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[T1 - Autonarrada] Órale Tocho Morocho - Versión para impresión

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[T1 - Autonarrada] Órale Tocho Morocho - Wyatt Goldstar - 25-02-2026

Entre sus pares, Wyatt siempre fue visto como un amante de la naturaleza. Y en particular de los equinos, con los cuáles parecía tener un vínculo fraterno muy especial, pues al llegar al establo, estos hasta agachaban la cabeza en señal de respeto. Desde sus 10 años, cuando montó un caballo por primera vez, jamás falló en domar a uno salvaje, y hasta los adultos más bravos cedían a su habilidad como jinete.

Esto era bien sabido por su grupo, el cuál, desde muy pequeño, había confiado en él para la tarea de ser criador de caballos. O bueno, realmente los caballos lo habían elegido a él, pues abrazó la profesión desde muy temprano y se volvió todo un experto en estos joviales animales. Y es que no sólo proveía de ejemplares de lo más fuertes y rápidos para los jinetes de Sorbet Sur, sino que también aprendió mucho sobre medicina veterinaria, crianza de animales de carga, cuidado e higiene de los mismos, y hasta se adentró en el mundo de los caballos purasangre.

Y es que la guerrilla en formación vio en el mercado de las carreras de caballo un negocio en ciernes, y Wyatt fue su punta de lanza para conseguir financiamiento por esa vía. Y bien exitoso que fue el Goldstar en ese ámbito: Timmy Tim, Roddy Rogers, Ms. Robinson, A/D/C, Boom Boom Horsey, y otra larga lista de equinos muy ganadores y reconocidos en las liguillas locales como auténticas estrellas de las carreras. Máquinas de hacer podio, y de dar lugar a grandes linajes de caballos. De hecho, Tocho Morocho, el caballo personal del rubio, era ni más ni menos que hijo de una yegua bastante exitosa en un circuito forestal de carreras de muy al sur de Sorbet, donde los campesinos apostaban lo que conseguían ahorrar con la venta de frutos exóticos.

Ya habían pasado un largo tiempo desde que Wyatt había dejado su hogar para refugiarse en el norte de la isla, allí donde sus antiguos camaradas, que ahora eran para él una amenaza y su principal preocupación, no podían alcanzarlo con tanta facilidad. Él esperaba su momento de poder marcharse de Sorbet para hacer su propio camino, lejos de los problemas y la injusticia, para quizá así encontrar un noble propósito al que entregarse. Pero no podía hacerlo todavía, así que estaba esperando su oportunidad de oro.

Lo que no esperaba era un llamado de Kenchi, el pequeño a quien había tomado como pupilo en el establo hacía unos años, y que ya tenía 15. El chico acudió a él en busca de ayuda, a través de mensajería postal. Era de las únicas personas de Sorbet Sur con quien conservaba un lazo, o al menos no había traicionado su confianza. Kenchi era noble, un tanto testarudo pero muy fiel, y sabía que las cosas en aquella pequeña organización no estaban muy bien. Wyatt le había encargado cuidar a los caballos, ya que él no podía quedarse, y se ofreció a prestarle una mano en cualquier situación de urgencia.

El Goldstar no pensó que llegaría el día en que le pedirían ayuda y tuviese que volver. En una ansiosa carta manuscrita, su "chepibe" le explicaba que Miss Sarajevo, una de las yeguas a quien Wyatt había criado desde su nacimiento en el establo, había sido muy exitosa en el circuito de primavera pasado, y que, gracias a sus aptitudes, había levantado miradas de algunos pobladores de otras islas, donde las carreras de caballos eran más competitivas y el mercado era más amplio.

El problema, es que no querían a Miss Sarajevo para correr, pues según estos hombres, sus años mozos estaban ya terminando, y no era una buena inversión. Lo que sí era negocio, era utilizar su linaje. Según ellos, en algún lugar de vaya-a-saber-uno-dónde, en el West Blue, un grupo de científicos estaban desarrollando equipos para clonar seres vivos, y la clonación de caballos era casi un hecho. Era un procedimiento muy experimental, y querían intentar experimentos con Miss Sarajevo, por lo que pagaban una jugosa cantidad de berries para llevársela. El único problema, claro, es que nunca regresaría, ni tendrían más noticias de su evolución, y que... bueno, no era una actividad muy legal. Era contrabando de un caballo, pues no tenían habilitación para ese tipo de actividades, y ciertamente parecía un grupo sospechoso. Kenchi ni siquiera estaba seguro de que no fueran estafadores, y Wyatt dudó por igual al leer la llamativa historia.

El caso era que el grupo había decidido vender a Miss Sarajevo a estos tipos sin titubear, pues el ingreso era sin dudas una muy buena oportunidad, pero a Kenchi le parecía poco, y además bastante inmoral. Después de todo, era algo falto de ética, y el joven quería conservar a la yegua para seguir corriendo, además de porque la consideraba una de sus mejores ejemplares, y como a todos, le había agarrado un cariño particular. Era de su propiedad, de hecho, pues el rubio le había dejado todos los caballos a él como su guardián, pese a que antes pertenecieran en co-propiedad a la guerrilla.



Día 45 de Primavera, Año 17
Sorbet Sur, 0900 AM

— Intenta no levantar la perdiz, amigo. Sé que el lugar te resulta familiar, pero sólo venimos de paso. — comentó en un tono de voz bien sereno el jinete de rubia cabellera y gorro de estrellas, que flexionaba su torso hacia abajo para palmear a su oscuro corcel mientras llegaba al establo. Amarró detrás de este, junto a unos árboles, y caminó unos metros hasta rodear la caseta de madera que hacia de parte trasera del lugar.

