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[Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Versión para impresión

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[Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigurd Haakon - 13-05-2026

Día 84 de Otoño, Año 17

El destino es caprichoso, ¿verdad? Inalterable, según comentan aquellos que procesan fé y piden ayuda a ídolos de madera y roca. Pero luego están los otros. Los que deciden tomar la decisión de enfrentarse a la adversidad con coraje y cambiar el rumbo de su historia, de vivir la vida a su manera y no dejarse arrastrar o influir por los designios del porvenir. Entre aquellos que forjan su futuro entre sangre y fuego se encuentra Sigrid Birkinson, orgullosa Buccaneer. Una poderosa mujer, digna de su raza en tamaño, valor y determinación. Desde que se alistó en la Marina ha visto a la muerte en numerosas ocasiones, junto a sus leales e increíbles compañeros de división. Es consciente de lo cruel que puede llegar a ser el mundo, pero su férrea voluntad y su espíritu combativo la hacen levantarse cada mañana con una sonrisa para combatir las injusticias. Pero incluso los más grandes héroes merecen su día de descanso...

Los vientos del azar te han traído a Kyodaina, un páramo inhóspito y hostil más allá de los cabos gemelos. Hace tiempo que pisaste tierra junto a tus compañeros, y por fin puedes tomar tu merecido descanso después de tantos días de faena y experiencias que dejan secuelas a aquellos menos preparados que tú.
Hace calor, como cada día en este lugar. Ese calor húmedo y pegajoso que se engancha a la piel y no te deja en paz ni con buena sombra. El cielo está despejado, claro y sin apenas una sola nube en el cielo. El Sol pega desde lo más alto, observando todo lo que haces, pues es mediodía y se muestra con todo su esplendor. Has comido ya la ración de supervivencia, y aunque es buena idea echarse la siesta y descansar el cuerpo, quieres aprovechar al máximo el día. 
Sales de tu camarote y todo el mundo está con sus propias labores o enfrascado a en sus propios asuntos, así que no decides llamar la atención de nadie no vaya a ser que te reclamen en el último momento. Además, el capitán Enji ya sabe que es tu día libre, así que te escabulles como puedes y te alejas del campamento para pasear.
Caminas durante varios minutos. Reflexionas sobre qué tan lejos has llegado y que tan intenso pero divertido ha sido el camino. Tus anécdotas y vivencias únicas, las relaciones con tus compañeros y los recuerdos que has construido a su lado, los enemigos que has derrotado hasta ahora... ¡¡Pero ahora eso da igual, porque es momento de pasarlo bien!!
Cuando te das cuenta y vuelves a ti, te encuentras en una bifurcación del camino. Hasta ahora, has estado bordeando el perímetro de la costa de la isla, sin separarte demasiado del mar y tomando el limite del mismo como referencia. Pero dos caminos se te presentan. A tu derecha, una hermosa playa infinita. La arena fina y caliente, compartiendo espacio con el agua fresca y cristalina. Un lugar perfecto para deshacerte del uniforme y disfrutar de la tranquilidad del trópico y el bienestar del paraíso. A tu izquierda, no menos atractivo, un sendero que se adentra en la Selva Oki. La vegetación es densa y a duras penas se puede ver más allá del verde, pero el cantar de los pájaros relaja la mente y por el camino se ven varias flores de colores vivos y llamativos que jamás has visto en libros de arte o medicina. 
Bifurcación

Ahora mismo la decisión reside en tus manos. Puedes disfrutar de la paz y la diversión que ofrece la playa tropical o saciar tu curiosidad y conocimientos médicos y artísticos en una aventura por la jungla. ¡¡Solo los más fuertes deciden su destino, y ese es tu privilegio!!

Cajita feliz



RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigrid Birkisson - 15-05-2026

Después de tantos días entre sangre, vendas y compañeros demasiado tercos para descansar, por fin llegó un raro momento de paz para Sigrid. Akira ya podía moverse sin parecer que iba a desmontarse a mitad del camino, Enji había dejado de actuar como un cadáver ambulante y Juan, bueno, seguía siendo Juan, pero al menos ya no necesitaba que la vikinga le revisara heridas cada cinco minutos. Incluso Masami había salido bastante bien parada dentro de todo aquel desastre. Así que cuando le dijeron que podía tomarse un día para ella misma, respondió demasiado rápido. —¡Claro que sí!— Sin culpa, sin pensarlo demasiado.

Kyodaina era completamente distinta a cualquier lugar donde hubiera estado antes. La isla parecía viva en todo momento, enormes árboles cubrían gran parte del paisaje, los ríos atravesaban la vegetación como serpientes interminables y el sonido de insectos llenaba el ambiente incluso durante el día. Todo ahí era más grande, más salvaje, más agresivo, los animales se escuchaban a la distancia constantemente, rugidos, pisadas pesadas, ramas quebrándose como si la propia isla recordara a todos que allí sobrevivía el más fuerte y sinceramente a Sigrid le gustaba bastante.

La enorme buccaner caminaba entre la vegetación y la arena con una tranquilidad impropia para alguien rodeada de bestias gigantes. El uniforme de marine estaba más abierto y relajado que de costumbre por culpa del calor húmedo de la isla, y su alabarda descansaba sobre el hombro mientras avanzaba sin rumbo fijo, simplemente disfrutando de no tener a nadie sangrando delante suyo. El sonido del agua corriendo cerca calmaba bastante el ambiente. Uno de los tantos ríos de la isla pasaba no muy lejos de ella y la brisa húmeda ayudaba a soportar el calor sofocante de Kyodaina. —Hmmmm— murmuró mientras apartaba una rama enorme de su camino. Un insecto del tamaño de su mano pasó volando frente a su cara y Sigrid simplemente lo siguió con la mirada, curiosa.

—VIKYKYKYKYKY, aquí hasta los bichos parecen entrenar mas que Enji— soltó entre risas, era raro no estar peleando, ni estar curando, mucho menos estar corriendo de un lado a otro intentando evitar que alguien muriera, simplemente caminar. Sus enormes botas aplastaban hojas, pequeñas ramas y alguna piedra mientras avanzaba sin preocupación aparente. De vez en cuando observaba huellas enormes marcadas en la o escuchaba movimientos entre los árboles, pero lejos de incomodarla, aquello parecía divertirla más, después de todo ella también era una criatura enorme acostumbrada a sobrevivir en lugares brutales y por primera vez desde que llegaron al Grand Line, Sigrid podía simplemente existir sin pensar en nada más.

Sin darse demasiada cuenta de cuánto había caminado, Sigrid terminó frente a un camino bifurcado, a un lado, la playa continuaba extendiéndose casi hasta perderse de vista, interminable, acompañada únicamente por el sonido constante de las olas golpeando la costa. Del otro, un sendero irregular se abría paso entre la vegetación espesa de Kyodaina, internándose directo en la selva salvaje de la isla. La vikinga apenas necesitó pensarlo, sus ojos se posaron primero en el mar y luego en la jungla. —Hmm, sí, definitivamente por allá.— decidió casi al instante, señalando el sendero selvático con total seguridad como si alguien pudiera verla tomando decisiones por si misma.

