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Yo me encargo del encargo que me encargaron, Nakamas :: PR :: Privado - Maria Merlot - 28-06-2026 Narrador / María Merlot
MUSIQUITA
Día 81 de Invierno, año 17.
7:37 p.m. Habitación de las chicas, Costas de Arabasta, Paradise. Paisaje arenoso.
Clima caluroso. Poca ropa. Cuerpos bronceados. Aquella isla tan curiosa despertaba mucha intriga en la joven mestiza, quien no perdió la oportunidad de hacerse con todo un guarda ropa nuevo, después de todo, la ropa del Reino de Drum aquí no le iba a servir de nada. El día que llegaron fue a explorar, lo que es sinónimo de perderse pero siempre se volvía a encontrar a si misma, a sus nakamas y al barco. Salió con Cara Melo, quien se encargo de cargar todas las compras que había realizado con parte del dinero que le dio Hyakinthos durante el viaje.
En la habitación estuvo probándose todos los modelos, le gustaba que la tela fuera suave y liviana. Por un momento recordó un lejano, bueno no tan lejano, pasado, donde uno de sus amos: Gabriel Lucadense, la hacia vestirse de esa forma… ¡Eureka! De aquí provenía aquella obsesión del asqueroso hombre. Claro, ahora si le gustaban sus atuendos, porque los había escogido ella, y no un cerdo que quería ver su piel y manosearla de manera mas accesible. El atuendo que escogió fue uno sencillo, con aberturas por aquí y por allá y accesorios de oro. Se miro al espejo y quedo satisfecha. Salió a la cubierta, dejando los libros de navegación por un momento. Ahora mismo, tenían una misión especial. Por eso ensillo a Cara Melo, no sin antes apapacharlo y darle todo el cariño que su preciosa montura merecía, coloco todas sus armas… ya no le servían, curiosamente, el entrenamiento que estuvo haciendo con su Unnie rindió frutos, se sentía un poco menos inútil… ahora necesitaba armas de su nivel. Día 82 de Invierno, año 17.
10:19 a.m. Nanohana, Arabasta, Paradise. Por dónde pasaba las personas la miraban: con admiración, envidia, lascividad, el punto es que la miraban, como la hermosa mujer que era. Lo mejor de dos mundos: el terrestre y el acuático. Se detuvieron a tomar algo, el local muy… exótico, donde las sillas eran cojines en el suelo, y el café se hacia entre arena. Eso fue muy llamativo, así que pidió tres más… aunque ella no bebíera café.
— … el chico de antes, quien me comento varias cosas, me dijo que es ese local — señalo un establecimiento con fachada sencilla que se podía ver de dónde estaban sentados —… me encargó… del encargo — pronuncio riendo con encanto como si una travesura pasará por su mente, y quizás fue así. Después de todo, iba a usar su talento del regateo y la belleza de su cuerpo para obtener un par de ofertas en un intercambio justo y necesario para Valar — … denme veinte minutos, en menos de ese tiempo puedo convencer a quien sea de venderme o comprarme lo que sea. Puede que ser navegante se me de fatal pero comerciar es mi talento natural... — con un movimiento delicado de la diestra llevo su cabello rosado hacia atrás, y procedió a levantarse para emprender el camino al sitio que antes señalo. Las miradas de los propios y extraños la siguieron, su andar cautivador y la seguridad en si misma con aquella aura divina, actuaban como la gravedad para cualquier persona con una buena vista. La mestiza podría ser parlanchina pero no le quitaba lo hermosa y seductora que era en cada poro de su cuerpo, en cada hebra de su larga cabellera rosada. Plin plin
Fue el sonido al entrar a la tienda, aquel que marcaría una excelente transacción y un nuevo aliado en el planeta azul.
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RE: Yo me encargo del encargo que me encargaron, Nakamas :: PR :: Privado - Maki D. Zen'in - 28-06-2026 Maki se sentía jovial y llena de energía, la ciudad era la oportunidad perfecta para relajarse un poco. Esta vez era para deshacerse de su armamento viejo. Necesitaba renovarlo y afilarlo. Por qué no venderlo de una vez. la idea de Merlot vendiéndolo le parecía fenomenal, siempre hacia muy buenos tratos seguro por su enorme par de… habilidades. Una persuasión y la otra coquetería. Así llamaba Maki a las tetas de Merlot. Su atuendo no decía mucho de ella, solo mantenía sus cosas normales de combate, su guante de acero y unas ganas enormes de beber café y comer una maldita medialuna. Por eso con sumo cuidado busco a su ave, la maligna Rochallor. Quien apenas le vio afilo su mirada. Cuanto se odiaban… ella pio y Maki gruño… quince minutos después llena de arañazos y picoteos emergió a cubierta para acompañar a la sirena al mercado. Maki llevaba a Cherry en sus espaldas y claro después de un rato el ave maligna se calmó y corrió por el desierto tan rápido que Maki creía que se volcarían. Si amaba algo este pajarraco era correr, más aún que picotear a la iguana —Agárrate bien cariño que si caes dudo poder hacer que esta desgraciada de la media vuelta para buscarte.— Advirtió la nueva capitana de los Valar. En poco tiempo llegaron a la ciudad y tomaron un café. Hacia un calor tremendo, pero a Maki le encantaba… lo bebió de un sorbo que le quemara la garganta solo le provocaba placer. El placer de sentirse viva. Lo único que le incomodaba era que cada ojo, cada vista, cada visión se pegaba al culo de Merlot, eso solia traer problemas. Esperaba que esta fuera la excepción. —Bien Mer… vende todo lo que tengo. Necesito armas de mejor calidad. Necesito. Esto.— le dio un papel con la lista, espadas y punteras, casi todo un arsenal… —Y no pierdas mi bolsa… es… todo lo que tengo.— Dijo con algo de resquemor.
