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Maestros [PR|Fic, Entrenamiento Haki.] - Versión para impresión

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Maestros [PR|Fic, Entrenamiento Haki.] - Heras - 31-08-2026

Dia 09 Primavera.
El cielo, la tierra de las promesas, la tierra santa y dorada. Abrió mi mente a un nuevo horizonte. La búsqueda de algo nuevo, un apetito que tenía demasiado tiempo enterrado en lo profundo de mi ser. Desde la isla Karate con el maestro Dan yo no tenía más nunca esta sensación, esa que me inclinaba a la bondad a la seguir un mejor camino. No me reservé. me tomé un tiempo para ello. No quería presionar, pues tenía bastante cosas dándome vuelta ahora mismo, comenzando por esta erección que no se iba, que dolía, no me priva de libertad pero hay momentos del día que duele como una patada en las bolas. Esa sensación eléctrica que viaja por el nie hacia la espalda y llegaba hasta mi cabeza. Me genera jaqueca y cuanto más tiempo tengo. 



El dolor no es eterno y mientras tuviera el cuerpo y la mente ocupados, la sangre fluirá sin exigirme demasiado. Los problemas estaban en que era dificil de regular, emocionarme demasiado, moverme demasiado, hacer fluir mucho la sangre era un detonador de dolor. Quedarme en posturas por tiempo muy prolongado,que mis pensamientos giren alrededor de mi erección. Enfocarme del mucho era una condena por que no sientes que el dolor se vaya y lo vuelve mucho más estresante.   


Pensé, lo digerí una y otra vez. Consciente de que no puedo andar así, pensaran que soy una especie de percutor psicótico y peligroso, una especie de PPP. No, esa no es una personalidad que me represente por ende esta pistola no va a ir amenazando. Además el rey de Shandora fue bien específico, nada de acciones de violencia, crímenes, desenfreno, vandalismo, orgias grupales, relaciones interespecies, besar calvas, evadir impuestos, lanzar enanos en una catapulta, vestir de porrista bastonera, tatuar a un mono, ni nada de lo que puedas pensar es divertido para alguien que se manera en el mundo de la piratería. Lo medité, repetidas veces, y decidí que la mejor forma era usar una ropa interior que no me fuera a lastimar. Agradable a la piel y que fuera lo suficiente ajustada para no ir apuntando hacia dónde camino. Recordé que durante los eventos de los juegos del cazador. Mi sorpresa no fue corta, no fue diminuta, poder golpear cuerpos que no son fáciles de atrapar, como el barro o la luz o la nieve. Abrió mis ojos ante esta nueva perspectiva que no dude en salir a buscar. En mi corazón y en mi pene latía un fuego inapagable, aun contra mi voluntad. 


Decidí vestirme lo más presentable posible, de manera que no se me viera el fierro. Me ví en el espejo inmediatamente. Me puse joyería acorde a la zona a la que debía recorrer, conociendo cómo está la situación, conociendo como son los otros de mi raza. Por primera vez quiero verme cómo ellos, quiero estar entre ellos y entender como se siente no sentirse el diferente, el negro, el de las alas, el gigante, el que da miedo, el que asusta, el que incomoda. Arreglarse y saber que allí hay muchos otros que te ven y se sienten al natural junto a tu compañia. 


Agradecí al cielo, a la tierra dorada de Shandora. Al Rey del cielo que hizo de este lugar un punto pacifico. Salir, poder recorrer las calles, sentir la luz durante el día y que se sienta fresco, aun un poco frío para mi gusto, pero está excelente. Nos habían asignado unas viviendas, lugar donde podemos descansar y tal como venía ayudando a Bai y a su tripulación cargué a la princesa besada por el sol para que pasara su respectiva resaca. 


El dia anterior Me tomé mi tiempo y me quedé con ellos, el tiempo suficiente, sin abusar de su confianza. Siendo alguien que viaja solo pensé que era un poco incorrecto quedarme con ellos que ya tienen sus sistema de vivir del que no pertenezco. El señor Sangolao se había encargado de todos los cuidados que la amiga necesitaba y fue tan amable de darme la conversación que necesitaba. 


Me tomé mi tiempo, fuí paciente y brindé todo el apoyo que necesitaban. Busqué lo que el Mink burro necesitaba hasta que por fin dejó todo listo para que Bai no siguiera pasándolo mal esa noche. No era como una típica borrachera, pues eso de que convulsionó igual no es normal, capaz le afectó la altura. Tras eso busqué mi espacio para descansar, cosa que no fue difícil ya que suelen tratarme bien, por mi aparecían similares a aquellos que están arriba en la escalera social de Skypea. 