Desde que había consumido su Akuma no Mi, el agua había dejado de ser algo relajante para convertirse en un problema potencial, y Sigrid odiaba sentirse limitada, además la playa no tenía demasiado que ofrecerle más allá de arena y calor, la selva sí. Hierbas medicinales, plantas útiles, tal vez frutas extrañas y seguramente animales enormes intentando arrancarle un brazo. La sonrisa de Sigrid creció un poco más ante ese pensamiento. —VIKYKYKYKYKY, ahora sí se pone interesante.— soltó mientras acomodaba la alabarda sobre su hombro. Sin dudarlo más, comenzó a internarse en el sendero. Las ramas gruesas rozaban sus brazos y hombros debido a su enorme tamaño, obligándola a apartarlas constantemente mientras avanzaba. El sonido de insectos era muchísimo más intenso dentro de la selva, mezclándose con ruidos lejanos de criaturas que probablemente prefería no encontrarse alguien normal.

Pero Sigrid no era alguien normal, de hecho, cuanto más se adentraba, más cómoda parecía sentirse, sus ojos recorrían el entorno con interés genuino, fijándose en diferentes plantas, hojas y flores que crecían alrededor de los enormes árboles. De vez en cuando se detenía apenas unos segundos para arrancar alguna hierba que reconocía y guardarla dentro de una pequeña bolsa sujeta a la cintura. —Esto sirve para bajar fiebre— murmuró mientras observaba unas hojas azuladas. —Y esto para desinflamar.— Luego guardó ambas con cuidado antes de seguir caminando, era simple, entrar a la jungla solo tenía ventajas, podía relajarse, conseguir ingredientes y si algo intentaba atacarla, bueno, eso también sonaba divertido.

Aun así, Sigrid no era irresponsable, bueno, no del todo. Había pasado suficiente tiempo viajando entre islas peligrosas como para saber que internarse sola en una jungla como la de Kyodaina podía terminar muy mal si alguien no sabía dónde estaba, por eso, mientras seguía caminando entre la vegetación, llevó una enorme mano hasta su cinturón y sacó su Den Den Mushi. El pequeño caracol tardó apenas unos segundos en reaccionar antes de adoptar aquella expresión tan familiar. —Juanchi, estoy adentrándome un poco en la selva para conseguir hierbas medicinales, si tengo problemas quédate al pendiente de tu caracolito.— comentó con total naturalidad mientras apartaba una rama gigante con el brazo libre. La forma casual en que lo decía hacía parecer que hablaba de dar un paseo cualquiera y no de entrar sola a una jungla llena de criaturas enormes acostumbradas a despedazar cosas. Sigrid siguió avanzando mientras esperaba respuesta, observando el entorno con curiosidad genuina. A lo lejos se escuchó un rugido grave que hizo vibrar ligeramente algunas hojas cercanas, la vikinga levantó apenas una ceja.

—Oh si, ese sonó grande.— murmuró para sí misma, pero lejos de preocuparla, eso parecía divertirla todavía más. Guardó nuevamente el Den Den Mushi y continuó internándose en la selva, aplastando ramas secas bajo sus enormes botas mientras el sonido de insectos y animales envolvía todo el lugar, cada cierto tiempo se detenía para arrancar alguna planta útil y guardarla cuidadosamente en su bolsa médica. —Si encuentro algo venenoso seguro le sirve a Enji— comentó entre pequeñas risas. —O quizá no debería darle ideas.— Y así, completamente tranquila, siguió avanzando más y más profundo dentro de Kyodaina como si aquella isla salvaje fuera apenas un paseo para despejar la mente.

Cosas Vikingas



RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigurd Haakon - 17-05-2026

Con todo bien atado y el permiso concedido, la soldado lo tiene claro, piensas en disfrutar de tu día libre paseando por la exótica jungla de Kyodaina, única en el mundo. Tal vez otras personas hubieran preferido descansar todo el día en el camarote o haber disfrutado del Sol y la tranquilidad de la playa. Pero la esencia Buccaneer que corre por tus venas te empuja a la aventura y el descubrimiento. Stormhogg en mano, tomas el camino de la izquierda tras la bifurcación y te adentras en las entrañas de la selva.
El bioma presenta una dualidad interesante e inquietante al mismo tiempo, lanzando señales contradictorias a cada rato. Por un lado, el camino cada vez es más estrecho y difuso, difícil de seguir. La vegetación es más densa a cada paso que das y los árboles y palmeras son tan altos que apenas filtran la luz natural con sutiles destellos que deslumbran en la superficie de las plantas. Sin embargo, la belleza es inexplicable. Territorio virgen, sin el maltrato de ninguna especie invasora. Flores y hierbas que jamás se han visto ni soñado, ni siquiera en los libros de medicina que estudiáis en la división. Cada rugido en la oscuridad o los ecos del cantar de las aves podría ser de una especie nueva jamás vista. Un mundo selvático que aterra con lo desconocido pero que te atrae con la curiosidad y el descubrimiento.
Avanzas sin miedo al éxito. El entorno no te acongoja y los posibles peligros que te acechan, lejos de asustarte, te divierten y entretienen. Vas preparada para la acción, con el Den Den Mushi activado y la alabarda dispuesta a enfrentar cualquier amenaza. Otro Marine habría huido nada más escuchar algún sonido extraño, pero mamá no crió a una vikinga cobarde, al contrario. Eres una guerrera, amante de los combates, y enfrentarías cualquier desafío con una sonrisa y una voluntad inquebrantable.

Pasan los minutos y las horas casi sin que uno se dé cuenta. Cada hallazgo te adentra más y más en las profundidades de este laberinto natural sin que te percates. No eres consciente de dónde estás cuando de un momento a otro, el pequeño Caracol que hace de teléfono empieza a emitir un ruido blanco molesto, una señal de interferencia que le impide conectar con el exterior. Parece que da igual por donde te muevas, has perdido la cobertura. Pero no hay problema. Tan solo has de volver por el camino y... Un momento... ¿Y el camino? Observas el terreno con detenimiento y descubres que ya no hay camino que seguir, lo dejaste atrás hace rato. Miras a un lado y a otro y todo te parece igual. Para tu desgracia, ha ocurrido... Te has confiado de más y te has perdido. No pasa nada. La isla tampoco es muy grande y si tomas un camino recto, tarde o temprano alcanzarás la costa y al recuperar la señal, podrán pasar a recogerte. La cosa no puede ir a peor... ¿Verdad?
El cantar de los pájaros se enmudece en ese preciso instante. Desde la distancia, el viento trae un susurro vibrante, desde más allá de las altas copas de los árboles. Pero lejos de alejarse, el sonido se intensifica. Se acerca cada vez más a tu posición, envolvente, desde todas las direcciones. Lo oyes, lo sientes. Gracias a ti gran sentido de la audición puedes detectar la amenaza que se cierne sobre tí. El zumbido estridente se aproxima de frente y arrasa con lo que se encuentra.
Lo ves claramente, una nube informe de infinitas avispas en formación. Avanzan con ansia voraz y devastando aquello que tocan. Devoran vegetal y animal a su paso, no siquiera la madera se libra de ser mordida por el enjambre. Van despacio, pero no hay vida tras ese ejercicio alado.
Enjambre de avispas asesinas

Cuando te van a alcanzar, la horda se expande y se divide, buscando abarcar más espacio y abrazarte desde diferentes ángulos para que no puedas defenderte de su ataque. Esto las vuelve más lentas y vulnerables, pero más letales.

