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[Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Versión para impresión

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[Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Yuuki - 27-03-2026

Día 70 de Verano || Año 15


Era un nuevo día en Baterilla. Y para Yuuki eso significaba un día más de aburrimiento. Bueno. No exactamente. Pero era que ese día no iba a poder escaparse para hacer sus constantes apuestas. O bueno, ya no podía escaparse más. Desde que la vieron apostando al inicio del día con uno de los guardias en un juego de "piedra, papel o tijera", la castigaron y pusieron a otro guardia a que la acompañara todo el día mientras ella hacía mandados y diligencias para la familia. Iba a tener que llevar mensajes de parte del cabeza de familia al alcalde de Baquella, pero antes de eso, iba a tener que llevar unos documentos mercantiles a un hombre que partiría al día siguiente y que se estaba quedando en una casa al sur del Baquella.

Aburrida, caminó llevando uan mochila con los documentos y los mensajes. Y detrás de ella, un guardia birkaniano la acompañaba. Se podía notar el mal humor en la pelirrosada. Pero no tenía otra opción más que obedecer. Así eran las cosas con su familia y así iba a estar hasta que llegara aquél evento en el que tuviera que dejar la isla y volverse una fugitiva.

—Te lo dije. Ciertamente puedo cuidarme sola, no hace falta que vengas. —Sonó más a queja que a afirmación. Y es que lo era. Incluso se veía que sus dedos ya estaban tamborileando otra vez fuera de su control.

—Y ya sabe que me dio una orden su padre. Así que terminemos con esto pronto, que yo también quiero volver. No logré comer. Y por su culpa, niña Yuuki.

—¡Ya no soy una niña! Tengo... eh... más de treinta ya...

—Y sigue dándole problemas a sus padres. ¿No le da vergüenza?

Yuuki suspiró y decidió no responder. Por supuesto que sentía que estaba desperdiciando su vida. Ella quería ser libre y recorrer el mundo. No pudrirse siendo la muñequita bonita de una casa que nunca iba a reconocerle nada. Desde la muerte del abuelo, todo había sido cumplir reglas y seguir las órdenes de sus padres. Se quejaban de ella. Pero tampoco permitían que ella lograra encontrar su lugar dentro de esa familia. Llegaría el día en que ella finalmente se iría. Y lo haría izando una bandera negra.

Continuó caminando hasta llegar a aquél pueblo al sur de Baquella. Se detuvo en una esquina y sacó de su mochila la hoja con las instrucciones que le habían dado. Por alguna razón decidió no leerla antes y ahora consideraba que sería buen momento, pues no tenía ni idea de cómo lucía la persona a la que buscaba o dónde exactamente encontrarla. Así que abrió la hoja luego de poner la mochila en el suelo. Y entonces empezó a leer, dando un paso y queriendo ubicarse mejor... el problema es que nunca lograba ubicarse bien. ¿Cuál era el este o el oeste? ¿Y porqué se llamaban parecido? Desearía tener una brújula...

Se empezó a estresar en breve y el guardia quiso ayudarla. Y con los dos descuidados, no tardó un ladrón oportunista en pasar y en llevarse la mochila mientras corría a toda velocidad. Los dos se dieron cuenta y el guardia pidió a Yuuki esperar mientras él alcanzaba al delincuente. Y así, ahora estaba el doble de perdida en un lugar que se suponía que conocía bien. ¿Porqué no escribieron el nombre de la posada y ya?


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Kiyoshi Maeda - 29-03-2026

— ¿Seguro que estará bien? Comentó que es la primera vez que viene a esta isla, ¿no es así?
— Eres un tonto. Soy lo suficientemente capaz como para llegar, hacer mi trabajo e irme sin problemas. — Eso es lo que dice, mas no lo que se podrá llevar a cabo en la realidad.

Como es habitual, Kiyoshi llega a una nueva isla en vista de ser requerido por sus servicios médicos. Si bien es un profesional sin una larga trayectoria, sus buenos resultados han provocado que tenga buenas referencias. Así es como se consiguen clientes, en el boca a boca. Desde este lugar se comunicaron a su residencia preguntando por sus servicios, y el médico no tardó en conseguir pasaje en el primer barco mercantil que salía de su ciudad de origen. En un principio, se mostró reacio a viajar y movilizarse tan lejos, pero fue su mayordomo y hombre de confianza quien lo convenció de ampliar sus horizontes. Para cuando sucede esta historia, sigue experimentando nervios de novato. Veamos cómo los sobrellevará.

