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Coffee Break [Pasado] [Priv. Eros] - Hyákinthos - 27-03-2026 Día 40 de otoño, Año 16
Whisky Peak
7:30 a.m
Curar al perro no fue tan tortuoso como creyó.
No era veterinario, pero el limpiar sus heridas no le pareció un proceso tan distinto que vendar a un mink.
Ahora tenía hambre. Al perro le había dejado agua, pero él mismo no había podido desayunar. No cuando fue interrumpido de la manera más abrupta posible.
Suspiró al momento en que su estómago gruñó. No seguiría en la improvisada enfermería si empezaba a sentirse mal. Miró al perro y, luego, al hombre que había recostado sobre una camilla… ¿Cómo era su nombre? No podía recordarlo ahora mismo, pero suponía que era lo de menos.
El doctor se levantó de sus asiento, eso sí, no sin antes bajar tanto el potecito con agua, como al perro, del escritorio en donde lo había colocado, en el piso estaría más seguro, así no habría riesgo de una caída y que sus heridas se abrieran de nuevo y, luego, cuando se aseguró de que el animal estuviera bien, se acercó al humano.
Lo observó desde arriba, sus ropas estaban sucias, pero él parecía en mejor estado que el animal. Podía posponer su revisión para cuando despertara, de todos modos, él abogó por el animal antes que por si mismo. Se alejó del cuerpo y volvió a inclinarse cerca de donde el perro estaba echado, ya no tomaba agua, solo parecía querer descansar.
—Espero que te sigas portando tan bien como ahora y no causes un desastre —. Acarició la cabeza del animal y, luego, miró hacia la camilla. —Cuida a tu amo mientras no estoy, no quiero problemas con el cocinero.
Con eso dicho y habiendo revisado que todo estuviera en orden, salió de la habitación, rumbo hacia la cocina, con la esperanza de que el cocinero en cuestión le tuviera preparado un desayuno decente.
8:00 a.m.
Como siempre que se encontraba al cocinero pelinegro, su comida no lo decepcionaba, aunque aún le dolía haber quemado el pan por un simple error. Sea como sea, ahora que había comido, estaba satisfecho, incluso había tenido tiempo de inhalar algo de esencia de menta, una sustancia que, según el pelirrosa, ayudaba a tranquilizarlo…podría volver a la enfermería, lo que significaban buenas noticias para el perro y el muchacho, a fin de cuentas, gracias al cocinero, ellos también tendrían un buen desayuno.
Ahora, el único problema sería llegar a la enfermería. Con bandeja en mano, caminó por los pasillos del barco hasta que, fueron unos cuantos ladridos, que escuchó a lo lejos, los que terminaron guiándolo hasta la puerta correcta…una que menos mal había dejado entreabierta o habría tenido que hacer malabares para que la bandeja que llevaba en sus manos no se cayera.
Empujó la puerta de madera y, solo con entrar a la habitación, los ladridos del perro se hicieron más fuertes. El animal, parado en dos patas a un lado de la camilla, movía la cola de manera insistente y, cuando notó que por fin alguien más había llegado a la habitación, saltó para quedar de frente al médico y empezó a ladrar, no con rabia, si no con la intención de llamar su atención.
—No hagas eso, despertarás a tu amo —. El hombre dejó la bandeja en el escritorio, aunque bajó el plato de plástico que había sido asignado para el animal. Lo colocó en el suelo, a un lado del potecito con agua y, sin insistir, dejó que el perro se acercara si así lo quería. —Deberías comer, si algo le pasa a tu dueño, yo me encargaré… ¡Dios! ¿Qué hago hablando con un perro? Pfff…levantarme temprano hace que se me funda el cerebro —. Se quejó, aunque sonrió al ver al animal acercarse, mansamente, hasta la comida que le ofrecía.
—Al menos eres un buen chico ¡Ah! Debo dejar de hacer esto —. Sacudió su cabeza y, sin pensarlo dos veces, prefirió caminar hasta el lavamanos en la habitación. Limpió bien sus manos y se colocó unos guantes de nitrilo antes de acercarse a la camilla. Debía examinar cualquier herida que el hombre pudiera tener, aunque…para su sorpresa —o no tanta después de los ladridos del can—, este parecía estar despertando o, al menos, esa impresión le daba.
—Jmmm… ¿Cuál era tu nombre? —Preguntó antes de cerrar su boca y mirarlo con detenimiento, analizándolo, tanto que terminó mordiéndose el interior de la boca mientras, de vista, examinaba el estado del desconocido. —¡Ah! Ares ¿Cierto? —Cuando preguntó, pasó uno de sus dedos frente a los ojos del muchacho, solo quería medir si aún tenía consciencia después de haber desfallecido en la cubierta del barco.
