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Baquella, por última vez | Pasado | Cill Blinton - Versión para impresión

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Baquella, por última vez | Pasado | Cill Blinton - Miyori Hoshino - 18-03-2026

39 de Verano, año 17
Puerto de Baquella
17:35 pm.


Me encantaba estar en casa, desde que llegué no hubo un solo día sin sorpresas y momentos inolvidables. Estar con las personas que amamos siempre llena el corazón de fortaleza, y entre los brazos de mi familia, me sentí completamente plena.

Me desalienta un poco tener que mantener un perfil bajo en mi propia tierra natal, especialmente porque en Baterilla hay una base de la Marina, y ahora debía andar con los pies juntos. Hasta el momento todo ha ido bien, pero, el anuncio de que mañana se viajará a Joy Park tiene a todos ocupados en sus chismes, así que por ahora podía moverme libremente por mi pueblo.

Las cuestas de Baquella se alzaban de manera raras, sin seguir reglas ni uniformidad, caminos que se entrelazan unos sobre otros, serpenteando entre riscos que parecían confundir a cualquier que no fuera del pueblo. Cada hogar descansaba en su lugar perfecto, todas las casas estaban hechas por estructuras rocosas y coronados con tejas de un rojo intenso, brillantes a la luz del sol. Y mi hogar no sería la excepción.

Caminaba de regreso a mi hogar después de un día entero fuera. No llevaba nada conmigo, Amphitrite estaba seguro en mi habitación, tampoco traía conmigo ningún sombrero. El sol estaba por desaparecer pronto, y el cielo se teñía de un naranja profundo mezclado con algún matiz azulado del anochecer, era el adiós de un día perfecto. Hoy vestía de igual manera un vestido holgado de color rosa, con los hombros descubiertos pero con mangas en los laterales de mi busto, y en mi abdomen tenia fijo un corset marrón atado con cuerdas negras.

El clima era agradable, con más brisa de lo habitual a pesar de ser verano. Mi hogar se encontraba en lo alto de los riscos, un poco más aislado que las demás casas, así que había un buen tramo que recorrer desde el puerto mercantil hasta la cima del pueblo, en mi caso ya estaba acostumbrada a hacerlo. Me detuve unos minutos en un claro abierto, donde podía contemplar sin obstáculos todo el pueblo, y más allá, el vasto y brillante mar que se extendía hasta el horizonte. El viento jugaba con mi vestido y los mechones libres de mi pelo naranja, disfruté  del aroma salado del océano.

—- ¿No te parece que Baquella es un hermoso lugar para vivir? —-dije con una sonrisa, completamente orgullosa de llamar a este sitio mi hogar, donde todo me parecía perfecto. Luego bajé la mirada por el camino que acababa de recorrer, consciente de que Cill me seguía, a quien prácticamente había obligado a acompañarme, digamos que subir toda una montaña no es algo que se haga a la ligera, incluso se llega a pensarlo demasiado, y yo no le dí opción de pensarlo. — ¿Verdad, Cill?.

— Vamos, tenemos que preparar todo para esta noche. — dije manteniendo mi sonrisa radiante, si, aún faltaba caminar un poco más, mi hogar estaba cerca. Mi padre había salido por unos trabajos de carpintería en el pueblo, y mis hermanos estaban ocupados con la pesca y el negocio del puerto, así que la tarea de preparar los alimentos de la noche caía únicamente sobre mí. Habría una pequeña fiesta de despedida por la noche, para desearnos suerte en nuestro próximo viaje.

Mi familia ya conocía a Cill más que de mis palabras e historias que hemos pasado juntos, pero hoy sería oportuno presentar oficialmente a mi capitán. Papá tenía mucho que preguntarle a Cill por mi Wanted.

