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¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama] - Versión para impresión

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¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama] - Roger Rabbit - 11-06-2026

Dia 28 de Invierno, año 17 | Baltigo - Base de la Armada Revolucionaria

Tres días, completos en Baltigo y ya comenzaba a notar un patrón bastante familiar, las personas llegaban, conversaban conmigo, me sonreían y luego, tarde o temprano, encontraban alguna excusa para marcharse, no los culpaba, bueno, quizá un poco sí, pero los entendía. —¡Y ENTONCES LES DIJE QUE SI EL GOBIERNO MUNDIAL NECESITA TANTOS SECRETOS PARA FUNCIONAR, QUIZÁS EL PROBLEMA SEA EL GOBIERNO Y NO LA INFORMACIÓN!— El revolucionario frente a mí asintió una vez y después aprovechó el paso de otro compañero para desaparecer entre las construcciones de Baltigo.
 
Lo observé alejarse. —Y se fue. — Tomé un sorbo de mi jugo de zanahoria. —Otra víctima de la falta de compromiso con el debate público. — Era una constante desde que había llegado. Baltigo era exactamente todo lo que había imaginado durante años revolucionarios por todas partes, entrenamientos, reuniones, operaciones, informes, agentes regresando de misiones imposibles, personas provenientes de decenas de islas distintas, era fascinante, cada individuo tenía una historia. Cada conversación escondía información, cada rincón parecía formar parte de algo mucho más grande y lo único que yo quería era enterarme absolutamente de todo. El problema era que nadie parecía compartir ese entusiasmo o al menos no durante más de veinte minutos seguidos. —¡OYE TÚ!— Señalé a un hombre que pasaba cargando documentos. —¿De qué mar vienes? ¿Cuántas bases del Gobierno Mundial hay allí? ¿Cómo está la situación política local? ¿Hay movimientos de resistencia activos? ¿Qué opinas sobre la descentralización del poder administrativo? — El hombre aceleró el paso.
 
—Tengo trabajo. — Se limitó a responder mientras caminaba aun mas rápido.  —¡ESO ES EXACTAMENTE LO QUE DIRÍA ALGUIEN QUE TIENE INFORMACIÓN IMPORTANTE!— Mis orejas se movieron mientras lo veía desaparecer, suspiré porque no era fácil. Toda mi vida había querido llegar allí, había pasado años intentando llamar la atención de la revolución, soñando con el día en que finalmente caminaría entre sus filas y ahora estaba sucediendo, me encontraba en Baltigo. El corazón de todo, el lugar donde nacían las decisiones que hacían temblar gobiernos enteros. ¿Cómo se suponía que iba a quedarme callado? ¿Cómo esperaban que no hiciera preguntas? ¿Cómo podían no querer hablar de ello? Me encontraba sentado sobre una caja de suministros cuando una sonrisa terminó apareciendo sola en mi rostro.
 
Porque incluso si todos terminaban alejándose, incluso si me evitaban en los comedores, incluso si algunos revolucionarios cambiaban de dirección al verme acercarme yo estaba allí y tarde o temprano alguien tendría que escucharme porque el cambio no se construye en silencio y porque si nadie quiere escuchar un discurso de tres horas sobre los problemas estructurales del mundo  entonces claramente todavía queda mucho trabajo revolucionario por hacer, mi conclusión me pareció perfectamente razonable, probablemente porque había sido yo quien la había formulado.
 
Entonces lo vi. No era un revolucionario cualquiera cruzando la base. Era Kisuke Kageyama, uno de los cinco comandantes. Uno de los hombres que literalmente ayudaban a dirigir la revolución en ese momento mi cerebro dejó de funcionar con normalidad. Mis piernas tomaron el control. —¡HOOOOLA SEÑOR KISUKE!— Atravesé media explanada prácticamente trotando hacia él, obligando a varias personas a apartarse de mi camino mientras mis enormes orejas se agitaban detrás de mí. —¡Yo soy Roger! ¡Roger Rabbit! ¡Vengo del South Blue! ¡Es todisimo un placer conocerlo, hablarle y respirar el mismo aire que usted! — Llegué a su lado sin reducir realmente la velocidad de mis palabras. —Me han contado muchísimas historias sobre usted. Bueno, no tantas porque técnicamente nadie me cuenta nada y normalmente tengo que escuchar conversaciones ajenas para enterarme de las cosas, pero igual cuentan.  — Tomé aire más por costumbre que por necesidad.
 