—¿Puedes hablar? —Solo peguntó para hacer una simple evaluación neurológica, quería saber si aún tenía memoria o si había sufrido algún traumatismo grave, a fin de cuentas, el cocinero no le explicó lo ocurrido y, evidentemente, el tal “Ares” tampoco tuvo tiempo para hacerlo. —¿Recuerdas que pasó y como llegaste aquí?
Se alejó un paso de la camilla y miró hacia el escritorio en donde había dejado la comida, la taza de café humeaba y, si él médico no tuviera problemas de olfato, podría distinguir el aroma de los pancakes con sirope de maple y café, que era más que notable en una habitación tan pequeña y cerrada.
—¿Puedes decirme si estas en condiciones de comer algo así de pesado? —Señaló a la mesa, aunque no sabía si desde el lugar del chico, podría ver bien lo que había sobre esta. —¿O prefieres algo más liviano? Con suerte, debe haber frutas en la nevera del barco —. Insistió, esperando a que el chico le hablara o, al menos, le diera una señal de que todo estaba bien, porque si era así…tal vez podría continuar su día con normalidad y sin más contratiempos.
Karmas
Vestimenta
RE: Coffee Break [Pasado] [Priv. Eros] - Eros Focalor - 14-06-2026 En su inconsciencia el sepulturero pudo escuchar palabras, y sentir un aroma. Era como café tostado junto con algo dulce que invadía sus fosas nasales haciéndolo olfatear un par de veces antes de abrir los ojos, sin mucha dificultad se incorporó casi por instinto en la cama sentándose rápidamente. Hubo un muy leve mareo proveniente de la parte trasera de su cabeza por la irrigación repentina de sangre, pero entonces se dispuso abrir los orbes ambarinos. Cuando Eros abrió los ojos, le tomó unos segundos recapitular en todo lo que había pasado. En su mente recordó quizás en blanco y negro como había pasado todo desde que llegaron a Whisky Peak hasta que lucharon junto al espadachín por proteger al perro, y finalmente desmayarse del cansancio. Abrió los ojos, contemplando no solamente al animal en cuestión si no al desconocido que parecía estar atendiéndolo ¿Debía ponerse a la defensiva? Hubiese dudado de las intenciones de cualquier de buenas a primeras, pero al menos el canino estaba bien y sus heridas... No estaban, tampoco. Era lo bueno de ser un topo, uno curaba rápido. Escuchó la andanada de preguntas que volaron hacia su dirección, asintiendo con la cabeza en respuesta. Podía recordarlo todo, y aunque los detalles del doctor que Uker había procurado tenían errores ligeros por ejemplo en su nombre, tampoco es que se hubiese equivocado por mucho. › Mi nombre es Eros, Eros Focalor. Estaba recorriendo Whisky Peak tras llegar con mi tripulación cuando vi un grupo de personas maltratando a un perrito... Ese perrito Extendió la diestra hacia el animal apuntándole con el índice para entonces devolver la atención al médico. El perro parecía contento, y a salvo ante todo, eso hizo que el hombre topo pudiese suspirar con tranquilidad. › Entonces me crucé al capitán de los Piratas Olvidados, y luchamos contra... Mas o menos cien personas para poder traer al perrito para recibir su atención médica... Parece que yo también he recibido atención médica eh... No contaba con eso, rascando su mentón pensativo ¿Le debía dinero a ésta persona? Más que seguramente, habían gastado recursos médicos, usado una cama y ocupado su tiempo en cuidarlo. No solo eso, también le había cocinado algo que, aunque quisiese admitirlo, olía delicioso. › No se preocupe por mi, he consumido una fruta que acelera mi factor regenerativo natural... Si bien requiero atención médica para acelerar el proceso, siempre que no haya una fractura o una herida permanente que requiera cirugía por lo general siempre estoy bien en un par de horas. Soy afortunado, en contraste con el pequeño que casi pierde la vida Y por ello estaba aliviado, Hyákinthos había salvado vidas ese día ¿Había quizás cumplido la mayor de las misiones hipocráticas? › Si, puedo comer... Huele muy bien a decir verdad pero no quiero abusar de su generosidad... ¿Cuánto dinero le debo? Pagaré cuanto considere pertinente para compensar su amabilidad, pero no quiero inmiscuirme en su día a día o quitarle su valioso tiempo señor... No se su nombre, ¿Podría decirme su nombre? No se levantó aún, Kiyoshi le gritaba cada vez que se levantaba de una camilla sin autorización y Alana decía que las ordenes de los doctores eran absolutas en las enfermerías, asumía que esas mismas regla aplicarían también en un barco ajeno pero... › ¿Qué barco es éste? ¿A que tripulación pertenece? ¿A que facción? ¿Seguimos en Whisky Peak? Muchas dudas, incertidumbre. El rostro inexpresivo del oriundo de Baterrilla dificultaba leer sus emociones, pero no había hostilidad o desconfianza, solo mesurada timidez. Había un atisbo pronunciado de vergüenza en él, pero debía ser un buen invitado para un buen anfritrión. RE: Coffee Break [Pasado] [Priv. Eros] - Hyákinthos - 29-08-2026 Fingir preocupación se le daba de maravilla, más aún cuando se trataba de personas que recién conocía… ¿Habría aceptado atender a un completo extraño en circunstancias normales? No, pero considerando que fue el cocinero aliado quien le pidió el favor, uno que vino acompañado de un buen desayuno, después del caos que él mismo hizo, no pudo negarse, pues una regla importante en el océano, al menos para él, era saber crear alianzas, por más frágiles que estas fueran, a fin de cuentas, nunca sabría cuando podía estar en peligro.
