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Una Esperanza // Capitulo 4 // FIC Pasado - Rackham Uker - 21-03-2026 Hace 13 o 14 años
Su pie resbaló, su cuerpo se tambaleó y viró peligrosamente hacia su lado. Pudo ver lo que había debajo, la calle, las personas paseando por la ciudad, viviendo su día a día, comprando víveres, teniendo un lindo momento con familiares o amigos. Mientras tanto, un joven Uker luchaba por mantener el equilibrio, para así no caer los 20 metros que lo separaban de todas esas personas. ![]() Sintió como su camiseta era estirada, en el momento justo que parecía completamente dispuesto a caer, sosteniéndolo. Miró hacia atrás, ahí estaba ese hombre de cabellos negros, sonriente y brillante como siempre. - ¿Planeabas hacer una gran entrada? -. Bromeó con el muchacho, aún sin soltarlo o ayudarlo a recomponerse. - No se si puedas resistir una caída así, pero puedo dejarte intentar si quieres -. Uker miró nuevamente a la calle y una gota de sudor bajó por su rostro, por lo que volvió a mirar al hombre y sonreír tímidamente. Fue suficiente señal para que sea jalado hacia atrás, devolviéndolo a terreno seguro, en donde el muchacho soltó un suspiro y respiró aliviado. - Solo fue un tropiezo, nada más -. Aún si decía esto, la verdad era que si había visto su vida pasar frente a sus ojos. - Pero sigo sin entender porque no buscamos a esos idiotas y les damos su merecido -. Las miradas se encontraron, mientras que el mayor caminaba para acercarse a él. - Ya te lo dije, no haremos eso -. Negó con la cabeza mientras agachaba la mirada, incluso sonreía ante su propia negativa a cumplir los deseos del más joven. - Pelear con un grupo de marines solo porque hace dos años te hicieron algo no es algo que vaya a beneficiarte -. Sus pasos lo llevaron hacia el borde de la construcción, doblando sus rodillas y elevando sus talones para mantener su peso en las puntas de sus pies. - Con eso simplemente estarías perdiendo la libertad que conseguiste ese día que te encontramos -. No miraba al joven mientras hablaba, simplemente se enfocaba en los peatones debajo de ellos. - ¿Y entonces para qué nos paramos sobre los techos y vigilamos la ciudad donde ellos fueron asignados como fuerza de la ley? -. Pese a ser leve, se notaba el enojo en la voz del niño, incapaz de ocultarlo por mucho que quiera. - Es bueno ver la ciudad, no tiene nada de malo querer dar un paseo. Además, fuiste tú mismo quien sugirió entrenar aquí -. Dicho esto, giró su rostro para observar a su alumno, sonriendo de manera confiada. - ¿O es que acaso solo quisiste venir para encontrarte con ese marine? -. Viéndose descubierto, el muchacho solo desvió la mirada y apretó con fuerza sus labios entre sí. - Sea cual sea la razón, terminamos aquí. Volvamos a casa -. Como si no estuviera al borde del abismo, se levantó simplemente usando sus piernas para impulsarse y girar. Se acercó con pasos firmes al joven sentado en el suelo y le extendió la mano. - Vamos, arriba -. Uker no lo aceptó de primeras, solo observó al hombre que le salvó la vida, cubriendo el sol y dejando que los rayos de este generaran una especie de halo sobre su cabeza. Finalmente, y de mala gana, extendió su brazo también y se permitió ser ayudado. --------------------------------------------------------------------
- Dime, ¿qué decía esa carta que te llegó el otro día? -. - ¿Eh? -. Uker pudo ver como un golpe pasaba justo al lado de su rostro, creyendo que había logrado esquivar uno. Lastimosamente para él, recibió un codazo justo en el lado derecho de su cabeza, del mismo brazo que antes había “esquivado”. - Era una… invitación -. Le tomó unos segundos recomponerse y volver a atacar, esta vez lanzando un golpe con su zurda al costado desprotegido de su maestro, el cual fue atrapado por el hombre y usado en su contra, para tirarlo hacia un lado. - ¿Una invitación a…? -. Hablaba con tranquilidad, con una sonrisa en el rostro y manteniendo su mirada en el muchacho que ahora aterrizaba con sus codos y rodillas en el suelo, pero que tampoco se tomaba un momento para respirar antes de levantarse y volver al ataque. - A una… presentación… culinaria… de… Arhg -. Una patada, dos puñetazos a diferentes puntos del cuerpo, todo detenido y neutralizado por su maestro. Sabía que le hablaba para obligarlo a poder mantener la mente enfocada en más de una cosa, pero le era difícil explicarse estando en pleno combate. - De la señora Demmys -. Pudo finalizar su frase por fin, tras haberse separado mutuamente y tomar un pequeño respiro del combate. - Te dije que presentarle tus platillos era una buena idea, esa mujer conoce a muchas personas influyentes -. - ¿Y que