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Volviendo a cumplir su labor // FIC de recolección // P.A - Versión para impresión

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Volviendo a cumplir su labor // FIC de recolección // P.A - Rackham Uker - 05-05-2026

70 de Otaño del Año 17.

Mitad de Otoño, las estaciones parecían pasar rápido.

Al menos, así se sentía, pero la verdad era que llevaban un buen tiempo en esa isla. Pensó que la tripulación querría avanzar rápido, pero, entre la repentina enfermedad de Eros y otros problemas se habían acomodado de cierta manera a ese lugar. Incluso siendo casi mediodía, tuvo que ponerse un abrigo para poder salir y no terminar completamente atacado por el clima. Suspiró y de su boca pudo salir vapor con claridad, un pequeño gesto que agradeció, pues por primera vez podía sentir al menos algo de frio en esa isla.

¿Qué hacía caminando por esas calles?

Para entenderlo, habría que explicar otra cosa antes, por lo que pasemos con eso.

Ni bien llegaron a esa isla, su capitán cayó presa de una enfermedad que prácticamente lo transformó en una “Bella Durmiente”. Kiyoshi se encargó de tratarlo, pero viendo los precios que tanto la comida como cualquier tipo de suplemento tenía en el mercado de la ciudad más cercana Uker tomó la decisión de ir a recoger cosas en la naturaleza, así podrían encontrar buenas cosas sin costo.

Tan solo el primer día que lo intentaron, fueron atacados por el destino. Una mink habitante de la naturaleza lo atacó buscando a alguien que se le prometió. Claramente hubiera salido vencedora, pero el combate terminó antes, por lo que pudieron charlar las cosas antes de que Kiyoshi le terminara metiendo una bala en la cabeza a ambos. La charla resultó dar información interesante: esa mujer conocía al abuelo del cocinero, quien le había prometido que alguien con su mismo apellido llegaría para darle una pelea digna.

Claramente no se trataba de Uker, y no solo porque su abuelo no debería conocer de su existencia, sino por lo débil que era, pero ante la situación pudo acordar una especie de trato con ella: Pelearían otra vez, varias veces, así ella podría ver si él podía darle una buena pelea y él la usaría como “maestra”.

Claramente no fue la mejor idea.

“No tienes hambre, eres tibio, muy tibio.”, le había dicho, con sus gritos habituales, tras derrotarlo una y otra vez. Sus encuentros no lo hacían mejorar, no sentía que pudiera estar avanzando para nada, y ella seguía repitiendo que el aburrimiento que le causaba luchar con él no hacía más que enfadarla. Claramente, eso solo lograba que atacara con más fuerza y el hombre tuviera aún menos posibilidad.

Incluso quitando su cuerpo algo maltrecho a este punto, se había enfocado tanto en “entrenar”, si es que se puede llamar así a esos encuentros, que había descuidado sus tareas para la tripulación.

Así que por eso se encuentra en la ciudad. La mink le prohibió “robar” alimento de la naturaleza, así que solo le quedaba buscar ingredientes en el pueblo. Aún así, su cabeza no dejaba de dar vueltas con las palabras de la mink, como si fuera un fantasma que fuera a perseguirlo hasta que le encuentre un significado.

“Tus ataques no tienen calor, es como si me atacara una simple rama”

¿Qué mierda significaba eso?

No pudo pensar más en eso, pues algo chocó con fuerza contra su costado derecho. No pudo moverlo, pero sí captar su atención, notando que se trataba de una persona que, corriendo, no tuvo cuidado al pasar. Podría gritarle, pero tenía otras cosas que hacer más que…

- ¡¿TE ATREVES A ROBARLE A UNA BANDA PIRATA?! -

El grito fue claro, suficiente para que la vista de Uker se posara en lo ocurrido. El hombre que chocó con él ahora estaba en el suelo, la caja que llevaba entre sus brazos antes ahora estaba en el suelo, dejando a la vista su contenido: frutas, botellas de vidrio que cualquiera podría suponer que era alcohol, incluso algunas pocas monedas de bajo valor. - Idiotas como tú se creen que porque no somos los “Daten Shi” pueden simplemente robarnos -. Varios hombres de aspecto no muy elegante rodearon al caído, obviamente buscando apresarlo. - Te enseñaremos que nosotros, los piratas “Rata Blanca”, podemos ser tan poderosos como esos… -.

