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La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Versión para impresión

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La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Moja - 21-03-2026

Año 17
Verano
Día 57

El aire de la tarde cae sobre la isla de Drum con ese frío limpio y penetrante que parece filtrarse incluso a través de la ropa más gruesa. El sol comienza su descenso detrás de las elevaciones escarpadas de los Drum Rockies, proyectando sombras alargadas que descienden lentamente por las laderas nevadas hasta alcanzar el mar. La luz anaranjada del crepúsculo se refleja sobre la superficie helada de los caminos, generando destellos suaves que contrastan con el blanco dominante del paisaje.

El muelle de acceso a la isla se encuentra relativamente tranquilo a esa hora. Algunos barcos pesqueros descansan amarrados, balanceándose con suavidad en un mar de tono gris azulado, mientras pequeñas embarcaciones de transporte dejan y recogen mercancías con movimientos rutinarios. El sonido de la madera crujiendo bajo el peso de cajas y barriles se mezcla con el lejano canto del viento que desciende desde la montaña central de la isla. El frío obliga a los pocos presentes a cubrirse bien, y el vapor que escapa de sus respiraciones se eleva en pequeñas nubes efímeras.

Más allá del puerto, un camino ascendente conduce hacia el corazón del reino de Sakura, donde la arquitectura mezcla estructuras de tejados inclinados cubiertos de nieve con balcones de madera oscura y ventanales iluminados desde el interior por una luz cálida y reconfortante. Lo más llamativo, sin embargo, son los cerezos en flor que bordean las calles principales. A pesar del clima invernal, sus pétalos rosados caen lentamente sobre la nieve intacta, creando un contraste casi irreal, como si dos estaciones coexistieran en un mismo instante.

La hora se acerca al anochecer, ese momento en el que las farolas comienzan a encenderse una a una, proyectando círculos dorados sobre el suelo helado. Algunos transeúntes avanzan con paso tranquilo, cargando bolsas o conversando en voz baja, ajenos todavía a cualquier indicio de peligro. Desde la distancia, el gran castillo médico que corona una de las formaciones rocosas parece observar la ciudad en silencio, su silueta recortada contra el cielo que lentamente adopta tonos violáceos.

En ese entorno sereno, casi onírico, dos figuras recién llegadas se encuentran ahora en el límite entre el puerto y la ciudad, con el camino que asciende suavemente hacia las calles bordeadas de cerezos extendiéndose ante ellas. La brisa arrastra algunos pétalos hasta sus pies, que se mezclan con la nieve recién caída, mientras la sensación de calma superficial del lugar oculta, bajo su belleza silenciosa, la posibilidad de que algo no encaje del todo en aquel paisaje perfecto.

El ritmo de la ciudad es tranquilo, casi ceremonioso. Algunas ventanas dejan escapar el aroma de infusiones calientes y sopas espesas, mientras pequeños grupos de habitantes regresan a sus hogares antes de que el frío se intensifique. Sin embargo, no todo el mundo parece relajado. En ciertos rincones, conversaciones en voz baja se interrumpen al paso de desconocidos, y más de una mirada se desvía con rapidez cuando se menciona la palabra “hospital” o “montaña”. Algo se mueve bajo la superficie de la rutina diaria, algo que todavía no ha estallado, pero que muchos parecen presentir.

El sonido rompe la calma sin previo aviso.

Un disparo seco.

El eco se extiende entre las calles como una grieta invisible, rebotando entre fachadas y callejones hasta perderse en la distancia. Algunas personas se detienen en seco, otras miran alrededor confundidas, incapaces de determinar de dónde ha provenido el estruendo. Un segundo disparo no llega, y durante unos instantes la duda mantiene la escena suspendida, como si la ciudad misma intentara convencerse de que no ha ocurrido nada.

Entonces aparece el grito.

Proviene de una calle transversal, no muy lejos del acceso principal al barrio médico. Es un grito ahogado, breve, seguido de un murmullo creciente de voces alteradas. Un pequeño grupo de ciudadanos comienza a reunirse alrededor de una figura caída sobre la nieve, formando un círculo irregular que intenta comprender lo sucedido sin atreverse a acercarse demasiado.

El cuerpo pertenece a un hombre de edad avanzada, vestido con el abrigo largo característico de los médicos de la isla. Sus lentes han quedado a un lado, medio hundidos en la nieve, y una fina línea oscura desciende desde su frente, rompiendo la pureza del blanco bajo su cabeza. No hay señales de lucha, ni de forcejeo, ni de presencia visible de un agresor.

Solo un disparo limpio.

Demasiado limpio.

Algunos testigos murmuran que el hombre trabajaba en el hospital, otros aseguran que llevaba días investigando el comportamiento extraño de animales en las zonas más bajas de la montaña. Una mujer menciona que lo había visto discutir recientemente con otros médicos sobre suministros desaparecidos. Nadie parece tener una respuesta clara, pero todos coinciden en algo inquietante: no es el primer incidente extraño ocurrido en las últimas semanas.

Un joven ayudante del hospital, con el rostro pálido y las manos temblorosas, recoge del suelo una carpeta que el médico había dejado caer en el momento del impacto. Varias hojas se deslizan fuera, manchándose con la humedad de la nieve. En una de ellas, parcialmente visible entre diagramas y anotaciones médicas, puede leerse una frase subrayada con insistencia:

"La respuesta biológica coincide con informes experimentales registrados fuera de Drum. Posible relación con estudios iniciados en Arabasta."

El murmullo de la multitud crece, alimentado por la incertidumbre, mientras a lo lejos el viento arrastra más pétalos de cerezo que se mezclan con la escena, cayendo lentamente sobre el cuerpo inmóvil como si la isla intentara cubrir lo ocurrido bajo su eterna ilusión de calma.

En algún lugar elevado, fuera de la vista de quienes observan desde la calle, una sombra se retira de una azotea nevada, dejando tras de sí únicamente una leve marca en el hielo, casi imperceptible, como si quien disparó nunca hubiera estado allí realmente.

El murmullo alrededor del cuerpo comienza a transformarse poco a poco en una conversación fragmentada, una mezcla de susurros nerviosos y especulaciones que nadie se atreve a expresar con demasiada claridad. El frío no parece suficiente para dispersar a los curiosos; al contrario, la incertidumbre los mantiene cerca, como si permanecer en grupo ofreciera una falsa sensación de seguridad frente a algo que ninguno logra comprender del todo.

Un hombre mayor, envuelto en un abrigo grueso y con la bufanda cubriéndole casi hasta los ojos, se inclina ligeramente hacia una mujer que sostiene una cesta de hierbas medicinales, hablando en voz baja pero sin lograr ocultar la inquietud.

-Te lo dije… esto no es normal… primero los animales de las laderas… luego los suministros que desaparecen del hospital… y ahora esto…- su mirada se desvía hacia el cuerpo tendido sobre la nieve -algo está pasando en esta isla.-

La mujer aprieta la cesta contra su pecho, como si el gesto pudiera protegerla de una idea que preferiría no escuchar.

-Mi primo trabaja en las zonas altas… dice que algunos renos han estado comportándose de forma extraña… agresivos… incluso entre ellos… nunca había visto algo así… ni siquiera durante los inviernos más duros.-

Otro ciudadano, más joven, interviene con una mezcla de escepticismo y nerviosismo, mirando alrededor antes de bajar aún más la voz.

-No son solo los animales… hay pacientes que han llegado al hospital con fiebre muy alta… dicen que algunos se vuelven violentos sin motivo… uno de los enfermeros aseguró que tuvieron que sujetar a un hombre entre cuatro personas… como si hubiese perdido la razón de repente…-

Un silencio incómodo sigue a sus palabras, roto finalmente por un anciano de barba blanca que apoya su bastón contra el suelo helado.