Viste su clásico traje formal, pues la clase debe permanecer siempre intacta. En su espalda, bien ubicado se encuentra un largo bolso oscuro que llega hasta casi sus talones y se extiende hasta su cuello. Nadie sabe qué lleva ahí, pues es algo que utiliza solo en casos de extrema urgencia. En la mano derecha porta un maletín negro, que de tan solo verlo se entiende que es bastante caro por el material del que fue confeccionado, en el cual transporta todo su equipo médico.

Ni una pizca de sonrisa se encuentra en su rostro, solo enseñando esa expresión seria y casi de enojo al pasar. Todo aquel que se cruza en su camino, se aparta. Inmediatamente lo identifican como un tipo de malas pulgas de los que es mejor alejarse. Esto a Kiyoshi no le molesta, pues disfruta de tener su espacio y no tener a tantos tontos rodeándolo desde tan cerca. Lo curioso es que detrás de esa cara de enojón se encuentra la duda y la preocupación… de que se ha perdido. No sabe cómo ubicarse para encontrar el sitio en el que deben recogerlo, y preguntar por ayuda sería admitir que el marinero que lo trajo tenía razón. Eso nunca.

— Veamos… No puedo ser tan tonto, solo es una tonta isla en la cual hay tontas edificaciones y una debe ser la correcta. Inadmisible sería haber estudiado tanto como para fallar en meramente llegar a mi lugar de destino. Qué patético. — Habla solo y en voz baja, tras detenerse en seco en medio de la calle. La mano zurda está posada en su barbilla mientras se pierde en sus pensamientos, ignorando involuntariamente todo lo que sucede a su alrededor. Y aquí es donde comienza la verdadera historia.

Kiyoshi, a pesar de alcanzar los dos metros de estatura, físicamente es flacucho y bastante débil. El vil asaltante, a pesar de ser más pequeño, lo derriba con facilidad al momento de impactar. Sin embargo, al estar siendo perseguido, su cuello estaba girado hacia atrás, viendo de soslayo al protector de la niñita malcriada con ansias de alzar el vuelo. Por lo mismo, choca de improvisto con el pobre médico que nada tiene que ver con el asalto. Ambos terminan en el suelo, siendo el pelinegro quien se lleva la peor parte, pues termina boca abajo y con el otro encima suyo.

— Mierda… ¿con qué diablos choqué? — Dice el malnacido, para luego levantarse a duras penas y fijarse en Kiyoshi debajo suyo. — ¿Quién diablos eres tú, larguirucho, y por qué me estás estorbando? ¿No ves que estoy ocupado? — Ah, o sea que es Kiyoshi el culpable de todo. Imposible es que un gruñón como él no salte ante tal acusación, así que se levanta, se sacude la ropa y lo mira hacia abajo tras apegar su pecho al suyo. — ¿Qué estás diciendo, maldito tonto? ¿Ensucias mi ropa y, encima, te das el lujo de culparme? Te volaré la cabeza. — Y claro, no es el golpe lo que le molesta a Kiyoshi, ni siquiera que le culpe, sino que le ha hecho ensuciar por tirarlo sobre la tierra.

Sin embargo, esta pequeña confrontación se ve interrumpida porque, entre tanta cháchara, el tiempo es suficiente para que el perseguidor llegue con ellos, siendo visto por Kiyoshi. — ¿Acaso ese de atrás es tu tonto amigo? — De inmediato, el ladrón se voltea. — ¿Ese de… atrás?

OFF ROL



RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Yuuki - 03-04-2026

El guardia que acompañaba a Yuuki era un birkaniano de unos tres metros de altura. Llevaba un poncho encima que le cubría el cuerpo por completo, exceptuando las alas. La cabeza la llevaba destapada, pero tenía un happuri que le cubría la frente y las mejillas. El poncho era de color negro, al igual que el happuri. Vestía también unas tabi, de color negro igualmente. Era obvio que no era un ladrón de calle y, por esto mismo, hizo un gesto de fastidio en cuanto escuchó del humano que era amigo del carterista que les había robado instantes atrás. Sin embargo, además del gesto, no dijo nada.

El guardia agarraría al ladrón de la ropa a nivel del pecho y lo levantaría. No fue un movimiento realmente rápido. Más bien parecía ser lento. Se notaba que no era precisamente joven y, aunque era movimientos diestros y poseía una fuerza considerable, no era realmente el más rápido que el hombre a quien el ladrón chocó hubiera visto.