—Escuché por ahí que peleó contra un almirante. ¿Es cierto? Porque si es cierto tengo muchísimas preguntas. Bueno, no muchísimas, sí muchísimas. Definitivamente muchísimas. ¿Cómo fue? ¿Ganó? ¿Perdió? ¿Le dio miedo? ¿Los almirantes realmente son tan fuertes como dicen? ¿Qué se siente pelear contra alguien capaz de cambiar el curso de una guerra?— La pregunta inicial había quedado enterrada bajo una avalancha de otras como siempre, pero no me detuve. —¡Ah! Y otra cosa. ¿Cómo llegó a comandante? Porque llevo años intentando llamar la atención de la revolución y sinceramente creo que tengo potencial. Mucho potencial. Bueno, quizás demasiado potencial. Algunos compañeros dicen que hablo demasiado, pero yo sostengo que el verdadero problema es que ellos escuchan demasiado poco.— Asentí convencido de mi propia lógica.
 
—¿Usted qué opina? Porque personalmente creo que una revolución necesita más comunicación. De hecho, si me permite decirlo, creo que la mayoría de los conflictos del mundo podrían resolverse si las personas hablaran más entre ellas. Excepto los nobles corruptos, claro, a esos probablemente haya que golpearlos un poco antes.— Hice una pausa, probablemente la primera en varios minutos, lo observé con una enorme sonrisa en el rostro esperando una respuesta, cualquier respuesta porque por primera vez desde que había llegado a Baltigo, tenía delante a alguien que seguramente poseía suficientes historias, secretos y experiencias para alimentar mi curiosidad durante semanas enteras y por el brillo en mis ojos resultaba bastante evidente que pensaba averiguarlas todas.


RE: ¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama] - Kisuke Kageyama - 11-06-2026



La estancia en Báltigo estaba siendo de lo más fructífera. Había compartido y departido con sus camaradas, había conocido a muchos jóvenes prometedores y había ampliado su escuadrón, que estaba bajo mínimos de personal desde lo de Mogaro. No obstante tenía prevista su salida para el día siguiente al amparo de la noche, puesto que no quería dejar mucho tiempo Mogaro mientras aún estaba todo en construcción. Además tenía ganas de empezar a instruir y pulir las joyitas que había adquirido, aunque no pudo evitar sonreír irónicamente al recordar la escena el día anterior en su despacho con ellos y como le habían impactado sus diversas personalidades y excentricidades. Se levantó del váter y tiró de la cadena, siguiendo su ritual mañanero, y se prendió un cigarro tras lavarse las manos. Salió del baño y se encaminó a la cantina.

"Cuando se vacía el depósito, hay que volver a llenarlo... kuhahahaha..."

En la cadera llevaba prendidas su katanas que se iban bamboleando con los pasos del antiguo pescador, y quería ver a Panda para ultimar los detalles de su partida. También quería hablar con Alhen para pedirle algún consejo para hacer su viaje lo más seguro posible, teniendo en cuenta que tendrían que cruzar de nuevo la Red Line por la Isla Gyojin. El mink parecía muy contento con lo que se habían encontrado en esta, su segunda, estancia en Báltigo; seguramente por la mucha mayor cantidad de revolucionarios allí presentes y de que sentía que el movimiento por el que estaba dispuesto a darlo todo, seguía creciendo y ganando poder poco a poco. Kisuke se sentía parecido, aunque no era un amor tan desmedido como el que profesaba Panda por la causa, pero si era más racional y bien cimentado en todas sus vivencias a lo largo de su vida, tanto en Ballywood como a lo largo de su viaje.

