![]() |
|
[Pasado] Los colores del otoño - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Reino de Samba (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=314) +---- Tema: [Pasado] Los colores del otoño (/showthread.php?tid=3245) |
[Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 21-02-2026 Fecha: Día 16 Otoño del año 16
—Que hermoso… No sabía qué expresión estaba teniendo ahora, pero estaba muy segura de estar sonriendo por cómo sentía el pequeño tirón en sus músculos faciales y estaba viendo una vista que le gustaba un montón, mientras más tiempo pasaba en aquella isla, le agradaba cada vez más, aunque la diferencia entre las clases sociales eran muy marcadas, si apartaba su mirada, aunque sea por solo unos segundos, dejando la culpa atrás de hacerlo, Seraphine podía enfocarse en sus tesoros. —¡Mis ojos!— Parpadeó, cubriendolos con las palmas y se los frotó, necesitando unos minutos para volver a ver, ya que tras abrir uno de los civiles una puerta, la luz se reflejó directo a su rostro. Con cierta duda, inclinó su cuerpo hacia un lado, estando sentada en una banca, la chica contó hasta tres. —¿Estará todavía ahí?— Tardó en separar un poco los dedos, temiendo que los colores se hubiesen ido, pero para el alivio de la skypean con cabello bicolor, seguía allí, su rostro volviendo a derretirse en esa expresión de felicidad y adoración. Algunos árboles habían perdido sus hojas, sin embargo, el resto seguía allí, combatiendo con el resto en cuanto a los colores más bonitos, algunas teniendo un color que se parecía un montón al oro, mientras que el marrón, venía en todas sus tonalidades, brillantes y un par le recordaban un poco al chocolate caliente. Y la luz cálida del atardecer, parecía jugarle trucos a Seraphine, resaltando aún más sus colores, solo faltaba una taza entre sus dedos, un buen libro y una mantita, toda esa combinación haría difícil que la revolucionaria de casi cuatro metros, se fuera de aquel lugar, sintiendo que estaba observando un cuadro paralizado en el tiempo y Seraphine deseó que así fuese, en especial cuando escuchó el par de botellas estamparse contra el suelo, seguido por altas voces, ni debió de girar su cuerpo en aquella dirección, para saber que se encontraban cerca del bar, encontrándose ahora mismo en un pequeño parque, donde a su derecha estaba la pequeña posada que se hospedaba, habiendo tenido mejores días y se encontraba rodeada de tiendas, junto al bar. Si estirabas un poco el cuello, podías ver el río. —¿Mm?— Un sonido extraño llamó su atención y girando su cabeza, lo vio. —¿Pero qu…? No pudo terminar su frase, una botella de cerveza impactó contra su rostro, para la suerte de Seraphine, ella sirvió más de almohada para suavizar el choque, no rompiendo y manteniendo su ropa seca, no obstante, su nariz se encontraba ahora roja como la nariz de cierto reno y adolorida. RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 23-02-2026 Había que reconocer que la Isla de Samba tenía sus encantos, pensó Kibai mientras daba un largo trago a su jarra mientras la taberna a su alrededor mantenía su bullicioso ambiente. El hecho de que las plantaciones y fábricas de la isla trabajasen casi de manera continua facilitaba que en todo momento la ciudad tuviese bastante actividad.
"Aunque cantidad y calidad no son para nada conceptos equivalentes aquí" se dijo el mink para si al ver como varios trabajadores reían con voces obviamente alteradas por el alcohol mientras aporreaban la madera de la barra a un par de metros de él. La combinación del duro trabajo con el día de cobro sin duda provocaba aquellos excesos. Por suerte, Kibai no había sido asignado a la Isla de Samba, sino que había sido enviado a recoger una partida de suministros para su base en Roshwan. Bastante había tenido que aguantar para explicarle al encargado de la intendencia por qué una base situada en una isla que lo único que producía decentemente era cebada para cerveza, tubérculos para destilar licor y nabos de invierno necesitaba más fruta y verduras de lo normal.
Por suerte, la cosa había acabado por acalrarse y ahora el buque en el que Kibai había llegado estaba cargado y listo para partir en cuanto recibiesen la autorización y la tramontana permitiese una salida limpia de vuelta a la isla de Roshwan. Mientras tanto, al mink y a sus compañeros les habían dado permiso para darse una vuelta por la ciudad, con órdenes de mantener sus Den Den mushi a mano.
