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Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Hyákinthos - 17-04-2026 Isla Karate
Día 11 de verano, año 16
1:38 p.m.
Alcohol destilado, alumbre, láudano, azufre, aloe vera, jengibre, hojas de tabaco, resina de opio…MENTA…
Y la lista sigue.
El papel que se extiende en sus manos solo lleva tachadas cinco de las 18 cosas que estaban enlistadas…Aún le quedaba mucho por comprar y no había un puesto en específico en donde vendieran todo lo que necesitaba. Suspiró con pesadez, dejando que una fuerte bocanada de aire escapara por su boca y removiera unos cuantos mechones de pelo rosa que habían caído frente a su rostro.
La tarde en el pueblo de Isla Karate estaba movida. Las personas iban y venían, la mayoría apresurados, además, los comerciantes no se quedaban atrás, vociferaban sus productos, haciendo que el caos sonoro solo se elevara y que apenas se entendiera que es lo que vendían, pues sus voces se mezclaban entre sí. Sumado a eso, era un día en donde el sol no perdonaba, estaba ya a un lado del cielo, yendo hacia el oeste, pero no tan bajo como para que sus rayos fueran amables, de hecho, al tocar la piel hacían que esta adquiriera una molesta sensación de picor y, como cereza sobre el pastel, el penetrante olor de pescados y mariscos hacía que muchos de los que pasaran por el mercado colindante al puerto, arrugaran sus narices.
Menos mal que el médico de cabellos rosas, aunque tenía todos los problemas anteriores, no podía sentir el aroma de “mar” que había en el lugar, pues su mal olfato se lo impedía; sin embargo, un dilema se añadía a él, pues por su tipo de vestimenta y su belleza andrógina, más de uno se le quedaba mirando cuando pasaba…No era la mejor manera de pasar desapercibido en un puerto y, sobre todo, no era lo ideal si lo que buscaba era hacer sus compras en paz.
Al final, luego de dar un par más de vueltas y de techar otro grupo de palabras de la lista de compras de insumos médicos, el pelirrosa decidió darse un descanso de su tarea y caminó hacia lo que parecía una pequeña cafetería al aire libre que estaba justo al lado de uno de los muelles secundarios.
Al ir acercándose, dejó escapar un bostezo largo y tendido mientras que cerraba sus ojos y se echaba al hombro la bolsa de compras que llevaba en una de sus manos enguantadas —una costumbre adquirida, aunque hiciera calor, no quería dañar su fuente de trabajo —; sin embargo, mientras hacía todo eso, en ningún momento dejó de caminar…tal vez debió detenerse antes de chocar con alguien más.
Sus ojos se abrieron de manera abrupta, no asustado, si no algo confundido, pues habría jurado que nadie estaba en su camino antes de eso, aunque las cosas pueden cambiar en cuestión de segundos, además, no se enojó, primero porque estaba consciente de que era el culpable de aquel choque y, segundo, porque aquel encuentro le hizo sacudirse, un poco, la pereza que le provocaba ir de compras en un día tan ajetreado.
Miró hacia abajo y, entonces, se encontró con un chico de cabellos rojizos y ojos de un color similar…algo bastante peculiar en una persona, si le pedían opinión, mas, a decir verdad, no fue su apariencia la que llamó su atención, si no una vaga sensación de familiaridad…pero…eso debía ser imposible ¿No era así? No tenía motivo para conocer a alguien que portara un uniforme de la marina…Bueno…entre comillas, a fin de cuentas, si que trataba con algunos marines un poco corruptos, más que nada por temas de negocios, pero este chico no era uno de sus “pacientes” y, además, no tenía cara de ser un animal rastrero como los marines con los que acostumbraba a interactuar.
El médico parpadeó un par de veces y estuvo a punto de preguntarle si se conocían de algún lado, pero al final optó por sonreír de manera amigable y mirar al chico a los ojos.
—Mil disculpas, oficial —. Empezó diciendo en el tono más amable posible. —Estoy algo cansado y no me fijé cuando venía caminando, espero no haberlo incomodado ni haberme metido en su trabajo por error —. Le dedicó una mirada más, una que mostrara su rostro más gentil y, antes de que el marine pudiera responderle, el médico lo rodeó para sentarse en una mesa cercana, una que tenía solo dos puestos y, de hecho, tuvo suerte de encontrar un par de sillas vacías, pues con lo aglomerado que estaba el mercado, no quedaban muchos puestos libres.
Cuando se sentó, acomodándose bien en la silla, antes de que un mesero viniera a atenderlo, giró su rostro para mirar de nuevo al marine. Terminó frunciendo el ceño… ¿Por qué sentía que había pasado algo importante con alguien de rostro similar? Chasqueó la lengua y luego de mordió, por manía, el interior de su boca, todo mientras pensaba en quién podía ser aquel chico. En momentos como ese de verdad odiaba su mala memoria.
