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Kiyoshi Gaiden: aquel que enfrenta sus miedos [Fic] - Kiyoshi Maeda - 06-03-2026 Un frío que hace que te duelan los huesos. Una nueve tan hermosa como nunca antes había visto. Un reintegro a la sociedad que ya extrañaba, pues Whisky Peaks no era ni parecido a lo que ha sido Drum. En esta isla comparte buenas y malas, pero son más las positivas, logrando que aún palideciendo las bajas temperaturas, se sienta bastante cómodo acá. Incluso, en momentos de privacidad, ha llegado a sonreír. ¿Qué tan drástica sería la decisión de quedarse aquí? ¿De comunicar una retirada de su vida como pirata y que se queda en Drum a vivir como médico, de la misma manera en que lo hacía hace tiempo? — No, no… Sácate eso de la cabeza, tonto. —No puede hacerlo, ya tomó una decisión y quiere seguirla. No desea permitir que el miedo y la desconfianza lo descarrilen de su camino. Se mira al espejo del baño en el cuarto que renta para dormir en el centro de la ciudad, procediendo a mojarse la cara y frotarse la misma varias veces, queriendo despertar, anhelando espabilar. Jamás pensó que estar en un sitio que le hace sentirse cómodo y como un civil nuevamente marcaría tanto en él. Por mucho que se sepa que es un pirata y tiene una recompensa por su captura, con el día a día la gente se ha ido acostumbrando a su presencia. El hecho de prestar servicios médicos a muy bajo precio, y a veces gratis, le ha dado una buena imagen. Ni siquiera su manía de llamar tonto a todos ha conseguido que se alejen y se queden con primeras opiniones negativas de él. — Sé lo que tengo que hacer. — Primero, no decirle ninguna palabra a sus compañeros. Dar a conocer sus dudas y miedos podría afectar al trabajo en equipo y buen ambiente que ha habido desde que todos se acoplaron más como tripulación en Little Garden. Segundo, enfocarse en una actividad que le impida estar absorto con sus pensamientos, por lo que este día ha decidido irse bien lejos a caminar. Abrigado como ninguno, salió a andar con una mochilita con víveres en la espalda. No le dirigió la palabra a absolutamente nadie, incluso tomó recaudos para que nadie se percate de su presencia. En este momento es que se encuentra subiendo una colina llena de nieve. Le cuesta, pues es muy empinada, pero se esfuerza, por lo que debemos darle mérito por ello. Decide ascender al ver a tanta gente descender esquiando, por lo que asume que es una zona en la que es famosa esta actividad. Tras mucho avanzar y en varios tramos del camino sentir que no sería capaz, llega a la cima. Recién acá es que se da cuenta que rodeando la colina hay un servicio de trineos en donde puedes sentarte y trabajadores te llevan. Bueno, ya es tarde para lamentarse. Lo primero que hace una vez está arriba es llenar un formulario para que le presten el equipo necesario. Marca la casilla que indica que nunca ha esquiado, pero que no desea un profesor particular. Sería incómodo. Eso sí, le advierten que será vigilado para que no sufra algún accidente. — ¿Tan difícil será? Veo que todos lo hacen como si fuese un juego de niños. — De hecho, pueden avistarse varios infantes felices disfrutar de esta actividad. ¿Cómo Kiyoshi no podrá? No debe ser tan complejo, es lo que se repite una y otra vez dentro de su cabeza. Avanza ya con su equipo bien puesto a la orilla de la colina, procediendo a mirar abajo. Es alto, muy alto… No puede ver el fondo, solo algunos árboles recubiertos de nieve. Traga saliva, su cuerpo se tensa y experimenta uno que otro temblor. — Sin miedo, sin miedo… Tú no eres un cobarde, Kiyoshi. — Hace un amague de avanzar y lanzarse, pero se arrepiente en el último segundo y vuelve atrás. — Sí eres cobarde, sí eres cobarde… — Procede a protagonizar una pelea interna entre su valentía y su cobardía; sinceramente, no sabe cuál ganará. — Maldición… — Al fin sus palabras se expresan en voz alta, y menos mal nadie lo escucha. Todos están concentrados en sus propias cosas, además de que no lo piensan demasiado a la hora de saltar. Lo hacen riéndose, como si fuera el ejercicio más entretenido del mundo. Llega un momento en que un niño de unos 10 años vuela como si nada colina abajo y es el impulso que Kiyoshi necesitó. Saltó, sí, como si nada, como si nunca hubiese temido a un