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"Pasas que cosan" | Pasado - Jesse S. - 26-03-2026 Año 15| Verano
Medio día
El reino de Samba, los pasos de Jesse, el cual actuaba como “el marine solitario”, pensaba que le vendría bien ponerse un antifaz y parecer mas guay, pero claro, seguramente el antifaz no le haría verse como alguien desconocido, pues era consciente de que muchas personas reconocen su pelo. Y es que a pesar de que en ese momento no actuaba uniformado, si que llevaba consigo una espada por lo que pudiera pasar. Llevaba sin comer nada desde el desayuno, y un olor demasiado bueno escapaba de dentro de un bar… Seguramente, lo que estaba oliendo se estaba preparando con aceite más que usado y que posiblemente llevaba horas desde el primer uso. Pero es que tampoco le iba a preguntar al cocinero como se hacían las cosas en ese local. De hacerlo seguramente perdería el apetito. Pudo notar alguna que otra mirada extraña que le dirigían al entrar, y eso que no iba uniformado, en caso de llevar el uniforme era posible que hubiera recibido un disparo… Algunas personas era conflictivas sin necesidad. A Jesse no le gustaba eso, es decir, si tenía que pelearse lo hacía, pero era mas de charlas amables, abrazos y besos (especialmente con mujeres), pero no tenía problema en tener una buena amistad o charla con alguien de cualquier género. Lo importante era disfrutar de la vida. ¿Y qué hacía un marine en Samba y además sin uniforme? Esa pregunta se llevaba haciendo Jesse desde que cogió el barco que le llevó hasta la Isla. Simplemente le ofrecieron el viaje gratis… ¿¡Y QUIÉN DICE QUE NO A ALGO GRATIS!? Podía ser que hubiera alguien, pero Jesse no era el caso. Se acercó a la barra y vio cómo el camarero se encontraba secando una jarra… Lo cual le hizo pensar… ¿Acaso todos los taberneros tienen que verse secando una jarra que posiblemente ya esté seca de hace horas? Era algo que siempre le había llamado la atención. –¡Jefe, cuando puedas! Una jarra de cerveza y algo para picar, la especialidad de la casa si puede ser. – Dijo Jesse con su habitual tono dicharachero de siempre. Fue entonces cuando una camarera paso por delante de él, era joven, rubia y de piel morena, toda una belleza. – Guau, ya entiendo por que no hay guías turísticos en Samba, por que son los monumentos los que se pasean para ser vistos. – Soltó el piropo, pero la camarera ni se giró para mirarla, probablemente estaba acostumbrada a los piropos y a más de alguna estupidez. Por su parte el tabernero dejo caer la jarra de cerveza delante de Jesse, mirándole con mala cara… ¿Acaso dicha camarera era su hija o algo? Tragó saliva y le dedicó al tabernero una sonrisa estúpida como disculpa. No había bebido el primer sorbo de cerveza cuando escuchó como una mesa se volcaba y un tipo con bigote amenazaba a otro con un revólver, apuntándole directamente a la cabeza. – ¡Has hecho trampas! ¡Eres un desgraciado! – Gritaba desquiciado. Jesse soltó un suspiro y se levantó de la barra, llevando la jarra consigo hasta donde estaba teniendo lugar el altercado. – Por favor… Tranquilidad… Todos somos sentimientos y tenemos seres humanos… Espera… – Se quedo un segundo pensativo – ¿Era al reves? ¿Sentimanos y humamientos? No, eso no tiene sentido… – Reflexionaba. En ese momento se escuchó un disparo, en este caso Jesse lo sintió en el hombro, lo cual hizo que se le cayera la jarra de cerveza al suelo mientras se llevaba la mano al hombro y miraba al del bigote. – ¡Eh! ¿Por qué me disparas? – Se quejó Jesse, con un claro semblante de dolor. – Me estabas rayando, imbécil. – Se defendió el tipo mientras guardaba el revólver. En ese momento dos tipos agarraron a Jesse de los hombros y lo echaron del loca, haciéndole caer con fuerza contra el pavimento… Curiosamente echaban a la victima en lugar de al agresor… Ese día había empezado como el culo… Herido, sin cerveza y en plena calle. Pegó la frente contra el suelo y espero a que a alguien se dignara a pisarle la cabeza. O ayudarle, pero algo que mejorará su inicio de día. RE: "Pasas que cosan" | Pasado - Maria Merlot - 12-04-2026 Narrador / María Merlot
MUSIQUITA
Los orbes ámbar miraron el cielo, tan azul como su propio cabello, tan distante como su mente dónde los grillos tomaban siempre el control. Levanto la diestra intentando tomar al lejano sol pero solo termino cegada. Cuando los volvió a abrir observó a las personas ir y venir, ensimismadas en sus rutinas, en la cotidianidad de sus vidas. Había algo en esa isla que la hacia sentir… inquieta. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabía, o mas bien, ni ella lo recordaba. Su sentido de la orientación combinado con la ignorancia del mundo, la hacían confundir lugares, desconocer personas, no poder hilar su propio mapa de los recuerdos.