"Al final no importa el motivo por el que se encuentren aquí, si no la voluntad y la convicción de querer cambiar las cosas..."

Como venía siendo habitual desde que llegasen y se le "presentase" en el evento inicial de aquella reunión, un joven mink conejo se le acercó efusivamente, quizá más de lo que a Kisuke le hubiese gustado, pero tenía una posición y entendía que los jóvenes entusiastas se comportasen de aquella manera. No obstante la "simpatía" natural del antiguo pescador salió a relucir ante aquella avalancha de palabras que el joven, con toda su buena intención y admiración, había abordado al Comandante. Levantando las manos le miró con el ceño fruncido.

-Echa el freno madaleno, que si me haces tantas preguntas en menos de un minuto no te voy a poder responder a todo, peluchito...kuhahahaha... Apenas he escuchado que eras del South y que te llamabas Roger, ¿verdad?

Trato de quitarle hierro al asunto con su risa estridente, y esperaba no haberse pasado de borde, pero al final era su naturaleza y eso no era algo fácil de cambiar, hasta con Alhen tuvo su momento antes de saber que era "su jefe". Se rascó la cabeza intentando recordar algo de lo que le hubiese dicho aquel joven con su entusiasmo fogoso. Había mencionado al Almirante, lo cual no le extrañó, era muy habitual que le preguntasen por aquello. Bajo su punto de vista le daban demasiado bombo cuando ellos eran tres y encima sobrevivieron porque llegó el Yonkou Murray con ganas de fiesta a Sabaody y se tuvo que marchar. Si bien es cierto que consiguieron darle cierta pelea, Kisuke recordaba claramente que aquel muchacho no había ido en serio a por ellos, porque no quería matarlos, pero bueno, al final estas cosas siempre pasan cuando suceden eventos de este calibre.

-Si me enfrenté a Dimípalo, aunque no solo, estaban conmigo dos piratas en aquel momento y solo luchando los tres pudimos hacerle frente y sobrevivir hasta que por azares del destino Akahige apareció en Sabaody y dejamos de ser la presa más interesante y se marchó, aunque intercambiamos heridas, eso si.-se levantó la camiseta para enseñarle la cicatriz que cubría su pecho de lado a lado provocado por un ataque del Almirante. -Así que supongo que puedes hacerte una idea de lo fuerte que es ese perro del gobierno, y eso siendo un criajo no mucho mayor que tú...

Después dijo algo que no le sorprendió, referente a si mismo y ese entusiasmo desmedido que parecía mostrar. El antiguo pescador pensó que era una buena oportunidad para sacar a relucir sus dotes como instructor.

-Ya veo que tienes potencial, pero eso no significa que llegues a tu objetivo. No quiero desanimarte, pero he conocido muchos buenos hombres con gran potencial, que se han ido quedando en el camino.

Dio una nueva calada a su cigarro buscando la mejor manera de explicarle a aquel muchacho lo que quería y el antiguo pescador consideraba que necesitaba oír. Sabía bien lo que significaba estar en la Armada Revolucionaria y lo que implicaba estar en aquella causa.

-¿Quieres saber como llegué a Comandante? Con esfuerzo, mucho esfuerzo, y rodeándome de compañeros increíbles que me complementan y me ayudan siempre que lo necesito. No es malo tener ambición, pero aquí no estamos por gloria ni por ambición, estamos para ayudar a los oprimidos y liberar al pueblo. Yo no tenía como objetivo llegar a donde estoy, nunca aspiré a mandar, pero las circunstancias me han traído aquí y por el honor y el esfuerzo de mis compañeros y mío propio doy lo mejor de mi mismo, acorde a mi posición.

Lo siguiente que había dicho no le gustó mucho a Kisuke. El ego nunca es bueno y menos si se está en una causa como la suya, aunque el antiguo pescador pensó que se debería a que por su personalidad se encontraba demasiado solo. Al final aquella mañana estaba resultando muy interesante y quería ayudar a aquel joven a tomar el camino correcto.

