la que aplico al mink Hurón, aunque no le hizo nada a priori, seguro curo sus quemaduras. Lo mismo haría Hyakinthos con Maki, todo estaría bien… solo debía llegar al barco… ¿no? — … no… playa no… no lo sé… en… la selva… — le respondió la pregunta, no tenía ni idea dónde estaba, la mayoría de las veces le daba igual pero ahora odiaba que su orientación fuera tan asquerosa, trabajaría en eso, compraría todas las brújulas del mundo para saber a dónde ir, y que nunca volviera a pasar algo así, era una promesa que se hacia así misma en esos momentos tan oscuros.
La voz de Hyakinthos continúo acompañándola, pero ella no sabía que decirle, por primera vez no tenía palabras que dejaran su boca. No sabía dónde estaba, no tenia forma de ubicarse con relación al Flush Royal. Necesito que te calmes y me digas, exactamente, qué es lo que está pasando.
Inhalo. Exhalo. Varias veces. Necesitaba clamarse, su adorado Hyakinthos ya no lo solicitaba como una opción, sino que lo pedía como una orden. Él, su persona favorita en el mundo, le estaba diciendo directamente que se tranquilizará — … anoche… anoche intercepte una llamada… unos cazadores… tráfico de dinosaurios bebes… le pedí… le pedí a Maki ayuda… para salvarlos, Algodón de Azúcar… todo iba bien… hasta había un lago… pero… pero llego un gigante… empezó a atacar a todos… yo escape… pero Unnie se quedó… ella está muy herida… no despierta… no me dice nada… su… su brazo tiene… tiene una posición antinatural… no sé cómo regresar… tengo miedo, por mi Unnie… — le explico intentando controlar sus emociones, tal como él le pidió, aunque las lagrimas seguían saliendo, sus ideas fluyeron más serenas. Cuando le dijo que tenía miedo, ahí su voz volvió a quebrarse.
De pronto cuando iba a decir algo más, la cabeza de la mascota de Maki apareció en el agujero del árbol. La visión inesperada, hizo que María se asustara, tomando a Maki por reflejos y echándose hacia atrás, en el proceso tumbo al Den Den Mushi haciendo perder la conexión de la llamada. La gallina intento meterse, pero solo su cabeza y cuello pudieron entrar, emitió un sonido lastimero, cómo los de María. — ¿Tienes… miedo? ¿Estas preocupada? — cuestiono, la mestiza sentía especial simpatía por los animales, tanto que juraba que los entendía. El animal asintió con la cabeza, lo que la hizo sentirse peor, ahora preocupaba a Rochallor. ¿Cuan más lastre sería? Dejando con cuidado a Maki en el piso, y olvidándose del Den Den Mushi, gateo hasta acercarse a la mascota de su hermana, lo abrazo por su emplumado cuello y lo acaricio con suavidad — Maki estará bien… todos lo estaremos… Algodón de Azúcar la va a curar… — hablo con calma, aunque sus manos temblaban, y sus ojos aun dejaban algunas lágrimas salir. Abrazar al animal, la voz de Hyakinthos, todo eso parecía darle un centro— … solo… necesitamos llevarla al Flush Royal… ¿Tu… podrías… llevarnos a la playa, Rochallor? — le pregunto, los animales eran muy inteligentes.
Lo siguiente que hizo la mestiza fue sacar a Rochallor del hueco del árbol, luego a Maki y colocarla con cuidado sobre su montura, tomo al Den Den Mushi y llamo de nuevo a Hyakinthos — … yo… la llevaré… estaremos bien… espérame… lo… lo prometo — prometió, y quien conociera a la mujer sabría que siempre cumplía sus promesas, por muy absurdas que fuera. La aventura fue una odisea en esa horrible y gigantesca selva. Evitando animales enormes, plantas carnívoras y suelos movedizos. Rochallor encontró un arroyo, y hasta ella sabia que todos esos cursos de agua terminaban en el mar. Así que lo siguieron, aunque a veces veían bestias bebían en el medio de su camino, lo que los hacia desviarse, perderse un poco más, pero terminaban encontraron el camino. De cuando en cuando llamaba a Hyakinthos para reportar su avance, y los síntomas de Maki, gracias a él pudo vendarla mal pero lo hizo, aplicarle algunos ungüentos que llevaba desastroso pero lo hizo. Día 14 del año 17, Primavera – 06:41 p.m.