El hombre que hablaba ni siquiera pudo terminar su frase antes de que algo cayera sobre su cabeza y casi que lo obligara a caer de cara al suelo. - ¿Pueden quitarse del camino? Ocupan toda la calle y la gente tiene cosas que hacer -. Fue Uker quien había caído sobre el hombre, a quien había usado de soporte momentáneamente pisándole su cabeza carente de cabello. - ¿Quién te crees que…? -.

Claramente no iba a salir de esa situación simplemente caminando. Uno de los hombres lo atacó con un sable, otro se acercó a él levantando lo que parecía ser una gran maza, queriendo atacar a su cabeza. Ninguno dio resultado, el muchacho simplemente giró su cuerpo y el arma blanca pasó a su lado, mientras que el otro ataque terminó por estrellarse en el suelo. - No puedes esperar a atacar con sigilo llevando esa cosa -. La frase terminó con un golpe en la mandíbula del grandote, obligándolo a soltar el arma pesada y retroceder. Otros 3 se le abalanzaron, incluyendo al que intentó atacarlo antes, por lo que su mano alcanzó el mango de la maza antes de que cayera definitivamente al suelo.

La levantó y detuvo otro intento de corte con el mango, no permitiendo que la hoja se acercara a su rostro. La maza, pese a superarlo en tamaño, no era tan pesada como imaginó, pudo levantarla con suficiente facilidad, por lo que empujó un poco a su atacante para que diera un paso atrás. - Atrapa -. Su siguiente acción fue simple, lanzarle sin cuidado pero sin fuerza el arma directo a su cuerpo. El pirata intentó atajar ese “ataque”, atrapando el objeto, pero cayendo rápidamente de espaldas al suelo, quedando preso del peso del arma.

Otro corte se acercó, ahora por su izquierda, pero bastó que moviera un poco la cabeza para evitarlo. En cuanto otro ataque vino de frente, sacó su katana del cinturón que la cargaba, aún en su funda, utilizando esta misma para detenerlo y rechazarlo. El tercero salió de la espalda de su compañero, corriendo hacia uno de los lados del cocinero y levantando un arma de fuego hacia él. El cuerpo de Uker reaccionó, su brazo izquierdo levantó el arma y en un movimiento de pies obtuvo la distancia suficiente para hacerla chocar contra el cañón y volarla de la mano ajena, mientras que evitaba con su movimiento un intento de puñalada por parte del otro hombre.

En cuanto esa secuencia terminó, tomó el brazo del espadachín y lo acercó con fuerza hacia él, haciéndolo estrellar el pecho contra su rodilla y dejándolo fuera de combate. El que le apuntó antes intentó correr hacia su arma, pero bastó un golpe en la nuca con su arma aún envainada para que acompañe a su compañero en el reino de los sueños. Aquel que no había sido atacado dio por terminada la situación con unas claras palabras. - ¡Te arrepentirás! En cuanto le cuente al jefe lo que hiciste, tú… tú… -. Aún con la nariz sangrando por haber terminado estampado contra el suelo, el pirata se alejó a toda prisa, dejando la amenaza en oídos de un despreocupado Uker.

Esos tipos, a sus ojos, habían resultado ser una amenaza menor que Sakana incluso, no había logrado sentir una amenaza clara por parte de ellos.

“¡¡Yo soy un guerrero y puedo vencer hasta en la desventaja más absoluta!!”

Era imposible superar esa presencia, al menos esos idiotas no lo hicieron.

Chsst. La atención del cocinero volvió a romperse, ahora siendo llamado desde otro lugar. Siguiendo el sonido, se encontró con el hombre que antes había sido atacado por los piratas, mirándolo desde un callejón y llamando para que se acerque con un gesto de su mano. Uker echó un vistazo a los 3 hombres en el suelo, suspiró y terminó por hacer caso al desconocido, suponiendo que su día de compras se había visto truncado sin más. - Eres Rackham Uker, ¿verdad? Eso fue genial -. Dijo el hombre, ya cuando ambos estuvieron ocultos en el callejón. - No fue la gran cosa. ¿Por qué no escapaste si podías hacerlo? -. Claramente se había encargado de recoger la caja y su contenido mientras el pirata se encargaba de sus atacantes, pues ya la llevaba entre sus brazos tan cargada como antes.

- ¿No puedo agradecerle a quien me salvó? -. - No -. La situación no le agradaba, no había hecho eso para ayudarlo, esos tipos estaban estorbando en la calle de verdad. Atacarlos solo fue a causa de que ellos decidieron golpear primero. - Bueno, entonces es para pedirte ayuda -. “Oh no”, pensó Uker, detestando haberse metido en un problema así.

