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Aprender a desacelerar // Pasado - Versión para impresión

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Aprender a desacelerar // Pasado - Rackham Uker - 30-04-2026

Calor, solo podía pensar en eso en esa isla del demonio, demasiado calor.

Con el clima, ese volcán tan cerca, la posibilidad de ser atacado por marines o las bestias gigantes que vivían en el lugar que lo hacían estar en constante estado de alerta. No, no era su isla preferida, preferiría vivir en un pleno desierto que tener que pasar un día más ahí mismo.

[Imagen: bUTBQj9.jpeg]

Soltó un suspiro, agotado mentalmente. Desde su llegada a este lugar que no había tenido un buen día de descanso, más por voto propio que por verdaderas circunstancias peligrosas. Su llegada le demostró que podían estar tras ellos en cualquier momento, los animales que tenían esa gran selva como su hogar eran casi tan peligrosos como esos marines, solo dos personas no podrían encargarse de…

Se golpeó el rostro con la palma de su mano, estaba dejando que su cansancio tomara el control de su mente. Solo debían esperar un poco más para asegurarse de salir de ese lugar sin ser seguidos, desesperarse no le traía nada bueno. Sus pies aplastaron la arena sin problemas en cuanto saltó del barco para caminar hacia la otra embarcación, le de su tripulación aliada, con quienes había decidido juntarse para al menos tener una forma de disuadir ataques como el que recibieron antes, así como una vía para que su tripulación pueda escapar si volvía a pasar y debía quedarse ahí, a morir por…

¿Desde cuando había tomado eso como su responsabilidad?

Sin más, llegó al barco vecino y llamó a la persona que quería ver desde afuera. - ¡Hyak! Soy Uker -. Tal vez no lo recordaba, pero no iba a explicarle todo de nuevo sin que estén cara a cara. - ¿De que querías hablar? -. Su mano se apoyó en el mango de su espada, la cual colgaba de su cintura completamente envainada. No iba a cortar a quien se acercara, solo buscaba descansar el brazo.

Desde que conoció al extraño doctor, o mejor dicho, desde que hablaron sobre su objetivo, estuvo presente en ambos la idea de investigar lo más posible sobre la inmortalidad. Había un investigador joven en Karate, parecía seguro de que una fuente capaz de otorgar la juventud eterna a su alrededor se encontraba en algún punto del mundo, le había dicho que le informaría de cualquier avance y por ahora…

No había nada, no había encontrado absolutamente nada.

Incluso sin la aparición de ese investigador, su propio objetivo era encontrar algo que le concediera algo tan sagrado como la inmortalidad, pero la falta de información sobre algo así comenzaba a ser preocupante. Tal vez se estaba apurando, apenas hace una semana había llegado a Little Garden, hace menos de un mes habían pisado la primera isla del Grand Line, tal vez debía bajar un poco el ritmo, junto a sus expectativas.

[Imagen: lH5VVev.jpeg]

Nadie dijo que fuera a ser fácil encontrar esa información.


RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Hyákinthos - 30-04-2026

Día 41 de Invierno, año 16
 
Apenas llevaba una semana en esa isla y, aunque recibió advertencias al inicio por parte del cocinero de la otra tripulación, cuyo nombre se le escapaba de la mente como el agua se escapa de las manos, lo cierto es que… ¡ADORABA ESTA ISLA!
 
Era contradictorio, es cierto que no había civilización y eso lo privaba de ciertas comodidades a las que estaba acostumbrado, pero, por otro lado, tenía casi todo lo que necesitaba dentro de su habitación en el Royal Flush y, además, mucho más importante: La isla entera era como un laboratorio natural gigante.
 
Un lugar que tenía tanto por descubrir, había tantas especies por estudiar, tanto de plantas como de animales e, incluso, no descartaba encontrarse con alguna otra especie humanoide, aunque aún no hubiera tenido la oportunidad…En fin… ¡Era un sitio fascinante!
 
Cada vez que el médico salía a explorar, se encontraba con algo nuevo y difícil de ignorar, tanto así que, cuando encontró una especie única y especial, no dudó en llamar a un ¿conocido? por den den mushi, alguien que, afortunadamente, aún estaba en tierra. Un alivio para él, pues podrían hablar en persona.
 
Sin embargo, dicha “cita” no pretende que el pelirrosa acapare la conversación, ni siquiera es que vaya a hablar de los animales extraños y prehistóricos que se ha encontrado o de plantas carnívoras o con capacidades asombrosas, no…si ha llamado a su compañero es por algo más simple, aunque, a sus ojos, fascinantes…Solo se preguntaba si el otro hombre pensaría lo mismo en cuanto le dijera, después de todo, ni siquiera era investigador, si mal no recordaba era el cocinero del barco.
 
El médico soltó un bufido. No es que importara su puesto dentro de la tripulación y, aunque preferiría hablar con otra persona de ciencias, sabía bien que el cocinero en cuestión era un hombre listo y, además, interesado en las propiedades que esa planta tenía…o eso quería creer el médico…después de todo, tal vez era solo una leve pista a esa anhelada inmortalidad que el otro hombre buscaba.
 
Lo había llamado luego del medio día y, para su sorpresa, obtuvo una respuesta casi inmediata del otro lado. Así que, considerando la hora, una que podía medir mirando el sol en el cielo, podía decir que, tal vez, el cocinero de cabellos negros y mechón blanco estaría por llegar dentro de poco, así que, llevó a una habitación, que arregló de manera improvisada para colocar sus “experimentos” y los utensilios que usaba para la preparación de medicinas y otras cosas menos saludables, aquellas plantas que tanto lo habían fascinado.
 
Tuvo que arrastrarlas por el pasillo del barco, con cuidado, más que nada porque las hojas eran tan grandes como él mismo, a veces un poco más, pero, eso sí, tenían un interior delicado que no deseaba magullar por un mal trato. No quería arruinar la planta, aunque, ciertamente, el exterior de la misma tenía una cubierta gruesa que podría ayudarlo a disminuir esos golpes, pero…claro, prefería prevenir que lamentar.
 
Cuando terminó de arreglar las plantas en la habitación y de tomar más muestras, se vio en la necesidad de cambiarse de ropa a una que no estuviera tan maltratada por la exploración de la mañana y el ajetreo físico de la tarde mientras ordenaba la habitación, así que se dio un tiempo para bañarse, cambiarse e, incluso, comer una enorme fruta que sabía y lucía como naranja, pero que era del tamaño de un melón grande.
 
Al final, cuando eran casi las 4 de la tarde, el médico salió a cubierta y se sentó en el borde de los barandales del barco, a babor, mientras que aprovechaba el cálido sol de la tarde. Ese día, aunque caluroso, no había sido peor que otros y, además, la brisa hacía que todo fuera mejor, por lo que aprovechó el momento de soledad y tranquilidad para inhalar esencia de menta de un frasco que siempre o, casi siempre, llevaba guardado en su bolsillo.
 
Se perdió en el olor por un rato, incluso cerró los ojos para concentrarse más en el aroma que, para cualquier persona con buen olfato sería penetrante e, incluso, molesto, pero que para él era apenas una tenue sensación que llenaba sus fosas nasales.
 
Podría seguir así por horas, pero…
 
“¡Hyak! Soy Uker.”
 