En la playa, Little Garden, Paraíso. ¿Cuánto tiempo le llevo? No lo sabía, pero se sintió como una eternidad, cuando la brisa marina la arropo el nudo en su garganta se apretó. Al salir de la densa vegetación, pudo ver el mar, y el ocaso a lo lejos pero sobre todo al Flush Royal alzándose en el horizonte como la bandera más hermosa que jamás hubiera visto, una que para ese momento significaba amigos, hogar, salvación. Gracias a Rochallor llegaron a dónde María nunca los habría llevado.
— … los veo… Algodón de Azúcar… — pronuncio al Den Den Mushi en sus manos. Hyakinthos le advirtió que no metiera a Maki al mar, por eso esperaba a que vinieran en el pequeño bote de respaldo, el que usaban para bajar a las islas. Con los últimos rastros de luz, los orbes ámbar de María se enfocaron en el botecito que se acercaba, en el cabello rosado que volaba contra el viento... — … estamos a salvo, Unnie, lo estamos — musito a la bella durmiente mientras guardaba el Den Den Mushi en su bolso y agarraba a Maki con cuidado para bajarla de Rochallor, ahí se sentó con la mujer entre sus brazos, esperando al medico mientras se mecía de un lado a otro, como si acunara a un bebe. Maki estaba claramente herida, pero María no se quedaba atrás, la aventura en la selva la dejo toda rasguñada, sucia de barro y sangre (propia y de Maki), su cabello era un desastre, su ropa estaba hecha jirones, definitivamente su apariencia se alejaba mucho de ser la habitual y reflejaba la cadena de eventos desafortunados que sufrieron ambas chicas.
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RE: Point de Rupture :: Pasado :: Privado - Hyákinthos - 17-04-2026 Llanto. Del otro lado solo había llanto.
Palabras difíciles de entender, sorbidos de mocos.
Conocía bien esa reacción.
Una provocada, en raras ocasiones, por alegría, pero en su mayoría por tristeza o…miedo.
Esa última emoción parecía encajar más con lo que sea que le estuviera sucediendo a Merlot.
Apenas pudo entender, en medio de los balbuceos, un nombre…el nombre de alguien que, recientemente, se había colado en su cabeza, ganándose en lugar indiscutible, una mujer de cabellos verdes que, apenas unos días antes, había luchado con ella contra dos animalistas locos y una horda de dinosaurios. Ese día algo le había quedado claro: Maki era fuerte.
Entonces… ¿Por qué no podía despertar?
Lo primero que pensó fue en algún tipo de veneno, la isla estaba llena de plantas que podían matar a un humano con solo tocarlas, pero…si ese fuera el caso, tal vez la sirena también estaría afectada. No…no podía especular. Necesitaba entender.
Incitó a María a calmarse y, aunque en un inicio creyó que aquello sería difícil, la chica parecía hacer un buen trabajo siguiendo sus instrucciones, pues su voz, aunque quebradiza, llegó casi con claridad a los oídos del médico que ahora estaba recostado en el barandal del barco, mirando hacia la selva con preocupación, como si de ahí esperara que surgiera alguna criatura o, al menos, Merlot junto con Maki.
Tragó saliva…Ellas no podían morir. Una era su ingreso de emergencia y la otra…la otra era lo bastante fuerte como para cuidarlo, había intereses de por medio… ¿Se perdería todo en esa selva? No podía permitirlo.
Escuchó con atención a Merlot. La plática sobre los bebés dinosaurios se le hizo confusa… ¿Por qué se meterían con traficantes? Eran piratas, la única razón para ir a pelear con traficantes era para quitarles su mercancía y revenderla, no para salvar la “mercancía”, eso era trabajo de la marina o, en su defecto, del ejército revolucionario. El médico dejó escapar un bufido de molestia al escuchar la razón por la que estaban en ese problema, pero, luego, se mordió el labio inferior para evitar interrumpir de nuevo a su compañera peli celeste.