Puedes enfrentar a la muerte con decisión y coraje, derrotar a los insectos con un poderoso ataque devastador o escapar de un final trágico huyendo hacia lo desconocido. Solo tú controlas tu propio destino.

Cajita feliz



RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigrid Birkisson - 20-05-2026

La fascinación de Sigrid crecía con cada paso que daba dentro de Kyodaina. Era una isla prácticamente virgen, intacta, sin ciudades enormes contaminando los ríos ni personas arrancando todo lo útil hasta dejar solo tierra muerta. Allí la vida salvaje florecía de verdad, descontrolada, enorme y peligrosa, pero también hermosa. Sus ojos azules recorrían cada rincón con un interés casi infantil mientras avanzaba entre raíces gigantes y árboles que parecían tocar el cielo. Había plantas por todas partes, algunas conocidas, otras completamente nuevas incluso para alguien que había pasado años viajando de isla en isla junto a su madre.
 
Y eso la emocionaba demasiado. —VIKYKYKYKY, mira eso.— murmuró mientras se agachaba frente a una planta de hojas moradas con pequeños puntos brillantes que parecían latir lentamente. La observó de cerca sin miedo alguno, inclinando la cabeza mientras una enorme mano apartaba otras ramas para verla mejor. —Nunca había visto algo así— El bioma entero daba la sensación de querer devorar a cualquiera lo suficientemente descuidado como para bajar la guardia. Había espinas enormes, flores con formas extrañas y raíces que parecían moverse ligeramente bajo el barro húmedo. A lo lejos seguían escuchándose rugidos y movimientos pesados entre la vegetación, pero Sigrid estaba completamente fascinada. De hecho, probablemente estaba demasiado tranquila para alguien sola en una jungla así.
 
Tomó algunas hojas con cuidado y las guardó dentro de su bolsa médica mientras seguía caminando lentamente, observando cada detalle como una niña entrando a una juguetería nueva. —Es una pena no traer alguna libreta— comentó de pronto, casi decepcionada. —Podría dibujarlas y estudiarlas después. — Frunció apenas el ceño mientras miraba otra flor gigantesca colgando de un árbol cercano. —O enseñárselas a Masami preciosa. — añadió poco después, recuperando la sonrisa. —Aunque seguramente intentaría comérselas antes. — La enorme buccaner siguió avanzando, apartando hojas y ramas mientras la luz del sol apenas lograba atravesar la espesura de la jungla. El aire húmedo, los sonidos salvajes y aquella cantidad absurda de flora desconocida hacían que incluso alguien tan ruidosa y energética como Sigrid caminara por momentos en un silencio genuino de admiración.
 
Porque para ella aquello también era medicina y entre una planta extraña y otra todavía más rara, el tiempo simplemente dejó de importar. Sigrid avanzaba cada vez más profundo dentro de Kyodaina sin darse cuenta, guardando hojas, arrancando pequeñas raíces útiles y observando flores gigantescas con una fascinación imposible de ocultar. Pasaron minutos, luego horas quizá, pero la vikinga ni siquiera lo notó. Hasta que finalmente levantó la mirada y entendió algo importante. —Oh.— Estaba perdida, no había senderos, no había playa. No había referencia alguna más allá de árboles enormes y vegetación salvaje extendiéndose en todas direcciones. La selva había terminado tragándosela por completo. — Esto no es nada bueno.— murmuró mientras rascaba ligeramente su mejilla con torpeza. Fue entonces cuando los pájaros dejaron de cantar y el silencio cayó de golpe, segundos después, sus oídos captaron algo más, una vibración extraña, lejana al principio, pero acercándose rápido.
 
Sigrid frunció el ceño y giró apenas la cabeza. Sus sentidos agudos captaron el sonido antes incluso de que pudiera verlo un zumbido masivo, pesado, como decenas no, cientos de alas batiéndose al mismo tiempo. —¿Hmm?— Entonces aparecieron. Una nube de avispas avanzaba entre los árboles como una plaga viviente, devorando todo a su paso. Vegetación, pequeños animales, cualquier cosa que quedara atrapada en su trayectoria desaparecía en segundos. El sonido era monstruoso y sinceramente eso sí llamó completamente la atención de Sigrid. —VIKYKYKYKYKY, ustedes son enormes.— soltó mientras una sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro. Su mano tomó la alabarda casi al instante no dudó ni retrocedió. Flexionó ligeramente las piernas y, con un impulso brutal, el gigantesco cuerpo de la buccaner salió disparado hacia arriba. El suelo explotó bajo sus pies mientras ascendía varios metros entre ramas y hojas.
 
Y luego cayó, la alabarda descendió junto a ella en un arco feroz, cargado con toda la fuerza de sus enormes brazos. —¡¡¡HAAAAAAARGH!!!— El impacto destrozó la formación completa. El aire explotó junto al golpe y decenas de aquellas avispas gigantes fueron cortadas o aplastadas al instante, mientras otras tantas salían despedidas violentamente contra árboles y rocas, reventando tras el impacto, la vegetación tembló, hojas y restos de insectos cayeron alrededor de la vikinga mientras esta aterrizaba con fuerza, apoyando el arma en el suelo.
 
—VIKYKYKYKY— soltó su risa, observando los restos alrededor. —Creo que encontré las avispas medicinales equivocadas. — Pero no terminó ahí, El zumbido continuó, más fuerte, más cercano. Sigrid levantó la mirada justo a tiempo para ver otras dos enormes nubes de avispas atravesando la vegetación directamente hacia ella, arrasando hojas y pequeñas ramas en su avance. El aire parecía vibrar por la cantidad absurda de insectos acercándose. La sonrisa de la vikinga creció. —Oh ¿quieren más? — Apretó con fuerza el asta de su alabarda y plantó ambos pies contra el suelo húmedo de la selva. Sus músculos se tensaron mientras giraba ligeramente el arma, acomodando el cuerpo como si estuviera preparándose para derribar algo muchísimo más grande y entonces gritó. — ¡¡¡STORMBRJÓTR!!!— El enorme cuerpo de Sigrid giró con brutalidad, liberando un movimiento centrífugo devastador. La alabarda cortó el aire a su alrededor con un silbido ensordecedor, tan potente que incluso las hojas cercanas fueron arrancadas de las ramas por la presión del giro.
 
