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[Aventura Auto T1] [PA] Si la vida te da limones, coge las monedas - Kai T. Gomi - 11-07-2026 Allí estaba el joven prodigio, el niño sin padres, sin vergüenza, sin calzoncillos y sin dinero alguno para gastar en algo de comida. Había desembarcado de un barco en el que se había colado, porque recordemos que no tenía ni una mísera moneda que gastar. Un polizón de los legales, de estos que lo único que necesitan en ocasiones es una lengua más afilada que una daga. Aunque si eso no funcionaba tenía un gran último recurso. Premio y castigo, que adornaban sus manos y las protegía, una de las pocas cosas que cuidaba, porque no era raro verle con la ropa deshilachada o rota pues, entre peleas y que se dedicaba a trepar por todos lados, era lo común. - Woao, que siestita me he echado. Muy reparador si - Se estiró a todo lo que daba su delgado cuerpo mientras abría la boca para bostezar y terminar de desperezarse. En su cara se dibujó una pequeña sonrisa pícara en cuanto oteo un poco la zona y vio la viva imagen del bullicio. Isla Karate era un lugar que tenía vida, pero vida de la buena y no como la que le había tocado vivir en Spider Miles, su lugar de nacimiento. Había dejado atrás a sus padres sin remordimiento alguno, no los necesitaba y menos los iba a echar de menos. - Esa panda de vagos acomodados a la espera de que le salga de los cojones al Gobierno de ayudarles, ja. Memos - Dio un par de pasos mientras avanzaba sobre el adoquín del puerto y, fue en el instante donde metió las manos en el bolsillo de su sudadera, su estómago rugió desesperadamente por algo de comida. - Uff, soy como Samsung sin su pelo, pierdo la fuerza.... Me comería su pelo ahora mismo - Un simple civil que pasó a su lado lo miró de reojo, sin parar de andar, levantando una ceja ante la estupidez que acababa de soltar. Por suerte, el joven de cabellos blancos y cabeza casi hueca no lo había visto, de otra forma se habría liado probablemente. Su cara se difuminó en el momento, de aquella sonrisa victoriosa por llegar vivo a una en la que palidecía por el hambre, casi como si llevase días sin comer. - ¡No, no puedo continuar! - Se tiró al suelo, postrado de rodillas con ambas manos apoyadas sobre el pavimento, su diestra se encontraba con la palma abierta hacia arriba, sabía lo que tenía que hacer. No tenía sombrero que poner así que se las arregló con lo que tenía. Que suerte todavía tenía una mano. Comenzaba la función. Tras de sí seguían bajando el resto de pasajeros del navío que los había traído, era su momento, tenía el aforo casi completo así que empezó con lo suyo. - ¡Ay que va a ser de mi! ¡Madre! ¡Tuve que separarme de ti para buscar una vida mejor y luego mandarte dinero y que pudieses SOBREVIVIR! - Alzó la voz indiscriminadamente en cuanto dijo la última palabra, lo cual haría conseguir el efecto que quería. Las miradas, como armas apuntando a un objetivo, se dirigieron todas al aparente famélico muchacho que parecía arrastrarse sin fuerzas. - ¡Si ni para comer tengo! ¡Lo perdí todo en la borda! ¡Se me cayó! ¡Solo dios sabe lo que me mareo y lo que sufro en los barcos! ¡MADREEE! - Hacía el intento de gimotear mientras cubría parte de su rostro con su propio cuerpos y ropa al estar cara al suelo. Su voz inundaba la zona, probablemente la gente que trabajaba en la zona se estaba poniendo nerviosa, pero los que eran pasajeros lo estarían aún más. - Uy muchacho, no estés triste - Una señora mayor se había detenido al escuchar los gritos de auxilios del joven, casi preocupada, probablemente porque le recordase a su nieto, sobrino o algo así. Su mano izquierda enguantada se deslizó hasta la boca del joven, donde dejó caer algo de saliva sobre uno de sus dedos y, rápidamente, se restregó el dedo por los ojos. El guante dejó un manchurrón de suciedad mojada tras de si, al mismo tiempo dejó enrojecida la zona. Entonces giró la cabeza y la levantó, no mucho, pues la señora era más bien bajita. - ¿Cómo voy a ayudar a mi madre si he perdido todo... - Se preparó y bajó su tono de voz, lo intentó mezclar con melancolía para dar el golpe de gracia. - ...abuelita? - Hizo un puchero de calidad, tal fue que la mujer se llevó la mano al bolso y sacó un par de berries. - Toma anda pequeño - Los dejó en la mano del joven fulano. - Oh genial - Se levantó instantáneamente en cuanto los billetes tocaron la mano de Kai y los asegurara, como si nada hubiese pasado. Que suerte que había tenido que se había encontrado un par de billetes. Alargó la sonrisa una vez más y comenzó a caminar rítmicamente con el manchurrón en la cara, tras haber intentado imitar un llanto para dar más pena. Comenzó a dar