-He vivido aquí toda mi vida… Drum siempre ha sido una isla de médicos… de curación… no de enfermedades extrañas que nadie entiende…- su ceño se frunce -hace tres noches vi un carruaje subir hacia la montaña en plena tormenta… sin escolta… sin insignias… y no era un cargamento común.-

Una joven aprendiz del hospital, todavía con el uniforme parcialmente visible bajo su abrigo, parece debatirse entre hablar o guardar silencio, hasta que finalmente cede a la presión del ambiente.

-En el hospital se comenta… que han llegado informes desde fuera de la isla… estudios antiguos… sustancias experimentales… algunos médicos creen que alguien está intentando reproducir un compuesto que altera el comportamiento del cuerpo… algo que acelera las reacciones… que aumenta la resistencia… pero también… la agresividad…-

-¿Una droga?- pregunta alguien desde el fondo del pequeño grupo.

La joven duda unos segundos antes de responder.

-Eso dicen algunos… pero nadie lo afirma abiertamente… nadie quiere hacerse responsable de esas palabras…-

El hombre mayor vuelve a intervenir, esta vez con un tono más grave.

-He oído que hace semanas desaparecieron cajas de suministros médicos del almacén central… no solo medicamentos comunes… también reactivos, sedantes fuertes… cosas que no deberían salir sin autorización del consejo médico.-

La mujer de la cesta niega lentamente con la cabeza.

-Esto no puede ser cierto… nadie en Drum haría algo así… los médicos de esta isla han salvado miles de vidas… no pondrían a nadie en peligro…-

-Tal vez no sea alguien de aquí…- responde el joven con un suspiro inquieto -tal vez alguien vino buscando precisamente eso… conocimiento médico… aislamiento… silencio…-

Otro susurro surge entre el grupo, apenas audible.

-Dicen que el hombre que ha muerto hoy… llevaba días preguntando por antiguos registros… por investigaciones olvidadas… por tratamientos que nunca llegaron a aprobarse…-

El anciano aprieta el bastón con más fuerza.

-Y ahora está muerto.-

El viento vuelve a recorrer la calle, levantando una ligera corriente de pétalos rosados que se arremolinan sobre la nieve, mientras el rumor de la palabra *droga* comienza a repetirse entre los presentes como una semilla incómoda que nadie quiere ver crecer, pero que ya ha sido plantada demasiado profundamente como para ignorarla.

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RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Hyákinthos - 23-03-2026

—¡Maldito clima! ¡Maldita isla! ¿Recuérdame por qué estamos aquí? Podíamos quedarnos con los dinosaurios. Los prefiero a ellos y a los insectos gigantes que este clima de mierda…al menos en Little Garden el calor era soportable y teníamos la playa al lado del barco…tsk… ¡Eso es! Debí quedarme en el barco ¿Era tan necesario que viniera contigo? —No dejaría de quejarse, no mientras tuviera que seguir frotando sus manos enguantadas contra sus brazos cubiertos con la tela gruesa de su abrigo, pues aún con tanta ropa encima, el aire que pegaba en su rostro hacía que sintiera un frío que llegaba a calar sus huesos. Era una pesadilla.

—¿Por qué seguimos yendo hacia el pueblo? Deberíamos regresar al barco…BAR CO… ¿Me escuchas, Maki? Eres Maki, ¿verdad? Aunque tu cabello sea rosa…aun no me acostumbro a verte así —. Debía hablar y mucho, porque de esa manera se mantenía despierto y, al menos, daba la ilusión de darse más calor, de una manera en la que ni él mismo podía explicarlo. —Vamos, es tarde…podemos buscar las medicinas otro día, no será tan grave. Thrym está mejor y nadie más está enfermo…además, aún tengo insumos sobrantes —. No eran suficientes, pero el frío le ganaba incluso a su sentido de la excelencia, además, quería creer que todos en la tripulación estarían bien, después de todo, con lo sucedido en Little Garden, creía que habían purgado bastante mala suerte como para seguir en una mala racha. Sí, estarían bien.

Aun así, con todas sus quejas, el mal humor, sus dientes castañeteantes y su nariz roja, sus pasos seguían a Maki D. Zen’in a través del camino que los llevaría hacia el corazón del reino de Drum. No podía negarlo, era interesante verlo por primera vez. Apenas llegaron hace un par de días y hoy, es su primer encuentro de cara con el reino de Sakura…y vaya que le hacía honor a su nombre.

Cuando llegaron al centro del pueblo, el médico no pudo evitar dejar de lado, por unos segundos, su mal humor, para apreciar aquellos árboles de cerezo creciendo en un ambiente tan contrario a lo que ellos representaban. Su boca se abrió y formó una perfecta “O”, mientras que sus ojos brillaron con un interés renovado que lo hizo pensar en que, de tener la oportunidad, se llevaría un brote de uno de esos árboles. Tener un árbol de cerezo en el medio del barco, uno que le recordara su propio color de cabello y sobrenombre, sería algo que no podía dejar pasar.

—Retiro lo dicho, tal vez si quiera explorar un poco este pueblo, aprovechando las últimas luces del día —. El médico avanzó unos cuantos pasos hasta llegar al frente de lo que parecía una farmacia y ahí, se quitó su mochila negra de la espalda y la colocó en el suelo. Dentro tenía algunas compras que había hecho en el puerto, además de unos cuantos insumos médicos y otras cosas que él creía necesarias.

No entró a la farmacia, no podía, pero observó desde afuera la cantidad de remedios que tenían, incluso jarabe de menta y eucalipto…algo que le hizo recordar su vicio. Del bolsillo de su abrigo sacó una pequeña botella con esencia de menta, la abrió y aspiró un poco del olor mientras seguía observando la vitrina. Una lástima que la tienda ya hubiera cerrado… ¿Por qué? Las luces del día aún no se metían del todo, creyó que este lugar tendría al menos algo de vida nocturna…aunque, ahora que caía en cuenta, sus alrededores, al menos en ese lado de la ciudad, se sentían…tensos.

—Jmmm…Maki pelirrosa ¿No te parece que las personas están un poco…esquivas? —Miró a su alrededor, la gente murmuraba solo entre ellos y, si se prestaba atención, no había un bullicio molesto, solo un susurro que se perdía en el viento, como si los pobladores temieran alzar la voz, además…la mayoría de los locales comerciales parecían estar cerrados o a punto de cerrar, al menos aquellos que parecían dedicarse a cosas médicas. —Esta zona de la ciudad se siente…rara…Tal vez si debemos irnos y volver mañana más temprano o…

Un sonido seco interrumpió sus ideas.

No cualquier sonido, claro. Podría reconocerlo con claridad: Un disparo.

Se quedó quieto, aún frente a la farmacia que parecía ser uno de los locales que daban la bienvenida en las afueras del barrio médico. El pelirrosa podía ser malo con las direcciones, pero estaba seguro de que el disparo había venido de ese callejón de la ciudad en donde había visto varios letreros de clínicas, laboratorios, boticas y farmacias…Eso solo significaba una cosa: debían caminar hacia el lado contrario.

—Ejem…como decía, debemos volver al barco y regresar después —. Definitivamente no se iba a quedar en la ciudad después de eso. Tomó su mochila y se la echó al hombro. No sabía que significaba ese disparo y tampoco quería averiguarlo, de hecho, entre más lejos estuviera del peligro, mucho mejor. —Vámonos.

No esperó respuesta de Maki, tampoco que ella guiara, solo empezó a caminar hacia “el otro lado” de la ciudad, giró a la derecha y, de repente, terminó chocando con un grupo de personas que estaban aglomeradas alrededor de algo.