La hoja impactó de lleno contra la primera nube de insectos y la atravesó, decenas de avispas gigantes explotaron o fueron partidas al instante mientras el impulso continuaba sin detenerse, alcanzando también a la segunda formación. El golpe barrió el aire alrededor de la vikinga como una tormenta viva, enviando cuerpos despedidos contra árboles, troncos y rocas, el bosque tembló, ramas cayeron, el zumbido se convirtió en caos. Sigrid terminó el giro con una pisada pesada que hundió ligeramente el suelo bajo sus botas, dejando la alabarda extendida a un costado mientras restos de insectos caían alrededor suyo.
 
—VIKYKYKYKYKY— su risa resonó entre la selva. —¡Eso estuvo divertido! — Aunque todavía mantenía la mirada alerta porque no había podido acabar con todas, pero algo le había llegado a la mente mientras peleaba con esas avispas, si había tantas avispas gigantes entonces seguramente existía algo todavía peor cerca.

Cosas Vikingas



RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigurd Haakon - 24-05-2026

Unos minutos antes...
-Mirad, una nueva forastera...
-...es enorme...-
-...lleva un palo muy brillante...-
-¡¡Callad o al final nos escuchará!!-
Algo se esconde en las alturas, sobre las copas de los árboles. Se mueven sigilosos, de rama en rama y balanceándose de un lado a otro en una demostración de destreza y fuerza sin parangón. Siguen los pasos de una mujer que camina por el suelo como los humanos, pero que destaca por tener un tamaño mucho mayor. Sus ropas son blancas, su cabellera rojiza y porta un arma que jamás han visto antes.
Son miembros de la tribu Mon Mager, del Clan fronterizo de la Tim Oki. Un pueblo formado por minks que se establecieron hace siglos y generaciones en estas selvas, viviendo pacíficamente y en armonía alejados del mundo exterior y sus conflictos. Todos ellos comparten similitudes genéticas y físicas, descendientes de grandes simios y primates. Atléticos, ágiles y con pelaje recio de tonos oscuros o terracota. Pero de entre todos ellos destaca uno. No por su carisma o su liderazgo, ni por tener más envergadura que los demás. Al contrario. Es diminuto, más lento y asustadizo en comparación. Un pequeño tití que intenta seguir el ritmo de la manada. Su nombre es Nok.
Pequeño Nok

Observan atentos a la soldado. Ven como se va perdiendo entre los caminos mientras esta se queda embelesada con la flora del lugar. Lo que no esperan es la llegada de las avispas asesinas. Antes de que la colmena se abalance sobre la Buccaneer, estos sacan unos palos impregnados en jarabe. Pero antes de salir a socorrer, se quedan como meros espectadores.
-¿Chicos, que hacéis? Hemos de salir en su rescate o la matarán.- reclama el pequeño monito
-Cierra el pico, Nok, o te lanzamos junto a ella.-
-Esto está mal...- se lamenta

No hay ni una pizca de miedo en tus ojos, al contrario. Pese a la gran diferencia de números y la sorpresa de una emboscada, enfrentas el desafío con una voluntad férrea y pasión por la batalla.
Las avispas se dividen en un mar de insectos que atacan por diferentes flancos, intentando abrazarte y encerrarte en una tormenta de aguijones y veneno. Sin embargo, en contra de toda intuición lógica y coherencia, saltas a los cielos para ser tú quien encare a las malas bestias.
Desciendes como un verdadero ángel de la guerra, maniobrando con la alabarda con una fuerza monstruosa de tal manera que en el ataque en picado, cortas el aire y lo empujas, desplazando a los insectos que salen despedidos y estampados en todas las direcciones por la onda de choque. Tu impacto es tan salvaje que dejas un pequeño cráter de tierra bajo tus pies.
Pero la lucha no termina. Son demasiados, y estás en el ojo del huracán. Sientes los primeros pinchazos por zonas de difícil acceso, como los muslos o puntos flacos de la espalda. Son los aguijones de los más valientes y silenciosos insectos, que han conseguido atravesar tus defensas.
Contraatacas con más violencia. Un corte amplio y desolador que arrasa con gran parte de la formación, atravesando la nube de bichos y pulverizando a todo aquel que se encuentre al paso de tu acero.
Te sientes grande e invencible. Nunca le has temido al combate por muy duro que sea, y que cada mandoble de Stormhogg deje un reguero de sangre sienta de maravilla, es la fantasía de toda guerrera. Pero los enemigos no parecen acabar nunca.
La horda te envuelve y los mordiscos empiezan a sentirse cada vez más intensos. Y cuando menos lo esperas, te fijas en que en una de las heridas, empieza a superar un líquido azulado. ¿Que es eso? No lo sabes, pero lo intuyes. Los hombros empiezan a pesar cada vez más. La alabarda se te resbala por los dedos, cuando nunca te ha fallado. Los sentidos te traicionan y la naturaleza empieza a sonar ralentizada y a verse con colores pastel que no deberían estar ahí.
Los insectos, lejos de ser normales, están cargados de veneno. Si tan solo Enji pudiera estar aquí, o cualquiera de tus compañeros. Podrías alcanzar el Den Den Mushi y llamarlos, pero no te responden las manos. Los párpados se cierran, vas a caer.
Te llega a la nariz un aroma raro. Una especie de olor a almendras quemadas y eucalipto. Lo sientes bien, como si llegara desde las alturas y bañara la estancia. ¿Es real o tan solo otro efecto del veneno? Puede que sea lo último que vas a sentir...
Antes de cerrar los ojos observas una alucinación más. Parecen personas, pero deformes. Tienen pelo y se mueven entre los árboles de un lado a otro. Cargan palos en llamas que humean con mucha intensidad. Parece que están ahuyentando a los bichos. Parece que... Caes redonda al suelo inconsciente

Un tiempo indefinido más tarde...
Una música de tambores suena con fuerza. Es estridente, rebota en cada rincón de tu cabeza. Te trae recuerdos primitivos en lo más profundo de tu ser. Recuerdos que no son tuyos o que jamás has experimentado. La sombra de un hombre tenebroso, unos gritos, una discusión. Una huída.

