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Take Five [Pasado] [Heras] - Versión para impresión

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Take Five [Pasado] [Heras] - Massimo Dooti - 26-02-2026

El calor apretaba incluso a la sombra.

Massimo llevaba desde primera hora en la zona pobre, cerca del río, donde la humedad se pegaba a la piel como una segunda capa. Había empezado el día ayudando a derribar una pared medio caída que amenazaba con venirse encima de una familia. El dueño, un pescador flaco con cinco hijos, le había ofrecido pagarle con pescado. Massimo aceptó.

Después visitó a una mujer que llevaba tres días con fiebre. Le preparó un brebaje con corteza de árbol y miel, le dijo que bebiera despacio y que descansara. Ella le dio las gracias con los ojos vidriosos. Massimo asintió y siguió.

Ahora caminaba por la orilla, alejándose del bullicio. A su izquierda, el río avanzaba lento y marrón. A su derecha, las casas de madera se apiñaban unas contra otras, con tejados de paja y paredes que se curvaban con la humedad. De una de ellas salía el sonido de un tambor. De otra, risas de niños. Más allá, alguien ensayaba unos pasos de baile en la puerta de su casa, moviendo los pies sobre la tierra apisonada.

Massimo siguió caminando hasta dejar atrás las últimas casas. El camino se volvió más estrecho, flanqueado por cañas de azúcar altas que se mecían con el viento. La selva Anozama se intuía más allá, frondosa, inmensa, respirando a lo lejos. No había nadie. Solo el rumor del río y el crujir de las cañas.

Entonces lo vio.

Estaba medio enterrado en la orilla, entre piedras y barro seco. Un destello de metal opaco, una forma que no era de piedra ni de madera. Massimo se detuvo. Se acercó. Se agachó con dificultad, sintiendo el crujido en las rodillas.

Era un saxofón.

Viejo. Muy viejo. El metal estaba oxidado en algunas partes, cubierto de barro en otras. Las llaves, algunas torcidas, asomaban entre la suciedad como costillas rotas. La campana estaba abollada, la boquilla casi negra. Llevaba allí quién sabe cuánto tiempo, esperando que alguien lo encontrara.

-¿Como has llegado aquí?- Dice en tono retorico y con cansancio en la voz. Probablemente fuera de alguien mas adinerado del reino y, con el uso o el desgaste su anterior propietario decidiera tirarlo al río.

Massimo lo cogió con cuidado, con ambas manos, como si fuera algo frágil. Pesaba. A pesar del óxido, a pesar de los años, pesaba. Lo sostuvo un momento, mirándolo, sintiendo el metal caliente bajo sus dedos torcidos.

Tenía unas pocas nociones de música y, por poder, podía tocar instrumentos pese al dolor de sus manos. Pero nunca lo habia hecho, pues, eran caprichos demasiado caros que alguen como el no podía permitirse.

Se lo llevó.

Encontró un lugar donde el río hacía un recodo y la corriente se calmaba. Un peñasco plano asomaba entre la tierra, medio oculto por la maleza. Se sentó. Apoyó el saxofón en las piernas. Sacó un trapo viejo del bolsillo interior de la gabardina y empezó a limpiarlo.

Bueno... No está mal... Ya tengo algo que tocar para matar el tiempo.


RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Heras - 28-02-2026

Dia 28 privamavera año 17
Samba, lugar de danza, mujeres, vida alocada. No de manera excesiva y libertina, parece un disfrute de mucha gente que por mantener el circo en la parte más rica también hay una parte pobre que se la tiene que vivir para que la fiesta continúe. Mis andanzas por la parte pobre no dieron muchos frutos las primeras noches, es complicado que en un lugar tan grande como este, haya tantas personas, tantas caras. Es difícil para cualquiera recordar. 

Adicionado a la gran cantidad de caras que tiene la isla también la innumerable cantidad de pandillas. Me dejan sin palabras, cada quien no solo está en su mundo, están en su guerra, están en sus disputas que no son pequeñas. Donde los vicios, la gente, la sangre son monedas de cambio y vienen por los que pagan con su vida. Moverse por las calles más pobres no era lo más agradable pero eran las que me permitían avanzar en mi búsqueda, aquella que me había motivado a venir aquí. 

