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[Priv. | Pasado] Bestia - Nyxara Archeron - 28-06-2026 26 de Otoño, Año 16 ❥ Reino de Samba
I want to find the secret path...a bird delivered into my heart
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Ya llevaba un par de semanas en Samba, gracias a que el Sargento Andover no había encontrado mejor manera de lidiar con ella que mandarla a otro lugar, lejos del cuartel de Baterilla. “Hay algo que solucionar en Samba” o eso había dicho. Ni él había fingido demasiado interés en justificar la orden, ni ella había tenido la cortesía de fingir que se la creía. Andover la necesitaba lejos y ella necesitaba un escenario donde la incompetencia ajena no le estorbara la vista.
Y el puerto la recibió con su ruido inquebrantable como lo hacía todas las mañanas, pero era ese olor, esa mezcla de sal, madera húmeda y pescado, capaz de colarse por narices como la suya, el que le recordaba donde estaba. Los hombres y mujeres acostumbrados a esa vida movían barriles, descargaban botes y recogían redes con la habilidad de quien se ha curtido en un mismo oficio por años, aquellos puestos de mercancías baratas nacían más allá de la playa, antes de dar paso al pueblo en sí mismo, en un intento de atrapar el dinero de los primeros que bajaran de esos barcos para llevar un poco de pan extra a sus mesas. La Archeron reconocía a esos rostros habituales del muelle, Minato, quien silbaba mientras recogía las redes, Maeda, aquella señora mayor que siempre barría la entrada de su tienda antes de que los primeros barcos comenzaran a llegar al puerto y el pequeño Kitsuke, el niño que intentaba todos los días robar una manzana y todos fingían que nadie lo veía. El grupo de marines con los que ella debía reunirse cerca de los puestos, un Sargento y dos reclutas que se encargaban en ese momento de la seguridad del puerto de Samba, aun no llegaban al punto de encuentro. Quizás había sido ella, con esa peculiar habilidad para tomar el camino inadecuado en el momento menos oportuno. O quizás, la incompetencia que había detectado en los colegas de Samba para restarle importancia a los problemas que le rodeaban… Era ese murmullo incesante que perseguía a todo aquel que tuviese la capacidad para poner un mínimo de atención a las conversaciones que se repetían con pequeñas variaciones, como si todos intentaran reconstruir una historia colectiva que solo estaba cargada de miedo y fantasía irracional: “Arrancó la puerta de un solo golpe” “Derribó la pila de barriles cargados de pescados” “Algunos marineros dicen que se coló en el Black Heron” “Era mucho más alto que un humano” “Mi primo lo vio cerca de la selva”. Lo habían denominado la bestia. Nyx avanzó entre los primeros puestos con la naturalidad de quien se había acostumbrado a ignorar los rumores de cantina mientras esperaba a sus compañeros, hacia demasiado tiempo atrás que ella había dejado de creer en las historias de fantasmas, sirenas o monstruos. Esas que solo aparecían con una frecuencia casi irrisoria cada vez que las personas buscaban explicar algo que aún no comprendían y la mayoría de esos resultados no eran tan mágicos como parecían en un inicio, la respuesta era sencilla para quien mirase un poco más allá: Piratas, ladrones, borrachos o todo lo anterior. – Dicen que la bestia se lo llevo – dijo uno de los hombres que entregaba el pescado en el puesto contiguo – Solo encontraron una bota – la mujer que ordenaba el alimento miró por sobre su hombro, como si quisiera ver más allá donde terminaba el pueblo hacia la selva. Y ese no era el tono de quien adornaba una historia de taberna, sino el temor seco de una verdad. – ¿A quién se llevaron? – la pregunta cayó con la misma naturalidad como si hubiese preguntado por el precio del pescado, ni siquiera había necesidad de elevar la voz; solo basto la fijeza de su postura y la forma en que la Archeron escaneo el miedo en la mirada de ambos para que el muelle enmudeciera. Durante un instante, el pescador pareció olvidar la pregunta mientras sus ojos se detenían en ese rostro de líneas suaves y pecas dispersas, sin embargo, basto que Nyx sostuviera la mirada para que el gesto se quebrara bajo esa sensación de estar siendo medido. La mujer titubeo y el hombre que aun sostenía la caja, desvió la mirada hacia la insignia de “marine”, luego hacia la mujer. Nyx sostuvo el gesto con esa calma orgullosa y esa seguridad que podría reclamar el mundo como suyo. El hombre trago pesado, como si el rastro de incomodidad ante su mirada fija no pudiese quitárselo de encima – Esta vez, al carpintero… – dijo en un tono más bajo, la mujer que ordenaba el pescado asintió ante las palabras, mientras el mar de los ojos de la Archeron sostuvo la expresión del hombre un segundo más de lo necesario, buscando encontrar el temblor o la duda de quienes exageran una historia de fantasía. No lo encontró – ¿Esta vez? – la pregunta se impuso con la misma fuerza del acero ¿Qué habían estado haciendo los otros marines en ese lugar? La mujer