desenlace fatal. Su corazón late a mil por ahora, su cuerpo se mueve automáticamente y su cabeza parece que explotará en cualquier momento, no pudiendo asimilar la sensación de adrenalina que recorre toda la figura del médico. Se desliza como cualquier otro, como si fuese un verdadero experto. — Puedo, puedo hacerlo… ¡Yo puedo! No puede. Se le olvida que debe maniobrar, esquivar, hacer algo y no solo dejar que la gravedad haga lo suyo. Choca con una pequeña elevación de nieve que debe tener una roca abajo y el mundo da vueltas dentro de su cabeza. Cuando pasan los segundos, no entiende qué sucedió. Lo que pasó es que cayó, dio muchísimas vueltas, el cuerpo lo tiene adolorido como si estuviese siendo torturado en el infierno, y varias personas lo están rodeando buscando prestarle ayuda. — Yo… soy tonto. — Dice apenas. Con tanto ruido alrededor debido a incesantes murmullos, nadie lo oye. RE: Kiyoshi Gaiden: aquel que enfrenta sus miedos [Fic] - Kiyoshi Maeda - 12-03-2026 Sus ojos nuevamente se cierran. Simplemente se entrega a las manos del mundo, las cuales se encargarán de sacar su vida adelante. Quisiera quedarse despierto más tiempo, pero el dolor tanto del cuerpo como de la cabeza es algo que no soporta, por lo que, aún arriesgándose a no abrir los ojos de nuevo, se permite caer en el sueño. Durante este, muchas cosas pasan por su mente: recuerdos del pasado; sueños de su infancia, adolescencia e incluso actuales; metas que tiene de cara al futuro; también momentos con sus compañeros que, si bien no han sido tantos debido a que son solo meses de compartir, ya los atesora lo suficiente. ¿Será que esto es a lo que se refieren cuando dicen que, justo antes de morir, la vida pasa por completo frente a nuestros ojos? Kiyoshi no desespera. Consiente es, aun durmiendo, que morir significa reencontrarse con sus padres. Quizás deberá disculparse porque ellos no deben querer que su querido hijo vaya a visitarlos tan pronto, pero ningún ser vivo puede oponerse a las leyes que dicta el destino. O eso es lo que se cree. Sin embargo, los tiempos siempre son justos, y parece que aún no llega la hora de nuestro limpiagérmenes favorito. Lentamente separa sus orbes, gira el cuello hacia su derecha y se encuentra con una ventana semiabierta y con la cortina corrida, permitiéndole ver el exterior. Solo ve el techo de una vivienda repleto de nieve, además de verse más del elemento blanco que cae desde los cielos. Aquella vista es tan relajante, que por un momento, Kiyoshi cierra nuevamente los ojos. Cuando ya está a punto de dormir, un golpe en seco contra el colchón, el cual se aseguró de no dar en su cuerpo, le despierta del todo. Al parecer, alguien alcanzó a verlo despierto y no perdió oportunidad para evitar que vuelva a ese largo descanso. — Ya van dos días en los que duermes. Los que te han visto, dicen que no eres un perezoso. ¿Acaso una caída hizo que quieras descansar todo lo que nunca haces? — Las palabras provienen de una voz femenina que nunca escuchó en el pasado. Cuidadosamente, gira el cuello hacia el lado opuesto de donde estaba, encontrándose con una única mujer que lo acompaña en ese cuarto. Por su vestimenta con bata blanca y un documento con carpeta en sus manos, entiende que se trata de una colega, una médico. — ¿Estoy en un…? — No alcanza a terminar, pues la fémina, cuya actitud desde el principio parece mucho más explosiva que la de él, se le adelanta. — Es un hospital, sí. Eres un médico, deberías saberlo con solo verme, ¿no es así? Aunque bueno, no es un hospital muy grande, así que tampoco puedo exigirte tanto. Kiyoshi tan solo la observa, no dice nada. Mueve los labios sin mencionar palabra alguna, pues vocaliza para darse cuenta que no trae puesta su clásica mascarilla, lo cual le pone ligeramente incómodo. ¿Acaso alguien se aseguró de que este sitio esté perfectamente limpio como para que el polvo no le provoque ningún ataque asmático? Ahora sí que está en problemas. Aun así, nuevamente, la chica es más lista y, sin esperar alguna explicación, sale al choque. — Tranquilo, ya te hice estudios y conozco tu condición. Todo está en el estado necesario para que no te ocurra nada. Soy una experta. — Cuando termina de hablar, mantiene una actitud fanfarrona con los ojos cerrados, una sonrisa en los