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[EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue] - Versión para impresión

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[EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue] - Vallerie Dodgers - 01-06-2026

Venimos de este tema.

Una mujer de unos dos imponentes metros de altura, de piel morena y cabello rubio, se personó en el lugar, habiendo echado antes un vistazo para comprobar que ya estuviesen todos. Vallerie Dodgers hacía acto de presencia en el gran patio, entrando entre una de sus columnas, en lo que podría haber parecido una entrada discreta a simple vista. Sin embargo, nada de lo que hacía aquella mujer era jamás discreto, salvo que ella así lo pretendiese de forma deliberada. Perfect Game, sobre la cual casi era posible ver aquella suculenta recompensa de 685 millones de berries que el Gobierno Mundial ofrecía por su cabeza, y que ostentaba más como un honor que otra cosa, caminaba con un aire de enorme autoridad, consciente de su propia importancia para el Ejército Revolucionario.

Llevaba su bate sobre los hombros, como de costumbre, pero no de forma amenazadora: lo sujetaba con la mano derecha, mientras que permitía que su mano izquierda, simplemente, se enroscase y colgase de su extremo opuesto. La autoridad que parecía emanar la Comandante del Ejército del Norte entraba en visible contraste con su actitud, más bien infantil, materializada en aquel chicle que mascaba metódicamente, formando enormes pompas rosas que se inflaban y se desinflaban cada pocos segundos. Hizo caso omiso a los cuchicheos a su alrededor, limitándose a caminar entre el hueco que la multitud parecía abrir a su paso. A paso ligero, subió hasta la tarima que parecía imperar al fondo del gran patio, recorriendo con la mirada a todos cuantos se habían reunido allí.

—A ver, pringaos —dijo con desprecio—, vamos a ir calmándonos todos un poquito. Bienvenidos a la Primera Asamblea de la Liberación y esas cosas, bla, bla, bla. Vamos a ver, todos los que seáis de... mi jurisdicción, es decir, ¡el North Blue! ¡Todos los que nacieseis en el North Blue, aquí, a este lado, conmigo! Y más os vale... —añadió, dándose un instante para hacer explotar otra llamativa pompa de chicle desde su boca— Más os vale comportaros. Los gilipollas del Gobierno Mundial se creen que somos un grupo de tarados con piedras y lanzas. Y en algunos casos, probablemente no les falte razón. Pero somos el Ejército Revolucionario. Formen, soldados —concluyó, formalizando su tono, que adquirió un carácter repentinamente militar, como si se tratase de un Almirante dirigiéndose a nuevos reclutas—. Frente a mí.

De toda la muchedumbre allí acumulada, y con más presteza de la que más de uno hubiera esperado de aquel grupo, un grupo comenzó a separarse claramente del resto, formando frente al lugar en el que permanecía en pie Vallerie, y creando una enorme columna de soldados que se extendía hasta el final del mismo patio. Vallerie observó el proceso, y su mirada no dejaba lugar a dudas: más les valía formar en condiciones. Y eso hicieron. Poco a poco, todos los Revolucionarios procedentes del North Blue se organizaron casi a la perfección, hasta que estuvo satisfecha.



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RE: [EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue] - Alhen Geouis - 04-06-2026

El viaje desde Mogaro hasta Báltigo había transcurrido sin contratiempos. Kisuke había fumado conmigo durante buena parte de la travesía, uno de esos silencios cómodos que solo se construyen entre quienes comparten un ideal en común. Al bueno de Bambú le sometí a un interrogatorio disfrazado de conversación casual durante días y días de viaje, abanico en mano y cigarro en la otra, preguntando por todo lo que no aparecía en los informes con la curiosidad implacable de quien considera que el chisme es tan vital como la información oficial. Yoru iba y venía a su antojo por el barco antes de desaparecer en cuanto el Yoru's Paradox atracó en Báltigo, perdiéndose entre las rocas blancas de la isla como si llevara años conociéndola, que, en cierto modo, así era.
 