REFERENCIA



RE: Baquella, por última vez | Pasado | Cill Blinton - Cill Blinton - 23-03-2026





Muchos años atrás


En la altura de los riscos, allí en Baquella, en isla Baterilla, en lo alto de éstos, en un claro, donde podían verse todos los rojos tejados, y la harmoniosa ciudad, que yacía durmiendo bajo el manto de la noche con una lluvia torrencial, se encontraba un sujeto, enorme, con una musculatura gigante, el tipo parecía de acero… Aunque de acero, solo su mandíbula, que se podía escuchar aquel carraspeo metálico que hacía al masticar… De una de sus manos colgaba una cadena, que retrocedía hasta unos dos metros detrás… Al final de ésta, se encontraba como broche de cierre de un cepo de grilletes viejos, metálicos, parte de un cepo… Y a la sombra de aquel enorme hombre, un pequeño niño, trece años cuanto mucho, con ambos brazos hacia delante cayendo en rendición, sostenidos solo por la mínima tensión de la quedana que le tiraba del cepo que tenía con grilletes en sus muñecas. Vestido con harapos, golpeado, con cortes, quemaduras, hematomas por golpes, famélico, curtido… Allí estaba Cill… Pisando tierra firme nuevamente, empapado, observando aquel nocturno diluvio. Su rostro era inerte, con la mirada apagada, vacía, gris, no estaba muerto, pero tampoco vivo… Haber pisado tierra otra vez, por primera vez, después de todo lo que pasó en su hogar, de ver la masacre que hizo su captor… Traía recuerdos… El olor… Los gritos… El miedo… La impotencia… Quería llorar, pero no habían lágrimas, quería gritar pero no había voz en él… Solo era un cuerpo, encadenado… “Lucky” le llamó el enorme sujeto volteando a verlo… “Intentamos quebrar tu espíritu, intentamos dejarte morir… Intentamos dejarle tu muerte a la suerte, y siempre te negaste a morir…” le dijo con una risa sobradora… Soltó la cadena… ¿Que sentido tenía correr? Jamás podría escapar… Estaba allí entregado a su suerte una vez más…

“Vamos a hacer un nuevo juego, Lucky” le dijo el sujeto volteando a verlo, ante la nula expresión del pequeño Cill, que solo continuaba reviviendo la masacre de cada uno de su familia, de la masacre de su pueblo entero, las violaciones, los incendios, el olor a muerte y sangre. Aquel hombre le propuso jugar nuevamente… Claro… Luego de llevarlo cautivo, luego de torturarlo por meses, golpearlo hasta casi matarlo, cortarlo, ahogarlo, intentado de todo… El chico siguió ahí, vivo, sin quebrarse como rehén en ese barco… Por eso comenzaron a usarlo como esclavo y aprendiz, enseñándole la vida de un marino, aprendió con excelencia el arte de la navegación y aquella gente reía de sus cualidades, como festejandole, pero no llegaron aplausos o festejos, eran golpes… Aprendió a pelear, y cada lección era una nueva lesión, una nueva marca, incluso alguna fractura… Pero cuando ya no supieron que hacer con él… Cada noche jugaban dados, jugaban cartas, jugaban de todo… Y la apuesta era Cill ganar y seguir vivo un dia más, Cill perder, y morir… Y vaya si deseó perder más de una vez… ¿Qué sentido tenía ganar si significaba continuar perdiendo?... Pero curiosamente, siempre ganaba, como si faltara sonar alguna canción… Aunque nunca pudo festejar… De ahí que luego de más de un año el azar tenerlo vivo, encontró una motivación un fuego eterno que no se extingue, y un deseo… Y amó el juego, amó las apuestas, que cada noche, le permitieron vivir un día más, por más calvario que fuera… “¿Escuchaste lucky?” volvió a espetar burlonamente aquel sujeto “Jugaremos dados una última vez… Si pierdes… Aquí moriras… Si ganas, aquí nos veremos por última vez, estaremos años en altamar y no nos sirve un peso muerto, aunque sea tan útil”. El pequeño Cill, inerte, no se inmutó… Los dados hicieron lo suyo. El eco de la risa de aquel sujeto enorme resonó, pero los grilletes de sus muñecas finalmente se abrieron, dejando ver carne viva, después de años puestos y tanto daño recibido… “Supongo Lucky, que siempre serás un sujeto afortunado… Cuando la muerte no te desea, es porque la vida aún te reclama muchacho” le dijo burlonamente “Pero recuerda… la libertad, asi como la vida, no existen… Solo los fuertes, aquellos con poder deciden a quien impartirla” le dijo escupiendo el suelo al final y se fué finalmente…

Allí estaba Cill, mal trecho, adolorido, hambriento, sucio, casi muerto… Su corazón todavía tenía aquel fuego, y aquellas palabras solo lo encendieron más. La torrencial lluvia camuflaba la angustia de sus lágrimas que como si aquellas cadenas no solo lo sujetaran a él, sino a su mismo ser, ahora sin ellas, lágrimas brotaron de sus ojos… Estaba lejos, muy lejos, y había pasado mucho tiempo… Solo lloró más y más fuerte mientras se aferraba a la cruz que colgaba de su pecho pensando en aquel último día en su pueblo, en un totalmente lejano East Blue, en la isla de Dawn… Su alma gritaba… Pero de su boca solo salía risa… Rió… Después de tantos años, entre lágrimas y angustia, reía… Ni él sabía porque… Solo podía reír y llorar mientras la lluvia caía sin piedad en aquella oscura noche. Las rodillas del niño flaquearon, cayó sobre ellas sin saber que hacer… Sin saber quien era ya, que podría hacer… Y allí de rodillas, cabizbajo, sosteniendo apenas su torso con sus manos, vió colgar desde su cuello la cruz de su madre mientras las lágrimas seguían brotando como un manantial y la risa poco a poco se transformó en un agonizante grito desgarrante de liberación. Pensó en tirarse por el risco, pero las palabras de su madre resonaban en su mente, mirar al cielo, al mar… La sonrisa de su padre mientras fumaba un cigarro se venía a su mente… Volviendo en sí, busco dos rocas, del tamaño de su pequeño antebrazo, y las puso juntas, allí bajo la lluvia, mirando al cielo, y al mar, en aquel risco que daba por lo bajo a la ciudad y más allá, el horizonte donde el cielo se hace uno con el mar. Y ahí ese pequeño Cill sonrió profundamente pensando que no era el mejor, pero sus padres amarían ese lugar y la vista que les daba. Con una piedra más pequeña, había tallado una cruz en cada piedra, allí, mientras la inclemente lluvia limpiaba más que la suciedad de su castigada piel, y se sentó junto a ellas, dejando purgar a través de sus ojos, fijos en el oscuro firmamento donde el cielo, el mar y el horizonte se hacían uno…
.






