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Una Esperanza (Final) // FIC Pasado - Versión para impresión

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Una Esperanza (Final) // FIC Pasado - Rackham Uker - 27-04-2026

La puerta metálica del edificio se cerró con fuerza a espaldas del rubio. - Malditos ingratos… -. Caminó por el callejón que ahora se le presentaba, sacando del bolsillo de su pantalón un paquete de cigarrillos. Tomó uno y se lo llevó a la boca, para luego intentar encontrar su encendedor. Lo había dejado adentro, su expresión de enojo se volvió aún más evidente al pensar que debía volver ahí dentro. - Mierda -. Levantando un poco la vista, pudo ver cómo otra persona se encontraba ahí. Un abrigo rojo ocultaba su rostro con la capucha, pero de las sombras sobresalía la silueta y el distintivo brillo de un cigarro encendido. - Oye, tú, no te acusaré de andar de chismoso junto al lugar de reunión de la marina si me prestas algo para encender el mío -.

El desconocido no le prestó atención, o eso parecía dado que no realizó ningún movimiento con su cabeza. Sin embargo, rebuscó un poco en el bolsillo del abrigo y terminó por lanzarle algo, un mechero, el cual el rubio atrapó sin problemas. - Bien, bien, veo que tú si sabes respetar a un marine, no como mis jefes -. Utilizó el objeto para dar fuego a su cigarrillo, le dio una calada lenta y sin prisa, le devolvió el objeto al extraño en cuanto dejó que el humo saliera por su boca. - Uno atrapa a un pirata que estaba haciendo líos y no tienen la decencia de contarlo como un logro suficiente para ascender -. El marine copió al desconocido, apoyando su espalda contra la pared y dejando que el silencio de la noche reine en ese lugar.

El marine miró hacia arriba, la luna los alumbraba con paciencia, su cara de asco no abandonó su rostro en ningún momento, pero echó otro vistazo al hombre que había llegado antes que él. - ¿Acaso te comieron la lengua los ratones? -. El hombre no recibió respuesta, solo el humo que salió del oscuro interior de la capucha lo hizo entender que esa persona efectivamente estaba viva. - Eres raro -. Tras decir eso, impulsó su cuerpo hacia adelante y se separó de la pared, comenzando a caminar hasta pasar por delante del desconocido. - Supongo que debo seguir trabajando… -.

- Así que entregaste a un pirata… -

La voz le sonó familiar, pero no tuvo tiempo de voltearse antes de que algo le impactar la cabeza desde atrás. Pudo oír un sonido metálico, sentir el golpe con claridad, pero en menos de un segundo todo comenzó a ponerse borroso y sus piernas le fallaron, cayendo al suelo sin oportunidad de protesta. Lo único que pudo ver mientras sus párpados se cerraban, eran los pies del desconocido, acercándose a él.

“Solo duerme por un momento”

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Le costó abrir los ojos de nuevo. Se sintió como haber dormido lo más profundo que durmió en su vida, pero en cuanto su cerebro comenzó a despertar del todo lo azotó de nuevo el dolor en el cráneo, justo donde había recibido el golpe. Observó su alrededor, le costaba entender donde estaba, la oscuridad era demasiada, las formas no tenían sentido. Intentó moverse, algo se lo impidió, algo extremadamente duro y cuyo sonido metálico resonó en el ambiente con un irreconocible eco. Cadenas, estaba atado con cadenas, y ahora comprendía el porque no entendía mucho de lo que veía: Estaba de cabeza.

Alguien lo había atado completamente y colgado del techo, tuvo que mirar hacia abajo para darse cuenta de que no lo separaban del suelo más de 30 centímetros. - Seas quien seas, atacar a un marine no te va a salir barato -. Intentó mirar a su alrededor, su situación lo hacía muy difícil, pero poco a poco el movimiento lo hacía capaz de girar en su propio eje para poder ver todo el lugar. Parecía un almacén, abandonado claramente, si tomaba en cuenta las múltiples telarañas en las paredes y la cantidad de polvo en el suelo.

