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Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Versión para impresión

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Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Maki D. Zen'in - 28-03-2026

El pueblo de Bighorn era un pueblo tranquilo, pero demasiado, aun así, en los alrededores de dicho lugar estaba empezando a ocurrir un problema mas o menos importante, al menos para los lugareños. Los suministros de carne, piel y grasa estaban empezando a escasear, incluso los pocos cazadores que se atrevían a aventurarse fuera del pueblo por cacería estaban empezando a volver sin presas. Solo los mas afortunados encontraban animales o trozos de ellos despellejados a la orilla de los caminos. Los rastros de que ocurría eran difíciles de rastrear pues las intensas nevadas comenzaban a ser intensas a pesar de ser verano.
 
Tom Ragadast era un oficial viejo y desaliñado que “Protegía” La zona, poco se movía en su trineo tirado por perros y nunca encontraba nada de importancia cuando intentaba dar con alguna pista de lo que ocurría. Incluso, cada que se enviaba a algún nuevo refuerzo, desaparecía inexplicablemente. Los residentes de las desgraciadas diez casas en las afueras del pueblo, las más afectadas decían que el experto Tom era tan bueno que olía el peligro o que aquello que provocaba los problemas huía de él cómo un espíritu huye del radiante amanecer.
 
El desgraciado “Guardabosques” Vivía en los limites del pueblo y siempre en su casa mantiene botellas de licor a medio rellenar, su gran afición era coleccionar licores, y uno que otro par de armas de fuego. Era un experto tirador, aunque era viejo. Se decía que cumplió una gran carrera militar en la marina para terminarlo en tranquilidad en este pueblo mas relajado y lleno de gente de bien.
 
Actualmente se espera una carreta que afortunadamente trae suministros suficientes para un mes, el motivo de que llegase al pueblo era simplemente que estaban escoltados por una comitiva de Marines que armados con rifles, espadas y varios de ellos, el problema? Los costos son demasiado altos para costear cada comitiva escoltada por tantos soldados. Por ello se ha enviado a uno de los mejores soldados de la Marina para solucionar los problemas y prestarle apoyo a Tom.
 
El viejo fumando su pipa puede ver en la lejanía el avance de la caravana. Lentamente acompañado por la comitiva de elegantes soldados de blanco y puros trajes, impolutos, de mirada seria y alguno que otro cabreado por la cantidad de nieve que caía cada ciertos días. el camino a este pueblo de mala muerte les costó casi dos días enterrados en barro y nieve. Empujando en ciertos tramos e incluso sacrificando a uno de los caballos de reserva que traían debido a la torcedura y rotura de una de sus patas, el animal se consumió completo en ese par de días, nada que ver tenia que dentro de la comitiva venían varios Minks… o si?.
 
El sargento Elias Stronheimer al ver a Tom le saludo enérgicamente como si fueran viejos amigos… —Soldados… saluden al Sargento Tom, uno de los mejores rastreadores y tiradores que he conocido… … … Soldados descarguen todo… … … Tom… vamos pongámonos al día, que agradable es verte.— Ordeno mientras palmeaba la espalda del viejo soldado y entraba a la casona a seguramente beber y beber.
 
Los soldados silenciosos unos por disciplina y otros por ira reprimida comenzaron a descargar los víveres, grasa, carne y algo de charqui de caballo. Deseaban irse de este maldito lugar, salvo los Minks que les acompañaban que con su capa de pelo parecían a gusto, algunos niños se acercaron a la tropa, entre ellos algunos con caras sucias y rostros endurecidos por el cruel clima que atacaba cada cierto tiempo. —Vienen a solucionar el problema de la comida?... papa dice que es peligroso afuera y que hay un monstruo comiéndose a los cazadores. Dicen que es un…— Fue empujado por otra niña —SKINWALKER ajajjaaj dicen que un come pieles anda por el bosque un gigante que dicen con sus garras despelleja a cualquiera que se le acerca.— Dijo sacándose los mocos. —No señor… lo que esta en los bosques es un dragón… un jodido dragón que escupe fuego he visto como algunos de los marines que vinieron antes vuelven sus cadáveres quemados en sus cuerpos como si les disparara bolas de fuego como balas, pero grandísimos… no tiene miedo?— Pregunto finalmente un niño a un Mink felino.
 
Entonces el Sargento Elías salió de la casa obviamente ebrio, dio un par de palmadas y un par de señales y los soldados se ordenaron en fila… rápidamente, los niños corrieron asustados y abrumados por el potente grito del viejo sargento. —Soldados! He recibido las noticias del ex-sargento, al parecer es un animal salvaje que ataca las caravanas por lo que solo necesita a uno de nosotros para exterminar a la bestia… voluntarios?.— Pregunto el Sargento pasando la vista por cada uno de los presentes. Tom justo en ese momento salió de la casa, con el rostro enrojecido y con un denso aroma a humo y con ojos vidriosos, toco el hombro de Elías… —Elías!!, creo que hemos encontrado a nuestro recluta. Es el… tiene buena forma… Tu soldado… con que armas desatas el infierno… da un paso al frente y preséntate!!— Dijo con una voz potente el viejo soldado.  
 
Minutos después la caravana de soldados de la Marina volvió al camino con todos los soldados salvo uno. Con suministros suficiente para tres días aproximadamente.
 
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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Kibai - 30-03-2026

La isla de Drum no tenía nada que envidiarle al clima de Roshwan, pensó Kibai mientras se quitaba los restos de nieve de la capa. Por fortuna, las luces de Bighorn pronosticaban que aquella noche al menos dormirían bajo techo con el reconfortante calor de una hoguera para guarecerse.

Si a él, que tenía una capa de protección natural gracias a su pelaje, le costaba mantener el ritmo y la disciplina en aquellas condiciones meteorológicas, no quería ni pensar en los pobres humanos que lo acompañaban. Aún así, toda la comitiva cumplió debidamente con sus obligaciones, y consiguieron llegar al pueblo sin mayores incidencias.

El mink hizo un respetuoso saludo con la cabeza hacia el viejo Tom. Cualquier persona que llegase a sus años dedicándose a lo que se dedicaba y aún por encima en un ambiente tan agreste y duro como una isla de invierno merecía ser tenido en consideración, eso desde luego.

— Soldados descarguen todo… … … Tom… vamos pongámonos al día, que agradable es verte.

Tras recibir la orden del sargento Strongheimer, Kibai se dispuso a orgnanizar los alimentos que habían traído, animando a los soldados que ponían peor cara tras el extra de trabajo encargado, mientras muchos de ellos miraban con deseo la puerta de la taberna local, con obvias ganas de aliviar el cansancio y el entumecimiento de los dedos ateridos por el frío en una buena jarra de cerveza al calor del fuego.

— Venga, venga, menos malas caras compañeros, cuanto antes descarguemos la caravana antes podremos comprobar la calidad de las hospitalidad local. — dijo Kibai dando una palmada a un joven marine que se soplaba las uñas con las mejillas coloradas del frío. Dando un ligero salto, el mink se subió al carro, comenzando a pasar los diversos bultos y cajas que habían traído hasta la aldea.

A mitad de trabajo, el mink se percató que varios niños se les acercaban hacia la caravana. Los pequeños tenían la ropa gastada y sus caras dejaban ver a todas luces que había sido una época dura, pero no parecían estar en un estado de salud excesivamente precario. No obstante, decidió abrir una de las cajas de suministros y repartió entre los jóvenes algunas de las frutas escarchadas que había conservado desde Little Garden. Las rodajas, del tamaño de un plato de postre, estaban cubiertas de una fina película de almíbar y azúcar para preservarlas más tiempo, y eran una gran fuente de energía y sabor.