Las favelas del barrio me fueron llevando poco a poco al frío que es la principal fuente de ingresos de la zona más pobre. Algunos hacen el esfuerzo de pescar, otros simplemente son puestos donde atracar. La verdad la gente no vive bien aquí, sin contar todo lo que debo creo que viviría peor que ellos. Marcado por Ignis y por sus no bien deseados beneficios ahora mismo sin quererlo pertenezco a una banda. Dime con quién andas y te diré quien eres. Que sucia rata, me hizo luchar contra él y luego me invitó una cerveza, no fui astuto al darme cuenta que todo lo bueno venía con algo malo que lo acompañaba. 

Me había encantado tener un retrato que me sirviera para describir, una mujer alta, con cabello como la nieve, unos ojos como cielo despejado y una tez oscura, suave, quizá un poco más grisácea que oscura, una angel caída, frondosa y llena de exuberante belleza. Por más que la buscara no la hallaba y eso me generaba un conflicto. Yo ciertamente deseaba encontrarme aquí pues habíamos quedado de continuar y encontrarnos en una verdadera playa. 

En ello un ruido muy desafinado me hizo chirriar los dientes pues era un ruido estridente, molesto, más si lo comparas con toda la buena música que tiene la isla. Claramente lo fuí a buscar a ver si le podía pedir que guardara silencio, ya que sin tener una buena audición me daba cuenta que ese ruido venía de las zonas aún más cercanas al río. 


Ahí lo vi, sentado, soplando un instrumento horrible de feo para emitir unos ruidos igualmente aberrantes. —Eh, amigo, calla un momento tu instrumento. que bien molesto es que practiques así por que si. — Le grité desde mi posición alta pues to no había bajado hasta donde él estaba. Quería ser amable pero lo tocaba tan mal que me ganó el tormento. Salté desde los niveles superiores que me encontraba y planee hasta tocar el suelo al mismo nivel que él. Solo podía ver que era un tipo grande y que llevaba un traje muy abrigado para este lugar y esta época. A mi no me molestaba que él fuera así, de hecho, esta isla junto con bateria tenía los climas más cálidos y me encantaban.

—Tienes que tomar unas lecciónes antes de continuar. — Claramente entrometido de mi parte, pero era dificil luego de encontrarlo no querer averiguar un poco. 



RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Massimo Dooti - 04-03-2026

El sonido llegó primero.
Un grito desde arriba, una voz desconocida pidiendo silencio. Massimo no levantó la vista. Siguió con el saxofón en las manos, sosteniéndolo como quien sostiene a un animal herido, con esa mezcla de cuidado y torpeza que se tiene cuando no se sabe bien lo que se hace. Las palabras le daban igual. Ya había oído peores cosas en peores tonos. Gente gritando, gente ordenando, gente exigiendo. El eco de los capataces aún resonaba a veces en su cabeza, en las noches de insomnio, cuando el silencio pesaba más que cualquier ruido.

Pero luego el tipo saltó.
Massimo sí lo miró entonces. No porque le importara su opinión, sino porque cuatro metros de altura te acostumbran a calcular distancias, pesos, trayectorias. Cuando eres grande aprendes a medir el mundo en relación a ti mismo. Sabes si vas a pasar por una puerta, si un techo está demasiado bajo, si una silla va a aguantar tu peso… Y sabes, también, cuándo alguien va a caer desde arriba y dónde va a aterrizar.

Vio la silueta recortarse contra el cielo, vio cómo planeaba, vio el impacto contra el suelo. Las alas. Eso lo vio después. Pero primero fue el movimiento, la forma en que el tipo controlaba su caída, la seguridad con la que tocó tierra. Gente que saltaba desde alturas y caía de pie solía ser gente con problemas. O gente que los traía. A veces ambas.

Massimo no se movió. No se levantó. No cambió su expresión. Esa cara en reposo, la de siempre, la que parecía enfadada incluso cuando estaba tranquilo, siguió igual. El ceño ligeramente fruncido, la mandíbula apretada, los ojos entrecerrados. No era enfado. Era simplemente su cara. Pero el desconocido no tenía por qué saberlo.

Esperó a que terminara de hablar.
Massimo lo miró. De arriba abajo. Sin prisa. La ropa, primero. Alguien que vestía así, con esa mezcla de harapos y actitud, probablemente llevaba tiempo en la isla. O quizá acababa de llegar y ya se había adaptado a la estética local. Difícil saberlo. Luego la cara. Los ojos. La postura. Gente que se planta frente a un desconocido de cuatro metros sin inmutarse solía tener una razón para ello. O mucha confianza, o mucha estupidez, o algo que demostrar.