El patio de armas subterráneo era una bestia de otro calibre. Excavado en la roca viva de la isla, iluminado por centenares de antorchas y braseros cuya luz anaranjada rebotaba contra las columnas talladas a golpe de cincel que se alzaban a intervalos regulares de unos seis metros entre sí a lo largo de las paredes, era una maravilla de ingeniería moderna. Los estandartes con las siglas del Ejército Revolucionario que colgaban entre las columnas lo adornaban desde una altura de unos ocho metros hasta casi rozar el suelo. El espacio reunía a más gente de la que muchos de los presentes habían visto junta en toda su vida luchando por una misma causa, era revitalizador ver el alcance e impacto que nuestro ideal era capaz de convocar. Cinco filas se habían formado, cada grupo ocupando su flanco del patio formando delante mío una imagen que pocas veces en la historia del mundo había visto con semejante claridad: un ejército que no luchaba por un rey, ni por una bandera, ni por dinero, sino por la idea de que el mundo podía ser distinto.
 
Recorrí los veinte metros que separaban la entrada del patio de su centro con una calada larga al cigarro, con las sandalias de madera repiqueteando sobre la piedra en cada paso, el sonido rebotando entre las paredes excavadas en la roca y perdiéndose entre el murmullo de la multitud hasta que esta fue apagándose sola, atraída por mi figura de sombrero a rayas y capa verde que avanzaba sin prisa hacia el frente. Me detuve a unos cinco metros de las primeras filas, abrí el abanico y lo agité despacio sobre el costado izquierdo de mi cara, dejando que mis ojos grises recorrieran cada rincón del patio de extremo a extremo antes de volver al frente y reclamar la atención de los presentes – “Bienvenidos todos” – exclamé con voz jovial, permitiendo que el murmullo de voces muriera antes de continuar – “para quienes no me conocen me llamo Alhen Geouis.” –  dije, permitiendo que las paredes de piedra del patio transportaran mi voz hasta el último rincón de la sala – “Soy una de las Manos de Elisabeth D. Kaiten, es decir, de nuestra líder. He navegado hasta aquí desde el Nuevo Mundo para estar presente en el momento más importante de nuestra causa, y si han llegado hasta este patio esta noche es porque cada uno de ustedes forma parte de algo que ningún gobierno, ninguna armada y ningún almirante del mundo ha sido capaz de detener.” – hice una pausa breve, di una calada larga al cigarro y avancé otros tres pasos hacia la derecha antes de girarme de nuevo hacia la audiencia, señalando con el cigarro hacia donde se encontraban los comandantes a unos diez metros de distancia.
 
“Esta noche están en presencia de cinco de las personas más influyentes que tiene nuestra causa.” – el humo del cigarro dibujó un arco en el aire iluminado por las antorchas cuando se;ale hacia donde se encontraba el primero de las figuras a quienes presentaría – “Porco Ghibli, Comandante de los Ejércitos del Sur. Es un misterio de pies a cabeza, el mejor espía que tenemos, el hombre que mueve el contrabando con la precisión de un relojero y que ha salvado más barcos y más vidas de las que ningún marine salvará jamás. Si alguna vez llegó información vital a sus manos fue porque este hombre la consiguió primero.” – hice una pausa permitiendo a la audiencia procesar la información, di una calada y caminé cuatro pasos hacia la izquierda antes de girarme de nuevo hacia la audiencia. Llevé la mano a la Princesa Carmesí y la desenvainé sosteniendo la hoja recta de acero ennegrecido frente a mí antes de señalar con ella hacia el flanco contrario a unos quince metros – “Vallerie Dodgers, Comandante de los Ejércitos del Norte. La mejor tiradora que ha producido esta Revolución. Comanda la unidad de francotiradores y conoce cualquier terreno mejor de lo que sus propios habitantes lo conocen. Si alguna vez sintieron que alguien les cubría las espaldas seguro era ella.” – envainé mi espada con el mismo sonido limpio con el que la había desenvainado, avancé otros cuatro pasos hacia el centro y me detuve. Abrí el abanico despacio y lo agité sobre el costado izquierdo de mi cara mientras recorría a la audiencia con los ojos antes de señalar con él hacia el siguiente comandante – “Gol D. Ick, Comandante de los Ejércitos del Este.” – hice una pausa de un segundo, dejando que el nombre resonara entre las columnas – “No necesita presentación, pero se la merece de todas formas. Ha entregado cada fibra de su ser a esta causa con una intensidad que solo él es capaz de sostener. Es excéntrico, es imprevisible, y es exactamente el tipo de persona que necesitamos para triunfar.” – cerré el abanico de golpe, caminé otros tres pasos y me detuve frente a la audiencia. Me quité el sombrero a rayas con la mano izquierda, dejando al descubierto por un instante los pequeños picos capilares que se creaban sobre mi cabeza, y lo sostuve frente a mí en un gesto que era a la vez una reverencia y una presentación – “Kisuke Kageyama, Gran Líder de los Ejércitos del Oeste. El hombre que plantó cara a un almirante de la Marina y volvió para contarlo. La razón por la que el Reino de Mogaro se haya unido a nuestra causa. Si esta Revolución tiene futuro, es en parte porque hombres como él decidieron que lo tendría.” – Me coloqué el sombrero nuevamente despacio, dejando que la sombra del ala volviera a caer sobre mi mirada. Caminé otros tres pasos y con un movimiento brusco de la muñeca hice que la capa verde oscuro ondeara hacia un lado, señalando con el gesto hacia donde se encontraba la última figura de los cinco a presentar – “Anna Saoki, Comandante de los Ejércitos del Gran Line. Con su música se opuso contra un sistema que enriquecía a los ricos y empobrecía a los pobres, y llegó hasta aquí. Eso les dice todo lo que necesitan saber sobre ella.”
 
