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Días de más | Fic. - Enji - 21-06-2026

El día partía con el sol en alto, un capote celeste fungiendo de domo y las gaviotas corriendo a través de él sin prisa, graznando sus historias, plantando los cimientos de la mañana y el ambiente de la playa en costas de la peligrosa y salvaje Kyodaina. Las lianas se enredaban con altas ramas y luego caían inertes, como brazos vencidos que se mecían con el empuje del viento. El musgo instalado en cada tramo del suelo y sobre cada roca que antaño tratara de desafiarlo era solo otra prueba más del reinado absoluto de la selva y lo salvaje, el verde. Un solo color que parecía dominar la isla al punto de que todo lo que no fuera de su tono, era tomado como un invasor. Eso lo descubrieron en los primeros días tras desembarcar. Las bestias, gigantes en ese lugar, estaban programadas para atacar al extranjero, al diferente, al que no encajaba ni se camuflaba con la flora. Una sola ley comandaba allí: el más fuerte se comía al débil, y eso aplica tanto a planta como animales. No fueron pocas las variedades de carnívoras, flores venenosas y cardos tóxicos creciendo alrededor de dónde instalaron el campamento. Fue una fortuna que Juan se decidiera a aprender más sobre la cocina en los últimos meses y, bueno, también que uno de ellos fuera inmune a los venenos ayudó a evitar las tragedias.

Enji salió a la cubierta del Ford's Transit, su flamante y glorioso barco. En los hombros llevaba la chaqueta de capitán y sobre ella, descansando estirado cuan largo era, estaba el MISMISIMO Ford. Ford “Fiesta”, apodado recientemente, el gato que sirvió de inspiración para el mascarón de proa del barco de su división.

—Este lugar me tiene cansado ya —comentó a su camarada, el primero de todos, mientras se acercaba a la barandilla y miraba hacia abajo a la selva—. No encontramos a quien sea o lo que sea que veníamos a buscar aquí y ya peinamos más de la mitad de la isla. Está empezando a ser un incordio. —Sacó un cigarro de su bolsillo, junto al mechero, y lo encendió. Dió una larga calada con la que llenarse los pulmones y exhaló—. Quiero volver a la ciudad, sentarme en un bar y comer unas papas. Pero papas de verdad. Las de aquí son silvestres, muy granuladas, y Juancho hace un gran trabajo pero la carne de tigre es muy dura, ¿no te parece?

Ford maulló.

—Exactamente.


RE: Días de más | Fic. - Enji - 21-06-2026

Con los antebrazos cruzados y apoyados en la barandilla del barco, Enji exhaló, y una humareda blanca brotó de su boca. El cigarrillo se había quedado tiritando después de un par de pitadas, calentando el filtro por el ascua cercana y la ceniza que crecía en su dirección, como ramas de un árbol que se inyectan en el suelo. La densidad del humo bajaba por su garganta cada vez, la llenaba de alquitrán y luego era regurgitada en una retahíla delgada que subía al cielo y se perdía en el celeste. Hoy no había nubes a las que pudiera unirse, sólo una brisa fresca y el aroma salitre del mar acompañando el sonido de las gaviotas. Una mañana particularmente pacífica. ¿Dónde estarían el resto de sus compañeros? Y Sigrid… a ella no le veía desde hace varios días.

—Menos mal que nos surtimos bien de cigarros antes de salir de Matsuri —reflexionó, echando un vistazo a la coletilla prácticamente seca. La apagó con una gota de veneno salida del pulgar y arrojó el desecho al agua, donde nadie podría volver a encontrarlo jamás. No había nadie más que él en la cubierta tampoco, el crimen perfecto—. ¿Qué dices, Ford? ¿Dos semanas más y nos vamos?

Una gaviota graznó particularmente cerca del suelo, cosa extraña teniendo en cuenta lo lejos que se veía a la mayoría. Poco después, el sonido de un golpe seco llamó su atención. Algo acababa de caer en el barco, unos metros más al centro de dónde estaba parado, justo a un lado del mástil principal. Se giró y, curioso, se acercó a inspeccionar el paquete. Se trataba de un bloque de cartón envuelto en cinta de embalar transparente, y tenía la marca del Worlds Economy Newspapper, cosa que causó el alzar de una de sus cejas. ¿El periódico? ¿En una isla como esa?