Tras dejar unos cuantos berries sobre la mesa, Kibai hizo un gesto de despedida hacia el camarero y se encaminó al exterior, esquivando casi de manera inconsciente al resto de clientes mientras seguía cavilando en como organizar todo durante el viaje. Al salir, la luz le deslumbró brevemente hasat que sus pupilas verticales se ajustaron a la claridad. La plaza estaba bastante despejada, con excepción de un grupo de aquellos mismos trabajadores que ahora estaba fuera, aparentemente en medio de una discusión. El mink redujo su ritmo de caminata. Había visto las suficientes de aquellas discusiones como para saber que la cosa podía empeorar rapidamente. Y por desgracia, no se equivocó.
Una de las botellas de cerveza salió volando, atravesnado la calle hasta dónde una joven con alas blancas y cabello rosa se hallaba sentada, con tan mala fortuna que el recipiente de vidrio la golpeó directamente en el rostro.
A ojos de cualquier observador, Kibai bien podría haber sido un borrón en movimiento. De un salto, cruzó la distancia que lo separaba del grupo de trabajadores, agarrando al que había lanzado la botella por el cuello de la camisa de lino basto y estampando su espalda contra la pared de la taberna mientras su garganta emitía un quedo rugido. Por el rabillo del ojo, adviritó como sus compañeros hacían el ademán de intervenir, pero la visión de su capa de Marine y la vaina de Raimei pareció hacerles dudar por un momento.
— Amigo, has tenido muy mala suerte hoy. Creo que te va tocando irte a casa. Pero antes...
Arrastrando al hombre a través de la calle, Kibai plantó al hombre delante de la joven sosteniéndolo firmemente del hombro, con las garras perforando la tela de lino y dejando pequeñas heridas en la piel de debajo.
— Creo que le debes unas disculpas a la señorita...
RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 23-02-2026 Apenas vió el uniforme, agradeció el no poder hablar, ya que de inmediato se acumularon un par de maldiciones en el interior de su garganta, no contra la facción que hacía vestir al hombre de blanco y azul, ni hacia su género o parecido, era hacia la mala suerte que tenía la chica de cabellos bicolores, no iba diciendo por ahí de formar parte de la Revolución, ya que estaba muy segura que la aniquiliarían en un parpadeó, no era fuerte, lo suyo era más bailar y intentar tocar corazones con intención de alegrarlos con sus pasos de baile, no obstante, tenía toda la intención de proteger sus ideas. Por otro lado, los ojos de la skypean brillaron al ver las orejas y cola, debiendo de hundir sus dedos contra su piel para no salir disparada de inmediato a darle unas palmaditas en la cabeza, con sus ojos, sin darse cuenta que se movieron de manera instintiva, intentando buscar a otro mink por las dudas de que sí lo acompañaba, llevandolo un tiempo sin verlo y reconoció de inmediato que no tenía por qué conocer a Moja, a lo que infló sus mejillas, la compañía del hombre de pelaje negro le agradaba, en cambio, el rubio que tenía delante, le ocasionaban ganas de pegar su cabeza entre los hombros y desaparecer en el hoyo más cercano que hubiese. Sin embargo, al ver el cómo tenía al hombre agarrado, ocasionó que te inmediato dejase las cosas a un lado, sobre la banca y salió disparada hacia adelante, con su libreta y lápiz, le dio un firme, suave al mismo tiempo, golpe en los dedos mirando al leopardo directo a los ojos, escribiendo con mucha rapidez para hablar con él. —Y tú una disculpa por hacerte daño de manera innecesaria— Alzó una ceja, ya pudiendo escuchar las réplicas. —Sin peros, sí, la botella me habrá dado en la cara, pero esto no me gusta— Con tranquilidad, dio un paso hacia atrás, cruzándose de brazos y miró a la otra persona, dejando escapar un suspiro. Giró, dándoles la espalda y agarró la botella, golpeando al hombre a quién le pertenecía la cerveza, sin romperla. —¿A que duele?— Lo veía algo pálido, sin emitir alguna clase de sonido aún. —Ten algo de más cuidado la próxima vez— Sus mejillas se sentían algo sonrojadas por la extraña adrenalina que sintió en ese momento, estaba más acostumbrada a mostrarse dócil. RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 24-02-2026 Si a Kibai le hubiesen dado a él mismo el porrazo, no se habría sentido más aturdido.