Llevo la mano a la boca, justo al lado derecho de su labio inferior, ahí, un poco hinchado, florecía el último golpe que había recibido de sus “compañeros”, o más bien amos. El Capitán de los Piratas del Abismo, siempre la encontraba, no importaba dónde terminará… él tenía el don, y para ella una maldición, de rastrearla, y en esa oportunidad no había sido la excepción. Luego de pasar una temporada con su hermana loba, Helena, y a Paavo, en la Isla de Baterilla, termino embarcada como polizonte en un barco que la llevo… a quien sabe dónde, lo resaltante es que… como por arte de magia Índigo la había encontrado, ese Gyojin Azul le ponía los vellos de punta, como si viera cosas que nadie más podía ver. El punto: la encontró y la llevo con Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal. El tritón siempre se complacía en verla, en tenerla, en someterla, en… romperla, y siempre se molestaba cuando ella se recluía en su cabeza dejándolo en el escenario de su maldad solo. Por eso tenia el labio hinchado, él le había pegado y luego la había culpado por eso, por incitarlo a maltratarla. ¿Cuántos días habían pasado desde entonces? Dos. Y en esos dos días, partieron a desgraciarle la vida a alguien más, en algún otro lugar. Así que se quedo en uno de los barcos de los piratas, con la supervisión de Corina, la hermosa sirena regenta de las chicas bajo el yugo de los Piratas del Abismo. Ese día la sirena la había dejado ir con ella al pueblo. Corina, a pesar de todo, solo cumplía ordenes, era su pellejo o el de ella, pero quitando que nunca la dejaría escapar, de resto tenían una cordial relación, después de todo era su pupila estrella. En medio del bululú de personas, ambas mujeres se separaron, más que todo porque la de cabellera celeste era un revoltijo de hiperactividad, quería ver todo, quería tocar todo, quería vivir todo. Así fue como termino viendo el cielo, luego de aburrirse de buscar a la mayor. Igual, ellos siempre la encontrarían, solo debía esperar, ni siquiera soñaba con escapar, no cuando… sabía que Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal estaba muy irritable. ¿Por qué? No tenía ni idea. Su ropa consistía en un delicado y holgado vestido blanco que dejaba al descubierto sus hombros, los mismos llenos de escamas azules que con el reflejo del sol resplandecían como tornasol. Su rostro juvenil, mostraba la belleza y toque divino innato de la mestiza. Tanto así que por dónde caminaba atraía miradas, suspiros y, en un par de ocasiones, algunas propuestas indecentes. Ella solo sonreía a todos, hablaba con quien le preguntará algo, y guiñaba a quienes quedaban embobados. Sus pasos la llevaron al sector de tabernas. Eso la hizo arrugar la nariz en un encantador gesto de desagrado. No quería nada que ver con borrachos, así que solo paso de largo, y pensó que pronto saldría de esa área pero… un bulto en el suelo llamo su atención. ¡Un borracho desmayado a la salida de un bar! Justo lo que quería evitar… Miro a ambos lados, las personas pasaban de él, como si fuera escoria humana, como si no existiera. Esa sensación de existir y no ser visto la hizo sentir escalofríos. Ella existía, si, y aunque era vista nunca de la forma correcta. Solo iba a comprobar que estuviera bien, tal vez apartarlo de la calle para que nadie lo pisara… si tenia suerte estaría tan borracho que sería fácil arrastrarlo a alguna pared o callejón aislado dónde pudiera pasar la resaca, sin ser molestado. Al llegar a su lado se agacho, en cuclillas asiáticas, quedando su holgado vestido de tela blanco cubriendo sus piernas por completo, y su largo cabello celeste descansando en el suelo — … ¿estas muerto? Si lo estas di: supercalifragilisticoespiadoso. No, mejor un trabalenguas: Tres tristes tigres comen trigo en un trrrrrigal… — eso ultimo la hizo reír, suave y encantadoramente, porque se trabo en el RRRRRR, luego con la punta de su dedo índice toco su oreja, rascándolo con levemente como si fuera un gato pequeño —… ¿Cuánto to-ma-s-te, Tomate, para terminar siendo Ketchup? — bromeo asumiéndole, como siempre hacia con todos, un nombre por algún rasgo de su apariencia. La joven no se percato de la herida del hombre, porque estaba en cuclillas del lado contraria a esta. Si el Tomate no reaccionaba, tendría que arrastrarlo como era el plan original. Por suerte para ambos, el flujo de personas en la zona era escasa.