- Despertaste. Bien -

La voz resonó por el lugar, el eco hacía imposible identificar de donde venía realmente, pero podía reconocerla lo suficiente para saber que se trataba de ese tipo que lo atacó en el callejón. - En cuanto pueda liberarme y alcanzar mi arma, verás que… -. Las palabras del marine fueron interrumpidas en el momento en el que algo salió desde la oscuridad, rebotando un par de veces en el suelo y deslizándose unos centímetros por éste hasta quedar cerca de él. Era una pistola, su pistola, o al menos lo que quedaba luego de que evidentemente fuera destrozada. - Amenazarme no te conviene, amigo -. Volvió a intentar moverse, pero el material no cedió antes sus intentos de escapar por la fuerza, simplemente logró que su cuerpo comenzara a balancearse levemente de un lado a otro.

- Temía que ese golpe te hubiera matado, no habría disfrutado que ese haya sido toda nuestra charla -

Eso detuvo el intento de escape del marine, pues centró sus esfuerzos en encontrar de donde provenía la voz. Un sonido metálico, más potente que el de las cadenas, hizo eco en el lugar, luego otra vez, y otra vez, siempre de puntos distintos por culpa del horrible ambiente y su aterrador eco. - ¿Una charla? Primero andas tan callado como una papa y ahora quieres hablar, no creo que esta sea la mejor manera de… AHGH -.

Recibió un golpe, algo que impactó contra su espalda y  provocó un dolor suficiente para hacerlo gritar en voz alta. - No te preocupes, aquí nadie te va a oír, así que grita cuanto quieras -. La voz estaba se escuchó de manera más clara y cercana, el giro de las cadenas pronto lo dejó ver que ahora el desconocido se paraba justo frente a él. Todavía no podía verla la cara, incluso si levantaba la cabeza para intentarlo, la oscuridad de la noche hacía eso una cosa imposible de descifrar. - Aunque veo que no intentas pedir ayuda. ¿Eso es orgullo o en serio piensas que vas a escapar? -.

El desconocido se alejó del marine, dejando ver que llevaba en su mano derecha una barra de metal, seguramente obtenida de las cosas abandonadas en ese lugar. - Asumo que quieras lo que quieras de mi serás tan idiota como para liberarme en un punto -. El extraño se sentó en una de las cajas del lugar, dejando que su arma improvisada recibiera el peso de su cuerpo al apoyar ambas palmas en esta. - No puedes esperar que una amenaza surta efecto en tu situación -.

- Y bien, di lo que quieres antes de que me aburra aún más -. No hubo respuesta por parte del encapuchado por un buen rato, varios segundos que podrían parecer una eternidad. - Aún estoy meditando que es lo que haré contigo, así que no tengas prisa -. Se pudo notar algo de furia en sus palabras. Sus manos se aferraron con fuerza al metal evidenciando eso mismo, pero el marine no era capaz de notar algo así en ese ambiente. - ¿Entonces planeas simplemente dejarme aquí colgado? No eres un gran planificador, déjame decirte, en cuanto alguien se de cuenta de que no estoy darán contigo enseguida -. Habló mientras que el desconocido volvía a levantarse y comenzaba a caminar en círculos alrededor del rubio. - ¿Esos mismos de los que te quejabas por no ascenderte? Apuesto que te están buscando como locos -.

- Estoy seguro que me buscarán más que a ti qué ocupas tu tiempo para estas estupide… -

Otro golpe en el cuerpo del marine, ahora directamente en su brazo derecho. - Lo siento, ese era tu brazo bueno. Supongo que no podrás volver a disparar por un tiempo -. Entre el dolor, al marine se le hacía obvio ahora que ese tipo lo conocía. - Si tanto me conoces debes saber cual es mi rango, así que será mejor que me sueltes antes de que decida no mandarte a una cárcel y dejarte de alimento para mis perros -. Volvió a recibir otro ataque, pero ahora fue una patada descendente directamente en su barbilla. La sorpresa y el dolor lo hicieron toser, su boca dejó salir sangre y uno de sus dientes fue escupido. - Dicen que eso duele -.

