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Guardia del invierno | P.R | T2 - Versión para impresión

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Guardia del invierno | P.R | T2 - Enji - 10-06-2026

Invierno del año 17, día 45.
Pueblo Baquella, isla Baterilla
2200hs

La brisa corría, presurosa, y arrastraba consigo las hojas muertas de un otoño largamente extinto. Silbaba contra los tejados su soplo helado, asolando callejones y azotando ventanas carentes de pestillo, pues entre el descuido y la pereza muchos olvidaban la importancia de blindar el hogar cuando un viento sur atravesaba la isla. Huellas de aguanieve moteaban el suelo y un cielo encapotado vaticinaba tormenta. Las calles estaban vacías y las casas llenas, brillantes y cálidas, albergando en su cobijo la esperanza de un pueblo por ver caer nieve a la mañana siguiente. Los climas tropicales rara vez tenían la suerte de atestiguar dicho fenómeno, pero nunca faltaba el abuelo, el tío o la madre que contaba historias sobre aquel invierno particularmente crudo, aquel frente de tormenta salido de la nada y aquella oportuna corriente helada que pasó de visita, regalándoles un único día de alfombra blanca y tejados naranjas.

Un día, los niños y adultos más jóvenes podrían verlo. Esa esperanza alimentaba el calor que parecía manar de los hogares, cuyas ventanas brillaban con la luz y las voces que se filtraban desde dentro.

—Viejo, que envidia…

La calle, por otro lado, era el reflejo antagónico del hogar. Vacía, oscura y helada, mostraba los colmillos a quien se asomaba. El viento calaba en los huesos su fría caricia y la humedad, presente en cada rincón de la isla, lo secundaba en su empresa. Abrigo sobre abrigo, bufanda sobre guantes y botas; parecía no importar la cantidad de tela que pusieras en medio, el invierno lo atravesaba.

—¿Quién nos manda a enlistarnos en otoño? Ugh, aunque lo sigo prefiriendo al verano…

Una solitaria caravana bajaba por la calle principal. Tirado por dos caballos, el carruaje constaba de una gran jaula de madera montada sobre el cuerpo de cuatro enormes ruedas. Al frente y detrás, dos bancos habían sido encajados y reforzados para poder aguantar una guardia de tres personas y un chofer.

Para ir sobre seguro, justo detrás del carro, un cuarto guardia fue asignado. El soldado raso y gigante, Alex Arceo.

—¡Eh, Megas! ¿Hace más frío mientras más alto estás? ¿O no sientes la diferencia entre tu cabeza y los pies?

Los dos guardias que viajaban en la parte trasera, vigilando la retaguardia, se habían pasado todo el camino desde la base hasta el pueblo charlando. Los temas de conversación no se les acababan a ese par, a quienes apodaban Lengua y Dientes por su afinidad a la parla. Lengua era un hombre pelirrojo de ojos dorados y una espalda más ancha que su cintura, además de brazos gruesos y piernas flacas que acentuaban su forma de “Triangulo invertido”. Dientes era menudo, delgaducho, de cabello castaño claro y ojos negros.

—¿Qué cosas preguntas, Dientes? Además, sabes que el chico no habla nuestro idioma. Lo vas a tener haciendo gestos para contestarte —bufó Lengua y se cruzó de brazos—. Disculpalo, recluta. Se pone idiota cuando está nervioso.
—¿Nervioso yo? ¡Mírate, Lengua! Estás temblando.
—¡Porque tengo frío, imbécil! Además, deberías estar nervioso: ¡estamos haciendo un traslado! En las historias, siempre pasan cosas cuando se traslada a un criminal de un lugar a otro. ¿Es que tu madre no te contaba cuentos?
—¿Qué clase de cuento es ese? —replicó, indignado, Dientes—. La patrona me contaba historias normales, sobre piratas y marinos. Es más, recuerdo que mi favorita trataba sobre…

Y la voz de Dientes se perdió bajo el murmullo del viento. Estabas en libertad de elegir cuánta atención prestarle al peculiar dúo de soldados. Después de todo, desde tu privilegiada posición y dada la agudeza de tus sentidos, la calle no podía ocultarte ningún misterio.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Alex Arceo - 11-06-2026

Se podría decir que aquel gigante estaba acostumbrado al nórdico clima, pero parecía que aun con sus ropajes invernales de marine no tendría defensa ante el embate del poderoso clima, era un problema común en aquella temporada, se podría decir que hasta se esperaba y sin sorpresa se atacaba.