Baterilla siempre me traía una mezcla de sensaciones y siempre que podía, la evitaba, algunos recuerdos son inevitables, y algunas memorias uno mismo busca enterrarlas en lo más profundo donde cree jamás volvería a encontrarlas. Pero la realidad dista de ello, porque por más profundo que uno cave, al final siempre sabrá dónde enterró aquello. No era algo que me paralizara, solo que prefería mirar hacia delante, y hacer como si olvidase todo aquello… La tarde era hermosa, y si bien siempre intenté evitar aquella isla, más de una vez los caminos se torcieron llevándome en varias ocasiones a aquel sitio. Y ésta vez era algo especial… Ésta vez gente me acompañaba, y nos unía un destino más grande… La aventura llamaba a la puerta, el horizonte nos esperaba, y Baterilla era quien nos vería partir… Alek no debería estar muy lejos, y Miyori, a quien veía caminar delante mío se la veía radiante, cargada de un brillo y melancólica alegría como quien se siente en casa… Sensación que casi había olvidado.

Sonreí… Sonreí por el casi, ese que significaba volver a conocer lo que es un lugar al que volver… ¿Tenía nombre? No… Pero si tenía rostros… Había encontrado con quien compartir mi sueño, y donde al final del día quería estar…

No importaba el donde, importaba los quien…

Ella quiso pasear, caminar, enseñarme lugares, y yo preferí callar con una sonrisa, haciéndome el ignorante, a veces el silencio de uno podría llenar un corazón ajeno más que cientas palabras… Una sonrisa amable, profunda ante el “descubrimiento” de conocer un nuevo sitio que ella me enseñaba, aunque ya lo hubiera visto… Verla alegre… ¿Por qué cortar eso? ¿Por qué arruinar esa libertad tan risueña con la que sentía que me hacía formar parte de quien era? Solo me dejé llevar, y caminaba con ella, atrasandome en varios puntos, solo por ir más despacio, y disfrutar de verla feliz en su hogar, señalando aquí, señalando allá mientras la seguía consistentemente con una sonrisa y atendía cada una de sus explicaciones y lugar que mostraba.

Nuestros pasos, guiados por ella, aquella risueña violinista, iban en subida, camino a lo alto en aquella montañosa zona, donde riscos se formaban, donde el cielo se nos acercaba, casi invitándonos a acariciarlo con las manos, y a lo lejos el mar podía verse inmenso, infinito, como un libro abierto esperando a ser leído, un claro frente nuestro… También la ciudad desde aquel punto regalaba una postal digna de imprimirse en la memoria de cualquier ojo despierto que pudiera ver aquello… Esa fusión que entregaba el violaceo cielo apenas cayendo una tímida noche con tintes anaranjados era un broche magnífico a una obra de arte natural. Yo mientras seguía caminando mientras seguía aquella cabellera anaranjada que cada tanto tarareaba una canción…

Su pregunta realmente nunca me la había planteado pero lo obvio era obvio… —Si que lo es en verdad, Miyori— le contesté entre risas con una sonrisa.