Por eso se encargó de hacer las preguntas correctas, por eso su rostro casi angelical y de mirada distraída mostraban un dejo de preocupación que era imposible de ignorar aun cuando se había separado de la camilla para recostarse a un lado de la mesa en la que reposaba el desayuno que se supone estaba destinado al desconocido que ahora estaba había despertado.
—Eros…claro, eso dije —. Sonrío de medio lado, nervioso, bien sabía que había vuelto a errar en otro nombre, nada raro en alguien con una mente tan distraída. —Pues es un gusto conocerte y más aún que estes bien, pero… ¿En verdad se formó una pelea tan grande por este perrito? —Ahora sí que había logrado captar su atención, algo en la historia le faltaba, porque él, simplemente, no podía entender como es que dos personas eran capaces de arriesgar, sin ninguna recompensa de por medio, sus vidas por alguien más, mucho menos por un animal. Alzó una ceja, se cruzó de brazos, incrédulo, aunque curioso por saber que tipo de persona valoraba tan poco su bienestar para hacer algo como eso. Luego miró al perro, se veía tan tranquilo a pesar de los golpes que cualquiera que lo viera creería que lo vivido se dio días antes y no esa misma mañana. —Tú si que eres un buscapleitos, perrito…mira nada más lo que provocaste.
Soltó una risa, estaba más relajado que antes, aunque aun no podía procesar lo que el chico, Eros, le estaba contando, una historia que se le hizo más mágica cuando la mención de una de esas frutas de las que tanto había oído hablar salió a colación.
—¿Ah sí? Entonces puedes estar tranquilo, pude revisarte y no tienes fracturas ni ninguna herida grave, aunque no entiendo como es eso posible luego de haberse enfrentado a 100 personas… ¿Fue gracias a la fruta? He visto a algunas personas usarlas, pero nunca he entendido su funcionamiento real, tal vez debería dedicarme a estudiarlas por un tiempo para comprender mejor…parecen más comunes de lo que uno podría pensar —. Habló al mismo tiempo que decidió agarrar nuevamente la bandeja, con sus manos enguantadas, para poder acercarla al hombre en la camilla, la dejó a un lado, en una mesita metálica con ruedas que luego colocó justo frente al hombre. —Por cierto, puedes sentarte si estas en la capacidad de hacerlo, no pienses en comer acostado…No es lo mejor para el cuerpo.
No se había dado cuenta que el perro lo había seguido y ahora se levantaba en dos patas para intentar alcanzar a aquel hombre que lo había ayudado… ¿Debía detenerlo? En teoría sí…si de verdad le interesara, pero ya había curado las heridas que los tipos le generaron al animal y si este volvía a causarse otra, ya no sería su problema, aunque…mientras estuviera ahí…Chasqueó la lengua…No podía permitir que el perro manchara con más sangre el piso de un barco que ni siquiera era de él.
Suspiró y se acercó al perro para cargarlo en sus brazos y luego sentarlo sobre su regazo para que no incomodara a su paciente, quien parecía ahora ser también aliado del cocinero, por ende…sería mejor llevarse bien con él.
—Come cuanto quieras…El desayuno quedó bien, lo hizo el cocinero del mechón blanco y puedo asegurar que su comida siempre es genial, viajé un tiempo con él después de todo y…también relájate, te saldrán arrugas si te preocupas tanto de dónde estás…No te pasará nada, si quisiera lastimarte podría haberlo hecho antes, si eso es lo que te preocupa —. Acarició el pelaje suave del perrito quien ahora parecía más relajado sobre su regazo, tal vez el can necesitaba descansar. —De todos modos, te responderé, solo…déjame ordenar mis ideas, son muchas preguntas a la vez y ni siquiera puedo recordar el nombre exacto de esta isla —. No mentía, su memoria era pésima para los nombres y eso incluía los nombres de los lugares.