- Los piratas Rata Blanca tomaron el control de una pequeña comunidad que vivía fuera de Mock Town. Podíamos convivir con el reinado de los piratas, pero esos tipos simplemente se aparecieron y nos quitaron de nuestros hogares -. El chico parecía hablar en serio, pues sus brazos se aferraban con fuerza a los suministros que había logrado robarles. - No asesinaron a nadie, pero no tuvieron escrúpulos al sacarnos de nuestros hogares, no podemos pelear por nuestra cuenta -. Cerró los ojos, claramente con el enojo de no poder hacer nada. - Si pudieras ayudarnos, nosotros… PERO NO TE VAYAS AÚN -. Y si, claramente, Uker ya se encontraba de espaldas a él y caminando de nuevo hacia la calle.

- No soy un héroe, ayudarlos no me contribuye en nada. Tengo cosas que hacer, así que mejor… -. Aún seguía alejándose hasta que el hombre volvió a hablar. - Te podrías quedar con todas sus cosas si los derrotas -. Los pasos del pirata se detuvieron de repente, llegando a notarse el silencio en el lugar por unos segundos. Uker terminó por darse la vuelta, mirar al hombre y a la caja que llevaba con este. Si él había conseguido quitarles comida… Simplemente sonrió, animado por fin. - Bien, llévame con esos imbéciles -.

Al parecer iba a poder desquitarse un poco.

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- Es aquí… -.

El hombre, que lo había guiado hasta ese lugar, se quedó atrás y no avanzó. - Si te acompañara solo molestaría, ¿verdad? Además, si descubren que fui yo el que te trajo… -. No hizo falta que terminara de hablar antes de que Uker continuara su camino.

El muchacho había dicho la verdad, ese lugar no era más que una pequeña comunidad un tanto alejada del pueblo principal. Seguramente se había formado tras que la isla fuera dominada por esa tripulación, esperando no encontrarse con el caos del pueblo principal. Una lástima que otra banda llegara a adueñarse de su territorio.

Sus pasos lo guiaron con firmeza al interior de la muy pequeña ciudad, ante sus casas construidas débilmente y algunos lugares donde claramente antes se ocupaban para cultivos, ahora destrozados y vueltos un rejunte de madera y tierra. Había silencio, pero eso no lo hacía capaz de ir en sigilo. Si quería acabar con todo eso rápido, debía encargarse de esos imbéciles lo antes posible. - Veamos… si quieren un punto de reunión y esperan tener el “mejor lugar” del pueblo… -. La vista del cocinero se dirigió a lo que cualquiera asumiría era la opción más obvia: la construcción que más destacaba, lo que debía ser una casa comunal o centro de reuniones, debían estar ahí, así que ahí lo llevaron sus pasos.

- Y te atreviste a volver con las manos vacías -. La voz de la autoridad resonó entre las paredes de madera, llegando a cada uno de sus subordinados. - Señor, fuimos atacados, un tipo llegó en ayuda de ese chico y… -. - Poco me interesan tus explicaciones. Se te encargó cuidar los suministros y lo único que hacías era ver una revista de mujeres desnudas, así que es tu responsabilidad traer nuestras cosas de vuelta -. No había miedo en sus tripulantes, se notaba que se trataba de un capitán que, aunque duro, los trataba de la manera correcta.

Lastimosamente, no se pudo seguir ese intercambio de palabras, pues desde afuera pudo escucharse una pequeña revuelta. Claramente hubo golpes, algunas personas diciendo “¿Quién mierda…?” o “No te dejaré pasar” antes de quedar en silencio. El jefe de la banda hizo un gesto con su mano, sus hombres se acomodaron con sus armas apuntando hacia la puerta, la cual había quedado extrañamente en silencio.

Tras solo unos segundos, la puerta salió disparada hacia adentro, llevándose por encima a un par de los hombres, los cuales cayeron junto a esta a unos centímetros frente a su líder. En el marco, ahora visto por todos, se encontraba Uker, cargando en su mano a uno de los guardias, tomándolo desde la ropa para arrastrarlo los pocos metros que avanzó hasta entrar al lugar. - Deberías encontrar mejor seguridad -. Al decir esto, soltó al hombre, el cual cayó sobre la madera sin más ruido que el de su cuerpo chocando contra esta. - Es él, señor, él nos atacó -. El jefe levantó una ceja al ver al intruso, quien no parecía inmutarse ante la docena de tipos que lo apuntaban con sus armas. - Así que viniste por tu cuenta, bien, nos libramos de buscarte -. El hombre se acomodó en su asiento, un sofá bastante lujoso, claramente resaltando entre todo el pueblo.