—Voy a entregarte. —Le dijo al ladrón en un tono inexpresivo. Pero la pinta seria se le fue cuando escuchó a Yuuki gritando mientras se acercaba corriendo.

—¡¿CÓMO SE TE OCURRE DEJARME SOLA?! ¡A MI! ¡TIENES SUERTE DE QUE PAPÁ NO PUEDE DESPEDIRTE! ¡TONTO! —Y empezó a pegarle con sus delicados y débiles puños en la espalda—. ¡BRUTO! ¡IRRESPONSABLE! ANIM-

La mujer dejaría de golpear en cuanto viera al sujeto de la mascarilla.

—¿Y este quién es? —Preguntaría en un tono tontorrón. El guardia giró lentamente la cabeza, pasando su atención de Yuuki al hombre aquél.

—Es cierto. Se nota que no eres de aquí. ¿Conoces a este ladrón? —Preguntó el guardia para luego ser interrumpido por la pelirrosa.

—¡Por supuesto que no lo conoce! ¡Cabeza hueca! Si hasta va bien vestido... y mírale la cara... y el porte... —Yuuki se ruborizaría—. ¡Jrah jrah jrah jrah! Esta claro que fue quien detuvo al delincuente. Deberías recompensarlo. Sí. Sí.

El guardia echaría un suspiro. Ya conocía bien a Yuuki y sabái que algo se le había ocurrido a la niña berrinchuda solo con la excusa de no hacer lo que se le había pedido. A veces deseaba que ella se comportara como una mujer de su edad... pero a lo mejor así eran las personas cuando nunca habían tenido que pasar necesidades. Así pues, y manteniendo al ladrón aún en lo alto con su mano izquierda, sacó la mano derecha del poncho para ponerla frente al pecho y hacer una reverencia formal.

—Gracias por detener al delincuente. El bolso que se había llevado era muy importante. —Dijo el guardia mientras Yuuki hizo una reverencia al mismo tiempo, aunque con las manos juntas y al nivel de la cadera.

—Creo que ya me puedo ubicar de nuevo en el pueblo. Seguiré el plan que acordó papá. Lleva al ladrón con los que se ocupan de los delincuentes así. Y luego nos veremos en la casa del alcalde. Yo discutiré con el héroe anónimo la recompensa. —Asumía que el tipo se iba a quedar con ella. ¿Y porqué no? Si era lindísima y además sonaba como si tuviera seguridad y confianza de que todo lo que ordenara, se cumpliera. Aunque no era más que su egocentrismo una vez más.

—Mi nombre es Yuuki. Gracias en serio por ayudarnos. ¿Te molestaría acompañarme el día de hoy? Te pagaremos. Das más seguridad que el gigante que me pusieron a seguirme... —Dijo Yuuki susurrando al humano, aunque fallando en el proceso y haciendo que el guardia simplemente suspirara y se marchara con el ladrón colgando de un brazo.


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Kiyoshi Maeda - 03-04-2026

— Qué molesta. — Ese es el primer pensamiento que llega a la cabeza de Kiyoshi en cuanto Yuuki entra en escena. ¿Cuál es la necesidad de gritar de esa manera? Solo afecta a las neuronas del resto. — ¿Eres tonta? No hay necesidad para alzar al voz de esa forma. — Parece que no es el primer diálogo que cualquiera esperaría de una persona, pero lo cierto es que, con Kiyoshi, siempre debes esperarte un insulto de buenas a primeras. No hay forma posible de que no sea así. Menos cuando se refiere a él como “este”. — Parece que en esta isla no conocen lo que es la educación. Bueno, eso no es problema mío. — Por si alguien se pregunta, no, Kiyoshi no se percata que decirle tonta a la gente también es una falta de educación. Podemos decir que es tan natural para él decir esa palabra, que ni se da cuenta. Le sale inconsciente.

Entendiendo lo que ha ocurrido, que viene a ser la frustración de un robo, ya toma su maletín y se dispone a retirarse. Sin embargo, es frenado por los agradecimientos que la parejita decide darle. — Si quieren pagarme de algún modo, que sea pagándome la tintorería. Mi traje se ha llenado de polvo y me da bastante asco. — Se le nota en los ojos el desagrado de estar sucio, procediendo a sacudirse de nuevo con esas manos enguantadas.

