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Muy viejos tiempos | Fic - Versión para impresión

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Muy viejos tiempos | Fic - Dharma - 16-03-2026

Hace varios años, en realidad muchos más de lo que alguien por ahora podria recordar, en un pequeño poblado se encontraba una mujer que había formado parte de la vida del espadachin por unos fugaces meses, como una amiga, o un tipo de confidente, ella es la que le permitía hacer cosas buenas mas seguido o incluso hacer las cosas malas en pos de las buenas personas, encaminando la oscuridad que yacía en el oriundo de Wano. Por lo general su vida se veía reducida a los metros cuadrados que componían el ático de su habitación. Con el tiempo, el ama Sybill acondicionó su prisión con todo tipo de cosas necesarias para que ella no tuviese que salir del lugar bajo ningún concepto. Al menos se encargaba de mantener a su fuente de la sabiduría activa, llevando todo tipo de libros que le ayudaban a que el tiempo se le pasara mucho más rápido de lo deseado.

Por ello no pudo esconder su estupefacción cuando el ama le ordenó que bajara al puticlub y ayudara a servir las bebidas. Desde que tenía memoria jamás había atravesado el umbral de la puerta de su ático, ni siquiera conocía a ciencia cierta la magnitud del edificio donde se encontraba presa. Sin embargo, la idea de probar un poquito más de libertad inundó su interior, haciéndole olvidar |por completo| que esto no significaba un escape de su condena. El ama fue muy clara en que la vigilaría en todo momento, a fin de que no se le ocurriese hacer alguna tontería, aclarándole que su contacto con los hombres debía ser sólo para tomar ordenes y entregarlas. Cualquier otro tipo de conversación conllevaría una sanción de tres días en el agujero con los grilletes y sin comida o agua.

Asintió con timidez, prometiendo que se apegaría a sus mandatos sin establecer contacto alguno. Y en ese momento lo decía en serio.La primera persona a quien conoció fue a Fuuka, una alegre y parlanchina muchacha que, al parecer, era la favorita del ama Sybill, ya que se jactaba de llevar algunos años en la frutería y eso era todo un logro, considerando que la madame no mantenía a las chicas mucho tiempo en el menú. Fuuka parecía tener una especie de interés en su persona e insistía en contarle todo sobre los clientes a los que atendía, pese a las veces que Evie le aclaró que sólo estaba ahí provisionalmente como camarera. 

La muchacha tenía todo tipo de anécdotas sobre los distintos hombres que apreciaban el placer de su compañía, pero había un joven en especial que la hacía suspirar cada que hablaba de él. Evie se encontraba sirviendo un par de tarros de cerveza en su bandeja para llevarla hasta una mesa repleta de piratas rechonchos cuando Fuuka entró de nuevo en la cocina, alisándose el cabello y acomodando los tirantes de su escotado vestido, mirando su reflejo en el pequeño espejo que yacía justo al lado de la puerta de la cocina.Tenía una sonrisa enamorada y rápidamente se apresuró hacia su persona, tomándole la muñeca para que ambas echaran un vistazo a los caballeros que hacían su entrada al salón principal del puticlub.

| ¿No es divino? |preguntó con ilusión, a lo que la rubia siguió el rumbo de su mirada hacia la silueta de un joven que buscaba un asiento en las mesas alejadas de la barra y la pista de baile|. Espero que hoy me pida a mí.|

Lamentablemente los sueños de su nueva ‘‘amiga’’ se vieron destrozados cuando el ama le advirtió que uno de los regordetes de la mesa dieciséis había pagado un privado con ella. Notó la desilusión en el rostro de la chica y no pudo evitar sentir algo de pena por ella, pues se notaba a leguas que esa noche deseaba ser de aquel misterioso joven y no de uno de esos ebrios poco alineados.

| Supongo que será para la próxima…|

Le puso una mano en el hombro y le obsequió una pequeña sonrisa antes de salir de la cocina para cumplir su cometido como una cortesana profesional. Nunca creyó que le agradecería al ama Sybill el que no pusiera su nombre y su cuerpo en el menú; no estaba segura de poder hacer lo mismo que Fuuka y dejar que cualquiera pusiera las manos en su cuerpo, ni tener que repetir esa rutina varias veces al día, todos los días. Era tonto, pero quería creer que en algún momento pagaría la deuda de sus padres, compraría su libertad y podría tener el derecho de enamorarse como todas las protagonistas de las novelas de romance.

