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El Susurro del Invierno. [PA - Navegación] - Versión para impresión

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El Susurro del Invierno. [PA - Navegación] - Zhang Guolao - 16-04-2026


El Susurro del Invierno. [PA - Navegación]
Drum - Wu Wei - 32 Otoño, Año 17
Drum - Wu Wei - 32 Otoño, Año 17

El viejo burro, se encontraba sentado sobre el punto más alto de aquella embarcación, sus orejas atentas al susurro del viento, mientras su único ojo observaba el horizonte con calma, intentando encontrar tierra firme. Llevaban algunos días en el mar, y si navegar la Grand Line no era una tarea del todo sencilla, hacerlo con solo tres tripulantes había sido, sin duda, toda una odisea.

Pero allí estaban, impulsados por el viento que llenaba las velas de aquella embarcación. Zhang Guolao comenzaba a percibir una enorme mancha blanca que anunciaba la llegada a aquella isla invernal. El viejo burro resopló, y una leve sonrisa, tranquila, se dibujó en su rostro, mientras su cuerpo, acostumbrado al frío, sentía emoción.

Hmmm... El viejo burro gris resopló, y su cuerpo, ahora hecho de aire helado y nieve, se elevó suavemente, deslizándose por la embarcación. Habían llegado, y era el momento de desembarcar. En aquellas tierras desconocidas, pero habitadas... Habían pasado muchos meses desconectados del mundo, y Zhang sentía una serena curiosidad por conocer lo que había pasado en su ausencia.

Zhang flotaba suavemente por la embarcación, susurrando el anuncio de la llegada. —Hmmm... Ya llegamos, prepárense —dijo con su voz suave. Silencio, quien, a pesar de los viajes, aún tiritaba bajo el espeso pelaje de Zhang, parecía buscar consuelo del frío. El viejo burro, por su parte, sentía como si el destino lo hubiera traído a este rincón helado del mundo.

Debían ser cautelosos, pues la Mano Vacía era una tripulación buscada, y tras los sucesos en los Cabos Gemelos, era mejor no causar un gran revuelo. Por este motivo, tras la llegada, Zhang enrolló con calma las velas de su navío. Sus orejas captaban el murmullo de la gente, eran voces... desconocidas y eso no lo tranquilizaba.

—Hmmm... Me encantaría encontrar un buen lugar para tomar un té caliente y quizás algo de comer —dijo Zhang, su voz profunda llegando a sus compañeras—. ¿Les parece bien ir a buscar algo de comer? Así, de paso, podemos averiguar un poco sobre esta isla.

Era mejor ser precavidos. Cuando sus grandes pezuñas tocaron finalmente la nieve, Zhang sintió cómo el frío del suelo se hacía uno con el de su propio cuerpo, casi de inmediato. Hmmm... Era como si la isla lo reconociera, y lo invitara a seguir. Su cuerpo helado resonó con la energía del lugar, y el aire a su alrededor se volvió aún más frío. Silencio, por su parte, dio un chillido agudo y salió corriendo, buscando el calor de Mahou.

—¿Mucho frío, chicas? Hmmm... La vida tiene sus formas de recordarnos lo pequeños que somos, ¿verdad? —preguntó Zhang, su aliento gélido formaba nubes en el aire. El cuerpo del viejo burro era incapaz de sentir, pero podía percibir cómo los demás se refugiaban de él.

Zhang sentía una gran curiosidad por recorrer la isla, y sus orejas ya captaban los sonidos lejanos de lo desconocido. Pero esperó con paciencia a que sus compañeras descendieran. Hmmm... Debían esperar un poco más, y además, el viejo burro sentía el peso del viaje en huesos.



RE: El Susurro del Invierno. [PA - Navegación] - Bai Mudan - 17-04-2026

Sus manos, bajo el pulcro abrigo del algodón, sintieron el roce de la cuerda al deslizarse entre sus dedos. Una sensación amortiguada gracias a los guantes de negro cuero que las protegían de las inclemencias del tiempo; su rostro se torció en una mueca de ligero dolor y es que, aunque el contacto fuera suave, la presión sobre su carne le ardía como si la estela de una llama se desplazara sobre ella.

Y es que, concentrada en su tarea, Bai se encontraba en la proa enrollando una cuerda que se había salido de su sitio en algún descuido.

¡Por supuesto que podría no haberlo hecho!

Podría, incluso, haber delegado la tarea en otro, especialmente teniendo en cuenta el estado de sus manos, castigadas por la fricción, el frío y la sal; por aquella ingenua creencia de que su piel resistiría sin consecuencias a cualquier cosa que se le pusiera por delante. Pero Bai no era así. No cuando había trabajo que hacer. No cuando implicaba sostener algo más que su propio peso y arrimar el hombro junto a sus compañeros.

—¡Voy!

Su voz resonó como un eco gutural que difícilmente encontraría sentido en oídos ajenos a su lengua. Sus manos se apresuraron, y con ello el dolor se intensificó, obligándola a acelerar aún más el ritmo.

—¡Ya casi estoy!

Y dicho eso, terminó con el nudo con un último ajuste firme para finalmente iniciar casi al acto con otra; un crujido más elevado que el de la madera helada bajo peso quedó suspendido en el ambiente. Era el mecanismo de la pasarela funcionando tan rápido como Bai se lo permitía, pues esta, aún adolorida, sostenía la cuerda que evitaba que cayera de golpe. De esta forma, trazando un arco, el puente fue bajando paulatinamente hasta encajar con un golpe sordo contra el muelle. A continuación, la birkiniana ató la cuerda a la baranda y se hizo a un lado para que sus compañeros pasaran primero en lo que terminaba.

Sin embargo, Zhang le cedió el paso y ella, agradecida con el mink por el cortés gesto, esbozó una sonrisa y acompañó el gesto con un suave movimiento de cabeza antes de iniciar su descenso del barco y, al hacerlo, Bai alzó ligeramente el mentón como si desde su altura no pudiera otear a la distancia.

Ante ella, el puerto se desplegaba en todo su fervor. Decenas de figuras, o quizás cientos de ellas, iban y venían con prisa como si, de no correr, el mundo se fuera a acabar. Y, pese a ello, el paisaje era tranquilizador debido a la caótica familiaridad.

Tap.

La goma de sus botas entró en contacto con la fina capa de lo que a Mudan se le antojaba como permafrost.

Tap.

Durante un instante, permaneció inmóvil evaluando si aquellos zapatos eran los adecuados para recorrer el muelle.

Tap, tap.

Bai avanzó lo justo, obligada a medir sus movimientos para no resbalar, y así asegurarse de que el burro no se caía.

—Zhang, no te ofendas, pero... —Bai lo miró sopesando si debía decirlo o no ——. ¿No es peligroso para ti este suelo?

En aquel momento, su atención se desvió hacia el portuario horizonte. Alguien había gritado y el sonido de una pesada carga había cruzado el aire con fuerza.

Se detuvo apenas un segundo más.

La gente empezó a murmurar y arremolinarse cerca de la fuente del sonido. Parecía que alguien había traído una buena carga.

—Perdona, Zhang. Lo que quería decir es que creo que vamos a necesitar ropa nueva.

Para Mahou



RE: El Susurro del Invierno. [PA - Navegación] - PX-6 - 21-04-2026

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Viaje: Finalizado


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