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La excepción que confirma la regla [Pasado] - Kael Omuyaga - 05-05-2026 Día 42 de Verano, Año 17
Camina sin rumbo bajo la luz oscura de las estrellas. Aquella isla, lejos de poseer coloridos paisajes, verdes praderas o ciudades vivas y animadas, se muestra un inhóspito desierto en el que solo acecha el hambre, las temperaturas inclementes, y una soledad tan monumental que, hasta cierto punto, solo se puede ver invadida por presencias extremadamente hostiles a la espera de presas débiles que cazar, saquear y abandonar completamente a su suerte, solamente para dejarlos morir, uniéndose al ya enorme número de víctimas que, ya fuera por descuido o por completa ignorancia, terminan cobrándose el Grand Line. Incluso previos al paraíso en el cielo, este mundo es muy diferente a todo lo que ellos acostumbran. Es precisamente por eso que el descuido del "responsable" podría costarle caro. El uniforme lo llevó consigo en su salida de la casa, quizás por reflejo o costumbre, pero lo guardó allá donde nadie más que él puede llegar, olvidándose por completo del mismo, porque ni siquiera había pensado en él. En ese momento, con la luna alzada en el cielo, y algunas horas presentes de oscuridad que lo mantendrían lejos de toda responsabilidad, Kael salió del edificio en secreto con marcha felina. No imaginaba a ninguno de sus compañeros abrazando el profundo etéreo, pero necesita un momento de privacidad, y no se puede permitir generar inseguridad en sus compañeros. No cuando más lejos necesita estar... ----------------------------------------
lo que uno llega a sentir
Su mente ha comenzado a derrumbarse, una pequeña mezcla de impotencia y alivio anuda su garganta e inunda su cabeza tras el despertar de su compañero. Tan solo han pasado dos días, pero finalmente tiene la capacidad de profundizar en lo sucedido. No se trata de analizar; no busca una forma de mejorar, ni tampoco una respuesta a lo que fue en aquel día una de sus peores misiones. En su mente, tan solo observa, rememora, y como un testigo ajeno, comprueba cada recuerdo. Hay demasiado... La disputa con su compañero conectó los primeros puntos. Nunca habían trabajado en equipo con su nueva división, y el paso de la estación primaveral hasta ese momento no les ha otorgado ni un solo espacio. Apenas ha tenido oportunidad de conocerlos, ¿y ya estaba dispuesto a ponerlos en riesgo? ----------------------------------------
Dimitri St. George: El primer contacto cercano con el más reciente de sus compañeros no fue solo una casualidad. Para Kael, una guardia no es más que una oportunidad para demostrar que la obediencia es la prima más requerida en este mundo. Es silencioso, educado, pero carente de emoción. Su único valor es el que le otorgan aquellos a los que mantienen a salvo con su mera presencia, pero no podría decir lo mismo de aquella vez. Quizás fuera su forma de ser natural, o quizás una mera casualidad, pero en aquella ocasión tuvo la oportunidad de conocerlo un poco. Pudo intuir de inmediato el interés genuino que tenía en Hae-Won. Incluso si sus palabras eran medidas, no buscaban ocultar su verdad. No tenía miedo de mostrar que tanto puede llegar a apreciar su personalidad, observar sus facciones, ni tampoco el regocijo de haberse reencontrado con ella tras largos años separados. En un hombre, eso no es una muestra de debilidad, sino el componente que le entrega la fortaleza para seguir adelante por más que el mundo le eleve hasta la montaña más alta, amenazando con tirarlo al abismo si no muestra una verdadera voluntad. Tiene motivos para seguir luchando, y los suyos son motivo de orgullo y de respeto. ----------------------------------------
Choi Hae-Won: A diferencia del primero, la joven albina es, a sus ojos, la persona más misteriosa del grupo. Sus rasgos finos y delicados como una delgada capa de hielo no la convierten en alguien distante. Muestra una sintonía maternal, o tal vez como una hermana mayor, buscando mostrar ese sentido de protección gentil y preocupado sobre aquellos que más le importan. Reservada en palabras y con poca expresividad, le ofrece un pensamiento concreto: No se basa en promesas, ni tan poco ofrece palabras vacías al viento. Ella desea entregarse en acciones sin importar si son pequeñas y detalladas, mientras con cada una de ellas ofrezca lo que tal vez no sepa decir, pero que anhela expresar con la gentileza de un abrazo, o el descaro de una bofetada en remordimiento. Sin duda, es la contraparte necesaria de alguien dispuesto a sacrificar incluso lo que no tiene en sus manos con tal de seguir adelante; una dama que ofrece la calma incluso en mitad de la tormenta, y la fuerza que sólo se extrae de la voluntad más fuerte. Entrenada para servir, pero decidida a sobreponerse. Para ellos, es solo una cuestión de tiempo... ----------------------------------------