El ama apareció, deteniendo el hilo de sus pensamientos para encargarle una nueva mesa a la que debería servir el resto de la noche. Ella ya sabía las reglas y estaba dispuesta a cumplir su cometido en silencio, pero al enterarse que la persona a quien atendería era el mismo joven por el que Fuuka suspiraba. Ahora ya no estaba tan segura de poder mantener la boca completamente cerrada. Con indecisión llevó la bandeja con los tragos ordenados hasta la mesa designada y sirvió el vino con cuidado, escudriñando las facciones del joven con detenimiento. Ahora que lo tenía tan cerca podía decir que era apuesto, pero tampoco es que ella fuese una experta en hombres.

| ¿Hay algo más que le pueda ofrecer?|

Sabía que estaba rompiendo el trato con el ama Sybill, sin embargo, las palabras salieron de su boca antes de que pudiese detenerse a pensar. Dudaba que fuera a pedirla en el menú, después de todo, si Fuuka era de sus favoritas, ella sin duda no le atraería ni un poco.

Quien era en ese entonces otro tipo de ser, aun antes de encaminarse en el camino de lo espiritual y esa retorcida idea de lo que podría ser el equilibrio universal, aun antes de poder comenzar a saber sobre lo que pudiera ser el hinduismo o el budismo, como tal, Dharma era un joven común, con algunos vicios más comunes y mundanos. Encendería un cigarrillo, previo entrar al puticlub el cual solía visitar, y en el cual había hecho amigas a lo largo de su vida; había sido cliente de aquel lugar, incluso desde antes de tener apetitos sexuales, cuando su "abuelo", iba a emborracharse y molestar a las damas. Frecuentemente era llamado el espadachín, cuando era pequeño, a los fines de buscarlo pues a Zephis le estaría siendo imposible sostenerse en pie, habida cuenta altos grados de alcohol en sangre.

Aquel día no haría aquella visita con fines sexuales, sino mas bien despejar su mente y recapacitar algunas cuestiones respecto de su presente y futuro. Así las cosas, se ubicaría en una mesa solitaria, y pediría  un vaso de whisky con dos hielos para comenzar. El primer vaso se transformó en el segundo, y el segundo en el tercero. Entre cigarros y bebidas, se preguntó a si mismo si era su plan el quedarse para siempre en esta isla, o si buscaría algo más allá de sus horizontes conocidos. Ciertamente creía tener las capacidades bélicas como para embarcarse en una aventura; no obstante ellos, aún le hacían faltas muchas cualidades que no tenían necesariamente que ver con el combate, y que serían difíciles de adquirir personalmente.

Sin embargo, algo diminuto, pero a la vez llamativo llamó su atención cuando fue proporcionado de su cuarto vaso de whisky. Una pequeña y delicada pelirrubia, se presentaba frente a el sirviéndole su bebida, con ademanes puritanos y un rostro que claramente aún denotaba un cierto infantilismo... no, el termino correcto para definirla sería pureza. Aquella muchacha, con una fina voz le preguntaría si necesitaría algo más además de aquel vaso de whisky, quedando estática en su lugar, esperando una respuesta.

|¿Nueva por aquí? No es necesario que me trates de usted... probablemente tenga menos años de los que crees que tengo| Respondería Dharma, para luego beber un profundo trago de aquel vaso de whisky y continuar |No creo haberte visto antes... ¿Tu nombre rizos de oro? |Soltaría en modo algo irónico, pero sin ánimos de insultar en lo más mínimo.

Ciertamente había llamado la atención del espadachín, el hecho de que aquella joven se presentara frente a el, cuando ciertamente lo clásico sería que Fuuka se abalanzara sobre su persona casi al mismo tiempo que este entrara al lugar ¿Qué buscaba la madame del lugar? La situación le generaba una suerte de desconfianza pero, al mismo tiempo, curiosidad.