El grandote se marcha con el ladrón y Kiyoshi queda a solas con la fémina. Sinceramente, este escenario no le gusta. Los gritos que pegó la pelirrosa nada más llegar provocó que le causa una mala primera impresión al médico, y cuesta mucho cambiar esto. — Creo que te estás confundiendo. No estoy aquí para buscar compañía femenina, estoy aquí para trabajar. — Sin embargo, de entre todas las cosas que menciona Yuuki, Kiyoshi identifica algo que puede servirle. Para poder comunicarse mejor, alza la diestra hasta su rostro para bajar la mascarilla que oculta su boca y así se le pueda escuchar más claro. — Mencionaste la casa del alcalde, ¿no? Alguien que se reúne en un sitio tan importante debe conocer la isla. Después de todo, quizás sí puedas ayudarme.

Acto seguido, introduce la mano dentro de su chaqueta, específicamente en el costado izquierdo. Los dedos ingresan al bolsillo correspondiente de la camisa, extrayendo un papel con ciertas indicaciones. Ahí se menciona en dónde lo esperará el cliente que contrató sus servicios a distancia. Sin embargo, Kiyoshi ha visto imposible seguir las instrucciones. Después de todo, no es un tipo dedicado a viajar por distintas islas y a movilizarse por sectores desconocidas. Se lo tiende a la contraria.

En el papel, Yuuki podrá encontrar que, quizás, siempre estuvo predestinada a encontrarse con Kiyoshi, ya sea porque la persona que busca es cercana a ella, o porque le conoce por algún motivo en particular. Lo importante es que sea capaz de apoyar al doctor.

— Soy el Dr. Kiyoshi Maeda. Vengo desde el Reino de Briss a atender un paciente. Se contactó conmigo mediante otro cliente que tengo, así que no le conozco en persona. Quedamos en encontrarnos por estos días. No es profesional de mi parte visitarlo con la ropa sucia, pero no queda de otra. Ya me disculparé como corresponde. — Cada vez que menciona su vestimenta manchada, su tono de voz disminuye, expresando tristeza. Parece que le da extrema importancia a la limpieza, si es que, por sus movimientos, hasta pareciera que le da asco tocarse a sí mismo. Y eso que no es nada grave, solo un poco de polvo.

Termina por toser dos veces, cubriéndose la boca con el antebrazo.


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Yuuki - 09-04-2026

Y de haber sabido que el extraño era un ser repelente y neutro, habría pedido ser ella la que llevara al ladrón con los guardias. Pero ya el escolta se había marchado y solo le quedaba completar lo que fuera que tuviera que hacer para su familia. Sin embargo, recibió el papel que le daba el hombre y, mientras lo leía, escuchaba lo que tenía para decirle. Y asentía con movimientos de su cabeza conforme hacía un gesto de tonta, concentrándose en la lectura y en las indicaciones. Si tan solo no fuera una tarada de primera en seguir instrucciones o indicaciones, seguramente habría podido dar inmediatamente con el sitio al que el hombre necesitaba llegar.

Se tardó un poco más en terminar de leer, mostrando no ser precisamente brillante, aunque al final sonrió. El sujeto se había presentado con el nombre de Kiyoshi Maeda. Y era un doctor. Y el sitio al que quería llegar era familiar para ella. Sin decir aún una palabra, devolvió el papel al hombre. Su expresión era neutral ahora, no parecía estar mostrando ninguna reacción a lo que él había dicho -aunque sí que le molestaba que fuera un sujeto tan especialito-. Abrió la bolsa que había logrado rescatar y luego de mirar dentro y revolcar entre papeles y otros elementos, sacó un papel que estaba escrito a mano.

Luego de leerlo, lentamente también, sonrió y agitó el papel una vez, solo le faltó decir "¡Eureka!". Aunque sí que se oyó un "¡Ja!" ahogado mientras ella enseñaba el papel a Kiyoshi con una sonrisa de oreja a oreja. Y sonreía con confianza.

—Vamos a ver a la misma persona. Sí, sí. Y las indicacioens que te dieron estan mal muy mal. —No estaba mal, solo que ella no pudo leerlas bien—. Pero puedo guiarte. Así que al final nos vamos a ayudar los dos. Y de paso buscamos la tintorería para que puedas tener un traje limpio mientras se ocupan del tuyo... ya que tanto te molesta.

Se cruzó de brazos luego de echarse la bolsa al hombro y cerró los ojos, mostrándose confiada y como si quisiera que la alabaran por lo que acababa de proponer. Y bueno, es que a ella le gustaba que le aplaudieran por los momentos en los que era mínimamente normal.