No era como que, si el gigante se quejara demasiado de los embates del planeta, realmente su tamaño le hacía complicado poder acceder a lo que lo artificial ofrecía para cubrirte del clima fuera de la ropa que, aun así, era realmente complicada de confeccionar.

La noche no hacia nada mas que empeorar el frio sentimiento, pero para aquel gigante que se erguía orgulloso, aquello era poco si se veía de la perspectiva del que realmente no tenía nada y sufría aquello, ese sentimiento lo llenaba de determinación y de cierta manera hacia que su voluntad no mermara.

Alex estaba cuestionablemente al fondo de la carroza que, de cierta manera, paso a paso aquello no solo le frustraba si no que parecía que era innecesario, su gran visión le otorgaba un 360° desde el cielo y debido a su entrenamiento, no dejaba de vigilar los alrededores de vez en cuando, veinticinco metros de altura seguro le daban alguna anticipación si es que marcaban una emboscada en ellos.

Sus compañeros parecerían lanzar palabras al gigante, que, si bien eran de cierta manera burlas, para el gigante no significarían nada, aquellos eran realmente parlanchines y de cierta manera le generarían curiosidad pero bueno, aquello claramente era algún sueño del gigante por que aun con curiosidad, nunca sería capaz de entenderles de hecho… aun le era complejo entender la razón y objetivo de la misión, el sin dudarlo iba tras de aquello pero realmente no había mucho contexto y no sabía además de la carreta… ¿Qué protegíamos?

Cada paso que daba el gigante era uno que parecía con el esfuerzo de Atlas, pero no era más que la flojera de que el avance fuera tan complejo y relajado, si fuera el y tuviera la fuerza, quizá ya hubiera levantado el carruaje y a los caballos… pero aún no era así de fuerte y no olvidemos el frio invernal que los cubrían... ¿Cómo era que los parlanchines soportaban aquello?

El ojo del gigante era critico y no dejaba nada escapar, se decía que aquel “mudo” tendría habilidades de visualización y observación, no quería desperdiciarlas por lo que además de buscar aquello a su alrededor también echaría un ojo a sus compañeros, quizá ellos tenían algo que a el le faltaba.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Enji - 11-06-2026

—(...)y así fue como mi abuelo conoció a su tercer esposa, que después se convertiría en mi abuela.

—Wow, hermano… —Lengua se limpió una lágrima traicionera y empezó a aplaudir—. Esas son las historias que le cambian a uno la vida.

—¿En serio? —replicó Dientes, la ilusión brillante en sus ojos—. ¿Te gustó?

La respuesta a sus preguntas fue un controlado pero firme golpe detrás de la nuca, seco. Dientes se encogió en el asiento y frotó con insistencia la zona. Había picado.

—¡Si no fueran puras tonterías, tal vez me conmovería! ¿Cómo es eso de que la segunda esposa de tu abuelo fue una Tempesta y la primera una tenryubito? ¿Estás tonto? —Lengua volvió a darle un correctivo a su fiel amigo y compañero, está vez en la cabeza—. Un superior te llega a escuchar citando a personas tan importantes… ¡A un Dragón Celestial! En tus estúpidas historias, ¡y nos cuelgan de las gónadas a los dos!

—¿Y a ti por qué?

—¡Por escucharte!

Lengua y dientes, como era usual, estaban haciendo un numerito. El chofer y el tercer compañero, que viajaban al frente, apenas daban señales de escucharlos. Alguna risa ocasional. Un comentario bajo citando sus bribonadas, que, aunque bobas e infantiles, sí que lograban hacer del viaje algo más llevadero. Para silenciosa ya estaba la noche.

—¿Hm?

De pronto, sin embargo, algo más hizo eco en el camino. Algo diferente al ocasional barullo que provenía de las casas. Dientes, acurrucado en su asiento, abrazándose las piernas y la cabeza para que Lengua dejara de golpearlo, fue el primero en escucharlo. Se incorporó, sentó las rodillas en el banco y levantó la cabeza, la mirada al frente, extrañado.

