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Ramas y gatos | Fic - Enji - 13-03-2026 Ese día, el aire viciado de los barracones lo arrancó temprano de la cama. En verano hacía calor, te asfixiabas entre las cuatro paredes de la escueta habitación que el cuartel tenía reservada para ti. En invierno, por otro lado, morías congelado bajo su pobre cobijo. Una forma sencilla, algo brutal, pero efectiva, de que sus soldados no se achancharan en la cama. Así que, sí, Enji estaba en la calle, vestido de civil junto a un viejo y enorme arbol. Las manos en la cintura, los brazos en jarra y una mirada cansina que buscaba algo entre las ramas bajas una señal de vida animal. —¿Ford? Baja de ahí, gato. Te vas a matar —dijo Enji. Llevaba unos veinte minutos parado junto al árbol y buscando entre las ramas a su gato, un minino de pelaje blanco, ojos celestes y un carácter muy peculiar—. Venga, vamos. Pspspsps. —Trató de llamar su atención frotando los dedos índice y pulgar. Muchas personas hacían eso para llamar a sus gatos y solía funcionar. Echó otro vistazo, pero nada—. ¡No me hagas subir a buscarte! El marine, fuera de su horario de trabajo, vestía ropa sencilla y ligera. Una camisa marrón, pantalones cortos blancos y un par de sandalias gruesas. Tenía la camisa abierta hasta el tercer botón y los pantalones arremangados por encima de las rodillas. Pasaron unos minutos más y Ford no dió señales de vida. Enji suspiró. —Te voy a hacer empanadas, gato del diablo —gruñó mientras arremolinaba el brazo, como quien gira una palanca—. ¡Ahí voy! Extendió los brazos a los costados de su cuerpo para darse estabilidad, flexionó las rodillas, bajó la cola hasta casi tocar el suelo con ella y luego, como un resorte, se propulsó hacia arriba. La potencia de sus piernas lo arrojó muchos metros en el aire. Subió, subió y subió, dibujando un arco perfecto hasta la punta del árbol, de dónde se aferró con uñas y dientes antes de pasar de largo. Todo el árbol se tambaleó a causa del abrupto peso en la punta, y un maullido se escuchó entre las ramas. —¡Ya de edzuché! —advirtió Enji con los dientes aferrados a una rama. De verdad se estaba agarrando con todo lo que tenía. Después de comprobar que las ramas a su alrededor tenían la dureza suficiente, se soltó y paró sobre una de ellas. Posó la mano en el tronco principal del enorme árbol y, en contra de la clásica advertencia, miró hacia abajo. —Ahora dónde estás tú, hijo de tu gata madre… RE: Ramas y gatos | Fic - Enji - 15-03-2026 Las ramas, pegadas unas a otras en su conexión al tronco principal del altísimo árbol, dejaban poco espacio para maniobrar entre ellas. Enji apenas se podía deslizar entre los ásperos brazos e infiltrarse como una gota de agua en su lento descenso, poco a poco y con suma paciencia. —Hija de su… madre, como arde —masculló, con la corteza del árbol raspándole la piel del abdomen mientras trataba de infiltrarse entre un anillo de ramas muy juntas entre sí—. Me siento como un trozo de mierda seca pasando entre… Plop. El marine se liberó y pudo caer hasta la siguiente rama en el momento oportuno. Aterrizó de forma torpe, clavó los talones en la madera y se quedó firme, duro como una vara de acero, en una postura que asemejaba al saludo militar de las mañanas. Una vibración incómoda lo atravesó desde los pies a la cabeza, erizó sus cabellos y lo hizo apretar la mandíbula. Sintió que sus dientes crujían y puso los ojos en blanco durante unos instantes que se hicieron eternos. Miraba hacia dentro de su cabeza y, sinceramente, no le sorprendía nada de lo que había allí dentro. Si eso, creyó tener el cráneo más lleno. —(...)Ford, hijo de tu perra... —Un maullido agudo se escuchó desde más abajo en el árbol—. ¡Bueno! Sí, ya sé que me pasé. Como decía, hijo de tu gata madre, más te vale que no tenga que ponerme aquí a filosofar sobre mi vida y las decisiones que he tomado o te castro —amenazó al tiempo que sus ojos volvían a la normalidad, emergiendo de detrás de las cuencas desde abajo, pese a haberse ido hacia arriba en primer lugar—. ¿Dónde estás? ¿Y por qué este árbol es tan absurdamente vasto cuando desde fuera parecía más normal? Carajo… Chasqueó la lengua, sacudió la cabeza y siguió bajando. Tenía la fuerza suficiente para descolgarse una rama a la vez, manteniéndose sujeto con una mano hasta tocar con los pies la siguiente. —Que ridículo es esto… —murmuró en su descenso—. Salté sin problema hasta arriba pero tengo que cuidarme de no caer. Tch, tengo que entrenar mi dureza. Estoy seguro de que Juancho se estamparía contra el suelo sin hacer una mueca. Maldita tortuga gigante… Sudaba. El calor era intenso y húmedo en Baterilla, una isla tropical. Un enemigo natural para alguien que sufría de los calores como lo haría un pingüino en Arabasta. Cuando se quiso fijar, una camisa caía entre las ramas del árbol, llevada por el viento, hasta trabarse en una nube de hojas. Enji se miró el pecho. ¿Esa era su camisa? Sí, en efecto. ¿Cuándo se la había quitado? No tenía la menor idea, pero el alivio que sintió fue instantáneo. |