Despiertas entre sudores fríos, sobresaltada. Estás en una especie de cama vegetal, sobre un montón de hierbas. Te cubre malamente una manta de algo que parece ser pelo de animal o lana. Está todo oscuro, tan solo hay una pequeña llama de una vela de cera natural que alumbra la pequeña estancia tenuemente. Estás desnuda, aunque varias vendas cubren partes específicas de tu cuerpo, sobretodo aquellas en las que recuerdas haber tenido heridas, que van aseguradas con una gasa que huele a antibiótico.
Miras a tu alrededor y no ves tus cosas. Ni tu botiquín, ni tu uniforme y lo peor. No está Stormhogg. Nada, con suerte conservas la vida y tú integridad física. A tu lado, algo que no es tuyo. Un plato diminuto tirado en el suelo. Parecía cargar una dosis ridícula de alimento y puedes confirmar que llevaba algún líquido con medicación que está derramada por el suelo. Alguien te ha estado cuidado.
En una esquina lo ves. Aterrado del despertar de una montaña de músculos que podría hacerlo trizas. Un pequeño tití de aspecto amable y tierno, aunque muy asustado. En sus manos todavía conserva una pequeña cuchara de madera, que lo delata como el artífice de tu temprana recuperación. Aunque está acorralado y es incapaz de pelear, la usa malamente como una defensa entre él y tu, como si fuera un arma improvisada.

Cajita feliz



RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigrid Birkisson - 02-06-2026

Al principio Sigrid ni siquiera se preocupó. Había destruido decenas, quizá cientos de aquellas avispas gigantes, y aun así seguían llegando. El cielo entre las copas de los árboles parecía haberse convertido en una masa negra y zumbante que avanzaba sin fin. Por cada avispa que caía, otras ocupaban su lugar. La vikinga volvió a sujetar su alabarda con fuerza, preparada para seguir luchando, pero entonces sintió el primer pinchazo, luego otro y otro más. —¿Que mecachis? — Su brazo se sintió extrañ, pesado, como si de pronto llevara encima varias armaduras. Una avispa logró atravesar la piel de su hombro, otra se clavó cerca del cuello y varias más encontraron huecos entre la ropa y comenzaron a inocular aquel veneno monstruoso. Sigrid dio un paso y luego otro, pero por primera desde que habían salido de ese infierno con el mono loco sintió que las piernas no respondían como debían.
 
—Por Jormungandr eso no es normal— Intentó levantar la alabarda una vez más. Sus músculos obedecieron a medias. El arma resbaló de sus dedos y cayó al suelo con un estruendo metálico. Los ojos de la vikinga se abrieron ligeramente. Eso jamás había pasado, jamás. Su enorme cuerpo se tambaleó mientras el veneno recorría cada rincón de su organismo como una marea oscura. La visión comenzó a deformarse, los árboles parecían inclinarse. El suelo respiraba, los sonidos se mezclaban hasta convertirse en algo incomprensible. —No, no, no, no.— Intentó avanzar hacia su arma, pero las piernas cedieron. Una rodilla golpeó el suelo y luego la otra y entonces los vio, sin saber si eran solo figuras o personas quizá, tal vez algo parecido. Siluetas enormes cubiertas de pelo, deformes, moviéndose entre las sombras de la selva. Algunas portaban antorchas cuyos fuegos danzaban con colores imposibles, otras parecían observarla desde la distancia, todo era borroso, irreal, pero extrañamente familiar.
 
El corazón de Sigrid latía con fuerza mientras el mundo entero se hundía lentamente en la oscuridad y aun así sonrió, una sonrisa cansada, confundida, muy propia de ella. —¿Valhalla? — murmuró con la voz debilitada. —¿Tan pronto? — Su cabeza comenzó a inclinarse hacia adelante. Los párpados pesaban toneladas. Las figuras seguían acercándose. Las antorchas brillaban cada vez más y justo antes de que la oscuridad terminara de reclamarla, el último pensamiento de la vikinga no fue sobre la muerte. —Juanchi me va a regañar— y entonces todo se volvió negro.



—¡AAAHHHHHH!— Sigrid despertó de golpe incorporándose sobre la improvisada cama. El sudor empapaba todo su cuerpo como si hubiera corrido durante días enteros sin detenerse y durante varios segundos solo pudo respirar con dificultad mientras su corazón golpeaba su pecho como un tambor de guerra y justamente eso era lo último que recordaba, tambores y un sonido constante que parecía resonar dentro de su cabeza, acompañado de imágenes extrañas y recuerdos que no sentía como propios. Había visto lugares, personas y escenas que jamás había vivido, pero que por algún motivo se sentían terriblemente reales. —¿Qué demonios fue eso? — Llevó una mano a su frente y tardó unos segundos en darse cuenta de dónde estaba. La habitación era pequeña. La cama sobre la que descansaba parecía estar hecha de hojas, fibras vegetales y quién sabía cuántas plantas más, delante de ella había una manta confeccionada con la piel de algún animal desconocido y el aire olía a hierbas medicinales.
 
Eso llamó inmediatamente su atención, miró su propio cuerpo y se percató de que estaba desnuda salvo varias vendas cubrían diferentes partes de su cuerpo y bajo ellas podía sentir claramente el trabajo de antibióticos y remedios naturales actuando sobre las heridas que le habían dejado las avispas. Incluso reconocía algunos de los tratamientos por el olor, alguien la había curado y no había sido un aficionado. Su sonrisa desapareció unos segundos después ya que miró un poco mas alrededor suyo, sin extender mas allá la mirada y no había nada de sus cosas, ni botiquín, ni uniforme, ni alabarda, ni siquiera una miserable bota. —¡¿Dónde está mi alabarda?!— La preocupación le duró exactamente tres segundos antes de distraerse con otra cosa. Un pequeño plato descansaba en el suelo con restos de comida. Eso confirmaba todavía más que alguien había estado cuidándola durante el tiempo que estuvo inconsciente.
 
Con cierta dificultad se puso de pie. Las piernas todavía protestaban por el veneno y su cabeza daba vueltas, pero consiguió mantenerse erguida. Fue entonces cuando algo llamó su atención en una esquina de la habitación, un pequeño mono, quizá, tal vez, era peludo, pequeño y parecía absolutamente aterrorizado. La criatura sostenía una cuchara con ambas manos apuntándola hacia ella como si se tratara de la espada más peligrosa del mundo, Sigrid observó la escena durante unos segundos aun mareada. El mono observó a Sigrid y esta inclinó la cabeza. —¿Tú me desnudaste y curaste mis heridas?— Preguntó con total seriedad, porque sinceramente, después de todo lo que había vivido desde que salió al mar, un mono médico no era ni de lejos lo más extraño que había visto.

Cosas Vikingas



RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigurd Haakon - 05-06-2026

A pesar de despertar entre sudores fríos y completamente indefensa, no has perdido ni un ápice de tu espíritu de lucha. Tu carácter sigue impertérrito y desafiante, aunque no dejas de sentir ese mareo muscular causado por el veneno de esos malditos insectos. Con suerte pasará pronto.
En tu despertar, la presencia de aquel monito te sorprende, aunque ya estás acostumbrada a que en este basto mundo, uno se puede encontrar de todo. Parece más asustado él que tú, y ya es normal, pues lo inmenso de la envergadura de un Buccaner hace palidecer a cualquier criatura. Más cuando el mink no levantará mucho más de medio metro del suelo.
Actúas con aparente calma, aunque con firmeza, pues no solo acabas de sufrir una derrota, sino que no tienes tu equipamiento a mano. Y una valkiria sin sus armas no es nada. El simio, temblando, parece mirar hacia el exterior de la tienda de campaña, pero lo hace por un segundo, de forma fugaz. Su cuerpo ha actuado por instinto, aunque es demasiado cobarde para desvelar la verdad. A pesar de haberte dado una, decide darse media vuelta e intenta correr en dirección a los límites de la cabaña donde te encuentras, buscando escabullirse por debajo de la misma escarbando un poco el suelo y levantando la tela.