Mirando con los ojos como platos a la joven de cabellos rosas, notó como su cuerpo se tensaba por la indignación. Podía soportar la bondad, incluso podía soportar la indefensión, pero la abierta y total inofensividad era algo que a él, como alguien de un linaje drepredador, le resultaba totalmente incomprensible.
No obstante, se obligó a su mismo a soltar a aquel hombre, quitándole la mano de encima del hombro y sacudiendo levemente el polvo de su ropa.
— Mis disculpas, caballero. Puede irse a casa, no creo que le convenga beber más por esta noche.
El aludido pareció entender la situación, pues asintiendo con la cabeza varias veces, murmuró unas rápidas disculpas hacia la joven antes de desaparecer con sus compañeros.
Volviéndose de nuevo hacia la chica, Kibai carraspeó un par de veces, mientras la observaba. La joven era alta, de al menos unos tres metros y pico, y su pálida piel le hizo pensar que se quemaría hasta a la sombra de un árbol. Su rostro era hermoso sin duda, aunque su nariz estaba ahora enrojecida e hinchada por el golpe recibido con la botella. No se le escapó el hecho de que no había dicho ni una palabra, pero si había escrito perfectamente en su libreta de papel.
Descartando preguntar para no resultar indiscreto, Kibai decidió empezar de nuevo.
— Soldado Kibai, a su servicio. Lo siento mucho, señorita, no pretendía asustarla. Me he dejado llevar demasiado. Lo cierto es que he estado escuchando a esos hombres adentro de la taberna un buen rato, y le aseguro que la mayoría de lo que he oído no era demasiado bueno. Usted se encuentra bien? Necesita que la atiendan? Los golpes así pueden resultar engañosos.
Agitando la cola levemente de lado a lado, Kibai procuró dulcificar su expresión en la medida de lo posible, a la vez que recogía las garras dentro de sus manos y apoyaba estas en su cinturón.
— Si puedo serle de ayuda de alguna manera, no dude en pedirmelo. Aunque no esté de servicio, ya que no estoy destinado en esta isla, la Marina siempre está dispuesta a atender a cualquiera que se lo pida.
RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 24-02-2026 Se llevó dos dedos cerca a sus ojos y apuntó al desconocido que de seguro estaría borracho, un simple gesto de que lo estaría observando, mientras en la otra mano, giraba la botella entre sus dedos, manteniendo una amplia sonrisa, la idea que esparciera violencia por allí sin pensarselo no le gustaba, buscando cortarlo de raíz, no obstante, con rapidez tuvo que preocuparse de otras cosas, la botella se le escapó de los dedos, los ojos de Seraphine se agrandaron y la atrapó con ambos brazos, quizás en una expresión algo ridícula por el pánico.