—¿Escucharon eso? ¿Megas?

Llamó la atención del gigante haciéndole señas con las manos y señalándose los oídos.

—¿Escuchar qué? ¿Te estás volviendo loco, viejo? —replicó Lengua, para, poco después, tragarse sus palabras al percibirlo también—. Por mi madre… ¿Es música?

Lo que primero sintieron por el oído, a Megas le entra por los ojos: unas calles más adelante, emergiendo de las penumbras como una linterna que flota en un lago de brea, apareció: color, luz y movimiento. Personas. A simple vista no se podía apreciar, pero los agudos ojos del gigante bastaban y sobraban, ayudados de su posición ventajosa, para reconocer lo que estaba pasando. Un poco más adelante, en la esquina del cruce entre las dos calles principales, se había montado un pequeño espectáculo. Tres taburetes, repartidos en tres de las cuatro esquinas, hacían de escenario para tres pintorescos artistas. Tres bailarines.

—Ah, sí —mencionó el chófer—. Escuché que habían estado montando un espectáculo en la calle. No pensé que el show duraría hasta tan tarde.

A medida que se acercaban, la imagen se volvía más nítida. Los artistas eran un gyojin de boca enorme, una mink leopardo de pelaje morado y una humana, morena, cuya voz sonaba… peculiarmente profunda. Cada uno bailaba sobre su taburete, distintos ritmos y distintas danzas. La morena era elegante en sus movimientos, fluida. ¿La mink? Más rígida, pero había poder en cada postura. El gyojin arrancaba risas a los niños con un baile más teatral y cómico.

—No se preocupen —mencionó el tercer guardia—. Solo mantengan la guardia alta, que nadie se acerque mucho a la carroza y todo estará bien. No hay que sobrereaccionar a estas cosas, solo hacer nuestro trabajo.

Todos asintieron al unísono y, súbitamente, el ambiente se tornó serio, tenso. Lengua y Dientes dejaron de hablar por lo alto y ahora susurraban.

La carroza, inevitablemente, llegó al cruce de calles y pasó junto a los tres pequeños escenarios. La legalidad de ese espectáculo podía ser motivo de debate, pero su trabajo, esa noche, en ese preciso momento, no era reprender a un grupo de artistas callejeros, sino entregar a un reo en el puerto para su traslado. Las luces envolvieron la carroza, junto a la música y las voces de la gente. Dentro de la jaula, gracias a la nueva iluminación, se podía apreciar la silueta robusta de un hombre encadenado. Estaba de rodillas, las manos juntas al frente y la mirada gacha. La única señal de vida en él era el movimiento lento pero constante de su pecho, inhalando lento y reteniendo el aire un largo tiempo antes de exhalar.

Se internaron en el meollo de la cuestión, rodeados de pronto por un buen número de civiles que habían asistido al espectáculo. La mayoría miraba con admiración y ojos cansados. Pronto partirían a casa para cerrar el día.

—¡Para cerrar el espectáculo, tenemos un último acto colectivo! —anunció la mink—. ¿Están listos para la sorpresa?

Lengua, tras agitar la mano tratando de llamar la atención de Megas, se señaló los ojos y después hacia los bailarines. «Vigilalos», era el mensaje implícito.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Alex Arceo - 15-06-2026

El parloteo parecía épico, de hecho, uno al borde de las lágrimas parecía que empezaría a aplaudirle al otro ¿Qué demonios decían? Obviamente Alex los vigilaba de reojo, la curiosidad era grande pero no habría nada mas que eso, no importaba cuanto lo deseara.

Realmente veinticinco metros le daban una visibilidad gigantesca, básicamente podría ver a que nos enfrentaríamos en la siguiente oportunidad, un crujido alertaría al muchacho y el eco le traerían ideas a la cabeza del gigante que pronto fueron confirmadas por la voz de uno de los dos sujetos que decía su apodo…miro al otro que señalaba que escuchara, pero ¿escuchar qué? Al fondo y quizá al frente había un… ¿circo? Era extraño, como que si no se hubiera planeado en la ruta... ¿era un rehén peligroso? Claro que sí, cualquiera hiciese una treta suficiente para poderlo liberar, quizá… esos eran sus compañeros.