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RE: "Pasas que cosan" | Pasado - Jesse S. - 12-04-2026 No estaba inconsciente (casi de casualidad), ni mucho menos borracho, fue por eso que cuando escucho la voz femenina levantó la mirada para encontrarse con una cara bonita que le observaba con curiosidad, y además le hablaba como si realmente creyera que estaba borracho, lo que realmente le pasaba es que le habían pegado un tiro y andaba sin una gota de cerveza en el cuerpo lo cual era doblemente duro. Pudo observarla mejor y se fijo como el traje que llevaba la joven le dejaba los hombros a la vista, lo cual era su punto débil, simplemente los miro un segundo más de lo normal, pues a pesar de ser hombros, el hecho de que tuviera escama los volvían aún más exóticos, y volvió a llevar su mirada a los ojos de la joven… ¡Si es que encima era guapa! – No estoy borracho, señorita… – Dijo incorporándose dejando que se viera como la parte del hombro de su ropa se viera manchada de sangre y agujereada – Es que me han pegado un tiro y me han echado del bar. Estaba esperando a ver si alguien me pisaba la cabeza. – Suspiró y miró a los zapatos de la joven, unos bastante bonitos, pero dudaba que fueran cómodos para hacer deporte, aunque dieran la impresión de deportivos. Lo cierto es que el motivo por el que le habían echado del bar era cuanto menos confuso, eso le pasaba por meterse en una disputa entre dos personas. Notaba como el dolor del hombro empezaba a volver cada vez más intenso ahora que la adrenalina del momento se había pasado, entonces miró a la joven a los ojos. – ¿Tienes habilidades curativas o conoces algún lugar por aquí que pueda ayudarme con esto? – Se señaló el hombro disparado, mientras se quejaba ligeramente con quejidos de dolor. Se la quedó mirando detenidamente, parecía más joven que él, no sabía por cuánto, pero bastante más joven. – ¿Eres de aquí, señorita? – Preguntó por pura curiosidad. Se puso en pie como buenamente pudo con la mano en el hombro para demostrar que no estaba borracho y que podía mantenerse en pie, en caso de que ella siguiera teniendo dudas pues tendría que demostrarlo con uno de los trabalenguas que ella le había dicho, pero de momento consideraba que lo mejor era buscar un lugar donde pudieran curarle. O alguien… Hasta el momento podía decir… “TODO ME MALE SAL”. Pero al menos estaba acompañado de una muy bonita joven.
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vestimenta de Jesse
RE: "Pasas que cosan" | Pasado - Maria Merlot - 12-04-2026 Narrador / María Merlot
Sus labios formaron un leve mohín, esperando que el hombre dijera algo o confirmara por si misma que ya había muerto. Su dedo índice seguía acariciando la oreja del pelirrojo, al que bautizo como Tomate. Nunca dejaba de sorprenderla la apatía de las personas en general con los problemas de otros, con las necesidades y penurias que no les incumbían, nadie se había detenido ni siquiera a apartarlo para que no resultara lastimado. ¿Cómo culparlos? ¿Quién sacrificaría su comodidad por un bien mayor? Si dejarlo ahí tirado le permitiera huir de los Piratas del Abismo, entonces, con toda la pena de su corazón, lo haría.
El masculino levanto la cabeza, inmediatamente María retiro el dedo que lo acariciaba. Se encontró con un único ojo verde, como la flema durante la gripe. El otro ojo oculto debajo de un parche… ¿sería tuerto o solo bromeaba? Su vena cotilla vibro, necesitaba descubrirlo. Vio como él la evaluaba, todos hacían siempre eso: Ver su apariencia, nunca su mente. ¿Qué podía hacer? Sonreírle con encanto y una pizca de genuina curiosidad, porque aún no percibía el olor a licor. No estoy borracho, señorita…
Su voz llego hasta ella, que continuaba a cuclillas. Cuando se levantó en toda su altura, ella tuvo que subir la cabeza para seguirlo, era alto, más que ella sin duda. Fue ahí cuando pudo verlo mejor, en especial la sangre que empapaba su camisa. Sus ojos se abrieron, entendiendo porque estaba tirado en el suelo ¡Estaba herido! ¡Pobre Tomate! ¿Sabría a Kétchup su sangre? ¡Por supuesto que no! No sé trataba de un tomate de verdad.
