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Rock that body | Kael - Lan Caihe - 07-03-2026 Año 16. Verano 40
Deja de ser un fantasma.
Dijeron. Antes siquiera de pensarlo dos veces, simplemente acepté. Seguirles el ritmo de vida era algo que tenía que aceptar si quería compaginar bien con la tripulación, aunque durante meses seguí con mi vida hasta el día en el que viajamos a Samba. ¿Que era lo que me habían pedido?, cosas sencillas a las que una vez estuve acostumbrada y que hasta entonces no me daba el lujo de tener constantemente, solo en situaciones de emergencia que lo requirieran. Dormir bajo un techo con ellos, en un hostal, compartir habitación y salir juntos. Unidad, compañerismo. Eso me habían pedido. Al principio imaginé que de esa manera Cao podía saber si era leal. Pero de pronto no importó, porque me descubrí queriendo ser parte de ellos. No me sentía sola tratando de integrarme, algunos compañeros y yo no éramos muy dados a socializar con demasiada gente, pues las ciudades y los poblados los usábamos para trabajar o dormir en las calles, apenas me mezclaba con lo que era llamado “sociedad”. Y conforme partimos desde Sorbet, todo comenzó a ser diferente. Cao y Han un día aparecieron en los carteles de “Se busca”. ¿Qué me pareció? Espléndido, si mi camino iba a conducir a enfrentarme a la marina así lo sería. Y así quería que fuese, aunque en mis planes no estaba que fuera pronto pues había cosas que hacer primero, como llegar a Amazon Lily. Así que decidí pasar desapercibida por el momento. En aquel tiempo éramos siete miembros en La Mano Vacía. En aquel tiempo, mi sueño comenzaba a forjarse. —Paciencia en la forja, linda —solté hacia Kay mientras que soltaba el humo frente a la tienda. Samba era un lugar pintoresco, aunque no coincidía con la separación de clases que había. Aunque el sistema ya era otra cosa pues, desde que comencé a viajar, había visto un mismo sistema adecuado a las islas en las que había estado y aqui, los pobres estaban en el río, abajo y los ricos pegados a la selva, arriba. Mis ojos se endurecieron, pero no dije nada, Kay seguía revisando las perchas con vestidos. No tenía idea de lo que me decía cuando señalaba las vitrinas, preguntándome si me gustaba este o aquel. Jamás había comprado ropa de aquel tipo, y tampoco compraba zapatos. Sin embargo, elegí lo que creí que se parecía más a la ropa que siempre usaba, y me gustó. Al llegar al hostal, preparamos todo cómo colegialas, Kayseira se encargó de mi peinado y entonces, frente aquel espejo me sentí como si tuviera 15 años de nuevo, el día en el que mamá organizó para mi la fiesta más grande vi. Una sonrisa atravesó la comisura de mis labios y se convirtió en una carcajada tan sonora y contagiosa, que las dos terminamos riéndonos hasta qué no pudimos más. Le invité una calada y ella se negó como siempre hacía, prendiendo su cigarro después. Estaba sentada frente al tocador en la habitación del hostal que compartía con Kay y me giré para verla, dejando de admirar el hermoso peinado que me había hecho para verla. Estaba hermosa, llevaba puesto un traje blanco de seda y satín que casi la hacía parecer un hada de hielo. Por un momento casi olvidé que éramos parte de una banda criminal. —¿Estás lista? —me preguntó y no hizo falta más. Nos reunimos con los demás y los siete comenzamos a caminar por la calle empedrada hasta llegar al lugar. En el camino, hubo silbidos ajenos a los cuerpos de mis compañeras, miradas y bromas entre nosotras. Pero mi mente no estaba en hombres, estaba en el follaje que se cernía sobre las casitas montaña arriba y en los sonidos que venían de él. Un aullido grave retumbó entre los árboles, parecía un monstruo que amenazaba con salir a aterrorizar a la ciudad. Aunque esa afirmación, era mentira. Se trataba de un llamado de apareamiento. Solté una risita. Definitivamente era una