—Debe ser una broma —. El médico sonrío, nervioso, más aún al darse cuenta de que “cosa” era la que rodeaban aquellas personas. Dio un paso atrás, dispuesto a irse del lugar; sin embargo, uno de los múltiples comentarios lo detuvo en seco.

“…algunos médicos creen que alguien está intentando reproducir un compuesto que altera el comportamiento del cuerpo… algo que acelera las reacciones… que aumenta la resistencia… pero también… la agresividad…”

Aquello fue suficiente para ponerlo en alerta. ¿Resistencia, agresividad? Todo en aumento… ¿Dónde había visto eso antes? Además, la pregunta que le siguió a ese comentario, esa que mencionaba casi sin temor la palabra “droga”, consiguió que su interés se volcara del todo en la conversación y, por supuesto, en el hombre asesinado. Lo miró por encima del hombro, apenas podía ver algo a través del resto de personas aglomeradas. No podía quedarse con la duda.

—¿Y saben qué otros síntomas tienen los que son drogados? —Su intención nunca fue preguntar nada en voz alta, de hecho, antes de hacerla pregunta, el médico se estaba mordiendo el labio inferior con fuerza, pero, cuando los murmullos fueron cesando, no pudo evitar que sus dudas salieran solas, movido por la curiosidad. —Soy médico…vengo de lejos y…creo que me interesa lo que pueden decir ¡Ah! Y ella es mi compañera, la Señorita Pink —. No diría el nombre de Maki ni el de él, solo por precaución. —Esta aprendiendo medicina conmigo, así que…si pueden decirnos, con más claridad, lo que han escuchado de los médicos o si alguno conoce de más información…nos gustaría saber. Por motivos de investigación —. Sin querer, se abrió paso entre las personas y quedó a un lado del cadáver, a menos de un metro. Miró el cadáver desde arriba y ahí entendió que había hecho bien en quedarse a 30 centímetros de Maki…Ese tiro había sido perfecto. No podían darse el lujo de separarse ahora.

—No se preocupen…La Señorita Pink y yo no le tenemos a un cobarde que se oculta entre las sombras para poder atacar —. Mentira, una vil mentira. Él si tenía miedo, pero ya dice el dicho: “La curiosidad mató al gato”.

Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias.



RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Maki D. Zen'in - 23-03-2026

Maki había aprendido a convivir con el médico, era un jodido quejica, pero era divertido escucharle maldecir su suerte, su situación, su barco, sus compañeros, sus contactos. En fin, ella comenzaba a tomarlo parte de ser una mas de los Hands. Cada cierto tiempo debía calmarlo, decirle que iban en dirección a conseguir suministros médicos para continuar con su instrucción. Llego a un punto donde ya no le respondía de buena gana.

—Vamos en dirección al barco, ya compramos lo que necesitamos, pero de camino pasaremos a preguntar por la ropa de Thrym, cuando vinimos con Merlot nos dieron muchos días de plazo, pero necesitamos apurarlos o el navegante se nos ira al patio de los silenciosos… ¿Comprendes?... … … y claro vienes conmigo porque si no terminarías en un mundo alterno con un harem o harem inverso que se yo, pero te pierdes tanto que ya no es gracioso… … … solo las primeras catorce veces me reí con ganas.— Dijo Maki con una media sonrisa, por que en verdad si le divertía cada vez que el dueto de se perdía. Aún más cuando iban por separado o solos.

Los retoños de sakuras era hermosos, mucho mas hermosos que cualquier cosa que hubiera visto desde... bueno desde nunca. El color rosa, la nieve blanca y los arboles siempre en flor era un espectáculo fascinante, sobre todo porque casi nada crecía en este agresivo lugar. El frio era uno de los problemas as graves, si no se mantenían en movimiento podrían fácilmente congelarse hasta los huesos. Maki llevaba ropa abrigadora, tanto como podía, sin embargo, no deseaba pasarse para no limitar sus movimientos en caso de tener que combatir. ¿Por qué? Por que siempre debía estar lista para lo peor… su guitarra al hombro con su espada en ella, sus espadas y sus guantes y punteras, le hacían ver como una verdadera guardaespaldas y ese era su propósito desde que se convirtió en pirata, proteger a los demás. Encima llevaba mucho acero, espadas, guantes, punteras y el único que no era acero era un Boken, visible pero solo para despistar al enemigo. Ahora si le quedaba ese apodo que se invento con los niños La reina de las Cuchillas, Sonaba aterrador e irreal. Justo como un rumor.

Hyak parecía de mejor humor al llegar al centro de la ciudad, un lugar lleno de hermosos arboles en flor, siempre en flor, podía ver la emoción en el rostro del medico y lo que no sabia era que ella había ya llevado un retoño de sakuras, aunque era pequeño y no el que deseaba, tenia fe en que seria algún día un árbol fuerte y robusto capaz de convertirse en el símbolo de la tripulación, su tripulación, no podía creerlo, que al fin pudiera consolidar una tripulación tan fuerte como la que tenía ahora. —Eso es fácil Hyak… recuerdas toda esa jodida nieve corazón?... bueno no es el agradable Blues… aquí el frio seguro obliga a todos a irse a dormir temprano, no creo que sea como en las demás islas que visitamos. De echo el frio me esta empezando a calar los huesos.— Dijo con una voz amable melosa, mas comprensiva que la usual.

Un disparo… mierda

Maki se agacho instintivamente aplasto al medico contra el vidrio mientras su mano se movió veloz como el rayo a su daga. Quiso averiguar que pasaba… —Si Doc… creo que es nuestra señal para irnos al barco.— Finalmente asintió con la cabeza y echo a andar con normalidad no sin quitar la mano de su arma más corta oculta detrás de sus ropas, miraba atenta a las calles, las opuestas de donde había sonado el disparo y no se había percatado que Hyakinthos había caminado hacia otro lugar, Maki se giro a un lado, luego a otro… miro a la squina y vio desaparecer la cabellera rosa girando por una calle. Se agarro la cabeza… —Dios mío… no puede ser… por favor acaba con mi suplicio algún día, no me tortures más.— Troto un poco vigilando alrededor para alcanzarlo.

Le toco el hombro para detenerlo al verlo meterse entre la multitud… —Espe…— No pudo completar la palabra cuando hablo, indago y parecía interesado en la muerte… lo que escucho o parte de lo que logro escuchar con su oído superior fue… mierda como con los dinosaurios en Little Garden. —Aja… vamos saben algo o solo son especuladores?... rápido, el doctor ha preguntado— La mano de Maki se movía segura entre sus armas, preparada, dispuesta a cualquier sonido su oído agudizado alerta y en la tarea única de proteger al médico de los Hand. Pero puso especial énfasis en toda la información dispersa, las cosas que estaban por ahí, era un medico la victima… y parecía que algunas cosas desaparecieron, o más bien las tenía alguien, fue cuando Maki escucho con aun mas atención todos los comentarios. Droga, era lo que todos coincidían. Y los papeles que sostenía alguien estaban mojados por la nieve… —Tu!! … ven aquí… Doc… revise el cuerpo mientras hablo con este inocente muchacho— Maki tomo por el brazo al joven mientras le pidió a ora persona llamar a las autoridades.

—Escupe muchacho… que mas sabes… tiene que ver con ese almacén central? ¿Donde es eso?... y esos papeles… no son tuyos, eran de el? Dámelos… están mojados con restos de nieve, no creo que si fueran tuyos los dejases caer no?...— La quemada le arrebato los papeles lentamente, no quería sorpresas en verdad. Los papeles tenían bastante información…

Play me!



RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Moja - 24-03-2026

El joven al que Maki ha tomado por el brazo apenas tiene tiempo de reaccionar antes de que la presión firme de la pirata lo obligue a mantenerse en el lugar. Su expresión, ya de por sí alterada por la presencia del cadáver, pasa rápidamente del desconcierto al nerviosismo evidente. Traga saliva, sus ojos saltan entre los rostros que lo rodean y las hojas húmedas que ahora han cambiado de manos, como si comprendiera demasiado tarde que aquello que sostenía no era algo que cualquiera debiera ver.

La nieve continúa cayendo con suavidad, pero el ambiente ya no conserva la calma que caracterizaba el atardecer. La multitud mantiene cierta distancia, formando un círculo irregular en el que la curiosidad y el miedo luchan por imponerse. Algunos ciudadanos se miran entre sí, preguntándose en silencio si lo más prudente sería marcharse antes de verse involucrados en algo que claramente escapa de su comprensión. Sin embargo, nadie se mueve todavía.

El joven, visiblemente incómodo, intenta recomponer sus palabras.

-Yo… yo solo ayudaba al doctor con algunos recados… nada importante… solo llevaba registros entre el hospital y el almacén médico…- sus dedos tiemblan ligeramente mientras señala las hojas ahora en manos de Maki -esos documentos… los recogí cuando cayó… no quería que se arruinaran con la nieve…-

Las páginas están manchadas de humedad, pero aún pueden distinguirse diagramas anatómicos y notas escritas con una caligrafía firme y metódica. Varias palabras han sido subrayadas con insistencia, como si el médico hubiera regresado a ellas una y otra vez durante sus investigaciones.

“Respuesta fisiológica acelerada.”

“Reacción agresiva ante estímulos mínimos.”

“Coincidencias con reportes previos de comportamiento inducido.”

Una de las hojas contiene una referencia más concreta:

“Compuesto experimental similar a los informes clasificados del caso Arabasta. Posible adaptación para organismos de gran tamaño. Riesgo elevado de pérdida de control conductual.”

El joven continúa hablando, cada vez más bajo, como si temiera que alguien más pudiera escucharlo.

-El doctor llevaba semanas investigando… decía que algunos animales de las zonas bajas de la montaña estaban comportándose de forma errática… incluso agresiva… y que no era normal… no aquí… Drum nunca ha tenido problemas así…-

Su mirada se desvía hacia el cuerpo, y por un momento parece arrepentirse de haber dicho tanto.

-Hace unos días discutió con otros médicos… mencionó que faltaban ciertos reactivos del almacén central… sustancias que no deberían usarse sin autorización… sedantes potentes, catalizadores biológicos… incluso algunos compuestos antiguos que casi nadie utiliza ya…-

Un murmullo inquieto recorre a los presentes al escuchar aquello.

Una mujer mayor interviene, con evidente preocupación.

-Mi hija trabaja en el hospital… dijo que algunos registros antiguos fueron solicitados hace poco… documentos sellados desde la época del antiguo reino… investigaciones que nunca se aprobaron…-

El joven asiente con rapidez.

-Sí… el doctor creía que alguien estaba intentando replicar un compuesto experimental… algo que alteraba la resistencia del cuerpo… que aceleraba sus funciones… pero también… afectaba la mente…-

Otro hombre, con las manos ocultas en los bolsillos de su abrigo, añade con cautela:

-Se comenta que el almacén central tuvo que cambiar su sistema de inventario hace poco… demasiados materiales desaparecían… siempre pequeñas cantidades… nunca suficiente como para levantar sospechas inmediatas…-

La hoja superior de los documentos muestra un mapa parcial de la isla, con varias marcas rodeando zonas específicas en las laderas medias de los Drum Rockies. Algunas anotaciones indican:

“avistamientos inusuales de fauna”

“registro de comportamiento hostil”

“posible punto de prueba”

El joven baja aún más la voz.

-El doctor creía que quien estaba detrás de esto tenía conocimientos médicos muy avanzados… alguien que entendía perfectamente cómo manipular sustancias complejas sin dejar rastro evidente…-

Un sonido metálico interrumpe la conversación. A lo lejos, el eco de unas botas golpeando piedra resuena brevemente en una calle elevada, seguido por el leve desplazamiento de nieve cayendo desde un tejado. Algunos presentes alzan la vista instintivamente. No hay nadie visible. Pero la sensación de ser observados se vuelve difícil de ignorar. El joven continúa, casi en un susurro:

-Ayer… el doctor dijo algo extraño… mencionó que si sus sospechas eran correctas… esto no era un experimento improvisado…-

Traga saliva antes de continuar.

-Dijo que alguien estaba siguiendo un protocolo… uno antiguo… uno que nunca debió retomarse…-

El viento sopla entre los cerezos, desprendiendo nuevos pétalos que caen sobre la escena, mezclándose con la nieve que comienza a cubrir lentamente las huellas alrededor del cadáver. Algunos ciudadanos empiezan a retirarse discretamente, incómodos con la dirección que está tomando la conversación.

El joven, aún sujetado por Maki, añade finalmente:

-El almacén central está en el distrito médico superior… cerca del antiguo archivo… pero… desde hace unos días… la entrada permanece cerrada al público…-

Su mirada se eleva con evidente inquietud.

-Y hay guardias que antes no estaban allí.-

Camino al almacén.

El ascenso hacia el distrito médico superior del reino de Sakura obliga a abandonar gradualmente las calles más transitadas, dejando atrás el murmullo contenido de los ciudadanos y la falsa sensación de normalidad que aún se mantenía en la zona baja. El camino comienza a empinarse entre edificios cada vez más sobrios, construcciones de piedra clara diseñadas más para resistir el clima que para impresionar al visitante. A medida que se avanza, los cerezos comienzan a escasear, sustituidos por coníferas oscuras cuyas ramas cargadas de nieve filtran la luz de las farolas, creando zonas de penumbra irregular donde el frío parece aún más intenso.

La nieve aquí no está tan pisada como en el centro de la ciudad. El sonido de cada paso se amortigua en un crujido seco y constante, mientras el viento desciende desde los Drum Rockies arrastrando finos cristales de hielo que se deslizan sobre la superficie del camino. Algunas escaleras de piedra conectan distintos niveles del barrio médico, y en más de un punto pueden verse pequeñas placas metálicas clavadas en las paredes indicando el nombre de antiguas clínicas, institutos de investigación o residencias de especialistas.

A medida que el camino se acerca al distrito superior, la arquitectura se vuelve más funcional. Los balcones desaparecen, las ventanas son más estrechas y los edificios parecen diseñados para preservar el calor en lugar de mostrar elegancia. Algunas farolas proyectan una luz más fría, casi azulada, que genera sombras más definidas sobre la nieve intacta. El ambiente se percibe más silencioso que en el resto de la ciudad, como si el lugar mismo exigiera respeto o discreción.

Finalmente, el camino desemboca en una explanada amplia parcialmente despejada de nieve, rodeada por varias estructuras administrativas conectadas entre sí mediante pasarelas cubiertas. Allí se encuentra el almacén central médico.

El edificio destaca por su tamaño y por su diseño robusto. No es el más alto del distrito, pero sí el más ancho, construido con bloques de piedra gruesa reforzados con vigas metálicas que parecen añadidas en épocas posteriores. Su tejado inclinado soporta una gruesa capa de nieve compacta, y las chimeneas laterales expulsan un hilo constante de vapor, señal de que el interior se mantiene cuidadosamente climatizado para conservar los materiales sensibles almacenados en su interior.

Las ventanas son escasas y estrechas, protegidas por barrotes de hierro ennegrecido por el paso del tiempo. La puerta principal es doble, de madera pesada reforzada con placas metálicas y bisagras visibles de gran tamaño. Sobre ella, un discreto emblema del sistema médico de Drum se encuentra parcialmente cubierto por escarcha acumulada.