Las conversaciones con las personas que me atendieron fueron preguntas que me parecían un poco insípidas. —¿Es verdad que hay muchos como nosotros en el gran azul? ¿Que historias impresionantes tienes de allá? ¿Has pensado en quedarte aquí? — No las entendí en su inicio pero este lugar no parece el típico No les podía contestar, ni podía hacer una buena mentira, pero no les conté mi verdad, no quería que ahora que estaba aquí arriba ellos me vieran hacia abajo por la vida que viví. 


Hoy, camino con confianza, tranquilo, un poco incómodo por el paquete que llevo armado. Solo espero que no se note demasiado en mi manera de caminar. Todo me recordaba a Bel Nadin y no había conseguido alcanzar de ninguna manera a dar con esa familia. Mi exploración me llevó por los rincones de esta ciudad dorada. Siguiendo a las personas, siendo un individuo más, noté con una buena vista que habían ciertos jóvenes seguían un camino. No como fuera un secreto, pero era retirado de donde estaban los ángeles protectores del reino. 


Mi experiencia me hizo entender que las calles tienen un flujo y hay lugares donde la magia ocurre. Allí donde mis pasos fueron avanzando me acercaron a un sitió con ruidos muy similares a los que alguna vez escuché en Karate. Entrenamientos, esfuerzo, golpes y gritos que implican una descarga de fuerza. El umbral del gimnasio era inmenso, diseñado para personas grandes. Llevé mis manos a los lados, hice una ligera reverencia antes de ingresar. Costumbre heredada de cuando aprendí mi primera técnica del Hasshoken. 


Aprendí que las artes marciales deben respetarse. Son como el fuego, pueden ser hermosas y destructivas y debes cuidarla para que brillen e iluminen tu vida. En el momento pensé en avanzar y en eso vi a un tipo que doblaba mi tamaño normal. Pasó por encima de con rapidez que mis reflejos no fueron suficiente para percatarse hasta que escuche su cuerpo caer tras de mi. — La próxima vez que intento replicar cuando te corrija ten presente que no habrá esa vez. Tu pusilanime, desaparece de aquí y no regreses. — 


Tragué seco. escuchar aquella voz seca, fuerte, dictatorial. Rigurosa, esa voz hizo que mi postura cambia y se pusiera recta. No por el miedo sino porque inspiraba un régimen que no pude evitar reaccionar ante él.  — Pequeña escoria. ¿Tu quién eres? — Consciente de que habla conmigo le veo y no me gusta como me trata pero no me atrevo a hablar. Viendo lo que sucedió no me inspira ninguna seguridad hablar. 


— ¿Qué? ¿Eres mudo? Este lunarian imperfecto. No me hagas perder mi tiempo. Vete de aquí también. — Las miradas del tipo arrojado puestas sobre mi y aquel lunarian que me humillaban dejaron una presión sobre mis hombros que no me encantó. ¿Por qué me trata así? — Buenas, soy Heras y…— No me escuchó por mucho más tiempo y se llevó el puro de su mano siniestra mientras en su diestra portaba un estoque envainado. La calada fue profunda. Una mirada penetrante de esos ojos azules, no era una mirada acogedora, era rústica, fría, me evalua.


Mi instinto me dijo que no le desafiara y no le sostuve el duelo mucho tiempo ya que no quería que me atacaran. Mi mirada se quedó perdida al frente viendo sus ropas elegantes que llevaban un corte elegante, cargado de adornos y joyería. Yo con mi toga anaranjada y joyería no brillaban igual. Él realmente tiene la cualidad de alguien muy importante y que no tiene nada que guardarse.  


— Eres como todos los demás.  — Se dió la vuelta y las puertas del Dojo se cerraron tras su entrada. Dejarme afuera, se sintió un poco excluyente. Yo no pude dirigir ninguna palabra o gesto hasta que por fin pude procesar que me habían dejado fuera. Su presencia, su régimen, imponía, no pude hacer mucho más. En mi corazón y en mi poronga, comenzó a arder un fuego por que me dejaran afuera. ¿Y quien decidió que yo soy uno más del monton? ¿Y quién decidió que ella podía cerrarme las puertas? ¿Y quien decidió que ella podía evaluarme?. 


Extendí mis manos. hacia la puerta, inmediatamente, comencé a empujar con mucha fuerza pero la puerta estaba pesadísima. Me tuve que hacer gigante para poder alcanzar de manera concreta unos trece metros y de la misma manera abrir la puerta haciendo uso de mis dimensiones que superan por tres veces el de la puerta. 


Una presencia que llama la atención, que se hace notar y demuestra que alguien ha llegado. No busco conflicto, pero me hago notar. No es un desafío, pero, tiene que saber que estoy aquí. — Muy buenas tardes. — No sonaba fuerte, ni descarriado, tal como lo habría hecho Bel Nadin. No la olvidaba, nunca lo haría, era una imagen que siempre usaría para actuar con seguridad. 