"Además, a qué niño no le gusta un dulce?" pensó el mink mientras los hombres se esforzaban por acabar de descargar las últimas cajas de la caravana. A medida que repartía las frutas, Kibai escuchó lo que los niños le contaban, arrugando el entrecejo. Un dragón? Como era posible? Aquellas bestias ya no existían, si es que en algún momento llegaron a hacerlo. Sin embargo, el hecho de que los marines caídos hubiesen sido víctimas del fuego era algo a tener muy en cuenta.

— No chico, no tengo miedo — dijo Kibai al muchacho mientras se agachaba para ponerse a su altura y le alargaba uno de los discos de fruta. — La marina está aquí para ayudaros. Si mis compañeros han caísdo valientemente, nosotros estamos aquí pra terminar el trabajo que ellos empezaron. Así que cazaremos a ese monstruo, sea lo que sea, y vuestros padres podrán volver a salir a cazar al bosque sin peligro, de acuerdo?

En ese momento, el sargento Strongheimer salió del edificio, ordenándoles formar a los hombres. El mink se colocó en su puesto, sin poder evitar dirigirle una disimulada mirada de reprobación a su superior. Su fino olfato captaba bien el olor a bebida de su aliento, aunque no era necesario, ya que los ojos vidriosos y el leve arrasatre de las palabras evidenciaban de sobra que el marine había decidido comprobar la calidad de la bebida local antes de tiempo.

— Soldados! He recibido las noticias del ex-sargento, al parecer es un animal salvaje que ataca las caravanas por lo que solo necesita a uno de nosotros para exterminar a la bestia… voluntarios?

Kibai agitaba su cola de lado a lado. Aquella era una oportunidad perfecta para explorar la isla de Drum. Además, sus insectos le proporcionarían un campo de visión más amplio en el bosque.

— Señor, me gustaría encargarme de ello, señor!

Antes de que el sargento pudiese responder, el anciano al que su superior había presentado como Tom salió de la casa a su vez

— Elías!!, creo que hemos encontrado a nuestro recluta. Es el… tiene buena forma… Tu soldado… con que armas desatas el infierno… da un paso al frente y preséntate!!—

Kibai hinchó el pecho, cuadrándose en un saludo militar.

— Soldado Kibai, de la División 60, señor! 

Al parecer, la decisión debió ser del agrado del sargento Stronheimer, pues ordenó que Kibai se quedase en Bighorn para acbar con la bestia, mientras el resto de la expedición volvía a ponerse en camino. El mink los observó marcharse antes de girarse de nuevo hacia el viejo Tom, que lo guió al interior de la casa.

— Hoy puedes dormir aquí, la habitación del fondo está lista para ti. Mañana por la mañana podrmeos empezar a trabajar.

Kibai asintió mientras seguía a Tom. La habitación era sencilla pero funcional, una cama estrcha contra la pared, una mesilla de madera y una silla en un rincón. El mink se estiró la espalda, dejando su petate encima de la cama.

— Si no le importa, necesito salir un momento a respirar aire fresco, señor. No tardaré.

El hombre no puso mayores impedimentos, le alargó una llave gastada y se dirigió de vuelta al salón de la casa, sentándose delante del fuego.

Tras deshacer su petate y colocar a Raimei encima de la mesilla Kibai salió al exterior de la casa. Dando un pequeño salto, se encaramó al tejado, alzando las manos al cielo.Con un sordo zumbido, medio centenar de avispas surgieron de sus palmas, dsitribuyéndose al rededor de la casa en su acostumbrado esquema radial. El mink sonrió: aquellos insectos eran más fiables que cualquier vigía, y mantendrían  la zona bien vigilada.

Una vez hecho esto, regresó al interior, y tras lavarse un poco con agua casi hirviendo para acabar de desterrar los últimos rescoldos de frío, se desvisitió para dormir.


A la mañana siguiente...

La mañana sorprendió a Kibai con un cielo despejado de nubes, aunque los rayos del sol ni siquiera tenían el calor necesario para derretir la nieve que se había ido acumulando durante la noche. No obstante, el paisaje era de una belleza sobrecogedora. El mink, sentado sobre la barandilla del porche de la cabaña de Tom, balanceaba distraídamente una pierna mientras dejaba que la fresca brisa le acabase de despertar y saludaba con la mano a los habitantes de Bighorn que pasabn por delante de la casa de camino a realizar sus actividades matutinas.

Kibai observaba sus rostros, cansados pero aún con un brillo de esperanza renovado ahora por los suministros que había traído la marina y la promesa de acabar con lo que fuese que aceñaba en el bosque. El mink sabía que tendría una ardua tarea por delante, aunque esperaba que todo se solventase correctamente y así aquellas buenas gentes pudiesen retomar sus vidas sin miedo a que el bosque reclamase más vidas.

— Oye marine, entra de una vez, el desayuno está listo! — gritó el anciano desde la casa.

No hacía falta que lo jurase. El olor de los platos había servido más qu ede sobra para que el mink salivase profusamente. Entre el aroma y su conocimiento de cocinero, se podía deducir claramente que aquel hombre sabía lo que se hacía manejando los fogones.

Ansioso tanto por la comida como por empezar con su misión, Kibai bajó de un salto de la barandilla y se dirigió al interior de la cabaña, notando como las tripas le rugían sonoramente.

— Si vamos a salir al bosque, señor, me gustaría saber si en el pueblo hay algun lugar dónde pueda adquierir una prenda de abrigo más gruesa. No me fío para nada del frío, y es muy probable que nos soprenda una nueva nevada meintras estamos fuera.



La Caja de Pandora



RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Maki D. Zen'in - 02-04-2026

El ánimo de los soldados no era el mejor, pero solo basto que uno de ellos se diera el animo a sí mismo, un mink leopardo con gran energía y fuerza se subió a la carreta para animar a sus compañeros como uno de los mas felices. Los demás le siguieron de inmediato, pensando en que no era tan malo entrar en calor. Que no era tan malo traer algo de esperanza a los corazones de los aldeanos.

Las frutas repartidas alegraron a todos los niños, maldición hace mucho tiempo no veían un dulce y o azúcar o frutas. Solo comían carne seca, agua de nieve purificada y una que otra cosa horneada como pan o budines de todo tipo. Una fruta… dios era demasiado tentador, un verdadero sueño para un niño alborotador. Era todo lo necesario para al menos una noche despierto hasta que los padres no tuvieran más remedio que amarrarlos a sus camas.

El niño se alegró de verdad al ver y escuchar de la valentía que profesaba. Sus ojos grandes como platos recibieron los discos de dulce plata. Ese niño solo por esa frase se convertiría más adelante en un maldito Marine. El mas duro del pueblo. Erick Landerson será conocido en todo el mundo. Se dijo, pero no tuvo el valor de decírselo al feroz mink. El licor era delicioso, y sus ojos desorbitados eran prueba de ello, solo necesitaba articular algunas palabras, las necesarias para que no se dieran cuenta. Debía

El viejo vio el aspecto del mink… sus ojos examinaron cada parte de su cuerpo o su piel, examinaba al parecer la longitud de sus brazos, el largo de su cola, el ancho de su espalda, sus ojos inspeccionaban incluso, al parecer el tono de su pelaje. Los niños entonces corrieron del viejo Tom al ver que se notaba demasiado la dedicación con la que le examinaba. Aplaudió entonces de pronto para romper el momento y todos se dispersaron, los últimos niños se fueron a sus casas, los soldados subieron a la carreta y seguro a suministrar mas lugares con cosas. No podían solo centrarse en una aldea de mierda, Tom hizo pasar a Kibai con gran amabilidad, le mostro las cosas, la celda y le insto a ponerse cómodo.