La voz, ahora conocida para el pelirrosa, lo sacó de su ensoñación y, enseguida, el médico bajó del barandal de babor y corrió hacia el otro lado del barco, hasta la proa, desde donde pudo ver con claridad al cocinero que, por suerte, había cumplido con su palabra de venir a visitarlo.
 
—¡Hey! ¿Qué hay Rackham? —Pronunció el apellido con la naturalidad de quien conoce a alguien desde toda la vida, como si nunca hubiera tenido problemas para recordarlo antes. —¿Qué de qué quiero hablar? De muchas cosas, pero en especial de un hallazgo que podría interesarte. ¡Ven! No te quedes ahí abajo, sube al barco…No muerdo, nadie aquí lo hace…bueno, quizá Merlot, pero es inofensiva y, de todos modos, no está cerca.
 
El doctor se movió con gracia hacia un lado de la proa, para acercarse más a estribor, esperando que el cocinero siguiera sus movimientos desde la arena y, cuando estuvo cerca de un tumulto de cuerdas que estaba enrollado arriba, soltó unas cuantas amarras y dejó que esas mismas cuerdas cayeran, ahora formando una perfecta escalera de hilos gruesos que invitaban al pelinegro a subir.
 
—¿Sabes? —Comentó aun desde arriba, esperando a que el otro hombre subiera al barco. —Tal vez ese chico loco que encontramos en esa isla en el Sur no estaba tan loco…No sé si exista la inmortalidad, pero algo para conseguir una juventud “eterna” seguro que es posible. Preparé algo para ti en mi “laboratorio” —. Recalcó las comillas con sus dedos, pues aun debía adecuar mejor ese lugar y eso solo lo podría conseguir si salía de la isla, algo que no tenía pensado en hacer…no pronto, al menos. —Unas plantas por las que cualquiera mataría…Nunca creí encontrar algo tan bueno para la cicatrización y envejecimiento.
 
Se emocionó al hablar lo que hizo que girara sobre los enormes tacones de sus botas rojo vino y, por consecuencia, estos resonaron en la madera del barco cuando el médico quedó de nuevo de frente, ahora si encarando al pelinegro del mechón blanco.
 
—Jmmm... ¿Siempre has tenido ese mechón en el cabello? No lo recuerdo —. Se acercó un poco, aunque sin invadir el espacio personal ajeno y, luego, se encogió de hombros. No explicó el porque ahora lo recordaba, pues para él era algo natural, algo que simplemente se daba en algún momento con algunas personas. —¡Ah! Por cierto, si quieres refrescarte, en ese barril, al lado de la puerta de la cocina, hay naranjas…Eso sí, son del tamaño de un melón, pero están bastante dulces, saben bien… ¿No te parece genial esta isla? —Sonrío de manera genuina, algo raro para alguien que se la pasaba fingiendo la mayoría del tiempo, pero… ¿Cómo culparlo? Estaba feliz de encontrar algo interesante al fin.
 
—Toma las que quieras y luego sígueme, la habitación está bajando por acá —. Se movió hacia el lado derecho, no porque supiera como ubicarse dentro de su propio barco, si no porque había dibujado flechas rojas sobre la madera del barco, que ahora señalaban el destino a su laboratorio, algo así como un camino de migajas exclusivo para los desorientados del barco.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia



RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Rackham Uker - 02-05-2026

Energía, esa fue la palabra que se le vino a la mente en cuanto Hyak apareció y le ”informó” de lo que quería, aunque nada más se limitó a repetir lo que habían charlado antes. - Claro… -. Terminó por acercarse al barco sin prisa, mientras que el otro hombre se perdía de su vista para enseguida lanzar un grupo de cuerdas que se desplegaron para formar perfectamente una escalera. Para él no era necesario, sus piernas se flexionaron solo para impulsarse hacia arriba en un salto que su yo del pasado envidiaría, aterrizando perfectamente sobre la cubierta del navío.

No lo notó, nunca lo nota, pero su crecimiento físico era extraordinario. Aún así, poco significaba, necesitaba más fuerza, para así poder acercarse a…

Las palabras siguientes del médico cortaron cualquier tipo de introspección (incluso las del narrador, waos). - ¿Plantas? -. La verdad, esperaba algo mucho más grande, pero las plantas con capacidades curativas se conocen desde hace mucho tiempo. Empezar con algo así no es mala idea, pero llamarlo “información importante” era… No, debía calmarse, tal vez estas traían algo interesante. - Si, lo tuve desde siempre -. Respondió, mientras avanzaba y echaba un vistazo al barril del que hablaba el pelirosa. Los había visto antes, pero no estaba con demasiada ganas de comer algo, por lo que los dejaría para después.

Le pareció curioso la gran señalización que existía, pero solo llevando a un lugar. Entendía, o suponía, que se trataba de un método para que Hyak recordara la disposición del lugar, pero uno supondría que lo harían con todas las habitaciones, no solo con la que estaba designada para él.

- Dime, ¿Qué clase de efectos tiene esta planta que mencionaste? -. Decidió preguntar incluso antes de llegar a destino. - En la cocina no somos ajenos a las propiedades de la vegetación, muchas veces se usan para realzar sabores o conseguir que otros ingredientes reaccionen de maneras extrañas -. Como cuando se usa el Romero al preparar una carne roja, mejora la digestión al consumirla y permite que el plato parezca más “vivo”. - Incluso sé que hay algunas con fuertes propiedades medicinales, pero… -. ¿Cómo decirlo sin desmeritar su trabajo?

[Imagen: CVInSX2.jpeg]

Mejor dejar que él le muestre lo que tenía antes de apresurarse.

La llegada a la habitación designada fue… más normal de lo esperado. En su mente, imaginaba que el médico se trataba de alguien más desordenado, su falta de memoria le hacía pensar que muchas veces dejaba cosas y luego olvidaba donde exactamente, acumulándose una y otra y otra vez. No parecía ser el caso, algo que por alguna extraña razón lo dejó más tranquilo.

¿Podría fumar aquí dentro? Su mano derecha apretó con suavidad la caja de cigarrillos en el bolsillo de su chaqueta por un breve momento, pero la soltó en cuanto se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

Muchas preguntas, muy apurado por respuestas, como si el hombre fuera a darle la solución a su objetivo justo en ese momento. Algo así no iba a pasar, esperaba demasiado, quería terminar con todo con demasiada rapidez y eso… Debía calmarse, de alguna forma.


RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Hyákinthos - 13-05-2026

¿Por qué el otro hombre le parecía decepcionado? No podía decirlo con claridad, pero algo había en su rostro que le decía que no le tenía fe y, además de eso, se atrevía a comparar la cocina con la medicina ¡Que descaro! Es decir, bien sabía que muchos ingredientes, tanto plantas, como jugos, carnes y especias, podrían llegar a ser usados por cocineros para aprovechar sus propiedades medicinales y nutritivas al mismo tiempo, pero lo que él le iba a contar no era un simple experimento culinario.
 