labios y los brazos puestos en jarra. Kiyoshi, lentamente, mueve su cuerpo. Intenta aplicar fuerza para levantarse, pues su cuerpo se siente torpe y adormecido al llevar tanto tiempo en cama. Para alguien con problemas para dormir, estar mucho acostado es una novedad que termina haciéndole más mal que bien. Varios quejidos escapan de sus labios, los cuales intenta callar mordiéndose el inferior, pero, rápidamente, la doctora se acerca más y posiciona ambas manos en los hombros del pirata, empujando hacia abajo y obligándolo a recostarse de nuevo. — ¿Qué estás haciendo? No me digas que el médico es igual de testarudo que sus pacientes. Me equivoqué al pensar que serías un paciente comprensivo, qué mal por mí. — Por un momento, quiso debatirle y quejarse, pero al notar que tiene razón, se traga sus palabras y acepta quedarse tranquilo. Solo suelta un lento y profundo suspiro antes de soltar la siguiente palabra, la más típica de su repertorio. — Tonta. — Ella solo ríe, parece que ya va entendiendo la forma de ser de Kiyoshi. Durante los siguientes minutos, dentro de la sala se escucha un monólogo de la doctora en donde le entrega su diagnóstico al paciente. Resulta ser mucho más sencillo de lo normal al no tener que explicar nada, pues cada término u explicación que entrega es fácilmente comprendida por el pirata. Aun así, este sigue incómodo, notándose en cómo desvía la mirada cada tanto, siempre hacia la ventana, siempre hacia el exterior de ese hospital. — ¿Me dirás qué es lo que pasa? Te aseguro de que, si estuvieses en mi lugar, estarías molesto por tener un paciente como tú. — Lo normal es que aquí haya un problema, que Kiyoshi le responda molesto y no use las palabras más educadas de su vocabulario, pero no es así. No tiene la mente ni en la doctora ni en su estado, sino que en algo más. — ¿Nadie ha venido a preguntar por mí? — Sus compañeros, para ser más exactos. ¿Habrá llegado a sus oídos la información de su accidente? ¿O siguen pensando que el médico de la tripulación está haciendo de las suyas, disfrutando estar tras tanto tiempo sumido en la civilización? No quiere que se preocupen, no desea darles problemas. Eso es lo que tiene su mente ocupada, y su semblante tan triste. — Ah, así que no estás solo en esta isla. Me comentó un pajarillo por ahí que eres un pirata, pero me costó creerlo. Eres bastante flacucho, normalmente veo a piratas mucho más fuertes y armados físicamente. — Kiyoshi solo asiente, coincidiendo también en esa visión. Siempre se ha aceptado a sí mismo en ese aspecto, aunque sabido es que intenta cambiarlo desde su estadía en Whisky Peaks. — Intento mejorar, tonta. Pero sí, soy un pirata, aunque no me considero peligroso. Tú tampoco lo hagas. — Ella vuelve a reír, ya no desafiante, sino risueña. — Está bien, está bien. ¿Y me dirás por qué te lanzaste por esa colina sin tener conocimientos previos sobre esquí? Parece que solo intentabas matarte. ¿De verdad fue así o hay algún detalle que se me escapa? No, ella está en lo cierto. La decisión tomada por Kiyoshi puede cuestionarse por cualquiera, incluso por él mismo, pero hay una explicación detrás de todo. Él aborrece a aquellos que no cuidan su salud y se esfuerzan para situarse a sí mismos frente a las puertas de la muerte. Con esta lógica, podemos aseverar que Kiyoshi debe estar bastante molesto consigo mismo, pero eso se encuentra alejado de la realidad. Digamos que se cumplió una excepción, pero una excepción que, poco a poco, se va convirtiendo en regla. — Tenía miedo. Mucho. — Sincero, como siempre. Aún inconsciente durante días, sigue siendo el mismo. Eso es bueno, respiremos tranquilos. — Pero debo enfrentarlos. Quiero ser valiente, aunque me cueste la vida. — La doctora se golpea el rostro con su carpeta. La vida de ambos es distinta, demasiado, por lo que es incapaz de entender esa lógica. No podemos culparla de ello. — Pero podrías combatir tus miedos sin morir en el proceso. ¿No crees que eso sería lo mejor? — Kiyoshi, tranquilo, niega con la cabeza. — El miedo para superarlo debe ser real. Este lo fue. Y aunque acabé mal, no hui. Eso está bien, ¿no le parece? — Ella suspira y sonríe, esta vez concordando con lo dicho por su paciente. A veces, simplemente queda asentir y hacer caso. Esta es una de esas ocasiones. |