Es que me han pegado un tiro y me han echado del bar. Estaba esperando a ver si alguien me pisaba la cabeza.
El hombre explico, aunque ella no pregunto pero eventualmente iba a hacerlo, así que tener la cotilla antes la hizo aumentar su sonrisa. Fue entonces cuando se irguió también, comprobando que si era más alto que ella. Los ojos ámbar se dirigieron al hombro que sujetaba, eso debía doler. Luego miro su propio vestido, de color perla tirando a blanco. Una sola gota de sangre lo arruinaría… ¿importaba? ¡No!
¿Tienes habilidades curativas o conoces algún lugar por aquí que pueda ayudarme con esto?
Ante la pregunta, la joven negó con la cabeza, haciendo que la larga cabellera danzaran a su alrededor creando un velo celeste que enmarcada su hermoso rostro. ¿Por qué no hablo? Porque los grillos en su cabeza estaban tejiendo toda una historia del porqué el Tomate estaba herido: Una aventura, un tesoro que encontrar, tipos malos que vencer, un amigo traidor, que le disparo, y lo dejo ahí para que muriera desangrado, mientras… se quedaba con el botín y la chica. ¡Cuánta tragedia para un tuerto! ¿Ser tuerto ya no era suficiente?
María lo vio con lástima, como si se tratara de un perro abandonada y golpeado. El quejido de dolor, la hizo llevar sus propias manos a la boca, en el proceso se toco el labio roto, recordándole que ella sabia bien lo que significa estar herida. ¿Eres de aquí, señorita?
Le cuestiono. ¿Acaso eso importaba ahora? María bajo las manos y miro alrededor, como si buscará algo o a alguien, luego se inclinó hacia la derecha para ver detrás de él, hizo lo mismo al otro lado. ¿Qué buscaba? Si Corina estaba cerca, si ella lo ayudaba y la veían, se metería en problemas y él posiblemente terminaría muerto. Regreso su mirada al tipo.
— ¿Sangras Ketchup? — pregunto con curiosidad, primero quería descartarlo, aunque lo sabía ya. Sin esperar respuesta rompió la distancia y toco el hombro sangrante, pero sin ningún tipo delicadeza. Su mano se llenó del líquido carmesí — ... no lo parece, eres un falso tomate, Tomate — se rio viendo su mano para luego tomar la mano libre de él, con la mano sangrienta, y empezar a caminar hacia el sur, o era el norte, ella no sabía orientarse — … no tengo habilidades curativas, tampoco conozco a un médico… que tenga la buena voluntad de tratarte, por supuesto — comento con su suave voz, arrastrándolo consigo, sin dejar de mirar hacia todos lados, como si alguien pudiese estar persiguiéndola, y seguro sería así… cuando Corina desistiera de buscar y diera la voz de alarma sobre su desaparición — … yo puedo pisarte la cabeza si quieres, nunca he pisado la cabeza de nadie pero si es tu deseo lo haré, pero después que te vean esa herida… sino si te vas a morir y no podrás decir nunca más tres tristes tigres comen trigo en un trrrrrrigal — bromeo sin voltear a verlo. ¿Por qué lo ayudaba? ¿Por qué no hacerlo? Cuando salieron del distrito de los bares, la joven fue preguntando direcciones para conseguir ayuda médica. Y cada persona que la miraba quedaba embobado por su belleza, María ya estaba acostumbrada. Como buena desorientada, cada vez que le decían las indicaciones terminaba tomando una completamente opuesta. Si ella supiera de medicina, sabría que hacer caminar tanto a un herido no era tan buena idea. A esa altura, la sangre en sus manos unidas, los bordes, estaba seca, pero la calidez de ambas palmas mantenía la húmeda aún en el centro. En el camino la joven fue hablándole. No, no soy de aquí. Realmente no soy de ningún lado.
¿Te gusta el jugo de caña de azúcar? ¡Me encanta! Me hace sentir… feliz. ¿Quién te disparo fue tu mejor amigo para robarse tu botín? Botín suena a zapato para mí. Cansada de caminar sin encontrar como llegar, sonrió a un habitante del lugar, quien inmediatamente se sonrojo por tener a una hermosa chica hablándole. Ella le conto que necesitaba llevar al Tomate a un médico, y el amable ciudadano los llevo hasta la puerta de un médico, en una zona… muy dudosa: una casucha a medio caerse.