te hace pensar que voy a aceptar la invitación? -. Uker se limpiaba el sudor con el dorso de su mano, respirando pesadamente e intentando controlar su mente y pulmones para calmarse. - Porque se trata de una demostración donde van a participar muy buenos chefs, diría que los mejores de este mar. No participar sería estúpido -. Tras el pequeño tiempo de recuperación, ambos comenzaron a caminar hacia su lado derecho, formando un circulo perfecto en el que nunca se alcanzaban ni alejaban del otro. - Incluso si fuera tan bueno como para participar -. El mayor rodó los ojos y sonrió, claramente había escuchado eso muchas veces. - “No es lo que busco”, si, pero nunca puedes decirme qué es lo que quieres -. Como lo hizo en el techo unas horas antes, el más joven desvió la mirada y apretó sus labios al ser leído como un libro abierto. - Si te lo dijera no aceptarías mis… -. No pudo terminar de hablar antes de recibir un golpe directamente en su mejilla izquierda, mandándolo a volar unos metros para atrás. - Primero, no pierdas la atención de tu oponente -. El más joven le devolvió la mirada con enojo, escupiendo algo de sangre a un lado mientras se reincorporaba. - Segundo, está claro que no voy a dejarte decir que tu objetivo es matar a ese marine -. Lo había leído de nuevo. Uker no pudo hacer más que morder su labio inferior y aguantar un poco las ganas de gritar. - Ese hombre buscó capturarte y probablemente asesinarte, te provocó una gran herida y la más normal es que le guardes rencor, pero no por eso voy a dejar que intentes matarlo -. Uker ya no pudo resistirse y simplemente se dejó llevar. - Y si sabes todo eso, entonces… -. Sus piernas se doblaron un poco y salió disparado hacia su oponente. El enojo lo hacía más rápido, más fuerte, el primer golpe que lanzó fue esquivado por el mayor y no desviado como antes, pero que su puño se estampara con fuerza contra el suelo no fue suficiente para detener la arremetida del muchacho. - ¿Para qué me entrenaste entonces? Si no fue para vengarme… -. Un golpe con su mano derecha impactó contra los brazos de su maestro, quien buscó detener el ataque, pero la fuerza del pequeño era mayor de lo que previó, pues su defensa fue rota a pura fuerza bruta, provocando una apertura que fue aprovechada por el furioso, propinándole otro golpe directo al estómago. - ¿ENTONCES PARA QUÉ? -. El ataque provocó que el hombre retrocediera un poco, bajando la vista hacia la parte donde recibió el impacto para alzándola inmediatamente, solo para encontrarse con Uker frente a él. Su puño estaba elevado, las sombras del lugar no le dejaban ver nada más que su sombra borrosa y poco nítida debido a la velocidad a la que todo ocurría. Esos ojos que antes lo habían observado con tanto desprecio no eran más que un brillo azulado cubierto de la oscuridad que emanaba del muchacho. Su cuerpo se movió por reflejo. Su mano derecha desvió el ataque entrante lo suficiente para que pasara a milímetros de su mejilla y su oreja. Su otro brazo se posicionó en una milésima de segundo, justo frente al pecho del contrario, a una pulgada de distancia exactamente, solo para propinarle un golpe preparado para detener a presas mucho más grandes. El cuerpo del niño salió disparado hacia el lado contrario, estampándose al otro lado de la habitación con fuerza. Los segundos pasaron como horas, pues le tomó al hombre varios de estos darse cuenta de lo que había hecho. - Uker, lo siento -. Miró al chico y notó como intentaba volver a ponerse de pie, observó su propia mano también, al tiempo que recordaba lo que acababa de ver. Eso no era más que un monstruo, había podido sentir verdadero instinto asesino por parte del pequeño, su cuerpo había actuado para defenderse como si se tratara del oponente más peligroso que hubiera visto. - Eso es suficiente, terminamos por hoy. Dejemos que Alfred vea nuestras heridas y… -. Fue en ese momento que un objeto voló desde la ubicación de Uker hasta caer a los pies de su maestro. Tuvo que mirarlo para saber lo que era: una espada de madera, una que antes se encontraba almacenada junto a las otras a pocos metros de donde Uker había terminado tras su ataque. - Levántala -. Se sintió como una orden, tuvo que volver a levantar la mirada para ver a su alumno. El pequeño temblaba, seguramente por el dolor, pero sus ojos y sus manos se aferraban a ese enojo para seguir peleando. Sostenía con su mano izquierda otra de las katanas de madera, apretando el mango de esta como si fuera capaz de partir la madera solo con su agarre, pero solo conseguía hacerse daño a si mismo. - Levántala y pelea -. No estaba siendo razonable, la ira le había nublado el juicio y no estaba