Un gyojin…. Una mink… y un ¿travesaño? Esa voz grave hizo que los ojos de Alex se abrieran como platos, clavo la mirada en la sospechosa o debería decir ¿sospechoso? El chico apretaría el puño donde tendría el guante y escudo puestos a la diestra, pero luego alcanzaría de reojo a ver la seña de uno de lo sujetos…. ¿eh? Miraría de nuevo, así, a los que ya veía… tensaría el puño y sobre todo aquel brazo.

Solo había una cosa que Alex podría hacer para zafarse de esta y claro… no era un método muy “justo” para todos, después de todo… explotar al preso no era la mejor idea ¿o quizá sí?

El gigante malabareaba aquellas ideas como aquellos que seguramente estaban en ese circo, ciertamente el gigante era como un niño pequeño cuando se trataba de estas cosas, el gigante se motivaba por la idea de la batalla, pero en este caso, existían momentos en los que realmente de deseaba evitar el confrontamiento y aun cuando lo entendía, realmente lo repudiaba.

Pero aun así, seguía el avance, puesto que la mision apenas comenzaba.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Enji - 20-06-2026

La caravana atravesó la calle. O lo intentó.

—¿Qué demonios…?

Una sacudida repentina puso a todo el personal de seguridad alerta. La carreta se detuvo en seco, inclinándose ligeramente hacia adelante para luego caer fuerte hacia atrás presa de la inercia que traía. Los marines saltaron de sus lugares, unos por la sorpresa, otros por la falta de equilibrio. Dientes y Lengua estaban en ese último grupo, pues, al ir de espaldas al frente, el repentino freno los pegó al asiento y el latigazo los tiró al suelo. Dientes se levantó antes que Lengua, lamentando nada más que un raspón en la rodilla y una herida en el labio.

—¡Eh! ¿Qué carajos pasó?

Se asomó hacia el frente, pidiendo explicaciones a quien tenía la rienda de los caballos.

—¡Un tipo se tiró frente a la carreta! —exclamó un compañero desde la parte delantera de la carreta—. Carajo, creo que le fracturó la pierna la rueda… ¿Qué demonios estaba pensando?

Desde la privilegiada posición del gigante, todo había ocurrido muy rápido. Uno de los tantos hombres que paseaban en torno a los tres bailarines, de pronto y sin aparente motivo, desvió su camino y saltó delante de la carreta. No hubo gritos, nadie lo empujó. El tipo simplemente giró sobre sí mismo, miró la carreta y saltó. Nadie tuvo la capacidad de reaccionar, pues nadie le prestaba demasiada atención siendo una persona común y corriente hasta el último momento. Nada lo haría sospechoso.

Ahora estaba bajo la carreta, sujetándose la pierna con una fractura expuesta a la altura del muslo.

Lengua y Dientes, los dos guardias que hasta entonces cuidaban la retaguardia, rodearon el carro y se acercaron al hombre herido. En parte, para socorrerlo; en parte, para averiguar que lo había llevado a saltar así ( porque definitivamente no se había caído ) y descartar que se tratase de alguien interesado en su prisionero.

De pronto, más movimiento.

Las muchas personas que hasta entonces ocupaban la zona, dispersas, saltando de un espectáculo a otro, se coordinaron para voltear todas a la vez en dirección a la carreta. Con su increíble visión, el gigante se percató del momento justo en que todo mundo desvió su atención y se centró en ellos. Y así como giraron, empezaron a moverse. Primero, caminando. Después corrieron. Todos a la vez. Hombres, mujeres y niños empezaron a asediar el carro, sujetándolo y meciéndolo de lado a lado a fuerza de empujones extrañamente coordinados.

—¿Qué está pasando?
—¡No tiene sentido! ¡Conozco a la mitad de ellos!
—¡Reduzcanlos! ¡No podemos permitir esto! Así sean sus putisimos primos.