Botiquín. Solo abrir en caso de emergencias
RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Bertram Gaufrid - 23-05-2026 El joven arquero seguía por la isla de los karatekas, una isla donde desde que llegó no paró de lidiar con todo tipo de criminales y situaciones, entre los idiotas que le asaltaron junto a otro marine, algunos ladrones de poca monta y una noche en la que se encontró con una especie de organización de tráfico de personas, o más bien de tráfico de órganos. Lamentablemente aún no podía regresar a Roshawn, isla donde se estableció y donde se inició su división, por lo que pasó la noche en el barco, cuidando de su compañero peludo antes de marcharse de regreso a la fría isla y poder terminar el papeleo, además de entregar a los criminales que fue arrestando en el cuartel pues en la isla en la que se encontraban no había un cuartel presente. El pelirrojo se acostó en cubierta, o con más precisión en la cofia del mástil principal siendo que estaba acostumbrado a descansar en zonas elevadas de cuando debía hacerlo par evitar que las presas percibieran su posición y para evitar que depredadores lo localizaran, todo parte de su entrenamiento como cazador.
Debido a que no podía marcharse aún el joven decidió dar una nueva vuelta por la isla, asegurarse que estaba todo en orden y nadie necesitara ayuda ni intentara hacer algo que no debiera, pues a pesar de que los guerreros de la isla eran bastante capaces y hábiles, como marine no podía quedarse quieto ante un delito y actuaría sin pensarlo. De la misma manera, ayudaría a cualquiera que lo necesitara, pidiese o no ayuda por principio. El joven durmió cómodamente y tranquilo, teniendo bien inmovilizados además de que no son criminales demasiado peligrosos ni tampoco tienen la capacidad de liberarse de las ataduras, mucho menos enfrentar a Bertram o escapar de él. Al día siguiente del encuentro con esa extraña pareja de sujetos que tenían entre manos una operación de lo más sospechosa y que tuvo que dejar ir por el hecho de que no podía asegurarse de arrestarlos y salvar a sus víctimas él solo, y dudaba que los refuerzos llegaran a tiempo. El pelirrojo se lamentaba no haber podido detener a los criminales, pero priorizó el bienestar de las víctimas y un final sin sangre a arriesgarse a pelear con ambos sujetos y acabar herido y que los inocentes acabaran heridos o muertos. Para despejar su mente y aprovechar el tiempo, al día siguiente el joven arquero decidió salir a reabastecer el barco, por lo que se colocó bien su uniforme, ajustó su arco y sus flechas a su espalda y salió a la isla, quedándose por la zona portuaria para evitar adentrarse demasiado y perder la hora de partida. El joven nada más bajarse del barco se estiró desperezándose y comenzó a caminar bajo los calurosos rayos de sol que aún brillaba con fuerza a pesar de estar ya a medio ponerse. Su pelo corto y desordenado se agitaba con la suave brisa que recorría las calles y refrescaba mínimamente el calor del ambiente, aunque no era ni de lejos suficiente para que no se sintiera el clima algo agobiante. El joven caminaba con calma, atento a los detalles a su alrededor y como el entorno estaba lleno de vida, ruido y caos, algo muy común en ese tipo de mercados donde los anuncios de los vendedores se superponían y entremezclaban haciendo complicado distinguir qué era lo que vendían además de que el sonido de la gente que pasaba charlando no hacía más fácil el distinguir sus palabras. Entre eso, el calor y el fuerte olor del pescado el lugar ciertamente no era un sitio al que uno fuera a disfrutar de una tarde tranquila, más bien era un lugar al que ir sino más bien era donde ibas a comprar y poco más. El joven arquero no sufría demasiado pues estaba acostumbrado al calor y a olores fuertes de cuando le tocaba despiezar a los animales para venderlos. El joven estaba caminando, atento al entorno, evitando chocar con los demás cuando de pronto vio a uno de los sujetos de la noche anterior, pero antes de poder decir nada no pudo evitar el choque, pues era o chocar con él o chocar con un niño detrás suya, por lo que aguantó el golpe y vio como el sujeto tenía una expresión extraña, como si hubiera visto alguien familiar pero fuera incapaz de reconocerlo, por lo que dedujo que no lo reconocía del todo. Bertram suspiró y se rascó tras la cabeza mientras escuchaba las disculpas y palabras del sujeto, siendo consciente de que podía ser un criminal, o bien la noche anterior actuaba de aquella manera por protegerse a sí mismo a alguien importante por lo que con calma dijo -Parece que no eres precisamente bueno recordando rostros, y eso que fue anoche que nos cruzamos sir. Aún no sé porque ayudabas a ese rubio con lo que fuera que hiciera con esos jóvenes, pero por tu bien lo mejor que puedes hacer es alejarte de él y buscar un trabajo honesto.- RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Hyákinthos - 05-06-2026 Sentado en la mesa, aunque se preguntó de dónde conocía al marine, prefirió dejar pronto esa duda atrás, a final de cuentas, conocía su mente demasiado bien como para saber que no daría con la respuesta a menos que la otra persona decidiera decirle si se conocían o no, así que, para dejar de interrogar a su olvidadizo cerebro, decidió sacar del bolsillo de su pantalón un frasco de vidrio en tono ámbar en el que se podía observar apenas un poco de un líquido en su interior…Era la poca esencia de menta que le quedaba. Pensó en oler aquel aroma mentolado, así dejaría de pensar en cualquier otra cosa; sin embargo, antes de siquiera abrir el frasco, el mismo marine pelirrojo con el que chocó segundos antes, parecía dirigirse a él.