 
Guardé silencio y me detuve frente a la fila que habían formado los oriundos del South Blue. Terminé mi cigarro con una ultima calada que anunciaba el fin de algo más y, cambiando de voz completamente a una más baja, más afilada, llena de peso y tan diferente a la anterior me volví a dirigir a la audiencia – “Antes de que esta asamblea comience, hay un asunto que resolver.” – mi voz viajó por el patio sin necesidad de alzarse, rebotando limpiamente entre las columnas de roca hasta los últimos rincones de la sala – “El camarada Porco me informó de la identidad de un traidor en nuestras filas.” – hice una pausa de dos segundos, dejando que el silencio del patio hiciera su trabajo – “Lo hemos verificado. No hay margen de error ni lugar para la duda.” – fijé mis ojos en la figura del traidor y pude ver su rostro lleno de terror. Lo sabía perfectamente, al intentar engañarnos había cavado su propia tumba. Salté al frente cubriendo la distancia a gran velocidad, la capa verde oscuro ondeó detrás de mí mientras avanzaba, mis pies dejando la piedra del suelo con una ligereza que contrastaba con la gravedad del momento, cerrando la distancia en un instante. Junté los dedos de la mano derecha en tres secciones, pulgar solo, índice y corazón juntos, anular y meñique juntos.
 
– “¡RYU NO KAGIZUME!” –
 
Mi mano convertida en una garra de dragón encontró la cabeza de mi objetivo con una potencia que hizo vibrar el aire a mi alrededor. Yamaguchi, el hombre de la camisa blanca con los botones abiertos dejó de estar entre los vivos antes de que su cuerpo terminara de caer, su cabeza aun en mi mano derecha arrancada completamente del cuerpo. Con la mano contraria lancé al aire un puñado de octavillas que se dispersaron por el patio como hojas en el viento, cayendo entre las filas, sobre los hombros de los presentes, sobre el suelo de piedra iluminado por las antorchas. En cada una de ellas estaban las pruebas, todo lo que necesitaban saber sobre Yamaguchi y sobre quién le había puesto allí.
 
Las pruebas contra Yamaguchi

Tome una bolsa de cuero que portaba para la ocasión con mi mano izquierda que tras lanzar las octavillas estaba libre de nuevo, y dejé que el silencio del patio respirara durante un instante largo antes de hablar de nuevo – “Arrastrarse para adentrarse en un lugar donde no eres bienvenido es lo más bajo a lo que puede caer un ser humano.” – mis ojos recorrieron las filas sin prisa, tocando a cada uno de los presentes durante un instante – “Los años de esfuerzo y dedicación de cada uno de ustedes, la sangre que ha costado llegar hasta aquí, no serán manchados mientras yo esté de pie. Esto es lo que le espera a todo aquel que traicione una causa tan noble como la nuestra.” – guardé la cabeza del traidor en la bolsa de cuero, la cerré y regresé a la plataforma de la cual había saltado.
 