miró a su alrededor y nuevamente al pescador antes de asentir hacia ella, inclinándose sobre el mostrador del pescado para que únicamente ambos pudiesen oírla – Si esta vez, solo quedo una bota y algo de sangre – murmuro como si estuviese revelando un secreto – Dicen que el rastro se perdía hacia la selva y que fue la bestia – – ¡Vale! ¡Aquí estas! ¡Por fin te encuentro! – la voz conocida y la mano sobre su hombro izquierdo hicieron que su atención fuese hacia el marine, quien parecía haber corrido hasta allí…o quizás, era la falta de aire por el exceso de peso en una caminata a medio avance – El sargento te estaba buscando, se nos unirán nuevos marines y queremos presentártelos antes de comenzar la patrulla de hoy – Cuando Nyx giró nuevamente hacia la mujer para continuar la conversación antes de retirarse, esta evitaba hacer cualquier tipo de contacto visual con ella con la atención fija en el pescado, como si aquello hubiese sido lo único que hubiese hecho durante toda la mañana, mientras el hombre se alejaba con la caja vacía sin volver la mirada. Para ella, aquel silencio no tenía nada de casualidad, era esa clase de confianza que había aprendido a esconderse cuando se necesitaba cautela – ¿Qué tipo de patrullaje? – pregunto al momento que seguía al recluta hacia el punto de encuentro – Ya sabes, de rutina – sonrió – Ver que todo en el pueblo ande en orden y no haya piratas en el puerto – Nyx no respondió, sostuvo el silencio. Mientras avanzaban, lo observaba con la misma atención que hubiese puesto antes de entrar a un terreno desconocido: midiendo y decidiendo sobre él. – ¿La parte donde desaparece la gente también entra en la rutina? – El recluta tardo un momento en responder, como si no hubiese esperado esa acción de su parte – ¿Desaparece…? – Él la miro de reojo, intentado mostrarse tan natural como hace momentos atrás. No lo consiguió. Había algo desconcertante en la serenidad de la Archeron, esa belleza orgullosa que te invitaba a bajar la guardia hasta que te topabas con esos ojos que escondían una tempestad y te recordaban, que podías acabar ahogándote en cualquier momento – Eso dicen las personas del pueblo – él forzó la sonrisa, moviendo su mano frente a la cara como si quisiera espantar moscas o quitarles el peso a sus palabras – Bueno…aquí la gente siempre exagera bastante ¿sabes? Inventan cosas para entretenerse, como pasa en todos los pueblos, Nyssa – La mirada de la Archeron cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo – Que privilegio el tuyo – y esa gélida cortesía quedó impregnada en el aire, lo suficiente para que el recluta evitara mirarla mientras apresuraba el paso hacia el punto de encuentro – ¿Qué cosa? – se aventuró a consultar, incapaz de mantener el silencio – No tener que distinguir entre rumores y cadáveres – el marine tosió incomodo mientras el color parecía subirle por el cuello – No hay nadie desaparecido, no sé de dónde sacas esas cosas…aquí la gente siempre se inventa que desaparecen, que están comenzando a perderse los niños, se entretienen con eso Nyssa – Aquel “Nyssa”, sonaba tan blando como el resto de sus excusas. Y aquello solo le produjo asco. – Curioso – lo cortó Nyx, disminuyendo a penas el ritmo de sus pasos para obligarlo a sostener su presencia y su mirada – Dos semanas aquí y no he visto un civil inventar una desaparición para entretenerse – el hombre trago pesado y volvió la vista al frente casi al instante, el alivio en su rostro fue inmediato al notar al Sargento y al resto de los marines que se reunían allí – No sé de qué hablas Nyssa…– murmuró entre dientes – más te vale hacerle caso al Sargento para el patrullaje de hoy – Fue lo último que dijo antes de apurar el paso para poner distancia entre ambos.
Léeme
RE: [Priv. | Pasado] Bestia - Bertram Gaufrid - 24-07-2026 El joven arquero se encontraba en Samba, recién llegado desde Karate donde se paró un momento a recoger a Moja en el camino hacia el punto de partida de la flota de barcos que pondrían rumbo al Grand Line, una decisión que venía desde los superiores del joven pelirrojo que en otras circunstancias hubiera preferido prepararse algo mejor para el evento, cubriendo diversas posibilidades en los sucesos que se desencadenarían en aquel peculiar y a la vez peligroso viaje. El joven había llegado a la isla y no sabía exactamente qué les esperaba en el siguiente viaje, pero antes de aventurarse en un cruce que según las historias destrozaba barcos de los descuidados y provocaba que varios marineros acabaran saliendo despedidos de sus embarcaciones a una muerte terrible y segura, chocándose con las paredes rocosas alrededor de la corriente o ahogándose en la fuerte corriente que avanzaba fuertemente ignorando toda ley de la física. Bertram era de los que prefería despejar la mente antes de viajes así de complicados, para ir totalmente centrado en lo importante, sin ideas preconcebidas ni los nervios tan descontrolados que evitaban que pudiera juzgar la situación con la calma que le caracterizaba como cazador.
