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[Fic Recolección-Fabricación] Las huellas de Fígaro Parte 2 [PR] - Versión para impresión

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[Fic Recolección-Fabricación] Las huellas de Fígaro Parte 2 [PR] - Kiyoshi Maeda - 31-05-2026

2 de invierno del año 17



A sus oídos llegó nueva información. Un nuevo escondite del difunto Fígaro ha sido saqueado recientemente, pero, según el dato, no han sido sus compinches los culpables. Han sido ellos mismos quienes han esparcido el rumor de que, una entidad misteriosa se ha colado dentro del recinto y ha desaparecido con todo. Es realmente extraño. Kiyoshi, quien ya tiene decidido desde su anterior recolección de materiales que irá a por todo lo que pueda, pues fue él quien se ensució las manos para sacar del camino a ese sucio doctor, no se ha visto exento de este caso. Cada vez está más afianzado a cómo funciona Jaya, moviéndose entre piratas, ladrones y criminales como si nada le importase. En ese sentido, está madurando. Por mucho que sus compañeros le hayan pedido no mostrarse tanto para evitar problemas, él está haciendo oídos sordos.

— ¿Podrías decirme si han encontrado alguna pista? Cualquiera que sea, será útil. — Parece una pregunta inocente, tranquila, hasta educada. Sin embargo, el contexto es lo que le da potencia a esta escena. Se encuentra Kiyoshi sosteniendo su rifle y apoyando el cañón en la frente de un tipo que está sentado en el piso con la espalda apoyada en un muro detrás suyo. Está acorralado en un pasaje sin salida. Kiyoshi lo conoce; se trata de uno de los tipos que estaba junto a Fígaro el día que lo mató. Puede que haya sido solo un actor de reparto, pero aquí es donde toma protagonismo su memoria perfecta.

— N-no hemos podido encontrar nada… Solo nos llegó la información de que, al sur de la isla, en medio de unas montañas, anda un comerciante que nadie conocía vendiendo a buen precio. Creemos que puede ser, pero… — Antes de que pueda terminar sus palabras, recibe un golpe físico por parte del arma directamente en la mejilla, noqueándolo. Kiyoshi no necesita escuchar más; confía en que la dirección recibida es la que debe tomar. — Aquí vamos.

Armado únicamente con su rifle, sin compañeros, sin nadie que se interponga en su camino, el médico deambula horas después por la zona indicada. No es un explorador como Varo, tampoco cuenta con el olfato de Eros, pero sí tiene una gran paciencia para caminar tranquilo y buscar huellas o pistas, lo que sea que le permita encontrar el camino a seguir.

En un punto, detrás de una gran roca y sobre un risco, observa hacia abajo a dos personas que visten mantas sobre sus cabezas. No hace frío por mucho que sea invierno, por lo que duda que tales prendas sean usadas para combatir la baja temperatura. — Se ocultan. ¿No quieren ser reconocidos? ¿Por qué? — Gran pregunta y Kiyoshi no obtiene respuesta, pero lo correcto es buscarla.

Se mueve desde las alturas, mas no intenta interceptarlos. Los sigue para ver hacia dónde van y, más importante, con quién se encuentran. Alrededor de veinte minutos le toma seguirles la pista hasta que logra verlo. Un hombre también encapuchado se encuentra sentado en el piso con las piernas cruzadas. Delante suyo se encuentra otra manta con distintos objetos de valor encima; Kiyoshi infiere que debe ser mercancía de Fígaro Jack.

Los compradores no le importan, pero llama su atención que se vayan corriendo una vez realizan la transacción. Procede a esperar un tiempo prudente hasta asumir que se han ido para quedar a solas con quien será su cita improvisada. Cinco minutos le toma descender desde lo alto del risco hasta aparecer a diez metros de distancia del vendedor. Lleva el rifle en la espalda y las manos en los bolsillos del pantalón. Se muestra calmado, sin ninguna pizca de temor. El tipo delante suyo solo suelta una leve risita.

— No es necesario que te presentes. Sabía perfectamente que vendrías. — ¿Acaso se trata de un clarividente o algo así? ¿Realmente esos poderes místicos son reales y no simples mitos? — ¿Mmm? ¿Acaso esa es una tonta frase prefabricada para poder sorprenderme? No seas tonto. — El otro vuelve a reír. — Desde el principio quise atraerte a mí. — A gran velocidad desenfunda una pistola y dispara, cuya bala pasa de largo por el costado derecho del rostro de Kiyoshi, sin rozarle si quiera. Sin embargo, la bala impacta en un pilar de piedra que hay detrás y explota, mostrando que se trata de munición explosiva. El rango no alcanza a afectar a nuestro limpio protagonista, pero sí le quita una vía de escape. — Lo mataste en un incendio, ¿no? Lo lógico es que mi venganza sea quemarte vivo en este infierno que he preparado para ti. — Un nuevo disparo es dado, esta vez hacia la derecha. Se nota que algo tenía preparado, pues la explosión se da en cadena, sumiendo todo el entorno que rodea a ambos hombres en un caos de fuego. Kiyoshi se mantiene tranquilo, pues la mascarilla que siempre usa le permite no ahogarse con el humo. Sin embargo, esta ventaja no durará demasiado.