Volví a mi voz habitual, y con ella volvió también algo del peso que había llenado el patio durante los últimos minutos, dejando espacio para algo distinto, algo más grande todavía – “Pero vaya bochorno me ha dado” – dije sacando un abanico de mi gabardina y empezando a agitarlo sobre el lado izquierdo de mi cara – “les pido una disculpa, pero no podíamos permitir que semejante ser tuviera la suerte de presenciar lo siguiente” – mis ojos recorrieron las filas una última vez para luego decir con aire formal – “les pido por favor silencio total, ni una sola interrupción, murmullos ni movimientos innecesarios.” – me giré hacia el fondo del patio donde unas gruesas cortinas de tela oscura colgaban desde el techo hasta el suelo, avancé los diez metros que me separaban de ellas y asomé la cabeza entre los pliegues – “Señorita Lilly” – dije en voz baja – “estamos todos. Todos menos él, como siempre.” – hice una pausa breve antes de añadir, más bajo todavía, solo para ella – “El mundo está listo para recibirle.” – me aparté despacio, me coloqué el sombrero, abrí el abanico y lo agité una última vez sobre el costado izquierdo de mi cara antes de volverme hacia la sala con una sonrisa.
 
El momento había llegado.
 

 
Resumen

Belico

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Off



RE: [EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue] - Elizabeth D. Kaiten - 06-06-2026

Cientos o miles de personas, hombres y mujeres de todas las razas y de todas las partes del mundo estaban reunidos aquí, en la primera asamblea, para dar un paso en dirección al cambio del mundo en su totalidad. Cientos o miles de personas... eran tan difícil concretarlos a todos ellos... saber cuántos eran... y aunque me encantaría poder escuchar sus historias, comprender su dolor, conocer la motivación detrás de sus pasos para querer luchar conjuntamente para abolir la tiranía de los opresores, pero me era imposible tener el tiempo material para poder tener esa conversación con absolutamente todos ellos.
¿Cuántos habría realmente? ¿Qué esperarían de la asamblea? ¿Qué esperarían de mi? ¿Sería suficiente como para poder inspirarlos? ¿Estaba nerviosa? Negué con la cabeza y miré mis manos por la palma y el dorso, alternando ambas posiciones con calma y lentitud fijándome en las líneas y las marcas de las mismas y unas pequeñas llamas rojizas danzando en ellas.

La cabeza de Alhen salió de entre las cortinas llamándome por mi apodo más cercano y sacándome de mis propias preocupaciones, diciéndome que todos estaban ahí a excepción de él. Sonreí cerrando los ojos — El Puño siendo El Puño ¿no? — contesté sonriendo dándole respuesta normalizando la ausencia de una de mis dos manos — Se encargará de que no nos molesten — declaré con seguridad y diversión. Era el hombre más confiable y fuerte que conocía, pero sabía que era un alma completa y absolutamente libre. El día que lo necesitase, estaría ahí, pero mientras tanto sabía que todo lo que hacía era guiado por su corazón, y su corazón era la Revolución en si misma.
Mientras Alhen desaparecía de nuevo, me levanté y alisé mi falda con las manos apagando las llamas que había en ellas y me dispuse a salir a recibir a todos los presentes. Suspiré, introduje las manos entre ambas cortinas y haciéndolas a un lado cada una de ellas emergí hacia el lugar de recepción de discurso que teníamos preparado.




En cuanto salí a escena extendí ambas manos de lado a lado mientras caminaba hacia el frente, recibiendo una ovación y un griterío de júbilo por parte de todos los presentes que aplaudían y silbaban a la vez mientras recorría la distancia hacia el extremo de la zona elevada para estar más cerca de ellos. Al alcanzar ese extremo llevé mis pulgares a mis sienes, el resto de los dedos hacia el techo, con los codos desplazados hacia fuera y saqué la lengua realizando el saludo formal y oficial de los Revolucionarios - idea original de El Puño, por cierto - mientras reía alegremente mostrando mi sonrisa a todos — ¡Qué alegría veros a todos! — declaré sonriendo deshaciendo el saludo y comenzando a saludar mientras los saludos y los gritos se mantenían en el ambiente, pasando así un par de minutos hasta que el recibimiento se calmó.