Mientras paseaba mis ojos por aquella onírica postal, en el césped, en aquel risco, con un poco de musgo en sus bases, dos pequeñas piedras estaban juntas allí con una pequeña cruz tallada cada una casi como un rayón… Olvidadas en el tiempo… Miyori siguió caminando un poco, yo no, frené allí, en seco, observándolas, con una sensación indescriptible en mi pecho aunque mi rostro no dejara ver nada de ello… Me acerqué lentamente a estas para agacharme y limpiarlas un poco. La emoción me invadió, no de una mala manera… No era vacío… Era plenitud… Una sonrisa cargada de paz asomó en mi rostro… Y de pronto me incorporé para como acompañado de esas piedras mirara al firmamento y el horizonte, dejándome llenar por el momento y algo dormido hubiera despertado… Solo pude echar a reír con una suave carcajada, de esas que llenan a uno, y dejarme caer como un tronco cortado al suelo, abierto de brazos y piernas sobre el cesped, observando aquel cielo teñido de violeta y naranja mientras reía…

Miyori me quiso apurar, pero, dentro mío no había prisa, era menester comprender la importancia de vivir ese momento, y quería que ella lo comprendiera junto a mí… Seguía caminando ella, sin darse cuenta que yo ya me había acostado en el suelo… Señalandola, de la punta de mi dedo, un hilo casi imperceptible fue hasta ella rápidamente para envolverla por la cintura atrapándola, y sin más opción la levanté del suelo y la atraje hacia mí dejandola acostada pegada a mí, mientras seguía riendo a ojos cerrados ahora.

Voltee a mi derecha para verla al rostro, cercano, cálido, y fundir el cobre de mis ojos en los suyos.

—Aquellos con prisa, pierden de vista los mejores tesoros, Miyori— le dije sonriente de oreja a oreja para volver mi vista al cielo. —Seamos libres un rato… Quedate conmigo a disfrutar el momento— le dije entregado a esta vez, no dejar que lagrimas caigan escondidas en la lluvia, o gritos ahogados salgan de mi garganta, no habían cadenas, esta vez una paz y libertad inquebrantables botaban de mi interior como un manantial inagotable y no quería volver a cometer el mismo error de huir… Ese fuego que se encendió una vez era hoy un incendio, y ser libre y la libertad era mi bandera, y nunca dejaría de flamear... Mientras me permitía disfrutar el momento allí acostado, y ella junto a mí, a mi lado, conmigo... Quizás no entendiera, probablemente, pero a veces tampoco eran necesarias las palabras... Quizás siquiera había podido de terminar de entender lo que le dije en Samba aquella vez en la glorieta... Pero ojalá, pudiera sentirlo y experimentarlo...

Ver el cielo... El mar...


RE: Baquella, por última vez | Pasado | Cill Blinton - Miyori Hoshino - 23-03-2026

Escuché la risa de Cill a mi espalda, un poco fuera de la dirección que esperaba. Me giré, curiosa por saber qué le causaba gracia, pero no alcancé a verlo porque de pronto sentí que algo me alzaba. Mis pies dejaron el suelo sin aviso, y el cuerpo se me tensó al instante. El aire rozó mi piel y un nudo recorrió mi estómago, no lo pensé, simplemente reaccioné con un chillido agudo que escapó de mis labios, completamente asustada por el repentino momento de que algo invisible me jalaba. 

Cerré los ojos con fuerza, más por reflejo que por decisión, aferrándome a esa oscuridad como si así pudiera detener o negar lo que estaba pasando.

Lo primero que sentí fue algo frío detrás de mi cuerpo, pero también suave. El césped húmedo se hundía ligeramente bajo mi peso, fresco contra mi espalda, y algunas hebras me rozaban la piel con un cosquilleo leve que me hizo estremecer. Poco a poco me atreví a abrir los ojos, y lo único que encontré fue el cielo extendiéndose sobre mí. Moví la cabeza, todavía confundida, tratando de entender qué había pasado… y entonces lo vi.

Estaba junto a Cill, recostada a su costado derecho por debajo de su brazo. En ese instante lo comprendí, me había atraído hacia él, a su merced.

Un atisbo de rubor nació en mí al verlo acercarse con tanta confianza. Su mirada cobriza se encontró con el azul de la mía, y en ese instante el mundo me pareció reducirse a ese único punto donde nuestros ojos se cruzaban, una curiosidad de sus motivos o razones de lo que quería al tenerme de esa forma. Sentí la calidez suave extenderse tras la sonrisa abierta, genuina, casi gentil en la forma que me miró. Antes sus palabras me hicieron reflexionar y cuestionarme de verdad, ¿Estaba yendo demasiado deprisa?, tal vez sí… quizás estaba apresurando todo porque los sentimientos de que el tiempo se me escapa me abrumaban. Mañana no estaríamos más en Baquella, por eso el tiempo no fue, no es, ni será suficiente para despedirme de todo lo que me gusta de este lugar.

Tras sus últimas palabras, giré el rostro hacia él, observando por un instante su expresión apacible y esa sonrisa que parecía resguardar algo en silencio. Me pregunté si, después de tanto andar, no estaría fatigado. Un leve remordimiento me recorrió al pensarlo. Sin pronunciar palabra, acomodé con delicadeza la falda de mi vestido bajo mis piernas, procurando que la brisa no la alzara. Después, poco a poco, permití que mi cuerpo cediera a la quietud, acompasé mi respiración, volviéndola más serena, más consciente, como si porfin me concediera el permiso de descender el ritmo y habitar la calma de ese preciso momento junto a él — Está bien, podemos quedarnos un momento. 

