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Nostalgia | PR - Enji - 29-04-2026 Kyodaina, costas. Día 42 de Otoño, año 17
La noche se hundía poco a poco en su plenitud. La temperatura bajó, cómplice de un cielo estrellado y la brisa tranquila, pero fresca, del otoño. El oleaje era calmo, la luna pequeña y lejana, el fuego tibio y crepitante. Un majestuoso velero se mecía a pocos metros de la costa y en la arena, vigilantes, descansaban dos personas. —Oi, Juancho. Enji se rascó el cuello. El recientemente promovido capitán estaba sentado sobre uno de cinco troncos acomodados alrededor de la fogata. Solamente llevaba su ropa interior, reticente, como siempre, a vestir el uniforme. La última temporada, contando las semanas previas a la Reverse Mountain, en Baterilla, junto a los meses que llevaba en la Grand Line, la vigilancia constante de superiores marines lo obligó a llevar el chaleco sobre los hombros prácticamente en todo momento, cosa de la que estaba descansando ahora que atracaban en una isla deshabitada, tropical y salvaje, donde la máxima autoridad de la marina era… ¿él? Exhaló una espesa voluta de humo. ¿Quién lo diría? Capitán de una división de cinco con su propio barco recientemente adquirido. Cómo podían cambiar las cosas en unos meses. Bajó el cigarro y lo sostuvo entre índice y corazón, la mirada perdida en las llamas y su sonido crepitante. Juan Sebastian era el único junto a él en la fogata; Akira, Masami y Sigrid debían estar en el barco. En unos momentos se sentarían a comer algo junto al fuego. Hasta entonces, el trabajo de ellos era mantener la llama viva. —Estos últimos meses fueron una locura, ¿eh, tortugón? —señaló, poniendo su mano sobre la capa de capitán que tenía a su lado, doblada sobre el tronco—. Con tanta mierda pasando una detrás de otra, se me olvidó pedirte algo. Mira, el día de los locos esos del parque… —Levantó la capa y debajo estaban los guantes, los Jarngreipr. Después de meses, finalmente los recuperó del fondo de su bolsa de cosas—. Estos muchachones terminaron bastante mal. La estructura de caucho y goma, con aberturas para colocar planchas metálicas que endurecieran los golpes, estaba atravesada por un corte diagonal en ambos guantes. Las partes metálicas estaban sueltas a un lado de ellos y se notaba a simple vista que era imposible utilizarlos en ese estado. —¿Crees que haya esperanza para ellos? Son prácticamente una reliquia familiar a estas alturas —dijo, pidió, mientras tomaba los guantes y se los acercaba al gyojin cangrejo—. Los dejo en tu pinza.
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RE: Nostalgia | PR - Juan Sebastian - 30-04-2026 La noche trajo consigo un frescor agradable que se agradecía inmensamente tras soportar el sol abrasador del verano —Al menos es mejor que en Sobaco— Pensé con un suspiro de alivio mientras me tumbaba al lado de la hoguera. La luna estaba preciosa esa noche, observarla durante la noche me llenaba de una paz que era difícil de explicar. Mi atención fue robada por la voz de Enji, quien era el tema de conversación favorito de los habitantes de la isla (Nosotros) después de que se hiciera oficial su ascenso a nada más y nada menos que Capitán. Al comandante del cuartel de Baterilla se le zafaría un tornillo si se enterase, pagaría por ver algo así. —Dígame Capitán… Ca-pi-tán… Joder que guay suena— Por algún motivo quiso rememorar los meses anteriores, y no le faltaba razón, todo había sido una locura. Desde el anuncio de nuestra misión de investigar el parque, subiendo montañas por corrientes imposibles, navegando entre aguas con climas alocados y explorando el lugar conocido como “El paraíso para los Piratas”, claramente tierra hostil, era un poco estresante la sensación de no poder bajar la guardia, pero era nuestro deber. Pero todo eso se quedaba corto ante la