RE: Muy viejos tiempos | Fic - Dharma - 06-04-2026

La sangre se le congeló cuando el extraño fijó su atención en ella, pidiéndole que dejara aquel tono tan formal, ya que no tenían una edad tan diferente. Evie lo sabía, pero tampoco es como que conociera del todo al genero masculino como para aventurarse a tratar irrespetuosamente a un cliente, especialmente al que parecía ser el más preciado de Fuuka.

Su mirada viajó del muchacho al ama Sybill, notando que, en esos momentos, se encontraba en su oficina, acomodando lo que |suponía| serían los horarios de trabajo de las chicas para el fin de semana. Tal vez no debería arriesgarse a romper las reglas, pero algo en su interior se removió con interés ante la idea de poder conocer a alguien de fuera.

| No quise ser irrespetuosa |se excusó rápidamente|. Sólo estoy reemplazando esta noche a una de las camareras |no pudo evitar sonrojarse ante el apodo que él le daba|. Evie… ¿y el tuyo? |bajó la bandeja sin dejar de verlo con curiosidad|. Fuuka me dijo que sueles venir desde hace mucho… |se mordió el labio inferior con nerviosismo, dudando si debía hablar de la chica|. Ella…bueno…pareces agradarle mucho.|

Rápidamente recogió los vasos vacíos al sentir la mirada del ama sobre ella desde el cristal de su oficina, tratando de justificar así su innecesaria platica con el cliente. Quería poder sentarse y poder hablar con él, preguntarle de dónde venía y a dónde iría. Quizá vivía aventuras que ella sólo había leído en libros, lamentablemente eso no podría ser mientras el ama estuviera vigilando sus pasos, por lo que tendría que buscar la forma de alargar esa conversación con astucia.

| Ya que Fuuka no puede servirte…te traeré un trago más como cortesía |dijo con una pequeña sonrisa|. De parte de la casa. Sé que a ella le habría encantado que la pidieras hoy |tomó la bandeja con cuidado|

No podía decirle que aquello era necesario para seguir charlando y muy posiblemente el pobre terminaría ebrio de tantos tragos que le llevaría esa noche. Sin embargo, no se iría sin antes poder conversar un poco más con él, aun si eso suponía volver a estar encadenada en el agujero durante tres días.

El ama no dejaría que él la pidiera en el menú y tampoco estaba segura de estar totalmente preparada como para pasar de prisionera a putilla en una noche, así que trataría de entablar una conversación con aquel extraño mientras se encargaba de cuidar sus espaldas de la madame del local.

La tímida joven que se presentaba frente a el, no parecía estar versada en el arte de la seducción y la labia como el resto de sus compañeras; con aires tímidos y vergonzosos, hablaría con el espadachín, quien quizá en una primera impresión podría llegar a parecer intimidante, con aquellos ojos rojos sangre, cicatrices, y una voz profunda como el oscuro mar. Lejos estaba Dharma de hacer sentir mal a la muchacha, o asustarla, por lo que intentaría ablandar todo lo que pudiera sus facciones y expresiones, agregando suavidad a su rostro, o bueno... la máxima posible para su reacio ser. Así entonces, de forme inexpresiva, escucharía la excusación de la peliblanca, quien agregó además que estaba a modo de reemplazo de una camarera, concluyendo por decirle su nombre.

|Dharma...| Diría para interrumpir su hablar encendiendo un cigarrillo |hmm si | Completaría su nombre exhalando una bocanada de humo hacia uno de los costados, con intenciones de no molestar a la jovencita con su adicción.

Sorpresivamente Evie, no le dijo su apellido ¿No tenía uno? ¿A tal punto sometía Sybil a las jóvenes que llegaban a sus destructoras manos como para no permitirles el derecho a un apellido? Dharma se hizo aquellas preguntas para sus adentros, mientras escuchaba como la nueva camarera, cambiaba completamente el eje de la conversación, pasando ahora a ser Fuuka la temática.

|Ah, entonces has oído sobre mi... lamentablemente Fuuka no me ha comentado de ti; supongo que no formas parte de "ese" trabajo| Dijo el joven Zar fumando su cigarrillo y continuó | Si... supongo que después de tantos años y prácticamente criarnos juntos, nuestra relación de trabajadora - cliente, puede haber sido tocada por una suerte de amistad...| ¿Amistad? Dharma no tenía amigxs ni mucho menos, Fuuka era lo más cercano, y aún así no sabía el samurái si considerarla tal.