La noche paso sin mayores inconvenientes, Tom se sentó al fuego para darle detalles al recién vuelto Mink, la historia de lo que buscaban y cazarían o al menos lo que creían cazar. Pues como habían dicho los niños, cada persona en la aldea tenía una teoría distinta y un culpable aun mas cruel. Los motivos, cada vez eran mas locos y fantásticos. Pero la historia de Tom era la más fantástica de todas.

La historia es simple pero asombrosa… —Los rumores y las pruebas son claras… hay algo… flamígero, con dientes de llamas y malvado… es ciertamente un dragón, dicen que perfora a sus enemigos con fuego, garras como lanzas y dientes como dagas… que solo con su mirar ardes en llamas. Todos… todos…— El viejo se detuvo para encender su pipa y darle una gran calada que subió al techo como garras que se le clavaban —… … … todos con sus cuerpos agujereados… irreconocibles, lamentablemente por ello tuve que sepultarlos yo mismo, no deseaba que su devastación provocara una herida en el corazón de los reclutas… Tu… Kibai… cierto? Eres valiente, mañana nos iremos temprano y cazaremos a la criatura. Nos haremos una jodida chaqueta de piel de dragón y seremos famosos. kukukukukukuku — Se reclino en su mecedora, cerro los ojos y lanzo una nueva estela de humo al cielo.

El siguiente día la mesa estaba servida, el viejo saco de un mueble con llave tres tarros. Y de cada uno saco galletas, de chocolate, de vainilla y de coco. Puso cada tipo en un plato, carne seca, leche, jugo y agua, toda ellas eran deliciosas el viejo se tronó la espalda y encendiendo su pipa salió a buscar al Marine, el plato principal, eran simples, tenían un aroma increíble. Estofado de res, pasta con salsa blanca y pescado con arroz… el viejo se sentó en la mesa frente a él. Pero no comió nada, o al menos eso intento… se llevo un pedazo a la boca… una galleta y apenas toco sus labios tosió de manera violenta… su mano… sangre… se sentó nuevamente en la mecedora y en su lugar solo tomo nuevamente su petaca de metal brillante con filigranas de plata.

Contenido Oculto


—No re preocupes muchacho… kukukukukukuku este día era uno soleado, uno ideal para cazar dragones cachorro… siento que este día, tendremos pieles nuevas… lo sientes?... yo lo siento en mis huesos.— Dijo levantándose y viendo que el felino estaba ya listo para partir… —Bien… vamos, a cazar dinosaurios superalimentados!!!— Dijo con gran energía, una impropia de un viejo que vivía con todos los lujos, con muebles finos, ropa cara y adornos de cristalería finísima. Quizás, había sido un excelente marine o había ganado algún tipo de lotería. Quien sabe.

El camino por el bosque era recto y sin perdida, un camino recientemente recorrido por la compañía de Kibai misma el viejo solo hablaba del clima, de la piel curtida, del mercado negro en alza en las islas cercanas y de la devaluación monetaria de un sinfín de islas o un conjunto de ellas. Cargaba su rifle con descuido y de pronto vio en la lejanía algo en el suelo… un aldeano. Un Mink… uno con la apariencia de cerdo. El viejo se apresuro a ver quien era… no era del pueblo. Lo volteo y descubrió que había sido horriblemente desollado.

Horrible, de pesadilla, la sangre por todos lados, su ropa a un lado desgarrada como por fieras salvajes y descontroladas, el motivo de la muerte… en medio del pecho tenia un circulo de unos 22 milímetros. En el corazón, certero, poderoso… rodeado de una quemadura horrenda. Como si le hubieran clavado una uña gigantesca rodeada en llamas. —El… dragón… vamos Kibai cacemos a este maldito reptil. .— dijo mientras comenzó a caminar con decisión hacia donde creía ver el rastro, pero era difuso y de pronto se dividió en dos. —Hijo… debemos separarlos… pero seria la tontería mas grande del mundo… hacia este lado, el camino de la derecha parece haber mas tumulto… el de la izquierda… aunque hay menos ajetreo… huelo sangre, seguro tu la hueles… tienes mejor olfato.— El viejo volvió a encender la pipa y esta vez su aroma era mucho mas fuerte. Un aroma a esencia de vainilla intensa.

—A la derecha hay un gran descampado, perfecto para una emboscada, hay que ir con cuidado hijo, a la derecha hay un pequeño sistema de cuevas. Un lugar recto de un solo sentido… hay que tener cuidado Mink… te dejare elegir, pero. Si ves algo fuera de lugar, es mejor que vuelvas a buscarme, no quiero que tu hermosa piel resulte dañada.— Dijo tocándole el hombro echando nuevamente humo al aire.

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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Kibai - 07-04-2026

Cuando se sentó frente al anciano, Kibai no las tenía todas consigo. A medida que el hombre hablaba, el mink empezaba a pensar que todo aquello era una broma de sus superiores. En serio creía que había un dragón suelto por la isla? No creía que algo así fuese posible.

Sin embargo, el viejo Tom parecía realmente afectado. La mirada que tenía mientras le relataba como había descubierto los cadáveres le recordaba demasiado a Kibai a su encuentro con el traidor de Wasow y de como la División 60 había tenido que dar parte de la masacre que había acontecido en Little Garden.

Con una determinación renovada, el mink extendió su mano hacia el hombro de Tom, apretándolo con firmeza.

— Mañana, amigo mío, haremos de nuevo estos bosques un lugar seguro para tu gente, te lo aseguro. Y si ese dragón tiene fuego, no te preocupes…

Con un gesto de la otra mano, Kibai invocó el Electro, haciendo saltar la electricidad azul entre sus dedos antes de cerrar el puño en un sonoro chispazo.

— Yo tengo rayos. De todas maneras haríamos bien en no confiarnos. Por ello, nos tomaremos los rumores como una certeza y afrontaremos este reto con la mayor de las precauciones.

A la mañana siguiente, ambos cazadores desayunaron a gusto, con Kibai impresionado por la calidad de las viandas de las que podía disponer aquel hombre, algo bastante raro en una isla de invierno, y más teniendo en cuenta la escasez. Sin embargo, el mink observó como el viejo Tom tosía vigorosamente durante el almuerzo, y sus fosas nasales captaron al instante el olor de la sangre.

“Parece que al viejo no le queda mucho” pensó. No obstante, ni por un asomo se planteó el decirle que se quedase en el pueblo. Como cazador, respetaba que aquel anciano quisiese morir como había vivido. Tan solo esperaba poder ayudarle a completar aquella aventura, puede que la última..

Mientras mordisqueaba una de las galletas de coco tras finalizar su estofado, Kibai observó cómo el anciano se balanceaba suavemente en su mecedora, dando pequeños tragos a su petaca. Cuando por fin se levantó, el mink le dio una firme palmada en la espalda.

— Vamos allá pues!

Ambos se internaron en el bosque cercano, siguiendo un camino marcado que había recorrido la propia compañía de Kibai, cuando la nariz de Kibai captó el olor de la sangre derramada. Haciéndole un gesto al viejo Tom, apretaron el paso, descubriendo a poca distancia la dantesca escena del aldeano asesinado.