Escuchó su voz cerca y, menos mal, no habría querido que alguien más escuchara lo que el joven marine estaba diciendo, aunque, de todos modos, el pelirrosa no pudo evitar fruncir el ceño, mientras colocaba el frasco sobre la pesa con una pesadez innecesaria. De repente, el rostro amable con el que se había presentado antes se ensombreció al mirar de reojo a su interlocutor, aunque no fue más que una fracción de segundo, porque pronto ocultó esa molestia y se dispuso a mirar de frente al marine. En su rostro se reflejaba algo de confusión que parecía genuina, así como una expresión de ingenuidad mezclada con un aspecto distraído que podría confundir a cualquiera que no hubiera visto su verdadero ser.
—¿Disculpe? —Claro que se encargó de colocar su mejor cara de “no sé de qué estas hablando”, por más que recordara a la perfección lo que había ocurrido la noche anterior, porque sí, su memoria era terrible para rostros, nombres, direcciones y eventos cotidianos, pero todo lo que tuviera que ver con su trabajo solía recordarlo bastante bien, además… ¿Cómo olvidar la noche en la que Rafael y él perdieron a dos presas tan importantes? Sí, pudieron reponerlas después…porque sus propios guardias, esos que habían fallado en vigilar la entrada terminaron siendo entregados en lugar de los chicos originales. ¡Fue una locura! Tener que improvisar no era algo que le agradara cuando se trataba de trabajo y aunque todo salió bien al final, si que pasó un mal rato y todo por culpa de quien tenía en frente…aparentemente.
—Creo que me está confundiendo con alguien más, anoche no recuerdo haberme encontrado con un oficial de la marina, seguro lo recordaría…Aunque acertó en algo, a veces tengo mala memoria para recordar rostros, pero…creo que recordaría a alguien con su color de cabello —. Mintió con un tono de voz suave, aterciopelado. Estaba tan acostumbrado a tener que hacer este tipo de papeles. —Así que agradecería que, por favor, no asuma que no tengo un trabajo honesto —. Sacó de su bolsillo la lista de insumos que, a estas alturas, ya tenía tachada más de la mitad de los ingredientes. La colocó sobre la mesa y con su dedo índice señaló dio tres toquecitos sobre el papel.
—¿Lo ve? Puede acercarse si lo desea…En esta lista lo único que tengo anotado son insumos médicos, plantas, especias, esencias, gasas y ese tipo de cosas ¿Sabe por qué? Porque soy médico, oficial —. Dejó que el pelirrojo se acercara si así lo decidía y sí, sabía que una simple lista de compras no sería suficiente para demostrar su inocencia, así que también decidió colocar su bolsa de compras sobre la madera firme de la mesa. —La verdad es que la noche anterior me la pasé revisando mi inventario para saber que es lo que debía conseguir hoy en el mercado; sin embargo, si alguien parecido a mi se ha metido en problemas con la ley…supongo que podría informar, en la base de la marina más cercana, si lo veo ¿Le parece un buen trato?
En ese momento, antes de que el pelirrojo pudiera contestar, un chico flacucho y alto, con el típico rostro de adolescente cansado de vivir, se acercó a la mesa en donde estaba el pelirrosa. Miró tanto al médico como al marine con la misma pereza con la que se había acercado a atenderlos y entonces sacó un bolígrafo y una libretita.
—¿Van a ordenar algo? Las mesas son para clientes y el local está lleno —. Habló sin saludar y, aunque no fue grosero, tampoco fue el más cordial al deslizar en la mesa un par de menús. El chico, simplemente, asumió que ambos hombres comerían juntos y se quedarían por más tiempo en el local de comida.
El médico, para evitar tener que ponerse de pie y seguir caminando bajo el sol abrasador, terminó cediendo y tomó el papel entre sus manos para leer la carta. La verdad es que no había nada que se le apeteciera en especial, después de todo, seguro que el cocinero de su barco podría preparar algo decente para él al regresar, pero… ¿Qué más daba? Al menos tomaría y picaría algo…además, tal vez así al marine se le quitaría la idea de que era un criminal…si lo veía tener una rutina normal y en medio de tanta gente… ¿Quién podría sospechar que era un traficante?
—Croquetas de cangrejo y…un buen trago de tequila con hielo…mucho hielo —. Entregó la carta al chico, quien anotó la orden sin dudar, esperó por la decisión del marine y luego se fue con esa misma parsimonia con la que había llegado.
—¿En qué estábamos? ¡Ah sí! Que le avisaría si encuentro a alguien parecido a mi con un trabajo deshonesto…No tiene de que preocuparse, oficial y tampoco me debe una disculpa por confundirme con un…no sé… ¿Criminal? Sé lo que se siente tener mala memoria para las caras —. Sonrió como si nada ocurriera, para él, el mundo seguía girando con normalidad sin importar que la noche anterior había destazado a dos seres humanos. No tenía remordimientos y nada de lo que dijeran podría hacerle reflexionar. Seguiría con su vida de mentiras, después de todo, no es como que conociera algo más.
RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Bertram Gaufrid - 08-06-2026 El joven marine se encontraba caminando por las calles de Karate, aún le quedaba tiempo para su partida de la isla y por ende tenía que buscar algo que hacer, por lo que decidió aprovechar el tiempo, comprobar el estado de la isla y si necesitaban la ayuda de la marina con algo, pues si bien era una isla independiente y autosuficiente incluso en el apartado de seguridad, no era inteligente descartar la posibilidad de que en algún momento sus defensas se vieran superadas o necesitaran un trabajo más de investigación que simplemente de expulsión, por lo que contar con gente acostumbrada a localizar criminales, estudiar sus comunicaciones e identificar la red de contactos y todos los sujetos que participaban en lo que fuera que estuvieran planeando era algo bastante sensato y útil de hacer. El joven arquero la noche anterior logró salvar dos vidas, lamentablemente no pudo terminar de arrestar a los culpables ya que no podría asegurar la vida de las víctimas al mismo tiempo que se encargaba de neutralizar a los criminales y apresarlos para llevarlos a Roshwan y que enfrentaran un juicio y una condena por sus crímenes.
El sol se empezaba a alzar con fuerza, siendo casi medio día, momento donde el sol brillaba con más intensidad, cuando se cruzó accidentalmente y de forma totalmente inesperada con uno de los sujetos de la noche anterior, pero al parecer el pelirrosa o no quiso o no pudo reconocerle, fuera como fuera no podía simplemente ignorar el hecho de que lo vio traficar con personas, o más bien parecía preparado para extirpar sus órganos por lo que sería más bien un tráfico de órganos humanos, algo todavía más cruel y despiadado. Ciertamente el pelirrojo no sabía si el sujeto que tenía en frente ayudaba de forma voluntaria o era una víctima a la que chantajeaban usando a su familia como rehenes o reteniendo algo de tanto valor para él como para acceder a cometer semejantes atrocidades. El sujeto le miraba como si realmente no supiera de que estaba hablando, seguramente buscaba hacer al marine dudar de lo que vio la noche anterior, o más bien, de que él fuera la persona a la que buscaba y fuese simplemente alguien que se le parecía. Eso podría engañar a muchos, pero el joven pelirrojo era un excazador, entrenó sus ojos y memoria para fijarse y grabar todos los detalles de lo que veía, sobre todo de sus objetivos, algo que quedó residual en su capacidad para reconocer los detalles del aspecto de una persona con mayor facilidad, algo que junto a su increíble percepción hacía que le resultara algo más sencillo saber cuando trataban de engañarle o a la hora de leer las micro expresiones que uno no podía controlar directamente antes de tenerlas. Precisamente eso último fue lo que llamó la atención de Bertram, por un momento justo antes de que respondiera a las palabras del pelirrojo, pues pudo ver una mueca muy breve que no encajaba con el aspecto que trataba de dar posterior a sus palabras. El pelirrosa trataba de convencer al marine que se había confundido de persona, que no recordaba hacer tenido encuentro alguno con un oficial de la marina aunque reconocía el ser malo para recordar rostros, dejando claro que seguramente recordaría a alguien con el color de pelo del sargento. Bertram seguía sin estar seguro de qué hacía la noche anterior, si era algo que hacía por su propia decisión o por presión, por lo que mantuvo la conversación en un tono calmado, de tal forma que los que los rodeaban no tenían como saber de qué estaban hablando. Tratando de convencer al sargento Gaufrid el pelirrosa trató de desviar las sospechas diciendo que reportaría en la base marine más cercana si veía a alguien parecido a él por el posible criminal al que buscaba un marine. Bertram iba a hablar, echando un vistazo a la lista que parecía ser de lo más normal, cuando de pronto un joven aproximadamente de su edad indicó que las mesas eran únicamente para clientes y estaban llenos, antes de desplazar dos cartas sobre la misma con una indirecta. Bertram suspiró y se rascó tras la cabeza mientras tomaba asiento en la silla libre, y tomó la carta leyéndola con cuidado y pensando qué tomar escuchando como el hombre hacía su pedido por lo que el pelirrojo dijo -Yo tomaré el bocata especial de pollo empanado con extra de tomate y un buen vaso de hidromiel, sir.- Tras eso entregó de vuelta el menú al camarero y lo vio marcharse antes de devolver su atención al pelirrosa y escuchar lo que tenía a decir. Bertram sabía que le estaba mintiendo, podía no destacar en muchas cosas, pero sí tenía buena memoria y una capacidad bastante buena para intuir cuando alguien no estaba siendo totalmente sincero, por lo que decidió aprovechar eso para conseguir información por lo que miró con calma al sujeto y dijo -Bueno, si realmente es inocente y solo se parece con el hombre que vi anoche necesitaré que me de su nombre y me indique su residencia actual, así le podré indicar el cuartel más cercano para que dé el aviso y avisar de que no lo confundan con el sospechoso, sir. Así cuando llegue al cuartel podrá indicar que informó previamente al sargento Gaufrid y no tendrá que preocuparse de ser arrestado. También necesitaré que me diga si conoce a un hombre llamado Rafael.- La mirada del joven marine era neutral, no mostraba ningún indicio del hecho que estaba aprovechando la propia insistencia en inocencia del pelirrosa para conseguir más información sobre él sin dejar ver que seguía sospechando de él RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Hyákinthos - 25-06-2026 No sabía si estar en público era una señal de buena o de mala suerte, pues en medio del bullicio del restaurante de mala muerte de aquel mercado, el médico solo podía dedicarse a fingir la mejor de sus sonrisas y a regalarle al marine pelirrojo la mirada más inocente que pudiera tener en su arsenal. ¿Funcionaría? No tenía idea, de hecho, se atrevería a ser un poco negativo: Lo dudaba mucho. ¿Por qué? La situación fue la noche anterior, no la semana pasada ni hace un mes; era claro que la memoria de lo ocurrido estaba fresca en la mente de cualquier persona que no tuviera el mismo problema de amnesia selectiva que él. Aun así, seguiría intentando salirse con la suya, sin importar que.