linda noche. El cielo estaba estrellado, las luces amarillas por el fuego en las antorchas y algunos carteles en los comercios que iluminaba suavemente los adoquines y piedras, los puestos de comida desprendían olores sabrosos y yo caminaba detrás de mis compañeros relajada, expulsando una calada profunda que me hizo disociar, sin prestar atención a los murmullos que señalaban mi cara: —Si tan solo fuera más bonita. —No puedo ni verla —en mi cara había una sonrisa de oreja a oreja ajena a esos comentarios sin importancia, me sentía cómoda enbaquel vestido negro que provocaba miradas indiscretas hacia mis pechos y trasero. El lugar era un edificio de dos pisos, desde afuera se podía escuchar la música, incluso entonces mi cuerpo ya estaba reaccionando, moviendo mis pies en el lugar y mis caderas que hacían rebotar la tela y el resto de mi cuerpo, Kay me miró cómplice y le devolví la mirada; había un guardia en la entrada sosteniendo una cadena que colgaba y descolgaba en un poste de metal color oro cuando entraba o salía gente. Alguien en el primer piso abrió una ventana y la música se escapó como si invitara a todos a bailar, el olor a cigarro y marihuana se filtró también, la entrada estaba adornada con antorchas y luces artificiales que salían de varios den de mushi muy diferentes a los que antes había visto. Durante un momento, me sentí fuera de lugar. —Tranquila, estarás bien —me dijo la albina notando mi silencio, tomándome del brazo y metiéndome en el lugar una vez que el capitán logró entablar con el cadenero. Al entrar, la música resonó en mi pecho, deslizándose por mi estómago, reverberando entre mis piernas y mis pies, una sensación de cosquilleo y euforia me invadió y sin saberlo, pronto ya estaba meneando mis caderas sin saber bien cómo se bailaba aquello, pero moviéndome de la manera en la que me provocaba la música. Kay me dejó por un momento, yendo a sentarse con Cao al segundo piso, yo fui directo a la barra, moviendo las caderas al caminar, con una sonrisa en el rostro y llegando a la barra con toda la amabilidad que podía ofrecer en ese momento. —Buenas noches, ¿Podría tener una piña colada por favor? —dije, pidiendo el único trago del que sabía. RE: Rock that body | Kael - Kael Omuyaga - 12-03-2026 Hace aproximadamente un año, un momento en su vida en el que apenas conocía a la mitad de la que ahora conforma su tripulación en tiempos estándares, no es sino otro peón en la larga cadena de Marines que, como muchos otros, buscan una forma de escalar socialmente. Él es uno de esos pocos que se consideran reemplazables, un eslabón sin importancia del que pueden deshacerse con facilidad en honor de, por supuesto, aquella gloriosa institución bajo las ordenes del Gobierno Mundial... Y eso él lo sabe bien. No es un hombre dado a destacar como persona, sino como figura. No tiene un nombre, sino un aspecto. Es un chico guapo, hermoso y...para el resto de sus compañeros, nada más que eso. Si hablan de sus facciones, es fácil que cualquiera en las inmediaciones le reconozca, sepa interpretar de quién se está haciendo mención, y por sobre todo, soltar algún pequeño comentario despectivo, producto de la envidia de no haber nacido con tales rasgos atractivos con el toque de los dioses en sus facciones. ¿Y que culpa tiene él de querer cuidarse? Samba es un territorio adecuado para él, un lugar en el que la Marina tiene poca, casi nula influencia, y que los únicos agentes que se mueven por ese territorio, son aquellos con mejores capacidades de pasar encubierto, o en su descaro, algunos que pueden permitirse estar ahí representando a la Marina para lo que sea que consideren que necesitan una cara reconocible. Kael, por su parte, no lleva puesto su característico uniforme, y en su lugar, se ha dispuesto con una de sus mejores galas para salir a festejar. No hay nada por lo que merezca, realmente, salir