Kibai se mantuvo en silencio durante unos segundos, con la mirada clavada en la nieve teñida de un rojo por la sangre, detacando de una manera casi irreal con la pureza del blanco de su entorno. Al acercarse al cadáver del mink cerdo, se arrodilló sobre una sola pierna, ignorando el frío que calaba su pantalón, y extendió una de sus manos hacia el cuerpo desollado. Al rozar la carne expuesta, unn escalofrío recorrió su espina dorsal. Sintió cómo la mandíbula se le crispaba, los músculos de su rostro se tensaron hasta el punto de que sus colmillos asomaron brevemente bajo el labio superior. Aquello no era la obra de un depredador hambriento; era una simple carnicería, una práctica que a un depredador como él le revolvía las entrañas.

Cerró los ojos, aislando los ruidos del bosque y el siseo constante de la pipa de Tom. Inspiró profundamente, llenando sus pulmones con el aire gélido del bosque de Drum. Buscó el rastro de la sangre, cosa no demasaido dificil dada la brutalidad del escenario. Grabó en su memoria ese aroma particular, separándolo del olor a resina de los pinos y de la invasivo olor a humo del tabaco del anciano.

Al ponerse en pie, Kibai se encontró ante la bifurcación. El viejo Tom lo observaba con curiosidad cuando alzó ambas manos, con las palmas abiertas hacia el cielo plomizo, y un zumbido seco y vibrante comenzó a emanar de su propio cuerpo. Desde los poros de su piel, bajo el pelaje de leopardo, emergió otro medio centenar de avispas, criaturas nacidas de su Akuma no mi que se unieron a la escolta que ya patrullaba a su alrededor desde que salieron de Bighorn. El aire se llenó con el batir de cuatrocientas alas diminutas, creando una corona de escoltas que aguardaban órdenes.

Con un gesto seco de la cabeza, Kibai dividió su enjambre. Dos nubes negras y amarillas se separaron con precisión militar: cincuenta volaron hacia la izquierda, internándose en la oscuridad, mientras que las otras cincuenta se perdieron entre los árboles del camino de la derecha. El mink permaneció inmóvil, con la mirada perdida en la distancia, procesando la información que sus sentidos extendidos le devolvían y las mensajeras que iban llegando. Tras unos minutos de silencio absoluto, Kibai se giró hacia el viejo Tom.

—Hacia el camino de la derecha, donde el terreno se abre —informó Kibai con voz queda pero firme—. Nuestras pequeñs exploradoras han detectado algo que no encaja demasiado. Hay un asentamiento, un pequeño campamento. Deberíamos investigarlo antes de que el rastro se enfríe más.

El dúo encaró el camino de la derecha, avanzando con cautela. Kibai encabezaba la marcha, moviéndose con la sigilo sobe la nieve, cuidadando que el viento soplase siempre contra su rostro y no al revés. Tras un trecho corto, el bosque se abrió repentinamente para revelar un claro de unos cuatrocientos metros cuadrados. Era un lugar que, en otras circunstancias, habría sido idílico: rodeado por árboles gruesos que tenían las ramas cargadas de nieve y salpicado de rocas asimétricas que emergían de la tierra. A pesar del invierno, algunas flores silvestres de gran resistencia asomaban entre el manto blanco, dándole al lugar un aire de jardín olvidado. En el centro del claro, un pequeño de círculo carpas montadas se reunía alrededor de los restos de una fogata de campamento.

Kibai caminó directamente hacia el corazón del claro. Se posicionó frente a las cenizas de la hoguera, agachándose para pasar los dedos por los restos de carbón. El rastro térmico era débil, pero aún existía; la fogata había sido apagada recientemente, probablemente de forma apresurada. Aspiró el aire del lugar, desmenuzando cada partícula de olor. Olía a lona vieja, a metal frío y a ese rastro metálico de sangre que lo seguía desde el camino. El silencio del campamento era total, como si el bosque mismo estuviera conteniendo el aliento ante la presencia de algo ajeno.

Sin apartar la vista de las tiendas, Kibai comenzó a emitir órdenes mentales a sus avispas. Los insectos se movieron con una coordinación asombrosa, distribuyéndose en un círculo perfecto alrededor del perímetro del claro. Se posicionaron en las copas de los árboles, tras las rocas y bajo los pétalos de las flores, creando la misma red de vigilancia invisible que había empleado en otras ocasiones en Little Garden, una gigantesca formación de tela de araña que cubría cada ángulo de entrada y salida. Cualquier movimiento, por pequeño que fuera, sería detectado con la suficiente anticipación como para prevenirles a él y a su acompañante.

Satisfecho con el despliegue, Kibai se incorporó y regresó junto al viejo Tom, que permanecía en el borde del claro, apoyado en su rifle. El mink miró las carpas con sospecha, sintiendo cómo el vello de su nuca se erizaba.

—Sea lo que sea este lugar, no está abandonado, Tom —sentenció Kibai, ajustando su postura y preparándose para desenvainar en cualquier momento—. El fuego no lleva muerto demasiado tiempo y el olor como bien dices llega hasta aquí. Hay algo muy sucio en este campamento. Esté atento, anciano; presiento quien sea lo que esté aquí, volverá

El mink se mantuvo en guardia, con los oídos atentos al más mínimo crujido de una rama partida o a cualquier olor que trajese el viento.

La Caja de Pandora



RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Maki D. Zen'in - 07-04-2026

El viejo tenia al parecer poca esperanza de vida, la sangre era fuerte en el, como una estela persistente... tuberculosis? quizás, pero seguro era cirrosis, El mink fue cauto y solo comió galletas, el viejo por su parte solo fumo y bebio de su botella de licor personal... la comida se desperdicio y quedo servida. el viejo la tapo con un paño y tomando su rifle y unas cuantas municiones explosivas salio con Kibai... el espíritu de ambos parecía alto, un dragón?... que tontas historias —KUKUKUKUKUKUK tienes razón... que ridícula historia. un dragón no me matara. No hoy que es cumpleaños de mi hijo— Menciono mientras camino por el sendero, había quedado pensativo por la  poca fe de Kibai en los animales fantásticos. —Esa cosa tuya es electro no?... impresionante. Sera mejor que el dragón se cuide de ti KUKUKUKUKUKUKK— Se carcajeo con su estúpida risas de loco.
 
Tom se quitó el sombrero, pudo sentir la cólera contenida del Mink en su piel. Deseaba no sentir esa furia, ese dolor, ese sentimiento de locura que podría dominarle en un segundo. Quiso decir unas palabras, algo reconfortante, pero nada. No salió nada de su garganta que ahogaba una súplica por el mink desollado. El aroma a sangre era potente, casi como si estuvieran dentro de una carnicería donde despostaban a los animales menos inteligentes.

Tom trastabillo, retrocedió y agarro su arma por reflejo cuando vio al soldado Kibai sacar desde su piel lo que parecía ser avispas que zumbaban con verdadera ferocidad. La cara de asombro del viejo si que no cabía en su mente, como era posible que pudiera hacer eso… era…. Era… un —MAGO!!! Eres un mago demoníaco… es decir… de esos que comen pedazos de demonios no?... que… que loco… por eso te han dejado solo a ti, me alegro que seas tu quien este aquí entonces.— Dijo Tom haciendo alusión a las Akumas no mi. —Vaya… que útil es tu magia Kibai… mas les vale a esta bestia que ande con cuidado, vamos a esa dirección entonces?...— El viejo quería ir por la izquierda, pero el Mink insistió en que fueran juntos. La mirada sombría de Tom se centro en el mago demoníaco bajo sus cabellos rojos y enmarañados.