-Yo te digo que si, hablas demasiado... Aunque quizá eso no sea del todo correcto, debería decir demasiado rápido. Pero esto métetelo en la cabeza si quieres progresar en la Armada. El autorreconocimiento está bien, pero no se debe olvidar nunca que el reconocimiento viene de los demás así que siempre es bueno escuchar lo que te dicen los demás.

Esperaba que el joven entendiese aquellas palabras. Kisuke siempre había tratado de manera igualitaria a sus compañeros y de hecho se sorprendió cuando le dieron primero el mando del escuadrón y luego le nombraron Comandante, porque él sabía que Panda o en su momento Zorak tenían más potencial o poder que él, siempre dentro de la igualdad de fuerza que habían tenido. Lo último que había dicho si que le pareció más acertado, porque el mismo había sufrido por esa falta de comunicación durante mucho tiempo.

-En eso si te doy la razón, Duracell, necesitamos mejorar nuestra comunicación, es un buen punto a trabajar. Y lo sé muy bien porque lo he sufrido en mis carnes. Así que dime, ahora que ya he conseguido, creo, contestar al alud de cosas que me has dicho, ¿necesitas algo de mi?

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RE: ¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama] - Roger Rabbit - 13-06-2026

—Perdone, señor Kisuke.— Dije levantando ambas manos en señal de rendición cuando el comandante logró detener aquella avalancha de palabras que amenazaba con convertirse en otro discurso de media hora. —Mi mamá siempre me dijo que tengo hiperactividad, pero yo nunca le creí. Creo que simplemente tengo muchas ganas de saber cosas.— y era verdad o al menos esa era la explicación que yo prefería, porque mientras Kisuke hablaba, tuve que hacer algo que rara vez hacía de manera consciente, quedarme callado. Mis orejas permanecían erguidas, mis brazos cruzados detrás de la espalda, incluso mi pie dejó de golpear el suelo durante unos segundos, todo mi esfuerzo estaba concentrado en escuchar y valió la pena, porque las historias que salían de la boca del comandante parecían imposibles, un almirante, había peleado contra un almirante. No solo eso, había necesitado la ayuda de otros dos piratas poderosos para hacerle frente. Mi mente intentó imaginarlo.

Los mares rugiendo, las explosiones, la destrucción, tres hombres enfrentándose a una de las armas más poderosas del Gobierno Mundial y aun así sobreviviendo para contarlo, mis ojos brillaban con una admiración imposible de ocultar, por un instante comprendí algo importante yo hablaba mucho sobre la revolución, muchísimo, hablaba de ideales, ce cambios, de corrupción, de libertad, pero frente a mí estaba alguien que había vivido aquello de verdad, alguien que había puesto el cuerpo donde otros solo ponían palabras, las preguntas dejaron de intentar salir atropelladamente de mi boca, no porque hubieran desaparecido. Al contrario, ahora tenía más preguntas que antes, miles, quería saber cómo había sido aquella batalla, qué sintió, qué había aprendido, qué errores cometió, qué debía hacer alguien como yo para algún día estar a esa altura, pero algo dentro de mí entendió que aquel no era el momento.

Mi padre siempre decía que quien mucho abarca, poco aprieta, quizás escuchar también era una forma de aprender, quizás incluso una necesaria, así que simplemente asentí varias veces mientras el comandante terminaba de hablar. Una sonrisa enorme apareció lentamente en mi rostro. —Entiendo— y por una vez aquella palabra fue sincera. No porque entendiera la magnitud de una batalla contra un almirante, probablemente estaba a años luz de comprender algo si quiera parecido, pero sí entendía una cosa y es que quería llegar tan lejos como él, no por fama, no por poder, sino porque si hombres como Kisuke estaban arriesgándolo todo para cambiar el mundo, entonces la revolución era aún más grande de lo que había imaginado.