—Hidromiel, que curiosa elección ¿No tiene alcohol? Creería que un marine en servicio evitaría el licor —. No es que le importara, simplemente quería picar un poco los ánimos de quien lo estaba molestando a él, le parecía un intercambio equivalente. —Aunque no debe preocuparse, no es como que lo vaya a delatar, después de todo, tal vez todo esto se me olvide en un par de horas ¿Sabe? —Una verdad que parecía exagerada, pero que era cierta en muchos sentidos: estaba más que seguro de que olvidaría aquel encuentro tarde o temprano.
—Y claro que soy inocente, oficial. No sé que habrá visto anoche, pero le aseguro que no era yo —. Mentir era algo a lo que estaba tan acostumbrado que las palabras salían con suma facilidad. No tenía que hacer esfuerzo alguno; sin embargo, a pesar de su rostro sereno, su mente empezaba a colapsar tanto que tuvo que apretar sus puños bajo la mesa cuando fue cuestionado con cosas tan sencillas como un nombre o una residencia. Debía estar acostumbrado a dar esas respuestas, pero siempre era igual de molesto tener que inventarse una mentira tras otra.
—Jmmm…Lamentablemente no tengo una residencia actual en esta isla. No soy lugareño —. Rápidamente se inventó una excusa creíble, una en la que realmente no había una mentira, después de todo, no era un local, venía de lejos…de muy lejos. —Vengo de otro océano, pero llegué al South hace mucho tiempo, aunque si tuviera que elegir una isla de residencia, le diría que esa es Sorbet —. Continuó con sus palabras a la vez que relajaba sus puños, entrando más en ambiente y en confianza, a fin de cuentas, esa tampoco era una mentira. Se inclinó hacia adelante en la mesa y apoyó sus codos sobre la mesa para después apoyar, despreocupadamente, su mentón sobre una de las palmas de sus manos. —Es donde he pasado la mayor parte de mi tiempo en estos mares —. Dejó escapar un suspiro que parecía ser el de una persona que “añoraba” su hogar, eso si que era una mentira.
—Perdone, pero lo cierto es que aquí solo estoy como visitante… ¿Si me entiende? Por simple esparcimiento —. Normalmente habría dicho que era un viaje de negocios, pero eso solo empeoraría las cosas y lo sabía bien. —Así que no, no puedo darle una residencia, pero me estoy quedando en uno de los hoteles cercanos al puerto ¡Ah! ¿Cómo era su nombre? —Mordió su labio con fuerza, una señal clara de que, si se estaba esforzando en buscar un nombre real en su cabeza, porque lo cierto es que, aunque pasaba la mayor parte del tiempo en su barco, había creado una buena relación con el administrador de un hotel con el que a veces pasaba tiempo, por lo que solo le bastaba llamarlo para decirle que le hiciera el favor de apoyarlo si es que llegaba alguien para interrogar a alguno de los empleados del local. —¡Cierto! ¡Las Vides! Ese es su nombre…incluso podría llevarlo allí para que compruebe que es mi “residencia” en esta isla —. Sí, era mejor eso que dejar cabos sueltos, solo bastaba que el marine aceptara.
—¿Y en serio tengo que darle un nombre? Siento que estoy siendo interrogado en público ¿Esto es legal? Bueno, mi nombre es…Hans —. El mismo nombre falso que le entregó al administrador del hotel con el que a veces compartía sus horas, de esa manera no tendría que pensar en algo extra y todo estaría conectado. —Así, sin apellido…No puedo recordarlo, lo siento, creo que padezco de amnesia —. Aunque cierta, detestaba su condición y más aun dar lástima por ella, pero en esta ocasión lo encontró necesario porque ¿Quién sospecharía de un pobre hombre al que se le olvidaba incluso su apellido?