—En definitiva, el alcohol y yo no nos llevamos bien. Entrecerró sus ojos, dejándola en el suelo, debajo de la banca, lejos de los pies de los demás y en especial los suyos para evitar tropezarse, lo último que quería ocasionar que alguien se lastimase, metiendo su mano dentro de uno de sus bolsillos, extrayendo un blanco pañuelo, pareciendo de pronto, disociar al levantar la mirada, una enorme sonrisa instalándose en su rostro al volver a apreciar los colores del otoño, en especial con la luz dándole un efecto especial al leopardo. —Bonito— Parecía ser de oro y cerró sus ojos, contando hasta diez mientras sentía su pulso acelerarse por todo lo hermoso que todavía le quedaba por ver, los colores, olores, aquellas experiencias que le fueron privadas y hizo puños con sus manos, teniendo toda la intención de recuperar aquellos años perdidos, aunque tuviese que recordar el hacer uso del freno al tener la mala costumbre de ir de cabeza sin pensarselo demasiado. Mientras Kibai hablaba, se encontró con una pequeña encrucijada estúpida, que no, era mano, no patita, se llevó unos cuandos dedos a la frente, masajeandosela en circulos, necesitaba una mascota cuanto antes, lo malo es que la revolución no era un buen lugar para eso. —Seraphine— Escribió, enseñandole lo escrito y se encogió de hombros, levantó su mano, demostrando la falta de su dedo meñique, la cicatriz en su garganta se encontraba visible. —Y recibí golpes peores, soy muy resistente— Llevó una mano a su mejilla, tirando con fuerza, pasando el efecto contrario, ya que dejó escapar una pequeña mueca de dolor. —Tu mano po favor, tendrás restos de sangre. Agitó un poco el pañuelo en una mano. —¿Eres un trabajolico?— Sonrió. —Deberías disfrutar un poco más de tu tiempo libre. Frunció el ceño, teniendo una pregunta que se formulaba en su lengua. —¿Hun…?— Cerró su boca al saber que no saldría sonido alguno y volvió a escribir. —¿Hundes tus garras en la carne muy a menudo?— Ladeó la cabeza. —¿Es fácil de destrozar?— Más le valía empezar a acostumbrarse a la idea que algún día, fuese su cuello la que fuese víctima de una acción así, desde que eligió el camino del arco y flecha, sabía bien que tenía posibilidades de morir. RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 24-02-2026 Kibai es esforzó por no poner los ojos en blanco cuando la botella casi se escapó de las manos de la joven, que tuvo que palmear rápidamente el aire para atrapar el recipiente de vidrio de nuevo. Siempre le resultaba sorprendente que personas tan descoordinadas consiguieran ir por la vida sin tropezarse con sus propios pies.
La joven parecía también no estar del todo bien de la cabeza, pues en ese momento se encontraba con los ojos cerrados y los puños crispados a ambos costados.
— “Madre mía, pero que le pasa a la gente en esta isla…”
La chica alada pareció calmarse al fin, volviendo a escribir nuevamente en su libreta con fruición, mostrándole la palabra SERAPHINE escrita con grandes trazos estilizados.
Mientras Kibai aceptaba el pañuelo que le ofrecía y trataba de disimular su expresión de sorpresa al ver la cicatriz del cuello de la joven, se dio cuenta de que esta volvía a escribir de nuevo en su libreta y se lo había plantado de nuevo delante de los ojos.
— Ah, no, no es que esté obsesionado con el trabajo. Y créeme, me encanta disfrutar de mi tiempo libre, pero desde que acepté llevar este uniforme, también acepté un compromiso, entiendes? No puedo permitir que una injusticia pase delante de mis ojos y no intervenir, esté de servicio o no. Pero si te sirve de consuelo, tengo aficiones. Por ejemplo, me encanta cocinar, de hecho mi intención es asegurarme que cuando finalmente me destinen a un lugar decente, nadie bajo mi cuidado pase hambre. Nunca.
Ante la siguiente pregunta de Seraphine, el mink no pudo sino soltar una alegre carcajada. Estaba claro que la primera impresión que había ofrecido a aquella chica no había sido la mejor del mundo. A veces, Kibai tendía a olvidar que su actitud podía verse algo amenazadora, especialmente cuando había algo que le enfurecía, como había sido aquel borracho haciéndole daño a alguien tan aparentemente indefenso. Con un gesto pacífico, ecogió las garras dentro de sus dedos, levantando ambas manos en un gesto de rendición.
—Y no, no voy por la vida desgarrando la carne de la gente. Y si, es facil. Pero que sea fácil no significa que deba hacerse de manera indiscriminada. Si eres alguien bueno, y no te metes en líos ni pretendes hacerle daño a nadie, no tendrías que preocuparte de nada de eso.
Frotándose la nuca, Kibai la miró con una media sonrisa, ya sin colmillos.
— Y honestamente, no me pareces alguien que cause problemas, visto lo visto. De dónde vienes? No había visto a nadie como tú por aquí.
El mink se quedó aguardando pacientemente, mientras la joven volvía a escribir en su cuaderno. Tenía que admitir que aquella situación estaba resultando de lo más curiosa…
RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 24-02-2026 Asintió a sus palabras y sonrió, por cuestiones del pasado, Seraphine no confiaba demasiado en la marina, pero sabía que su problema era más con aquella facción que las personas en sí, siendo admirable que estuviera muy convencido con su causa.
