![]() |
|
[FIC - PASADO] ¡¿CÓMO QUE PIRATA?! - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Baterilla (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=298) +----- Foro: Pueblo Baquella (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=299) +----- Tema: [FIC - PASADO] ¡¿CÓMO QUE PIRATA?! (/showthread.php?tid=3872) |
[FIC - PASADO] ¡¿CÓMO QUE PIRATA?! - Juan Sebastian - 21-06-2026 Día 35 de Otoño, Año 16
Mis deberes como marine eran los que cabía esperar para un soldado raso recién llegado al cuartel. Me limitaban tareas simples y aburridas, era básicamente un becario que se dedicaba a sacar la basura y a patrullar las calles acompañado de otros novatos. Nada de eso estaba fuera de mis expectativas, por lo que mi ánimo no decaía, tarde o temprano llegaría mi momento. Fue durante uno de esos patrullajes que me separé del grupo y me perdí en las enrevesadas calles de Pueblo Baquella. —Mierda… Debí haberle pedido a Akira que me hiciese una guía por el pueblo…— dije profundamente consternado por la situación. —Si no vuelvo con el resto, me regañarán…—. Con el deber en mente, comencé mi viaje por aquellas inexploradas tierras. El sol brillaba con mucha intensidad, reflejando su luz en las níveas paredes de las casas del pueblo y suavizando el frescor propio del otoño . Mientras surcaba esas preciosas calles llenas de vida, la tranquilidad con la que los padres jugaban con sus hijos me llevaba a tiempos que se sentían lejanos. —María…— pensé, culpándome aún por lo sucedido. El arrepentimiento no es algo que se pueda borrar así como así, después de perder a mis padres, me propuse ser fuerte, no solo físicamente, necesitaba un espíritu fuerte que nunca flaquease, pero al final seguía siendo el mismo mocoso de siempre. Invadido por los recuerdos y por la culpa, dejé de lado la búsqueda del pelotón, ya había llegado la hora de volver al cuartel y tenía un rato libre, por lo que decidí tomar el sol un rato en la costa. Me senté en una roca de gran tamaño, sus bordes estaban suavizados por el impacto del clima durante años y años. ¿Podría ser algún día como aquella roca? Seguramente no… ¿Por qué no entrené más? ¿Cómo fui tan descuidado? Estaba claro que la responsabilidad de cuidar a una niña me superaba, lo sabía desde el primer momento. ¿Por qué fui tan egoísta? Era evidente para cualquiera, solo usaba a María para protegerme de la soledad, quería compañía, quería ser útil para alguien, poder estar orgulloso de algo en mi vida. Era evidente para todos menos para ella, confiaba en mí, y le fallé… Mientras me torturaba en mis pensamientos, acabé siendo vencido por el sueño. Me desperté en la playa de Samba, como tantas otras veces, rodeado por restos de un barco y con varios cadáveres siendo zarandeados sin consideración por las olas. —¿Piraña?— No estaba. —¡¿María?!— solo el mar respondió. Volvía a estar solo, levantarme era más difícil que de costumbre y un agujero que no sangraba estaba abierto en mi pecho. ¿Acaso había muerto? Por momentos deseaba que fuese verdad. ¿Dónde estaba mi niña? ¿Qué harían con ella? Solo de pensarlo, la gran herida que tenía en mi cuerpo comenzó a sangrar como si de un río se tratase. —¡Ni hablar!— exclamé con determinación. No podía rendirme, no si se trataba de ella, aún si me cortaran las piernas y los brazos, la rescataría. Me lancé al mar con confianza y empecé a nadar, no sabía a dónde, no sabía qué haría si los encontrase, pero tenía que hacerlo. Las horas pasaron, perdí la isla de vista y ahora solo me encontraba rodeado por un mar embravecido y despiadado. Mientras seguía tratando de avanzar, algo insólito ocurrió, mi cuerpo se desplomó hacia el fondo del lecho marino, era como si el agua se hubiera convertido en aire, sin cuerpo, sin peso. Al caer al fondo todo retumbó y levanté una enorme nube de arena, pero nada dolía, lo único que podía sentir era una sensación de incomodidad en mi estómago. Cuando la nube se disipó, me encontré rodeado por multitud de barcos hundidos, era un paisaje que me resultaba extrañamente familiar. —¿Dónde…?