—¿Un gigante? ¿Qué? ¿Thrym? Él está aquí, durmiendo en la playa y no atacaría a Maki…no atacaría ni a una mosca ¿De qué hablas? No te entiendo… ¿Qué lago? —Fueron sus primeras preguntas en cuanto la chica terminó de hablar; sin embargo, luego de que su cerebro despistado sacara a relucir sus dudas, analizó mejor una de las últimas frases. —Espera… ¿Cómo que una posición antinatural? Esta… ¿Rota? ¿Dislocada? ¿Quebrada? —Sus preguntas salieron con rapidez, intentando obtener una respuesta que quizá no llegaría porque…entendía bien que el miedo era lo que gobernaba a María en ese momento. Ella misma se lo había confesado.
—Sirena, no tengas miedo…si es algo como eso, tiene arre…
En ese instante escuchó el golpe de algo contra el suelo y la línea de cortó.
—…glo…
Parpadeó un par de veces y luego apartó el comunicador del Den Den Mushi de su boca y miró que el animalito volvía a dormir: La llamada se había cortado.
—Merlot…Maki…
Pero a pesar de que supiera lo obvio, de que ellas no podían escucharlo, su voz salió como si aun estuvieran en llamada, como al alguien pudiera escucharlo al otro lado. Apretó con fuerza el comunicador del Den Den Mushi y, luego, dejó que este cayera en su lugar, mientras que el médico chasqueaba la lengua e intentaba recordar el contacto de la chica, pero…simplemente no podía.
Dejó el caracol en su lugar y fue corriendo a su habitación, empezó a revolver sus papeles, sus notas, sus libretas, todo con tal de encontrar el contacto de cualquiera de las dos mujeres, pero le fue imposible, incluso pensó en despertar a Thrym, pero no importa cuanto gritara, el gigante no se despertaba.
Al final, el médico volvió a un lado de su caracol, lo tomó en sus manos y se deslizó por la madera del barco hasta sentarse en el suelo y empezó a marcar números al azar, bueno…no tan al azar, más bien, marcó los números que creía que podían pertenecer a Merlot, aunque, por supuesto, ninguno era el correcto.
Maldijo entre dientes y, cuando creyó que no recibiría otra llamada de su ingreso de emergencia, el característico sonido del Den Den Mushi llegó a sus oídos, algo que hizo que el médico se sobresaltara y contestara la llamada de inmediato: Era Merlot.
La voz de la chica lo tranquilizó, ahora sabía que estaban rumbo al barco, que quizá tardarían un poco, después de todo, entendía que la chica no tenía la guía exacta de en donde estaba el Royal Flush; sin embargo, saber que venían en camino, fue suficiente para que, mientras que ellas estuvieran “explorando” la selva, él pudiera bañarse, comer y, por supuesto, preparar cualquier medicina o implemento que pudiera usar para tratar un brazo roto.
Cubierta del Royal Flush
6:41 p.m.
Además de los momentos que necesitó para cumplir con cosas básicas, el médico estuvo buena parte del día recostado a la cubierta del barco, atento al horizonte selvático y, aprovechando, hablar con Merlot por medio del Den Den Mushi. Era la única manera en la que podía informarse de que ambas seguían con vidas; sin embargo, a medida que las horas pasaban y cuando el sol empezó a esconderse, el médico empezó a desesperarse.
Sus botas —porque había cambiado su pijama por un pantalón verde, un t-shirt holgado, una camisa fresca y unas botas de explorador—, empezaron a dar golpecitos contra la madera del barco y, sumado a eso, su labio ya tenía un sabor metálico producto de la sangre que él mismo se había sacado por haberse mordido con tanta fuerza durante los últimos minutos. Intentó respirar con calma, pero nada de eso servía para calmarlo como la voz de la mujer.
Entonces, cuando estuvo a punto de tomar al caracol para empezar a marcar números al azar, este sonó de nuevo y la voz de Merlot le trajo buenas noticias.
—¿Nos ves? ¿Dónde? ¿Dónde están? —El médico, que tenía un catalejo a su lado, dejó el Den Den Mushi sobre el borde del barco y miró a través del lente para ubicar a la peli celeste y a la mujer quemada y, efectivamente, luego de unos segundos, estuvieron en su rango de visión y eso…eso fue suficiente para dibujar el horror en el rostro del médico.