Wyatt recordaba perfectamente la rutina de sus compañeros, y Kenchi se había asegurado de decirle que nada había cambiado, así que bien seguro estaba de que era un tanto seguro estar allí a esas horas. Eso si ningún rezagado se chivaba de su presencia, claro. Se había asegurado de no ser visto ni seguido, y allí estaba, frente a su pequeño aprendiz —. Ey, espero no sea todo un desastre aquí. No veo este lugar desde que me fui. — mencionó el Goldstar mientras se acercaba a Kenchi, y no pudo evitar sonreír al encontrarse con él y darle un abrazo.

— Wyatt, no tenemos mucho tiempo. ¡Amigo, te he echado de menos! Estoy seguro de que ellos pueden volver en cualquier momento, llegas justo el día indicado. Si no me equivoco, al mediodía vendrán estos tipos de... ¡NO SÉ NI DE DÓNDE SON! — comenzó a exasperarse el joven de cabello negro ceniza. Colocando una mano en su hombro y sin perder los estribos, el rubio intentó serenarlo. Puso un dedo en sus propios labios y le pidió calma con la mano —. Escúchame, ya leí todo. Yo tampoco tengo ni puta idea de qué hay en el West Blue, pero dudo que las intenciones de estos tipos sean buenas. Después de todo, el trato es raro, y lo que ofrecen es una miseria para llevarse a uno de los nuestros.

— Mira, no te meteré en líos, o no quiero hacerlo. ¿Dirás que asaltaron el establo? Creo que... — dio un par de pasos en dirección al interior del recinto, y los caballos comenzaron a agachar la cabeza a su presencia. Pese a que habían pasado largos meses, todavía lo reconocían. ¿Sería su olor? ¿O su inconfundible voz? El caso es que él solo pudo chasquear la lengua y sonreír, orgulloso de la labor que había hecho durante toda su vida.
Pero todo empezó a volverse caótico. Wyatt empezó a patear cajones, tirar abajo algunos postes y desordenar todo cuanto pudo —. ¡Ey, Wyatt! ¡¿Qué demonios haces?! — Kenchi se apresuró a frenarlo, totalmente sorprendido. ¿Es que había enloquecido? ¿El norte había cambiado tanto a Wyatt?

— Piensa, Kenchi. ¿Qué dirán si los bandidos sólo se llevan a Miss Sarajevo y todo está impoluto? Nadie creerá esa estúpida historia, vamos. Dirás que ella escapó por el miedo, y así será un poco más convincente. —. El pequeño respiró, y comenzó a ayudar al joven en su tarea. Pronto, pasaron los minutos y todo se veía bochornoso: un auténtico caos. El establo estaba puesto patas arriba, y lo único sin tocar eran los espacios personales de los animales. ¿De resto? Una miseria.

El joven jinete exiliado sacó una bolsa de berries y la dejó en una mesilla, de lo poco que no volteó. Pese a que quería salvar a Miss Sarajevo, le costaría más de lo que ganaría, pues era más bien un favor. O bueno, el dinero volvería de alguna manera, porque la yegua seguiría ganando carreras y Kenchi le haría llegar alguna remesa por ello. Después de todo, seguía siendo su yegua, y el pelinegro, su amigo. Pero de mientras, ese dinero que dejó era para reponer provisiones y ordenar el establo una vez que concretaran su mentira de el "asalto".

Pero se comenzó a escuchar sonido de caballos, antes de que siquiera el Goldstar pudiera relajarse y beber un café con su ex-compañero de trabajo. Ambos vieron en dirección al acceso principal —. Deben ser ellos. Rápido, tu chica esta amarrada atrás, cerca de la arboleda que sale al camino embrujado. — así era como solían llamar a la zona de árboles enredados que estaba cerca de su asentamiento, lugar que había recorrido Wyatt a caballo durante tantos años.
Sin más, asintió y se dirigió corriendo a la parte trasera, donde encontró atada, muy mansa y omnipresente, la multi-campeona, la preciosa Miss Sarajevo, de pelaje marrón claro y patas blancas, brillante y ondeante al viento. Al rubio le brillaron los ojos, feliz de ver de nuevo a uno de sus animales —. Bingo, ahí estás, cariño. — se acercó a ella, palmeándola cuando esta agachó la cabeza para recibirlo. Como todos, también respetaba y apreciaba mucho a Wyatt, y no lo había olvidado.

Le quito las vueltas a la soga y la sacó de aquél establo, corriendo hacia la zona trasera. Una vez que se hubo montado de nuevo en Tocho Morocho, arriendo a la buena de Miss Sarajevo, Wyatt desenvainó su revolver S&W y, al oír el ruido de corceles que se había acercado ya hasta la finca, disparó dos veces al aire antes de echarse a correr, llevándose a la yegua del lugar. Reptó por los caminos y encrucijadas bastante laberínticos del "camino embrujado" hasta atravesar la arboleda, y luego echó a correr todo lo rápido que pudo hacia el Norte. Ya encontraría un alojamiento para ella, y debería ahora encargarse de cuidarla un tiempo y conseguirle un hogar, pero estaría viva y en Sorbet, y no en manos de unos malhechores de una tierra tan lejana y desconocida.

Esperaba que los disparos dieran más credibilidad a su historia, y también persuadieran a los miembros de la guerrilla de perseguir a los supuestos bandidos, pues sabiendo que estaban armados, quizá no querrían arriesgar sus vidas por una yegua. Después de todo, eran avariciosos, pero también bastante cobardes.

Ellos nunca tuvieron el coraje de disparar por una causa noble.
OFF



RE: [T1 - Autonarrada] Órale Tocho Morocho - PX-5 - 25-02-2026

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Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 15

— Berries: 16.000

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