—A ver… ¿Por dónde empiezo? Facción, es lo más sencillo…soy pirata o algo así, aunque la verdad me considero un simple médico, bueno, no tan simple, soy el mejor cirujano que podrías encontrar, así que si en algún momento esa regeneración tuya falla, podrías llamarme si necesitas que acomode tus huesos o si requieres un trasplante —. No le diría que él mismo podría conseguir el órgano que deseara. —Aun así, me catalogan como pirata…maldito gobierno —. Mordió su labio inferior antes de seguir hablando, no exactamente por la frustración de ser catalogado como un criminal, que bueno…si lo era, pero estaba cómodo fingiendo que no, si no porque de esa manera podía concentrarse y responder a las preguntas que el chico de cabellos azules le había hecho.
—Y con respecto a la tripulación…Jmmm…la verdad preferiría que fuera otro que te respondiera, suelo olvidar el nombre…Dead…eh… ¿Mano Muerta? ¡Ah! Eso… ¡La mano del hombre muerto! —Sus ojos se iluminaron al recordar el nombre, aunque fuera en otro idioma, del grupo al que pertenecía, uno que terminaría disolviéndose más adelante, aunque el médico aun no tuviera conocimiento sobre eso. —Y este barco no tiene nombre, no es nuestro…debemos conseguir uno nuevo, tsk…debo hablar con la sirena y el gigante sobre eso —. Divagó por un momento sin importarle si el herido podía o no entender de lo que hablaba.
—También querías saber el nombre de la isla ¿no? —. Ladeó su cabeza, esperando haber acertado en su suposición, pues por más que las preguntas hayan sido recientes, entre tantas palabras dichas por él mismo terminaba perdiéndose en sus pensamientos. —Pues no lo sé, Tequila Shot o algo así, pero te puedo describir el exterior, el ambiente es algo desértico y hay montañas de cactus gigantes, además de muchas tabernas y hostales…se nota que es la primera isla del Gran Line —. Sonrío al decir eso último, al menos si que recordaba el nombre del mar por el que viajaban y ¿Cómo no? Si era el famoso cementerio de piratas.
—¿Eso te deja más tranquilo? Espero que si, porque no quisiera que el cocinero entrara aquí y te encontrara con un ataque de ansiedad o algo por el estilo, aunque… ¿De verdad estas bien? No eres el más expresivo… ¿Debería preocuparme o es solo tu manera de ser? No quiero creer que estas ocultando algún tipo de dolor —. Lo cierto es que dudaba de eso último, el hombre se veía como alguien sano, alguien que podría ser un perfecto donador, a menos que tuviera algún tipo de vicio que provocara que sus órganos se fueran deteriorando lentamente, pero…El médico parpadeó luego de pensar en aquello, luego movió su cabeza de lado a lado, quitándose el pensamiento de la cabeza… ¿Qué le pasaba? No podía tratar a un posible aliado como mercancía, por más que supiera que todos podían llegar a tener un valor en berries si se sabía con quien negociar. Aclaró su garganta y volvió a mirar al chico, esta vez queriendo expresar algo más de preocupación en su mirada.
—Ah, por cierto… ¿Puedes dejar de hablarme de forma tan…formal? Me hace pensar que estoy en un trabajo de oficina o con la mafia, es incómodo y ¡Lo olvidaba! Mi nombre…Soy Hyákinthos…Aunque puedes llamarme Hyak o Cherry, por el color de mi cabello ¿Sabes? Alguien dijo alguna vez que eran como las flores de cerezo —. Jugueteó con un mechón de su cabello antes de continuar hablando. —Y con respecto al dinero…Jmmm…La verdad es que…
Meditó por un momento la oferta, podría cobrarle, claro que sí, para empezar porque no era veterinario y había tenido que gastar insumos en un perro, pero, tampoco sabía cuanto cargaba el hombre encima y tampoco si podía obtener algo más interesante que los berries.
—…Déjame pensarlo. No sé mucho de ti, nada más que eres conocido del cocinero y que serías capaz de arriesgar tu vida por un perrito, entonces…Cuéntame más… ¿A qué te dedicas? ¿También eres pirata? Asumiría que si solo por tus amistades —. Y con ello se refería solo a Uker. —Pero prefiero evitar las suposiciones, entonces…dime, si hubiera algún otro pago que pudieras hacer que no fuera con berries ¿Con qué podría ser? Es que… ¿Sabes? Tengo mis maneras de siempre conseguir dinero, pero conexiones…eso es más difícil, así que, hablemos y antes de irte de mí “consultorio” veamos si decido cobrarte en berries o en favores —. A pesar de sus palabras, el tono de su voz era suave, tranquilo, incluso algo aburrido, como si estuviera hablando del clima y no de un posible trato con alguien que, a su manera de ver, tal vez también era un pirata.
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