Ahora que podía ver el interior, pudo notar que esos tipos claramente remodelaron un poco el lugar. Podían verse rastros de el centro comunal que era antes, pero ahora se encontraba abarrotado de cajones, barriles, botellas de alcohol llenas, a medio tomar o vacías, dispersas sin cuidado por el suelo. Alrededor del asiento del jefe, no solo se hallaban más sillas o bancos que seguramente estaban ocupando sus tripulantes, sino que también había una gran cantidad de periódicos, incluso en la mesa frente a él, la cual ocupó para apoyar su pie con fuerza mientras se encendía un cigarrillo.

- Dime… -. El capitán habló, aún batallando con el cigarro. - ¿Dónde está ese chico que nos robó? Si nos lo dices prometo no hacerte más daño del que debería por golpear a mis hombres -. Uker elevó una ceja. - Lo siento, no negocio con gente como ustedes, les toca irse de aquí -. Mientras hablaba, él también revisó entre sus bolsillos, sacando su propia caja de cigarrillos y llevándose uno a los labios. - ¿Puedo pedirte fuego? -.

Como si de una conversación entre amigos se tratase, el jefe de la banda simplemente sonrió, lanzándole tranquilamente el encendedor para que lo atrape. - Bueno, eso es un problema, no podemos irnos. Si queremos superar a los Daten Shi primero necesitamos un lugar que no esté bajo su control, esta aldea es perfecta -. Mientras hablaba, Uker terminaba de ocupar el encendedor y lo lanzaba de nuevo a su dueño. - Dime, ¿quieres unirte a nosotros? Si quieres que nos vayamos, lo más rápido y sensato es ayudarnos a derrocar a esos tipos, así nosotros ocupamos su lugar y dejamos este tranquilo -.

Uker lo miró sin una expresión notable en su rostro. - Lo siento, ya dije que no estoy aquí para negociar. Si pueden irse sin resistirse, pues todos contentos, si prefieren la manera mala tampoco tengo problemas -. Al terminar de hablar, dejó salir el humo de su boca. - ¿Y te crees capaz de enfrentar a toda una tripulación tú solo? -. El cocinero solo sonrió. - Podría pedir ayuda, pero estoy seguro de que ellos se molestarían conmigo por traer más problemas -.

Y con esas palabras, el combate dio inicio.

El par de hombres a su alrededor que usaban pistolas pusieron sus dedos en el gatillo, pero Uker se movió con rapidez y ocupó a uno de escudo humano. Sorprendente fue ver que no disparaban en esa dirección al hacerlo, por lo que supuso que no tenían la sangre fría de acabar con un compañero. - Bueno saberlo -. Con una patada empujó a su escudo hacia otro par, quitando del camino al otro tipo que portaba un arma de fuego. - Jefe, ese es Rackham Uker -. El tipo que estaba siendo regañado antes habló con su líder, haciéndolo levantar una ceja y rebuscar entre los periódicos a su lado. - Veamos… veamos… 250 millones, capitán de una tripulación… ah no, ya no… Pero este es Ucker... -. El hombre levantó la vista del periódico, viendo como su grupo tenía dificultades para lidiar con el invasor. - Parece que conseguimos un pez gordo muchachos -.

Para el momento en el que esas palabras abandonaban su boca, Uker ya tenía en el suelo a 3 de sus hombres. Había sido inteligente, priorizando a los atacantes a distancia y permitiendo a los otros entrar en un combate más cercano del que deberían. Era un espadachín, cualquiera podría deducirlo por las 2 katanas que colgaban de su cintura, pero poseía al menos un conocimiento básico de combate cuerpo a cuerpo como para no ser una presa fácil sin estas. - No son la gran cosa -.