Y sin esperar a la reacción de Kiyoshi, que obviamente ella esperaba fuera de adoración y admiración -porque está loca-, empezó a andar con un brazo apuntando al frente de su camino. Sabía, por supuesto dónde era que tenían que ir ahora, pues en las indicaciones de Kiyoshi finalmente tenía el nombre del lugar que había olvidado. Pero lo que no iba a seguir eran las indicaciones óptimas que estaban en el papel del médico, sino las suyas propias, que tenían varios giros por la misma manzana y desvíos completamente innecesarios que hacían el viaje el doble de largo.

—Tu solo sígueme y confía. Hablas con Yuuki. Yo crecí en este lugar, lo conozco tan bien como el patrón triangular de mis alas. Ciertamente. —Y no era triangular, sino en forma de diamantes, pero era algo que solo notaría otra persona con alas. Aún así, a ella le gustaba presumir de lo que otros no sabían... o creía que no sabían.

Luego de dar la vuelta a la misma manzana por primera vez, cambió de dirección y siguió guiando.

—Por cierto, no es necesaria la mascarilla aquí. Hace algo de calor. ¿No te parece excesivo? Igual el aire es limpio limpio. Seguro que te gustará. ¿Porqué no te la quitas y tomas una bocanada así, mira... —Y abrió la boca grande y aspiró con profundidad. Para una mujer de más de treinta, no se comportaba para nada a la altura de su edad.


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Kiyoshi Maeda - 13-04-2026

Ah, conque las instrucciones que le dieron están mal. No debe ser error de Kiyoshi, pues él anotó específicamente lo que le dijeron. Sin embargo, al aceptar estar perdido, se muestra humilde a aceptar las palabras ajenas. Por lo tanto, cree totalmente en las instrucciones que le da la pelirrosa, procediendo a seguirla. No camina a su lado ni por delante, sino desde atrás, manteniendo un metro de distancia. Controla la velocidad de sus pasos para no disminuir esa diferencia en ningún momento. Ya pronto se explicará el motivo de esto.

Mientras avanzan, obviamente se le hace raro el camino, mas no emite comentario alguno. ¿Será que los caminos del pueblo son distintos a lo que está acostumbrado, o simplemente la muchachita frente a él está más perdida todavía? Cuando está a punto de interpelarla, ella alza la voz. — No importa el aire, tonta. Hay polvo por todos lados, no veo a ningún funcionario de la limpieza cerca. — De hecho, a la vez que habla, extrae de su maletín un pequeño frasquito al que, tras presionarle un botón, rocía cierto líquido sobre su ropa. Luego, lo frota un poco con el guante que porta en la mano diestra, apartando ciertas partículas de polvo que sobresalían del resto.

— Soy asmático. Si respiro mucho polvo, toseré demasiado. Uso la mascarilla para evitarlo y, en caso de toser, no molestar al resto. Si te pegase un resfriado, me vería en la obligación de atenderte gratis y eso no sería profesional de mi parte. — Aun así, lo haría. Aprovecha que ya comparten diálogos para saciar su curiosidad médica con algo, y también cierta incomodidad. Así podrá conocer mejor a quien le hace de guía y hacerse una opinión más correcta de su persona. — ¿Puedo preguntar cómo te hiciste esa tonta cicatriz? Se ve que fue bien tratada, por lo que me gustaría saber el motivo y si sabes qué te hicieron al tratarte. — Tal vez no le responda con un lenguaje tan técnico, pero lo que pueda decirle será útil. Para este entonces, Kiyoshi no lleva demasiado tiempo trabajando tras terminar sus estudios, por lo que todo conocimiento y experiencia nueva que pueda entrarle a su mente es positivo para su crecimiento.

Si se lo preguntan, sí, es bastante directo incluso en un tema que puede ser delicado para la otra persona. Los médicos, quieran o no, aprenden a ser insensibles con esta clase de cosas luego de un tiempo. Además, si le sumamos que casi toda su vida la pasó encerrado sin demasiado contacto con el mundo, la empatía es algo que le ha costado desarrollar estos últimos años. En más de una oportunidad ha tenido líos por la ausencia de tacto a la hora de abordar ciertos temas, y aunque en el momento intenta no darle importancia, lo cierto es que más tarde sí hace una autocrítica en virtud de su avance. A fin de cuentas, consiente es de que lo psicológico es tan o más importante que lo físico.