Nyra Kuroshiro: En todo el blanco de su mente, Kael olvida los rostros de aquellos que no son sino piezas de un mundo que no le ofrece su sitio. Cuando juegas en silencio, caminas en solitario sin llamar la atención, observando los datos que ofrece aquel inmenso tablero en cada paso que da, y reteniendo tan solo la información que puede considerarse útil, necesaria, o aquella que no puede ignorar por más que desee hacerlo. La única imperfección que posee es su humanidad, y eso le hace conocer la teoría que ha elaborado con los años, pero que no puede llevar a cabo sin cometer, al menos, algún error de vez en cuando. Una pequeña excepción que confirma la regla del juego. Nyra fue la primera a la que no pudo olvidar. En la Marina, pocos son aquellos que entregan una ayuda sin pedir nada a cambio. No se trata de una petición, sino de un acto natural en los seres vivos que los mantiene en supervivencia. Tal vez se trata de una amistad, quizás de una conversación más informal, o puede que un cambio de turno para cubrir una necesidad personal, pero siempre hay algo que viene en cadena al conocer a una persona. Con ella, nunca tuvo un momento así. Sus iris de un profundo negro conectaron con los aguamarina en más de una ocasión durante su estancia conjunta en la misma base de la Marine, quizás cómplice, o tal vez educados, pero nunca entregándose para algo más. La falta de contacto no le hizo olvidar la gentileza de sus enseñanzas en la cocina, ni tampoco la energía que desbordaba por cada poro. Ninguna de sus características tenían nada de especial para él, porque nada de eso tenía utilidad en el mundo al que él busca pertenecer. Pero entonces…¿por qué? ¿Hay algún motivo por el que ella sea esa primera singularidad? No. No tiene ningún motivo en especial; no hay algo que le haga fijarse más en ella, ni tampoco la ve de una forma única ni sentimentalista. El rostro de la Humink es un recuerdo que guarda porque no es cómo los demás, y es capaz de hacerse notar incluso cuando está en completo silencio. Su única emoción viene cargada de ironía, porque el destino la ha puesto a su lado cuando las infinitas opciones apuntaban a que sus caminos no debían haberse vuelto a cruzar en primer lugar. “En un mar de infinitas posibilidades sin sentido, es lo irregular lo que termina entreteniendo a Dios”. ----------------------------------------
Aquellos tres compañeros a los que aún tiene -por mucho- que conocer no son otra cosa sino una nueva prueba en su camino en el que solo camina de frente, sin luz que lo guíe ni más motivación que la que lo hizo emprender aquella senda para el resto de sus días. Tal vez sean un pequeño pasatiempo, un momento más que puede no percibir como hostil, y quizás pueda comenzar a entender algo nuevo. No…no es capaz de pensar que sea tan pobre la razón; no con tanta casualidad. Es imposible que se hayan reunido en su camino fragmentos que son capaces de hacerle sentir algo. Respeto por alguien con motivos nobles para luchar. Curiosidad por aquella que el destino parece hilado desde el principio al de otra persona. Agradecimiento por una persona a la que encuentra distinta, pero no como una debilidad. …y sufrimiento por el que es una debilidad que lo haría entregar hasta su última gota de aliento y fragmento de su alma, pero que no tiene ni la más mínima capacidad de proteger. Cada uno de ellos tiene la capacidad de enseñarle, de manera directa o indirecta una lección distinta que ni siquiera es capaz de vaticinar, pero tan presentes y claros como el sol que asciende cada mañana en el cielo. Y todo ese camino había llegado a su fin.
Así pensó que acabaría todo. Creyó que cada posible promesa interna, cada posibilidad abierta ante sus ojos, cada paso que imaginó tener que avanzar, se habían desvanecido por completo el día que su amigo falleció. El mundo le quitó el último apoyo que lo ancla al mundo de los mismos, ejerciendo así su sempiterna voluntad tan caprichosa y narcisista, sin que nadie pudiese resistirse ni objetar algo en contra. La dirección universal finalmente decidió dar un paso atrás, y otorgarle dicho momento tan solo como una advertencia de que son ellos los únicos que deciden lo más importante: Quién vive y quién muere, siempre terminará siendo en su juicio. La brisa helada del viento nocturno sólo refuerza una ausencia que cada pequeño instante se acerca hasta el núcleo de su fortaleza, y poco a poco, hace temblar los cimientos de alguien que no tiene forma alguna de reparar lo que ha desaparecido, lo que estuvo a punto de perder una vez más frente a sus ojos… Y sin saberlo lo lleva a lo más profundo del vacío al que jamás llegará a adentrarse. Así que quizás ....sí que haya tomado una mala decisión.
RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Nyra Kuroshiro - 05-05-2026
Ropa de Nyra
Aunque al salir fui a ponerme la ropa de la Marina, recordé las ropas que nos había regalado Kael y esa fue la que me puse. Recuerdo que cuando la vi, pensé que ciertamente se notaba que tenía muy buen gusto para la ropa, y tal y como esperaba de alguien tan práctico, era además una que seguramente me facilitaría los entrenamientos: pantalones y mangas altos que impedirían que se pudieran enganchar con nada a pesar de la cantidad de tela, y un pañuelo a juego en la cabeza para protegerme de los rayos más directos del sol. Por las dudas, até a las cuerdas del cinto mi katana. Los pensamientos felices se arremolinaban en mi mente, desordenados, pero tan intensos que ya a duras penas escuchaba el eco de mis pesadillas. Por supuesto, también ayudaba que, gracias al tejido de las ropas, el frío no era tanto como para que me supusiera una incomodidad para seguir recordando mis partes favoritas de la conversación que había escuchado en secreto entre Dimitri y Hae-Won. Además, ningún sitio sería tan frío como cierto lugar que no quería recordar y que había tenido la desdicha de visitar no tantas horas atrás... Al dar una vuelta, recorrí por la noche las mismas calles que había visto durante el día. Eran más oscuras, y seguramente me habrían parecido incluso siniestras si no fuera por que tenía vívido el recuerdo de las mismas bajo la luz del día y por mi propio estado emocional del momento. Eventualmente, los pasos me llevaron hasta la puerta de la ciudad, la misma por la que habíamos entrado. Salí de allí, curiosa por cómo sería la visión del desierto durante la noche. Lo que no me esperé, fue reconocer una silueta al ir al otro lado del muro de la ciudad. ¿Qué haría aquí a estas horas de la noche? De inmediato, imágenes de las pesadillas me golpearon como un látigo. Maldito Arnold... Seguramente, estaría igual que yo hacía un rato... Me acerqué a él con cuidado, pero también me aseguré de saludar cuando creí que ya podría notarme, para no asustarlo. ―¿Tú tampoco puedes dormir? ―inquirí dando los pasos que me quedaban para acercarme, terminando por sentarme en una roca que él tenía cerca―. ¿Quieres hablar de lo que te preocupa? RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Kael Omuyaga - 07-05-2026
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El ensordecido silencio que generan los pensamientos en su mente son suficientes para acallar los pasos de la Humink que, lejos de prestarse a alterar su mente, fluyen a cada paso con el movimiento de la arena, tan felina como la caminata que había dado para salir de la vivienda, acompañada por su mezcla con un animal que, por norma general, puede considerar sin problemas como uno al que difícilmente podría siquiera notar con facilidad. Es solo cuando su presencia es lo suficientemente cercana, en un rango de visión que le permitiera salir de aquel trance y volver a poner los ojos en alerta que la tuvo en cuenta, pero no con la tranquilidad esperada. Si hubiese sido un enemigo, tal vez estaría muerto. La suerte estuvo de su lado cuando en su camino con quién cruzó los pasos fue su compañera. ―Oh...Nyra. Eres tú.―Bajó sus pensamientos a tierra, escondiendo todo aquello que envolvía su mente para centrar toda su atención en la persona a la que ahora podía observar de frente. La luz no acompañaba aquel "fortuito" encuentro, pero al menos la figura era suficiente para tenerla localizada, y por el contorno, comprendía que no llevaba su uniforme habitual, tal y como justo él mismo está haciendo.―No creo que me hayas seguido, ¿verdad? En búsqueda de paz interior tan solo encuentra tormento, remolino de pensamientos que no se permite a sí mismo expresar, y que niega su completa existencia para continuar con su camino. Ahora, con la presencia de una persona tan particular como la morena, esa sensación ha desaparecido, pero sólo por su necesidad acuciante de callarla frente a los demás. ―Hay muchísimas cosas que me preocupan.―No mentía en eso, ¿para que hacerlo? Él no puede ponerse una máscara y fingir que todo está bien, pero puede manipular las palabras para que las mismas expresen algo que se aleje de lo que siente.―He salido para poner mi mente en orden e investigar un poco el desierto. No he tenido tiempo para detenerme y pensar en todo lo que nos ha ocurrido, así que he decidido robarme horas de sueño.―Comienza a dirigir aquella conversación llevando sus palabras a un destino cierto, mostrando sinceridad en las mismas con una buena voluntad a mantener una charla, incluso si no suele acostumbrar a hablar tanto fuera del trabajo.―Ya que estamos los dos aquí, ¿te gustaría acompañarme? Aunque te aviso que probablemente termine alejándome un poco. Un vistazo rápido le permite diferenciar que no va desarmada. Aquella mujer no es la marine que ha conocido años atrás. Parece una persona completamente diferente, quizás por la falta de luz o tal vez por la apariencia que no habitúa a observar debido a la ropa tan singular que había adquirido para ella en aquel pueblo, pero en su impresión, la chica era ligeramente distinta. De todas formas siempre suele sobre pensar mucho las cosas. ―Has visto lo que soy capaz de hacer gracias al poder de mi fruta, así que no te preocupes, estaremos bien si eso te inquieta. No por nada Shin no ha sufrido ninguna complicación durante nuestro viaje por el Reverse Mountain, ¿eh?.―Esa, al fin y al cabo, sí que es genuinamente una información de la que no quiere ocultar ni el más mínimo detalle. Es una herramienta que todos tienen que poder utilizar, pues es, al fin y al cabo, su forma de poder protegerlos a todos.