Massimo había visto las tres.

-No he pedido opinión.- Dijo. -Ni siquiera lo he hecho sonar.

Su voz era grave, plana, sin asomo de disculpa. No era brusco. Solo era directo. Como siempre. Las palabras eran como la comida: se usaban cuando hacían falta, no por costumbre. Y aquí no hacía falta ninguna opinión. El tipo podía haberse quedado en su sitio, podía haber seguido su camino, podía haber ignorado los ruidos del saxofón como unaa persona que ignora el llanto de un niño. Molesto, si. Pero no su problema.
Pero no lo había hecho. Había saltado. Había venido. Había opinado.

Massimo volvió a mirar el saxofón. Pasó un dedo torcido por una de las llaves oxidadas. La llave se movió con un chirrido triste, un sonido que parecía una queja. El metal estaba caliente por el sol. Algunas partes, las menos oxidadas, reflejaban la luz con un brillo tenue, como si recordaran haber sido algo hermoso alguna vez.

-Pero ya que estás aquí...- Añadió, sin levantar la vista -Podrias decirme si esto tiene arreglo. O si es mejor devolverlo al río.

No era una pregunta. Era una constatación en forma de oferta. El tipo había opinado sin que nadie le preguntara. Ahora podía ser útil o podía largarse. A Massimo le daba igual cualquiera de las dos. Si se quedaba, bien. Si se iba, también. No tenía nada que perder. No tenía nada que ganar. Solo estaba ahí, sentado en una piedra, con un instrumento oxidado en las manos y el río pasando frente a él.

Levantó el saxofón, lo sostuvo a la altura de los ojos. La campana abollada reflejó su cara distorsionada. Se veía casi gracioso, con esa imagen deformada, la gabardina, el fedora. Casi.

-Lo encontré ahí.- Dijo señalando con la barbilla hacia el río. -Enterrado. Como si alguien hubiera querido deshacerse de él.

No sabía por qué lo contaba. No era necesario. El tipo no había preguntado. Pero a veces las palabras salían solas, sin permiso, como si necesitaran espacio después de tanto silencio. -Lleva años ahí. El barro, el agua, el sol. Las llaves están todas torcidas. Algunas no vuelven a su sitio cuando las sueltas.
Demostración. Presionó una llave con el dedo, pero no volvió. Se quedó ahí, hundida, como un hueso fuera de lugar.

-La boquilla está negra. No sé si eso es por tanto tiempo hundida en la mugre que esta ya es parte de sí, o es que se ha podrido.

Giró el instrumento, mostrando la boquilla. Estaba sucia, desgastada, con marcas de mordiscos de alguien que había soplado ahí años atrás.

-Pero suena.
Se lo llevó a los labios. Sopló. Un sonido áspero, desafinado, que cortó el aire como un cuchillo oxidado. No era música. Era casi un grito, un lamento de metal viejo. Duró tres segundos y se apagó.
Massimo bajó el instrumento. Lo miró. Luego miró al desconocido.

-Tú sabes de música, ¿verdad? Has hablado de lecciones, por lo que, es de suponer, que algo entiendes.

No era una acusación. Era una declaración. El tipo había opinado sobre su forma de tocar, así que debía saber algo del tema. O al menos creer que sabía. En cualquier caso, podía ser útil.

-Si te quedas, dime si tiene arreglo. Si no, el río está ahí. Salta a el y dejame tranquilo.
Señaló el agua con un gesto de la cabeza. El río seguía su curso, lento y marrón, indiferente a todo. Las cañas de azúcar se mecían al otro lado. La selva Anozama respiraba a lo lejos.
Dooti esperó.

El sol calentaba. La piedra bajo él seguía caliente. Las manos le dolían un poco, como siempre. El saxofón pesaba en su regazo.
No miró al desconocido. No necesitaba hacerlo. Si se iba, lo oiría alejarse. Si se quedaba, ya hablaría. O no. Daba igual.

Solo estaba ahí. 
Sentado.


RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Heras - 15-03-2026

Claro que el es quien hizo el ruido qué vengo siguiendo, ese ruido espantoso solo podía venir de un instrumento tan maltratado. Si bien ganas no me faltan de agarrarlo y lanzarlo al río por su manera de expresarse ese no es mi actuar. Además que no había nada que pudiera decir un desconocido que pudiera hacer un desequilibrio. Si manera de hablar un objeto que se encontró en el rio la he visto antes. Como aquellos que creen encontrar un tesoro en la basura. El valor a las cosas de los da la gente. Las palabras nuevamente no son relevantes, si pequeño poema al instrumento no es especial pero no soy la mitad de insensible.

Primeras impresiones es un pesado. — ¿Y tienes para pagar el como repararlo? Por quién está tan interesado en esa chatarra ahora mismo eres tu.— Si tanto quieres repararlo está en su derecho de soñar. Puede que saque oro de ese cobre, pero ese valor se lo dará solo él. Claro, no parece el tipo más adinerado y en mis búsquedas por aquella mujer alada me había cruzado muchas caras. Entre ellas había un lugar que si podía ser útil. Claro quiero mi tajada, Alguien que está sentado en un río esperando que vengan y le salven esa porquería tiene que estar dispuesto a pagar por ello. No sé arreglará solo y no sabe cómo hacerlo.

— Y suena horrible. Pero tiene solución. Cerca hay quien pueda ayudarte. Si tanto te gusta mueve tu trasero de ahí. — Si quiere quedarse allí es libre de hacerlo. Me di el tiempo de hacer una oferta, sin necesidad de hacerla jugosa, ni irresistible. Sería entendible que no confíe en mi, no lo necesito tampoco. Claro que no me acerco más y no le doy la espalda, solo soy pasos hacia atrás dispuesto a saltar y usar mis alas para ayudarme a impulsar hasta arriba en varios aleteos.

Si no quiere seguirme tampoco esperaré por el.


RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Massimo Dooti - 16-03-2026

El tipo habló de pagar.

Massimo levantó una ceja. Solo una. La otra, la de la ceja partida por esa cicatriz vieja, no se movió. Se quedó mirando al desconocido mientras retrocedía con esa parsimonia que tan malo le ponía. Hablaba de reparaciones, de soluciones, de mover el culo...

Y de pagar.

Massimo resopló por la nariz. Un sonido ronco, como de animal grande que acaba de oír un chiste malo.

-¿Pagar? -repitió, con esa voz grave y plana.

Miró el saxofón. Luego miró al tipo. Luego volvió a mirar el saxofón. La boquilla negra, las llaves torcidas, la campana abollada. Toda esa chatarra con forma de instrumento.
-No tengo dinero.- Lo dijo sin orgullo ni vergüenza. Como quien dice que hoy es martes o que el río está bajando. Un hecho puro y duro.

-Eso no significa que no pueda pagar.

Se llevó una mano al costado, donde la gabardina se abría ligeramente. No lo suficiente para mostrar las cicatrices, pero sí para dejar ver que debajo solo había más tela vieja y piel marcada.

-Puedo trabajar. Cargar cosas. Arreglar lo que otros no quieren arreglar. Curar heridas. Lo que sea.

Pausa. Miró al tipo directamente a los ojos. Esa mirada clara, cristalina, que a veces incomodaba.

-Si el que sabe arreglar esto acepta trueques, bien. Si no, pues me busco la vida de otra forma.

El tipo seguía ahí, con esa postura de quien no da la espalda pero tampoco se acerca. Alas recogidas, listas para saltar. Gente que volaba. Eso siempre era raro de ver.

Massimo se incorporó del todo. La espalda le crujió, como siempre. Se ajustó la gabardina con un gesto automático, cubriéndose bien. El saxofón lo sostuvo con una mano, apoyado contra el costado.

-No sé si confío en ti. Que coño. No me fio de ti. -Dijo, sin rodeos y sin tapujos. -No te conozco. Has aparecido de la nada y te has puesto a darme lecciones.

Pausa. Miró hacia donde el tipo señalaba, hacia alguna parte entre las calles de la zona pobre.

-Pero el saxofón no se va a arreglar solo. Y yo no sé cómo hacerlo.

Otra pausa. Más larga.

-Así que, supongo que te sigo.

No era entusiasmo. No era confianza. Era simplemente... ¿Necesidad? ¿Ganas? El tipo sabía algo que él no sabía. El tipo conocía a alguien que podía arreglar esa chatarra. Y Massimo, por absurdo que pareciera, quería arreglarla.