Rápidamente volvió la peliblanca a su modo "trabajadora"; si bien no contaba con un encanto de cortesana, si contaba con una bondad y pureza que rara vez podría verse en un lugar como aquel |Ahora tomaré un aguamiel, creo que es suficiente whisky para mi por hoy| Diría el espadachín Ah... y sobre Fuuka, igualmente hoy no requería esa clase de servicios, con beber y charlar estoy a gusto| ¿Por qué la inapetencia de aquella noche? Simplemente quería acompañar las inquietudes personales con un buen trago, no mucho más que eso.



RE: Muy viejos tiempos | Fic - Dharma - 13-04-2026

Esbozó una pequeña sonrisa cuando escuchó el nombre del extraño, grabándolo en lo profundo de su fuente de la sabiduría. Ladeó la cabeza con interés al verlo encender un cigarrillo que al parecer no era el primero de ese día. Vaya que tenía originalidad para presentarse y parecer interesante, lo que le ocasionó una pequeña risita graciosa al imaginarlo como todos aquellos personajes de cuentos llenos de mujeres, cigarrillos y problemas.

Por un segundo se cuestionó si había hecho bien al hablar de la muchacha que apenas acababa de conocer; después de todo, parecía apreciar la compañía del espadachín mucho más que con otros clientes y ella no tenía derecho a andar ventilando información de la que no tenía tanta certeza. Sin embargo, su sangre se congeló cuando Dharma dedujo que ella no formaba parte del menú de cortesanas, debido a que Fuuka nunca le hablo de su persona. Bueno, al menos le quedaba claro que la chica era parlanchina con todo el mundo por naturaleza.

|Yo…no tengo permitido bajar |dijo con nerviosismo|. Hoy fue la primera vez y es…un caso especial |notó que el ama Sybill se acercaba y con rapidez compuso una sonrisa|. Aguamiel |repitió en voz alta|. Enseguida se la traigo |apenas si pudo controlar el temblor en su voz|. Si desea puedo mandar a otra de las chicas para que converse con usted |no le dio tiempo de responder|. Con permiso.

Se apresuró a la cocina, dejando los vasos sucios en el área designada para su lavado, concentrándose en servir lo que el joven le había pedido. En su mente no dejaba de darle vueltas a las palabras de Dharma sobre su relación con Fuuka. ¿Así era como comenzaba una amistad? ¿Primero debía había haber un contacto sexual antes de |si quiera| poder confiar el uno en el otro? No recordaba haber leído algo similar en sus libros; de hecho, la mayoría detallaba que las relaciones se desarrollaban después de un proceso previo, en donde la amistad abarcaba una parte muy importante.

Lamentablemente el hilo de sus pensamientos se vio interrumpidos por la llegada del ama Sybill a la cocina, quien la fulminaba con la mirada. Trató de concentrarse en servir la orden en su bandeja, fingiendo no prestar atención a la presencia de la madame tan cerca de ella, hasta que la mujer se colocó a su lado, observándola de forma inquisidora.

| ¿Y bien? |preguntó con dureza. Ese intercambio de palabras duró mucho más de lo usual.

|Sólo le expliqué que Fuuka no estaba disponible para hacerle compañía, ama |se apresuró a excusarse|. Él dijo que sólo estaba aquí para beber y charlar, así que le ofrecí enviarle a otra de las chicas para acompa….

El dolor que le supuso aquella bofetada sobre su mejilla fue mucho peor del que pudo calcular y tuvo que sujetarse de la barra de la cocina para no caer al suelo. Al parecer ella no tenía autoridad alguna otra chica del menú y había tenido el descaro de pasar por alto el rango de la dueña del local. Después de todo, Fuuka podría regresar en cualquier momento y eso haría quedar al puticlub como poco profesional. El ama Sybill le ordenó que saliera a entregar el pedido, siguiéndola en todo momento hasta la mesa con un aura amenazador.

|Mi querido joven Dharma |escuchar al ama con aquel tema meloso era simplemente irrisorio|. Lamento que mi nueva…camarera tuviese el atrevimiento de ofrecerle a otra de nuestras adorables chicas sin conocer previamente sus gustos |Evie se concentró en servir el trago y limpiar la mesa en silencio, tratando de continuar siendo invisible|. Si lo desea puedo mandarle a Jeannie para que lo acompañe o a Kira.