—¿Hay algo que se me esté olvidando? ¡Ah sí! Rafael —. Curiosamente “recordó” el nombre, cuando normalmente lo habría pronunciado mal o, de plano, lo habría cambiado, aunque claro, esta peculiar característica del pelirrosa no era algo que el marine conociera. —No, no conozco a ningún Rafael ¿Podría describírmelo? Ya le dije que le daré mi ayuda si es necesario encontrar a alguien, claro…mientras esté en esta isla…quizá me vaya pronto —. Dejó caer de manera casual, sin importar mucho revelar un plan real, a fin de cuentas, tenía la esperanza de que el marine desistiera de investigarlo, después de todo, no iba a seguirlo ni a mandar a vigilarlo ¿O sí?
Tragó saliva al pensar en la posibilidad de que alguien lo vigilara. No sabía que clase de hombre era el marine frente a él ¿Y si era de esas personas obsesivas? Chasqueó la lengua, sin querer, ahora tendría que preocuparse por estar atento en una isla en la que creyó estar seguro… ¡Mierda! Rafael sí que había metido la pata al dejar la puerta abierta… ¡No! No era momento para pensar en eso. Tomó aire y prefirió mirar al marine directo a los ojos.
—¿Hay algo más en que pueda ayudarlo, oficial? Si necesita alguna prueba de mi inocencia, puedo dársela...dependiendo de que pida, pero creo que al menos sería bueno comer un almuerzo antes y que usted saque sus propias conclusiones sobre mi ¿No lo cree? Porque le aseguro que no soy un criminal —. Al decir eso, el mesero de cara amargada llegó a la mesa con dos vasos de agua. Se lo habría bebido, pero estaba tan concentrado en el sujeto frente a él, intentando memorizar sus rastros y el tono rojo de su cabello, que apenas y notó que lo habían colocado sobre la mesa.
RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Bertram Gaufrid - 03-08-2026 El joven marine es alguien sereno y con una personalidad afable, salvo cuando trata con piratas donde su desprecio por ese grupo hace imposible que los trate de forma amable, por lo que por norma general la gente no suele ser reacia a hablar con él, además, al emplear un tono calmado y tranquilo suele lograr dar una sensación de comodidad y seguridad a la gente con la que habla, incluso cuando trata temas delicados o interroga a testigos o sospechosos, la calma favorece el conseguir información, o eso es lo que piensa el joven arquero, quien acompaña eso con su gran percepción desarrollada después de varios años viviendo como un cazador, acostumbrado a fijarse en detalles y percibir cambios mínimos, además de estudiar a sus presas, algo que extrapoló de seguir animales a estudiar el comportamiento de los seres racionales que plagan el mundo. El joven médico se sorprendió de la elección de bebida del arquero quien en respuesta dijo
-De servicio no bebo, ahora ando regresando a base y estoy fuera de mi horario, pero como he de ir directamente a la base decidí ir directamente con el uniforme sir. Además, es una bebida que me trae recuerdos de cuando cumplí 18 años y mi abuelo me invitó a mi primera bebida.- A simple vista el joven parecía realmente inocente y era altamente probable que solamente se pareciera al sujeto que encontró el pelirrojo la noche anterior, sin embargo, no podía estar del todo seguro hasta que no indagara un poco más por lo que decidió seguir conversando con el hombre para saber más de él. Al parecer, el médico no era un lugareño, sino que provenía de una zona lejana, pero de tener una residencia en el South sería Sorbet. El pelirrosado parecía tener algunos problemas de memoria, o al menos eso veía el marine al esperar pacientemente que terminara de responder las preguntas que le hizo sobre su residencia y nombre, siendo que parecía reacio a dar un nombre, pero finalmente dijo llamarse Hans, algo que Bertram anotó en una libreta que sacó conforme empezó a contestar sobre su residencia y nombre. También dijo que no conocía a alguien llamado Rafael y aparentemente no había indicio de mentira al igual que en las palabras anteriores por lo que o era alguien que mentía muy bien o realmente no conocía a ningún Rafael. Bertram lo miraba con calma, estudiando por si detectaba algún indicio de mentira anotando todo lo que decía y escuchando su pregunta por el aspecto del tal Rafael y su propuesta de tomar algo antes de la prueba de su inocencia, aunque realmente la idea era esa, almorzar y conversar para determinar por él mismo si era un criminal o no. Bertram dejó la libreta en la mesa mientras se rascaba tras la cabeza antes de decir -Es un hombre rubio, más o menos de tu misma altura y bien vestido. Parece el típico trabajador de buen puesto o secretario de alguien bien posicionado, vestía de manera impoluta. Respecto al tema de su inocencia sir, la idea siempre fue hablar y que me contara sobre su oficio, como se gana la vida y como viaja por las islas, además de si sabe cual sería su siguiente destino.- RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Hyákinthos - 04-08-2026 Inclinó su cabeza hacia un lado y sus ojos brillaron con interés, mientras que su boca se abría en una casi perfecta “o”, un inequívoco signo de sorpresa… ¿Por qué se sorprendía? Simple, de entre todas las personas que pudieran contarle algo personal, jamás creyó que un marine, que sospechaba de haberlo encontrado en una actividad ilegal el día anterior, se atreviera a contarle algo tan personal… ¿Sería cierto? ¿O era solo una estrategia para hacerlo entrar en confianza? Bueno, no es que importara la razón, porque, de todos modos, algo dentro del pecho del pelirrosa se había removido.