A ambos lados de la entrada pueden distinguirse marcas recientes en la nieve, huellas repetidas que indican tránsito frecuente a pesar de la hora. No son las pisadas dispersas de visitantes ocasionales, sino patrones constantes, idas y venidas que han compactado el suelo formando un sendero endurecido.

Una lámpara de aceite protegida por cristal grueso ilumina el acceso principal con una luz tenue que apenas logra disipar la oscuridad creciente. Cerca de la puerta se encuentra una pequeña caseta auxiliar utilizada normalmente por encargados de inventario, aunque ahora parece vacía a simple vista.

El silencio que rodea el edificio no es natural. No se escuchan conversaciones ni actividad evidente, pero hay señales claras de uso reciente: una ligera columna de vapor escapando por una rejilla lateral, una caja de transporte apoyada junto a la pared cubierta por una lona blanca, marcas de arrastre en la nieve que parecen demasiado recientes para haber sido formadas durante el día.

El lugar no parece abandonado. Pero tampoco abierto. La sensación es la de un espacio que sigue funcionando… aunque preferiría no recibir visitas inesperadas.

Almacén

Información



RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Hyákinthos - 26-03-2026

Con un gesto de su cabeza, el médico agradeció a Maki por su intervención, más aún cuando la chica le hizo el favor de atraer hacia ella al muchacho que tenía en sus manos un conjunto de papeles humedecidos por la nieve, de hecho, cuando la ex peliverde le robó los documentos al chico, el pelirrosa hizo lo mismo con ella: le quitó los papeles de las manos.
 
Fue delicado, claro, después de todo, los papeles ya estaban algo mojados, no quería que se dañaran más, pero aprovecharía de leer lo más resaltado mientras que Maki sujetaba al chico que, para su suerte, se comportaba bastante cooperador con ellos. Era curioso, el médico llegó a pensar que no hablarían tan fácil.
 
—Animales comportándose de forma errática. Que interesante —susurró el doctor más para sí mismo que para el resto, pues a medida que escuchaba todo lo que el chico le contaba, se detenía para leer los papeles en sus manos, captando su atención, más que nada, esa sección que hablaba de “organismos de gran tamaño” …Con esas palabras sumadas a todo aquello que el muchacho y la señora que, por un instante intervino en la “conversación”, dijeron, el pelirrosa empezaba a atar cabos. —De verdad que es muy interesante…je —. En ese momento el médico se acercó más a Maki, lo suficiente para decirle algo que solo ella pudiera escuchar.
 
—Parece que lo ocurrido en Little Garden también ha llegado a esta isla… ¿Me acompañas a investigar? Porque no sé tú…pero a mí me interesa saber con qué tipo de drogas trabajan —. Sus palabras fueron bastante bajas, pero sabía que su compañero podía escucharlo y entenderlo a la perfección.
 
Luego se separó un poco de Maki y miró al chico que aun se veía bastante nervioso…no, no lo vio y ya, lo analizó de arriba abajo, buscando cualquier rastro de mentira, pero no veía nada en él que pudiera indicarle que buscara engañarlos. No acostumbraba a confiar en la gente con facilidad, pero sabía como leer a las personas, cuando podían o no significar un potenciar peligro y, el muchacho, definitivamente no era uno.
 
—Sí, estoy de acuerdo, sea quien sea que haga lo que relatan estas páginas debe saber mucho sobre medicina, farmacología y química. Claro que, como los archivos están mojados no puedo deducir mucho más. Una lástima —. Su mirada se detuvo en el chico por un tiempo más largo de lo usual, aunque ahora no lo analizaba a él, si no a la información que antes habían salido de los labios ajenos.
 
—Jmmm…ese almacén central… ¿Podrías decirnos dónde está? —Había escuchado antes un sonido metálico que no podía ignorar sabía que algo o alguien los acechaba, pero…por una vez, no fue el miedo ni la discreción lo que lo movió, si no la curiosidad. Siempre pasaba cuando había asuntos científicos involucrados. Por eso prefirió preguntarle al chico sobre aquel almacén, necesitaba investigar todo lo que pudiera, porque esa droga…si que podía usarla a su favor.
 
Antes de que el chico respondiera, el médico observó los papeles, en especial el mapa. No tenía buena orientación, pero podía comprender los símbolos en un mapa, sabía que las zonas más elevadas significaban montañas, justo como esas enormes en forma de tambor que se alzaban en la isla de Drum. Sin querer miró hacia ellas, atraído por la idea de lo que pudiera haber en los alrededores, aunque su rostro volvió a enfocarse en el papel, intentando descifrar más de lo escrito, aunque, en ese momento, el chico habló: Accedió a mostrarles el camino hacia el almacén.



Almacén

Tenía suerte de estar con Maki, de otro modo habría terminado dándole la vuelta a la isla tres veces antes de dar con el camino que los llevaba al distrito médico del cual les habló el chico; sin embargo, ni siquiera la compañía de la chica fue suficiente para hacerlo olvidarse del horrible clima gélido de la isla.
 
Su nariz empezaba a congestionarse y estaba cada vez más roja. Sus ojos se sentían pesados y, si no tuviera puestos guantes de lana sobre sus guantes de combate, podría jurar que, si tocaba su rostro estaría tan frío como un trozo de hielo. El clima era un asco, lo obligaba a caminar abrazado de si mismo mientras no le quedaba más opción que ver el vaho de su propia respiración. Una tortura.
 
Ni siquiera le pareció un alivio el llegar frente al almacén general de medicina, pues las grandes puertas con placas metálicas se le hicieron frías, además…no era lo que esperaba encontrar…no, para empezar… ¿Qué esperaba encontrar?
 
Aún refunfuñando por el frío y con los papeles en mano, miró a su alrededor. Todo estaba en una calma que no era muy normal. Era escalofriante.
 
Tragó saliva antes de doblar los papeles y guardarlos en uno de los bolsillos de su maleta negra, la cual se volvió a colocar en su espalda, con toda la rapidez que el clima podía permitirle.
 
—¿Qué es este lugar? —El médico habló en voz baja, apenas audible para su compañera, mientras, en silencio absoluto, aprovechando la suavidad de la nieve, se movió con cuidado para poder analizar las huellas sobre el manto blanco bajo sus pies. El ir y venir se le hizo reciente. Había gente cerca. —No estamos solos, ten cuidado, Maki…se discreta —murmuró antes de alejarse unos pasos de la chica, solo para acercarse a unas cajas cubiertas con una lona blanca…acarició el material por encima, dispuesto a quitar aquella tela que cubría las cajas, pero se detuvo por un momento.
 
Alzó su cabeza, miró las nubes sobre el cielo que no lucía para nada despejado y, con ello, notó el “humo” saliendo de uno de los lados del almacén. Imposible que sintiera si tenía algún olor, su olfato se lo impedía por completo y acercarse para averiguar que era no estaba en sus planes.
 
—¿Crees que debamos buscar una entrada o…solo…? —Volvió a sentir la tela bajo sus manos enguantadas y la curiosidad terminó ganando la batalla con su lado racional, uno que le gritaba que debían regresar al barco.
 
Con cautela, se situó a un lado de la caja, en la parte que colindaba con la parte más central de la cabaña, es decir, con la puerta de entrada y, sin pensarlo mucho, sus manos alzaron la lona para descubrir lo que sea que estuviera debajo. Necesitaba saber si las cajas tenían o no un destinatario o, al menos, si había alguna pista de lo que contenían.

Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias.



RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Maki D. Zen'in - 27-03-2026

Parecía que algo sabia el joven, sus movimientos, sus gestos, Maki no era inteligente, pero si era observadora y atenta a lo que pasaba a su alrededor, esto debido a su carácter y tendencia bélica, este parecía no convencido de lo que pasaba y algo contrariado por todo. Obvio como todos. No es fácil ver la carne muerta que hace unos segundos estaba vivo. —Vamos… dinos muchacho… se que sabes algo, tus gestos, su nerviosismo… habla y te puedes ir… solo queremos ayudar. — Los papeles en manos de la quemada… mierda leer y descifrar no era lo suyo. Ósea si sabía leer, pero… ay… términos y cosas muy técnicas quizás no las entendería, aun no era una doctora de combate ni medico decente —Doc… quizás usted los entienda mejor.— Escucho atentamente al joven mientras decía todo aquello que sabía y deducía por cuenta propia, también otros aportaron antecedentes lo cual hizo que comprendiera mucho mejor toda la situación, todo encajaba y caía en su lugar sin tanto darle vueltas.

Todo apuntaba a que algo ocurría en la central, se frotaba la barbilla mientras pensaba fríamente en los siguientes pasos que debían seguir. Seguro que el doctor iría, era sumamente curioso en cuanto a cosas relacionadas a drogas y medicinas e incluso venenos era algo que le interesaba desde hace un tiempo. —Mmm… es probable que incluso estuviera involucrado pero especular de su participación ya es completamente vano… has sido de mucha ayuda muchacho… ten…— Le metió en los bolsillos, mil berris.

En el oído agudísimo de Maki comenzó a pulular un golpeteo metálico, como un clamor de atención… algo sentía que le observaba, algo les vigilaba… arrebujada en su capa… Maki intentaba buscar el calor perdido de la zona más fría del paraíso. Una vez se despidió del joven pusieron rumbo al almacén.  —Crees que encontremos respuestas ahí arriba Hyak?... seguro que necesitaremos todos tus conocimientos médicos… y espero aprender algo— Menciono mientras observaban en la lejanía el edificio. —Esto… parece más… un manicomio o algo así, no un hospital que es lo que pensé que sería.— Menciono al mirar la construcción que se alzaba e n el final del camino.

Llegaron a la ubicación, había muchas cosas, el edificio parecía verdaderamente una especie de lugar de reclusión más que otra cosa, quizás donde algún tipo de arma biológica se mantenía encerrada, Maki había visto muchas cosas de cine antiguo y pensó en zombis y tonterías como mutantes… esto último causo escalofríos por la columna. ¿Si era algo parecido tendría o podría eliminar a los enfermos? Es más, habría alguna cura, y más misterios aun… que mierda hacían experimentando tan lejos como en Little Garden. Aunque pesándolo bien que mejo conejillo de indias que un poderoso montón de garras y colmillos y seguro era lógico y esperaban que hubieran eliminado la plaga y la enfermedad con sus últimas acciones, una tentadora lona por descubrir tenían frente a si, era terriblemente tentador resistirse a ver que había detrás de todo esto sería algún tipo de… sus pasos lentos, pesados y ruidosos, el sigilo no era lo suyo, las cajas descubiertas debían ser algunos de los recursos usados para algunos experimentos…

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RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Moja - 27-03-2026

La lona se desliza con un leve susurro de tela rígida por el frío, dejando al descubierto varias cajas de transporte reforzadas con cierres metálicos y marcas de inventario grabadas con tinta oscura ya algo desgastada por la humedad. Algunas llevan etiquetas médicas parcialmente arrancadas, otras muestran símbolos de advertencia química dibujados con trazos precisos, demasiado profesionales como para pertenecer a un simple almacén rural. El contenido no es visible sin abrirlas por completo, pero basta observar la cantidad de precintos y cierres de seguridad para entender que lo que allí se guarda no son simples vendajes ni jarabes comunes.

El silencio que rodea el edificio se hace más evidente cuanto más tiempo pasan cerca de la entrada. No hay voces, ni pasos, ni el sonido típico de personal trabajando en inventarios o transportando suministros. Ni siquiera el crujir ocasional de madera que suele escucharse en construcciones sometidas al frío extremo parece presente aquí. La quietud es tan absoluta que el leve golpeteo del viento contra una de las placas metálicas de la fachada resulta casi estridente.

La puerta principal, pesada y reforzada, no presenta signos de vigilancia inmediata. No hay guardias visibles ni encargados registrando entradas. El pomo metálico está frío al tacto, rígido por la baja temperatura, y al empujarlo la puerta cede con una resistencia mínima, abriéndose con un sonido grave y prolongado que resuena en el interior del edificio.

Dentro, el aire cambia.

El frío exterior se transforma en un ambiente ligeramente más templado, aunque lejos de ser acogedor. El interior del almacén es amplio, con un techo alto sostenido por vigas de madera gruesa reforzadas con placas metálicas. Varias lámparas colgantes proporcionan una iluminación tenue y desigual, generando zonas de sombra entre filas de estanterías altas cargadas de cajas, frascos y contenedores de diferentes tamaños.

El olor predominante es una mezcla de alcohol médico, madera antigua y un leve rastro químico difícil de identificar, algo más denso que el aroma habitual de un almacén sanitario común. No es desagradable, pero sí suficiente para hacer evidente que allí se manipulan sustancias más complejas que simples analgésicos o antisépticos.

No hay nadie.

No se escuchan pasos en habitaciones contiguas ni el movimiento de trabajadores organizando mercancía. Algunas mesas de registro se encuentran cubiertas de papeles, plumas y sellos de inventario que parecen haber sido abandonados a mitad de una tarea. Un libro de control permanece abierto sobre uno de los escritorios, su tinta aún fresca en la última anotación, como si quien escribía hubiese tenido que interrumpir su labor de forma repentina.

Varias estanterías muestran huecos recientes, espacios vacíos donde claramente faltan cajas que deberían estar allí según los códigos numerados escritos en la madera. Algunas etiquetas colgantes se balancean suavemente por la corriente que entra desde la puerta abierta, produciendo un leve sonido repetitivo que recuerda al tic-tac irregular de un reloj averiado.

En una zona lateral del almacén se observa una mesa de trabajo con instrumentos más especializados: tubos de ensayo, matraces de vidrio grueso, recipientes sellados con lacre y pequeñas herramientas de precisión utilizadas habitualmente en la manipulación de compuestos químicos delicados. No es el equipamiento típico de un simple almacén de distribución, sino el de un lugar donde también se realizan análisis preliminares antes de enviar o recibir material más sensible.

En el suelo, cerca de una de las estanterías más grandes, pueden distinguirse marcas recientes de arrastre, como si varias cajas hubiesen sido movidas con prisa o sin el cuidado habitual. Algunas huellas parcialmente visibles muestran patrones distintos, no pertenecientes a una sola persona, lo que indica que más de un individuo ha estado trabajando allí recientemente.

Sin embargo, ahora el lugar está vacío. Demasiado vacío. No hay señales evidentes de violencia, pero sí de interrupción repentina. Una silla caída en un rincón, un frasco cerrado incorrectamente, un registro sin completar. Como si todos los presentes hubieran abandonado el lugar al mismo tiempo. O hubieran sido obligados a hacerlo.

Interior del Almacén

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RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Hyákinthos - 29-03-2026

Cuando la pesada lona se hizo a un lado, la tenue luz le permitió ver las etiquetas impresas en las cajas y, aunque esperaba encontrar alguna pista, no fue nada que pudiera sacarlo de su confusión, al contrario, las etiquetas arrancadas y rayadas, eran imposibles de leer. Al médico le pareció que, quien fuera que se encargara de los inventarios en el almacén sabía bien como cubrir sus huellas, bueno…al menos las más evidentes, pues aun quedaban algunos símbolos que el doctor, de inmediato, reconoció como peligrosos…al menos con eso se daba cuenta de que, sea lo que sea que contuvieran esas cajas, debía ser tratado con cuidado.