— Sabes…. — dije suavemente, rompiendo el silencio que se había creado unos minutos entre nosotros, coloque mis manos por encima de mi estómago, y lentamente cerré mis ojos con una sonrisa en mis labios, disfrutando de la brisa gentil de los árboles a nuestro alrededor. — Este es mi lugar favorito en toda la isla…

—- Antes de irme a Samba, incluso desde pequeña… — En mi memoria cobran vida las infinitas veces que venía a este lugar,en una estadía diaria sin duda. —- Al culminar mis obligaciones, por las tardes venía a este lugar a estudiar, a practicar con el violín, a cantar, o simplemente porque quería estar sola y relajarme un momento… —- Un lugar hermoso y perfecto sin duda.

Luego, mi mirada volvió a elevarse hacia el firmamento del atardecer, ya cercano a la noche, extendiéndose en una calma silenciosa que parecía envolverlo todo, un mundo lejos de todo lo que conocía, por eso amaba este lugar  —- Es curioso…

—- Tenía pensado, después de la fiesta y la cena, invitarte a venir en la noche para hacer justo esto… — dije con tranquilidad, sin apartar la vista del cielo. — Hablar de nuestro viaje de mañana, de música… tal vez incluso cantarte algo.

Levanté mi mano izquierda hacia arriba, no con la palma abierta, sino como si tratara de encajar estrellas que aún no aparecen en el cielo entre mis dedos, aunque fuese imaginación mía. — O que tú me explicaras cómo es navegar guiándose por las estrellas.

Una pequeña risa se me escapó ante esa posibilidad, después volví mi atención hacia él, con serenidad, dejando que esa idea se desvaneciera por completo. — Creo que terminaste adelantándote a mis planes.

Mi mano descendió de nuevo hasta mi cintura, donde encontré aquel hilo que me rodeaba. Lo toqué con los dedos, notando su superficie firme en apariencia, casi metálica, pero con una flexibilidad suave que cedía ligeramente bajo la presión. Al deslizarlo entre mis yemas, percibí su consistencia, como hilos normales y el solo tensarse son capaces de levantar cualquier cosa.

Al elevar algunas hebras sueltas, las observé con detenimiento, su entramado parecía sencillo a primera vista, de algún modo, aquello me permitió comprender la habilidad de Cill, un poder discreto, no evidente. ¿Qué otras cosas desconocía de él?, no era un libro abierto, al menos no conmigo.

—- Espero que no se convierta en un hábito eso de atarme con hilos…— murmuré, alzando mi mirada nuevamente al cielo. Exhalé con calma, permitiendo que la brisa que subía desde el puerto me rozara el rostro. Con el avance de la noche, las linternas comenzaron a encenderse poco a poco a lo lejos, extendiéndose como pequeños destellos que anunciaban la vida del puerto. A nuestro alrededor, el entorno se volvía cada vez más enigmático, con el murmullo constante de los grillos haciéndonos recordar que había un bosque a nuestro alrededores, algunas aves regresaban a resguardarse entre las ramas de los árboles. La luz del día se iba retirando sin prisa. 

Volví a cerrar los ojos, y parecía una muñeca, con las manos cruzándose entre ellas sobre la zona de mis costillas, sobre el corset de mi vestidura. 

— Y te advierto… si termino quedándome dormida, vas a tener que cargarme de vuelta a casa.


RE: Baquella, por última vez | Pasado | Cill Blinton - Cill Blinton - 24-03-2026

El cielo… Siempre está cargado de magia, su color, su inmensidad… Esos tonos anaranjados cruzando sin remordimiento como un zarpazo letal sobre aquel manto violáceo… Podría quedarme observándolo por horas, mirando las estrellas… Quizás debería agradecer a mi madre, era uno de los mayores legados… Después del todo, heredé su sueño… Y aquel lugar era especial, no porque era donde pude comenzar de nuevo, sino porque era donde pude despedir a mis padres… Curiosa la vida que me llevaba a este mismo sitio, tantos años después, que tanto tiempo evité, y lo tenía prácticamente olvidado en mi memoria… Era quizás la razón que me demora, para decidirme y avanzar, avanzar por mis sueños, lanzarme finalmente a lo desconocido, e ir a por todo lo que deseo… Había pospuesto siempre todo por mucho tiempo, evitando, eludiendo, viviendo en un largo letargo y pausa conformándome con divertirme una noche más… Sabía muy bien, que era una decisión tomada hacía tiempo, el mar esperaba, la gran línea… Baterilla era solo el puntapié inicial, curiosamente, otra vez… Allí había conocido nuevamente la libertad, allí había comprendido que perdí todo, y allí nuevamente ahora comenzaba a vivir más libre que nunca. Haber conocido a Miyori había sido un hito, solo escuchar su música a lo lejos… El sake de binks, sabía que donde fuera que yo fuera, quería escucharla…