— Mis palabras se cortaron de golpe, allí estaba, la había encontrado por fin, encerrada, llorando en una jaula de acero. Me acerqué a ella y traté de tranquilizarla —Jejeje…No te preocupes, María ¡Yo te salvaré!—. Arranqué la puerta con mi poderosa pinza y extendí con alegría los brazos para darle un abrazo. Por fin había vuelto con ella, su sonrisa pura y su dulce voz diciendo —¡Papi! ¡Papiii!— eran todo lo que necesitaba para ser feliz, pero el peso de la realidad no tardó en aparecer. Lo que ante mis ojos era María se deshizo en una masa de barro que se escapaba de mis brazos —¡¿María?!— y su dulce voz se tornó oscura y asquerosa. La voz que salía de esa cara malformada de lodo nunca la olvidaría. —Kassandra…— empezó a resonar en mi mente —Hay algo que quiero probar.— Se burlaba de mí. Cuando ya parecía que nada podría ir peor, la arena sobre la que posaba mis pies se deshizo en ese barro que ahora se había tornado de color azabache. En esa masa de oscuridad, me ahogué. Fue entonces cuando abrí los ojos, inundados en lágrimas, y pude ver el cielo estrellado. Me encontraba tumbado sobre aquella gigante roca. Suspiré con un aire de agonía y sacudí la cabeza como si fuera un perro —¡Espabila, Juan! Un héroe no puede hundirse en la melancolía…— Sabía que tenía que seguir adelante, si no pude salvar a María, dedicaría el resto de mi vida a ayudar a los demás. Tenía que ser fiel a la imagen que ella tenía de mí, no podía fallarle, no otra vez… Tras tomarme mi tiempo para recobrar la compostura, puse rumbo al cuartel de la Marina, una impresionante bronca me esperaba sin duda alguna, pero algo llamó mi atención. —¡Extra! ¡Extra! ¡Explosión de crímenes en el South Blue!— anunciaba un chico que estaba repartiendo periódicos por la calle. —Oye, muchacho ¿Me dejas darle un ojo?— le dije al tiempo que dejaba caer unos berrys en sus pequeñas manos. Una lectura mientras bebía un poco de refresco me aclararía la cabeza. El joven me dejó un ejemplar del periódico y comencé a leer. —El mundo está patas arriba— dije tras chasquear la lengua. —Un banco, piratas en el Nuevo Mundo, en el Grand Line, en el sur…— Por fortuna había grandes noticias, la división del mismísimo Joe Joestar no se estaba quedando con los brazos cruzados en el nuevo mundo. ¿Lograría algún día ser como él? Al terminar de leerlo todo, varios wanteds cayeron al suelo de forma irregular. Empecé a recogerlos mientras prestaba atención a sus rostros. —Son todos unos mindundis— dije con un aire de desprecio. Fue entonces cuando algo llamó mi atención —Maki D. Zen’in…— su rostro me resultaba curiosamente familiar. —¿Maki? — En ese momento empecé a verlo —¡¿MAKIII?!— grité cuando por fin lo vi con claridad —¡¿En qué momento se hizo pirata?!— Por un lado me enfadaba ver que se había convertido en una malvada pirata, pero por otro me alegraba saber que estaba viva. Me preocupé cuando desapareció de repente y los superiores se negaban a darme información al respecto. Antes de terminar de procesar la información sobre Maki, otro wanted pareció destacar sobre los demás. Cuando lo sostuve con mis manos, mi vista se puso borrosa, impidiéndome ver con claridad. Pero de un momento a otro escupí la bebida que estaba a punto de tragar. —¡¡¿¿MARÍA??!!—
Mis ojos no me engañaban, y esto no se trataba de un sueño, era ella, había crecido mucho, pero estaba completamente seguro de ello. De repente, mis lágrimas empezaron a empapar el cartel, estaba tan feliz… No solo seguía viva, su rostro en la foto se veía tan feliz… —Menos mal… Menos mal…— pensaba mientras trataba de limpiar las lágrimas de mis ojos. —Menos mal que estás bien—. —Espera… ¿Cómo que pirata?— |