—Pero… ¿Cómo? ¡Ah! Quédate dónde están, ya las vi —. Con la agilidad digna de alguien mucho más joven de lo que en verdad era el médico, el hombre bajó por la escalera de cuerdas del barco, no con calma, de hecho, casi se tiró desde la cubierta y se sujetó con fuerza de una de las cuerdas para mecerse hasta llegar a la arena de la playa.
Cuando sus botas tocaron la arena mojada, el hombre corrió, junto con su botiquín de emergencias, hasta donde estaban ambas mujeres. Por inercia se fijó primero en el estado de Merlot, pues saltaba a la vista, más cuando bajó sus ojos, notó la gravedad de la situación.
—¿Cómo es posible que alguien le hiciera esto? Ella es… —Sacudió su cabeza, su voz había salido calmada, pero expresaba duda en sus palabras y eso no podía permitírselo en ese instante, fue entonces que, con cuidado, le hizo una seña a la semi sirena para que dejara a la mujer peliverde sobre la cálida arena y, con eso, poder examinarla como era debido.
—Tengo que llevarla al barco para poder limpiarla bien, pero…tranquila, Merlot, hiciste bien en traerla, se pondrá bien…solo tiene un brazo roto…sí, duele mucho cuando sucede, pero es algo que se puede resolver —dijo mientras que, con una de sus manos enguantadas con látex, quitaba algo de tierra y sangre del rostro de Merlot. —De todos modos, tendré que revisar que no tenga hematomas en otras partes del cuerpo y también hay que limpiarla y…a ti también tengo que revisarte. No quisiera que la más bella de la tripulación quedara marcadas con feas cicatrices.
Al decir eso, con cuidado, el hombre tomó a Maki de la arena. No se la echó al hombro como un saco de papas, algo que habría hecho con cualquier otra persona que no recordara, si no que la llevó en sus brazos como si fuera una princesa a la que un príncipe tiene que rescatar y, luego, cuando verificó que no fuera a resbalársele, el hombre giró su rostro para ver a Merlot y a… ¿Eso era un pollo gigante? El médico alzó una ceja, pero no cuestionó nada de momento.
—Ejem… ¿Puedes caminar? ¿O el pollo puede traerte? Si no es así, deja que suba a Maki al barco y luego vendré por ti y por el… ¿Pollo? —Estaba confundido, sí, pero no podía concentrarse en el animal por ahora. —Jmmm… ¿Sabes qué? No me respondas, solo espérame aquí y te cargaré hasta el barco cuando regrese.
Con eso dicho, el pelirrosa se movió con agilidad, aun con Maki en sus brazos y se las arregló para subir con ella hasta la cubierta del Royal Flush, luego caminó por los pasillos hasta llegar a una habitación improvisada que servía de enfermería, depositó a la chica en la cama y, al asegurarse de que estuviera cómoda, la dejó por un momento para buscar a Merlot.
Hizo el mismo recorrido de regreso y, en poco tiempo, estuvo de nuevo junto a la sirena de azul celeste, a quien miró desde arriba, tapándole el poco sol del atardecer que aún se atrevía a mostrar sus rayos.
—¿Lista? —El hombre se agachó para que la chica pudiera subirse a su espalda. —Te llevaré en mi espalda, espero que tengas fuerzas para sujetarte, aunque, de todos modos, nunca te dejaría caer —. Dejó que la chica se acomodara tras él y cuando sujetó sus muñecas para que no se cayera, como prometió, miró a su lado para ver al “pollo” que hizo un sonido raro antes de correr al barco por su cuenta.
—Bien…supongo que él no necesitará ayuda —dijo antes de caminar hacia el barco para repetir el mismo proceso con Merlot que siguió con Maki. La llevó hasta la habitación improvisada y la colocó en la cama contigua a la de la peliverde.
—Ahora podemos empezar el tratamiento —. Lavó sus manos, se colocó guantes y mascarilla, y reunió sus implementos alrededor de la más afectada…Empezaría con la limpieza de las heridas. Le dolería a Maki…sabía que le dolería, que ardería en esas zonas en donde la carne estaba viva y saludando el exterior…intentaría ser delicado, pero no podía prometer nada…La medicina no siempre era gentil.
Cambio de Vestimenta de Hyak
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