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Caldo de Pingüino para el Resfrío [Priv. Thrym] [Pasado] - Versión para impresión

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Caldo de Pingüino para el Resfrío [Priv. Thrym] [Pasado] - Hyákinthos - 28-04-2026

Día 55 de verano
8:45 a.m.
Isla de Drum



El frío calaba en sus huesos.

No importa lo que hiciera, desde hacía días que el clima había cambiado y, aun cuando se colocara una capa de ropa sobre otra, su nariz seguía roja, sus dedos entumecidos y su garganta congestionada. Detestaba el frío.

Por eso, en la madrugada de ese mismo día, cuando escuchó el anuncio de su navegante de que habían llegado a una nueva isla, a una con civilización, el médico apenas y se removió en su cama, de hecho, solo levantó su cabeza para mirar por la escotilla de su habitación y, al darse cuenta de los témpanos de hielo y la nieve que cubría la isla, prefirió envolverse como un burrito en medio de sus sábanas más gruesas. Se quedaría en cama todo lo que fuera necesario con tal de no salir a ese infernal reino de hielo y nieve.

Bueno…ese era su plan. Uno que salió bastante mal.

Sus párpados habían permanecido abiertos desde la madrugada. Habría querido dormir más, pero el helado viento que se colaba por las maderas del barco le impedía relajarse lo suficiente para lograrlo, pero…no era solo ese el problema, si no un sonido que, por un instante, creyó que era el cielo recibiéndolos con truenos o, bien, el oleaje golpeando con fuerza en los peñascos de hielo, pero no…estaba equivocado. Muy equivocado.

Se dignó a levantarse de la cama cuando escuchó algo parecido a un estornudo…Eso ya no podía ser el cielo, era más como si un gigante estuviera enfermo…y…eso fue lo que encendió el foco en su mente.

Su olvidadizo cerebro le jugó una mala pasada. Podía recordar bien el rostro risueño de Thrym, sus barbas pelirrojas, su cuerpo fornido, pero…su mente obvió lo más importante: el descomunal tamaño del navegante.

Y ahora… ¿Eso había sido un estornudo por parte de él? Debía ser una broma.

Nunca había tenido que atender a un gigante en realidad, de hecho, por lo resistentes que lucían, los creía casi invencibles y, sobre todo, poseedores de una excelente salud. Sus libros de medicina hablaban poco sobre ellos y, con Thrym, no había tenido la oportunidad de estudiarlo como era debido, así que ahora, ser consciente de que esos “truenos” en realidad eran toses y estornudos, solo hacían que el pelirrosa sintiera su corazón acelerado por culpa de los nervios que empezaba a sentir… ¡Su navegante no podía enfermarse!

—¡Thrym! —Cuando salió a cubierta, el médico estaba cubierto con un grueso abrigo blanco que llevaba meses sin usar y que, de hecho, era la única prenda de invierno que tenía…Debía comprar más ropa, pero…eso solo lo hizo pensar en algo más: Sí él no estaba preparado para una isla de invierno, era evidente que el gigante, mucho menos. —¡Ah! ¿Por qué no dijiste antes que te sentías mal? —Ni siquiera tuvo que esperar a que el gigante le diera una explicación pues, a leguas, desde su lugar en cubierta, notó el rostro enrojecido del hombre, los mocos casi congelados y las puntas de sus dedos de un tono azuloso…nada bueno significaba eso.

—¡Esto está mal…muy mal! Tsk —. Miró hacia el horizonte y lo único que lograba divisar era una planicie helada con algunos bosques de coníferas, todos cubiertos de nieve, aunque…un poco más a lo lejos, podía divisar humo y luces…signos evidentes de civilización. —¿Cuáles son tus síntomas, Tomate? —El médico, para ese momento, había subido al nido de cuervos para quedar a una mejor altura y ver de cerca al navegante del grupo, aunque, al final, terminó suspirando, cansado. —No sé ni porque pregunto…debes estar congelándote…Espera, buscaré los repuestos de las velas en la bodega, creo que son tan grandes como para servirte de sábana.

Bajó con agilidad por el mástil, sin siquiera pensar en que luego podrían necesitar los repuestos de aquellas velas… ¿Para qué? Si en esta isla había civilización, podrían encontrar más, comprarlas o robarlas, daba igual.

Se perdió en el interior del barco, agradeciendo por el poco calor que le daba la madera. Tendría que encender la estufa y pasarse todo el día en la cocina si no quería congelarse, pero, por ahora…se limitó a caminar hasta la bodega. Una vez ahí revisó cada rincón y, finalmente, dio con una enorme y pesada tela bien doblada que estaba guardada en un anaquel, debía suponer que Maki lo había ordenado…y…bueno, ya se disculparía con ella después por usar las velas del barco como ropa de emergencia para el gigante.

Cargó con las velas y subió de nuevo a cubierta.

—¡Hey, Tomate! Creo que esto es algo que debimos hacer hace días. Toma…las velas te calentarán por el momento y…yo…Jmmm —. Debía encontrar medicinas o algo más para curarlo, pero ¿Tendría suficiente? Había conseguido plantas medicinales en la isla prehistórica, pero…considerando la posible cantidad de días que el gigante estaría en tratamiento, entonces…no…no sería suficiente, además…no solo eran las medicinas, debía encontrar una manera en la que el gigante permaneciera caliente.

En ese instante miró hacia el exterior, pues el ruido de algo deslizándose en la nieve llamó su atención y fue ahí, relativamente cerca de su barco, que alcanzó a ver a unas aves negras y blancas que caminaban de manera graciosa: Pingüinos.

El médico sonrió… ¡Aves! Algo ideal para el resfriado era el caldo de pollo y, si no tenían pollo en la cocina, podían conseguir un ave de emergencia, aunque…por cosas que había leído, sabía que la carne de estos animales no era la más deliciosa. Aún así, tragó saliva antes de proponerle una locura a Thrym.

—Oye, Tomate… ¿Alguna vez has comido pingüino? Porque creo que será parte de tu dieta mientras estes enfermo…a menos que tengas algo que decir en contra de este remedio —. Para este punto, el pelirrosa había logrado subir nuevamente al nido de cuervos y, desde ahí, miraba al gigante con curiosidad, esperando una respuesta que podía ayudarlo o no con esa enfermedad que sería un problema para todos. —Tengo medicinas…pero apenas durarían dos días con lo que tendrías que tomar…aunque supongo que podría hacer que Maki y Merlot vayan al pueblo más cercano por más…pero mientras eso ocurre, tengo que actuar con algo —. Se encogió de hombros, como si quisiera quitarle peso a un asunto que era demasiado grave. —Y la sopa de pingüino parece lo más rápido, eficiente y abundante...por ahora.

Claro que, si Thrym aceptaba, era el médico quien tendría que arreglárselas para cazar al menos a unos 15 pingüinos.



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