Alcé el puño izquierdo cerrado al aire para que todos guardasen silencio, y me dispuse a hacer lo que había venido a hacer.
— Gracias a todos por venir — dije con honestidad, elevando el tono para que pudiesen escucharme bajando el puño para dejar la mano relajada al lado de mi cadera — Es increíble ver cuántas buenas gentes se han unido a esta causa, no puedo estaros más agradecida por dedicar vuestras vidas a conseguir un futuro justo e igualitario para todos — e hice una pequeña pausa para mirar y apreciar realmente cuánta cantidad de personas había ahí, deduciendo que no podía llegar a escatimar con exactitud la magnitud de aquellas personas.
— Sé que todos habréis oído hablar de mi, aunque no muchos me hayáis visto hasta ahora en persona... Soy Elizabeth D. Kaiten, nací en Amazon Lilly y actualmente soy considerada la Emperatriz de las Kuja además de la malvada líder de los apestosos maleantes que van contra el maravilloso gobiernoooo uuuuh — dije poniendo tono de falso terror, como cuando intentas asustar a un niño pequeño, y reí llevándome la mano a la boca cubriéndola en parte — Tsutsutsutsutsu — suspiré y volví a adoptar una postura neutral bajando la mano a mis caderas — Alhen ya os ha presentado a todo el mundo de mi círculo de confianza personal, a excepción de la ausencia de un gran amigo que se dedica al trabajo de campo más arriesgado y directo... a quien algún día conoceréis sin duda en persona, le llaman "El Puño de la Revolución", seguro que ya sabéis a quien me refiero — entonces arrastrándose rápido pese a su grotesco tamaño, una serpiente blanca con manchas azules muy obesa se deslizó desde la zona de las cortinas hasta estar cubriendo mi espalda — ¡Y esta es Katsuyu! Mi mejor amiga y mi dietista — me incliné un poco hacia delante con gesto cómplice guiñando un ojo — Se encarga de que coma lo justo y necesario comiéndose todo lo demás ella tsutsutsutsutsutsu — bromeé riendo y negué con la cabeza y la mano volviendo a mi postura anterior — Sólo bromeo, me ha salvado la vida más veces de las que puedo contar... — añadí pasando mi mano por la cabeza de la serpiente que se acercaba a mi costado derecho, con cariño y mimo.

— Hoy es un día histórico para toda nuestra causa, camaradas. Hoy nos reunimos en la isla que fue nuestra primera base y refugio para honrar a los camaradas caídos, para elogiar a los camaradas presentes, y para planear los pasos del futuro. Hoy, me impresiona poder ver cuántas personas estamos aquí reunidas y cuántos de vosotros, vosotras y vosotres habéis decidido dar vuestra vida para construir un mundo sin la tiranía del Gobierno Mundial. El camino de la rectitud está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos y hoy, aquí, por fin, establecemos un antes y un después para nuestra causa y tomamos acción de forma definitiva estableciendo unos conceptos y misiones claros en los que vamos a dejarnos la piel, el sudor, la sangre y la vida si hace falta, para poder terminar de decantar la balanza a nuestro favor — el eco de mis palabras llenó la cámara en la que estábamos y resonó varios segundos cuando paré a tomar aire — Desde hoy os hago el juramento que en su momento hice sobre mi propia convicción, un juramento en el que os prometo mi vida si vosotros me prometéis la vuestra para dedicarlas todas juntas para lograr la libertad, la verdad, y la igualdad. Hoy la Armada Revolucionaria por la Liberación del Pueblo dará un paso al frente, y desde hoy NADA SERÁ IGUAL PARA ESOS OPRESORES — finalicé gritando y mientras los expandía a ambos lados de mi cuerpo, convertí mis brazos en mis dos flamígeras alas carmesíes con un sonoro sonido seco de ignición, ampliando la envergadura de mi presencia y haciendo que pequeñas virutas de brasas candentes se esparciesen a mis lados — HOY EL FUEGO DE LA REVOLUCIÓN ARDERÁ CON MÁS FUERZA QUE NUNCA, Y LOS PODEROSOS TEMBLARÁN EN SUS CASTILLOS Y FORTALEZAS SABIENDO QUE SE LES AGOTA EL TIEMPO ¡HOY COMIENZA EL MAÑANA! ¡¡HOY DAREMOS INICIO A LA CAÍDA DEL RÉGIMEN DEL MUNDO!! — grité a pleno pulmón haciendo resonar mis palabras aun más que antes, mientras el zumbar de las lenguas de fuego de mis alas y el brillo de estas mismas mantenían el foco en mi reforzando mi discurso.

