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[Pasado] Los lazos que nos unen - Versión para impresión

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[Pasado] Los lazos que nos unen - Viktor - 19-06-2026

10 de invierno, año -3
Toroa, West Blue

— ¡Trepar a los árboles es trampa! — grité mirando al enorme roble al que mi hermana se había subido buscando una posición de ventaja. — Dijimos que subirse al tejado era trampa, no que trepar a un árbol lo fuera. — replicó Selene con una sonrisa enorme para, acto seguido saltar hacia mí empuñando su espada de madera y atacando directo a mi cabeza. — ¡PUNTO! — dijo con júbilo tras golpearme en la frente, haciendo que casi me cayera de bruces al suelo. — ¡Punto para mi!¡Voy ganando de una! — dijo mientras bailoteaba con mucha alegría usando su espada como un bastón. — ¿¡QUÉ DICES!?… ¿Dónde has aprendido a contar? Vamos empatados. — dije mientras me levantaba sosteniendo mi frente para evitar un chichón más grande de lo que auguraba. — Meteos en casa de una puta vez, par de haraganes… me tenéis harto... — gritó nuestro padre desde el lateral de la casa, borracho como siempre. Selene y yo nos miramos y asentimos con resignación. Soltamos las espadas junto al árbol, al lado del camino que llevaba al pueblo y, tras eso entramos en casa. Desde ahí, observamos por la ventana de nuestra habitación como nuestro padre se marchaba al puerto. Acostumbraba a jugar a los dados allí con los piratas, buscando recuperar dinero y gloria, hacer algún trato que lo sacara de nuevo de la isla. Madre estaba trabajando en el campo así que… — Vía libre. — dijo Selene con tono jovial, saliendo por la ventana a hurtadillas y corriendo hacia el pueblo, conmigo detrás. Acostumbrábamos a corretear por el pueblo, saltar y trepar por todos lados. No había mucho que hacer y, de alguna manera, era nuestra única manera de ser libres. Eso y pelear. Al ser hijos de Raze, éramos bastante marginados por todo el mundo y, eso nos daba bastante igual, generalmente. Excepto cuando algún idiota se topaba en nuestro camino. Como hoy.

— Eh, raritos, ¿quién os ha dado permiso para jugar en este parque? — recriminó un chico, a lo lejos. — Blackmore… pff. — pensé al reconocer la voz del idiota de Kyle Blackmore, un matón de tres al cuarto cuyo padre iba de rey de la isla y él hijo, de príncipe. Acostumbraba a meterse con todos los niños y nosotros éramos su blanco favorito. Madre decía que no debíamos pelear con él y siempre intentábamos evitarlo pero hoy, la confrontación fue imposible de esquivar. — Mira que sois raros. Tú eres feo, pero tu — dijo señalando a Selene — una chica con ese pelo da asco, parece una vieja. — me giré y lo empujé — Deja en paz a mi hermana. — recriminé al matón, avanzando hacia él. Me sacaba media cabeza y era dos años mayor que yo, pero nadie se metía con mi hermana. — O qué, ¿eh? ¿Qué me vas a ha... — intentó proseguir mas mi puño en su nariz impidió que continuara la frase. — ¿¡O qué!? ¿¡Eh!? — dije siguiendo hacia él y golpeándolo dos veces más hasta hacerlo huir. — ¡Déjanos en paz, idiota! — grité mientras el bravucón huía y acto seguido, eché mano de mi puño, dolorido, girando hacia Selene y tratando de poner la cara más digna posible. — ¿Te has hecho daño, verdad? — preguntó mi hermana, a lo que asentí con cara de circunstancia. No estaba acostumbrado a usar mis puños y, se notaba. Mi hermana rió levemente y tras eso me invitó con la mano a coger la suya. — Volvamos a casa anda, me apetece dibujar… puedes acompañarme, o puedes ponerte a leer un libro raro de esos de mamá. — dijo tirando de mi mano y poniendo rumbo a casa.


Esa misma tarde y, ya en casa, siendo más entrada la tarde, estaba en nuestra habitación, tumbado boca arriba leyendo un libro de madre. La poesía me gustaba, me hacía ver palabras que no conocía y sentía que eso me diferenciaba de padre, que solo hablaba con vulgaridades. Madre decía que estudiar me llevaría lejos y eso intentaba. Mas mi trance se vio truncado pues escuché gritos en el exterior. Un hombre primero y, mi hermana, que estaba en la entrada dibujando el paisaje como acostumbraba. Miré por la ventana y observé a un hombre de metro sesenta, no muy fuerte y ataviado con unos pantalones naranjas y una camisa de tirantes blanca. Este zarandeaba a mi hermana gritando. Corrí al salón y agarré la espada de madre, la Shimei Kaeru, con ambas manos y salí por la puerta delantera. — ¡SUELTA A MI HERMANA! — dije intentando desenfundar la espada, sin siquiera poder levantarla dignamente — ¿Tú le has pegado a mi hijo, niñato? — gritó el hombre al verme, lanzando a Selene un par de metros hacia el lado. Torque Blackmore, el padre de Kyle. — Voy a darte la lección que tu padre no te dio, chaval. — dijo, acercándose a mí y tirando la espada a un lado para acto seguido golpearme repetidas veces en la cara y cuerpo. Pensé que me partiría por la mitad y fue solo cuando Selene saltó a defenderme, golpeándolo en la cabeza desde atrás con su espada de madera que reaccioné. Torque se giró hacia ella y yo pateé su rodilla desde atrás, haciendo que hincara esta en el suelo y dejándolo a nuestra merced. Selene y yo le golpeamos repetidas veces hasta que el hombre corrió, igual que su hijo lo hizo horas antes. Exhaustos, sudando y sangrando -yo al menos- nos miramos y sonreímos.

Selene me ayudó a erguirme y cogimos la espada de mamá para entrar en casa. Dejamos la Shimei Kaeru sobre la mesa y yo me senté en la silla al lado. Selene corrió al baño y volvió con una caja donde madre guardaba medicinas. — Deja que te mire. — dijo Selene sacando unas gasas de la caja y levantándome el mentón mientras se sentaba a mi lado en otra silla. Tenía una marca fuerte en el ojo derecho. — Tienes que tener cuidado al pelear, un día te van a sacar un ojo de un golpe. — dijo, aplicando en la gasa un poco de medicina y poniéndolo sobre mi ojo. — Ni siquiera pude ayudarte… — dije con resignación. — Bueno, no importa. Lo importante es que vencimos, y lo hicimos juntos. — sonrió mirándome — Eso y que sé que mi hermano no tiene miedo de nada para protegerme. — apuntó — Ni mi hermana a mí... — añadí inflando los mofletes. Selene retiró la gasa y me miró muy seria. — Vamos a hacer una promesa. — se levantó y me extendió la mano — Mientras uno tenga fuerzas, siempre protegerá al otro. Da igual donde esté, donde viva o qué sea de su vida. Siempre estaremos ahí para llamarnos y ayudarnos si las cosas se ponen feas. — me levanté y le devolví el apretón de manos — Aunque espero que no necesites que use esa dichosa espada... — dije con rencor hacia el filo negro. Selene soltó mi mano y me tomó por los mofletes mirándome a los ojos. — Hoy no tienes la fuerza para llevar el arma de mamá, pero un día... — sonrió con esa mirada que solo ponía cuando creía en algo firmemente — Un día la blandirás como el mejor espadachín del mundo. — afirmó con una convicción férrea — Y lo harás llevando el apellido de nuestra madre: —

— Viktor Evans. —