—¿Qué es lo que mejor se te da cocinar?— Ahora si ella tuviera una cola, la estaría moviendo de un lado a otro, de forma muy animada, la conversación iba por un punto que le interesaba. —¿Es la carne lo que mejor se te da? ¿Los dulces? ¿Y cuáles son tus platos favoritos?— De pronto, se sentía como si le hubiesen dado rienda a su curiosidad y ahora no tenía freno, habiendo lanzado en algún rincón hace mucho tiempo. —¿Te envían a lugares tu solo o sueles ir en compañía?— Creía que sería buena idea aprender un poco más, teniendo una ligera noción de lo que hacían, aunque sus conocimientos no pudiesen diferenciarse demasiado a los de un simple civil. —¿Podría probar algo que cocinó? Se dio cuenta demasiado tarde que quizás sería algo difícil, no obstante, seguía queriendo probarlo, teniendo una enorme sonrisa en sus labios, dudaba de la existencia de alguien a quién no le gustase la comida, al escuchar sus palabras y su risa, parpadeó, sin entender qué le pareció tan divertido. —Perdona, no me refería que fueses atacando a todos— Sacudió su cabeza. —Pero, eres marine, eso significa que quizás hayas hecho daño y te hayan hecho daño, me gustaría escuchar alguna de historias, si es posible— Cerró sus ojos cuando el viento los atacó con fuerza, ocasionando que su largo cabello quedase algo despeinado y hizo una mueca, peinando unos cuantos mechones hacia atrás, para poder ver mejor. —No tienes que preocuparte si tienes más aventuras violentas de las que hablar— Empezó a contar con sus dedos. —Me han dado con látigos, quemado, apuñalado e incluso arrancado un dedo a mordiscos, mi estómago podrá superarlo fácilmente. Le sacó la lengua, en un gesto de broma. Movió un poco sus alas de skypean. —Ni la menor idea— Se dio golpecitos con la punta de su lápiz en el mentón. —Pero estuve viviendo durante 8 años en Sorbet. RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 24-02-2026 Kibai se cruzó de brazos, apoyando su mano en el mentón, tratando de hacer memoria y clasificar su capacidad culinaria. Obviamente nada de carnero, o cordero, antes de comerse algo así habría pasado hambre, aquellos animales eran sus parientes lejanos al fin y al cabo.
— Mira puedo empezar por la respuesta fácil. De momento aquí me han enviado con varios compañeros a por suministros. Nuestra isla es invernal, y no crece casi nada decente para comer, así que hemos venido aquí a recordarles que ellos que tienen mucho para comer que deben de acordarse de los compañeros que no tienen tanto.
Acto seguido, tras repasar varias de sus recetas, se decidió por lo obvio.
— A mi personalmente me encantan las aves de cualquier tipo. Todo lo que lleve alas, para mi es una delicia.
Antes de que la ultima palabra hubiese abandonado su boca, el mink se dio cuenta de lo que acababa de decir, observando las dos obvias alas blancas que Seraphine exhibía a la espalda.
— A ver, que no quiero decir que te vaya a comer a ti, tu eres humana, o casi… Bueno, lo suficientemente humana. Que no quiero decir que no seas una delicia, seguro que eres encantadora… mierda lo estoy diciendo todo mal…
Carraspeando sonoramente, Kibai se enderezó de nuevo, decidiendo obviar aquellos últimos segundos.
— Cocino bien casi cualquier cosa, menos animales con pelaje, por principios nunca los mataría, cocinaría ni comería. Los dulces me gustan lo más naturales posibles, prefiero frutas y platos de bayas antes de pasteles. Y mi plato preferido es sin duda el que hace sonreír a la persona que tengo delante.
Aquella joven no debió sentirse demasiado intimidada por su metedura de pata, pues volvió a escribir en su libreta y le plantó una frase delante de los ojos.
—¿Podría probar algo que cocinó?
Kibai echó un ojo a su Den Den Mushi, que seguía mudo y dormido en su capa. Qué había de malo en cocinar algo para aquella chica? Al fin y al cabo parecía haberlo pasado bastante mal, y la pobre no parecía muy entera. Comer algo le vendría bien.