Y eso solo consiguió que quisiera formar parte de ella con más fuerza que nunca, aunque, siendo honestos, me estaba costando una barbaridad no hacer otras veinte preguntas. Mis orejas temblaban, mi pie volvía a moverse inquieto y sentía las palabras acumulándose detrás de los dientes como una presa a punto de romperse, pero resistí, al menos durante unos segundos. Las respuestas del comandante se quedó dando vueltas dentro de mi cabeza más de lo que me habría gustado admitir, normalmente, cuando alguien me daba un consejo, yo encontraba la forma de responder con tres opiniones, dos preguntas y algún discurso improvisado sobre la revolución, pero esta vez no. Esta vez estaba pensando, pensando de verdad porque Kisuke no me había hablado de fuerza, no me había hablado de fama, ni siquiera de victorias. Había hablado de compañeros, de personas, de rodearse de individuos capaces de cubrir las debilidades de uno mismo.

Y siendo completamente honesto conmigo mismo, tenía unas cuantas, quizás más de las que me gustaba admitir. —Señor Kisuke, yo soy un orador.— Comencé diciendo con una sonrisa algo más moderada de lo habitual. —Y quizás parezca que solo soy eso, pero también puedo pelear, levantar un grupo y hacer cosas. No quiero ser únicamente el sujeto que da discursos mientras otros hacen el trabajo difícil.— Mis enormes orejas se movieron ligeramente mientras hablaba. —Por eso quisiera preguntarle si sabe de algunos compañeros a los que pudiera unirme. Porque usted mismo dijo que para llegar a ser como usted hay que rodearse de buenos compañeros que complementen a uno.— y era cierto, yo podía hablar con cualquiera, podía inspirar, podía convencer y podía correr hacia un problema sin pensarlo dos veces, pero también era ruidoso, impaciente, terriblemente incapaz de pasar desapercibido y aunque jamás lo admitiría en voz alta delante de la mayoría de personas, sabía perfectamente que alguien como yo necesitaba aliados.

Alguien que supiera observar cuando yo hablaba, alguien que pensara cuando yo actuaba, alguien que recordara nombres, porque yo claramente no era ese individuo, solté una pequeña risa. —Además, si sigo intentando hacer todo solo, probablemente terminaré secuestrando accidentalmente a un noble equivocado o iniciando una revolución en una isla donde ya exista una revolución.— Lo peor era que aquello sonaba perfectamente posible, por un momento desvié la mirada hacia los revolucionarios que caminaban por Baltigo esos hombres y mujeres de todos los mares, de todas las edades, de historias completamente distintas y comprendí algo que hasta entonces nunca me había detenido a considerar. Durante años había intentado llamar la atención de la revolución, pero nunca había pensado demasiado en conocer a la revolución, no de verdad, no como una organización formada por personas, quizás esa era la diferencia entre escuchar conversaciones ajenas y escuchar a los demás.

Lo primero servía para obtener información, lo segundo servía para entenderla, solo entonces volví a mirar al comandante y una sonrisa regresó a mi rostro, mas tranquila y sincera que antes. —Creo que empiezo a entender lo que quiso decir.— Admití. —Porque uno puede tener ideales, fuerza o determinación, pero si no tiene a nadie a su lado, termina siendo solo una voz gritando contra una tormenta, porque un conejo rara vez sobrevive mucho tiempo estando solo.—

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RE: ¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama] - Kisuke Kageyama - 13-06-2026

Kisuke se relajó un tanto ante la respuesta del joven mink. Apoyó su mano en la empuñadura de su katana mientras escuchaba al muchacho con gesto de aprobación. Parecía que lo tenía presente, que sabía bien lo que implicaba estar allí, y, su discurso anterior, se debía a su soledad y a su personalidad apasionada. Eso eran cosas más sencillas de corregir y con la actitud adecuada, no cabía duda que iba a lograr hacerse un hueco en la Armada Revolucionaria.

-Bien, eso es bueno que lo entiendas. Las palabras están bien, ayudan a reforzar nuestra convicción, pero si no van acompañadas de acciones, esas palabras son arrastradas por el viento y se disipan.