-Señala el camino.- Dijo -O vuela, yo que se. Yo voy por tierra.

Un deje de algo parecido al humor asomó en su voz. O quizás solo era cansancio.

-Suponiendo que no quieras llevarme en volandas. Que con el peso que tengo, dudo que llegues muy lejos.

Dicho eso, se quedó quieto. Esperando una respuesta.


RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Heras - 03-04-2026

Sus palabras son firmes y al mismo tiempo son música para mis oídos. Alguien que este dispuesto a hacer lo que sea es alguien con la determinación digna de admirar. Me hizo sonreír con aprobación, yo no necesitaba medir qué tan fuerte son sus músculos. Aquí de pie puedo ver lo grande que él es. Siendo él alguien listo, evidente, pero listo. Me causó un poco de gracia que quisiera señalar ciertas cosas que yo ya las esperaba. Estaban implícitas, pero lo cierto es que si no lo hace él lo haría yo en algún punto. 

— Es cierto eso, pero tampoco tienes que recordarlo a cada rato. No confíes en mi, solo haz lo que se te pida y se te arreglará el saxofón.  —

Fui paciente, sus dudas eran tangibles. No podría inventarme nada pero si le contaría algo honesto para que pudiera confiar en mi. Su manera de andar se me hace un poco lenta. No en el mal sentido, solo que ahora mi manera de ver las cosas era realmente lenta. 

—Tigre, te digo que te lo vamos a resolver con los contactos correctos muchas cosas se pueden arreglar. —

Fui claro con él, no iba a venderle una historia falsa o llena de posibles soluciones mágicas. Cómo luego ocurrió que me adelanté con el uso de mis alas. Claramente estoy seguro de lo que digo y mi firmeza no es como la que pueda expresar un charlatán, no digo de más, no ocultó cosas tampoco. Avanzó sobre los caminos, de las maderas rechinantes. Mis pasos hacen un pequeño ruido comparado con el crujir detrás de mí. Los pasos hicieron un camino que no fue en un paseo largo. 

Al llegar al sector controlado por Ignis, el peso sobre mis alas cambió y la postura de las mismas cambió de una postura recogida a una más abierta, confortable. En cualquier momento podría alzar vuelo, con soltura las usaba para impulsarme para ponerme en lo alto y caminar sin tener que estar en el suelo con todos. Facilitaría la aparición. 

NPC


—Epa. Heras. Regresaste temprano. Encontraste a la mujer que estás buscando con tanto ánimo. Recuerda llevarle las flores. —


Las palabras de mi amigo el bocazas no era algo que me sorprendiera, creo que por parte de él ahora más personas saben de mi búsqueda que por mis propias palabras. No me encantaba que contara mis cosas por ahora que vengo con un par de manos extras podría aprovechar que este muchacho necesita y que Ignis parecía tener una debilidad por mi. Cosa que aunque podría ser evidente no me molestaba. 


—Ignis, hoy tampoco he tenido demasiada suerte. Las tendré para cuando la encuentre, pero, encontré a este muchacho que parece tener una necesidad y … No se si el quiera presentarse y contarte por él mismo.—  


No lo quise presentar, visto su carácter aprendí que lo mejor es no hacer demasiado y dejarlo que se desenvuelva con su humor y carácter.


RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Massimo Dooti - 04-04-2026

El camino era estrecho, flanqueado por casas de madera que se apiñaban como si tuvieran miedo de caerse solas. Massimo caminaba detrás del tipo de las alas, con la gabardina rozando el suelo y el fedora calado hasta las cejas. La bolsa con los materiales, los que había sacado de la mina el día anterior, le pesaba en el hombro, pero no se quejó. No iba a quejarse. Había aceptado el trato, y el trato era ese: ayuda a cambio del saxofón.

El otro hablaba de vez en cuando. Massimo escuchaba sin escuchar. No porque no le importara, sino porque estaba acostumbrado a medir las palabras antes de soltarlas, y aquel tipo soltaba demasiadas. Algo sobre contactos, sobre resolver cosas, sobre contactos correctos.

-No me des la tabarra.- Dijo Massimo al fin, con esa voz grave y plana. -He dicho que te sigo. No hace falta que me convenzas.

El otro calló. Massimo agradeció el silencio.