Las carpas estaban alrededor de la fogata medio apagada, sin duda parecían sin nadie, pero no estaban muy lejos indudablemente. Tom amartillo su arma. Se preparo posterior a las palabras del Mink, entre el follaje quiso ocultarse detrás justo de Kibai no era tan joven, pero si tenía una puntería increíble. En el campamento no había nada, pero Kibai detectaría pronto un gran cumulo de pieles oculta debajo de un suelo falso poco profundo cubierto de hojas y ramas.

Estas pieles hedían mucho todas recientemente arrancadas la más antigua hace una semana o menos, el Mink había encontrado fácilmente el campamento, muy fácilmente de echo, el rastro no era necesario que lo siguiera alguien con los sentidos aumentados como el Mink, era claro y fuerte. La sangre emanaba como un camino de verdadera sangre. De pronto. En el linde del bosque. Comenzó un rumor, un clamor de acero contra acero, carcajadas y risotadas. Todas temibles y despreocupadas. Los árboles bajos no tan altos, algunos frutales y otros apestados ya con algunos insectos menores.

Las avispas podían actuar como una gran red de información. Lo más peligroso, su constante zumbar, algo que detuvo el clamor persistente de la gente que volvía al campamento, aunque eran muchas las sombras que se paralizaron, solo uno de ellos emergió. —Vaya vaya… que es esto… un gato perdido?... y tu viejo de mierda que haces aquí… quieres que terminemos lo que empezamos?.— Era un bandido común y Tom levanto su arma, saco el seguro y cerro un ojo para apuntar mejor. —Hijo… esto debe llegar a un fin como todo. Estás acompañado? Cuantos son y donde están?... no quiero sorpresas… aquí mi amigo tiene poderes mágicos que los dejaran como alfileteros.— Quiso amedrentarlos pero solo un segundo antes de terminar emergieron una decena de sombras. Todas ellas armadas, peligrosas y sin duda con mas aroma a sangre que una persona normal.

—SOMOS LOS CAZADORES DE PIELES… Y LA TUYA PARECE DE BUENA CALIDAD ASQUEROSO PELUDO DE MIERDA SACAREMOS BUEN DINERO DE UN… LEOPARDO? O ERES UN GATO GORDO SOLAMENTE?— Se burlo una mujer que emergió desde atrás donde estaban el par de intrusos del claro junto a otra más. Kibai obviamente con su red de insectos detecto a diez individuos, todos ellos armados y peligrosos, muchos de ellos encapuchados.

Los malditos desolladores eran una decena… unos saltaron sobre el árbol, otros sobre las rocas cercanas, algunos a cuatro patas, aunque no eran Minks, todos ellos confiados y rodeados de misterio… Tom retrocedió un poco más. —Algún plan?... Kibai…— Dijo Tom algo preocupado por la situación. —No teman… solo… queremos sus pieles… la tuya… no… viejo… solo… la… del… gato…— Las palabras pausadas de una casi niña se adelantaron junto con una gran espada del mismo tamaño que ella misma. Todos los desgraciados se miraron entre si y el que hablo primero clavo un par de dagas en el suelo y metiéndose un par dedos en la boca se saco una tira de carne seca pequeña que tenia entre los dientes —Mátalo y podrás volver entero a tu casucha!!! Obedece. ¡¡Somos imparables!!— Dijo apuntando con el dedo a los defensores de la ciudad.

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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Kibai - 10-04-2026

Un rugido sordo, profundo y vibrante, nació en la garganta de Kibai, haciendo que el vello de su cuello se erizara de forma agresiva. Sus ojos, ahora convertidos en dos rendijas negras, recorrieron la decena de figuras que emergían de las sombras del bosque. Para un mink, y especialmente para uno como Kibai, que valoraba el ciclo natural de la vida y la muerte, aquellos individuos representaban la forma más baja de existencia. No eran cazadores; eran meros parásitos. Para su filosofía, tanto en la zaca como en la Justica, había una verdad inalterable, si tomas una vida, lo haces con respeto y aprovechas lo que la naturaleza te brinda. Pero llevarse solo la piel y dejar que la carne, la historia y la dignidad de un ser vivo se pudran bajo la nieve era una blasfemia que el mink no pensaba perdonar.

— Vosotros, escoria, sois lo peor de la chusma que ha pisado este mar — dijo Kibai. Su voz, habitualmente calmada, cortó el aire con el filo de una guillotina. — Os las dáis de cazadores, pero no sois más que carroñeros sin honor. Arrancar la piel y despreciar el resto... es un insulto a la vida misma.

Con un movimiento fluido y elegante, Kibai llevó la mano a la empuñadura de su espada, Raimei. El acero salió de la vaina con un siseo metálico que rompió con un aguda nota el silencio del bosque. Agitó la hoja a ambos lados, dibujando arcos invisibles en el aire gélido, mientras una determinación inquebrantable se instalaba en su postura.

— La Marina está aquí para traer orden y paz a estas tierras, pero viendo la situación, me alegro mucho de haberme quedado en Bighorn, ya que me voy a asegurar que monstruos como vosotros dejen de manchar con su presencia esta isla. — proclamó, alzando la voz para que resonara en todo el claro—. Incluso os habéis atrevido a pedir que cobren una presa por vosotros... Si lo queréis, es sencillo, aquí estoy. Si tanto asiáis la piel de un soldado de la marina, o si creéis  que un mink leopardo es una presa que se deja despellejar tan facilmente, ¡venid a por ella si es que tenéis el valor de morir en el intento!

Sin esperar a que la provocación terminara de calar en los bandidos, Kibai tomó el mando de la situación. No desvió la mirada de sus objetivos inmediatos, pero su voz llegó clara al anciano que seguía a su espalda.

—¡Tom! ¡Encárguese de los cinco de la derecha! No deje que cierren el círculo —ordenó con un gesto de la cabeza antes de centrar su mirada en lo que tenía delante, cerrando los ojos por un breve segundo.

En ese instante, el cuerpo de Kibai se convirtió en una dinamo humana. Chispas azuladas y blancas comenzaron a bailar entre su pelaje, crepitando con una intensidad que iluminó la penumbra del bosque. El Electro, la herencia natural de su raza, se manifestó con una violencia controlada, envolviendo no solo sus extremidades, sino también la hoja de Raimei, que ahora vibraba con una frecuencia mortal. Con una explosión de velocidad que dejó una huella profunda en la nieve, el mink se lanzó hacia el frente.

El hombre de las dos dagas, el que parecía llevar la voz cantante, apenas tuvo tiempo de procesar el destello eléctrico que se le venía encima. Intentó cruzar sus armas en un bloqueo desesperado, pero la fuerza del impacto de Kibai fue abrumadora. El mink ejecutó un tajo horizontal, un movimiento preciso y potente que no solo ignoró las dagas del bandido, sino que le cruzó el pecho de lado a lado. El acero electrificado desgarró la ropa y la carne, dejando una quemadura cauterizada y enviando una descarga que paralizó el sistema nervioso del hombre, quien cayó hacia atrás con los ojos en blanco antes de tocar el suelo.

Sin detener su impulso, y aprovechando la inercia del giro, Kibai percibió que la muchacha de la espada gigante intentaba flanquearlo. Casi sin mirar, como si tuviera ojos en la nuca, el mink pivotó sobre su pierna derecha y lanzó una patada lateral imbuida en Electro directamente contra el torso de la joven. El impacto fue seco y brutal. La fuerza de un mink en combate, sumada a la descarga eléctrica, lanzó a la muchacha volando varios metros por el aire. Su enorme espada se hundió en la nieve mientras ella impactaba con un crujido sordo contra el tronco de un pino cercano, quedando inconsciente al instante mientras la nieve acumulada en las ramas caía sobre ella como un sudario.