Por inercia, llevó su mano al medio de su pecho, arrugando con su puño le tela rosa de su camisa. Por un instante el aire le faltó y se vio obligado a respirar fuerte… ¿Era capaz de sentir envidia por un marine? Sí, en ese momento la sentía…Sentía envidia por el simple hecho de que el otro hombre fuera capaz de tener un recuerdo agradable con un miembro de su familia…como cualquier persona normal. El anormal era él…Él era quien se veía incapaz de recordar más allá de su despertar en aquella mugrosa y húmeda celda, con su cuerpo adolorido y con su cabeza matándolo, por eso ahora que el pelirrojo mencionaba un recuerdo tan casual, el médico no pudo hacer más que preguntarse: ¿Qué se sentiría contar con un recuerdo familiar? ¿El habría tenido abuelos, padres, hermanos?
La simple idea hizo que el pelirrosa sonriera…No, él no podía anhelar algo como eso, en medio de su corrupción, seguramente los arrastraría a su caótica vida, así como arrastró a su antigua tripulación, a esos mismos que recordaba luego de haber despertado en ese barco asqueroso, con dolor, sin memoria, sin nada…El médico movió su cabeza de lado a lado y apartó unos cuantos mechones de cabello con su mano antes de encarar nuevamente al marine pelirrojo.
—En ese caso, espero que disfrute su bebida cuando el mesero amargado se digne en traerla, joven marine —. Mencionó de manera casual, como quien lleva una conversación con alguien que es prospecto para ser un posible amigo…aunque en este caso, eso estaba muy lejos de la realidad. —Seguro que su abuelo lo ha de extrañar. Sé que los marines no suelen quedarse en su isla de origen y pasa mucho para que regresen de visita…Estuve un tiempo en la marina, por eso lo sé —. Como infiltrado, sí…pero en la marina, al fin y al cabo. En una posición de poder era más fácil conseguir posibles “donantes” de órganos. —Como médico, por supuesto…nunca he sido un soldado, pero ¡Ya ve! Aquí tiene otro motivo más por el que no podría yo ser ese sujeto que dice haber visto… ¿Acaso alguien que haya trabajado con la marina se involucraría en algo ilegal?
Era un dato que había olvidado mencionar, pero que en ese momento le pareció de lo más adecuado mencionar, después de todo, si el marine era capaz de mencionar un dato personal, él también podría usar ese tipo de detalles a su favor… ¿Qué mejor manera de hacer que alguien confiara en él que contándole detalles inocentes sobre su vida? Sin embargo, antes de que pudiera añadir algo más, el marine empezó a darle la descripción que el mismo había pedido antes sobre Rafael.
Chasqueó la lengua…Rubio, alto, bien vestido…Como si no lo conociera.
Casi que suelta un bufido… ¿En qué estaba pensando?
Era claro que esto no podía terminar bien si seguían hablando, además, no es como que pudiera delatar realmente a Rafael, pero por ahora, debía seguir con esa mentira que se había montado, a fin de cuentas, actuar y mentir se le daba bastante bien.
—¡Ah! Lo siento, oficial, pero lo cierto es que la descripción que me da puede coincidir con muchas personas, aunque seguro que un retratista podría intentar hacer un dibujo si llega a dar más detalles de como se veía el tal…Raf… ¿Rafael, no? —Se hizo el inocente, como si de verdad le costara recordar un nombre que, a diferencia de otros, tenía más que memorizado. —¿Conoce a alguno? Porque si no, podríamos buscarle a alguien que lo ayude, si así lo prefiere —. Luego de eso, el médico guardó silencio, no porque quisiera, si no porque el mesero amargado llegó con los pedidos de ambos.
Sobre la mesa quedaron las croquetas, el vaso de tequila y la jarra de hidromiel, desperdigados sobre la madera, pues el chico no se había tomado la molestia de colocarlos en orden ni frente a los comensales correctos, pues el vaso de tequila estaba más del lado del marine y la jarra de hidromiel, en cambio, del lado del pirata. El médico suspiró y deslizó la jarra sobre la mesa para que el pelirrojo la alcanzara y luego movió su brazo para tomar su vaso. Estaba frío, mucho…eso lo alivió, pues el calor del día y el improvisado interrogatorio lo habían hecho sudar frío.
—¡Salud, marine! —El vaso de tequila se alzó cuando el pelirrosa decidió hacer un pequeño brindis que solo servía para extender el tiempo que usaba para pensar en la respuesta que le daría al marine sobre su oficio, su vida, sus viajes…Incluso, en medio de ese gesto, el médico se mordió el labio inferior antes de llevar el trago a su boca y dar un sorbo corto, sin atreverse a beber de más, a fin de cuentas, sabía bien la poca resistencia que tenía ante el alcohol.