―¿Tú me contarías lo que te pasó en Kutsukku? Todavía no he sabido ni siquiera cómo acabamos allí. Y con todas aquellas palabras en el aire, y el deseo de no detenerse en el mismo punto, comenzó a caminar con intención de avanzar en el desierto. Tal vez se termine perdiendo, y puede que lo haga en solitario, pero no por ello quiere dejar de hacerlo. Le ha abierto la posibilidad a Kuroshiro de adentrarse en aquella aventura descarada y poco responsable. ¿Acaso eso es algo posible dentro de los planes del azabache? Tal vez...termine habiendo gato encerrado después de todo. RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Nyra Kuroshiro - 07-05-2026 Una sonrisa se mostró en mi rostro tras el comentario que hizo tras su saludo. ―Claro que no ―respondí con amabilidad―. Seguramente hoy pocos puedan dormir. Aunque las razones fueran distintas para unos y otros. ―Hay muchísimas cosas que me preocupan. Y, sin embargo, su exterior parecía tan imperturbable como siempre. Siempre ha sido difícil ver a través de su coraza. Cuando me sugiere acompañarlo, asiento y me pongo en pie, caminando a su lado. Un suave tirón levanta ligeramente la comisura de mis labios. Le pregunto por sus preocupaciones antes de aparecer yo y lo primero que hace es asegurarse de que confíe en nuestro bienestar. En eso era igual que Shin, aunque fueran distintos en todo lo demás. ―Tranquilo, no me preocupa ―contesté con calma, mirándolo de reojo―. Además, estábamos hablando de ti~. Pero algunas personas están tan poco acostumbradas a hablar de sí mismas que necesitan que otra lo haga primero para saber cómo abrirse. ―Kutsukku... ―La palabra fue un suave murmullo. Un repentino soplo de aire agitó con el frío de la noche mis cabellos, trayendo consigo el recuerdo del terrible lugar. Un suspiro silente escapó de mis labios antes de continuar―. Me desperté en la misma habitación que Kazan y dos piratas más. Shin tenía razón. Es un buen tipo. Quiso dar la vida por todos por el hecho de que compartíamos el mismo tipo de collar. ―Por un instante me planteé hablarle de mis otras dos compañeras, pero no lo hice. Hablar bien de todo mi equipo solamente me habría vendido. Ojalá me equivocara, pero aún no lo conocía tanto como para poderme arriesgar...―. Se abrió una cámara helada, llena de nieve. Prácticamente estábamos en un congelador, pero eso no parecía afectar en absoluto a nuestro enemigo. Nos enfrentamos a Arnold Redflag, un gyojin con un uniforme de la Marina. Por suerte, eso no hizo que mis compañeros sospecharan de mí, y pudimos trabajar en equipo para derrotarlo. Y eso que prometió liberar al que saliera victorioso si nos enfrentábamos a nosotros… ―Lo observé de soslayo, analizando su reacción, si siquiera la tenía. ¿Sería capaz de creer que pudieron confiar en mí a pesar de que todo pudiera apuntar a una posible trampa por mi parte, al ser la única marine?―. Al final, una tubería estalló y él escapó por ahí, transformándose en bandera. Luego… hubo un anuncio por megafonía. ―Tragué saliva. El contarlo como un resumen ayudaba a que mi voz no lo demostrara, pero recordar dolía―. Teníamos que elegir al menos apto, y Kazan se ofreció para salvarnos a nosotros. ―Todos lo hicimos, pero si explicaba que las piratas se sumaron, no podría ocultarle que yo también lo hice. Me asustaba… cómo pudiera reaccionar al respecto―. Luego, hubo un fallo y todos salimos de allí sanos y salvos. Necesité dejar pasar unos pocos segundos, permitiendo que mis pensamientos se fueran asentando como los posos de un agua turbia recién agitada. ―¿Y… qué os pasó a vosotros? RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Kael Omuyaga - 08-05-2026 No llegó a entender el comentario de su compañera, pues desconoce que lleva al resto a no poder conciliar el sueño. Bueno, ¿a quién engaña? Tal vez todos ellos sigan preocupados por lo vivido en el pasado apenas un par de días atrás. Nadie puede juzgarlos por ello, y mucho menos él. ―Entiendo. Esperaba no tener que despertar por la mañana, pero veo que no me vais a dejar bajar la guardia.―Mentía de forma amable, aunque notoria, permitiendo que ella se diera cuenta de ello incluso con su tono monótono. Dejó que la noche guiase su camino. Los primeros pasos en la arena los avanzó con calma, más tranquilo sabiendo que no estaba solo. No acostumbra a una compañía como la de ella, ni ninguna otra cuando se sumerge en sus pensamientos más profundos, pero esa noche podía hacer una excepción. Sabe que al menos es alguien con quién puede mantener una conversación, y el tiempo que compartirán juntos para el resto del camino debe saber aprovecharlo con cada uno de ellos en las pocas oportunidades en las que se sienta capacitado para ello. ―Además, estábamos hablando de ti~ Palabras pronunciadas con un tono calmado que le resuenan dulces en el oído. Durante una fracción de segundo, un pensamiento más fugaz que las estrellas pasa por su mente, haciéndole relajar los hombros cuando la observa de soslayo, sin tan siquiera darse cuenta de ello. Pero cae en saco roto al oírla mencionar la parte de su historia, ralentizando el ritmo de su andar cuando, poco a poco, comienza a sentirse progresivamente más culpable. ―Me desperté en la misma habitación que Kazan y dos piratas más "Parece que solo ha llegado a conocer el nombre del Wotan" Pensó erróneamente, inconsciente de la verdad que se ocultaba en esas sencillas palabras. ―Shin tenía razón. Es un buen tipo. Aquellas palabras se le hicieron pesadas y desagradables. Habla con ligereza de un criminal buscado por el gobierno con una alta recompensa por su cabeza, y le menciona que es una buena persona. "No sé si la culpa es de Shin, o es que ella ya es así de ingenua como él." No tiene la mente en disposición de rebatir aquellas palabras, y tampoco es tan cruel como para hacerlo después verse comprometido en una situación en la que habían desesperado para sobrevivir. ―Así que un marine, ¿eh? Parece que también lo habéis tenido difícil.