La ojiazul hizo una pequeña reverencia tratando de esconder su mejilla lastimada con su cabello y apenas si avanzó un par de pasos hacia cuando escuchó al ama Sybill exclamar con cierto espanto como si le acabasen de dar la peor noticia del mundo. Por supuesto, lo que sea que Dharma quisiera no tendría por qué importarle, aunque en el fondo habría deseado poder entablar un par de palabras más con él.

Abrió levemente sus orbes esmeralda en señal de sorpresa cuando la joven muchacha le dijo que verla allí sería una excepción, toda vez que no se le permitía "bajar" con habitualidad ¿Hasta que punto aquella pequeña y frágil mujer estaba siendo monopolizada y sometida por Sybil? En su hablar, en su andar, podía notarse un dejo de nerviosismo y ansiedad, casi como si supiera que estar allí, con el, fuera un error insalvable y que le traería una enorme cantidad de problemas para con su matrona. Detestó el espadachín la idea de generarle inconvenientes a Evie, por lo que prontamente le diría que lo deje solo, consideró que aquello sería lo mejor para ambas partes. La camarera, por su parte, acataría la solicitud de Dharma, para luego con tono cabizbajo ofrecerle la compañía de alguna de las muchachas que, claro estaba, no fuera ni Fuuka ni ella para que le hicieran compañía aquella velada.

Vio por el rabillo del ojo como la pequeña peliblanca se apresuraba en dirección a la cocina para cumplir con su pedido y allí ratificó su decisión de "mandarla a volar" para no generar una situación de la cual Evie no pudiera escapar indemne.

Algunos minutos pasaron previo a que Evie volviera a aparecer por la puerta en la que había entrado con anterioridad. Sin embargo, para sorpresa del espadachín ahora no solo venía acompañada por el trago que el había pedido sino que además, detrás de ella, caminaba Sybil con aquellos aires de superioridad y autosuficiencia que siempre la habían caracterizado; claro estaba, que Dharma no era una persona que gustara mucho de la matrona del puticlub, pero a lo largo de su vida... Sybil había sido un mal necesario con el cual debía convivir.

Como sospechaba el espadachín, en presencia de su "madame" la actitud de Evie distaba completamente del que hubiera tenido minutos atrás; la joven de tímida sonrisa y ánimos de entablar una conversación, ahora se esforzaba por evitar la mirada de Dharma, casi como escondiendo una parte de su rostro, mientras ponía la bebida sobre la mesa y la repasaba con un trapo blanco. Por su parte Sybil, con aquella falsa sonrisa se comunicaría en los mejores términos posibles para con el joven Dharma quien, gracias a su perspicacia, so se tragó ni un poco de aquella falsa "buena fe".

|Ya corta con esta estupidez Sybil| Sus ojos y voz se endurecieron de una manera tal, que incluso crisparon a aquella mujer acostumbrada a tratar con gente de bajos instintos |¿La golpeaste no es así?| Preguntó sin esperar un segundo, ante una atónita mirada que expedía entre ira y una especie de vergüenza ¿Vergüenza era la palabra? No, mejor dicho pudor por haber sido descubierta... Sybil era una completa desvergonzada, una horrible mujer que disfrutaba serlo |No creo haberte pedido a nadie, no decidas por mi... hoy prefiero la compañía de Evie... supongo no habrá problema| Aquellos orbes verdes parecían atravesar por completo la mirada de la madame, quien hasta ahora no había emitido palabra alguna.

|Ah, y volveré mañana| Bebería un trago de aguamiel y continuaría |Si llego a ver marcas de golpes, cortes, o cualquier daño en alguna de las muchachas... te mato| Sentenció el espadachín sin ningún tipo de temor; los guardias del lugar querían más al joven Dharma que a su propia ama, ni que hablar de las muchachas que allí trabajaban. Luego de aquello, tomaría una de las sillas que se encontraba junto a el y la acercó, para luego golpearla casi como ordenándole a Evie que se sentara, todo sin quitar aquella mirada desafiante en pos de Sybil. Dharma en esos tiempos era un joven impetuoso y lleno de intenciones buenas, pero aun no entendía que el mejor camino para el era uno donde no tenia que depender de nadie de ninguna forma, ni para bien ni para mal. Pero por ahora era joven e impetuoso además de conservar sus emociones e ilusiones, un tiempo atrás antes de concretarse como el Dharma de ahora, si bien su nombre ya le había sido otorgado, aun no confirmaba nada especial dentro de si.