Por el rabillo del ojo, Kibai vio que Tom había reaccionado. El anciano, a pesar de su tos y sus modales extraños, demostró por qué seguía vivo en una isla tan hostil. El estruendo de su rifle rompió el silencio del bosque. La munición explosiva impactó cerca de los bandidos de la derecha, levantando columnas de nieve, tierra y fuego que mantuvieron a los agresores a raya y sembraron el caos en sus filas.

—¡Bien hecho, viejo! —exclamó Kibai, aunque ya estaba concentrado en sus siguientes víctimas.

Tres bandidos más, armados con hachas y lanzas cortas, intentaron abalanzarse sobre él aprovechando que acababa de golpear a la chica. Fue un error fatal. Kibai no retrocedió; avanzó. Se convirtió en un relámpago zigzagueante que se desplazaba entre los árboles y las rocas con una agilidad que desafiaba la vista humana. Para los bandidos, Kibai era solo un borrón de pelaje manchado y destellos eléctricos. El mink los atravesó en una secuencia de movimientos encadenados, dejando a su paso una lluvia de cortes superficiales pero incapacitantes. Cada vez que Raimei encontraba carne, el Electro hacía el resto, colapsando los músculos de sus oponentes. En menos de lo que dura un parpadeo, los tres hombres estaban en el suelo, retorciéndose mientras el humo escapaba de sus heridas.

Kibai dio un salto hacia atrás, regresando al centro del claro con una voltereta acrobática. Sus pulmones trabajaban rítmicamente, y a su lado el viejo Tom resoplaba, pero no parecía fatigado; al contrario, la adrenalina y la electricidad del ambiente parecían haberle dado una segunda juventud. Mirando a ambos lados, Kibai extendió una mano hacia él.

Bajo sus órdenes otras cincuenta avispas salieron de su mano mientras que los ciruclos de insectos más cercanos se reorganizaron de inmediato. Las avispas que formaban la re de vigilancia regresaron hacia él, fusionándose con las nuevas y dividiéndose en tres grandes cúmulos. Uno de estos enjambres se posicionó al costado izquierdo de Kibai, el segundo se situó a su espalda, y el tercero voló con rapidez hacia el viejo Tom, cubriendo su propia espalda.

El claro, que antes estaba lleno de risas y amenazas, ahora solo albergaba el lamento de los heridos y el crujido del fuego que Tom había provocado con sus disparos. Kibai sacudió a Raimei de la sangre que aún corría por su filo. El Electro comenzó a desvanecerse de su pelaje, dejando tras de sí un leve olor a ozono que se mezclaba con la sangre y la pólvora.

Giró la cabeza hacia el anciano, comprobando su estado con una mirada rápida. Tom estaba apoyado en su rifle, pero parecía ileso tras su red de avispas.

—¿Está bien, Tom? — preguntó Kibai, con una chispa de humor sombrío regresando a sus ojos verdes.— Me dijo que hoy era el cumpleaños de su hijo y que no pensaba morir. Me alegra que mantenga su palabra.

El mink señaló con un gesto de la mano a los bandidos que yacían esparcidos por la nieve, algunos inconscientes y otros simplemente demasiado heridos para levantarse.

— Recuerdo que pensé que necesitábamos cebo para atraer a ese supuesto dragón — continuó Kibai, mientras su cola se agitaba de lado a lado con una satisfacción depredadora. — Pues bien, creo que acabamos de conseguir un montón de carne fresca. Si esa bestia realmente existe y tiene hambre, esta chusma será más útil como comida que como cazadores.

Kibai se mantuvo firme en el centro del claro, rodeado por sus insectos y los restos del campamento, esperando a ver sique la situación se calmase antes de seguir avanzando.

La Caja de Pandora



RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Maki D. Zen'in - 12-04-2026

La cantidad de cazadores de pieles era tremenda, algunos de ellos armados hasta los dientes, pero no todos eran valientes pues cuando escucharon el rugido del Marine sintieron sus corazones aminorados y reducidos casi en tres o cuatro tallas. El líder o el que aparentaba ser parte de los lideres lucia confiado quizás por su habilidad, pero no. era por sus números. —Cálmate pequeño gatito… quieres…. Woa… que mierda es eso… es asqueroso viejo.— Dijo sorprendido cuando le vio enfurecido de verdad.

Kibai entonces lanzo un par de órdenes, claras concisas y precisas, Tom asintió y preparo su arma lentamente… alzo su arma… —Cinco… entendido… esto será divertido… vale… creo que recuerdo como es esto.— Cuando el valiente Marine cerro los ojos Tom alzo su arma. Justo en el momento que Kibai cerró los ojos, cuando las criaturas insectoides salieron a causar caos… cuando su piel se volvió eléctrica, blanca y dispuesta a descuartizar a todos alrededor. La explosión del fuego del arma del viejo hizo pedazos a todo aquel alrededor el disparo fue fulminante, atroz y sin remordimientos. Su cartucho exploto y el blanco debió caer herido por el fuego y la penetración de la bala. Su risa retumbo por todo el claro. —KUKUKUKUKUK— Tom Ragadast veloz como el rayo dio un salto detrás de las líneas enemigas. Casi seis metros alejándose a ocho de Kibai.

Los dos mercenarios lo dejaron pasar como si no importase. Un disparo. Certero solo basto uno para sembrar la desesperanza, o al menos eso creyó. —Tengo un hijo sabes… pero me cuesta controlarlo… es muy descuidado. Y mata por matar… en fin… solo quiero que sepas que no es nada personal. Solo… son negocios. Y las pieles… bueno las pieles son difíciles de encontrar de buena calidad. Sobre todo, en este mar de nieve.— Dijo mientras con total tranquilidad mientras volvía a recargar el arma y la transformación de Kibai comenzaba a desvanecerse producto de la explosión.

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La horda se ríe como un coro de burlas ante el rodeado felino que ve como algunas de sus avispas caen al suelo destruidas por el fuego del disparo de Ragadast. —Alguna vez te has enfrentado a un tirador?... uno hábil digo, yo estoy algo oxidado a decir verdad quería darte en el nervio ciático, pero termine dándote en las piernas… pero mi hijo… el sí, él es muy hábil… …. … hablando del rey de roma.— Se escucho un gran rugido en el linde del bosque… el fuego entonces comenzó a arder… y un par de árboles comenzaron a caer como movidos por garras, fuego y rugidos…. Entonces de la maleza emergió el… el dragón. Malkovich

—Viejo de mierda... arruinaras su piel!! para que cojones me trajiste otra piel si la haras mierda?... ... ... magnifico… este parece mas feroz que las otras basuras que he cazado… lo eres?... eres más hábil que los otros?... responde hijo de puta cuando te hablan… … … ustedes!!… déjenmelo… yo me haré cargo de esta basura de mierda… montón de pelos. No quiero que quede tan arruinada como la última vez.— Entonces el joven… muy parecido a Tom enfunda sus armas.