“¿Estos son los que quieren derrocar a los Daten Shi?” No podía evitar que su mente divague mientras luchaba. “No pueden contener a un solo hombre desarmado, carecen de fuerza para luchar contra un grupo tan grande si no pueden vencerme. ¿Por qué intentarlo?”. Le era difícil entenderlo, para él no había sentido en pelear si ibas a perder y tu objetivo no iba a cumplirse. ¿Cuántos murieron en la búsqueda de sus ideales? ¿Cuántos dejaron sueños a medias solo por creer que podrían lograr más de lo que en verdad podían soportar? Nadie era realista…

“No tienes hambre…”

Ese recuerdo llegó a él mientras saltaba entre dos oponentes para evitar sus ataques, terminando la maniobra con una patada en la mandíbula a cada uno al separar sus piernas. ¿Eso era "tener hambre"? ¿Visualizar un objetivo y simplemente correr en esa dirección hasta conseguirlo o caer en el abismo? Le parecía algo muy estúpido, si él fuera así no habría llegado a donde está, no podría aspirar a algún día conseguir la inmortalidad. Si hubiera muerto antes luchando contra alguien imposible de vencer… Chasqueó la lengua mientras su puño se clavaba justo debajo de las costillas de otro enemigo, recordando cómo estuvo a punto de hacer eso mismo hace no tanto tiempo.

No iba a volver a ser ese hombre.

En menos de 5 minutos, los doce hombres que se habían parado frente a la puerta para detenerlo ahora se encontraban en el suelo. Con el último en caer, Uker no dudo en apoyar su pie en su cabeza, parándose vencedor frente al líder. - Bien, ¿es tu turno o vas a seguir dejando que tu gente haga el trabajo sucio? -. A él no le importaba, podía ser cualquiera de las dos opciones, pero si que decidió desenvainar una de sus espadas antes de escuchar la respuesta.

Por su espalda, aquel secuaz que había causado todo eso apareció, levantando en su dirección una navaja y consiguiendo clavarla en su hombro. Pudo escucharse una risita, un sonido de satisfacción al ver el trabajo completa, pero el cual se transformó en terror en cuanto Uker giró lentamente su cabeza para mirarlo. El hombre retrocedió, perdiendo el color en el rostro y tropezando con uno de sus compañeros caídos. Uker simplemente observó un momento la herida, movió un poco el hombro y decidió que la trataría luego, Kiyoshi estaría más que en desacuerdo con dejarla desatendida, pero ahora había algo más importante. El capitán de esa tripulación soltó una risa, una más sonora que la de su tripulante. - Bueno, no puede evitarse -. Tras decir eso, el pie que tenía apoyado contra la pequeña mesa frente a él bajó y la levantó con una patada en dirección hacia el pirata entrometido.

Fue fácil para Uker evitarlo, un movimiento de la espada, chocando el lado sin filo de esta contra la madera y la dirección del ataque cambió hacia uno de sus lados. Lo que no muchos se hubieran esperado es que justo detrás del mueble apareciera el otro hombre, con un puño ya direccionado al rostro del cocinero. Sus reflejos fueron mayores, su cuerpo se movió más rápido, terminó el movimiento que inicio al desviar la mesa para hacer chocar la katana contra su mano, provocando un ruido metálico muy fuerte en cuanto la hoja impactó contra los anillos de oro que portaba el capitán. - Tu cadáver va a demostrar nuestro poderío, Rackham -.

¿Por fin un combate complicado?

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- No se yo si conviene esperar aquí -. Mencionó la mujer, algo agotada y aburrida. - Dijiste que era un hombre poderoso, pero ir solo contra una banda entera no es la mejor idea -.

- Él ganará, confía un poco -. Respondió el chico que había mandado a Uker a ese lugar, situado junto a la mujer justo en el punto en el que se había separado de Uker hace 40 minutos. - No pasó ni una hora, ten algo de paciencia también, hermana -. Por alguna razón, confiaba en ese hombre, el único que había llegado en su rescate antes.

El silencio del atardecer fue cortado por el sonido de unos pasos acercándose. Ambos jóvenes tuvieron que mirar hacia el pequeño poblado, identificando una figura que parecía cargar un par de cosas, pero difícil era distinguirlo a esa distancia. Sin embargo, un detalle lo delató, y el muchacho comenzó a saludar con muchos ánimos a la figura que se acercaba a ellos en cuanto notó ese mechón de cabello blanco que portaba. - ¡Lo lograste! -.

En cuanto Uker se acercó lo suficiente, dejó caer lo que llevaba arrastrando en su mano derecha, el rostro del capitán de la tripulación chocó contra la tierra y ni así lanzó ni un sonido. - Como me prometiste, me llevo el 80% de los alimentos -. Pese a que Uker les habló, ambos jóvenes se centraron más en el hombre que antes cargaba. - Solo está inconsciente. Usé algo de cuerda que encontré para atarlo a él y a toda su banda, no creo que lleguen a despertar en un buen tiempo de igual forma -. Eso era cierto, pues el hombre en el suelo ahora se encontraba atado de buena manera con una cuerda gruesa. Al parecer, Uker había utilizado uno de los nudos que aprendió en cuanto sus conocimientos de navegación tuvieron que incrementar. - Así que yo me llevaré esto. Hagan lo que quieran con ellos -.