―A diferencia de su situación, ella parece haber obtenido más información del sujeto al que se enfrentaron. Habiendo estado sola, en una habitación con tres criminales del estado...¿Cómo es posible que hubiese salido de allí sin tan siquiera un rasguño?―¿Transformándose en bandera? Dicho así suena hasta gracioso.―Casi parecía que le quería restar importancia a toda esa situación, pero él no había perdido detalle alguno. En aquel momento, tras todo lo dicho quiso hacerle más preguntas. Había partes de la historia que no le cuadraban, detalles que no se tomó la molestia de explicar, pero de todos los miembros de la división ella había estado en solitario, y eso fue lo único que se mantuvo en su memoria, estable, firme...y atacando sus esquemas. No iba a ganarle ahora. ―Ahm...―No supo ni cómo responder. Quería dejarlo para otro momento, pero no quiere dejar que la joven se quede con la palabra en la boca.―Vamos a ver...¿por donde empiezo? Respiró hondo. En su mente tuvo que ordenar a una velocidad vertiginosa todo lo ocurrido previamente a su ruptura, el abrazo a su amigo, el deseo de abandonar aquella vida, la culpa hacia los amigos que una vez perdió...y todo mientras piensa en no olvidar lo que a ella le quería preguntar después. Volvió a subir los hombros. Había retomado su ser habitual, ocultando sus emociones. ―Nos despertamos con collares de esclavitud Shin, el pirata Barald Kane, y un tal Tezca Norova, quién decía ser su capitán.―Algo que hasta ese día sigue sospechando, pero no tuvo la ocasión de verificar.―Habíamos perdido nuestros derechos de libertad, y a todos nosotros nos invadía una sensación inmensa de terror.―Ahora tenía que mencionar una de las partes que menos le gustaba, y eso le hizo retomar la caminata, aligerando la carga de lo que se estaba convirtiendo en un informe.―Bajo acuerdos que yo mismo propuse, los cuatro accedimos a colaborar en una alianza temporal para salir de allí. Digamos que de alguna forma, los consideramos miembros de los Shichibukais para evitarnos problemas, al menos hasta liberarnos de los collares.―Aunque aquello solo fue una excusa para engañarse a sí mismo.―Accedimos a una sala similar a unas cloacas, donde la mayoría del lugar era agua empantanada, donde encontramos un Wotan escondiéndose en el medio. Él era también un Marine. Teniente, para ser exactos.―Uno de los detalles que ella no tuvo a bien mencionar de Arnold.―Shin no hizo preguntas, y entró en combate de inmediato. Disparar primero y preguntar después, supongo. No es que ese gigante nos diese conversación de todas formas. Sólo tras esas palabras volvió a buscar el rostro de quién se mantenía en su compañía, buscando en ella una posible reacción en su rostro, aunque la oscuridad de la noche la protegiese de pequeñas muecas que no fuesen exageradas. ―Barald, al igual que tú es un espadachín, y desgraciadamente uno bastante diestro he de decir.―algo que avala la gran recompensa por su cabeza.―Tezca, por otro lado, es un consumidor de fruta del diablo, tal y como lo somos Shin y yo. Parece que tiene la capacidad de manipular la arcilla, pero no sé que tanta libertad tiene de hacer eso.―Aquellos alimentos y sus leyendas siguen siendo todo un misterio para el marine de pelo oscuro, y que tarde o temprano necesitaría desvelar.―Al final, tanto Shin como el teniente cayeron tras intercambiar varios ataques a distancia. Creí...que ambos habían fallecido en combate. Y no pudo seguir hablando. Hizo una nueva pausa, asumiendo lo que estaba desvelando hasta el final. La realidad es que durante toda esa conversación, ha intentado actuar como si tuviera un superior de mayor rango al que tuviese que informar de lo sucedido, pero ya no puede más. Ella no es una persona sin rostro; no es alguien a quién él puede simplemente considerar como uno más, y aunque no entiende el por qué, eso le impide actuar como lo hace con normalidad. Ella no es nadie más que una irregularidad, y no por ello debería comportarse de forma distinta. Pero entonces...¿por qué? ―Lo siento...yo.―Cerró los ojos un momento. No puede dejarse ver de esa manera, y es lo que más le preocupa. Acelera una acción forzada para mantener la tranquilidad que le caracteriza, pero hay algo que le impide comportarse de la misma manera. Bueno...la realidad, es que hay muchas más que una sola razón. ―Cuando cayeron los collares de nuestros cuellos los piratas huyeron por la puerta de salida, y yo me llevé a Shin conmigo cargándolo a la espalda hasta el Tempestad. Al llegar lo dejé descansar en una cama, y el resto ya lo conoces. ¿Hasta que punto ella estaba viendo la fractura en su interior? Su coraza deja de ser firme, y él busca tapar los huecos antes de que en ellos se filtre más de lo que ya lo han logrado sorprender. Tantas emociones contenidas al mismo tiempo terminan pasando factura a cualquiera, pero él, hasta el día de hoy, incluso tras varios años sigue intentándolo como si le fuese la vida en ello...y eso es algo que debe aprender con el tiempo, o caer en el intento. ―Quiero que sepas que me alegro mucho de que estés bien, Nyra. Siento mucho no haber podido estar ahí para acompañarte. Debe de haber sido un infierno estar sola, sin ninguno de tus compañeros. Aquellas palabras en un principio medidas a conciencia, han terminado desdibujándose en un sentimiento de disculpa, pero no sólo hacia ella. Una parte de él quiere que aquella que es inconsciente lo disculpe...y aún no es del todo consciente del motivo que lo lleva a sentir esa sensación. Hablar con ella un poco más quizás le permita descubrirlo...
RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Nyra Kuroshiro - 10-05-2026 Una expiración algo más fuerte con media sonrisa en el rostro. Sí. Suponía que, dicho así, sonaba gracioso. Al menos, ahora era mi turno de preguntar. Parecía que le costaba empezar. No me sorprendió. Había sido una situación difícil, y Kael no parecía el tipo de persona que soliera hablar de sus sentimientos. Tal y como imaginaba, también ellos tuvieron collares de esclavitud. Él sí me dijo el nombre de los otros piratas: Tezca Noronova y uno de los anunciados por el aviso del puerto, Barald Kane. Curiosamente, el no mencionado decía ser el capitán. Quizás por eso era más listo y no lo pillaron en Baterilla. A saber. Me llamó la atención que mi compañero mencionara una emoción, y más que esta fuera el terror. Me pregunté cómo le habría afectado el haberse sabido un esclavo. También ellos colaboraron, bajo los términos que él mismo propuso. Contuve un suspiro. Claro, Shichibukais. A mí no se me habría ocurrido. De hecho, no se me ocurrió. Supongo que era la única forma de que aquella colaboración tuviera sentido. En su caso no hubo nieve ni ventiscas heladas. En su lugar, una cloaca de agua empantanada, acechados por un wotan. ¿Es que todos nuestros enemigos eran marines…? Yo no me fijé en el rango del mío. Shin, por supuesto, no perdió el tiempo y atacó de inmediato. Tan propio de él… Me pregunté cómo se sintieron ambos al verse allí justo tras aquella discusión. También me alegré de que aquello no impidió que trabajaran en equipo. Barald era espadachín y Tezca manipulaba la arcilla. Me acordé de Melly y aquella cosa que expulsaba, que no sabía qué era. Al final, juntos derrotaron a su enemigo… a costa de la vida de Shin, creyó. Respeté el silencio que se había generado, sin saber bien qué decir. Finalmente separé los labios, pero el «Lo siento» jamás llegó a salir de ellos, sino de los de Kael. Lo observé de reojo. Le costó finalizar, pero no lo interrumpí. Era la primera vez que lo veía titubear… Cuando se lamentó de no haber podido acompañarme, negué con suavidad. ―No te preocupes… Fue esa gente la que nos encerró a saber con qué criterio. Salvo por ellos, no es culpa de nadie. Yo también me alegro de que Shin y tú estéis bien. El viento levantó con suavidad la superficie de la arena mientras caminábamos por ella. ―Oye, Kael… Sabes que el hecho de que tu fruta pueda convertirse en una coraza, no significa que tú tengas que tenerla, ¿no? ―Dejé de observar al horizonte para mirarlo de reojo con aquellas últimas palabras―. Sentir simplemente te hace ser una persona, y eso no es malo. No creo que nadie en la tripulación vaya a verte mal por ello. RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Kael Omuyaga - 10-05-2026
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La humink no quiso culparlo. Quizás no lo sentía verdaderamente, o tal vez una parte de ella no quería verle sentir esa emoción. ¿Acaso importaba? Se trata de una sensación invasiva, un momento en el que no podía compartir las emociones que sus palabras buscaban mostrar. Intentó continuar con la caminata de forma regular, manteniendo el ritmo en el horizonte. Las nubes abandonaban el cielo que ocultaba las estrellas en el cielo, dejando que poco a poco, con el paso de los minutos, volviesen a ver reflejados en el espacio la belleza de la oscuridad, lo único bueno que en aquel momento podía disfrutar aquel hombre de la Marina. ―Sí...esa gente consiguió hacer lo que quisieron con nosotros porque no pudimos resistirnos a su poder. Tenían la capacidad de acabar con todos nosotros si así lo hubieran querido. Pensamientos negativos se superponen a pesar de querer concentrar sus sentidos en la conversación. ¿Cómo puede decirle que no lo ve de esa manera? ¿Acaso puede expresar algo de lo que oculta sin herir sus emociones? O es que...quizás lo que sienta no es preocupación porque alguien salga herido, sino algo más escondido. Algo que ella supo ver al momento. ―¿Pues sabes? Dice la leyenda que las frutas tienen voluntad propia, y que algunas de ellas eligen a su portador. Si comes una fruta del diablo sin buscarla, es porque estabas destinado a ella. ―Lo poco que pudo investigar sobre ellas le llevo a esa idea, y la confirmó con las gentes que habían oído hablar de las mismas.―No tengo una coraza que me protege. Es una fortaleza interna la que llena todo el espacio en el interior de mi pecho. Todo lo que entra aquí, una persona o un objeto, es porque de alguna forma debe ser protegido.―Coloca la zurda sobre su pecho, pero en el proceso la lleva hasta el corazón, alejándola lentamente hasta devolverla a su posición original.―No puedo dejar entrar al interior de esta coraza nada que no pueda proteger, porque cualquier pequeña grieta, cualquier abertura que se encuentre, el enemigo puede usarla para hacerme daño, y destruir con todo lo que decidí guardar para proteger. A lo lejos, el paisaje del Oasis descarnado se presenta ante los ojos de aquellos que, iluminados cada vez más por las luces naturales de aquel cielo ataviado por la tela oscura que portaba siempre la noche, les permite vislumbrar como un remanso de paz en un lugar tan inhóspito y hostil. Y sin embargo... él no le presta ninguna atención. ―No se trata de la tripulación, Nyra. Nunca se ha tratado de eso.