—¡Alto! Detente, detente…Sé que eres cocinero, Rackham, pero no compares una cosa con la otra…ustedes saben usar sus ingredientes para realzar sabores y, en ocasiones, podrían usarlos para mejorar síntomas leves de alguna afección y eso es una maravilla, pero en la medicina, usamos la botánica para sacarle el máximo provecho a sus propiedades medicinales…No se trata de si son fuertes o no, se trata de que funcionan, además…
 
Lo miró de arriba abajo y se detuvo en el rostro que parecía dudoso, desde el punto de vista del médico. Lo hizo suspirar… ¿Por qué los hombres guapos tendían a ser tan complicados o cerrados de mente? Estaba bien dudar, pero no lo llamaría para perder el tiempo. Suspiró con pesadez.
 
—…además… ¿Crees que te haría perder el tiempo por algo sin importancia? Tu sueño no es simple y conseguirlo no será algo que se dé de la noche a la mañana —. Se detuvo frente a la puerta del improvisado laboratorio y la abrió para hacer pasar al pelinegro. —Por eso, reunir elementos que puedan ayudar a crear alguna fórmula que logre retrasar el envejecimiento es un avance, por más que pueda parecerte que no…Ahora, adelante, siéntete como en tu…barco —. No podía decir “casa” cuando ninguno de los dos tenía un hogar fijo al cual pertenecer.
 
Con la gracia de quien conoce bien un lugar, el médico se movió por el sitio hasta quedar ubicado frente a un lavamanos de mármol, frente a este había un espejo que aprovechó para cambiarse el peinado, se recogió el cabello para que ningún mechón de la larga coleta quedara suelto y, luego, se quitó sus guantes de cuero para lavarse las manos con cuidado, mientras tarareaba, disociándose, para después colocarse unos guantes esterilizados y una mascarilla. Entonces miró al cocinero…tal vez él debería hacer lo mismo.
 
—Ah…cierto, bueno, dije que te sientas como en tu barco, pero siéntete así después de que laves tus manos y te coloques una mascarilla. Están al lado del lavamanos —. Se movió para dejarle espacio al pelinegro y se colocó frente a una mesa metálica, de apariencia fría, sobre la que había varias muestras de un líquido viscoso y de un tono que variaba entre un amarillo muy pálido y el transparente, además, sobre esa misma mesa había restos de una planta en específico, todos bien ordenados sobre bandejas metálicas.
 
—Cuando termines ahí puedes acercarte, quiero mostrarte porque esta no es una simple planta medicinal —. En el otro extremo de la mesa, se situaba una jaula un poco más grande de lo normal y, dentro de esta, dormía con placidez una cría de… ¿Velociraptor? Sí, era justo eso, una cría de dinosaurio que el médico había capturado para poder probar su descubrimiento, de hecho, llevaba al menos 4 días experimentando con la criatura, aunque, si se apreciaba bien al animal, parecía no tener ningún rasguño ni cortadura sobre su piel, lo cual era bastante raro cuando se supone que pasó varias veces por el bisturí.
 
Con paciencia esperó a que el pelinegro terminara lo que antes le ordenó y, cuando este se acercó a la mesa, el médico sonrió y acercó la jaula, haciendo que el animalito se quejara en sus sueños, aunque no despertó del todo, solo terminó por cambiar su posición para dormir mejor.
 
—Disculpa por hacerte esperar, pero prefiero que estés limpio antes de tocar cualquier cosa en este lugar…aunque no sea el sitio más estéril del mundo porque…bueno, esta isla no es la más tecnológica ni civilizada precisamente —. Se encogió de hombros antes de tomar una jeringa entre sus manos e insertar en esta un líquido en el que, sobre su etiqueta, se podía leer la palabra “sedante”. Luego abrió, con cuidado, la puertecita de la jaula y metió su mano para aplicar el anestésico al pequeño dinosaurio que aún dormía en su interior. Miró de reojo al pelinegro, esperaba que no tuviera problemas con este tipo de experimentación y, si no, tendría que buscarse una buena excusa para lavar su imagen. —No le hará daño, es solo una intravenosa que lo ayudará a dormir mientras te muestro como ayuda la sabia de la planta que descubrí —dijo, solo por si acaso, mientras miraba un reloj en la habitación, esperaba que pasaran 15 segundos.
 
Cuando el tiempo se cumplió, el médico sacó al animalito de la jaula y lo colocó, con delicadeza, encima de una de las bandejas metálicas que estaban vacías y, entonces, desechó la jeringa y, sus manos, ahora se ocuparon con un bisturí.
 
—Verás…Estuve pensando en esas medusas que son capaces de regenerarse cuando están en peligro…Han evolucionado, básicamente, para regresar a su etapa más tierna. Me gustaría encontrarlas y experimentar con ellas, pero…no he visto nada así en esta isla, aunque…sí que me sorprendió esta planta —. Abrió una de las muestras, no sin antes dejar a un lado el bisturí. Metió uno de sus dedos enguantados en el frasco y este salió cubierto con una sustancia que se veía resbalosa. —Creí que sería como las aloe vera comunes, porque en verdad lo parece, solo que, en una versión más grande, pero no…Cuando estaba en una exploración en la selva, pude ver la pelea entre dos dinosaurios. El más pequeño escapó y, por algún motivo, decidí seguirlo…
 
Antes de seguir hablando se limpió el dedo y tomó de regreso el bisturí, atrajo hacia sí al dinosaurio y acercó el filo de la navaja a una de las piernas del animal, aunque sin cortarlo aún.
 
—…Me di cuenta de que el animal, desesperado por sus heridas, se lanzó sobre un grupo de plantas parecidas a la sábila. Las destrozó con sus dientes y luego se refregó sobre la sabia que soltaron, que, para mi sorpresa, fue mucha —. Ahora sí, el médico hizo una incisión sobre la pierna del animal, un corte profundo que hizo que la sangre de la cría se resbalara por la piel del dinosaurio hasta llegar a la bandeja. —Creí que solo quería aliviar el dolor, pero…de nuevo terminé sorprendido…No pasaron más de 10 minutos cuando las heridas del dinosaurio estaban cerradas casi por completo y, de hecho, desde la distancia pude notar que su piel recuperaba la firmeza que tendría un ejemplar más joven…Claro, tuve que investigar por mi cuenta, porque creí que mis ojos me engañaban.
 
Al terminar de explicar, el médico se encargó de colocar gran parte de la sabia que había recolectado antes en una paleta que pasó por encima de la herida que él mismo generó sobre el dinosaurio bebé y, luego, miró el reloj para empezar a contar el tiempo.
 
—Bien, esperemos cinco minutos, verás como la cortada se irán cerrando poco a poco en ese tiempo y, esperando un poco más, notarás que la herida ni siquiera dejará marca en su piel —. Sonrió y dejó a un lado, pero en orden, los instrumentos que utilizó para el proceso. —Hace cuatro días descubrí la planta y desde entonces llevo experimentando con este pequeño…Puedes revisarlo al final si lo deseas, no tiene ninguna herida evidente ¡Es maravilloso! —Elevó un poco su voz y luego se sentó en una de las sillas del “laboratorio”.
 
—Sé que no es inmortalidad tal cual, pero una regeneración celular tan rápida me serviría de base para trabajar en alguna…fórmula. Llevo solo cuatro días, pero con algo más de tiempo podría conseguir algo más impresionante que solo cerrar heridas con rapidez y sin dejar cicatrices —. Mencionó, consciente de que su descubrimiento tampoco era la respuesta exacta que buscaba el otro hombre, pero...quizá...solo quizá, era un avance.



RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Rackham Uker - 14-05-2026

Al menos el medico sabía como detenerlo, a veces. Le explicó las cosas con la misma paciencia que un niño enojado, pero al menos le dejó en claro que no se trataba de algo que le vaya a hacer perder el tiempo. Tenía razón, si Hyak lo llamaba era justamente porque tenía información que podría ser relevante, pero eso no dejaba afuera que le sorprendía que hubiera podido encontrar algo así en una isla como esta.

Todo era tan grande y fuera de escala que… Tal vez eso podría explicar todo.

Ingresar en la habitación preparada para el trabajo del pelirosa se sentía extraño, no parecía la sala de un médico sino más bien la de una especie de científico loco. - Si, claro… -. Lo escuchó y le hizo caso sin mirarlo, pues se encontraba todavía observando el lugar mientras avanzaba hacia el lavamanos y cumplía por lo pedido por el otro hombre. Al regresar con él, ya tenía puesta una mascarilla como también le fue pedido, mientras observaba lo que se encontraba sobre la mesa.

En todo su tiempo en ese lugar no se había encontrado con ninguna cría de esas criaturas gigantes que tenían esa isla como su hogar, ver una era asombroso y preocupante a la vez. Antes de que pudiera preguntar cómo carajos había conseguido algo así, el propio médico se encargó de pincharlo con algo, que no tardó en explicar su funcionamiento. - Ok… -. Tal vez Hyákinthos no era solo un médico más, comenzaba a pensar, pues algo le decía que tenía conocimientos superiores a eso.

[Imagen: dSk9Op3.jpeg]
Todo en esa habitación se lo decía.

No hubo sorpresa ni asco en el rostro del cocinero en cuanto el pequeño animal vio su carne cortada por el bisturí, pues no parecía sufrir, hecho que dejó tranquilo a Uker al saber que el otro pirata sabía lo que hacía. - Nunca estuve cerca de una de estas cosas cuando estaba herido, así que no me di cuenta de eso -. Era sorprendente que ese hombre hubiera podido acercarse a una de esas cosas cuando aún se encontraba herido, pues los animales suelen ponerse alertas en exceso si no se encuentran en sus mejores condiciones. - Pero entonces, esto debería… -.

Ahora sí que hubo sorpresa en sus ojos, pues pudo notar como lentamente la herida provocada en el cuerpo del pequeño reptil comenzaba a sanar lentamente. No eran más que milímetros de carne por segundo, pero esa capacidad de curación era extraordinaria. El hombre tenía razón, el animal estaba completamente sano y sin ninguna marca evidente. Si en verdad llevaba 4 días experimentando…

Tuvo que voltear a mirarlo, como si buscara una repuesta a una pregunta que nunca hizo. Se llevó su mano a la barbilla y sus ojos se perdieron en la inmensidad de sus pensamientos. - Una isla infinita -.  Otto lo había explicado aquella vez que lo encontraron en Kárate, la posibilidad de que existiera una isla que produjera algo que volviera a cada especie autosustentable, sin desperdicios naturales, una isla del infinito e inmortalidad. Lo había tomado como algo imposible de encontrar en aquel momento, pero si esa planta existía…

- Creer que solo nosotros sabemos de la existencia de esto sería pensar que el resto del mundo es muy idiota. Si pudiste encontrar algo así como así en esta isla sin civilización, no debe estar bajo el control del gobierno, pero… -. Sus ojos cayeron de nuevo en el animal, que dormía plácidamente como si no tuviera una herida grave en su pata. - Si ellos supieran de esto y hubieran tomado un ejemplar para experimentar y lograr hazañas… -. Comenzaba a ver un camino, la posibilidad de que esa isla de la que Otto habló existiera gracias a la experimentación con esa sustancia.

[Imagen: d5G1WB8.jpeg]

- Tenías razón, esto era un gran paso adelante -. No podía experimentar por su cuenta, no podía entregarle exámenes ni resultados precisos, pero tampoco iba a ser una piedra en el camino hacía su propio objetivo. - Dime, ¿qué más planeas investigar? ¿Necesitas más de esa sustancia? ¿Más de estos animales? -. Podía entregarle los materiales, eso podía hacerlo, ayudarlo a que la misión sea más llevadera. - También puedo conseguirte sujetos más grandes si lo necesitas -. Aquí ya podría estarse refiriendo a cualquier cosa, por l que dejaremos que el otro pirata imagine lo que quiera.


RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Hyákinthos - 19-05-2026

Orgullo.
 
A medida que los minutos transcurrían en el rostro del médico se iba ensanchando una expresión de orgullo ¿Cómo podría evitarlo? Era claro que había logrado sorprender al pelinegro y no, no es como si tuviera que probarle algo, al contrario, no es como si buscara cautivarlo con su saber, nada de eso, simplemente, el orgullo en su expresión era por darse cuenta de que, tal como imaginó, su experimento sí que era algo inusual.
 
—¿Asombrado, cocinero? Y esa es solo la punta del iceberg…La planta es capaz de regenerar la piel quemada, si se trata a tiempo, de reparar tejidos raspados o mordisqueados, así que no es como que se limite a cortaduras simples —. Sonreía con autosuficiencia mientras hablaba y se movía en su silla con rueditas, solo para alcanzar un gabinete de donde sacó un encendedor. —Pero mejor déjame demostrártelo.
 
Con la cría de dinosaurio aún dormida gracias al sedante, el médico acercó el encendedor a su piel. Pronto la habitación empezó a llenarse con un olor molesto a carne quemada, aunque, claro, esto apenas era percibido por el médico, cuyo olfato era la definición completa de “malo” desde que tenía memoria; sin embargo, no sentir el olor no era un problema, pues con su mirada fija en la piel del animal bastaba para saber en que momento detenerse, así que, cuando notó que la capa más externa de piel estaba achicharrada y que la quemadura ya parecía una de tercer grado, se detuvo en seco y alejó el encendedor; sin embargo, a diferencia de la primera vez, no colocó enseguida la sabia de la planta.
 
—Tengo que dejarlo reposar unos segundos antes de aplicar la “medicina” —explicó como si el cocinero en verdad le hubiera preguntado, aunque lo cierto es que solo escuchó que balbuceó algo como “isla infinita” ¡Oh! Esta vez su mala memoria su que tenía idea de lo que hablaba, pues se la había pasado estudiando las notas que consiguió cuando ambos se encontraron a un extraño historiador o explorador, no estaba seguro, en una isla en el South Blue…Bien, no podía recordar el nombre ni el rostro de aquel hombre, pero si que recordaba sus palabras sobre la “fuente de la juventud”. —No quiero romper tu ilusión, Rack… ¿Puedo llamarte Rack? Es más corto y fácil de recordar que Rackham…aunque creo que ese es tu apellido…tu nombre es ¿Uker? ¿O me estoy equivocando? —Sacudió su cabeza en cuanto notó que se estaba desviando del tema, luego carraspeó y continuó con la razón principal de su cita.
 