Play me Baby!
RE: Yo me encargo del encargo que me encargaron, Nakamas :: PR :: Privado - Hyákinthos - 28-06-2026 Día 81 de Invierno, año 17.
7:37 p.m. Royal Flush, habitación de Hyak Hay viento del este y sol desde el oeste.
El caluroso viento de la tarde quedó en el pasado, ahora es una brisa fría lo que se cuela por las escotillas del Royal Flush, en otro momento le habría molestado, pero luego de haberse comprado colorida sábanas de lana y seda, además de múltiples piezas de ropa que lo favorecían mucho mejor que las múltiples capas de ropa que tenía que usar en Drum y que mostraban la suficiente piel para que se notara su trabajado cuerpo, ni siquiera el frío de la noche podría ponerlo de mal humor.
En la tarde, junto con sus compañeras, exploró parte de la ciudad, más bien los mercados de ropa y especias. Compraron hasta que no pudieron cargar más bolsas. No pudo estar más complacido en el sitio. La gente, su amabilidad, sus cuerpos y, sobre todo, la presencia de posibles víctimas, todo era perfecto, así que ahora que estaba solo en su habitación, sonreía mientras se miraba al espejo al probarse un nuevo conjunto de ropa. Sí, usaría ese al día siguiente; sin embargo, algo desencajaba: sus guantes.
Miró los guantes de cuero que llevaba puestos, estaban desgastados. Era cierto que, al ser de combate, entrenaba con ellos y además, quisiera o no, había tenido que usarlos para pelear en alguna que otra ocasión, pero no eran eternos, todo el uso ya les estaba pasando factura. Se mordió su labio…tenía que hacer algo con ellos y rápido.
Recordó los mercados que conoció apenas hoy, a la gente comprando cosas viejas para darles una segunda oportunidad. Bien, ya tenía potenciales clientes pues, a fin de cuentas, él no usaría más esos guantes y ahora, en una tierra en donde el comercio parecía brillar más que el sol, seguramente encontraría a un interesado. —Aunque supongo que también tendré que revisar mis botas.
Y eso hizo. Se fijó en un par de botas de combate, luego en las otras, ambas lo decepcionaron al verse tan desgastadas como sus guantes. También tendría que venderlas…Bueno, él no, Merlot era mejor en eso.
Metió sus guantes y botas en una bolsa antes de salir de su habitación, estaba a punto de ir a tocar la puerta del cuarto de las chicas cuando vio una maraña de pelo rosa subir hasta cubierta. Decidió seguirla y lo que encontró, terminó alineándose mucho con lo que él mismo pensaba en hacer.
—¿También necesitas nuevas armas? —preguntó al ver que colocaba bolsas con sus armas a un lado de Cara Melo. —Parece que todos estamos en las mismas… ¿Crees que podrías encargarte de vender mis botas y guantes? Me vendría bien sacar algo de berries de ellos en lugar de tirarlos a la basura —. El mismo médico se encargó de colgar su bolsa con armas a un lado de Cara Melo, al día siguiente lo arreglaría y saldría con las chicas a probar suerte en el mercado. —Y creo que a ti se te da mejor eso de vender.
El médico sonrío y se despidió de la semi sirena antes de regresar a su habitación. Mañana tendría que levantarse temprano para intentar comerciar. No era su tarea preferida, pero seguro en grupo sería más llevadera.
Día 82 de Invierno, año 17.
10:19 a.m. Nanohana, Arabasta Cuando salieron del barco, el médico se subió junto con Maki sobre Rochallor y como dijo la mujer, tuvo que sujetarse con fuerza de ella para evitar caer. El ave no era la criatura más dócil sobre la faz de la tierra, pero era lo que había; Merlot, en cambio, llevaba consigo a Cara Melo.
No pasó mucho tiempo cuando ya estuvieron en medio de uno de los mercados. Hacía calor y el sitio no estaba precisamente vacío, aunque si algo lo incomodaba eran las miradas impertinentes que algunos sujetos de mal ver le dirigían a Merlot, de hecho, la incomodidad fue suficiente como para colocarse a un lado de ella y pasar su brazo sobre sus hombros, claro, sin avanzar demasiado ni dejar atrás a Maki que… ¿Por qué mierda era ahora calva? Verla así no solo hizo que su cerebro tuviera que cargar más información de la cuenta para saber quién era, si no que, al reconocerla, se le bajó tanto la presión que creyó que no podría salir al mercado. Solo el olor de su esencia de menta lo hizo volver a la realidad.
—Sí, he visto ese talento en acción, pero no beses a nadie esta vez para convencerlo de comprar nuestras armas —. El pelirrosa ayudó a la chica a bajar las bolsas de encima de Cara Melo, revisó bien el interior y se aseguró que sus dos pares de botas y dos pares de guantes gastados estuvieran dentro. —Y Maki tiene razón, no pierdas nuestras bolsas ni nuestras listas de pedidos: yo necesito una daga, guantes y punteras nuevas. Solo eso, es fácil de recordar, pero te lo dejo anotado —. Irónico que el hablara de “recordar”, pero sea como sea, lo prometido era deuda y le pasó a la chica un papelito en que tenía escrito, con letra muy elegante para ser de un médico, sus únicos pedidos.
Con eso se cruzó de brazos y se quedó afuera de la tienda, junto a Maki, esperando que la sirena hiciera lo que mejor se le daba hacer: convencer a las personas de cerrar un trato con ella.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
RE: Yo me encargo del encargo que me encargaron, Nakamas :: PR :: Privado - PX-1 - 29-06-2026 ✘ TEMA: CERRADO — Transferencia realizada. |