El hombre volvió a dar otro golpe con la barra de hierro al cuerpo del marine, el cual no pudo hacer más que toser y escupir sangre nuevamente. - Imbécil, en cuanto descubra quien eres yo… -. Antes de que hubiera terminado de hablar, el extraño se había agachado y descubierto su rostro, dejando ver sus cabellos oscuros y sus ojos celestes que destacaban entre la oscuridad del lugar. - ¿Siquiera eres capaz de reconocerme? -. El marine dudó por un momento. En cuanto parecía que iba a hablar, simplemente lanzó un escupitajo a su captor, cayendo su sangre en el abrigo de este. - Veo que no -. Empujó al hombre colgado mientras se reincorporaba, claramente sin cuidado. - Ese pirata que capturaste, dime su nombre -.

Aún dando vueltas por culpa del empujón el marine soltó una carcajada, entrecortada al final por la sangre que ocupó su boca de repente. - ¿Todo esto solo para el nombre de un pirata? Eres más imbécil de lo que creí -. Volvió a reír, escupiendo sangre en el suelo en el proceso. - ¿Por qué recordaría el nombre de un imbécil así? No era más que un aspirante a pirata que no logró más que ensuciarme el abrigo -. Al terminar esa frase, otra patada llegó hacia él, ahora directamente en su garganta. El golpe lo dejó sin aire, lo obligó a toser y a preguntarse si siquiera podría volver a hablar luego de eso. - Vuelve a decir algo así y no seré tan bondadoso -.

La sangre que salía por la boca del marine comenzó a aumentar, ahora manchando su cara de manera notable. - Ese hombre, el que tu mandaste a matar y llamaste un inútil, le dio un hogar a un pequeño que fue perseguido durante toda su vida por el gobierno -. Se notaba su odio en cada frase, en su mirada. - Le enseñó a pelear para que no le vuelva a pasar lo mismo, para que ningún marine aprovechado y egoísta lo cazara y le disparara sin piedad, no otra vez -. Entre el líquido carmesí que abandonaba el cuerpo del hombre que era torturado y el dolor de su garganta por el golpe más reciente, le era difícil volver a hablar, pero de algún modo lo hizo de nuevo. - Eres tú… ese niño llorón… -.

Al escuchar eso, el pelinegro soltó un suspiro, uno pesado, buscando calmarse para no volver a golpear a ese hombre. Se acercó a uno de las columnas que sostenían el lugar, el sonido de las cadenas se hizo presente momentos antes de que el cuerpo del marine cayera y se chocara contra el suelo, aterrizando justamente sobre el brazo que el desconocido se encargó de romper antes. Tuvo que soltar un grito de dolor, pero fue acompañado de una risa leve, y de unas palabras casi tapadas por su voz rasposa por el dolor. - Capturarte me va a traer mucha fama, no sabes cuanto se molestaron conmigo por no traer tu cuerpo muerto. Ahora que me liberaste no tendrás AHHAGH -.

El sonido hueco de la barra de metal chocando contra el talón izquierdo del torturado fue opacado por el grito de dolor de este. - No te dije que hables -. El capturado intentó moverse, sus piernas se retorcieron todo lo que pudieron para acercarse hacia.. algún lugar, al menos para alejarse de ese tipo. El captor no le permitió avanzar más que un par de metros, asestando otro golpe con su herramienta directamente a la espalda baja del marine. Otro grito de dolor, su cuerpo se retorció y sus piernas se mantuvieron extrañamente quietas desde ese momento. Echó su vista hacia atrás, no encontró al hombre de ojos celestes, pero rápidamente descubrió que se encontraba a su lado, pues pateó su cuerpo para dejarlo boca arriba. - Espero que te estés divirtiendo tanto como cuando entregaste a mi maestro -.