—Tsk…están pesadas —murmuró cuando intentó mover una para después chasquear la lengua y cruzarse de brazos por unos segundos. No es como que no pudiera mover las cajas, seguro podría cargarlas con facilidad, pero eso generaría ruido: La madera de una caja friccionando con otra, con la pared o la nieve. No, no podía darse el lujo de ser indiscreto. Suficiente tenía con los pasos pesados de Maki que, para el médico, parecía moverse como si quisiera ser descubierta. —Tampoco puedo moverlas descuidadamente, lo que llevan en su interior ha de ser peligroso…si tuviera una palanca para abrir una de las cajas con cuidado y sin tanto ruido sería mucho mejor —dijo más para sí mismo que para la chica, aunque, al final de su frase, se giró para verla, como si quisiera comprobar que ella le seguía el juego.

—Deberíamos intentar entrar al almacén, tal vez dentro pueda encontrar una palanca que ayude a abrir estas cosas y, además, seguro encontraremos más sobre…lo que sea que hagan aquí —. Sus ojos dorados brillaron con emoción, solo podía imaginar el tipo de cosas que podía llegar a encontrar dentro del lugar. —Aunque no estoy seguro si la puerta estará…

El pelirrosa se había movido hacia la enorme puerta y colocó una de sus manos sobre el pomo metálico de la puerta, eso lo hizo temblar, pues aún con sus guantes puestos, el frío traspasó la tela e hizo que su piel se erizara, era una sensación horrible; sin embargo, a pesar de la molestia, el rostro del hombre no mostró esa expresión quejumbrosa que habría tenido en otro momento, si no que se iluminó con ilusión y sorpresa: la puerta estaba abierta.

—Bingo —. Era su día de suerte, pues, aunque el chirrido de la puerta resonó en el interior de la estancia, por ahora, nadie había salido en defensa del lugar, aún así, pensó en las huellas que antes vio en la nieve, pero, sea quien sea que haya estado antes ahí, parecía que se había apartado. Eso era una buena casualidad. —Sígueme en silencio, Maki…de verdad…con todo el silencio que puedas —. El susurro fue tan bajo que no estuvo seguro de que su compañera lo haya escuchado, pero tenía que hacerle entender que debía ser discreta.

No cerró la puerta tras de sí, esperó que Maki lo hiciera, pues el pelirrosa empezó a caminar enseguida hacia el interior del lugar, prestando atención a cada esquina, analizando con su mirada las enormes estanterías y, sobre todo, intentando moverse con sigilo entre los pasillos en donde los frascos de vidrio estaban a la orden del día; sin embargo, lo que más le llamaba la atención era esa sensación que daba el lugar, como si los que trabajaban ahí hubieran desaparecido por arte de magia en medio de sus tareas cotidianas.

El médico frunció el ceño, algo estaba mal, ese lugar le daba una mala sensación y, aún así, no podía detenerse, quería saber el por qué del secretismo con este sitio y la razón por la cual ese otro médico había sido asesinado después de haber avanzado tanto en su investigación.

Con cuidado, evitando un frasco mal cerrado que, evidentemente, contenía alguna sustancia que prefería no tocar sin el equipamiento correcto, el médico decidió acercarse a una de las cosas que más le llamó la atención en la habitación: un libro de control.

—Pss, Maki —llamó la atención de la mujer iguana con un siseo apenas audible. —…mira esto, parece una bitácora —. Colocó el libro sobre la mesa de forma que ambos pudieran leer la información contenida, dejando en evidencia la última anotación apresurada en donde la tinta se veía chorreada y la última palabra que intentaron escribir quedó a medias. —Es como si alguien los hubiera atacado o los obligaran a salir de alguna manera… ¿Crees que sea por lo que averiguó el médico? Aunque…no tiene sentido que dejen aquí los resultados de sus investigaciones, a menos que…estas sean solo muestras fallidas…

Miró hacia la otra mesa, en donde se encontraban varias herramientas de trabajo y, luego, miró el frasco mal cerrado. Por un momento se vio tentado a tomarlo para sentarse a averiguar, en ese mismo lugar, qué cosas componían aquella sustancia y, además, muchas de las otras que estaban en los estantes, de hecho, para este punto, encontrar una palanca para abrir las cajas de afuera, era algo que había quedado en segundo plano.

—Aquí no hay nadie…entonces…supongo que no haría daño si me tomo la molestia de seguir con esta investigación —. Movió las páginas del libro de control hasta que llegó a la página “1” y, en ella, pudo ver las primeras entradas que, justamente, señalaban sustancias que estaban en el pasillo con el mismo número. Levantó la cabeza y observó que cada corredor tenía un número al inicio, así que no tardó en ubicarse en el pasillo correspondiente, aun con el libro en mano.

—Sé que dije que puede que no haya nadie, pero ¿Puedes vigilar por mí? No quisiera sorpresas —. Le sugirió a la mujer mientras él se adentraba en el pasillo “1” para encontrar aquellas sustancias que el libro de control mencionaba que habían sido almacenadas en ese lugar. —Si tengo suerte, tal vez pueda llevar con nosotros alguna que otra “muestra” o tal vez encontremos en este libro la ubicación de ese laboratorio en...¿Cómo se llamaba la isla que dijeron los locos de los dinosaurios? ¿Ababwa?
 
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RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Maki D. Zen'in - 31-03-2026

Parecía algo de origen medio de alto nivel, no era un almacén cualquiera. Parecía uno especializado en suministros de todo tipo, cuidadosamente clasificados y asegurados. No había duda, este si que era el lugar correcto puede que el origen del mal que actuaba sobre Little Garden, el ambiente parece el de un cementerio, ni un solo movimiento, ni una sola biza o tizne de que alguien vivo se mantenía en el lugar.

La puerta cedió, se abrió y ambas rápidamente pudieron entrar en el almacén, el sitio parecía uno abandonad en verdad, será que no había nadie realmente vivo en el interior?, ella solo sintió el gélido frio de la soledad azotándole la piel, pero gracias a dios uno menos intenso que el del exterior, ahí dentro. Le pidió silencio discreción y sigilo y ella de verdad lo intento, pero solo logro meter las patas en un tarro, sonoro metálico y con un eco que retumbo por todo el lugar… pateo una escoba que cayo y cuando intento agarrarla se pegó en la cabeza con una lampara de aceite vieja que reboto por todo el lugar como un eco desesperado por encontrar el amor en tiempos de guerra. Ella solo atino a sonreírle al medico

Se rasco la cabeza y vio como el medico continuo como si nada pasara… al menos aún estaban vivas detrás de el camino lo mas silenciosa que podía, Maki comenzó a acariciar sus armas con una delicadeza propia de una especialista masajista, llegaron hasta lo que parecía la sala donde guardaban algún tipo de registro, leyó un poco todo, que pereza leer para ella, solo le gustaba escribir peor leer anotaciones no era lo suyo para nada.

—Vamos vamos… lo que sea que quieras que hagamos, hagámoslo pronto, ya cambie de idea, esto si que me da mala espina y mal juju— Menciono en una súplica desesperada, No le temía a hordas enemigas, no le temía a espadas innumerables, peros si a la calma y la quietud acechante. A decir verdad, una de las cosas que mas temía era claramente la brujería, el espanto, las cosas sobrenaturales, aunque ella misma podía convertirse en una maldita iguana de mas de dos metros. Sentía que la sorpresa y el espanto podían más con ella que cualquier otra cosa. Y era tremendamente respetuosa y temerosa de los espíritus y fantasmas porque ese sitio sí que le daba esa impresión. De estar embrujado.