Había muchas personas, no todas voltearon a verme, entre ellas el hombre elegante de cuatro metros. Una mirada segura de mi parte, que le veía con firmeza. Paso a paso, me acerqué hasta llegar a una distancia prudente. Aun, consciente de cómo debes portarte frente a un maestro de artes marciales. Él, no viste un kimono, no viste una ropa deportiva, pero tiene un porte militar. Alguien que conoce de rangos supiera eso, pero yo solo lo veo cómo un estirado. 


Ni volteó a verme, eso fue una ofensa. Lo anoté, esperé, fui paciente pues la persona se detuvo sabiendo que yo estaba ahí. Esperando, con tensión, sentí, de nuevo esa presencia, no estaba del todo seguro, que era eso que yo estaba viendo de esa persona, pero ciertamente me hacía dudar todo el tiempo. Era una sensación enigmática y se veía como un abismo que realmente no existía. La realidad se percibía ligeramente extraña y mis ojos no estaban del todo seguros de lo que es eso. Mi propia mente no es capaz de procesar ninguna de esos impulsos extrasensoriales. Creo que cargar la pichula como un tronco ya me está haciendo tener una percepción alterada del tiempo y espacio. 


Entonces volteó a verme y mi cara que estaba muy tensa se ve que las gotas de sudor caen por mi mandíbula. Había ojos de gente rubia, cabello blanco, lunarian, skype, birkas, todos me ven y parece que esperan un duelo. Yo solo siento como si hubiera impulsos imposibles de procesar. — ¿Qué te hace pensar que puedes hablarme así? — Sus palabras son duras, pero no parece que quiera atacarme. 


— Me cerraste la puerta en la cara, ni siquiera me dejaste presentarme correctamente, no me gustó. — Conciso, directo, esta manera de hablar es mía. Sin alzar la voz, sin buscar problema alguno. Se quedó firme y me observó hacia arriba, su mirada azul con la luz en contra era como observar a un angel de la guerra. — Vine porque vi que estaban entrenando. Soy artista marcial de la isla Karate y pensé que aquí podía aprender el siguiente paso. — Conforme fui hablando la tensión disminuye mucho y siento un poco que mi toque natural sale a flote. 


El lunarian me observó. Conservó un poco más la pausa. 


— Para que yo te entrene en lo que hacemos en este dojo primero tienes que demostrarme que lo vales. Te haremos una prueba, únete a los demás. — Me restó importancia con un gesto que fue bien directo, quien se barre polvillo del hombro y se alejó, paso firme una manera de caminar. Se percibía que esa persona no era común.


Yo no estaba del todo seguro de que mis sentidos me estaban alertando de algo, o si todo era nerviosismo que cargaba conmigo. Siendo observado por muchos otros que no todos tenían la suerte de ser probados o ser tomados en cuenta. No estaba seguro de si había celos, enojo, inconformidad, pero las miradas no eran buenos deseos en absoluto. 


Mi tamaño volvió a uno aceptable, el hacer uso de la fruta no es que me molestara para entrenar, pero difícilmente puedo estar cómodo siendo un gigante, este espacio donde muchas personas entrenan con aspiraciones y yo con esos tamaños lo vuelvo imposible.  


Las siguientes horas fueron extenuantes, ejercicios que no tenían ningún tipo de sentido. Cuando entré al Dojo era toda una escena que me sacaba de mis lugares de confort. No solo los veía entrenando haciendo ejercicios con su propio cuerpo. Pechadas, paracaídas, sombras, incluso vi a más de uno con las alas recogidas y una especie de cinturón que no les dejaba mover las alas con la clara intención de que no fueran una herramienta a utilizar. 


—Veamos que tal te mueves, a ver si ese color lo tienes de adorno. Mira cómo lo hacen los demás. —


Me llevó hasta el extremo donde habían varios muchachos golpeando unos muñecos. No parecían los típicos muñecos. No es como que yo supiera mucho de los elementos del cielo pero la explicación vino un poco después conforme nos acercarnos.  


— Si te soy sincero, cuando vienen esta ola de extranjeros solo vienen buscando una cosa. Aprender el arte del Haki. Ya por aquí han pasado tantos piratas, marines, cazarrecompensas. Me tienen aburrido todos y cada uno de ellos, piensan que esto es una tienda donde vienen, aprenden y se van. Realmente poco me importa que lo aprendan, no lo aprecian. No te ves diferente a ellos a pesar de ser Lunarian. Quieren aprender para qué sirve y cómo se usa, ahora más por que un malviviente decidió usarlo en el torneo de Shandora, eso alborotó a todos y por aquí han pasado muchos últimamente. —


Esas palabras me picaron un poco, yo conocía a Bartolomew de hace tiempo y no me gustó para nada que él apareciera de su boca de esa manera, ese tipo me había salvado de morir de hambre y frío. Respeta. Mi cara se arrugó, pero no podía ser impulsivo, si quería, pero no podía, además de que seguramente me metería en muchos problemas. Cómo lo dijo el Rey el día del torneo. Sin conflictos y sin daños a la ciudad.