RE: Muy viejos tiempos | Fic - Dharma - 24-04-2026

Sybill sabía que tenía las de perder en esta batalla con el muchacho, por lo que apeló a su escasa paciencia antes de tomar a la mocosa del brazo e instarla a caminar de vuelta a la cocina frente a la atenta mirada del joven.

|Por supuesto, mi querido Dharma| trató de reponerse|. En un momento la enviaré de regreso.

Evie se adentró en la cocina tan rápido como pudo, buscando un pañuelo para empaparlo en agua fría y ponerlo en su mejilla para calmar el dolor. Esta no era la primera vez que el ama la abofeteaba, así que ya tenía experiencia sanando este tipo de heridas. Lo único que le preocupaba eran los días que le aguardaban en el agujero cuando esa noche terminase, pues le quedaba claro que su castigo apenas comenzaba.

Para su sorpresa el ama entró momentos después con el rostro irritado, ocasionando que la rubia se tensara en su sitio, esperando que arremetiese de nuevo en su contra. Sin embargo, la mujer sólo se colocó frente a ella con esa aura amenazante como si fuese una enorme serpiente queriendo tragarse a un indefenso ratoncillo. Sus ojos dorados brillaron con odio al tiempo que la tomaba de la barbilla con excesiva fuerza, advirtiéndole que no se le ocurriese hacer ninguna tontería o el agujero se convertiría en su hogar durante el resto del mes.

|N-No comprendo, ama…

En realidad, no sabía por qué se enfureció tanto, pero al parecer él que hubiese solicitado su compañía para el resto de la velada era lo que no tenía a la madame muy contenta, ya que no hubo manera alguna de hacerle cambiar de parecer. Por alguna razón su señora se notaba mucho más ansiosa de lo normal y todo tenía que ver con aquella extraña petición, acompañada de las nada sutiles amenazas proferidas contra ella.

|Mucho cuidado con lo que dices |advirtió|. Una palabra de más y me desharé de una vez por todas de ti.|

La ojiazul asintió con temor antes de reponerse para volver al salón principal ante la severa mirada del ama. Dejó el pañuelo frío en la barra y atravesó las puertas, caminando tímidamente hasta la mesa del joven. Con la mirada baja tomó asiento en la silla que previamente le había dispuesto para su uso y junto las manos sobre su regazo de forma pudorosa.

|Yo…en realidad no estoy dentro del menú |él ya lo sabía, pero repetirlo le hacía sentir mucho mejor|. Te agradezco por defenderme… |fue la primera vez que se atrevió a mirarlo de nuevo|. No soy muy versada en conversaciones, pero me esforzaré por no aburrirte…|

Había tanto que quería preguntar, tantas cosas que quería contarle, pero el miedo de que el ama Sybill cumpliese su promesa la tenía por completo congelada. ¿Qué podría tener ella que pudiese llamar la atención de aquel interesante muchacho?


Sybil aceptó su derrota frente al joven Pirata, volviendo a dibujar en su rostro aquella sonrisa plagada de falsedad y que, detrás de ella, escondía una furia que pocas veces había tenido con anterioridad. Dejó en claro su enojo cuando firmemente tomó del brazo a Evie para llevarla nuevamente hacia la cocina, a tiempo que se excusaba, diciéndole que prontamente estaría la joven nuevamente con el ¿Por qué se había inmiscuido en aquella situación? ¿Por que reaccionó de aquella manera? 

Ciertamente no era ajeno a los malévolos procederes de la matrona del lugar, Fuuka y el resto de las muchachas le habían comentado en alguna que otra ocasión el miedo que les hacía sentir su "ama"; Dharma había estado masticando aquella información desde hacía tiempo, estallando en aquel momento, desembocando en lo que ocurrió |Supongo que lo que dije traerá más problemas que soluciones| Diría lanzando un leve suspiro y bebiendo un cuantioso trago de aguamiel, esperando que Evie volviera.