El rubio solo pudo observarlo con arrogancia. - En cuanto se descubra todo esto, no serás más que otro aspirante a pirata que van a colgar en el centro del pueblo, al igual que ese imbécil al que llamas… -. Su garganta fue apretada con fuerza por el pie ajeno, negándole el aire y la capacidad de hablar. - Tranquilo, para cuando se den cuenta de que no estás yo ya no seré más que una mancha en la historia. Por ahora, te haré sufrir lo mismo que mi familia sufrió, que mi maestro sufrió y una pequeña parte de lo que yo viví -.

La fuerza de la pierna que sostenía la garganta del marine incrementó. Su brazo levantó la vara de metal, buscando que ese hombre sea testigo de lo que iba a sufrir. - Y nadie escuchará tus gritos -. Tras decir eso, descendió con fuerza el arma contra la cara del marine, la primera de muchas veces.

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Los rayos del sol comenzaron a aparecer, la gente salía de sus casas dispuesta a empezar el día, encontrándose con una capa de humo que molestaba la respiración. Mientras los curiosos y los más preocupados se acercaban a la fuente, el olor a carne quemada se hacía más fuerte. La fábrica abandonada se había convertido en cenizas, todo en su interior se encontraba simplemente quemado hasta decir basta. El último centímetro de tela roja que quedaba intacto sucumbió ante las llamas al momento en el que una señora gritó por ayuda al ver entre el fuego dos cadáveres que poco les faltaba para ser nada más que huesos calcinados.

A kilómetros de distancia, en la otra punta de la isla, vestido con nueva ropa tras haber dejado atrás todo lo que usó en su actor de venganza, Uker se acercaba a un pequeño precipicio. En el borde, observó como el amanecer parecía darle la bienvenida, una visión que ya no calmaba su mente.

Observó dentro de la caja que llevaba en una de sus manos, la cual contenía el uniforme del marine. Sin pensarlo mucho más, cerró la caja y la lanzó al mar, dejando que su contenido se pierda entre las aguas. Suspiró, tal vez así podría sentirse liberado al fin, tal vez así podría por fin dedicarle una palabras de despedida a ese hombre que significó tanto para él.

No pudo hacerlo, la visión del mar, de la altura que lo separaba de este, era tentadora. Podría morir, nadie iba a buscarlo o extrañarlo, ya nadie más. No tenía miedo a la marina, podría burlarlos una y otra vez, matar a cuantos sean necesarios, ellos no eran un problema.

Observó sus manos, limpias por completo, pero él solo podía ver sangre en estas. Su maestro le había dicho que algo así no le traería lo que buscaba, que matar a esas personas no le traería felicidad ni le devolvería a quienes se fueron. No le creyó, decidió no hacerle caso en cuanto supo de su muerte y ahora notaba que, como en la mayoría de ocasiones, había hablado con la verdad.

Si se lanzara ahora, si terminara con su vida, podría verlo, disculparse, también con sus padres y su hermana, pedir perdón por tardar tanto en volver con ellos, por ser un tipo de persona que ellos no aceptarían.

No, ellos se encontraban en un lugar que él ya no podría alcanzar. Sus almas iban a descansar en paz, la suya no iba a recibir un trato tan favorable.

- Lo siento papá, lo siento por abandonar tu apellido -. Dijo mientras se agachaba y observaba el horizonte. - Perdón por manchar tu apellido, mamá. Y no creo que sea la última vez. En verdad, perdón -. Tomó algo de la tierra bajo sus pies, manchando su mano y extendiendo esta hacia el sol. - Lo siento maestro, manché las enseñanzas que me diste con venganza y ahora no soy más que un cobarde que no puede acabar con todo -. Dejó que la tierra escapara de sus manos, una especie de despedida a quien no pudo volver a ver desde que se marchó para cumplir con ese trabajo importante.

- Perdón a todos, pero aún tengo un sueño que cumplir, incluso si debo llevar otra carga conmigo -