— No voy a perder mi tiempo enseñándote, pero ambos somos Mords así que solo por eso te dejaré aquí con los demás que lo entrenan con esto únicamente, El Haki tiene tres formas de usarse, para sentir a los demás, tu cuerpo más allá de su límite y una única manera que solo los reyes como el nuestro pueden alcanzar. —


Ordenó a los demás estudiantes agarraron un muñeco y lo trajeran hasta mí.





— Este muñeco es Busokun-Shandoran-Dummy-Strike. O algunos le dicen muñeco bushandus. Está hecho con una excelente tecnología de Skypea para que las personas entrenen como golpear utilizando el arte del Haki. Por más que lo golpees esto no va a moverse o doblarse o sufrir ninguna imperfección salvo que sepas cómo golpearlo usando el Haki. Suerte. —


Mi atención puesta en todo no podía asimilar todo con suficiente rapidez para digerir lo que me estaba explicando y no solo eso. Atender a todo a mi alrededor, era muy difícil. No imposible, ya que la explicación venía de alguien que lo hacía por compromiso. Lo que sí fue evidente para mi es que este compañero, este maestro era el menos receptivo que me había encontrado desde siempre. Respiré profundo asintiendo, simulé haber entendido lo que me había explicado y la verdad es que nada que ver con eso. ¿Sería muy tarde para pedir a Mizuki o a Zhang que me enseñen esto?


Lo percibí irrespetuoso, no hostil, pero sí tenía tanto desencanto acumulado que evité emitir el más mínimo ruido. En este momento pensé que solo quería que me largara de aquí por completo. que dejara atrás la oportunidad con su manera de tratar. No me ibas a echar todavía, tengo que probarte en tu cara que no soy lo que dices que soy. Desde mi estancia en Karate las artes marciales para mi son caso aparte, las respeto lo suficiente para acatar las normas. Tener una actitud más respetuosa con el ambiente y no iba a comenzar ahora.


Respiré, calmado, tranquilo, como un espejo de la seriedad con la que él me estaba dando la bienvenida. En mi mente me lo decía más de una vez que esto seguramente no era algo personal. Creo que mi actitud insípida no hizo buena cala en él, sus cara no hacía muecas, no mostraba satisfacción alguna. Cada vez que entablamos cierto contacto visual, es como si le recordara a algo que no le gusta. 


¿Tendré algo en la cara?


Hice una reverencia, de igual forma como era la costumbre en Karate cuando la maestra del arte de Hasshoken me daba una enseñanza uno la aceptaba cómo era debido. El maestro Dan al ser tan disciplinado y de tanto repetirlo una y otra vez terminé por aceptar esto por osmosis. 


— Maestro, lo entiendo, no quiero ser una molestia para usted. Simplemente creo que es importante las buenas maneras. Cómo dije antes las maneras son importantes. Mi nombres Heras, o bueno como dijo, me daré el tiempo para probarle lo contrario. —


Su mirada cambió a la de quien desafía. 


— Ya veremos si estás a la altura de Kaelith. El único maestro de Shandora. Aunque dudo que puedas alcanzar el suelo que pisan mis botas. —


Su mirada cambió era como la de alguien que ve a un inferior pero eso último se sentía como cuando quieres mover una piedra gigante, inamovible, pero tienes la curiosa sensación de que la tierra bajo tus pies se mueve y por ende existe la posibilidad de lograr el cometido. 


Kaelith, el maestro de Shandora, se fue a atender a los que eran realmente sus estudiantes. La crema de la crema. Lo observé y se notaba que la razón de esos estudiantes era existir por la aprobación de su maestro. Hacían lo que él necesitaba sin emitir palabras en algunas ocasiones. Ponerse en fila, firmes, al dar las señales y tomar las correctas posturas. Atacar, defender, saltar, ponerse en guardia, recibir el castigo, exponer el abdomen para ser golpeado. Con solo verlos sentí en mi frente acumularse el calor. Como si hubiese aceptado una apuesta que claramente podría perder. 


Aplicando los principios que siempre aplicaba. Una mirada atenta al entrenamiento de los demás. No a la élite, miré al otro lado de la sala. Había otros muñecos que estaban retirados, así como el mío y veía a unos jóvenes golpeandolos con determinación. Sin quejarse, repitiendo, golpe, tras golpe, tras golpe, seco, intenso, sin duda, intensos. 


Cada uno lo golpea a su manera, algunos toman una postura marcial ortodoxa. Van puño a puño, otros lo patean, no de una manera usual, no es solo la patada frontal, circular, lo varían, lo hacen de una manera, de otra, eluden, como si fueran un enemigo y buscan ángulos diferentes. Fuera de sus cualidades marciales, que destacan para sus edades adolescentes, es que no lo hacen todo de manera uniforme. 


