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[P.Relativo] Los lazos que nos unen (II) - Versión para impresión

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[P.Relativo] Los lazos que nos unen (II) - Viktor - 28-06-2026

Día 63 de Verano del año 17
Risky Red, Ciudad Escarlata, 6:30 a.m.

La noche se hizo eterna. Pasé horas sentado en el borde de la cama del saloon de Ciudad Escarlata, otras tantas tumbado mirando al techo y quizás algunas más hecho una bola. No conseguía quitarme de la cabeza a la mujer de la guarida de Leyos. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué me ayudó? ¿Por qué reconocía mi espada? Tantas dudas no podían disiparse simplemente dilucidando en mi lecho, por lo que en cuanto el sol estuvo a punto de salir, y tras comer algo, partí hacia la antigua guarida del capitán de los piratas mandíbula. Durante el camino, en absoluto silencio, dejando que el viento árido ondeara mi abrigo y mostrara ambas espadas en mi cintura, procuraba apartar de mis pensamientos cualquier cosa. Solo quería llegar y saber qué estaba pasando. Cuando llegué, la mujer ya estaba por allí, dando vueltas en círculo con aparente nerviosismo. Parece que no era el único que ansiaba este momento.


— Siento haber llegado tan pronto. No podía dormir bien y, tenía ganas de verte y hablar. — dijo la mujer mientras me acercaba, aún con cierta duda, mientras me observaba y se preguntaba si el parecido con su hermano era casualidad o si era real. — Es improbable. Casi imposible. Pero es que yo conozco esa espada y quiero saber por qué la tienes. Porque podría ser algo muy malo o… no sé. — la mujer bajó la cabeza según me detenía delante de ella, a unos pasos. — Mira… no estoy segura pero creo que... — dijo la peliblanca mirando al suelo, buscando entre las piedras que golpeaba con la bota las palabras hasta que recorté los dos pasos de distancia que nos separaban y la abracé por encima de los hombros, llevando su cara a mi torso y apretando con firmeza. — Selene. — dije llorando como jamás lo hice mientras ella dejaba de temblar y se abrazaba a mi también con una calidez que no sentí desde que me marché de casa. Hubo un silencio largo hasta que finalmente nos separamos y ambos hermanos pudimos reconocernos después de décadas. — Te encontré. —
Nos sentamos cerca de donde el lago estaba, observando la grieta desde un risco, poniéndonos al día como podíamos. Casi veinte años eran imposibles de relatar en una mañana. Me contó que madre la embarcó de polizón, que quería alejarla de padre y que borró cualquier señal de que existió. Aquel entonces fue cuando padre se volvió totalmente loco y, con el paso de los años, surgió mi enfrentamiento con él. — ¿Como está madre? — preguntó con miedo — ¿Sigue…? — continuó con la voz temblorosa. — Sí, lo está… Ella está bien. No puede hablar porque cuando padre llevó al extremo sus abusos para intentar sacarle tu paradero, decidió cortar su propia lengua y protegerte. — la mirada de mi hermana se heló por completo — Y… ¿Padre? — preguntó de nuevo — No lo sé. Cuando intentó acabar con ella y lo confronté, la espada de madre lo abandonó y se marchó. Le prometí que si volvía, no lo contaría. Escuché que murió alcoholizado, pero… no lo sé. Pero jamás volvió. — dije con seguridad. Entonces le conté que cuando me hice mayor marché a cazar piratas, quizá porque quería sacar a la lacra como Padre del mundo. Ella parecía haber seguido el mismo instinto por su cuenta. No me imaginaba todo lo que mi hermana habría padecido sola… Yo tuve a Ebony Shard un tiempo y… después llegó Magna. Ella estuvo sola siempre. Siempre. Y no perdió la sonrisa. Cuanto más hablaba conmigo, más parecía sonreír y sus ojos tenían ese brillo que otrora parecían tener los míos. Le conté que soñaba con ella, que de alguna manera mi mente me decía que existía y que tenía que dar con ella. Haberlo hecho es un verdadero milagro. 


El día fue pasando y las horas quedando atrás al sol, haciendo que la noche nos cercara mientras volvíamos a la posada del saloon. — Oye Viktor. ¿Recuerdas la promesa que nos hicimos? — preguntó mientras caminábamos. — ¿De postre siempre batido de fresas? — pregunté con tono burlesco recibiendo así un puño en el hombro de mi hermana — ¡Idiota! JAJA. Hablo de cuando derrotamos a aquel tipo. — miré al frente de nuevo — Siempre cuidar el uno del otro. No importa donde estés. No importa el tiempo que pase… Sí, lo recuerdo. — Selene sonrió — Hagámosla de nuevo, ahora que lo recuerdas. Ahora sabemos que nos tenemos el uno al otro, pase lo que pase. — dijo parando frente al saloon — Pase lo que pase. — dije sonriendo a mi hermana. — Yo… tengo que partir pronto. Vuelvo con la División 9 a Marineford y tengo que cobrar la cabeza del tiburón. Tengo… tengo planes en mente y tengo que volver a reunirme con Sohem. Pero, te prometo que volveré a Toroa. Nos podríamos reunir allí… los tres. — dije con cierto miedo pensando que quizás mi hermana no entendiera que tenía una responsabilidad. — Aún no me creo que seas un Ouka Shichibukai. Yo penando por comida y tengo un hermano famoso… — dijo con cierto recochineo inflando los mofletes. — Me parece perfecto. Yo también tengo planes en mente pero, después volveré con madre. Esperaremos tu vuelta con un título más además de un señor de la guerra... — dijo guiñando un ojo. — Oye V… ahora no estás solo. No lo olvides, ¿vale? — dijo para acto seguido besar mi mejilla derecha — Te quiero, hermano. — dijo para acto seguido comenzar a subir las escaleras del porche del saloon y desparecer en el interior camino a su habitación. — Y yo, Selene... — contesté entre dientes, ya solo en la puerta.

Las palabras de mi hermana resonaban como un coro celestial: “Ya no estás solo”. Sonreí y volví a mi habitación. Había planes que hacer, recompensas que cobrar y batallas que ganar. Pero sobre todo, había que sobrevivir para volver a casa con la familia.

Volver a casa.

Aclaración