—Y ahora, respondiendo a sus preguntas… ¿Qué desea saber de mi oficio? Soy médico, cirujano, me encargo de atender casos graves, solo si me llaman…aunque en Sorbet tenía una clínica para emergencias y urgencias, me iba bien, pero creo que preferí ir de casa en casa cuando alguien me llamara que quedarme en una oficina de brazos cruzados esperando que los enfermos me buscaran ¿Entiende? —En este caso no había mentiras, de verdad intentó tener un clínica cuando llegó a Sorbet, de verdad intentó ser decente, pero entendió pronto que un trabajo legal jamás le dejaría tanto dinero como la ilegalidad en la que ahora vivía. —Así que…esa es mi forma de ganarme la vida: operando —. Sonrío, dedicándole al pelirrojo una mirada directa a sus ojos. Él podía interpretarla como quisiera.
—Sobre mis viajes no hay mucho que decir. Aquí estoy por vacaciones…quería pasar el rato, además, escuché que hay buenos lugares para entrenar y la verdad, las artes marciales me llaman la atención —. ¿Qué más podía decirle? Lo meditó por un momento mientras llevaba a su boca una de esas croquetas de cangrejo que pidió…Se sorprendió, lo cierto es que estaban mejor de lo que creyó. Cuando terminó de comer el pequeño bocadillo prefirió seguir hablando antes de que pareciera demasiado sospechoso. —¿Desea saber el medio de transporte? En cruceros…creo que es la mejor forma de viajar, no he conocido otra manera en mi vida —. Mintió, lo cierto es que la mayor parte de su vida, al menos la que podía recordar, se la había pasado en barcos piratas y en la actualidad, no era la excepción.
—¿Eso es suficiente para complacerlo, marine? ¡Ah! Cierto, mi próximo destino…Tal vez regrese a Sorbet, a menos que algún paciente me llame de alguna otra isla de South —. Y eso, en cambio, era una verdad a medias. No regresaría a Sorbet, porque ya había pasado mucho tiempo en esa isla, se había vuelto un mercado que prefería evitar, pero la clave estaba en el “tal vez”, pues, por ahora, no tenía planes de moverse de Karate, a fin de cuentas, eso dependía de su capitán y navegante… ¿Se quedarían en el South o se aventurarían a ir al Gran Line…al cementerio de piratas? Aunque, como dijo…si por algún motivo encontraba un cliente importante en alguna otra isla, pues iría allí sin pensarlo dos veces.
—Entonces, oficial, de acuerdo a todo lo que le he contado: ¿Le ha convencido mi inocencia? RE: Discúlpeme, señor oficial...¿Lo conozco? [Pasado] [Priv. Bertram] - Bertram Gaufrid - 10-09-2026 Bertram había dado con el sujeto que, a toda vista, encajaba perfectamente con la descripción del hombre que vio aquella noche junto al rubio, el médico que parecía estar participando en alguna especie de tráfico de órganos humanos o puede que algo más turbio, pues la alternativa era que estuviera por cortarlos en trozos para que otros consumieran su carne, algo que de solo imaginar provocaba arcadas en el arquero eléctrico. El camarero no parecía ser de los que les gustara su trabajo, y por como actuaba era más que claro que lo más probable fuera que no le gustase trabajar en general. El calor que hacía ese día provocó que al joven le apeteciera un poco de hidromiel y descansar antes de volver a poner rumbo al cuartel a rellenar el papeleo sobre su división y la incorporación de un nuevo miembro que encontró el día anterior, además de llevar a los bandidos que le atacaron. El camarero, más amargado que un anciano al que le quitaron su petanca, se marchó con mala gana mientras ambos sujetos seguían hablando tranquilamente.
Tras hablar sobre el motivo de elegir el hidromiel el pelirrosa mencionó que el abuelo del pelirrojo ha de extrañar, algo que casi hizo que el marine mostrara en su rostro la realidad, pero de momento no contará eso a nadie, no tenía motivos para hacerlo de momento. El joven comentó como estuvo de médico en la marina antes de escuchar la descripción del sujeto rubio que Bertram vio junto al pelirosado de la noche anterior. Al terminar la descripción dijo que era algo muy genérico, aunque quizás un dibujante con algo más de detalles un retratista podría hacer un dibujo y buscarlo mejor, preguntando si el marine conocía alguno, a lo que Bertram, rascándose tras la cabeza dijo -Lamentablemente no conozco a ninguno sir, y tienes razón, la descripción es bastante genérica.- Tras eso regresó el camarero y entregó las cosas de muy mala manera y le dio al marine la bebida del médico y al médico la del marine, siendo que el pelirrosado intercambió las bebidas y brindó con el pelirrojo que respondió diciendo -Salud dir.- Tras eso las preguntas del marine fueron respondidas una a una siendo que todo parece bastante razonable. El joven marine miró atentamente al hombre mientras tomaba el hidromiel y dijo -La verdad es que no tengo motivos para desconfiar de lo que dices, igualmente intenta no meterte en problemas de ahora en adelante y cuida de tus pacientes sir.- |