Aquí estábamos, ella, apresurada ¿Yo? Yo solo quería disfrutar aquel devenir del día en su lecho final, era una hermosa vista ¿No había porqué correr, no? Y no quería dejar pasar la oportunidad de apreciarlo con ella… Durante nuestro viaje desde Samba, ella se lo perdió ambas veces, durmiendo, y claro, no iba a despertarla, tan tranquila, hubiera sido un despropósito, pero ahora… Ahora era diferente, no dejaría pasar la oportunidad, quería hacerlo con ella, que viera lo que yo veía, que entendiera lo que yo entendía… No se porqué… Pero siempre la quería cerca, me transmitía calma, una sensación perdida hace muchos años…

Sonreí, ampliamente con dulzura e inocencia ante su rubor. Yo no entendía mucho de espacio personal, ni de modos o maneras, siempre fui un poco a mi propio aire y deseo. A veces no me daba cuenta de lo que hacía o generaba, quizás, como ésta ocasión, aunque no era que no quisiera estar realmente cerca de ella. — Genial, solo eso quería, disfruta conmigo el momento — le dije volteando al cielo nuevamente. Entregándome a la calma del momento dejando que aquella inmensidad solemne que estaba frente a nuestros ojos, haga su trabajo, mientras la compañía hacía del momento algo aún mejor. Ya que sentía que alguien finalmente quizás entendía lo que veían mis ojos.

Las palabras sobraron por unos momentos, solo estaba en paz, sumergido en una profunda sensación de calma y tranquilidad, dejando que el momento por sí mismo en aquel lugar cumpliera su cometido, disfrutando junto a ella de lo que tenía que ofrecernos. Sin embargo irrumpió en habla, no para mal, no de forma molesta, sino despertando toda la curiosidad que podía tener alguien como yo… Dijo “¿Sabes?” Claramente querría saber ahora… Me contaba de ella, como éste lugar tan especial para mí, era su lugar favorito, y no pude evitar sonreír mientras cerré los ojos y ella seguía… Me contó como siempre venía luego de hacer sus quehaceres ya desde pequeña, o cuando quería estar sola, y no pude evitar imaginar una vida así, pacífica, normal, pensaba… Mi vida había sido totalmente diferente, y una parte de mí, se preguntaba como sería aquello… La observaba de reojo ahora, apenas inclinando mi rostro a ella, mientras contaba todo aquello, e imaginé su vida, aquellos días que mencionaba, y en un momento, un leve instante, sentí algo de pena… Mi vida había sido una lucha constante, supervivencia… Cruzada por una tragedia… Siempre estuve solo… No conocía prácticamente muchas de las cosas que ella contaba, y sentía en parte, un minúsculo instante si era justo quizás arrastrarla a mi vida, que poco tenía que ofrecer para seguirme, excepto aquella total libertad que estaba dispuesto a morir por defenderla, donde nadie podría decir que o como hacer, ni cuando, y pudiéramos simplemente “ser”. Sin embargo, ella volvió a abrir sus ojos para ver el cielo, y acompañé el gesto, observando más allá de donde mis ojos pudieran distinguir, escrutando el firmamento.

Siempre impulsivo, no pude evitar echar a reír cuando ella río también por adelantarme a sus planes, ella fue sutil, yo me reí bastante, alegremente. No podía ir contra mi naturaleza, no desaprovechaba oportunidades, vivía por las emociones, y no podía simplemente dejar pasar la ocasión de hacer lo que quería… Después del todo, así era y no podía cambiarlo… Aunque mis ojos brillaron, fuerte… Realmente quería lo mismo que yo, y gustaba de ver lo que mis ojos veían, incluso le interesaba la navegación estelar… La risa, pasó a descansar en una apacible sonrisa. Llené mis pulmones de aire, y lo dejé salir suavemente mientras mencionó lo de mi hilo y de quedarse dormida…

— Éste es un lugar muy especial para mí también, aunque sea de muy lejos realmente… — le dije con calma ahora sí volteando plenamente mi rostro a ella, a una ínfima distancia, ella estaba con sus ojos cerrados, pero no importaba que viera ella, era lo que yo quería ver, y estaba frente a mis ojos. — Aunque pasaron muchos años desde que me atreví a volver aquí… De hecho, debería agradecerte, porque si no fuera por ti, no lo habría hecho. — le comenté pensando en todos los años que había evitado ésta isla, o como siempre intenté tener un paso fugaz por aquí cuando los caminos me traían a éste lugar. — Pero puedo entender porque te gusta tanto… — dije en un tono amable y calmo — Todos estos años… Trayendo tu música aquí… Gracias... ¿Sabes?... Realmente me haces sentir en casa, aunque estemos en Samba, en el mar, Aquí... — le confesé en un tono melancólico sin contarle toda la historia quizás incluso confundiéndola, pero no pude más que agradecer por haber estado donde yo no pude estar por tanto tiempo… — No te explicaré, lo verás — le dije sobre la navegación — Iremos más allá de lo que hayamos imaginado, y conoceremos lugares con los que siquiera soñamos — dije volteando al cielo con un intenso brillo en mis ojos, para volver a enfocarme en ella.