— ¡Clientes! Digo, pacientes. ¿En qué puedo ayudarlos? — salió un tipo aun menos confiable que el lugar pero María siendo María poco le importo. — … Tomate fue traicionado y robado, su sangre no es kétchup, es más líquida, como si tuviera agua. ¡Alguien daño su consistencia! Debe salir pastosa… ¿puede hacer algo por él? — hablo con genuina preocupación mirando al matasanos, quien la miraba con un leve sonrojo, como cualquiera que pusiera los ojos sobre ella. — ¿Qué? — pregunto esta vez dejando de ver a la hermosa y rara mujer que lo desconcentraba para posarse en el sujeto de cabellos rojos, quien claramente estaba sangrando y muy pálido… ¿entrando en shock tal vez?
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RE: "Pasas que cosan" | Pasado - Jesse S. - 14-04-2026 No podía negar que la chica parecía simpática y divertida, pero dudaba que aquello pudiese ayudarle, en especial cuando notaba que había perdido bastante sangre y la vista se le nublaba, también pudo sentir una punzada de dolor cuando la chica tocó su herida, pero eso era menos preocupante que el hecho de que le hubiera disparado y hubieran agujereado una de sus camisas favoritas. ¡Tendría que comprarse otra! Si es que sobrevivía… Finalmente de alguna forma la chica le ayudó a buscar un doctor, mientras ella le explicaba que no era de allí, ni de ningún lugar, así mientras desvariaba de una cosa a otra, sin que Jesse pudiera responder, debido a que la pérdida de sangre iba menguando poco a poco toda su energía, incluso antes de eso fue incapaz de responder de forma ingeniosa a las palabras de que la chica le pisaría la cabeza, si quería, después de que le viera un médico. Tras preguntar a varias personas, casi siempre pregunto la chica, pues él estaba un poco más ido que otra cosa, consiguieron llegar frente a una casa, si es que se le podía llamar así, pues estaba a punto de derrumbarse, de haber estado en mejor condiciones seguramente Jesse habría sugerido buscar otra cosa, pero no, estaba mareado y le fallaban las fuerzas. Entonces cuando la chica dio su explicación, la cual era confusa para el médico, Jesse decidió que era el momento de usar las pocas fuerzas que le quedaban para hablar, y explicar su historia de forma breve. – Me dispararon en el hombro… Por favor, ayúdeme. – Dijo con un hilo de voz. Tras sus palabras se tambaleo un poco y apoyó su mano diestra en el hombro de la joven para tratar de mantenerse en pie, pero lo cierto es que fue inutil, pues ya hacia bastante rato que le había disparado y había perdido más sangre de la que él mismo pensaba que perdería con un disparo en dicha zona. Entonces pasó lo previsible cuando pierdes sangre… Su único ojo se puso en blanco y se desplomó en el suelo, inconsciente, cayendo de bruces, quedando boca abajo con los brazos extendidos hacia su cintura, y una de las piernas, la derecha ligeramente doblada. Las fuerzas se le había ido totalmente, ahora dependía de aquel matasanos y la jovencita.
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RE: "Pasas que cosan" | Pasado - Maria Merlot - 16-04-2026 Narrador / María Merlot
¿Estaba preocupada?
¡Claro que sí! ¡El Tomate estaba hecho pupa! La mestiza continuaba con su mano entrelazada al hombre pelirrojo mientras el médico la veía con una expresión de admiración por su belleza y desconcierto por sus palabras. Cuando soltó el “¿qué?” la joven solo pudo suspirar resignada… ¡Nadie nunca la entendía! Pero no iba a reprochárselo, debía pensar en el herido así que abrió la boca para volver a explicarle al doctor la situación pero la voz de la tercera persona en la habitación la interrumpió.
Me dispararon en el hombro… Por favor, ayúdeme.
María giro la cabeza para enfocar sus orbes sobre el hablante, el pelirrojo estaba blanco como papel, y el hilo de sus cuerdas vocales se fue desvaneciendo con cada silababa pronunciada… ¿qué le pasaba? Antes había estado muy bien y ahora parecía que le costaba hasta vivir… ¿estaba muriéndose? La mano varonil fue a su hombro, y el tambaleo de su cuerpo le advirtió que sea lo que fuera… no estaba nada bien.