—Mierda, amiguitos, tú sí que te perdiste… pero gracias, eh. Me acabas de hacer la tarde —dijo a la pobre ave mensajera que acababa de confundirse de destino y dejado caer una tanda entera de la última edición del periódico en su barco. Rasgó la cinta con los dedos, destruyó el cartón y debajo, en efecto, estaban las ediciones del diario, bien ordenadas y empaquetadas. Las sacó a manotazos, arrojando páginas por toda la cubierta, hasta poder sujetar apropiadamente uno entero—. Tch, cómo no les ponen unas pinzas o algo.

Ford saltó de su hombro al suelo y empezó a jugar con las páginas sueltas, cagarse en algunas, y reventar otras con las uñas. Enji se encogió de hombros, tomó asiento en el suelo y extendió el periódico.

¿Que había estado pasando en el mundo?


RE: Días de más | Fic. - Enji - 23-06-2026

“ Anti progresistas “,
rezaba el título del periódico. Un título grande y llamativo, pero que se veía terriblemente opacado por la imagen que lo acompañaba.

—¡El diABLO!

Enji abrió grandes los ojos, luchando por conservarlos dentro de sus cuencas. Pegó el periódico a su pecho, lo abrazó un segundo mientras daba una inspección rápida a la cubierta. ¿Seguía estando solo? Bien, bien. Volvió a echar un vistazo, sintiendo que, de pronto, el periódico se había convertido en una especie de revista prohibida. ¿Quién había aprobado esa imagen como portada? ¿Y quién había sido el afortunado bastardo que tomó la fotografía? Definitivamente, se había equivocado de profesión.

“ La infame tripulación de los Alas Negras asalta la noble y científica isla de Punk Hazard ”

—¿Así está Triana?

Devoró la noticia con urgencia, buscando, en algún lugar de la nota, una justificación para el ángulo de la fotografía. Sus ojos fueron de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, bajando escalonadamente por la página hasta llegar al pie.

—Y mataron al viejo, claro. Mierda, depende de cómo, tampoco tendría problema en que me matase esa mujer… En fin, a ver, parece que la cagaron, ¿no? Su capitán se va para la horca. —Pensaba en voz alta. Se dejó caer hacia atrás, recostandose en la cubierta con el periódico extendido frente a sus ojos—. Yojimbo Lemarcus Cornell… hermano, ¿por qué tantos nombres?

Suspiró, rodó los ojos y pasó de página. La muerte de Yojimbo era una consecuencia natural de las decisiones de quienes fueran sus compañeros, y, aún con eso, creía que habían hecho lo correcto. Así, al menos, el famoso fundador de la banda podría morir de una vez y dejar de sufrir la eterna espera en Impel Down. ¿Habría forma de llegar hasta Impel Down para estar como testigos de la ejecución? El Nuevo Mundo estaba tan lejos…

—Y mientras a uno lo matan, otro abre su territorio para unos juegos. ¿Qué tienen en la cabeza? —Se encogió de hombros y rió entre dientes, sin poder contener la emoción de imaginarse en los cielos—. Espero que no te toque a ti ahora, monito.

Las noticias seguían. En Drum, una isla de otra de las corrientes del Grand Line, la División 60 había cumplido con una peligrosa misión e impedido un atentado. ¿Y ese era su capitán?

—Tiene cara de nene, shihaha…

¿O en su división eran todos muy viejos? Después de conocer sobre el Almirante Dimipalo, el rango de edad había perdido el sentido. ¿Quién llegaba a Almirante antes de los veinte años?

Siguiente página: revolución. Enji arrugó el ceño.

—Huh, mierda, ahí vamos…

Empezó a pasar de página, una detrás de otra, mirando más por encima las noticias. Nunca le llamaban mucho la atención las noticias sobre la llamada “Revolución”, lo que para él solo era un montón de idiotas mal organizados que gritaban mucho y hacían poco. Los salteó y fue a la siguiente noticia, que trataba, cómo no, de Perro Sanxe. Otro salto de manual. Las noticias sobre la siempre polémica vida del vicealmirante eran material de colección, pero para personas bizarras, y no su tipo de bizarres. Bizarras en el sentido anglosajón de la palabra.

Por último, la noticia de una nueva banda pirata y…

—Maki D. Zenin…

¿De dónde le sonaba? Ah, sí, la mujer del pollo gigante… de pronto, sentía que le caía incluso peor que antes.

—¿Solea tú…? Sí, no, suficiente periódico por hoy. —Arrojó el diario hacia atrás, por encima de su hombro, y se levantó de un salto—. ¡Eh, chicos! ¿Alguno va a ayudarme a levantar la mierda de Ford? ¡Llegaron wanteds nuevos!