Vas a atraparlo. No te costaría nada. No solo es bastante lento para tu nivel, sino que es torpe y le cuesta cruzar de un lado al otro para escapar. Pero hay algo que llama tu atención poderosamente. A tus oídos llega el silbido del acero cortando el viento. Pero no el de un pedazo de metal aluso. Sino de un arma grande, preparada para la guerra, capaz de cortar cualquier cosa por la mitad... Alguien está usando Stormhogg sin tu consentimiento. Tras ese sonido, suena el estruendo del arma siendo maltratada contra la roca. Y después unas risas agudas y malévolas.
Si sales a buscar respuestas o a recuperar tu arma, chocas de frente con una escena que avergonzaría a cualquier guerrero. Un puñado de cinco simios, tan grandes como un humano pero más robustos, juegan con todo tu arsenal. Uno de ellos parece estar masticando diferentes útiles del botiquín para ver si se doblan o no, otro lleva puesto tu uniforme y lo arrastra por el suelo mientras corretea en círculos, un par juega a poner a prueba el filo de la inmensa alabarda... Maltratan el material mientras se lo pasan bien. Si miras a tu alrededor al salir de la cabaña, estás en un claro de 10 metros de radio. Estás en centro, saliendo por la mitad el mismo. Tras de tí, hay un complejo de media docena de cabañas, mientras que el resto del semicírculo es claro llano, bordeado por antorchas elevadas. Más allá del círculo, jungla profunda.

Cuando te ven, frenan en seco sus acciones. Te miran de arriba abajo atónitos. No todos los días ven a una mujer, sino a una fémina de cuatro metros de alto, tan grande como su líder. Tu aspecto salvaje, cubierta de vendas y heridas, les paraliza de pavor, aunque también sienten cierta atracción hacia tu silueta. No obstante, reniegan de la idea de entregarte lo que es tuyo, pese a tu imponente postura y carácter.
Sus pelajes se erizan como escarpias. Bajan el torso y flexionan las rodillas, tomando una postura salvaje y ofensiva. Extienden sus manos al frente y enseñan los dientes en señal de duelo. Están dispuestos a enfrentarte después de todo. Pero antes de que el conflicto estalle, una figura aparece, balanceándose de entre la selva y cayendo desde los cielos entre vosotros.
Es también un simio, idéntico a un orangután. Su aspecto es más redondeado, con una cara circular amable y una barriga resultona. Aún así, sus extremidades son tan largas como un día sin pan, desproporcionadas en tamaño, acabadas en unas manos enormes. Pero lo que más llama la atención no es su fisionomía. Sino su fuerza y tamaño. Un Gran Mink se planta en mitad del escenario, imponiendo respeto y autoridad con un rostro terroríficamente amistoso. - Gran Patriarca Ladit Ladis...- suenan las voces al unísono mientras todos se arrodillan.
Ladit Ladis, líder simio

Su movimiento es lento, pausado. Aunque no te engaña, pues has visto cómo ha maniobrando desde lo profundo de la jungla para caer de un brinco hasta aquí. Te mira con detalle, te analiza y te valora. Mientras, su mano derecha se rasca la barbilla. -Vaya, vaya... Veo que nuestra invitada ha despertado.- comenta, como si fuera para él mismo pero en voz alta. -Y por lo que veo se encuentra en buen estado...- y gira la cabeza, buscando algo detrás tuyo. Probablemente al monito, que no encuentra pues sigue escondido. Después voltea hacia su tribu y con tono más firme y preciso, les reclama. -No seáis maleducados. Entregad los enseres a la futura reina. Merece descansar antes de pactar los preparativos de nuestro casamiento...-

No sabes si te asusta más la idea de casarte o con la tranquilidad con la que esta criatura afirma las cosas. ¿Cómo que futura reina?¿Casamiento de que, qué narices dice este tipo? Sin embargo, pese a las declaraciones, no parece ser consciente de la barbaridad que acaba de decir. Se está retirando tranquilo, como si nada. Los chimpancés, diminutos a comparación, se te acercan medio mosqueados para entregarte tus cosas, aunque parecen susurrar entre burlas sobre tu futura situación y que tan perdida estás en la jungla.

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RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigrid Birkisson - 09-06-2026

—Pequeño monito, dime, ¿dónde están mis cosas? — Sigrid llevó ambas manos a la cintura con toda la autoridad que una buccaner desnuda y cubierta únicamente por vendas podía transmitir. El pequeño mono la observó unos instantes, aún sujetando la cuchara como si fuera un sable legendario. La vikinga no tenía la menor idea de si la criatura entendía una sola palabra de lo que decía, pero sí entendió otra cosa, era un cobarde. En cuanto la mirada del animal se dirigió hacia la salida de la tienda improvisada, Sigrid supo exactamente cuáles eran sus intenciones. —¡Eh, mono culiao! ¡Regresa aquí! — El pequeño simio salió disparado hacia el exterior. Sigrid intentó ir detrás de él, pero el mareo provocado por el veneno todavía seguía presente y apenas dio dos pasos antes de detenerse.
 
Fue entonces cuando escuchó el sonido metálico que atravesó su cabeza con la precisión de una flecha, no era cualquier sonido. Sus ojos se abrieron de golpe. Era imposible confundirlo, el acero de su alabarda había golpeado contra roca, pero había algo peor. La forma en que había sonado, la vibración había sido incorrecta, el peso mal distribuido, el impacto descuidado. Aquel no era el sonido de alguien que respetara el arma, aquel era el sonido de alguien maltratándola. —No.— Otro golpe se escuchó y después risa, la expresión de Sigrid se petrificó, mientras con pasos todavía algo torpes, atravesó la entrada de la tienda. La claridad del exterior golpeó sus ojos y el mareo amenazó con hacerla caer hacia adelante, pero entonces vio la escena frente a ella y algo dentro de la vikinga murió un poco.
 