El camino se volvió más empinado. Las casas de madera dieron paso a construcciones más sólidas, paredes de piedra, tejados de paja bien trenzada. La zona rica se acercaba. Massimo apretó la bolsa con más fuerza. No le gustaba esa parte de la isla. La gente le miraba demasiado. Los ricos siempre le miraban demasiado.

Entonces el tipo abrió las alas.

No del todo. Solo un poco. Un gesto casi imperceptible, como quien estira los hombros después de un largo rato encorvado. Massimo lo vio de reojo y resopló.

-Con esas cosas no vas a volar muy lejos.- Dijo, sin malicia, solo constatando.

Massimo se encogió de hombros.

Una voz llegó desde algún lugar elevado. Massimo levantó la vista. Un hombre estaba apoyado en una barandilla de madera, en una especie de balcón improvisado que sobresalía de una de las casas de piedra. Vestía ropa holgada, de colores vivos, y tenía una sonrisa ancha que no parecía sincera del todo. Habló con el tipo de las alas. Algo sobre una mujer, sobre flores, sobre búsquedas. Massimo no prestó atención. No era asunto suyo. Cada uno tenía sus propios problemas.

Entonces el hombre del balcón lo miró a él. Massimo sintió el peso de esa mirada, evaluadora, como quien mira un mueble viejo y decide si vale la pena restaurarlo o si es mejor dejarlo donde está.

-¿Qué miras?- Dijo Massimo, sin levantar la voz. No era un desafío. Era una pregunta.

El hombre del balcón parpadeó, sorprendido. Soltó una risa corta, algo incómoda, y dijo algo sobre que ya sabía dónde encontrarlos. Massimo no entendió bien las palabras. No le importaron. Se giró y desapareció dentro de la casa.

Massimo esperó un momento. Luego miró al tipo de las alas.

-¿Siempre tienes amigos tan raros?

No esperó respuesta. Apretó la bolsa, se ajustó el fedora y siguió caminando.

El saxofón no se iba a arreglar solo. Y él no estaba allí para hacer amigos.


RE: Take Five [Pasado] [Heras] - Heras - 26-04-2026

— No tienes ni la menor idea. Pero él te puede ayudar.  —

Si bien es pesado al hablar, admito que de todos el es uno de los más raros con los que me he cruzado hasta hoy. No es un mal tipo, pero claramente es alguien de costumbres muy raras, canta canciones pegajosas y le gusta andar enjabonado. Suspiré y lo miré directo a la cara, 

 — No debes siempre expresarte mal de todos, te puede traer problemas con gente de temperamento frágil.  — Busqué la manera de expresarle que corrigiera un poco su manera de hablar, una mirada seria, sin evasiva alguna a su tamaño o a su aspecto misterioso con su traje. Yo no iba a tomar una acción agresiva, pero claramente el amigo tenía que relajarse un poco. Yo no veía necesaria la violencia como primera acción, incluso podría decirme a mi lo que quisiera pero a los demás no. 

— Lo pido por las buenas, al final de todo solo queremos arreglar tu instrumento. — Conciso, concreto, no era amenaza, ni había intención violenta en mi voz, pero era claro que yo no estaba jugando con él. Siendo una persona pacífica tengo paciencia pero esta puede alcanzar su límite rápido si se tocan los botones adecuados. Un señalamiento como quien regaña a alguien, para que quede claro, como adultos. Miré al compañero que portaba su escudo siempre consigo. 

— El compañero aquí tiene algo que quiere arreglar, lo encontró en el rió. Quería saber si nos puedes ayudar tu o tus hombres. Él está dispuesto a colaborar contigo hasta saldar la deuda. — Miré a Ignis de nuevo, sereno, explicando la situación y siendo el intermediario ya que no veía que él fuera a hacerlo por su cuenta, siendo tan minimalista en su vocablo. 

— Hombre, no trates así al grandulón, solo es un poco cascarrabias. Entonces que dices grandote. ¿Qué sabes hacer? Necesito a alguien de gran tamaño, puedes ayudarme, estamos con unos refugios para la gente de mi territorio y seguro alguien como tu es bueno levantando paredes.—

Claro ahora todo estaba en cuenta de él, si aceptar o no la ayuda de los tipos raros que se le acumulan a su alrededor. Con tal de poder dar arreglo a ese instrumento que era su tesoro perdido por alguien más y encontrado por él, las miradas se posaron en el tipo grande con traje.