 — Entonces solo tienes que concentrarte en golpearlo. — Fué mi evidente confusión, sin duda alguna era lo que podía ver con ojo no entrenado en estas nuevas cualidades no alcanzaba a ver nada. Cada chico podía mover un poco el muñeco de entrenamientos, eran los golpes usuales que hacen los muñecos cuando lo golpeas, va y vuelve a su centro. Puse mis manos sobre el y sentí lo frío que era, como el metal, oscuro, no era un típico muñeco de madera. Le hice la prueba del toktok a ver si era hueco, no, nada que ver el ruido que emite era el de algo macizo, o por lo menos adentro tenía algo pesado. 


Creyendo haber analizado todo lo que correspondía inmediatamente tomé una distancia cercana a un metro y tomé una postura muy tradicional. Viendo el heteromorfismo de los entrenamientos yo preferí confiar en lo  básico. Como lo era golpear una madera en Karate. Extendí mi brazo y ajusté mi distancia para que fuera la exacta para golpearlo. Cuando lo tuve medido entonces lo golpeé en un ataque seco trancando con la cadera y usando una fuerza medida. Al momento del impacto entendí que esto era una apuesta perdida. El impacto de mi mano me dijo instantáneamente que eso no solo era macizo, que dolía mucho golpearlo. 


¿De qué está hecho eso? ¿Me están tomando el pelo y me pusieron cubierta de barco para golpearla? La mano me quedó temblando tras golpearla. No esperaba que fuera tan resistente. Miré a los lados y lo noté, estos jovencitos lo hacen moverse, entonces deben estar usando una fuerza descomunal. Probé con el otro brazo y me arrepentí, pues al golpear con toda mi fuerza sentí que mi mano pidió auxilio tras el golpe. Mordí fuerte, no quería gritar tras haberme dado al punto de casi lastimarme. 


Mire de nuevo a los lados para notar cómo todos seguían en lo suyo. Suspiré una y otra vez. No me iba a rendir tan fácil así que tomé de nuevo mi postura y continuo golpeando repetidas veces el muñeco. Al inicio fuerte, tanto como podía, pero conforme pasaban los minutos mis manos iban resistiendo cada vez menos, cada vez era mucho más difícil golpearlo sin que me doliera más a mi. El muñeco no se movía. 


Comenzaba a sentir desde dentro de mí algo que me comía, era la frustración. Ardía, como cuando te arrancas una bandita, no más fuerte, como cuando te depilas con cera y te la arrancas. Ese dolor que sabes que no te matara pero que duele y se mantiene ahí por bastante tiempo. Golpe tras golpe, me di cuenta de que el muñeco no se iba a mover con mi táctica común y silvestre. 


Tal vez es cosa de impulso. Me di unos pasos de distancia. Tomé una postura de carrera abriendo mis alas y cargué a total velocidad, busque aprovechar la inercia de mi carrera. Apuntando a un impacto que hizo cortar el viendo con el swing de mi golpe, seguido de un impacto, como golpear una campana. Ahí lo supe que me había lastimado la mano. Poco tardó en hincharse y el dolor me hizo caer de rodillas. 


El muñeco ni se movió, por mucho que salté sobre él con mi total fuerza, los golpes simplemente no lo movían. — Entonces no es solo golpearlo — Es mi conclusión, es evidente, que hay un secreto. No quiero seguir golpeando, no quiero romperme un hueso de la mano. Levantarme caminando, darle tiempo a mi mano para que pudiera recuperarse me acerqué a los adolescentes que parecían hacer esto mucho mejor que yo.  





Me acerco a ellos, los veo atentamente. Cómo es posible que ellos lo hagan ver tan facil, deben ser años de entrenamiento. Lo pienso y los observó entrenar y veo que una de las chicas está dando una soberana paliza al muñeco haciéndolo temblar con cada uno de sus golpes y haciéndolo retroceder. Mi impresión es que tiene mucha energía y con solo verla quedó impresionado por su actitud. Espero paciente por ella y tiene mi atención al ver la ferocidad con la que golpea otra vez. Yo deseaba seguir aprendiendo de sus movimientos y notaba como ella solía utilizar sus alas con la clara intención para moverse impulsada. 


Paciente, observadora, atenta, hasta el momento en que ella decidió descansar. Entonces hice mi acercamiento. Caminando buscando simular que solo pasaba por ahí y sentarme junto a ella. 


— Hola, veo que descargaste mucho en ese Bushadus. Jeje. — Le miré, y me senté en el suelo junto a ella quien bebía agua como una deportista de élite. 
—¿Tú crees? No le pegué ni la mitad de fuerte de lo que estoy habitualmente acostumbrada. — No me hizo gestos de ninguna manera. Eso me hizo sentirme tranquilo para tratar con ella y que nos vaya bien todo el tiempo. 