Unos pocos minutos pasaron, antes de que la muchacha apareciera nuevamente por la puerta en que había entrado con su ama, ahora sosteniéndole la mirada más aún con aquella timidez y temor que la había caracterizado hasta el momento. Comenzó diciéndole que no era parte del menú, una vez más, continuó agradeciéndole y concluyó excusándose por no ser muy versada en el arte de la comunicación.

|Tranquila... no tengo esas intenciones contigo| Diría el espadachín haciéndole señas para que tome asiento |Además, luego tendría que soportar a Fuuka y sus celos| Una sonrisa ladina se dibujaría en su rostro; extraño que una cortesana tuviera tales sentimientos por un cliente, al parecer las relaciones humanas eran más intrincadas, escapando a la comprensión de un joven tan taciturno, escueto y frío como lo era Dharma.

|Ahora dime Evie| Bebería un nuevo trago de su bebida y la miraría con aquellos penetrantes ojos, adquiriendo la conversación, así, un marcado tono de seriedad |No pareces cortesana, no me trago que seas camarera... sin ofender, pero la comunicación lo es todo en este trabajo, y pareciera que esta es la conversación más larga que has tenido en mucho tiempo| Se recostó en el respaldo de su silla, apoyando su brazo derecho sobre la que tenía junto a el |¿Que función cumples en este lugar? ¿Por que Sybil parecía no querer que estuviera junto a mi? Has llamado mi atención...| Sin rodeo alguno, Dharma la apabullaría en preguntas, respecto de las cuales requería imperiosamente respuestas ¿Por que? Curiosidad, simplemente, aunque parecía ser que la muchacha necesitaba de un "amigo" con quien hablar.
Y hoy se sentía con los ánimos de socializar, era joven aun tenia fe en las personas y más al respecto, trataba de ayudar a quienes necesitaran un pequeño o gran empujón para salir de su propia cueva de problemas.



RE: Muy viejos tiempos | Fic - Dharma - 29-06-2026

Evie parpadeó un par de veces, asimilando el peso de aquellas palabras. La mención de Fuuka y sus celos, sazonada con esa sonrisa ladina y confiada del espadachín, actuó como un breve bálsamo que amortiguó la rigidez de sus músculos. Por un milisegundo, el fantasma de una sonrisa tímida e involuntaria amagó con dibujarse en las comisuras de sus labios, pero la ilusión se desvaneció tan pronto como la seriedad regresó a las facciones del joven. Escuchar de su propia boca que ella |había llamado su atención| no le provocó el orgullo que sentiría cualquier otra mujer en este lugar; al contrario, la hizo sentirse pequeña, desnuda bajo una lupa, expuesta ante un depredador que, de manera desconcertante, parecía ser el primero en el establecimiento que no deseaba lastimarla ni usarla como un trozo de carne.

|Nadie me había preguntado qué hago aquí...| murmuró casi en un suspiro, manteniendo la vista rígidamente clavada en el pulido de la madera de la mesa, donde se reflejaba la luz parpadeante de las lámparas de aceite |. Para los clientes que entran y salen cada noche, yo solo soy parte del decorado, algo tan invisible como las cortinas o las sillas. Para el ama Sybill... solo soy un estorbo costoso que debe pagar una supuesta deuda eterna. Una que nunca termina de saldarse.| 

El silencio que siguió fue denso, roto únicamente por las risas estridentes que se filtraban desde el salón principal y el tintineo del vaso de Dharma. Evie apretó las manos sobre su regazo con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. El ardor en su mejilla izquierda seguía allí, punzante, recordándole la advertencia de la madame, pero la mirada del pirata limpia de lujuria, cargada de una curiosidad genuina y de esa extraña fe en las personas que solo los hombres de mar poseían la empujó hacia un precipicio de honestidad que nunca antes se había atrevido a rozar. Se armó de un valor que no sabía que poseía y, venciendo el temblor de su propio cuerpo, levantó la cabeza para sostenerle la mirada a aquellos ojos penetrantes.