Y al terminar, cuando el eco de mis palabras se diluyó en los recovecos de las paredes, el griterío del inicio en mi llegada parecía un susurro en comparación con el ruido que se hacía hoy.
La Revolución saldría de este lugar reorganizada, reubicada, concreta y con sus efectivos enfocados en realizar distintas tareas dependiendo de la zona en la que estuvieran. Las instrucciones eran claras, Alhen podía explicarlo todo a cada Comandante y estos a sus subordinados. Pero mi presencia era necesaria. No podía esperar su lealtad y su dedicación si yo no daba la cara ante todos ellos.





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RE: [EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue] - Voz Seductora - 10-06-2026

Tras el discurso de Elizabeth, finalmente la chispa que daría paso al incendio más grande de la historia estaba sobre el tablero de juego. Los Revolucionarios dejaban hoy de ser un grupo de personas disidentes dispersas por el mundo simplemente unidos por un sentimiento pero sin organización. Hoy pasaban a ser una fuerza militar fuerte, grande, unida, responsable y comprometida con un único objetivo sólido en común de forma inamovible: Derrocar al Gobierno Mundial.


Las alas de fuego de la líder de los Revolucionarios serían la antorcha en la oscuridad y la luz del faro que guiaría a todos los presentes hacia la victoria, tarde o temprano. Esas mismas alas se desvanecieron ante la vista y el júbilo de todos los presentes para volver a dar paso a los brazos y manos de la Emperatriz de las Kuja, quien saludaba con energía y una sonrisa enorme - y para los que mejor vista tuvieran - con ojos vidriosos apunto del llanto, completamente feliz y emocionada por lo que habían conseguido crear y encarrilar. Por lo que esto se estaba convirtiendo y en lo que se iba a convertir. Por el sueño de un mundo libre, seguro, igualitario y justo.
Por la Revolución.

Tras unos minutos Alhen acompañó a Elizabeth y Katsuyu fuera del escenario, tras las cortinas nuevamente, y los Comandantes de las zonas respectivas, los cuatro Blues y el Grand Line, dieron instrucciones y órdenes claras a todos los que estaban bajo su mando. Aun tendrían una semana más en la isla para hacer y deshacer a su antojo y entablar futuras amistades y contactos entre ellos, algo que en el futuro podría ser determinante o incluso salvarles la vida si lo usaban de forma inteligente.

Justo una semana después de este momento los barcos y métodos de transporte de la revolución llegarían de nuevo a Báltigo para devolver a las personas que estaban en la isla al lugar del que procedían... o a donde quisieran ir. Los barcos personales de los que habían venido hasta aquí por sus propios medios estaban en los puertos a buen recaudo y ni la Marina estaría tan loca de intentar una ofensiva contra los Revolucionarios en su propia sede albergando tantas figuras de poder. Podría parecer un movimiento interesante tratar de acabar con todos los presentes de una sola vez, pero el coste de recursos y bajas de enfrentar a Elizabeth, Alhen, Anna, Vallerie, Gol, Marco y Kisuke juntos en un mismo sitio sería inasumible y requeriría del despliegue de los tres almirantes al mismo tiempo para tener alguna posibilidad.

Durante esa semana el futuro de la revolución se alzaría y... el Gobierno Mundial, tendría sus propios problemas por la mano de otra persona...
O debería decir, por el puño de otra persona...





Fin del evento

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