— ¿Tomat… — intento decir con una nota evidente de angustia en su voz. Lo siguiente elevo su congoja, el único ojo verde se puso blanco como la espuma del mar y el cuerpo perdió toda estabilidad. María apenas pudo reaccionar en soltar su mano flácida y sujetarlo entre sus brazos para que no cayera de bruces al suelo, aunque en el intento termino cayendo ella con él, pero actuando como amortiguador para el hombre convaleciente… ¡No podía permitir que se lastimará más! —… oye, oye, oye… — empezó a decirle algo sin saber realmente qué, porque ahora estaba inconsciente sobre ella, empapando su perlado vestido con sangre. Claro... eso era lo de menos. —… si no lo tratamos pronto si se va a morir — el médico se acerco y con sus dedos abrió ojo bueno del pelirrojo — … ayúdame a llevarlo al cuarto de atrás — pidió el hombre a lo que la mestiza asintió y lo ayudo. Con cuidado, más ella que el matasanos, colocaron al hombre en una cama vieja. Ahí el doctor comenzó a moverse con destreza como el conocedor de la materia. Agua caliente, vendas y menjunjes. María observaba con curiosidad cada acción, ella no sabia nada de medicina pero le resultaba interesante como con tan poco podían ayudar a muchos. De cuando en cuando la joven arrugaba su hermoso rostro ante tanta sangre, y más cuando del paciente inconsciente salían quejidos de dolor. ¡La estaba pasando mal!
¡Pobre Tomate haciéndose Ketchup! Sintiéndose genuinamente mal por el pelirrojo se acerco a la cama, y tomo entre sus manos una de las suyas, una forma de darle fuerzas desde la conciencia. Ojalá alguien tomara su mano cuando ella estaba… mal. La palidez en el rostro, y la frialdad de su piel la hicieron pensar lo peor pero como la buena optimista que era, se negó a dejarse llevar por fatalidades, así que apretaba con fuerza pero delicadeza las manos del enfermo mientras miraba con detalle lo que hacía el matasanos.
Luego de varios minutos, o tal vez horas, el medico finalizo dejando una bala sangrienta como recuerdo en la improvisada mesa de noche de la habitación. Con una sonrisa de satisfacción la miro. — Bueno, si pasa la noche es posible que sobreviva. Tardo demasiado en buscar asistencia médica — comento al tiempo que se limpiaba las manos. —… ¿Cómo qué si pasa la noche? ¡Por supuesto que la pasara! Y será un Tomate listo para hacerse kétchup pero no de esta forma, sino de la salsistica, que es más comestible — hablo con su encanto natural mientras sonreía, las manos del sujeto seguían entre las suyas. —… que bueno que tienes una hermosa cara, señorita — le dijo viéndola confundido, él sin duda no entendía lo que quería decir la mujer — ¿Cuál será el método de pago? — pregunto, después de todo los negocios eran negocios. —… primero que florezca el Tomate y luego hablamos de pago… él es quien tiene el dinero y los medios... — indico con una media sonrisa, ella no tenía ni un Berry, y dudaba que Corina se los prestará. —… si se muere me pagaras tú, con lo que puedas dar — entrecerró los ojos mirándola de pies a cabeza. Ahí estaba esa forma que tenían muchos hombres de verla, entendía la sensación. —… haz que sobreviva y te prometo que el pago será mucho mejor que si él muere. Tomate tiene toda una tomateria, es muy tomatenario… — sonrió ante su tontería hilando palabras con el apodo que le había dado. Lo cierto es que hacer ver que le servía más vivo que muerto, seguro haría que el matasanos dedicará más atención a su cuidado. —… trato hecho — acepto después de todo el hombre podía pagar si despertaba, y sino, la chica sería una buena paga. Cuando lo vio salir del cuartucho la celeste suspiro aliviada volteando a ver al enfermo vendado en la cama. Estaría inconsciente mucho tiempo, por la anestesia que le aplico el médico. María lo miro por un rato, se sentía responsable por él… como si hubiera adoptado un cachorro de la calle pero no podía quedarse más tiempo, para ese momento Corina debería estar fuera de si por su ausencia. Entonces un plan paso por su cabeza: iría a calmar a la madame, y luego regresaría a ver como estaba su Tomate Durmiente. Se acerco a la cama —… regresaré, Tomatito. ¡Ni se te ocurra morirte! — le ordeno presionando su dedo índice en el medio de la frente del hombre, luego con una ultima mirada a la herida, se dio media vuelta y se fue. Regresaría… apenas pudiera. THE END.
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