|Ella no quería que estuviera contigo porque sabe que los hombres como tú no buscan una distracción barata, buscan respuestas| continuó, y por primera vez, un miligramo de firmeza tiñó su suave voz |. El ama Sybill me mantiene en la cocina, entre las sombras, para asegurarse de que nadie me encuentre. No soy una camarera torpe, Dharma. Soy... el trofeo viviente de una tripulación pirata que ella traicionó y entregó a la Marina hace años. Si tú investigas demasiado, si husmeas en el pasado de este lugar, el imperio de mentiras de la madame se vendrá abajo. Ella tiene pánico de que alguien con tu temple descubra lo que realmente se oculta detrás de este negocio| 

Un suspiro largo y tembloroso escapó de sus labios, y por un instante, el aire que entró en sus pulmones se sintió menos pesado. Acababa de sellar su sentencia de muerte si Sybill se enteraba, pero la sensación de libertad, aunque efímera, valía el riesgo. Miró fijamente al taciturno espadachín, dejando ver las lágrimas de frustración que comenzaban a acumularse en sus ojos azules.| Me pidió que no hiciera ninguna tontería si no quería terminar el mes encerrada bajo tierra, pero... gracias por defenderme ahí fuera, y gracias por llamarme por mi nombre. Hacía meses que nadie en este maldito lugar lo pronunciaba sin escupirlo como un insulto.|

El espadachín no se movió un solo milímetro mientras la verdad caía sobre la mesa. Sus penetrantes ojos permanecieron fijos en el rostro de Evie, registrando cada temblor, cada lágrima contenida y la forma en que el pánico dictaba sus palabras. Para un hombre acostumbrado a los peligros del mar, las intrigas del burdel de una isla no eran una novedad; sin embargo, el peso del secreto que la muchacha cargaba reconfiguraba por completo el panorama. Dharma estiró los dedos de su mano libre y tamborileó suavemente sobre el borde de madera en un compás lento, casi hipnótico, mientras asimilaba lo que Evie habia dicho .|Ya veo...| articuló finalmente. Su voz, una línea plana y exenta de cualquier rastro de sorpresa, cortó el aire con una solemnidad casi sepulcral |. Asi que tiene miedo de lo que puedas decir, seguramente en algun momento pensaba pasar por encima de mi. | Dharma bajó la mirada por un breve instante hacia su propio vaso , observando el reflejo distorsionado de la luz en el líquido. No había ira en su semblante, sino una fría y metódica evaluación de daños. Su mano derecha descendió con parsimonia hasta la empuñadura de una de sus espadas, no con la intención de desenfundarla de inmediato, sino como un recordatorio físico de dónde residía su verdadera seguridad en ese nido de víboras. El acero frío bajo sus yemas siempre le ayudaba a pensar con mayor claridad.

|. La curiosidad suele matar a los piratas descuidados, Evie, pero la paranoia suele ahogar a los tiranos en su propio veneno. Sybill cometió el error de mostrar su miedo cuando intentó apartarte de mí. Al hacerlo, solo logró que este lugar se vuelva mucho más interesante de lo que pretendía ser esta noche.|

Se reclinó un poco más en su asiento, cruzando una pierna con total tranquilidad. Sabía que cada minuto que pasaba con ella en la mesa era un clavo más en el ataúd que la madame estaba construyendo para la joven; sin embargo, Dharma no era de los que huían de un problema solo porque las apuestas subieran. Si algo caracterizaba al espadachín, era su capacidad para sobrellevar la tormenta con el rostro imperturbable. |No tienes que agradecerme por usar tu nombre. Es lo mínimo que se le debe a alguien antes de escuchar su historia| concluyó, alzando nuevamente el vaso para dar un sorbo corto, disfrutando del ardor del alcohol en su garganta |. En cuanto a tu ama... deja que siga vigilando desde las sombras de la cocina. Si cree que una sola palabra tuya puede derrumbar su imperio, es porque las bases de su negocio ya están lo suficientemente podridas. Quédate aquí, bebe un poco de agua si lo necesitas y respira. Mientras estés sentada en esta mesa, la única autoridad que dicta las reglas soy yo, no ella. Mañana será otro día, pero esta noche, todavía eres mi invitada.|

El pelinegro tenia un altruismo muy grande en esos años, el pasado en esta historia, deja recordar lo que todo ser humano puede llegar a ser, un heroe, quizá sin tantas miradas encima, pero si la mas importante, el heroe de quien lo necesita.