— ¿Ya me dirás quién eres? — Parece que ya no debe seguir preguntando. — Mi nombre es Ícaro Jack. Fígaro era mi hermano y tú te encargaste de quitármelo. Lamento decirte que soy muy vengativo, así que hoy te mandaré a la otra vida en donde él se encargará de castigarte por toda la eternidad. — Kiyoshi parece no darle mucha bola, pues a pesar de que todo lo que ocurre a su alrededor, sigue sin moverse. — ¿Ya terminaste? — Desde su cuerpo se crean seis burbujas que salen disparadas hacia el enemigo, impactando con fuerza en su cuerpo y empujándolo dos metros hacia atrás, casi llegando a verse envuelto entre las llamas. — Vaya, este es un dato que no tenía en mi carpeta. — Acto seguido, Kiyoshi toma su rifle y comienza a caminar hacia el frente.

Quien nada hace, nada teme. Pero Kiyoshi sí está a punto de hacer algo, y aquel que temerá será su enemigo.

En medio de su avance, el tipo dispara hacia adelante, esta vez sí queriendo impactar en Kiyoshi. La bala impacta en su pecho y explota, incendiándose su figura. Ícaro suelta una risa más fuerte que las anteriores mientras extiende ambos brazos y mira hacia el cielo, comenzando a gritar. — ¿LO VES, HERMANO? LOS JACK SIEMPRE TRIUNFAN. LOS JACK SIEMPRE RÍEN AL FINAL. — Lamentablemente, dicen que quien ríe último, ríe mejor. Pero Kiyoshi nunca ríe, ¿no desordena eso totalmente el tablero?

Dejando atrás el humo, presentando diversas quemaduras, se muestra que sigue caminando hacia adelante, reduciendo cada vez más la distancia con su enemigo. Ícaro Jack no puede creer lo que ve, quedando anonadado. Para cuando quiere apuntar y disparar otra vez, Kiyoshi es más veloz y, con rifle perfectamente tomado, dispara una bala burbuja con tanta potencia que su cuerpo llega a empujarse en dirección contraria debido al retroceso del arma. La bala impacta en el cuerpo de Ícaro, empujándola con violencia, viéndose incendiado por las llamas que él mismo creó y se impactó contra una pared de montaña que estaba detrás. Un fuerte grito de dolor se escucha, pues tal bombazo lo ha hecho pedazos metafóricamente.

Tras volver a colocar el rifle en su espalda y tomar una bolsa que portaba oculta dentro de su ropa, guarda distintos productos que siguen desparramados por el piso. No se han visto afectados por las explosiones ya que todas se hicieron a una distancia prudente del botín, por lo que, sin inconveniente, Kiyoshi toma lo que vino a buscar.

Antes de marcharse, suelta unas últimas palabras. — No tendrás sepultura digna porque te permitiré vivir. Pero asegúrate de que tu hermano sí descanse en paz. Adiós.

Pasadas las horas, lo tenemos de regreso en su sala individual dentro del barco. Sobre una mesa previamente higienizada deposita todos los materiales que usará en su trabajo.

Primero, la grasa animal la coloca dentro de un pequeño recipiente metálico, asegurándose de ir quitando diferentes impurezas que desecha en un basurero que tiene a su costado. En cuanto a las hierbas curativas, estas son trituradas con un mortero de piedra con la finalidad de conseguir una pasta verdosa y aromática, la cual revisa descendiendo su mascarilla y acercando la nariz. Acto seguido, mezcla todo con mucha paciencia y técnica, removiendo constante para que el producto se cree de manera uniforme.

Cuando consigue la consistencia deseada, prepara más frascos que rellena con lo creado, siempre utilizando guantes para mantener la higiene. El plan ahora es dejar enfriar a la sombra el resultado, pasando a esperar horas en donde se encontrará con un ungüento espeso, perfecto para aplicarse en heridas. Por supuesto, antes de olvidarse de esto, realiza una pequeña prueba para asegurarse de que esté en perfecto estado y no contaminado. — Ja, como si yo hiciera tonterías en mi trabajo.

Utilidad del tema


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