 —Ejem…como decía…No quiero romper tu ilusión, pero no creo que esta sea la isla infinita de la que hablaba el explorador loquito…aunque puede que lo que él haya escuchado en sus historias sea una mezcla de los increíbles ecosistemas de las islas del Gran Line, todo en uno…ya sabes, como un popurrí de cuentos —. Cuando terminó de hablar volvió a acercarse al dinosaurio y repitió el procedimiento anterior, aplicó la “pomada” sobre la quemadura y volvió a mirar el reloj para tomar el tiempo, todo mientras escuchaba las dudas que tenía el otro hombre sobre el asunto…aunque a él, en verdad le preocupaba poco si alguien más tenía conocimientos o no sobre aquella planta. Al alejarse del dinosaurio y lavar la palita con que aplicó la sabia, el médico miró al cocinero y, simplemente, se encogió de hombros ante sus preocupaciones.
 
—¿Importa? Es probable que más personas hayan llegado a esta isla, sí…es probable incluso que el gobierno tenga algo de esto en sus manos sin necesidad de hacerse con la isla, después de todo, creo que un buen botánico podría encontrar la manera de hacer florecer esta planta en un ambiente controlado, pero… ¿En qué nos afecta? Así como nosotros no sabemos si alguien más lo tiene, esas otras personas tampoco saben que hemos descubierto esta planta —. Su voz era relajada, casi perezosa y, sus ojos, antes fijos en el otro hombre en la habitación, ahora miraban con interés al animalito cuya quemadura empezaba a regenerarse como si no fuera la gran cosa. —Tal vez ya hayan logrado hazañas con esto y no lo sabemos…todo es una posibilidad, pero da igual…no sirve de nada preocuparse.
 
Se alejó un momento del pequeño dinosaurio, solo para quitarse los guantes y cambiárselos por unos nuevos para seguir manipulando la sustancia. Para cuando se volvió a acercar, la herida que había hecho primero, la cortada, ya se había cerrado por completo, lo que lo hizo sonreír…bueno, eso y que el chico parecía admitir que un paso era un paso…así fuera uno pequeño.
 
—¡Ah! Menos mal, creí que nunca te emocionarías por algo…por supuesto que es un gran paso. Creo que tendré que arreglármelas para conseguir más de estas plantas y trasplantarlas en el barco…debería conseguir un carpintero que logre climatizar un jardín que simule las condiciones de esta isla, pero mientras tanto, al menos puedo seguir jugando en este lugar ¡¿No es maravilloso?! —En su rostro se reflejaba la expresión de un niño con un juguete nuevo. Sí, estaba emocionado y no tenía vergüenza de admitirlo.
 
—Y con respecto a tus preguntas…sí, necesito más tallos de esta planta. Recolecté varios, pero no viene mal tener extras y…sobre los animales…no solo de esta especie ¿Te crees capaz de conseguir alguno distinto? Dos o tres sujetos de pruebas estaría bien…pero…mi duda más grande es si funciona con humanos —. Pronunció con cuidado esas palabras, tanteando el terreno y dejando caer una sugerencia indirecta. —Verás…al tacto, la planta no parece generar ningún tipo de reacción alérgica en los humanos; sin embargo, tengamos en cuenta que las pieles de los dinosaurios son mucho más duras y resistentes que las nuestras, tal vez lo que para ellos es un alivio, para nosotros resulte letal…No he experimentado en mi ni en nadie…no aún…así que…
 
Cortó sus propias palabras, sus ojos amarillos se fijaron en el pelinegro, dejando entrever un brillo malicioso que hacía evidente su discreta sugerencia: Necesitaba experimentar con humanos.
 
—Conseguir sujetos de prueba resulta ser el trabajo más complicado —susurró sin aclarar si aún se refería a los animales o a una experimentación mucho más cruda.



RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Rackham Uker - 20-05-2026

Esa planta si que era milagrosa en varios sentidos, poder curar una quemadura de ese estilo no era poca cosa. Aún así, el médico parecía más enfocado en lo increíble del proceso que preocupado por lo que esto podría significar, pero tal vez era una emoción compartida por ambos. - No, no me refiero a que esta isla sea de la que habló ese chico, lo que digo es… -. Mientras hablaba, miraba la pata quemada del pequeño animal que comenzaba a sanar nuevamente. - Si el gobierno tiene en su poder esta planta, cosa más que probable, podrían haber experimentado y creado con ella mucho mejor de lo que podrías hacerlo tú aquí -. Al decir esta última palabra, la remarcó y dio una vuelta sobre su propio eje, dando a entender que se refería a la habitación. - Si la planta es capaz de lograr esto en estas condiciones, en unas aún más favorables para la experimentación podría generar cosas inimaginables -. Esperaba que eso sea suficiente para que el pelirosa entienda hacia dónde se dirigía, pero de todas formas concluyó la idea él mismo. - Si lo que digo es verdad, significa que la existencia de esa isla infinita es más probable que nunca -.

No había preocupación en sus palabras, sino una suerte de esperanza, como si ver que algo de eso era mínimamente posible hubiera formado un camino a seguir en su mente.

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¿Que nunca se emocionaría por algo? ¿Qué clase de imagen tiene la gente de él? Es obvio que algo así iba a captar su atención, sobre todo si se trata de un avance hacia su objetivo, por pequeño que parezca. - No se si es algo que a mí me emocionaría, pero… -. Tal vez se sentía de la misma forma al ver una cocina completamente preparada y lista para comenzar a trabajar en ella. - Supongo que estás en tu propio terreno -. Así como su comodidad se veía al máximo cocinando, parecía que la zona de confort del otro hombre se encontraba entre esas 4 paredes.

Ya lo había visto al aire libre por su cuenta y no parecía muy capaz de manejarse solo.

La petición de más unidades de la planta, así como de sujetos de prueba distintos, fue recibida con un movimiento de cabeza positivo por parte del cocinero, pero pronto llegó la parte más oscura de la pregunta. - ¿Humanos? -. El silencio se hizo en el lugar, entre los pensamientos de Uker sobre el tema y los de Hyak en cuanto a si ese tipo sería capaz de algo así. Podría generarse una discusión sobre eso, algo sobre la moralidad y preguntas sobre que clase de pensamientos tenían ambos en la cabeza, pero algo más ocurrió. - No creo que puedas encontrar muchos humanos por aquí -.

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Uker simplemente movió su cabeza hacia un lado, como un perrito curioso de algo que su amo le mostraba. - Por lo poco que vi, hay tripulaciones piratas, de las cuales necesito más información y convertirlos en aliados, y Marines. No diría que no experimentaras con ellos, pero acercarse a ese grupo no solo es complicado, sino que también muy peligroso -. Por el tono en el que lo decía, no parecía haber en él algún rastro de duda o malos pensamientos hacia quien tenía enfrente, incluso con lo que acababa de pedirle. - Así que dudo que pueda traerte eso, pero… -. Llevó su mano a su barbilla, pensativo, pues tenía una idea pero era algo difícil ponerla en palabras. - ¿Y si intentas conmigo? -.

Antes de que el científico loco pudiera decir algo, él mismo respondió cualquier duda. - Necesitas humanos, yo quiero que esta investigación avance. Mi cuerpo podrá estar perfectamente en forma, pero tampoco es la pulcritud en carne y hueso -. Mientras lo explicaba, tomó la manga de su abrigo y la elevó hasta su ante brazo, mostrando la cantidad de cicatrices que adornaban cada centímetro de su piel. - Podrías realizar un corte como ese y ver como reacciona el ungüento, ¿no es así? -.