Jalé del hilo, haciéndola girar suavemente hacia mí, para quedar vis a vis, cercanos, y mis ojos en la profundidad de los suyos mientras le sonría. — ¿Estás desafiándome acaso? — le pregunté con una pequeña risa detrás de la sonrisa cómplice en mi rostro mientras mi hilo se desataba y desvanecía en el aire dándole libertad nuevamente. — Quizás no quiero dejarte ir — solté sin saber porque… Claramente, no estaba realmente pensando, sino más bien siendo, instinto, impulso, humanidad. Apenas levemente un rubor asomó tímidamente en mis mejillas. — Quizás quiero que estés cerca — le dije sin pensar en consecuencias, acercando mi rostro al suyo, donde incluso a esa distancia, nuestras respiraciones se encontraban y podíamos sentirlas mutuamente.

A su lado, no hacía falta riesgos, o emociones fuertes, o adrenalina... No hacía falta nada para sentirme vivo...

No sabía que, pero era más fuerte que yo, era inevitable, un fuego, solo quería eso, estar cerca... Más... Mi mano, la crucé y abracé por la cintura, trayéndola más a mí, reduciendo a nada la distancia, si aún se podía, y con la otra, tomé suavemente su rostro. Mis labios, simplemente buscaron los de ella. En ese instante, no había otra cosa, lo sentía, y no quería perder la oportunidad, no quería alejarme de ella... Y en aquel beso, mientras nuestros labios se trenzaron en uno, sentirla junto a mí, su calor, su compañía. La besé con pasión, calmadamente, pero con total intención y seguridad, con intensidad, más no fogozamente, sino profundamente, era un beso que declaraba más aquello innegable que sentía más que mis propias palabras. Mis labios le comunicaban a los de ella apasionadamente que no quería alejarme, no ahora que estaba tan cerca como deseaba por dentro.


RE: Baquella, por última vez | Pasado | Cill Blinton - Miyori Hoshino - 25-03-2026

La noche cayó como un velo suave, envolviendome en una calma profunda donde la brisa fría acariciaba mi piel, los grillos sostenían un canto constante que parecía latir con la tierra, mientras las voces lejanas de los pobladores se deslizaban difusas desde la falda de la isla, mezclados con el eco grave de las bocinas de los barcos que partían en su último viaje del día, en esa quietud… sentí que yo también era parte de ese silencio vivo.

Escuchaba a Cill por completo, dejándome llevar por cada una de sus palabras mientras el silencio me envolvía y mis ojos permanecían cerrados, como si así pudiera sentirlo más cerca, más real, quizás verme así, con la guardia baja, le daba el valor de abrirse un poco más conmigo, de dejar caer aquello que no le era tan fácil compartir. Y al escucharlo, en mis labios se dibujó una sonrisa leve, casi imperceptible, pero llena de felicidad creciente.

Para mi sorpresa, Cill ya conocía Baquella, y lo que más me desconcertó de una forma extrañamente cálida, fue descubrir que, al igual que para mí, ese lugar también era su favorito, aquella coincidencia se sintió casi íntima, como si compartiéramos algo desde mucho antes sin saberlo, y entre ese asombro suave nació la duda, deslizándose inevitable en mi mente, ¿cuándo había estado aquí Cill?, ¿cómo era posible que nunca lo hubiera visto?, ¿en ese entonces era igual de risueño como ahora?

Cuando lo escuché darme las gracias en ese tono, casi nostálgico pero suavemente disfrazado de amabilidad, fui abriendo los ojos despacio, apenas lo suficiente para seguir sintiéndolo sin romper el momento, lo dejé expresarse, y aunque sus palabras eran pocas, siempre lograban llenar ese vacío en mi pecho, como lo ha sido desde que lo conocí en Samba. Y cuando confesó que, de alguna forma, yo le hacía sentir que estaba en casa, algo en mí vaciló, incapaz de encontrar una forma clara de interpretarlo…en lo más profundo, supe que yo sentía exactamente lo mismo por él.

—- Sí… esa fue la promesa, ¿no? — murmuré apenas,con la voz suave, como si aún flotara entre el descanso y sus palabras, no se había abierto por completo, pero podía sentir cómo pieza a pieza una nueva esencia de Cill comenzaba a revelarse ante mí… - Estar juntos y conocer el mundo… tú por la aventura, yo por la música.