Órdenes cruzadas se dispararon. Algunos marines guardaron las armas y empezaron a forcejear, otros se atrincheraron a cada lado de la jaula para impedir el paso a cualquiera que quisiera intentar acercarse a los candados que contenían al preso. Dientes y Lengua estaban forcejeando, por momentos con la gente, por momentos entre ellos.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Alex Arceo - 25-06-2026

Nuevamente, era curioso como las palabras se lanzaban de un lado a otro, el gigante entendía que aquello marcaba el inicio, pero la altura era monstruosa, era chistoso como los pequeños sujetos intentaban algo mientras una montaña seguía el “convoy”, ¿eran ciegos? El gigante flexionaría un poco las rodillas, no tanto, lo suficiente como para que su puño tuviera alcance…

Las personas que los rodeaban ahora girarían tétricamente hacia los sujetos, era claramente algo organizado, no había duda, era claro su intención aun sin palabras… Alex sonrió.

No sé si alguien pondría atención, no se si realmente estaban consientes de lo que estaban atacando o si la presencia del monstruo no les hacia sentir nada… pero estaba seguro de que lo siguiente llenaría de terror sus corazones…

La palabra “redúzcanlos” no tendría sentido para el gigante, pero seria cómico… por que al mas cercano de los que asediaban, le llovió un puñetazo que le abarco todo el cuerpo, queda demás decir que, si no quebró completamente al humano, si lo dejo como calcomanía en el suelo… y ese era el primero.

El gigante como si fuera una metralleta sin remordimiento ni placer, tiro una andanada de puñetazos al suelo aplastando a los enemigos con golpes secos que harían no solo temblar el “suelo”, si no quizá a los corazones de los observadores, con precisión clínica ubico a los que no eran parte de la caravana de la guardia del preso y uno a uno, si no perecieron bajo el meteorito llamado “ostia”, si dejaron una huella de su humanidad en aquel sucio lugar.

Los mas complicados fueron los sujetos que peleaban con los compañeros, puesto que para lanzar el meteorito espero un poco a que se separaran para no dañar a sus amigos marines… sus ojos no perdían de vista lo que debía resguardar, no dudada, pero de ser necesario y de no tener otra opción, el mismo ejecutaría al que tendría destino de muerte si no tendría de otra… no dejaría que se lo llevaran


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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Enji - 27-06-2026

Los puños llovieron desde el cielo y sus golpes retumbaron en la tierra como retumban los truenos en mitad de la tormenta. Uno a uno, los diez hombres y mujeres que atacaron repentinamente la caravana fueron reducidos a meras figuras estampadas en el suelo, caricaturas de su apariencia original que besaban el adoquín de la calle. Arceo sintió en sus nudillos la peculiar y perturbadora sensación de crujido cuando el peso de su brazo alcanzaba a fracturar algún hueso, o doblar una articulación en la dirección equivocada. Plaf, plack, splur, cómo insectos siendo pulverizados, las personas quedaban enterradas bajo sus puños.

Una cosa era cierta, y bien hacia el marine en notarlo: nadie, hasta entonces, lo había señalado, cosa extraña teniendo en cuenta su tamaño. Ni siquiera los niños, impresionables por naturaleza y desinhibidos, lo miraron. Ni una sola mirada se fijó en él.

¿Quién podría ignorarlo de esa formaa un hombre de más de veinte metros de alto.

—¡Eso, Megas! ¡Dales duro! ¡Bahahaha!

Lengua y Dientes celebraban la lluvia de puños, uno de ellos más aterrado que sorprendido, y el otro, eufórico, completamente admirado de la forma en que Arceo hundía a las personas en el suelo como si fueran cucarachas.

La amenaza caía junto con los cuerpos de los civiles inconscientes. Todos incapacitados, ninguno —por fortuna—, herido de gravedad, aunque hubo dos de ellos que se sintieron diferente en los nudillos del gigante. Esa diferencia se podía comparar a cuando confundes una pulga con una pequeña piedra, tratas de aplastarla y se te astilla la uña. Cuando el asedio terminó, ocho personas estaban tiradas, completamente quietas, inertes, noqueadas por completo. Dos de ellas, sin embargo, todavía se movían. Aunque aturdidas, ambas se levantaron prácticamente a la vez y sacudieron la cabeza.