Sonreí para ella y ella no lo hizo de vuelta pero si me trató bien. Fue suficiente para mi, no todos eran como su maestro. —No me lo puedo imaginar, yo estuve golpeando por un rato esta cosa y no fui capaz de hacerlo tambalearse, Incluso creo que me latimé. — 


—JAJAJAJA. Que tonto eres, eso no es para golpearlo y ya. Es para aprender el Busoshoku Haki. ¿No te lo explicaron? Debes sentir, tu propio espíritu en tu cuerpo y llevarlo directamente a tus manos a tus pies y golpear al muñeco. — Esta explicación me llevó dias al pasado directamente al momento cuando estaba entrenando con mi querida Mizuki. Entonces esto va de comprender lo que se siente. 


Pero esta niña para mi era una desconocida total, No podría pedir para hacer lo mismo que hice con Mizuki, ese entrenamiento fue algo, intimo, había confianza y ella me permitió aprender directamente de ella como eran las vibraciones del estilo de Hasshoken. Entonces estas nuevas sensaciones seguramente eran parecidas a las vibraciones del universo. 


En la postura del pensador quedé en rumiación. ¿Cómo se debería sentir eso que ella dice? ¿Mi propio espiritu? ¿Sera que esto es de ponernos religiosos de alguna manera? Nunca me había detenido a estudiar mi propio espíritu ahora me entero de que puedo utilizarlo con completa libertad. Me vuelve loco, me deja sorprendido. Estos estilos de combates que van de la mano con sentir son complicados para una persona que ha llevado un estilo de vida muy físico, muy visual, muy de tacto. Me hace pensar si realmente he elegido el camino correcto para mi vida al agarrarle cariño a las artes marciales. 


Lo pensé una y otra vez. —¿Cómo que sentirlo?— Pregunté, fue más un pensamiento en voz alta. — Yo quisiera entender eso. — Igual de confundida su mirada puesta sobre mi exceso de pensamientos como avispas alborotadas cuando les tocan su panal. —¿No eres capaz de sentir el espiritu? Entonces no deberías estar aquí. Saber reconocer tu propio espíritu es el requisito mínimo para entrenar aquí. — Le miré, y le hice gesto de silencio. —Sssh. No digas eso en voz alta.— Le hice énfasis al decirle agresivo pero con voz baja. 


Fruncí el ceño. Vaya que era una muchacha imprudente. Si el maestro Kaelith llegaba a enterarse seguro me echaría. Debía mostrarle a ese estirado que yo tenía la capacidad suficiente. — Bueno, entonces deberías tratar de aprender eso primero y ya luego seras capaz de moverlo al golpearlo. — En ello los pasos se avecinaron y ella se puso firme inmediatamente. 


Me levanté, junto a ella, no imagine que el maestro estuvera pasando cerca de nosotros. 


—¿Qué rayos están haciendo? ¿Holgazaneando? Patético— A pesar de estar a la distancia sus palabras, sus juicios inmediatos eran ardientes. Miré a mi lado sin entender y vi en ella unas lágrimas, no de tristeza sino de rabia. con una mirada directamente hacia mi. — No vuelvas a dirigirme la palabra, soy la que mas duro trabaja y si el maestro no es capaz de verlo, no me interesa. — Sentí su reproche y lo asimilé con tranquilidad. Yo no podía hacer nada en absoluto para arreglar esta situación, pero si ella ya no quería ayudarme entonces seguiría intentándolo por mi cuenta. Tomé mi distancia, lo suficiente y asentí en silencio. Ella estaba enfocada en lo suyo y comprendí que yo estaba en medio de aquello que deseaba. Me tenía que hacer a un lado. — Lo siento. — Las cosas se tornaban demasiado complicadas y ya no quería molestarla así que de la misma volví con el muñeco. teniendo una pequeña nocion de que debía hacer ahora me centré que debía meditar. Lastimosamente ya el día había avanzado demasiado. 


La luz del final de la tarde comenzó a entrar por las puertas y ventanas del dojo, el día había acabado. — Bueno, ya saben cuales son las reglas, deben retirarse. No quiero ver a ninguno aquí, deben descansar el tiempo suficiente para entrenar lo que les corresponde, no quiero que bajen su rendimiento. —


Tuve que irme inmediatamente. Cómo todos, a descansar, volvería con los muchachos con la esperanza de ver como seguían Mahou, Zhang y Bai. 