noticia de que Enji resultó ser un Tenrybu… Tintibi, Ryuno… Un noble extremadamente importante por lo visto. Fue algo que nos pilló por sorpresa a todos. —Locura es poco Jajaja— Dije en un tono cercano, casi familiar, desde mi punto de vista hacía mucho que ya éramos amigos, no íba a cambiar mi forma de dirigirme a él por detalles como el rango o la clase social. Por lo visto los guantes que siempre llevaba consigo habían quedado muy dañados en su combate con aquel pingüino cantarín —Ya veo…— Musité mientras examinaba sus dañados accesorios — Ya me extrañaba que llevaras tiempo sin usarlos… Están hechos una mierda— Luego de darle un buen vistazo acompañado por el sonido chisporroteante de la hoguera y las tranquilas olas que rompían a un ritmo constante en la costa, pude llegar a una conclusión —Se pueden apañar, un poco de goma nueva y algunas piezas de metal de repuesto y estarán como nuevos. Déjamelo a mí— Siempre y cuando pudiese ayudar a mis compañeros con este tipo de asuntos, podría sentirme orgulloso de ser el manitas de la división. —Por cierto, Ya va siendo hora de cenar. Hay que llamar al resto.—
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RE: Nostalgia | PR - Akira Raito - 06-07-2026 La noche profunda estaba entrando en el cielo con la caída del sol, y los últimos días habían sido de todo menos tranquilos. Pero ahí me encontraba yo, disfrutando de la amplitud del Ford Transit, tirado en el suelo de la cubierta e iluminando mis mapas, o bueno, medio mapas, con una velita, trazando rutas en función de las corrientes que notaba con el movimiento del barco y escribiendo la aventura de la Reverse Mountain por si nos tocaba volver en algún momento—. Qué locura.
Mis compañeros estaban cada uno a lo suyo, tanto Sigrid como Masami estaban por ahí en algún lugar del barco o explorando la isla y ahí abajo, en la arena de la playa, Enji y Juan, hablando de sus cosas alrededor de una fogata que tenía de tonos naranjas el cielo oscuro de la noche. Una hoguera que creaba sombras largas y parpadeantes en la arena que podía diferenciar de vez en cuando al poner un ojo a través de los palos de la baranda de nuestro nuevo barco. Pero como no podía evitarlo, aun estando a lo mío con las escuadras y cartabones, tuve que poner la oreja en la conversación que estaban teniendo mis compañeros. Los guantes de Enji se habían destrozado en aquella isla de corruptos marines esclavistas, pero en cierto modo había sido un buen sacrificio, se ha ganado el título de capitán—. ”Qué fuerte, el pervertido siendo capitán, ahora va a tocar hacerle caso” —pensaba mientras trazaba una nueva línea con tinta roja que advertía de una fuerte corriente que arrastraba los barcos mar adentro, cerca de donde estábamos, y que succionaba cualquier cosa que entrara en una área pequeña que se convertía en un vórtice—. Ajam, por aquí no. —”Tenemos mucha suerte, sobre todo Enji… Juan es un manitas y le arreglará sin mucho esfuerzo sus guantes” —pensaba atento a su conversación mientras seguía trazando líneas—. ¡Listo! ¡Voy por la comida, ahora la bajo! —grité con entusiasmo una vez terminé de dibujar mis garabatos, levantándome del suelo y acercándome a la despensa a por un bote de caldo que habíamos preparado unos días antes, junto con un poco de pescado conservado en sal y algo de carne lista para asar. Por suerte también teníamos alguna especia para sazonar la comida, aunque ninguno de nosotros estábamos muy puestos en el tema de la cocina, quizá Juan se estaba animando un poco más que los demás, pero había que darle tiempo. —Bueno chicos, aquí está la comida, algo podremos con ella, supongo… Os he estado escuchando desde el barco… Se respira calma aquí, ¿no creéis? Comparado con estos últimos días, digo —dije tras bajar de un salto del barco y sentarme junto con ellos alrededor del fuego. |