Ahora sí, tras tanto caminar y no llegar a ninguna parte, además de percatarse de ciertos movimientos en círculos que termina trayéndolos al mismo lugar, se enfada un poco y engruesa la voz, apurando el paso para interponerse en el camino de Yuuki y voltearse para chocar con ella en caso de que no frene por iniciativa propia, quedándose de frente. — Ya di adónde me llevas. Si buscas marearme para luego asaltarme, que sepas que sé cómo defenderme. Solo busco el hogar de mi paciente, nada más. — Sus ojos, cada tanto, se desvían hacia los costados, percatándose de la presencia de más civiles. Aunque mantienen la distancia, podrían escucharlo en caso de levantar la voz pidiendo ayuda.

Y es que Kiyoshi no es el tipo de hombre que subestimaría a alguien por su género, así que no ve en Yuuki a alguien inofensivo por el mero hecho de ser mujer. Es un tipo que desconfía de su propia capacidad física, pues sabe que no es su fuerte, por lo que cualquiera que se atreva a atracarlo, él buscará ayuda en algo más, no en sus puños. — Habla, tonta, ¿qué escondes?


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Yuuki - 18-04-2026

Con el repentino cambio de Kiyoshi, ella no tuvo otra opción que parar en seco, justo antes de estamparse contra el pecho del médico, que ahora parecía una torre de mal humor bloqueándole el paso. El muy altanero se atrevía a acusarla de querer asaltarlo, creyéndose muy importante, claro. La pelirrosa parpadeó un par de veces, procesando la idea, y luego estalló en una carcajada tan genuina que tuvo que sujetarse el estómago para no perder el equilibrio.

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH! —La risa era la de un chancho. Sin lugar a dudas.

—¿Asaltarte? ¡Ciertamente! —exclamó entre risas, secándose una lágrima que le había logrado salir con el dorso de la mano—. Mírame, doctor. ¿Tengo cara de necesitar lo que llevas encima? Mi familia tiene más oro del que necesites nunca, aunque hoy me tengan haciendo de mensajera gracias al tirano de mi padre. Si quisiera robarte, no te daría paseos; simplemente dejaría que el guardia te juguete. —Se cruzó de brazos. Y aunque se había ofendido, lo que había dicho sonaba más en tono juguetón y amable. Era la gracia de su voz.

Sin embargo, cuando él mencionó la cicatriz, la risa de Yuuki se desvaneció un poco. No se puso sentimental, pero se pasó un dedo por la marca de su rostro con un gesto distraído, casi mecánico, mientras su mirada se perdía un segundo en el vacío.

—Esta "tonta cicatriz" es un regalo de cuando intenté volar más alto de lo que mis alas permitían en un día de tormenta. —Asintió con tranquilidad mientras mentía. No podía volar. Pero no todos tenían que saberlo—. Mi abuelo me curó. No sé qué me puso, pero ardía mucho —respondió con una encogida de hombros, recuperando su tono burlón casi al instante—. Pero tienes razón en algo, Doctonto... estamos dando vueltas. Es que este callejón antes no tenía esa carreta ahí y me ha confundido el ángulo del sol. —Para cuando solo quería cubrir su estupidez, sí que era mala mentirosa.

Se llevaría el dedo índice a su labio inferior y duraría así un segundo. Absolutamente nada. Entonces se acercó un paso más a Kiyoshi, invadiendo su espacio personal sin importarle lo que había dicho de su asma. Le arrebató el papel de las manos otra vez y lo giró 180 grados, frunciendo el ceño mientras volvía a balbucear las indicaciones en voz baja. Obviamente no entendía una reverenda mierda.

—Claro, es que está al revés. El norte está para allá, ciertamente. El paciente que buscas... —se quedó callada un segundo, comparando la dirección del médico con el recado que ella misma llevaba en su bolsa. Sus ojos se abrieron de par en par al notar una coincidencia. Ahora sí que había encontrado algo—. Espera un momento...

Yuuki sacó su papel arrugado y lo puso justo al lado del de Kiyoshi, señalando un nombre con el dedo índice.

—Mira, este paciente al que vas a ver... es el mismo hombre al que yo tengo que entregarle estos documentos. ...Qué divertido... —Hizo un mohín de decepción junto al sarcasmo, como si le molestara que el destino fuera tan predecible—. Es un viejo amigo de mi padre que se hospeda cerca de los muelles.