Regresar con ellos. Fue un baño de agua fresca.  Llegar y enterarse de mano de la pequeña Mahou como había molestado a otros viajeros y como había elegido puntos arbitrarios de cada esquina de Shandora para ir corriendo y colgándose de cuanta pared encontraba que pudiera escalar. Creo que incluso encontró una cuerda que usó de liana para ir de un techo al otro.  De Bai, era difícil enterarme si Zhang no estaba para traducirme, pero su presencia me hacía sonreír, ella me contó, pero yo no entendí, era una persona hermosa, ya le había ocultado las cervezas, me gustaba más sobria que borracha.El día siguiente llegó y yo decidí hacerme presente inmediatamente. Salí primero que todos los demás con prisa, con seguridad. Quería seguir entrenando y aprender sobre el Haki. Busqué una ropa más acorde, aquel uniforme que solía utilizar cuando entrenaba en la isla karate y me acerqué hasta donde estaba el gimnasio. 


Entonces los via a todos esperando para pasar. seguro de mi mismo. Los otros lunarian estaban esperando también para ingresar, nerviosos, expectantes. Las puertas sonaron y se abrieron señalando que podíamos ingresar. Cuando se abrieron de par en par nadie entró, y yo desde lo último no entendía. Claro, cuando me dormí me volví a hacer pequeño y ahora mismo no alcanzaba a ver entre las personas en las que la estatura es mínimo cuatro metros de altura. 


Al momento vi entre las personas tuve que hacer a un lado sus traseros de mi cara. Entonces lo vi, ese hombre, sus cabellos plateados, sus lentes, su ropa elegante y estilizada. Luce más aristocrático que ayer, de la misma manera, su elegancia lo hace relucir demasiado. Lo que me sorprendió es que en suelo estaba esa chica, la que me había ayudado el día anterior. Miré cómo las cosas parecían no estar bien. El semblante del maestro era duro, era firme. No me gustaba en absoluto, la chica parecía que iba a llorar, en el suelo, sucia por la tierra.


— Tu, ya te lo había repetido varias veces, holgazana, crees que no te vi mientras estabas perdiendo el tiempo, mientras descansas y haces cháchara con tu amiguito. Solo como los demás buscas ayudar a que el arte del Haki se pierda en las manos de esos bastardos. No eres bienvenida aquí, lárgate, deshonras a este dojo y a Shandora. —


Pero que maneras son estas de tratar a los estudiantes. 


— Pero maestro, usted me conoce, entreno más que nadie, entreno mas que todos, no hay nadie que desee más esto que yo. — Suplicante, de rodillas, hizo una reverencia para él pero es cuando yo me percaté que ella no recibía el mínimo de contemplación. 


Admito que me puse nervioso, no por mi, por ella, que yo había visto como le partía su madre a ese muñeco bushandus. No es justo, no es amigable, es un mal maestro. Yo no permitiría que esa pequeña chica viera su oportunidad frustrada. entonces cuando corrí inmediatamente y me puse en el medio entre ellos dos. Más grandes que yo, más fuertes que yo. — Epa Mord Kaelith. Que está haciendo con la chica.—


— Mord Heras, no pierda su tiempo, yo la vi con mis propios ojo. No soy de tolerar la holgazanería, usted es visita y le dí una oportunidad. Pero no me gustó nada lo que vi ayer. — 


— Pero esta no es la manera de tratarla. Ella solo me estaba explicando cosas que aun no lograba digerir y así es como tratas a uno de tus estudiantes que se ha matado día tras día. Si tienes que expulsar a alguien es a mi no a ella, por entorpecer la. —


— Que lindo, pero los sentimentalismos no me interesan. Si quieres tomar su lugar, si crees que eso le conseguirá resolver la situación de ella, te equivocas. No necesito estudiantes flojos para que sigan manchando el nombre de mi Dojo. Para mi ninguno de los dos es aceptable. —


La conversación y estaban los ojos de todos los estudiantes expectantes a ver lo que sucedía. Lo más increíble es que nadie parecía apoyar a su propia compañera. El deseo por ser de admiración de este lunarian era capaz de permitir que incluyeran a una buena aprendiz. No todo lo que brilla en Shandora es perfecto. El asunto se vió zanjado. Todos comenzaron a ingresar salvo nosotros dos. Aun teniendo mucho afrontar. Hasta que nos quedamos solos, nosotros dos. Me volteé hacia ella y a pesar de estar en mi tamaño base quise ayudarla a ponerse de pie. 


— Lo lamento mucho amiga. —


Mi mano fue rechazada con fuerza, con rudeza. El golpe provino de las manos de ella que inmediatamente me atacó con palabras duras de procesar en el momento. 