—¿Qué carajos fue eso? ¿Tomaron la patente del camión? Dios…
—¡Hijo de… puta! Me duele la cabeza.

Las dos siluetas, vistas más de cerca, resultaban familiares para el gigante. Aunque, para él, probablemente lo más llamativo sería la particularidad voz de una de ellas, que no se correspondía precisamente con su apariencia femenina. Un vistazo a los escenarios improvisados en cada esquina de la intersección le daría noción de que los artistas habían abandonado su lugar predilecto y ahora, camuflados entre el resto de la gente, se habían logrado acercar a la caravana. Dos de ellos fueron alcanzados por sus puños. ¿Dónde estaba el tercero?

—¡Cariño! ¿Por qué tan rudo? ¡Invítame una copa primero!

La morena de voz gruesa levantó la mano para saludar al gigante  y su acompañante, la mink guepardo de pelaje morado, le dió un golpe detrás de la nuca.

—No seas promiscua, Saru —reprendió.

—Hm, no me dejan ser.

Al mismo tiempo, la caravana se elevó repentinamente en el aire. Lengua y Dientes chillaron y se sujetaron a las enormes ruedas de madera pero, incluso con lo pesado que era Dientes, su peso pareció no hacer la diferencia. La carreta se levantó en el aire y reveló que debajo, el gyojin de enormes mandíbulas se había colado aprovechando la distracción. Ahora sostenía la carreta entera sobre sus hombros y no se le veía esforzado en esa proeza.

—¡Lo tenemos, sensei! —exclamó, orgulloso, ante la incrédula mirada del dúo marine y bajo las narices del mismísimo Arceo. Después, contra toda lógica, empezó a correr calle abajo cargando la carreta.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Alex Arceo - 27-06-2026

Los ojos del gigante lo creas o no estaba clavados mayormente en el carruaje, definitivamente tener tus ojos a veinticinco metros de altura como si fueras un helicóptero sobre todo cuando enfocabas la mirada al máximo de tu capacidad se dio cuenta sin lugar a duda del movimiento, quizá no del Gyojin pero si del extraño momento.

Definitivamente el frio acero de sus nudillos sintieron como dos de aquellos diez personajes resistieron el embate, todo pasaba rápido, pero lo más curioso era la alta grosería que le estaban realizando al monstruo ¿de verdad le ignoraban? Era como que si la gran sombra de montaña que el daba no les importara en lo más mínimo.

El gigante tendría pleno espacio y plena distancia, las chicas que jugueteaban después de recibir el puñetazo se juntaron casi a cuerpo a cuerpo para “hacerse una broma”, una lástima… en ese momento cuando la otra le dio en la nuca y se distrajeron, un puño a una velocidad vertiginosa las clavaria a ambas al suelo, pero esta vez… no era tan sencillo… BOOOOOOOM

No sería cómico para el gigante, quizá para el observador promedio si lo fuese… pero el monstruo estaba cabreado, ignorarle era una grosería que les haría pagar… el otro que al momento no era algo que el gigante supiera en sí, sentiría que el carruaje se volvería más “ligero”, quizá sonreiría y atribuiría aquello a su fuerza… pero nada mas alejado de la realidad, seria la mano del gigante que había tomado el carruaje por el cielo, seguramente incapaz de verse por parte del Gyojin.

Alex sacudiría el carruaje tan bruscamente que su plan era que lengua y dientes cayeran para luchar… ¿se quedarían siempre en el carruaje? Además, lo que iba a realizar era peligroso, necesitaba que se bajaran… básicamente si el Gyojin no se soltaba, iniciaría a subir… y subir… y subir… te aseguro que, a la altura de veinte metros, eso ya no sería chistoso.

Suspiro, daría unos pasos atrás, necesitaba tener en visión a las que seguramente se levantarían de la explosión y necesitaba poder observar todo.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Enji - 29-06-2026

El gigantesco puño de Arceo cayó, como un meteoro, sobre las cabezas tanto de Paru, la mink guepardo, cómo de Saru, la morena de la voz gruesa y el lunar en el labio. Por segunda vez en una absurdamente pequeña ventana de tiempo, ambas quedaron aplastadas contra el suelo, convertidas en cómicas figuritas, y lo que el gigante esperaba escuchar como una gran explosión producto de su poderosa Akuma no Mi… resultó ser un gas, una flatulencia que escapó teatralmente de una de las dos. Para y Saru se miraron, las dos en el suelo, y asintieron en complicidad.