De nuevo sentí aquella atracción invisible, como si sus hilos tiraran suavemente de mí hasta hacerlo inevitable, mi cuerpo cedió en un medio giro hacia su dirección, y entonces me encontré otra vez con su mirada, teñida de un dorado tibio del atardecer que aún se resistía a irse de sus ojos. Me sorprendí, claro que sí, porque esta vez su complicidad me alcanzaba de una forma distinta, más amena y profunda, más íntima que antes, como aquella noche en el festival de Samba, cuando su frente rozó con la mía, y como un reflejo, mi mano volvió a posarse sobre su pecho, justo donde latía su corazón, buscando en ese ritmo una respuesta, asegurándome de que sus latidos fueran tan intensos como los míos. ¿Por qué?... quizá porque necesitaba saber que eso que comenzaba a invadirme no era solo mío, sino algo que también sintiera en él.

Sentí el calor de su cercanía envolviéndome por completo, no era su presencia, era la forma en que me miraba, como si pudiera ver más de lo que yo misma entendía. Su confesión me dejó expuesta, vulnerable, y lo supe cuando mis mejillas se tiñeron de un rosa suave, el mismo color de mi vestido, extendiéndose hasta mis orejas sin medio alguno. Intenté desviar la mirada, buscando refugio en cualquier otro punto, sin saber qué decir ni cómo actuar, pero fue inútil, no cuando podía sentirlo tan cerca, cuando su cuerpo y su rostro parecía inclinarse hacía el mío con una intención imposible de ignorar. Y aún así…no me aparté. Me quedé.

Cuando sentí sus manos atrapandome, reduciendo al mínimo el espacio que aún existía, aunque en realidad no creo que haya más distancia por borrar, mi cuerpo se tensó ante la sorpresa de sus labios sobre los míos, una sensación conocida y sin embargo completamente distinta. No había brusquedad ni imposición, solo una calidez nueva, algo que no sabía nombrar ni encerrar en palabras. Mi mano aún sobre su pecho, se aferró a la tela de su camisa, tensando los dedos en una reacción involuntaria, mientras mis ojos abiertos delataban la confusión y el asombro que me atravesaban. Pero en medio de ese desconcierto, en la libertad con la que sus labios se movían sobre los míos, fui cediendo poco a poco, dejándome llevar hasta encontrar su ritmo, su pulso, no con la misma intensidad desbordada, pero sí con un deseo que emergía, tibio y creciente, a flor de piel.

— E-espera, Cill… —- mi voz salió entrecortada, casi un suspiro ahogado tras la falta de aire y el golpeteo desbocada de mi corazón, una corriente eléctrica recorría cada rincón de mi cuerpo mientras permanecía ahí, a su merced, sostenida por su brazo en mi cintura, atrapada en la cercanía de su rostro. Lo sabía… lo sabía perfectamente, estaba sobre hielo delgado, y no tenía idea de como avanzar sin romperlo. Los nervios me vencieron al punto de no poder sostenerle la mirada, no ahora, no cuando sentía que sus ojos eran capaces de atravesarme por completo, como si pudiera ver hasta lo más débil de mis reacciones.

Me quedé así, quieta, con mil pensamientos entrelazándose en mi mente, cruzándose sin orden ni respuesta, pero en medio de todo, ese sentimiento en mi pecho latía con una claridad abrumadora. Era parecido a cuando toco música, cuando la escucho, cuando canto y todo a mi alrededor parece encajar en perfecta armonía, como si el mundo respirara conmigo. ¿Amor?, No lo sé, no soy consciente de ello, no todavía, sólo sé que es real, que está ahí, creciendo en silencio dentro de mí. Buscando una respuesta, decidí incorporarme ligeramente, sentarme a penas, pero inclinándome sobre él, los mechones de mi pelo naranja cayeron alrededor de su rostro como suaves cascadas, enmarcando ese instante entre los dos. 

Mi mano izquierda se apoyó para no dejarme caer, mientras la otra rozó con delicadeza el costado de su rostro, mi corazón latía con una intensidad casi dolorosa, como si quisiera escapar. Entonces besé su frente… descendí por el puente de su nariz, su mejilla expuesta, trazando un camino de besos suaves y dulce, pero dudé por un instante, y abrí mis ojos para encontrarme con su mirada cobriza de nuevo, solo un instante, un leve temblor me recorrió, nerviosa totalmente, y fue entonces que lo entendí y ese sería mi modo de decirlo. 

Culminar en un beso casto, puro, sin urgencia ni desborde, pero lleno de una devoción absoluta, me tenía, claro que sí, de la misma manera que sentía que lo tenía.