Se giró sobre sus talones y, esta vez, señaló una dirección distinta. Luego se quedaría quieta un momento, observando al médico de arriba abajo, deteniéndose especialmente en el bulto sospechoso que llevaba a la espalda.

—Ahm, una cosa más, hipocondríaco... —dijo ladeando la cabeza con curiosidad y aunque hablaba sin respeto alguno, seguía manejando el tono amable de siempre—. Si te llevo directamente allí, luego, ¿me dejarás ver qué guardas en ese bolso tan largo? No te voy a asaltar, pero ahora que lo dices, suena interesante saber qué te cargas encima.

Yuuki arqueó una ceja, esperando ver si el doctor cedería ante su curiosidad o si soltaría algún otro insulto sobre su falta de educación. Estaba claro que, para ella, el camino apenas comenzaba a ponerse interesante. Igual luego comenzó a andar. Pese a que la curiosidad le ganaba, había hecho un trato antes con él y tenía que cumplirlo... pero nada le impedía hacer un trato nuevo, ¿O sí?


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Kiyoshi Maeda - 18-04-2026

Por supuesto, aquella tonta risa le molesta, y la expresión que muestra su cara lo hace ver. ¿Qué se creía esa tonta niña insolente que tiene delante? Kiyoshi llega rápidamente una conclusión, la cual no se calla y comparte en voz alta. — Ya veo, solo eres una chica mimada llena de dinero. Por gente como tú es que siempre odiaba cuando mis padres llevaban visitas a casa. — Pues sí, su familia siempre se caracterizó por reunirse con personas importantes, y el médico, en su infancia, odiaba que fueran hasta su domicilio. Le obligaban a compartir y, por su crianza, estaba acostumbrado a la soledad. No tener extraños cerca suyo le daba relajo, igual que en la actualidad.

Algunos pueden pensar que es curioso que no le saque en cara el hecho de que ella amenace con utilizar su guardia para encargarse de él en caso de robarle o algo similar, pero la realidad es que Kiyoshi no ve eso como un aspecto negativo. Él también ha contratado seguridad para sí mismo, pues involucrarse a golpes con alguien agresivo no es propio de un tipo como él. Es consiente tanto de sus fortalezas como debilidades, por lo que siempre prefiere tener un as bajo la manga para garantizar su seguridad. Justamente, dentro de poco, Yuuki, sin saberlo, hará referencia a ello.

— Tu abuelo hizo un buen trabajo. Si sigue vivo, espero conocerlo algún día. — Como dato, Kiyoshi no conoció a los propios. — Lo que no hizo bien fue educarte. ¿Cómo te vas a confundir tanto con una dirección si vives en la isla? ¿Acaso todos aquí son tan tontos como tú o simplemente eres una excepción? — Golpe bajo, pero está perdiendo la paciencia. Ya llevan mucho caminando, si a eso le sumamos la caminata desde el puerto y luego caída por el choque, la fatiga que ataca a su cuerpo ya le pasa factura. Está cansado, y se nota en el sudor que cada vez es más palpable en su frente. La respiración también se le nota algo agitada, escapándose de vez en cuando la tos propia del asma.

Quiere llegar pronto a su destino y descansar. ¿Es demasiado pedir?

Afortunadamente, ya parece estarse avispando, y ya era hora. El dolor de cabeza ya empieza a surgir en Kiyoshi, quien procede a sobarse la misma durante unos segundos. No le cae muy bien la gente con coeficiente intelectual reducido, caso que parece ser el de Yuuki. Eso sí, la opinión puede cambiar en caso de que lo lleve a su destino. — ¿Eso significa que deberé estar más tiempo contigo? ¿O solo entregarás los documentos y te irás? — No está seguro de qué es lo mejor para él. — Recuerda el asunto de la tintorería. Además, deberás disculparte en mi nombre con mi paciente, pues no corresponde visitarlo en su domicilio con una ropa llena de polvo. — Parece que, tras cada segundo que pasa, Kiyoshi coloca sobre la espalda de Yuuki más y más responsabilidades.

— Mi nombre es Kiyoshi. — Aclara rápidamente. — Podemos hacer un intercambio mucho mejor. — No esconde que sus ojos se dirigen a la espalda ajena. No abajo, malpensado, sino arriba. — No tengo reparo en mostrar lo que tengo oculto en la espalda. Sí preferiría que no sea en un sitio concurrido, pues puede ser incómodo para el resto. — Aunque no sea su objetivo, quizás estas palabras eleven más la curiosidad de Yuuki al respecto. — Si te enseño, pido a cambio que me dejes analizar tus alas. Eres la primera persona que veo con esa característica y profesionalmente me llama la atención.