Parecía realmente consciente de aquello que le había dicho sobre no tratar de hacer todo solo, que se rodease de compañeros que le valorasen y que el los valorase, gente para apoyarse y para remar todos juntos. Al final aunque uno tenga mucho poder individual, si no tiene compañeros con quien compartir, la causa se diluye y se vuelve algo basado en el ego, en uno mismo, y la Revolución lo que busca es, por encima de todo, libertad e igualdad para todo el mundo, con lo que no es algo que pueda hacer una sola persona.

-Eso es, la base de cualquier revolución contra un sistema opresor siempre va a ser la lucha colectiva, porque los que ejercen el poder y oprimen al pueblo siempre van a ser menos en cantidad que los oprimidos, por lo que hay que conseguir que la gente despierte y aspiren a mejorar sus vidas.

Hizo una pequeña pausa.

-También es cierto que no todos tienen el poder para luchar, por eso es importante que los que si lo tenemos nos unamos y organicemos para ir juntos en la misma dirección. Y de ahí el motivo de esta reunión en Báltigo, ¿entiendes?

Se rascó la cabeza reflexionando. No estaba seguro de si sería la mejor de las ideas, pero teniendo en cuenta de que venían del mismo mar, podría ser una buena idea. Quizá aquellos jóvenes y tiernos brotes pudieran hacer la diferencia en el futuro por lo que, como Comandante, también era su deber que fuesen por el camino correcto y ser una guía en cierto sentido para ellos.

-Precisamente ayer, conocí a un chaval que puede que te interese conocer. Le pasa un poco como a ti y necesitaba rodearse de gente, así que podéis hablar para ver si quizá te interesase unirte a él y colaborar par hacer crecer la llama de la revolución en el South.

De nuevo hizo una pausa para que el joven sopesase las palabras que le acababa de decir.

-Su nombre es Kasui, y es un chiquillo un tanto introvertido y cerrado, puede que tu fogosidad y pasión le ayude a abrirse más y superar eso... Así como su manera de ser más calmada también te ayudará a ti a no ser tan brusco y sofocante... ¿No crees que podríais combinar y complementaros muy bien?

Kisuke tenía la esperanza de estar haciendo lo correcto, y creía que aquellas dos jóvenes promesas podrían ayudarse mucho mutuamente.



RE: ¿Ese es Kisuke Kageyama? P.R [Ft Kisuke Kageyama] - Roger Rabbit - 16-06-2026

Kisuke no era para nada lo que había imaginado, bueno, sí era fuerte. Sí tenía esa expresión seria que parecía capaz de hacer retroceder a un escuadrón entero con una sola mirada, pero detrás de todo eso había algo que no esperaba encontrar tan fácilmente, experiencia, no la experiencia de quien simplemente había peleado muchas batallas, sino la de quien entendía a las personas y eso era mucho más raro. Mientras escuchaba sus consejos me di cuenta de que no estaba intentando impresionarme ni darme una charla grandilocuente. Simplemente hablaba desde lo que había vivido, desde los errores que seguramente había cometido y las lecciones que había pagado con sangre, eso hacía que cada palabra pesara más.
 
—Las acciones son las que nos llevan a cumplir nuestro propósito, lo sé. — Respondí después de meditarlo unos segundos. Algo que, para mis estándares, equivalía prácticamente a una hora de reflexión. —Pero en un lugar como Briss a veces primero hay que hablar para que la gente despierte. Es lo que suelo hacer yo. — Mis orejas se balancearon suavemente mientras recordaba mi hogar, las calles, los mercados, las discusiones, la resignación que tantas veces había visto en los ojos de la gente. —Muchas personas ya saben que las cosas están mal, pero viven como si no hubiera alternativa. Como si la corrupción fuera algo natural, como si los abusos fueran simplemente parte de la vida. — Me encogí de hombros. —Por eso hablo tanto, bueno, es una de las razones por las que hablo tanto. — Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
 
—Porque cuando alguien empieza a cuestionarse las cosas, aunque sea por un instante, ya no vuelve a ver el mundo igual. Una pregunta puede convertirse en una conversación. Una conversación en una idea y una idea en una acción. — Aquello era algo en lo que creía con todo mi corazón, no porque lo hubiera leído en un libro, ni porque algún revolucionario me lo hubiera enseñado, sino porque lo había visto, lo había vivido. —Claro que también entiendo lo que usted quiere decir.— Continué hablando. —Porque de nada sirve dar el mejor discurso de la historia si después nadie hace nada con él. Las palabras pueden encender una chispa, pero alguien tiene que alimentar el fuego después. — y quizás esa era precisamente la lección que estaba intentando aprender, toda mi vida había estado convencido de que podía cambiar el mundo hablando.
 