Acá todos estamos seguros que no es así como funciona la experimentación, pero, ¿Uker estaba dispuesto a todo por respuestas? Al menos eso parecía, lo que lo hacía alguien muy idiota a ojos del mundo.


RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Hyákinthos - 05-06-2026

¿Qué el gobierno podía lograr más en sus laboratorios? ¡Por supuesto que sí! Siempre podían…sus instalaciones para ese tipo de cosas debían ser fascinantes. Aun podía recordar aquella ocasión en la que se infiltró en una base de la marina por un par de estaciones. Tanto la biblioteca como la enfermería eran un sueño hecho realidad, además, tuvo acceso a libros de medicina que no habría podido leer de no ser porque se hizo pasar por un marine médico.
 
Chasqueó la lengua y frunció el ceño…Claro, entendía muy bien lo que el cocinero quería decir y eso lo hacia rabiar, aunque podía contener esa emoción muy bien, lo suficiente como para que, en segundos, su expresión regresara a esa calma distraída que lo caracterizaba.
 
—Hay muchas cosas probables en el mundo, cocinero…Tal vez deberías llamar a ese chico que nos habló de esa isla… ¿Omar? ¿Oscar? ¿Otaniel? ¡Ah! No lo recuerdo…pero sabes de quien hablo. Seguro se emocionaría de escuchar algo que pueda ayudar a su investigación —. En ese momento su mirada se desvió hacia el dinosaurio, quien seguía durmiendo tan apaciblemente que nadie podría imaginar que está siendo sometido a una experimentación que podría calificarse como tortura si estuviera despierto. —Quien sabe, tal vez esta isla pueda ser una pista para lo que busca, así como lo es para ti…y para mí —. Cuando dejó de hablar, ahora con los guantes nuevos que se había colocado, sacó de un estante un den den mushi de video, cortesía de Merlot (en verdad era de ella), que usó para tomar un par de fotos a la herida de la quemadura que poco a poco se iba cerrando… ¿Cuántos minutos habían pasado? Bueno, al menos unos cinco desde que la sabia empezó a actuar.
 
—Y sí, este es mi terreno…Aquí no olvido las cosas —. Pronunció de manera casual mientras dejaba en una mesa contigua al pequeño caracol que terminó acercándose a un plato plano que estaba lleno de lechuga…el animalito tenía que comer. —Además, estas tareas son sencillas, nada complicado —. O así lo veía él después de años de estudio.
 
Suspiró, aunque no por cansancio, si no con ilusión…sí, de verdad se sentía cómodo dentro de esas cuatro paredes; sin embargo, la calma se fue nublando en cuanto tuvo que hablar sobre lo que requería para seguir con su investigación. Intentó no ser explícito, buscó la forma de no mencionar la palabra; sin embargo, ignorar al elefante en la habitación no era fácil, de hecho, la dificultad aumentó cuando el mismo cocinero mencionó aquella palabra que estaba evitando: humanos.
 
Sí, necesitaba humanos para que funcionaran como sujetos de prueba.
 
El médico, al escuchar al cocinero, simplemente levantó su cabeza y encaró al otro hombre, buscando en su rostro algún rastro de moralidad que pudiera poner en peligro sus ideas o a él mismo, pero…no encontró nada de eso, si no la calma de alguien que parecía acostumbrado a ese tipo de conversaciones… ¿Habría hecho él algo como eso antes? Ahora se lo preguntaba…no es que supiera nada del otro hombre después de todo y, aunque le hubiera contado algo, tal vez se le habría olvidado.
 
—Sí, humanos —. Confirmó ahora con naturalidad, después de todo, había comprobado que no sería juzgado…no quería eso…porque el que fuera juzgado significaba que podía perder un aliado, aunque, con la respuesta que le dio el hombre, de hecho, sintió que ganaba uno oficialmente. Sonrió de medio lado, le gustaba hacia donde iba la conversación.
 
—Lo sé. Sé que no hay muchos humanos en esta isla, de haberlos ya había trabajado con ellos y los resultados que te entregaría hoy serían distintos y mucho más claros ¡Ah! Es una lástima, aunque…supongo que, si la isla estuviera plagada de seres pensantes, la mayoría de las especies que he encontrado aquí estarían extintas…sí…eso también sería una lástima —. Ya se había ido por completo el tono “tímido” y cauteloso con el que propuso la idea en un inicio. Era tiempo de sacar sus verdaderos colores…bueno, a medias…Nunca era bueno mostrarse 100% como era.
 
—Y créeme no soy tan valiente ni tan estúpido para enfrentar por mi cuenta a un grupo de marines. No quisiera una diana en mi espalda ¿Sabes? He permanecido sin recompensa por muchos años como para tener una ahora —. A estas alturas se le había olvidado que ahora sí que tenía una recompensa por su cabeza. —Así que mi opción es…
 
Silencio.
 
La habitación quedó en silencio cuando el médico escuchó la propuesta.
 
Podría esperarse cualquier otra cosa, incluso podría esperarse a que le ofreciera a alguien más como “ofrenda”, pero no…nunca pensó que se atrevería a ofrecerse a sí mismo como sujeto de pruebas.
 
El médico abrió la boca para decir algo y procedió a cerrarla casi de inmediato, para luego morder con fuerza el interior de su boca, todo mientras procesaba la información y con su mirada recorría el rostro del pelinegro para encontrar algún rastro de broma en sus ojos…porque eso…eso debía ser un chiste. No conocía a nadie que se le hubiera entregado tan fácil para una experimentación…es decir…sí, en el pasado tuvo amantes que fueron parte de algunos experimentos, pero eso no fue porque ellos se ofrecieran de buenas a primeras, no, eso fue después de una manipulación tan bien elaborada y discreta que ellos terminaron cediendo…habían sido casos planeados, pero esto…esto superaba sus expectativas.
 
—¡Oh…! —Escuchó las palabras del hombre, las que siguieron después de su ofrecimiento, también prestó atención a las cicatrices que le mostraba…Eran muchas, le dio curiosidad como se las hizo, pero no tanta como para desviar la conversación cuando parecía estar en su punto más importante. —¿De verdad quieres eso?
 
El shock inicial de la propuesta pasó con en el momento en que pronunció esa pregunta, de hecho, se pudo notar el brillo interesado en las irises doradas del médico y una sonrisa ladina que dejaba entrever diversión.
 
El hombre se levantó de su asiento y, antes de responderle al pelinegro cualquier cosa, tomó al dinosaurio bebé con delicadeza y lo colocó en el interior de la jaula. La quemadura no había sanado del todo aún, pero lo haría en unos minutos, además, la criatura ya había mostrado su punto, no tenía sentido seguir usándola como objeto de observación, más cuando ya tenía los datos de tiempo en que la sabia del áloe gigante actuaba dependiendo del tipo y profundidad de la herida. Cerró la puerta de la jaula y se aseguró de que la cría de dinosaurio estuviera en una buena posición…no quería perder a su “sujeto” de pruebas, así que, cuando se aseguró de que estaría bien, se alejó unos pasos y volvió a quitarse los guantes con los que había manipulado al animal, cambiándoselos por unos nuevos…Todo esto mientras el silencio reinaba y dejaba al cocinero esperando por una respuesta.
 
