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Pasar la tarde haciendo mapitas no suena tan mal ¿O si? [FIC - Pasado] - Thrym - 02-03-2026 Estar en Little Garden es lo más parecido a sentirse "normal" que he experimentado en décadas. Aquí los árboles no parecen ramitas que se quiebran con solo mirarlas y los lagartos gigantes que corren por la selva tienen el tamaño suficiente para no ser aplastados por mi bota al primer descuido. Estoy sentado sobre una elevación rocosa que da hacia la costa norte, con las piernas estiradas sobre la arena volcánica. Tengo frente a mi una pieza de lona gruesa que rescate del Royal Flush, extendida sobre una piedra plana que uso como escritorio improvisado. Es lo más parecido a un pergamino que pude encontrar, aunque para mis manos sigue pareciendo una servilleta pequeña. Con cuidado, sostengo un trozo de madera carbonizada que rescaté de la última fogata del campamento. Mis dedos son demasiado toscos para las plumas que usan los humanos, así que tengo que usar los dientes para sacarle punta a la madera quemada, tallándola con delicadeza para que el trazo no sea más grueso que mi propio dedo meñique. Estoy tratando de dar sentido a los trazos que he hecho durante los últimos tres días. No es que sea un experto cartógrafo, ni mucho menos. De niño, en el barco pesquero, mi trabajo era el de un simple grumete, lavar cubiertas y servir de vigía, no dibujar líneas bonitas en un papel. Y si bien algo me habían enseñado, mi yo pequeño no lo había absorbido también. La realidad es que no era un niño conocido por su inteligencia, a decir verdad. Mis mapas cubren apenas unas decenas de kilómetros de esta costa infernal, y se ven bastante rústicos, para ser sinceros. He dibujado una serie de picos que representan una zona costera peligrosa para navegar cerca, pero mi pulso no colabora en la tarea. Lejos de la costa, por la zona del mar de donde llegamos a la isla, he marcado la zona de los arrecifes que por poco nos hunden como "Dientes de Dragón", porque las rocas sobresalen del agua de una forma similar a los dragones de las leyendas que destruían castillos solo con una mordida, y le hacia justicia, por que ese arrecife destrozaría cualquier quilla que no sea la de un barco blindado. La falta de herramientas de precisión como un sextante de mi tamaño o una brújula que no parezca un juguete en mi palma hace que las distancias sean meras aproximaciones. Mientras repaso la línea de la costa, un insecto del tamaño un humano promedio revolotea cerca de mi oreja. Lo espanto con un movimiento perezoso de la mano sin apartar la vista de mi "obra maestra". He intentado detallar la entrada de la pequeña bahía donde anclamos, pero el carbón se emborrona con el sudor de mis manos. Me frustra un poco que las proporciones no cuadren; lo que para mí es un paseíto de diez minutos para recoger leña, para el resto de los Dead Man's Hand es una expedición de un día entero a través de una selva que quiere comérselos. Lo que parecía algo fácil de escalar para que todos puedan leer el mapa, me estaba costando la paciencia y hacia rechinen mis dientes de los nervios. Muerdo el extremo de mi "lápiz" de carbón, pensativo, sin preocuparme de que mis dientes esten cada vez mas negros. Recuerdo las cartas náuticas que veía en Elbaf, llenas de monstruos marinos dibujados en los bordes y caligrafía elegante. Lo mío parece más el dibujo de un niño que intenta explicar dónde escondió su comida favorita. He marcado un punto con una "X" grande cerca de un bosque de helechos gigantes; ahí es donde encontré una fuente de agua dulce que podría resultarnos útil. Me inclino más sobre la piedra, haciendo que mi barba pelirroja roce la lona. Noto que la marea está empezando a subir, lamiendo la base de mi observatorio. La arena aquí es gruesa, llena de restos de conchas prehistóricas y cristales volcánicos que brillan bajo el sol. A pesar del estrés de estar dibujando, la vista era bastante agradable desde mi posición. A pesar de lo salvaje de la isla, la poca intromisión de civilización así que la isla presumiera libremente sus bellezas naturales. A mi derecha, la selva ruge. El sonido de las hojas gigantes chocando entre sí por el viento me recuerda al balanceo de las redes de pesca en mi juventud. He añadido unos garabatos que pretenden ser árboles para marcar la densidad de la vegetación cerca de la playa. Sé que le faltan detalles técnicos, que cualquier cartógrafo de carrera se reiría de mis borrones de carbón, pero para mi, este intento de mapa me movía un poquito el orgullo. Es tosco, es incompleto y está manchado de hollín, pero es mío. Soplo sobre la lona para quitar el exceso de polvo negro y estiro la espalda, escuchando cómo mis vértebras crujen como mástiles viejos. Mis ojos azules recorren la costa y luego vuelven al papel. He logrado mapear lo suficiente como para saber por dónde salir de este archipiélago sin chocar con las rocas sumergidas que solo se ven cuando la marea está en su punto más bajo. Algo es algo, si al menos yo podía interpretar el mapa podría dar el trabajo como satisfactorio. Finalmente, enrollo la pesada lona con cuidado, asegurándola con una cuerda de cuero curtido. El sol ya empieza a bajar, tiñendo el cielo de un naranja que me recuerda al color de mi propia cabellera. Mi estómago suelta un rugido que seguramente se ha escuchado hasta en el campamento de los humanos; la cartografía da un hambre que no se puede explicar. Guardo mi trozo de carbón tras la oreja y me pongo de pie, sacudiendo la arena de mis pantalones. El mapa está listo, o al menos lo suficientemente listo para que no nos perdamos los siguientes dias. —Espero que alguien haya cazado algo más grande que un conejo para la cena, porque después de tanto estudiar, siento que me podría comer una familia entera de dinosaurios.....— |