¿Tan rara es una persona con alas en el South Blue? Quizás no, pero con Kiyoshi nos referimos a un tipo que ha pasado gran parte de su vida dentro de las paredes de su cuarto. No conoce demasiado del mundo. Podemos concluir que su interés en el par de alas no es solo como médico, sino también por esa ilusión que tenía de niño por ver qué había en el exterior, pero que con el tiempo esa llama se fue apagando.

— ¿Qué tan lejos estamos de la casa del paciente? Estoy cansado y necesito reposar. Una vez lo atienda, podemos seguir hablando de negocios. ¿Te parece bien, tonta?

Ah, y para que no quede nada en el tintero. — Y deja de acercarte tanto. Mantén una distancia prudente. — Pero ¿acaso él no se ha acercado antes también?


RE: [Pasado] Día de hacer mandados|Priv. - Yuuki - 30-04-2026

—Diji di icirquirti tinti. Mintin ini distincii pridinti. —La más madura.

Al fin tenía el nombre del doctor y luego de que le había imitado, poniendo una cara de burla, se cruzó de brazos y pensó en el trato que le había ofrecido ahora. Bueno, era un cambio al trato original que ella ya estaba buscando cambiar, por lo que lo consideró justo. Al final era una forma de negociación y, si lo quería ver de esa manera, una apuesta por divertirse ese día mientras seguía cumpliendo con lo que le pedía su familia. Así que en lo que pasaron tres segundos de pensar, ella extendería su mano derecha a Kiyoshi y mostraría una sonrisa más confiada que antes, pero sin ser burlona. Hasta daba la impresión de ser alguien más en sus cabales con ello.

—Trato hecho, Dr. Kiyoshi. —Y luego de decir aquello, se quitó una pluma de las alas, una de las pequeñas. Y se la pasó al hombre para que la fuera revisando mientras iban de camino.

Con eso también podía distraerlo mientras ella lograba recordar el camino a la casa que se suponía que debía de encontrar para entregar los documentos de su padre. Igual tampoco olvidaba la tintorería para limpiar el abrigo del doctor.

En vista de que, realmente, no recordaba el camino por su cuenta, supo que tenía que hacer algo de trampa. Así que le entregó todo lo demás que cargaba consigo al hombre y dio unos pasos para alejarse de él. No dijo una sola palabra, pero se le veía contenta y confiada... justo como alguien que hace trampa. Y bueno, no es que fuera realmente trampa el usar sus habilidades para cumplir con diferentes objetivos; pero si aquello fuera una competencia, ella estaría usando ventajas que el otro claramente no tenía.

Estando a unos dos metros de Kiyoshi, extendió sus alas y se agachó. Y después, impulsándose con sus piernas y con un batido poderoso de sus alas, se elevó por encima de los techos. Casi se mantiene a flote un par de segundos y luego cayó, amortiguándose con las alas nuevamente. Kiyoshi notaría que aquél salto le había costado esfuerzo a la pelirrosa, por lo que quedaba claro que: O no podía volar, o era demasiado débil para sostenerse con sus propias alas. Y podían ser las dos cosas, perfectamente.

—Listo. Ya lo encontré. Vamos de una vez, ¿Quieres? Y también ya vi la tintorería. Parece que está abierta. ¿No has pensado en comprar un sombrero también? Uno de copa. Se te vería bien... —Le quitó las cosas que le había dado antes y guió el camino. Esta vez parecía que sí que sabía del lugar al que tenía que dirigirse y no era solo una fachada para cubrir que se habái perdido sola entre las calles del pueblo.

Realmente no estaban lejos del lugar donde se habían parado antes y Kiyoshi notaría, claramente, que pasaron por ahí una vez antes. La tonta se había perdido y ya no había dudas. Pero gracias al truco del salto, logró retomar el camino y llevar al doctor al lugar donde debía de ir. Tan pronto estuvieron en la puerta de la casa a la que tenían que entrar, Yuuki se adelantó y tocó la puerta con bastante fuerza y siendo un incordio total, parecía una niñita en todos los aspectos del comportamiento. Y pensar que ya había pasado la veintena hacía diez años...

—Vengo de los Suo. Abran la puertaaaa ...ah, ¡y viene un doctor también!