Cinco simios, no, no, no cinco criminales, tampoco, lo que era para ella en ese momento eran cinco desgracias de la naturaleza. Uno de ellos estaba masticando utensilios de su botiquín, doblando pinzas y probando con los dientes diferentes herramientas médicas como si fueran juguetes, otro llevaba puesto el uniforme de marine de Sigrid, demasiado grande incluso para él, arrastrándolo por el barro mientras corría en círculos completamente feliz, dos más sostenían la inmensa alabarda, su propia alabarda, la golpeaban contra piedras, intentaban cortar troncos de maneras absurdas y se la pasaban entre ellos entre chillidos y carcajadas. El quinto observaba el espectáculo desde una roca usando el casco vikingo como si fuera un recipiente para frutas. La vena de la frente de Sigrid comenzó a palpitar, sus ojos se clavaron sobre la alabarda, el arma que había empuñado desde la adolescencia. La que había pertenecido a generaciones anteriores de su familia, la que había acompañado cada batalla, cada misión y cada paso de su vida como marine. La estaban usando para jugar.
 
No había risas en el rostro de la vikinga, no hubo una sonrisa amable, ni siquiera un comentario optimista. Sigrid dio un paso al frente y hasta el otro lado del complejo pudo escucharse las vendas crujiendo bajo la tensión de sus músculos. —Escuchen pedazos de anormales con cara de mono— habló con una calma inusual mientras sus ojos permanecían fijos en los simios —Voy a contar hasta tres. — Su voz sonó sorprendentemente seria. —Y cuando termine de contar me devolverán mi alabarda, mi uniforme y mi botiquín. — Un silencio incómodo se instaló durante unos segundos, pero los monos continuaron jugando. La vena de la frente de Sigrid volvió a palpitar. —Uno.—
 
Los simios se detuvieron en seco al escuchar el tres de Sigrid. Poco a poco giraron la cabeza hacia ella y la observaron de arriba abajo y siendo honestos, la imagen era bastante intimidante. Una buccaner de cuatro metros de altura, cubierta únicamente por vendas, con músculos capaces de partir árboles y una expresión que rara vez mostraba. Aun así, aunque el miedo apareció en sus rostros, no alcanzó el nivel del pequeño monito de la cuchara. Los cinco intercambiaron miradas y, para horror absoluto de la vikinga, comenzaron a aferrarse aún más a las pertenencias robadas. —¿Van a obligarme a hacer esto?— preguntó mientras flexionaba los dedos de una mano y luego los del otro puño. —Porque me costó mucho conseguir algunas de esas medicinas— Uno de los simios golpeó nuevamente la alabarda contra el suelo, la vena en la frente de Sigrid palpitó con violencia. —Y ese uniforme lo tuve que lavar yo misma.— Los monos comenzaron a separarse unos de otros.  Sigrid respiró profundamente. —No quería arruinar mi día libre.— comentó mientras adelantaba una pierna, pero justo cuando el primer simio pareció dispuesto a lanzarse hacia ella, una presencia completamente nueva irrumpió en la escena.
 
El bosque se silenció. Los cinco monos abrieron enormemente los ojos y Sigrid parpadeó confundida. —¿Hm? — Entre la vegetación apareció otro simio, no, no, Akira le había explicado, este era un orangután enorme. Su pelaje rojizo caía sobre unos hombros anchos y robustos, y su sola presencia bastó para congelar a todos los demás. Caminaba lentamente apoyándose sobre los nudillos, con una tranquilidad impropia de una criatura salvaje. Sigrid ladeó la cabeza. —Akira-chan habría sabido qué hacer aquí.— murmuró para sí misma. —Seguro hacía eso raro que hizo con Gorgie y todos terminaban haciendo tonterías. —Para sorpresa absoluta de la vikinga, los otros simios soltaron todo lo que tenían entre manos. Acto seguido, todos se arrodillaron al unísono inclinando la cabeza frente al recién llegado.
 
—¡Gran Patriarca Ladit Ladis! — exclamaron con absoluta devoción. Sigrid observó la escena durante varios segundos, luego miró al enorme orangután, después a los monos postrados y finalmente volvió a mirar al orangután. —¿Patriarca? — preguntó. La vikinga llevó una mano al pecho desnudo y sonrió con total naturalidad. —¡Yo soy Sigrid Birkisson, doctora aprobada por la Marina y el Gobierno Mundial! — anunció con orgullo. —Y ellos estaban maltratando mi alabarda. — añadió señalando a los simios arrodillados.
 
Hizo una breve pausa antes de levantar ligeramente una ceja. Los simios seguían arrodillados, temblando ante la presencia del enorme orangután mientras recuperaban poco a poco la compostura suficiente para obedecer y entonces Sigrid sonrió, una sonrisa enorme, orgullosa. Con ambas manos apoyadas en la cintura y el pecho inflado de confianza, la vikinga asintió con fuerza. —¡Exacto! — exclamó como si acabara de entender perfectamente la situación. —¡Devuelvan las cosas a su futura reina! — El silencio se apoderó del lugar, los simios comenzaron a moverse. Uno recogió cuidadosamente el uniforme, otro cargó el botiquín. Los dos que habían estado maltratando la alabarda se acercaron con la cabeza inclinada, sosteniéndola con una delicadeza que antes parecía imposible. Sigrid observó la escena completamente satisfecha. —VIKYKYKYKYKY, así está mucho mejor.— comentó mientras tomaba su alabarda entre las manos. Sus dedos recorrieron la asta revisando posibles daños y, al comprobar que el arma seguía entera, soltó un enorme suspiro de alivio. —Ay, menos mal. Ya estaba pensando en quién iba a pagar las reparaciones. —
 
 Luego recuperó el botiquín e Inspeccionó su contenido, tal cual como lo esperaba, las pinzas estaban dobladas, absolutamente todos los frascos desordenados, las vendas ni se diga, parecían estar desaparecidas. La vena de su frente volvió a palpitar. —Vamos a ignorar esto por ahora.— murmuró con una sonrisa forzada. Sin embargo, algo finalmente alcanzó a su cerebro. La vikinga parpadeó y luego giró lentamente la cabeza hacia el enorme orangután. —Espera. — Miró a los simios, volvió a mirar al orangután, luego señaló hacia sí misma con un dedo. —¿Cómo que futura reina? — toda la seguridad desapareció de golpe. —¡Espera, espera!— exclamó, dando un paso hacia atrás. —¡¿Qué parte de esta conversación me perdí?!— Los simios continuaban inclinándose respetuosamente mientras le entregaban cada una de sus pertenencias.
 
—¡No, no, no! ¡Yo soy marine! — continuó agitando ambas manos. —¡Y doctora! y vikinga! ¡No tengo tiempo para ser reina! — El pequeño mono de la cuchara reapareció detrás del grupo y también se inclinó ante ella. Sigrid abrió los ojos como platos. —¡Tú también no! — Apretó con fuerza la alabarda contra su pecho mientras observaba a todos los presentes con genuina confusión. —¿Las reinas tienen vacaciones? — preguntó de pronto, completamente seria. —Porque esto empezó siendo mi día libre y siento que se está complicando muchísimo. — La enorme buccaner miró al cielo durante unos segundos, luego bajó la vista hacia el Gran Patriarca Ladit Ladis.
 