Maki solo asintió ante la petición del chicloso, busco un lugar donde poder vigilar mejor mientras el se preocupaba de buscar algo que les pudiera dar una pista —Arabasta… creo que la siguiente isla es la que mencionaron.— Maki camino en guardia, esperando lo inesperado, sus ojos llenos de lúgubre oscuridad se movieron de un lado a otro mientras el doctor trabajaba.

Recorrió un par de pasillos no muy lejos de donde estaba el. No quería dejarlo solo ni que la dejasen sola, sabía que estos desgraciados eran sumamente peligrosos. Ella quiso seguir el rastro de las cosas arrastrándose, se agacho para con los dedos tocar el suelo, las llevaban a algún lugar… era obvio. Se habían largado del lugar. Y seguro que el medico asesinado era algún tipo de cabo suelto. —Cariño… creo… creo que no encontraremos gran cosa… por que no rompemos una caja de estas y nos llevamos todo lo que podamos para investigarlas con calma?...— La marcada por el fuego de su pasado volvió sobre sus propios pasos de vuelta a donde había dejado al doctor de los Death Man Hands.

El ambiente estaba enrarecido, el alcohol flotaba en el ambiente como también lo que parecía ser desinfectante o arsénico o algo parecido, tampoco le agradaba eso. Es más. pocas cosas le agradaban a Maki y parecía que todas estaban conjuntas en este sitio. Camino con sus espadas en la mano, la Hoja de los mil recuerdos y su tanto. En la otra lista para saltar a la acción de requerirlo. Esperaba que no, si le pasaba algo a ella, Hyak se perdería seguro meses y solo lograría volver por suerte a su propio barco.


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RE: La Droga y el Tirador [Aventura T3][Presente Relativo] - Moja - 01-04-2026

El interior del almacén permanece suspendido en esa calma inquietante que solo puede existir en los lugares donde algo ha ocurrido demasiado deprisa para ser comprendido. El leve crujido de la madera, el roce de la tela contra los estantes y el sonido distante de algún recipiente mal cerrado balanceándose con la corriente forman una sinfonía irregular que parece amplificarse entre las sombras del edificio. La iluminación tenue proyecta figuras alargadas sobre el suelo, deformando los contornos de las estanterías y creando la sensación constante de que algo se mueve justo fuera del campo de visión.

Mientras el médico se concentra en los registros, desplazando páginas con cuidado meticuloso, el silencio vuelve a cerrarse sobre el lugar con una densidad casi opresiva. El aire se siente espeso, cargado con el aroma metálico de compuestos químicos y ese leve rastro antiséptico que recuerda constantemente que aquel no es un simple almacén de provisiones, sino un punto intermedio en algo más complejo. Las huellas recientes en el suelo, los espacios vacíos en los estantes y los objetos abandonados hablan de una retirada apresurada, pero no caótica; una evacuación organizada, ejecutada con la rapidez suficiente para dejar atrás únicamente aquello que no podía transportarse con facilidad.

En ese instante, algo se mueve en la penumbra. Un leve silbido corta el aire, tan sutil que apenas rompe el murmullo constante del edificio. Un pequeño objeto atraviesa el espacio entre estanterías con la precisión de quien conoce bien el terreno y el momento exacto en el que intervenir. El impacto es casi imperceptible, un toque breve en la piel antes de que el objeto rebote contra el suelo y desaparezca entre las sombras bajo uno de los muebles metálicos. El diminuto dardo queda oculto en la oscuridad, indistinguible entre restos de polvo, virutas de madera y pequeños fragmentos de papel olvidados en el suelo.

Apenas un segundo después, un sonido más contundente rompe el silencio. Un golpe seco resuena en el extremo opuesto del almacén, profundo y hueco, como si algo pesado hubiera sido desplazado de su posición original. El eco del impacto recorre el edificio, perdiéndose entre los pasillos numerados hasta extinguirse lentamente. La dirección del ruido señala hacia una zona donde el suelo presenta un patrón de desgaste distinto, una superficie que no parece completamente fija, sino ligeramente alterada por un uso más frecuente de lo que el resto del edificio sugiere.

Al aproximarse, la fuente del sonido se revela. Una trampilla rectangular permanece entreabierta en el suelo, sus bisagras metálicas todavía vibrando suavemente tras haber sido forzadas con rapidez. El panel de madera gruesa, reforzado con listones de hierro, ha sido apartado con la suficiente urgencia como para dejar marcas recientes en el suelo circundante. El borde interior muestra signos de uso habitual, con la pintura desgastada por el roce constante de manos y botas.

Desde la apertura asciende una corriente de aire ligeramente más cálida que el ambiente del almacén principal, mezclada con un olor más intenso a sustancias químicas y metal oxidado. Una escalera estrecha de peldaños reforzados desciende hacia un túnel excavado en la roca, cuyas paredes han sido reforzadas con vigas de soporte y placas metálicas colocadas en puntos estratégicos para evitar derrumbes.

El túnel no es improvisado. Su construcción es deliberada, pensada para permitir el tránsito continuo de personas y materiales sin necesidad de utilizar la entrada principal del edificio. Las lámparas fijadas a intervalos regulares proporcionan una iluminación tenue pero suficiente para revelar un pasaje que serpentea bajo el distrito médico superior, alejándose del almacén original en dirección desconocida.

El suelo presenta huellas recientes, marcas de arrastre similares a las observadas en la superficie, indicando que cajas u objetos de peso considerable han sido transportados por allí en repetidas ocasiones. El eco de pasos apresurados parece haberse disipado hace apenas unos instantes, dejando tras de sí únicamente el silencio residual de un escape ejecutado con precisión.

Tras avanzar por el túnel durante varios minutos, el pasaje comienza a ensancharse ligeramente, permitiendo el tránsito de cargas más voluminosas. El olor químico se vuelve más intenso, mezclándose con un leve aroma metálico que recuerda a instalaciones de laboratorio donde se manipulan compuestos inestables. Finalmente, el corredor desemboca en una segunda trampilla, esta vez abierta por completo, revelando la parte inferior de otro almacén.

Este nuevo espacio resulta similar al anterior en estructura, pero presenta una diferencia evidente: no está vacío. Varias mesas de trabajo han sido reorganizadas formando una disposición más funcional que logística, con equipos de análisis improvisados utilizando parte del material almacenado originalmente en el lugar. Frascos abiertos, instrumentos de medición y cuadernos de notas se encuentran distribuidos de manera irregular sobre superficies metálicas iluminadas por lámparas portátiles.

Alrededor de diez personas se encuentran en el interior. Sus vestimentas corresponden a investigadores y técnicos médicos, pero su apariencia dista de transmitir calma o profesionalidad. Sus rostros muestran signos evidentes de fatiga prolongada, algunos con ojeras marcadas, otros con manos manchadas por residuos químicos que no han sido limpiados adecuadamente. Sus miradas, al detectar la presencia inesperada, reaccionan con una mezcla de alarma y determinación, como si hubieran anticipado la posibilidad de ser descubiertos.

Uno de ellos vuelca deliberadamente un recipiente al suelo, dispersando un líquido de olor penetrante que se evapora lentamente en contacto con el aire más frío del almacén. Otro se apresura a cerrar un cuaderno de anotaciones mientras varios más adoptan posiciones defensivas improvisadas, empuñando instrumentos de laboratorio convertidos ahora en herramientas de confrontación.

No parecen soldados. Pero tampoco están dispuestos a permitir que nadie avance más. La tensión se acumula en el ambiente cargado de sustancias químicas, mientras el segundo almacén revela finalmente que el proyecto que se intentaba ocultar no solo sigue activo, sino que cuenta con un equipo dispuesto a protegerlo a cualquier precio.

Información para Maki

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