— Claro, podría cocinarte algo sin problema. No sé si tienes algún sitio donde pueda preparar algo. Si no, los mercado aquí están bien provistos y no es muy complicado improvisar un fogón decente en la playa. Si a ti te parece bien, dime, que prefieres y me pondré a ello.
El mink esbozó ahora si una sonrisa genuina, adelantándose a la reacción de Seraphine.
—Lo pillo lo pillo mala elección de palabras de nuevo, escríbeme que prefieres. Mejor? Mientras iban caminando, Seraphine continuaba escribiendo en la libreta, mostrándole frase tras frase.
Kibai se rascó la cabeza al ver las palabras que le iba mostrando la joven. Lo cierto es que no se sentía muy cómodo hablando abiertamente de esto, pero después de la mala impresión que le había dado de inicio…
— Bueno, no me gusta entrar mucho en ello, pero digamos que nunca he hecho daño a nadie que no se lo mereciese. En una ocasión tuve que detener a tres estafadores. Habían capturado a varios lobos, y vendían sus servicios como cazadores de lobos tras dejar que uno de los animales entrase a los establos a matar al ganado. Después acababan con el lobo y recogían el dinero. En una ocasión, un chico los vio, y decidieron llevárselo para hacerlo desaparecer, aunque conseguí llegar a tiempo.
Kibai omitió los detalles acerca de su lucha posterior con los hombres, aunque notó como sus garras salían levemente de sus dedos al recordar la escena.
Al mencionar Sorbet, pero desconocer su origen primigenio, Kibai levantó una ceja con curiosidad.
— Vaya, llevas bastante más tiempo en este mar que yo, eso seguro. Venga, creo que tienes mucho más que escribir en esa libreta, y yo tengo algo que prepararte. Cuando veas un puesto con algo que te llame la atención, me lo dices.
RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 24-02-2026 —¿Invernal?
Parpadeó y de pronto, mientras más escuchaba la palabra compañeros, más sentía las puntas de sus dedos arder, haciendo puños y abriendolos, ejerciendo un poco de tensión en su mandíbula, cierto hombre que conocía era demasiado reservado, incluso con su trabajo, pero la manera en que había hablado, no le parecía tan descabellado pensar que era marine. —¿Por casualidad conoces a Moja?— Ladeó la cabeza, sin darse cuenta de que sus ojos brillaban. —Por cierto, lo de recordarles suena un poco bravucón— Venga ya, que tuvo sus garras hundidas en la carne del hombre, ya sea por accidente o no, pequeñas cosas como esas solían decir mucho acerca de las personas. —Por cierto, mi pañuelo, ¿pudiste limpiarte bien? Sonrió, sin reaccionar demasiado ante el comentario de aves, formándose un enorme signo de interrogación sobre su cabeza al ver su nerviosismo y parpadeando, miró en dirección de sus alas al comprenderlo, echándose a reír con ganas, dando quizás una imagen algo extraña al no producir sonido alguno, pero incluso sin esta se podía ver lo mucho que le divertía. —Está bien, está bien— Sacudió su cabeza. —Sería un poco hipócrita de mi parte si me quejo cuando probé pato más de una vez— Se encogió de hombros. —Aunque eso me hace preguntarme cómo te sentirás tú a la hora de comer algunos animales, ¿si alguien se comiera un gato o leopardo, te daría escalofríos?— Lo observó con interés, cada uno tenía sus cosas. —Por cierto, también eres encantador— Lo miró directo a los ojos. —El sol de otoño te está haciendo brillar un montón, como decirlo…. Un encanto salvaje— No parecía tener muchos problemas para escribir aquello con una expresión normal, después de todo, para ella era la verdad sin malas intenciones detrás. —¿Quieres tocarlas?— Señaló sus alas— Y recordó cuando le tocó las orejas a otro mink, aunque casi se restregó completamente contra él por lo suave que era. ¿Se sentirían diferente? —Cuidado eso si con las garras. No le parecía mal el recordárselo, por las dudas. —Entonces debe ser muy gratificante comer con el resto de tus compañeros— Se rascó un poco en la mejilla izquierda, pensativa. —Sorpréndeme y en la playa no me parece mal— Le señaló la frente. —Te van a salir arrugas si te preocupas por cada cosa que me dices— Le sacó la lengua. —¿Quién es el torpe ahora?— Miró feo la botella de cerveza debajo de la banca y escuchó su historia en silencio, no esperando aquello, aunque podía imaginarlo y sin darse cuenta de que hacía, estiró su mano hacia la cabeza de Kibai para darle unas cuantas palmaditas. —Bien hecho, salvaste a un niño y los lobos tendrán algo menos de lo que preocuparse, ¿y si lo celebramos? Aparte de la comida, podemos añadir una actividad más— Frunció el ceño. —¿Algo que te gustaría hacer?— No le pasó desapercibido la cara que puso algunos minutos antes. —Sorbet, Baterilla y Samba— Apartó algunos mechones de su campo de visión. —¿Que quieres escuchar de las islas? Dio un paso hacia adelante, deteniéndose en un puesto de aves. RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 25-02-2026 Kibai se detuvo en su caminar, mirando hacia el cielo mientras repasaba la lista de nombres que ya había conocido en labase de Roshwan.