La horda entonces salió de sus escondrijos… cinco de ellos. enterrados salieron como espectros o zombis… uno de ellos agarro los pies de Kibai pero no de manera violenta, sino más bien como una advertencia. -Gatito. Ten cuidado. El dragón te clavara sus garras y morirás. No te resistas jejejej.- se levantó se sacudió y se alejó… junto a sus compañeros. Tom se sentó en una roca a diez metros de Kibai encendió su pipa y se sonrió con su gran sonrisa de mierda KUKUKUKUKUKU el desgraciado de Malkovich empujo a una mujer y a un hombre entrando al círculo… desenfundo otra arma… y en una extraña posición se acercó milímetro a milímetro al felino de la marina.

Rodeado por la horda y custodiado por el maldito traidor de Tom. Era hora de jugar su juego. Las armas, dos revólveres giraron en sus manos con maestría y empuñándolos se acercó… un… tirador?... si… un tirador. El tirador mas letal de Drum se llamaba a si mismo.

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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Kibai - 14-04-2026

Un estallido de calor golpeó la espalda de Kibai, impulsándolo un paso hacia delante, y casi amenzando con derribarlo. Todo su mundo se cubrió de luces de colores mientras  el golpe cortaba su carrera hacia el grupo de bandidos. Sus piernas comenzaron a temblar levemente, ateridas por un repentido ardor, y con extreñeza, su agudo olfato captó el olor a pelaje y carne quemada. La tela de su abrigo echaba humo, y el ardor iba poco a poco transformándose en dolor.

Casi como si no fuera con él, el mink contempló como el viejo Tom se posicionaba entre las filas de los bandidos. Perplejo, poco a poco fue comprendiendo su situación. Aquel despreciable hombre había resultado ser un traidor, y seguramente el responsable de haber acabado con tanta buena gente en aquella isla. Aquel hombre, que le habia abierto las puertas de su casa, que había bebido con su superior, y que había saludado con una sonrisa falsa a los hombres que llegaban con suministros para paliar la hambruna que aquel desgraciado estaba colaborando a causar...

Sin embargo, la mente de Kibai viajó lejos, hasta Little Garden, con el traidor de Wasow mencionando que había masacrado a sus compañeros de la División 86 como quien menciona que ha tenido dolor de espalda esa mañana por dormir al raso. Aquel hombre había sido parte de la Marina, había llevado el símbolo de la Justicia a su espalda, había jurado defender unos ideales... Todo para qué, para acabar pisoteándolo todo a cambio de un puñado de berries?

— Alguna vez te has enfrentado a un tirador?... uno hábil digo...

La pregunta sacó a Kibai de sus recuerdos, mirando hacia el viejo Tom con incredulidad. Bajando la mirada, un leve temblor comenzó a recorrer sus hombros y su espalda, hasta que sin poder evitarlo, el mink echó la cabeza atrás, y comenzó a reírse. Las carcajadas de Kibai, alguna más aguda que otra hasta crear una cacofonía con un punto estrambótico, llenaron el claro. A pesar de la situación, o quizás precisamente por el dolor, que ya no ardor, que subía desde la parte de atrás de sus piernas, había algo que le impulsaba a reír. Tras algunos segundos, se inclinó de nuevo hacia delante, recuperando el aliento.

— Un tirador hábil? No me hagas reír... Espero que no te refieras a ti, Tom... Un disparo por la espalda a menos de diez metros de distancia? El tirador de mi tripulación me hubiera acertado con los ojos vendados desde el otro lado del claro, y le habría sobrado tiempo para ajustarse el pañuelo del uniforme...

Mirando a su alrededor, Kibai apretó las mandíbulas, luchando por controlar su ira.

— Hasta ahora os habéis librado de que la Justicia os dé vuestro merecido destino, pero esto se acabó. Creeis que vosotros podéis intimidarme. Soy miembro de la División 60 de la Marina, he acabado personalmente con uno de los miembros del famoso clan Sakana cuando trató de cazarme al igual que vosotros. He tenido delante al mismísimo Sohem "Mar Cruel", y no vacilé en mantener mi posición. Acaso pensáis que unos cazadores de tres al cuarto como vosotros, que necesitáis de un traidor asqueroso que arrastre a vuestras presas a un lugar apropiado para matarlas, podéis siqueira compararos a lo que ya he pasado para llegar hasta aquí?

Agarrando con fuerza el mango de Raimei, Kibai se giró hacia el tirador más joven, el que se había presentado como hijo de Tom, que se adelantaba para posicionarse frente a él. Los dedos de la mano libre se agitaron en un gesto de aparente crispación.

— Para mi tienes poco de dragón y mucho de mocoso con traumas con su papi, chico. Pero si quieres medirte contra un guerrero de verdad, voy a concederte ese honor. Tu y yo, sin interferencias, sin nadie que se meta en medio. Has dicho que eres el mejor tirador de la isla de Drum no? Me parece perfecto, pues tendrás que serlo, porque tienes delante de ti al mejor espadachín de la isla de Drum.

Kibai se crujió el cuello en ambas direcciones y escupió a un lado, a la vez que trazaba un molinete con Raimei y las chispas del Electro se encendían de nuevo sobre su piel.

— Y te aseguro que yo si pienso demostrarlo... AQUI Y AHORA!

Con las fuerzas extra que le brindaba el Electro, Kibai dio un salto hacia Malkovich, torsionando su cuerpo para asestar un combo en X de dos cortes circulares dirigidos hacia el rostro de su adversario.

¡¡¡GETSUI ZANGEKI!!!

Notando satisfactoriamente como Raimei hendía la carne de su enemigo, Kibai aterrizó al otro lado de Malkovich, girando sobre si mismo para asestar un nuevo tajo, en este caso contra la parte trasera de la rodilla de la pierna derecha del muchacho. No contento con eso, asestó una fuerte colleja contra la nuca de Malkovich, retrocediendo un metro a continuación.

— Te agradezco la oportunidad de librar este combate, espero que seas un más que digno adversario y que compenses con ello el mal que has causado en esta tierra! 

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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Maki D. Zen'in - 18-04-2026

Tom era en verdad despiadado. Era el verdadero líder de esta organización delictual y parecía que Malkovich era quien tomaría el control después de que el viejo ya no pudiera continuar. Claramente el joven era quien obtenía las riquezas vendiendo y el padre le protegía… la sonrisa bonachona de Malkovich ante su propia habilidad parecía excederlo pues no era tan hábil como creía —Tch… te venderé a buen precio… serás una excelente bufanda.— Dijo girando sus armas una vez más al ver al Mink aguantando el disparo.

La sonrisa falsa de Tom Ragadast era sin duda lo peor que pudiera mostrar. Burlona, sádica, confiada y decidida —La marina es una mierda, paga una mierda y solo te da una mierda por una vida de servicio. Que importa proteger a un montón de imbéciles si después estos no te recuerdan ni te dan nada jamás… sabes lo que te dan? he? DIMELO!!! LO SABES?! Pues yo te diré… NADA no tendrás nada después de una vida de sacrificio cachorro!!!— El viejo acomodo su arma, dispuesto a disparar nuevamente, atento a cada movimiento. A cada tontería del Mink. Pero entonces estallaron las carcajadas del leopardo. Malkovich entonces se impaciento. Tom ciertamente estaba ya viejo, había fallado y esa observación le dolió en el orgullo. Pero no le importaba, solo deseaba resultados se rio junto con Kibai con su risa estúpida KUKUKUKUKUKUKUKUK El discurso de Kibai, su bravura no tendría efecto en nadie. A nadie le importaba quien eran los Sakana, a nadie le importaba quien era ese Sohem, a nadie le interesaba todo lo que el decía. Pero… aun así… la mitad de los cazadores retrocedieron un paso.