―No se detuvo, pero su mirada ya no puso dirección al frente. En aquel momento, entornó la cabeza para observarla plenamente, sin miradas indiscretas, sin gestos pequeños y escondidos. Un frente abierto donde sólo quería escuchar lo que ella pudiese decir.―¿Qué es lo que te hace a ti luchar, compañera? ¿Qué te hace a ti querer defender al inocente y luchar contra el mal que hay en este mundo? No hubo reservas en su pregunta, pero sí un juicio. Su tono siempre sonaría igual, y sus emociones serían difíciles de discernir, pero ahí no mostró titubeo. En ese momento no dejó que nada más los escondiese. Esa duda apuntaba directa a un corazón, entregándole una bola dorada, para que ella decidiese como usarla. Él no dejó de mirarla, dejando que sus ojos reposaran en su semblante con suavidad, a la espera de las palabras que acompañasen a su pregunta. ―¿Quieres que hablemos hoy como compañeros de tripulación, o puedo por una sola vez hablarle a mi más vieja compañera? RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Nyra Kuroshiro - 11-05-2026 Me pregunté nuevamente cómo vería la esclavitud ahora que sabía cómo se sentía el estar vulnerable y saber que solamente vives porque otros querían utilizarte para su propio beneficio. Sin embargo, aún era pronto para aquella conversación. Aún parecía estar asimilando cosas, y hablar de cosas tan densas no solía ser una buena idea cuando había tanto más bajo la superficie. De ahí, mi siguiente pregunta, intencionada para saber qué era lo que le afectaba realmente. La media sonrisa regresa a mi rostro con el inicio de su historia. ¿Significaba eso que el mapache quería saber lo que se sentía al ser un zorro? Quién sabía. Yo también había oído esas historias, pero no cambiaban mi percepción. Sin embargo, él aprovechó el dato para indagar en el funcionamiento de su akuma, aunque intuía que no estaba hablando sólo de eso. Definitivamente, era una mentalidad parecida a la de su mejor amigo, solo que vista desde otra perspectiva. Mi mirada se volvió hacia él cuando sentí el llamado de la suya. Al parecer, él también tenía preguntas. ―Que es lo correcto. ―La realidad era tan simple como eso, y así lo reflejaron las aguamarinas―. ¿De qué sirve la vida si no hay algo más grande por lo que merezca la pena darla? Y, ya que luchamos, ¿por qué no hacer del mundo un lugar mejor? Era la misma razón por la que quería luchar contra la legalización de la esclavitud. Una parte de mí se preguntó si lo decepcionaría mi respuesta, pero me resultaba difícil concebir la idea de necesitar razones para ayudar a alguien. ¿Qué pasaría por su mente? Sin embargo, mis iris le devolvieron un ligero gesto de sorpresa ante su última pregunta, aunque él quizás no pudiera verlo bien. ¿“Su más vieja compañera”? Pensé que ese sería Shin. ¿Quizás no se conocían desde hacía tanto como parecía? En cualquier caso, volví a una sonrisa sutil mientras mis pupilas se dirigieron de nuevo al frente, hacia aquel oasis. ―Puedes hablarme como prefieras, Kael. Sigo siendo yo misma. RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Kael Omuyaga - 11-05-2026
OST
El silencio invadió su mente. Por un segundo, todos aquellos ecos oscuros y escondidos, junto con aquellos pensamientos y dudas que habían comenzado a dar vueltas en su cabeza, algunos curiosos, otros dolientes, en su mayoría motivos del ruido que lo acecha desde que tiene un uso debido de la razón, habían desaparecido. ―Entiendo.―Aquella única palabra, emitida con una ausencia de emoción que nunca parece desaparecer de la voz del azabache, fue envuelta en el frío del desierto nocturno hasta entregarse a la contraria. Kael devolvió la vista al frente, abandonando por completo el reposo de la mirada que había dejado caer sobre el rostro de su compañera. Un parpadeo suave, lento y muy espaciado en el tiempo se hizo pleno en aquellas facciones que ahora se veían de vuelta imperturbables y reforzadas, ajenas al tacto de la arena en los pies, el cuerpo y el contacto que hacía con su piel al verse el viento levantado. ―Para eso somos marines, claro.―No encuentra una manera más sencilla de decirlo. Una respuesta obvia, abierta a tantísimas interpretaciones como estrellas podía cargar el firmamento que los arropa, y con la misma contundencia con la que a él le había llegado la respuesta de Nyra. Él le había entregado el oro directamente en sus manos, y ella se lo había devuelto sin apenas contemplarlo, pidiendo en silencio que lo guardara. Y así lo hizo, abriendo su fortaleza para dejarlo guardado bajo llave, donde nadie más pudiera tocarlo. ―He debido de precipitarme.―Contestó ahora sin duda, curiosidad o miedo, mostrándose tal y como siempre ha sido.―Tienes razón, sigues siendo aquella cocinera que conocí en Sorbet. Los años te han tratado bien. No parece que hayas cambiado mucho. Desconocía su verdad. Ocho años eran tiempo suficiente para que una persona conociese el calor del amor, para sentir lo que ello podía significar sin aprender a valorarlo... Para perderlo y arrepentirse... Para dejar de sentir...