El joven ajustó su arco en el hombro, comprobó sus flechas y se ajustó el uniforme para estar totalmente presentable, era un simple sargento que tenía algo de autoridad sobre los reclutas pero seguía siendo un novato y por lo tanto no tenía poder ni potestad para ignorar la uniformidad de la marina y debía vestir con el uniforme en todo momento. Los pasos del joven pelirrojo eran calmados y tranquilos, sus rojizos orbes oculares observando el entorno, comprobando que no hubiera nadie escondido ni sorpresas en su camino. Es una costumbre heredada de cuando caminaba día tras día por bosques, montañas y otras zonas repletas de animales salvajes para estudiar su comportamiento, analizar el entorno y buscar el punto idóneo para cazar, aunque como buen cazador lo hacía de manera controlada y sabiendo que el exceso de caza sería terrible para el entorno y para ellos, por lo que tanto él como los demás miembros de su clan de cazadores mantenía un estricto control sobre lo que se cazaba, sabiendo perfectamente cuando debían detenerse, habiendo severos castigos para aquellos que incumplieran con la limitación de caza. Desde que el joven se unió a la marina apenas tuvo tiempo de adentrarse en bosques o zonas similares, pero no perdió sus costumbres y manías de cuando vivía de cazar animales, bestias y todo tipo de criaturas en zonas insospechadas por la mayoría de los habitantes regulares de su isla natal. El joven marine ahora se encontraba caminando con pasos calmados, una postura relajada, pero sus sentidos atentos a lo que estaba pasando por la zona, siendo que llevaba un tiempo escuchando rumores de que había gente desapareciendo por culpa de una bestia, algunos mencionaban situaciones que eran claras exageraciones, pues por mucho que quisieran hacerlo creíble, era inviable que lo que dijeran fuera cierto, pero lo más preocupante era que las autoridades locales parecían no estar haciendo nada. En su caminata el joven se dirigió hacia la zona comercial cerca del puerto, una zona humilde, repleta de gente que se ganaba la vida vendiendo pescado fresco, recuerdos de la isla o utensilios de uso diario a aquellos que recién llegaban a la isla en los barcos, mientras que siempre había algún niño que pensaba estar robando de forma discreta, aunque en realidad era que los comerciantes fingían no darse cuenta al ser un niño que mayormente solo tomaba comida. El joven sargento empezaba a pensar que los soldados de la zona o bien no querían trabajar o estaban completamente seguros de que la gente mentía sobre las desapariciones, fuera como fuera, no veía justificable ignorar posibles desapariciones solo porque no querían trabajar o creían que era una simple invención por aburrimiento de la gente. Algo en todo eso le resultaba terriblemente sospechoso y por ello fuer que decidió empezar a investigar. Con eso en mente fue que se dirigían a la zona comercial, hablar con los habitantes sería la mejor manera de descubrir lo que estaba pasando, pero para cuando llegó allí vio a una marine con el pelo negro hablando con los habitantes, su postura muy parecida a la de Stroud, recta y firme como un marine que seguía las normas al pie de la letra. La joven parecía estar indagando en el mismo problema que el pelirrojo, pero un recluta la llamó y empezaron a caminar, pero lo que más llamó la atención de Bertram fue como los civiles parecían dejar el tema con la llegada de ese marine. El joven arquero los siguió escuchando lo que decían, con calma y tranquilidad, valorando lo que decían y los datos que tenía, pero cuanto más hablaba el recluta más molesto se empezaba a encontrar el arquero de ojos fuego por lo que no dudó en acercarse a ellos con naturalidad y con un tono de voz firme dijo -Ya veo porque los ciudadanos son reacios a hablar con nosotros, si la marina los tacha de mentirosos sin molestarse en hacer su trabajo nadie confiará en ella. La joven aquí presente está cierta en lo que dice, en lo que llevo en la isla no escuché mentiras, solo gente preocupada por desapariciones misteriosas. Y antes de que me venga con cuentos de que una bestia no puede hacer eso, soy cazador y te aseguro que hay criaturas capaces de eso, incluso puede ser una manada sir, los lobos suelen cazar en manadas.- El joven marine mira a la recluta que parecía ser la más seria del lugar y tras rascarse detrás de la cabeza dijo -Me gustaría que me ayudara a investigar el tema, no te preocupes por el patrullaje sir.- Tras eso miró al otro recluta y dijo -Dígale al sargento que la joven se fue con el sargento Bertram Gaufrid sir.-
aspecto Bertram en esta epoca
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