saltitos de forma rítmica mientras avanzaba, ahora sí, para salir del puerto y escabullirse de las atentas miradas del resto de pasajeros que se habían quedado atónitos ante la estafa del albino, al igual que la pobre doña que le había dado dinero. Se adentró en la isla, en busca de la calle comercial, allí donde hubiesen puestos de comida rápida a pie de calle. Su estómago rugía con ansia, eso le llevó a acercarse al primer puesto que le pareciera apetecible por el olor. - Dame todo lo que pueda llevarme por esto - Dejó los billetes directamente sobre el tablón que se había convertido en un tablón improvisado donde elaborar las provisiones. Recibió cuatro espectaculares pinchitos de pollo adobados con salsa teriyaki que cogió a manos llenas, no sin antes salivar y relamerse al verlos. Y con el aperitivo listo, comenzó a devorar con ansia la comida. ¿Que qué hacia el luchador de calle de Spider Miles en Isla Karate? Tras haber pasado por un par de islas y habiéndose metido en todas aquellas peleas callejeras que pudo se enteró de que había algo especial relacionado en Karate, un supuesto maestro que enseñaba un espectacular estilo de combate. Que eran unos movimientos increíbles capaces de partir cocos en dos, y más realmente pero a Kai le sorprendió solo ese dato. Así que la curiosidad lo trajo hasta aquí. Tardó poco más que unos minutos en terminar el pollo y tirar los restos al suelo, como si alguien fuese detrás de él con un saco de basura recogiendo su mierda. - Mmmm, ya - Se detuvo un momento para hablar consigo mismo, con su diestras rascando sutilmente la barbilla, haciéndose el interesante. - Podría ir a buscar a ese crack, ese figura, leyenda, maestro... - Unas vocecillas llegarían a sus oídos, no muy lejanas de su posición, en un intento por disimular su presencia en la esquina de una calle. Miró de reojo y su sangre cotilla no lo pudo evitar, así que se acercó con paso lento, puso las manos a la espalda y disimuló lo mejor que pudo solo para escuchar la conversación que estaban teniendo. - Te lo prometo, es tan fácil como entrar por la ventana. Tienen un par de sacos de berries. Está como a unos cinco metros de altura, si yo me subo a ti llegamos fácil - Dijo uno. - ¿Pero por qué te tienes que subir tú? Me subo yo - Dijo dos. - Vale, pero deja de llorar ya - Respondió uno, mandándolo a callar pulsando el índice contra sus labios. - Vamos, es aquí a la vuelta de la esquina - Le hizo una seña con la mano. El luchador callejero giró sobre sus talones, de forma evidente, aunque seguía queriendo disimular mientras se alejaba del dúo para, diez metros después, comenzar a correr en la dirección que habían dicho. Cruzó una calle y luego otra, estaba prácticamente al lado. Y la vio. Se trataba de una casa residencial de dos pisos donde la madera tenía una gran presencia. Divisió a uno de ellos, el último en pasar, saltar por encima del muro y cayendo al otro lado. - Es aquí jiji - Dijo para sí mismo en voz baja. Miró la ventana, escuchó los quejidos del que tenía que hacer de elevador y no lo pensó dos veces. Echó los brazos ligeramente hacia atrás, preparó sus rodillas, cogió carrerilla y comenzó a acercarse con velocidad. Un solo pie le bastó para saltar y superar la barrera de los tres metros que suponía el muro exterior, el otro pie le bastó para dar otro salto sobre el perfil del muro y encalomarse directamente a la ventana. Miró hacia abajo, el dúo dinámico atónito viendo a un chaval clavado como un mono a un platanero, les enseño la lengua y enseguida supieron a por lo que el albino iba. Arrojó un puñetazo que reventó el cristal de la ventana y, con un pequeño impulso de sus piernas se coló. Dentro una persona asustada por la intromisión y un par de bolsas de dinero en el suelo. - Me las quedo un rato, son un préstamo. Mis amigos de aquí abajo responderán por mi - Dijo con una calma y picardía absoluta mientras recogía las tres pesadas bolsas de dinero. Una la lanzó por la ventana, las otras dos las cargó como sacos de patatas y, como mismo había entrado, salió. Un salto desde el marco de la ventana en conjunto con una carrera le fue suficiente para repetir la operación, caer sobre el muro y luego sobre la calle. - Easy money baby - Canturreaba victorioso mientras era acompañado por el dulce tintineo de las monedas sobre sus hombros. - Con esto aguanto un rato - Sonreía. Ahora, era el momento de esconderse un rato, el bosque era una más que buena opción. ¿Qué pasó después? Ni lo sabía, ni le interesaba. RE: [Aventura Auto T1] [PA] Si la vida te da limones, coge las monedas - PX-6 - 13-07-2026 ✓ Aventura Autonarrada T1: Completada RECOMPENSAS: — Puntos Mugiwara: 5 — Reputación: 15 — Berries: 10K |