Ninguna estaba en posición de acusar a la otra.

Mientras tanto, Taru estaba en una situación peculiar. Acababa de levantar la carreta pero de pronto la sentía más ligera de lo que debía, demasiado ligera, prácticamente ingravida.

—¿Ah? ¿Qué carajo…? —El gyojin alzó una ceja, confuso, pero antes de que lo separasen del suelo dió un tirón y arrancó de la mano de Megas el vehículo—. ¡Trae para acá!

Aterrizó de nuevo en la acera, flexionó las rodillas para contener el impacto del peso extra sobre sus hombros, se dio la media vuelta y, ahora sí, empezó a correr calle abajo, rumbo al muelle, sin parar. En ningún momento siquiera atinó a darse la vuelta ni mirar a sus compañeras.

—Hmm, que poco elegante… aunque te podría perdonar, los grandotes son TOTALMENTE mi tipo.

—Saru, ya cállate.

A la vez que el gyojin escapaba, las dos féminas que permanecieron en el lugar empezaron a moverse. Se habían levantado del suelo, las dos a una velocidad apabullante, y cerraban distancias con el gigante. La mink hacía un ruido prácticamente nulo con sus pasos mientras que Saru, por su parte, era protagonista de todo un escándalo a causa de sus zapatos de tacón, que maltrataban el asfalto con golpes secos y duros.

—¡Vamos! —exclamó Saru—. ¡Hasta el gran final!

La morena saltó y desenfundó en el aire una espada corta que traía oculta dentro de las altas botas de cuero negras. Alcanzó la pierna de Arceo y realizó un corte horizontal a la altura de la pantorrilla.

—¡Este no va a ser mi final! —replicó Paru, atacando con sus garras en el mismo lugar. Su movimiento fue mucho más rápido que el de Saru, convertida en un borron de velocidad al desplazarse hacia el gigante. Al caer, se alejó dos pasos hacia atrás, al igual que Saru, y aguardaron juntas, en guardia, la represalia del gigante.

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RE: Guardia del invierno | P.R | T2 - Alex Arceo - 11-08-2026

En aquel momento de decisión parecería que su esfuerzo fue declinado por intervención divina, puesto que lo que había sucedido personalmente lo encontraba “extraño” cuando menos, aquel puño fue débil en cuanto a impacto, pero relativamente duro en cuanto a embate.

Y posterior a eso el intento de robar el carruaje pareció que fue fútil, la verdad era que el gigante encontraba alta frustración en lo sucedido, tanta que se podría decir que había perdido la motivación para continuar… pero ¿eso no era posible o sí?

Realmente debía seguir o si no… ¿Dónde estaban esos malditos del carruaje? Eran maldito escombro y si así eran las cosas… un corte en su pierna y luego un golpe seco, aquello no hizo más que enardecer el gran enojo que el gigante sentía, sin más, sin dudar daría un paso y respirando hondo cargaría toda su energía en el cuerpo, el sentimiento fue relajante en cuanto logro sellar el trato… entre cerraría los ojos ubicando a la infractora y apuntándole con todas las de la ley, a su espalda directamente a la cabeza, una gran patada seria lanzada contra su persona… aquello no seria un simple embate blanco, sería una brutal explosión combinada con fuerza hacia aquella dama que ostentaba aquella vista de gatubela.

Y ahora seguramente con la distracción que seria ver a su compañera brutalmente violentada por una explosión, el gigante bajaría el cuerpo y lanzando su “garra” atraparía de cuerpo completo a la espadachina, la azabache seria tocada por la gloria del gigante y este le “elevaría” …. El que cargaba aquello parecía realmente ser lentísimo sobre tierra, por lo que a la par de presionar la mano con la que apresaba a la dama de la espada para intentar no solo frenarla si no también asfixiarla, iniciaría su “avance”.

La distancia en la que se movía aquel personaje era muy poca, el gigante en cuestión de pasos alcanzo aquello.

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