— Moja, Moja… No, no me suena de nada, pero si no está destinado en mi base, sería complicado que hubiese coincidido con él. También es marine, es amigo tuyo? Al mink, visto lo visto acerca de aquella chica, le alegraba que al menos alguien respetable la conociese, especialmente viendo su estado actual.
Por suerte su desliz fue recibido por una carcajada silenciosa, bastante extraña tenía que añadir, pero cuando Seraphine acabó de agitar su cabeza, Kibai pudo al fin devolverle el pañuelo con una mueca de agradecimiento. El mink se ahorró el decirle que raramente se le quedaba sangre en las garras porque su propia estructura la hacia correr hacia abajo, tampoco era un dato necesario y por el contrario era bastante escalofriante.
Al ver la frase escrita acerca de usar a los felinos como comida, su cuerpo se tensó, y casi inconscientemente soltó un gruñido sordo apretando la empuñadura de Raimei.
— Para nosotros, eso es uno de los mayores crímenes. Los animales con pelaje son para nosotros tan cercanos como los humanos o cualquier otra raza. Lo consideramos poco menos que canibalismo… Me ha costado acostumbrarme a tolerar ciertas cosas fuera de mi hogar.
Ante la oferta de la joven, Kibai abrió bastante los ojos, y tras asentir, extendió la mano, rozando con suavidad las plumas del ala derecha de Seraphine, asegurándose de emplear el dorso para ello. eran curiosamente mullidas, para nada parecidas a las plumas de un ave corriente.
— Vaya, son… suaves.
No obstante, optó por no prolongar demasiado el contacto. Él mismo se sentía incomodo en muchos momentos con ciertas cosas así, y no pretendía hacer sentir lo mismo a la joven.
Tras escuchar la elección de su acompañante por la playa, y que para su sorpresa se detuvo en un puesto de aves, Kibai se acercó para ver el género. Para su sorpresa, se encontró con una buena variedad de aves pequeñas y medianas, aunque descartó rapidamente todas las carnes frescas. No se habría fiado de nada que no supiese cuanto tiempo llevaba al aire libre, pero en cambio señaló una lata con una inconfundible forma cilindrica.
— La lata de confit, por favor.
Una vez hubo pagado la lata (que valió un par de cientos de berries de los que le gustaría) Kibai y su acompañante siguieron su camino en dirección a la playa, aunque el mink se detuvo una vez más para hacer unas compras fundamentales en los puestos de frutas: Un mango, un par de limas jugosas y lo más importante,un pequeño saco de harina.
Esbozando una media sonrisa cuando Seraphine le palmeó la cabeza, Kibai hizo un gesto en el sentido contrario. No era que no le gustase, pero siempre había pensando que eso era algo propio de minks gato. Y el no lo era. Ante la oferta de la joven, el mink sonrió de nuevo a su pesar.
— Podrías contarme un poco de cómo has acabado aquí. Total, vamos a tener tiempo, creo yo. La marea tardará otras cuatro o cinco horas en cambiar, y hasta entonces seguramente no me reclamen. Además, mientras yo cocino, tendras que tener las manos ocupadas en algo, aunque sea en escribir…
Los dos llegaron hasta la playa dónde Kibai rapidamente cortó varias ramas y comenzó a reocger rocas para montar la hoguera.
— Bien, cuando quieras, te leo.
|