El pavor era evidente en sus caras medio tapadas con mascaras y mascarillas, el sudor corría por la frente de varios y solo Tom se dio cuenta de ello. Las miradas nerviosas de un par se movieron erráticamente. ¿Era verdad? ¿Era uno de esos héroes? Ellos solo habían recibido noticias por el periódico. Uno donde decía que piratas lo habían hecho. Pero corría el rumor de que algunos de ellos eran marines. Solo escucharon que una de ellas era una hermosisisisisisisisisisisisima mujer de cabello verde, muy alta, hermosa y linda y cantante de mil canciones de maravillas, todos ellos fans de sus canciones y su rico humor. Todo esto visto desde unos nuevos den den mushi visuales donde podían ver a una chica medio sirena que trasmitía tonterías habituales con ella. En fin. Un asesino nato frente a ellos.

La sonrisa eterna de Malkovich se presentó temprano ese día. No dijo nada inicialmente, pero casi como si fuera un rugido visual se preparó para el gran felino.

—Me encanta gato de mierda… adelante!!! Conocerás la furia del dragón.— Dijo mientras sus armas se pusieron frente a si… era… hábil y ciertamente el mejor tirador de la isla, pero era tremendo tramposo. O mejor dicho oportunista.

Apenas vio el termino del discurso del felino su carcajada salió disparada al aire y se lanzó contra él. Mierda. Era un desgraciado. De aquellos que no esperan la transformación del oponente para pelar. Fue veloz, sobre todo al estar cuerpo a cuerpo. Sus armas giraron sobre si mismas en sus manos… no permitiría que esa cosa eléctrica le diera poder. Apunto y pum… dos disparos de sus armas. Dos balas penetrantes salieron a velocidad del rayo sobre Kibai el valiente.

Disparo dos veces sobre él. El primer disparo a su pierna ya dañada, el segundo a su brazo donde tenia esa horrenda arma, si bien el desgraciado vendía pieles y era asiduo a reconocerlas y clasificarlas con su calidad. En verdad odiaba todo lo referente a minks. Y mientras mas rara su piel. Mas le odiaba. Tom sabia eso desde pequeño. El muchacho si bien estuvo en la marina por poco tiempo. Tenia todo lo que su padre le había enseñado en la mente. El par de disparos le hizo reír… le hizo danzar y danzar en su tontería mientras los que estaban amedrentados alrededor de ellos se sentían tan libres como un nuevo renaciera. Aliviados y con el corazón mas suelto y lleno de esperanza. Esperanzas de maldad. —Eres un iluso si crees que te dejare usar esa mierda de locura de los asquerosos peluches. KUA KUA KUA KUA— Se rio parecido a su padre… aunque solo le salía esa risa cuando se sentía emocionado.

Sus armas… humeantes y relucientes se pusieron frente a sí. Enmarcando su sonrisa. Una picara y maligna. Deseando que el combate continuara. Uno donde desollaba a Kibai era lo que pensaba sería el curso natural de las cosas… —Te gustan las apuestas?... te dejare ir si me demuestras en tu siguiente ataque que no soy un rival para ti…— Sonrió una vez más. Giro el barril de sus revólveres. Siguiente munición… una sorpresa quizás. Sus movimientos eran pesados, ruidosos como si fuera un cascabel andando, la cantidad de municiones que portaba era exagerada.

Tom se mantenía fumando, pero su rifle en alto. Era paciente, pero no soportaría por nada que le hicieran daño a su hijo. Su vista afilada se mantenía atenta a las avispas cercanas rondantes, eran muchas y peligrosas. Quizás lo mas peligroso que el viejo hubiera visto en años. Casi todos los reclutas enviados antes eran simples tontos. Este no era un desperdicio. Era un guerrero formidable con magia. Consumidor de una fruta del diablo. Su munición. Secreta. Esperando no usarla y que Malkovich fuera suficiente para acabar con él.

La horda Gozaba todo lo que pasaba. todos armando vítores por su campeón, unos incluso comenzaban a sentarse mas relajados, menos los dos que protegían a Tom. de hecho algunos tan confiados comenzaron a sacar caretas y se miraban unos a otros para jugar una partida. verdaderos desechos de la vida acostumbrados a hacer sufrir a otros y seguros de que el Dragón Malkovich que aun no mostraba su verdadera fuerza se enfrentara al Gato de la marina.

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RE: Suministros para el Dragon [Aventura P.R.][Kibai] T3 - Kibai - 21-04-2026

Los dos disparos del autodenominado dragón habían impactado como dos truenos contra Kibai mientras este hablaba, dejando agujeros en su uniforme como círculos requemados que dejaban ver la piel moteada que había debajo. El mink soltó un gruñido de dolor, pero aquello no bastaría para detenerlo. Tanto en los Cabos Gemelos como en Little Garden, había enfrentado penurias dolores bastante más severos que aquellos disparos, de modo que la acción a traición de Malkovich no impidió sus propios ataques.

Tras finalizar su técnica de esgrima, Kibai chasqueó los dedos en medio del claro. Las avispas que había depositado en el cuello de Malkovich con el pescozón reaccionaron al sonido con el que habían sido entrenadas, clavando sus aguijones profundamente en la carne del joven, inoculando su veneno al interior de su organismo. En esta ocasión, Kibai había emitido

Sonriendo al preveer como aquel "cazador" iba a llevarse muy pronto su merecido, Kibai se dejó de contemplaciones. Con Malkovich aún de espaldasa él, adoptó su postura de caza preferida, con el resto de avispones ya completamente replegados en su espalda, antes de lanzarse hacia delante asestando un nuevo tajo ascendente con Raimei.

¡¡¡GEKKO NO ISSEN!!!

La sangre manó de nuevo, caliente, humeando vapor contra el frío de la mañana. El familiar aroma salado llegó hasta las fosas de Kibai, que sin detenerse asestó un nuevo tajo con la espada en su espalda, trazando una X sangrienta en conjunción a su anterior corte, antes de golpear con su pierna izquierda dos veces a Malkovich, una en cada sien, sintiendo una enorme satisfacción al ver como su cabello se erizaba por la energía del Electro y sus músculos se contraían debido al shock eléctrico.

Dando un paso atrás, Kibai extendió a sus avispas por su espalda, manteniendo una postura de guardia perfecta, manteniendo en paralelo a Malkovich con Tom, para asegurarse que el padre no intentase echarle una mano a su hijo.

— Creí que iba a tener un combate justo, maldito cobarde de mierda! ¿Qué clase de hombre dispara antes siquiera de empezar a pelear? No eres más que un  niñato con ínfulas de grandeza al que llevar dos pistolas y matar a presas indefensas engañadas por su padre le ha hecho pensar que es un cazador de verdad. Harías bien en rendirte, y te prometo que tú y tu calaña tendréis un juicio justo.

Sin quitarle el ojo de encima a su rival, Kibai elevó el tono de voz.

— TOM! Hazme caso! Si os entregáis, podréis volver a vuestras casas tras unos cuantos años en prisión. Si os empeñáis en seguir con esto, no puedo garantizaros que salgáis de aquí con vida.

Trazando un último molinete con Raimei, Kibai apuntó con la espada a Malkovich, bajando el tono para que solo el chico le escuchase a la vez que una sonrisa surgía entre sus dientes, sin poder evitarlo. Al mismo tiempo, un gran enjambre de avispas pasó de su espalda a su  pecho, erigiéndose como un escudo enfrente de él.

— Y tampoco puedo garantizar que yo siga conteniendome en no arrancarte la cabeza...

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