al exterior a bailar, beber, y pasarlo bien con tranquilidad, sino todo lo contrario. El negro siempre ha sido su mejor amigo. Su chaqueta de traje no solo combina con el color de su cabello y realza el color de sus ojos, sino también le permite ocultarse mejor en la noche, y la gente, por su forma de ser, no le darán mayor importancia a un joven encantador que decide salir por su cuenta a pasarlo bien en un ambiente siempre festivo. Camina con paso seguro, reloj en su muñeca izquierda, recordándole a cada momento su origen y procedencia, lo que desea hacer y lo que busca rememorar. Marca la hora de salida, la búsqueda de su objetivo, un espacio seguro entre lo que marca como lógico, y el tiempo en el que peligra su exposición al terreno bajo las estrellas. Está solo, camina sin nadie más, y eso es todo lo que necesita. Sabe trabajar en equipo, la vida le ha enseñado a ello, pero desde pequeño, su campo le ha preparado para ser especialista en solitario. Y como un lobo solitario, se siente envalentonado cuando ve a su presa. Tras un par de susurros, un par de palabras intercambiadas en el aire, una moneda "perdida" por las manos adecuadas, y una pequeña caminata, finalmente encontraría a la persona que con tanto interés ha venido a buscar...y aquella a la que dejan de lado. Llama la atención, tanto en el bueno como en el mal sentido. Se deja apreciar, a pesar de ser consciente de lo que la gente opina. Ese cabello rojizo, esa musculatura...si lo observas desde otro prisma, ¿Quién sabe si hay quién puede encontrarlo encantador? Kael busca esa perspectiva, esa valentía para seguir adelante con pensamiento seguro, positivo, y carente de una emoción que lo pudiese hacer retroceder. Para el de cabello azabache, esa mujer se vería como la más atractiva de toda la fiesta, porque así se lo quiere hacer reflejar en sus ojos. —Que sean dos, si es tan amable.—Tardó tan solo un segundo en aparecer tan pronto escuchó lo que iba a tomar, y antes de ofrecerse a su vista, con un pequeño y sutil gesto, pediría que cortasen el alcohol de su bebida, pues debe evitar beber a toda costa.—Si le parece bien a la señorita, esta ronda la invito yo. Se sentaría a su lado sobre una banqueta, apoyando el codo sobre la barra para poder observarla, semi erguido, sin formalidad, mostrándose con picardía, una pequeña sonrisa en su rostro que no busca ocultar ni un solo ápice. No importa lo que los demás puedan pensar, así cómo tampoco las caras de asombro entre los que comparan los dos extremos con el rostro del hombre y el de la mujer. Observa de reojo esas expresiones, y aún así, las evita como si valieran menos que el polvo y la suciedad. A sus ojos quería que ella se viese reflejado, que sintiera que alguien la mira diferente, que no todo es discriminación ni juicio negativo. Es él quién debe ganarse su atención, y con tan sólo un primer movimiento, hace todo lo posible por alejar esas emociones negativas que por dentro, a toda mujer deben herir su orgullo. —Ese vestido es precioso, si me permitís el atrevimiento. Creo que tienes muy buen gusto.—Cortes y directo, sin pecar de adulador, decide con tranquilidad dar una pequeña pincelada de lo que con palabras y sin ellas, desea poder expresar al final de la velada, durase lo que durase la misma con la mujer que busca acompañar—¿Os importa si me quedo? No quisiera molestaros, pero...no quisiera perder la oportunidad de acercarme a quién ha conseguido llamar mi atención. Empieza a colocar cartas sobre la mesa, jugando con calma, poco a poco, paso a paso, y es ahora cuando debe comprobar si la contraria lo recibe con agrado, o si considera que todo esto no es más que una simple molestia para ella. Cualquiera que fuera su respuesta, él espera, con una sonrisa sencilla en su rostro, y una mirada posada sobre los iris de la contraria, sin miedo a nada, y mucho menos...a ella. |