—Y otra pregunta importante.— comentó señalando a los demás monos. —¿Quién fue exactamente el genio que decidió que yo sería reina?— Hizo una pausa, porque Sigrid no ha sido nunca la mas inteligente de su grupo, es dedicada si, amable, también, pero inteligente, bueno, eso se podría cuestionar un poco.  Su expresión se volvió sospechosamente esperanzada. —¿Y eso viene con corona?— Sigrid preguntó mientras se acercaba al Orangutan. 

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RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigurd Haakon - 17-06-2026

La situación ha escalado por una vertiente completamente inesperada. ¿En que momento ha pasado esto de un día de relax por la jungla, a un ataque inesperado de bichos asesinos, a un posible futuro casamiento? El lado positivo es que por fin has recuperado todo tu arsenal. Desde las ropas de Marine a tu inigualable Stormhogg. En la peor de las situaciones, podrías defenderte con ella.

Ante las preguntas de la Vikinga, Ladit se te gira y te mira de arriba abajo una vez más. Su mirada es lenta. Recorre cada curva de tu cuerpo y estudia cada detalle con sus ojos de simio anciano. Una sonrisa pretenciosa y desagradable se le dibuja en el rostro al imaginar situaciones... Malintencionadas. Aún así, mantiene la compostura y con un tono de voz pausado y rítmico, va contestando. -¡Por supuesto que tendrás días libres! No tendrás que trabajar nunca más y pondré a tu disposición un séquito de monos.- señala entonces tras de tí, al pequeño Nok -Incluso si lo deseas, ese enano de ahí será tu sirviente personal.- eres capaz de sentir como la manada de monos que estropeaban tu material se ríe a las espaldas del líder por ese comentario, sin hacer ruido, solo gesticulando. El jefe sigue. -Y coronas, las que quieras, mi amada.- 
El enorme orangután se relame con la idea de tener una reina como tú. Una mujer de tu tamaño, con tu cuerpo. Una hermosa Buccaneer dedicada a la batalla y con un carácter férreo y autoritario. -Tan solo imagina lo bien que lo vamos a pasar- comenta mientras baila, dando palmas con las manos sobre su cabeza y dando saltitos de un lado a otro cambiando de pié. -Gracias a mi influencia, te voy a cambiar la vida para siempre, mujer.- sonríe y te anima con un tono juguetón -Se acabó la guerra, el hambre y la pobreza para una belleza como tú.- entonces deja de bailar. Te mira vacilón, como si fuera consciente de que tiene la sartén por el mango. -Además, estás perdida en la jungla. No sabrías salir de aquí jamás.- sus palabras, aunque amables en aspecto, ocultan una verdad perturbadora y tenebrosa. -Así que pórtate bien y relájate. Después de que me des una estirpe de barones fuertes y enérgicos, vivirás rodeada de lujos y caprichos, ¡¡¡Ukikiki...!!!- 

Bajo la mente enferma de Ladit Ladis, a este le ha tocado la lotería después de salvarte la vida. Jamás optaría de forma natural a una amazona como tú. Siempre ha encontrado piratas a la deriva, soldados y humanos. Pero su ego está desmedido, convencido de que no eres capaz de presentar batalla frente a él y te tiene bajo su control. Aunque existe una verdad ineludible, y es que estás perdida, y sin ayuda, no vas a poder volver. No al menos sin heridas fatales por algún bicho de la selva. La situación es crítica. Aunque con pericia y tomando las decisiones correctas, puedas salir de esta situación. Y si no que el acero dicte el destino. Eso también suele funcionar.

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RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - Sigrid Birkisson - 13-07-2026

Para Sigrid nada de lo que decía aquel enorme orangután tenía el más mínimo sentido, hablaba de reinas, estirpes y quién sabía cuántas cosas más, pero la vikinga simplemente era incapaz de encontrarle lógica alguna, durante unos segundos incluso fingió entender, asintiendo un par de veces mientras lo observaba con una sonrisa incómoda. —Ajá... claro... sí...te entiendo bien— No había entendido absolutamente nada, pero aquí lo importante era otra cosa, su alabarda ya estaba de vuelta entre sus manos. La sostuvo con cariño, recorriendo el asta con los dedos para comprobar que seguía entera. —Menos mal, pensé que te habían roto. — murmuró casi con alivio.
 
Después levantó la mirada hacia el enorme orangután, su expresión cambió. —Bueno ya recuperé mis cosas, no esposo. — comentó con una tranquilidad casi inquietante. —Entonces solo queda una cosa por hacer. — La enorme hoja de la alabarda descendió lentamente hasta quedar preparada para el combate porque en la cabeza de Sigrid la estrategia era tan simple que parecía imposible equivocarse, derrotar al líder y los demás se marcharían porque así funcionaban las manadas y así funcionaban los bandidos y seguramente así funcionaban los monos gigantes.
 
—Lo siento mucho, Akira-chan. — dijo con un pequeño suspiro mientras flexionaba las piernas. —Nunca imaginé que terminaría peleando contra tus primos lejanos. — Incluso sintió un poco de culpa, muy poca, pero culpa, al fin y al cabo. —Prometo golpearlos con cuidado, bueno, lo más cuidado que pueda. — Apretó con fuerza la alabarda, una enorme sonrisa volvió a aparecer en su rostro. —¡VIKYKYKYKYKY!— y sin esperar una sola explicación más sobre patriarcas, reinas o cualquier otra locura de aquella selva, la vikinga estaba completamente convencida de que derrotar al gran orangután solucionaría absolutamente todos sus problemas.
 
—¡¡¡THORPSKERIR!!!— La voz de Sigrid retumbó por toda la selva y sin conceder un solo segundo más, flexionó las piernas y salió disparada hacia el enorme orangután. Al mismo tiempo, una espesa pintura roja comenzó a brotar desde las palmas de sus manos, deslizándose por el asta de la alabarda hasta cubrir por completo la hoja del arma. —¡VIKYKYKYKY!—  El gigantesco cuerpo de la buccaner ascendió varios metros antes de arquearse en el aire como un arco completamente tensado. Durante un breve instante quedó suspendida sobre su adversario, con la alabarda elevada por encima de la cabeza y ambos brazos preparados para descargar toda la fuerza que había forjado desde niña.
 
No buscaba un corte elegante, ni una técnica refinada, buscaba un impacto uno tan brutal que terminara la pelea de un solo golpe. Mientras descendía, tiró con toda la potencia de sus hombros, espalda y brazos, dejando caer la inmensa alabarda en una trayectoria completamente vertical, aprovechando además el peso de su propio cuerpo y la gravedad para aumentar todavía más la fuerza del ataque. —¡¡¡HAAAAAAARGH!!!— El aire silbó violentamente alrededor del filo mientras este caía directo hacia el enorme orangután, dispuesto a descargar sobre él el golpe más poderoso que Sigrid podía ofrecer en ese estado.

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