dispuesto a ceder. Sin mirarla, el pie del mayor realizó un movimiento con el que elevó la espada, para luego atraparla antes de que caiga y adoptar una postura de combate. - ¿Por qué? ¿Porqué no debo matarlos? -. Las palabras parecían salir con mayor serenidad de la boca del joven, pero el nulo cambio en su expresión demostraba que solo se trataba de la calma antes de la tormenta. - ¡DESPUES DE TODO LO QUE ME HICIERON! -. Las piernas del aprendiz obtuvieron fuerza suficiente para acercarlo en cuestión de un parpadeo a su rival, con un ataque peligroso de la espada dirigido a su cuello. Incluso con la rapidez del muchacho, el adulto simplemente suspiró, lo observó a los ojos y dejó que sus movimientos fluyeran. - Porque no te hará feliz -. Las “hojas” chocaron, la del atacante cedió y retrocedió, mientras que el defensor volvió a moverse para recibir todo el movimiento y velocidad del muchacho con su palma izquierda, dejando que este estampe su estomago contra esta. El golpe fue duro, lo hizo doblarse y soltar la espada, momento en el que el hombre hizo lo propio, adoptando una postura más relajada y dejando que el chico descansara contra su cuerpo luego del gran golpe. - Matarlo no te devolverá a tus padres -. El pequeño se aferró a la camisa de su maestro como antes se había aferrado a la madera de la espada, sus ojos no dudaron en soltar lagrimas, medio por el dolor y medio por la tristeza. - Ya no quiero, ya no quiero… -. Sus sollozos no callaron sus palabras, imposibles de seguir contenidas en su interior. - Ya no quiero vivir con el dolor, el recuerdo de ellos, de todo lo que me quitaron -. Su maestro se mantuvo en silencio, simplemente acarició con cuidado su cabello para darle al menos algo de consuelo. - No debía sobrevivir, debía quedarme en ese lugar, debí morir con ellos y… y… -. No pudo seguir. Levantó su mirada buscando la del hombre que lo había salvado, buscando respuestas que nadie le había dado. - ¿Soy un monstruo por pensar eso? -. El propio hombre podría llorar solo de escucharlo, pero se limitó a abrazarlo, gesto que fue devuelto por el joven. - No, no lo eres. Nunca serás un monstruo por extrañar a tu familia -. Esas palabras parecieron afectarlo, pues el agarre del joven se hizo más fuerte de repente. - Es normal que quieras olvidar, es normal que esos recuerdos quemen en tu interior, incluso tras tantos años -. Se mantuvieron un momento así, con el silencio simplemente siendo interrumpido por los sollozos del más pequeño. Tras un tiempo, él mismo quiso separarse y limpiarse las lágrimas, pudiendo pensar y respirar un poco mejor luego del descargo. Incluso tras eso, el hombre lo vio dolido, pensando en algo que seguramente lo atormentaba. - ¿Prefieres olvidarlos? -. Uker pareció entenderlo, pues respondió con un gesto de su cabeza, moviéndola de izquierda a derecha rápidamente. - Nadie va a culparte por sufrir, por extrañar. Vivir no es un crimen, mucho menos lo es sentir cosas como las que sientes -. Se sentó junto a su alumno, copiando su pose de las rodillas cerca del rostro. - Pero no vas a conseguir nada solo buscando venganza. Si consigues eso que buscas, ¿qué harás? ¿Qué quedará para ti luego de eso? -. Incluso siendo atrapado con esas preguntas tan difíciles luego de un momento duro, el más joven giró su rostro para observar a su maestro y prestarle atención. - El dolor no se irá por matar a quien consideres responsable, créeme… lo se perfectamente… -. El hombre no explicó el porqué, pero algo en su mirada y su voz le decía a Uker que comprendía los sentimientos que ahora lo azotaban. - No se puede olvidar ese dolor, probablemente te persiga de por vida, y no me gustaría mentirte diciendo que en algún momento lograrás olvidarlo. Aún así, si logras superarte, si logras salir adelante tras todo lo que pasó y encontrar un propósito en tu vida, creo que tu familia estaría orgullosa de ti, tanto como debe estarlo ahora -. El comentario hizo que el niño bajara la mirada de nuevo, adentrándose en sus pensamientos que eran imposible de leer para el mayor. - Lo siento, no quería asumir cosas sobre tu familia, es solo que… -. - Debo preparar mis recetas para la presentación -. Palabras que tomaron por sorpresa al hombre, palabras ya no cargadas de se enojo y fura que antes sentía. Ambos sonrieron un poco y el pelo de Uker fue revuelto por su maestro. - Es verdad, para que aprendan quien es el mejor cocinero del South Blue -. Grandes expectativas, no las suficientes para asegurar que sería el mejor del mundo, pero las justas para impulsarlo. Buscar algo nuevo, encontrar ese propósito que le faltaba, tenía una gran oportunidad enfrente y no podía desperdiciarla. |