Ahora comenzaba a entender que las palabras eran solo el principio, lo difícil venía después, construir, organizar, actuar, conseguir que otras personas caminaran contigo cuando terminara el discurso, miré nuevamente al comandante y asentí. —Supongo que por eso usted llegó a donde está y yo todavía estoy intentando averiguar cómo no espantar a todos los revolucionarios que conocen mi nombre. — La honestidad me obligó a añadir —Aunque para ser justos, creo que algunos se marchan porque hablan demasiado poco y yo demasiado bien. —  La sonrisa que siguió dejó claro que ni siquiera yo me creía completamente esa última parte. Pero tampoco iba a desperdiciar una oportunidad de defender mi reputación. Después de todo, si algún día quería despertar al mundo, primero tendría que conseguir que sobreviviera a una conversación conmigo.
 
Asentí varias veces mientras escuchaba las palabras de Kisuke, esta vez no porque estuviera impaciente por hablar, esta vez porque realmente estaba procesando lo que me decía. El comandante mencionó a otro revolucionario proveniente del South Blue. Alguien que, según él, tenía potencial. Alguien con quien quizás podría entenderme mejor de lo que esperaba. Alguien con quien podría trabajar para fortalecer la presencia de la revolución en nuestro mar natal y mi mente no salió disparada en diez direcciones distintas, sino que se concentró en un solo nombre. —Kasui— Susurré. El nombre se quedó flotando unos instantes en mi cabeza. South Blue, mi hogar, mii mar, las islas que conocía, la gente que había dejado atrás, los problemas que todavía seguían allí mientras yo me encontraba en Baltigo, quizás Kisuke tenía razón. Durante todo este tiempo había pensado en cómo destacar dentro de la revolución en cómo ascender, en cómo llamar la atención, en cómo convertirme en alguien importante, pero tal vez la pregunta correcta era otra. ¿Con quién iba a construir todo eso? Bajé la mirada unos segundos mientras meditaba la idea y luego sonreí, fue una sonrisa mucho más tranquila de lo habitual. —Creo que vale la pena darnos la oportunidad. — Dije finalmente. —Lo buscaré. — porque, siendo honestos, si alguien me hubiera dicho unos días atrás que debía unirme a otra persona, probablemente habría empezado a explicar durante veinte minutos por qué perfectamente capaz de convertirse en una fuerza revolucionaria por sí solo.
 
Ahora no, ahora entendía un poco mejor lo que Kisuke había intentado enseñarme, las revoluciones no las cambian individuos, las cambian grupos, personas distintas avanzando en una misma dirección. Un orador solo podía inspirar, un grupo podía transformar. Mis enormes orejas se movieron suavemente con la brisa mientras observaba el movimiento constante de Baltigo, no estaba pensando en el próximo discurso que daría, estaba pensando en la próxima persona que conocería. —Kasui— Repetí una vez más, intentando grabar el nombre en mi memoria antes de olvidarlo como me ocurría demasiado a menudo. —Sí, definitivamente voy a buscarlo antes de que mi cerebro decida reemplazar su nombre por algo como "el muchacho ese del South Blue".— Solté una pequeña carcajada y luego llevé una mano al pecho e hice una leve inclinación de cabeza hacia Kisuke. —Gracias, comandante.— y aquellas palabras tenían más peso del que normalmente les daba, porque no le estaba agradeciendo por hablarme de almirantes, ni por sus historias, ni siquiera por los consejos, le agradecía por algo mucho más importante, por haber logrado que me detuviera a escuchar. Aunque solo fuera por un rato.