—Bien, supongo que puedo trabajar con eso —. Respondió al fin, al mismo tiempo que se colocaba unos guantes limpios y sacaba de un cajón un bisturí que, a simple vista, estaba más que afilado. —Extiende tu brazo.
 
No esperó a que el otro hombre respondiera, de hecho, se acercó con rapidez y él mismo tomó el brazo ajeno, el mismo en donde el cocinero le había mostrado sus heridas y, acto seguido, lo colocó sobre la mesa metálica en donde estaban trabajando…Sí, así tal cual, sin preparación, sin colocar un papel absorbente ni nada debajo.
 
—¿Prefieres que cuente hasta tres? —Una de las manos del médico sujetaba con fuerza el brazo ajeno y la otra sostenía el bisturí, peligrosamente, cerca de la marcada piel ajena. —Uno…
 
El dos nunca fue pronunciado, la mano del médico simplemente bajó con rapidez, el bisturí apuntando directo hacia la carne ajena…al menos hasta antes de llegar a la piel, así se desvió y en lugar de cortar la carne, pasó el filo del bisturí por la mesa metálica, haciendo que un chirrido metálico llenara la habitación. Después de eso soltó con brusquedad el brazo ajeno y bufó con molestia mientras se ponía de pie y se daba medio vuelta, una actuación que finalizó con el médico soltando una risa entre burlona y sarcástica.
 
—¿Enloqueciste, cocinero? —El pelirrosa dejó caer el bisturí a un lado, sobre esa misma mesa, de nuevo el metal chocó, pero esta vez solo fue un tintineo. —No me sirve de nada tener a un aliado muerto… ¿Acaso eres idiota? Te acabo de decir que no tengo la más mínima idea de que reacciones puede tener en humanos y en este lugar no tengo la tecnología para comprobar la compatibilidad del ADN de un dinosaurio con el nuestro…que dudo que sea muy alta…así que ¡No! No voy a cortarte y hacer una apuesta con esta planta para ver si te cura o te mata.
 
No es que el médico tuviera algún tipo de empatía con el pelinegro, simplemente, valoraba a los aliados que consideraba fuertes, a los que creía que podrían ayudarlo si él los ayudaba, además, no quería perder a alguien que lo mantenía entretenido con una investigación que le parecía interesante.
 
Suspiró y volvió a sentarse en la silla en la que estaba antes, tomó el bisturí entre sus dedos y empezó a juguetear con él. Ahora, más que animado, parecía agobiado.
 
—Me sorprende tu nulo sentido de supervivencia ¿Sabes? ... ¿Cómo es que llegaste hasta aquí con vida? No me digas que eras de esos niños come goma —. Miró al médico, esta vez con una expresión más calmada y hasta divertida, pero que pronto se transformó en un gesto más serio.
 
—Escucha…tu preocúpate por conseguir más de esta planta —. Con su mano libre, el médico acercó un frasco en cuyo interior había una hoja cortada de la planta. —Eso te servirá de muestra y…Jmmm…si es posible, también consigue otras especies de dinosaurios que puedan servirme, eso sí, que no midan más de metro y 20 centímetros…De los otros sujetos me encargo yo…cuando salga de esta isla, claro —. Se vio en la necesidad de hacer esa aclaración, porque ya no sabía con que saldría el cocinero. —¡Por favor! Creí que como mínimo me ofrecerías ayudarme al salir de esta isla, no que te ibas a ofrecer como sacrificio…De todos modos… ¿Por qué lo harías? Si la planta resulta ser venenosa para nosotros y te mueres…Adiós a tu inmortalidad ¿No? Tal vez debes empezar a ser más coherente con tu propio sueño.

Karma



RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Rackham Uker - 08-06-2026

La habitación quedó en un silencio sepulcral en cuanto el cocinero decidió que sería buena idea abrir la boca para sugerir la cosa más estúpida escuchada por algún hombre. Simplemente esperó que el médico reaccione, o que vuelva a hablar, pues sabía que lo que había dicho no era razonable. ¿Quién se pondría como sujeto de pruebas para algo tan riesgoso? Esa sustancia rara no era tocada por el pelirosa sin guantes ni por asomo, y él había sugerido probar sus efectos directamente en su cuerpo. - Si, eso dije -. Asintió, como si fuera lo más normal del mundo.

Recibió una especie de orden, pero no pudo ni acercar su brazo a la mesa en cuanto el otro hombre lo tomó y lo colocó en el lugar él mismo. - Me da igual, no es la gran cosa -. Respondió ante la propuesta de hacer una cuenta atrás para prepararlo, pero el bisturí descendió a gran velocidad antes de que pudiera terminar de hablar, impactando contra la mesa y generando un ruido bastante molesto, pero que no logró cambiar la cara de poker con la que Uker observó toda la secuencia.

Levantó su vista, extrañado ante el acto del médico, todavía preguntando si debía mantener su brazo ahí o no, hasta que la risa ajena llegó. - ¿Eh? -. Parecía ser más razonable que el mismo Rackham, quien por alguna razón se sentía insultado. - No voy a morir por una planta -.

Sin más palabras, y aceptando el regaño a regañadientes, valga la redundancia, su otra mano se encargó de bajar de nuevo la manga de su abrigo mientras escuchaba a Hyákinthos nuevamente. - Si no tuviera sentido de supervivencia no habría llegado hasta el South Blue cuando escapé de mi isla, así que creo que me sobra -. No, la verdad es que no, pero dejemos que viva en ignorancia.

Le fue entregado un frasco con un pedazo de la planta que debía buscar, el cual inspeccionó durante unos segundos mientras el regaño seguía llegando a sus oídos. - De nada sirve buscar la inmortalidad si en el proceso me convierto en el más buscado de un mar entero -. Terminó de analizar el objeto y lo sostuvo con fuerza. Se lo notaba furioso por eso que acababa de decir, una pequeña realidad que todavía lo enfadaba lo suficiente como para sentir que se le acababa el tiempo rápidamente. - Incluso si encontramos una forma, ¿de qué servirá si el gobierno me captura o me mata antes de lograrlo? Si fuera así preferiría morir por un suicido imbécil antes que ser atacado por esos idiotas de nuevo -. Antes de que su enojo se saliera de control y causara algún accidente, se guardó el frasco en el bolsillo.

- Además… -. Continuó sin esperar una respuesta. - Estoy tan atrapado en este lugar como tú. Perdí a toda mi tripulación y parece que el clima no será apto para zarpar por dos semanas más, así que no creo poder ayudarte -. Estaba en un aprieto, cada vez le era más difícil mantener la calma y esa isla no era un buen punto de entrenamiento, así como tampoco un lugar tranquilo en ningún sentido.

- Aún así, ¿podrías decirme dónde fue que encontraste la planta? Supongo que estará por toda la isla, pero será más rápido si investigo en el punto en el que la sacaste -. En cuanto terminó de decir eso, se dio cuenta de lo estúpido que era preguntar algo así. Ese hombre no sabía ni cómo marcar el norte en un mapa, claramente no iba a poder indicarle un camino claro entre toda la maleza y bichos gigantes.

Ahora que lo pensaba, ¿cómo es que siquiera podía andar por esa isla? ¿Cómo volvía al barco si se adentraba en el bosque? De pronto, como por arte de magia, sintió algo de preocupación por el otro hombre, pero no el suficiente para que ese sentimiento durara más de un par de segundos.