Y sentir solo una fracción de lo que una vez lo hizo ser humano.
Donde él pudiese avanzar ahora, sería gracias a un camino tranquilo, un avance felino una vez más, perdiéndose en los sonidos de su pequeña conversación donde desconoce hasta que punto puede avanzar.
"Quizás había esperado otra respuesta" No buscaba una mejor, no una peor, solo...otra respuesta. Algo diferente. Un pensamiento impropio, absurdo y extraño; comprender si en ella había algo por el que la pudiese considerar diferente. Algo que justificase aquella manera suya de permanecer, de volver la vista atrás y seguir reconociendo su silueta incluso después de tantos años. Como si la distancia, el tiempo y todo lo sucedido no hubiesen logrado borrarla del todo. Pero ella no estaba hecha para cumplir expectativas ajenas. No al menos si estas eran suyas. Y un pequeño impulso escapó de sus labios.
―Hubo un tiempo en el que me pregunté que habría sido de ti. Simple curiosidad, algo espontáneo. Nunca imaginé que te encontraría de esta forma. No así, no tan...―Enmudeció, manteniendo la vista al frente al volver a ser consciente de sus palabras. No quiso devolver la mirada, quizá para no regalarle el lujo de buscar una reacción. Ladeó la cabeza, tratando de restarle importancia, como si negase su propia realidad. ―No es algo malo―Quiso concluir, mostrando una sonrisa ladina en su rostro.―Tan solo significa que me queda mucho por aprender. Se llevó la mano al pecho, acariciando lentamente con los dedos aquella zona, tocando un ligero relieve, una zona que dolía, y que le recordaba quién es en realidad.
La zona donde guarda su eterna cicatriz.
RE: La excepción que confirma la regla [Pasado] - Nyra Kuroshiro - 11-05-2026 —Entiendo. Aquella palabra calló lo que apuntaba a una muy distinta conversación. Lo miré sin comprender. —Para eso somos marines, claro. «¿Marines?». No terminaba de seguir aquel hilo de pensamiento. ¿No le acababa de decir que yo seguía siendo yo? Ni siquiera llevábamos el uniforme puesto. Me había llamado compañera… ¿Quizás no me veía como alguien que pudiera acabar siendo su amiga? —He debido de precipitarme. —«¿En qué?»—. Tienes razón, sigues siendo aquella cocinera que conocí en Sorbet. Mi ceño se frunció ligeramente. ¿Me veía igual? ¿Una simple cocinera? ¿Que no he cambiado mucho? Pensé que tras haber estado este tiempo juntos tendría otra perspectiva de mí, pero supongo que debía de equivocarme… Aunque más me molestó la parte de “tienes razón”. ¿Cuándo le había dicho que…? Entonces, me pareció comprender más o menos su malentendido. Contuve un suspiro. Creí que, precisamente por haber pasado tiempo juntos, solo habría una interpretación posible, pero me equivoqué. Si las misiones no eran suficientes, quizás tenía que darme más prisa con la promesa que hice a Shin y esforzarme en hacerme más fuerte. Escuché su nuevo comentario, pero aunque en otro momento le habría contado sobre mi vida en aquellos años, decidí no responder directamente a su curiosidad cuando quedó claro que todo volvía a girar en torno al mismo tema. —¿Por qué sólo piensas en la Marina? —inquirí, tratando de sacarlo de su error volviendo la vista al frente, fingiendo que no había notado nada—. Ya te he dicho que soy la misma con y sin uniforme. Ni siquiera los llevamos puestos. Pero, ya que él me había preguntado, aprovecharía yo también para buscar respuestas. —¿Por qué luchas tú, Kael? Quizás estaba desviando el tema de lo que él había querido contarme, pero ahora era yo la que necesitaba comprender. |