Al terminar de hablar, dio una pequeña palmada al otro objeto que cargaba sobre uno de sus hombros: un gran barril de madera, repleto en su interior con la mayor cantidad de comida que pudo encontrar. - Gracias, gracias, no sabríamos cómo agradecerte -. El joven habló en cuanto vio al otro pirata alejarse en dirección al otro pueblo. Él simplemente levantó la mano libre, un saludo hacia ambos jóvenes sin devolverles la mirada, sin esperar nada a cambio de sus actos más que esa cantidad de comida que llevaba.

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3 horas pasaron desde que había abandonado ese pequeño pueblo. Había llegado al barco buscando a la tripulación para contarle lo que consiguió, también para ver si Kiyoshi podía tratar un poco su herida del hombro derecho. Lastimosamente, ni el médico ni Varo se encontraban ahí, por lo que simplemente se trató a sí mismo.

En momento presente, ya se encontraba usando la cocina del barco y dándole utilidad a un poco de toda esa comida que consiguió. Era bastante, tuvo que sentarse a mirar el contenido del barril mientras comía poco a poco una naranja. ¿Qué podía hacer? Los ingredientes eran variados, lo suficiente para que no se le ocurriera nada en ese momento para cocinar.

Afortunadamente, otra idea cruzó su cabeza, por lo que corrió a buscar su libreta antes de volver a la cocina.

Movió las hojas con un poco de cuidado, pero con prisa también. Las primeras páginas se trataban todas de diferentes recetas y sus ingredientes, algunas teniendo un apartado de “Como prepararlo:” y otras que no lo poseían, pero sus manos se detuvieron específicamente al encontrar una. - Creo que esto será bueno -. Miró los ingredientes y luego miró de nuevo el barril, asegurándose de tener todo. - Muy bien papá, veamos si puedo superarte luego de tantos años -. Sonrió al decir esto, dejando la libreta a un lado y preparando todo lo necesario para empezar su labor.

Fue algo difícil, no podía mentir con eso, pues se había puesto como reto personal lograr el platillo sin volver a leer los pasos para prepararlo. Cada cierto tiempo volvía a intentarlo, el platillo estrella de su padre, cada vez le salía imperfecto. Tal vez era la preparación, tal vez el tiempo, tal vez la sal, nunca podía averiguarlo, simplemente sabía que sus medidas eran perfectas, por lo que el fallo debía estar en otro lado.

En cuanto terminó, el platillo parecía la cosa más deliciosa que se había comido en ese barco en semanas. Tuvo que guardar una gran parte para cuando los otros miembros de la tripulación pudieran probarlo, pero se había encargado de preparar una porción muy pequeña que sirviera como su testeo personal.

Observó el plato frente a él, por alguna razón tenía miedo. ¿Y si en verdad lo superó? No se creía capaz, pero ¿si de alguna forma lo había logrado y los platillos de su padre dejaban de ser los más deliciosos que había probado en su vida? Su mano tembló mientras acercaba el tenedor al contenido en el plato, cortando un trozo y llevándoselo a la boca.

Los sabores eran perfectos, existían en la armonía exacta. Había conseguido un resultado mucho mejor que otras veces y aún así… - Aún así no puedo superarte, pa -. Terminó de comer el último trozo de comida, sonriendo mientras volvía a recordar esas cenas con sus padres.

Tal vez podría demostrar algo de esa felicidad que sentía al preparar esos platillos a sus compañeros. Ahora no dejaba de preguntarse porqué había dejado de cocinar por tanto tiempo.

Luego lo recordó, había sido su búsqueda por ser más fuerte, algo a lo que aún no encontraba un camino firme.

Tal vez podría convivir con ambas cosas, al menos ahora que se encontraban bien asentados y sin problemas en una isla. Debían esperar para avanzar, Eros seguramente querría recorrer el lugar luego de haber estado un buen tiempo en cama, tenía tiempo.

Podía preparar más comidas deliciosas, ya no solo para él.

Resumen



RE: Volviendo a cumplir su labor // FIC de recolección // P.A - PX-6 - 14-05-2026

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