RE: Aprender a desacelerar // Pasado - Hyákinthos - 20-08-2026

Excusas.

Cada una de las palabras del otro hombre le sonaban a excusas o, mejor dicho, a explicaciones que no le había pedido, algo que hizo que el médico alzara una ceja, casi irónico, le parecía que el otro pirata se esforzaba demasiado en explicar sus acciones, casi como si estuviera inseguro de sus propias palabras.

El médico, en otro momento, se habría reído, pero ningún sonido diferente a un bufido pudo abandonar su garganta en ese instante, aunque, eso sí, no se molestó en ocultar la sonrisa de medio lado que esbozaba, campante, en su lozano rostro.

—Jmmmm… ¿Y de verdad crees que llegaste al South por un buen sentido de supervivencia o por simple buena suerte? —No es como que quisiera meter el dedo en la llaga, pero al pelirrosa se le hizo inevitable hacer la pregunta, más que nada porque pasó de ser un simple pensamiento a algo expresado en voz alta sin que si quiera se diera cuenta. —¡Espera! ¿No eres del South Blue? ¿De dónde vienes entonces? Parecías bastante cómodo en esos mares, creí que eras nativo de ese lugar, así que como yo…eres un extranjero —. Lo cierto es que, si el pelinegro le había contado o no algo de su pasado, no podía recordarlo, así que la pregunta fue completamente honesta, algo que se notaba, pues el rostro del médico pasó de la burla a la sorpresa en cuanto analizó tanto lo dicho por el pelinegro como lo expresado por él mismo. —¿Y cómo fue que llegaste al South? ¡Ah! No importa, de todos modos, se me va a olvidar —. Tuvo que estirar sus brazos hacia el techo, como si intentara ejercitarse, para así distraerse y no ahondar en una historia que terminaría dentro de los rincones más alejados de su memoria; sin embargo, no podía negar que tenía curiosidad sobre el cocinero, a fin de cuentas, aún no entendía que circunstancias lo llevaron a obsesionarse con un objetivo tan problemático.

—¿Por qué te preocupas si eres o no el más buscado? Pfff…aunque no lo fueras, un rey marino podría devorarte en tu próximo viaje, así viajaras en un crucero con muchos civiles o bien, alguien podría dispararte por accidente o un dinosaurio podría devorarte en esta isla —. El doctor se encogió de hombros, siendo lo más realista posible, pero quitándose de encima el peso que sabía tenían sus palabras, luego, como acto reflejo, volteó a ver al pequeño dinosaurio solo para darse cuenta de que, en medio de todo el diálogo, el animal se había curado por completo y ahora solo dormía como si nada hubiera ocurrido.

—Mira, ya no está herido, la sabia de la planta ha eliminado por completo su quemadura —. Señaló al interior de la jaula, claro, sin atreverse a meter la mano, pues sabía que en pocos minutos más la anestesia dejaría de hacer efecto. —¿Quieres acercarte para verlo mejor? Parece que nunca lo cortamos ni lo quemamos, su piel está intacta ¿No te parece maravilloso? —Desvió el tema al animal, más que nada porque en verdad no tenía idea de como responderle a alguien que decía haber perdido a toda su tripulación… ¿Esperaba un consuelo? Él no era el mejor para esas cosas, aunque pudiera fingir muy bien palabras bonitas…Sí, tal vez podría intentarlo.

Desvió su mirada del dinosaurio bebé hacia el cocinero, mientras que sus ojos dorados y su expresión facial, en general, tomaba un tinte más serio, incluso preocupado, aunque no fuera más que una buena actuación, una excelente actuación de hecho. —Y si no puedes zarpar ahora, puedes pasar tu tiempo en este barco, ya veremos que hacer en los días en los que permanezcas en la isla, además, siempre puedes ayudarme a investigar más sobre estas plantas y… ¡Ah, claro! La ubicación de la planta…Eso es…Jmmm…bueno…Había árboles y flores ¿Sabes? —Ladeó su cabeza con un tinte de inocencia y torpeza, porque sí, él mismo sabía que acababa de decir una tremenda estupidez.

—La verdad es que no puedo recordarlo con exactitud, pero…no estaba tan lejos de la playa, quizá es hacia…eh…—Se levantó de su asiento para luego acercarse a una de las escotillas de la habitación y su vista se clavó en el exterior. No…no era un buen punto de referencia, a fin de cuentas, desde ahí solo podía ver el océano y bien, podía no saber como ubicarse, pero tampoco era tan estúpido como para no entender que estaba viendo en dirección contraria.

Antes de seguir hablando, el médico se movió hacia la otra escotilla, una desde donde se podía ver la arena de la playa y el sitio exacto en donde la arena se empezaba a confundir con el bosque; sin embargo, desde su lugar era imposible decir en cuál de todas las direcciones podía encontrar la planta. Suspiró con cansancio y se alejó del pequeño ventanal para dirigirse hacia un mueble en cuya superficie reposaba un cuaderno negro que parecía bastante gastado.

—Toma —. Le lanzó el cuaderno al cocinero, solo esperaba que de verdad lo atrapara. —Y subamos a la cubierta…En el cuaderno anoto direcciones, puntos de referencia e incluso apariencias, puedes mirar todo lo que quieras, pero te puedo asegurar que el sitio en donde encontré las plantas debe estar referenciado en las últimas páginas, después de todo no es un descubrimiento que lleve mucho —. Al terminar de hablar, el pirata dio un último vistazo al dinosaurio que seguía tan dormido como al inicio, por lo que aprovechó de acercarle un cuenco con agua ¿Por lástima? No. Lo hizo porque sabía que debía mantener a su sujeto de experimentos vivo.

—¡Vamos, vamos! Intentaré mostrarte algún sitio cercano de acuerdo con lo que diga el cuaderno, pues lo que si recuerdo es que, aunque me adentré en el bosque, nunca me alejé demasiado como para que la arena pasara a ser del todo tierra ¿Me entiendes? —Se acercó a la salida y abrió la puerta, invitando, con sus acciones, a que el cocinero también lo siguiera. —De todos modos, es tarde, no creo que sea adecuado adentrarse a la selva a estas horas, pero…tsk… ¿Qué más da? No nos pasará nada por observar el borde de la vegetación y… ¡Oh, olvidaba algo! —¿Cuándo no?

Soltó la puerta y se encaminó hacia un mueble, abrió una de las gavetas y del interior sacó un rollo de cinta roja y un par de tijeras. —Esto…es lo que uso para no perderme en la selva y para guiarme de regreso…No suelo dejarlas en el camino una vez las uso porque alguien podría seguirme de regreso al barco, pero te daré una muestra de la tela, porque si alguna se me quedó en el camino, al menos sabrás que estuve ahí y que quizá estés cerca de alguna de estas plantas —. Cortó la cinta, un trozo del tamaño de su antebrazo y también se la entregó al cocinero que en algún momento viajó con él.

—Ahora sí, vamos a cubierta y aprovechemos las últimas luces del día —. Esperó que el otro hombre lo siguiera para poder cerrar la puerta de su “laboratorio” y luego emprendió su caminata hasta el exterior del barco, claro…siguiendo las flechas que le servían de guía para no perderse en su propio “hogar”.