—Todo esto es tu culpa. No puedo creer que me terminará rechazando el maestro por ayudarte a ti. Inutil, incapaz de sentir su propio espíritu. Perdí mi tiempo y mi única oportunidad al ayudar a alguien cómo tu. —


Me sentí mal nuevamente, sin poder hacer nada por ella. Igual que la vez anterior comprendía lo que era sentir esa Limerencia. No la podía sacar de allí ella se tenía que dar cuenta por si sola en el hueco que estaba metida y yo lo lamenté mucho por ella. Verme reflejado me hizo querer ayudarla, querer hacerle ver que eso que brillaba frente a sus ojos le hacía ver cosas nuevas pero a su vez le estaba cegando. Más que eso realmente no me sentía validado para hacer por ella. Me calmé. suspiré. Hice una reverencia hacia ella al notar que esta se iba corriendo, alejándose de mí en una rabieta que me terminó doliendo. 


Mi soledad en ese momento me dejó un poco vacío, frustrado, realmente deseaba comprender el podía hacer para mejorar las cosas. Tomé una postura, meditando, sentado en el suelo a par de docenas de metros del Dojo de Kaelith. Allí afuera, paciente, comencé a buscar mi espíritu. Era lo que había escuchado más recurrente. Mi desequilibrio se veía en la meditación. Estaba intranquilo, confuso. no alcanzaba a llegar a ese plano relajado en el que consigues que tu mente se porte una playa tranquila. 


Por mi mente no pasaban pensamientos agradables, solo los sucesos recientes, que se reviven de manera involuntaria. Como una gota que cae sobre él un hielo, lo van derritiendo poco a poco. Mi voluntad de la misma manera se veía poco a poco mermada cada vez que se revive el suceso. No era algo que yo decidiera pensar voluntariamente, era solo el pensar que podría haber hecho para que esa chica no saliera perjudicada. 


Quise buscar su voz en mi cabeza a ver si ella tenía algo para decirme. Hubo silencio, claro, ella no era mucho de entrenar, seguro estos temas no le interesan demasiado. El hambre comenzó a rugir al poco tiempo y no me podría percatar que el tiempo que llevó calmarme fue tanto que incluso la intensidad con la que el sol incidía sobre mi había cambiado ligeramente. Busqué sentir algo, cualquier cosa, había aprendido recientemente que el mundo estaba lleno de vibraciones, que se había cargado. Ahora tenía que aprender a sentir mi propio espíritu. 


Seguramente sería algo mucho más abstracto. Comencé a buscar mi propio espíritu. Mi meditación iba pasando por mis recuerdos, buscando dejar mis sentidos en blanco. Similar a como hice con el cabezazo militar. Eso tiene un punto interesante para mejorar. 


—Hola amigo. ¿Cómo va esa meditación?— Una voz bastante infantil interrumpió mi meditación, igual no estaba entrando en ningún trance, pues aun no sentía nada especial por parte de mis propios sentidos. Era una voz tranquila, sonaba un poco infantil para mi, pero no sonaba como la misma chica de hace un momento. Dejé caer mis hombros inmediatamente. Su voz tranquila me hizo responderle con los ojos completamente cerrados. —La verdad es que nada bien. No termino de percibir esa manera de usar el Haki.— 


—Es que tus ojos no estan listos todavía para ver el Haki correctamente, pero tu cuerpo si lo está, lo puedo ver desde aquí. — 


Esas Palabras me hicieron abrir los ojos inmediatamente. No esperaba algo tan conciso y tan directo. Entonces por eso no soy capaz de percibirlo por eso mismo. Le miré, era bajita, aun de pie frente a mi, pero se ve muy joven, casi como una niña. Su voz me lo decía y sus gestos también. 


—Te vi ayer intentando aprender el Haki a los golpes. ¿No te fue bien cierto?— Negué con la cabeza inmediatamente era más que obvio que yo no había sido capaz de mover el muñeco. —Es por eso. Tu cuerpo puede aprenderlo pero aun te falta poco para poder verlo por tu cuenta. Te puedo ayudar si quieres, no es tan complicado.  —


Parece una solución que puede ayudarme a salir de este limbo en el que me encontraba. No tenía nada que perder. Me levanté y me sacudí la ropa, de tanto estar sentado en el suelo había agarrado polvo, amarré bien mi cabello en una cola de caballo y seguí adelante. Siguiéndola por las calles me llevó a un puesto retirado del resto de Shandora. En medio del bosque me dirigió dónde otros jovencitos estaban entrenando. La diferencia de cada Dojo era abismal, esto parecía algo rudimentario, hecho de una manera artesanal. 


— Aquí es.—  Mire sin señalar sorpresas eran muy pocos los adultos que que habían aquí, sacándome a mi creo que solo había uno más. — Me pareció muy lindo lo que quería hacer por esa chica, pero ellos son como su maestro. Te pueden llevar a un nivel alto, pero tienes que ser igual que ellos. No todos podemos aprender de la misma manera. Por cierto mi nombre es Jalindra — Ella siendo tan solo una chiquilla se portaba muy amigable, y era alguien que tenúa un comportamiento que me agradaba. Le seguí y baje mi guardia confiando en ella y en la impresión que generó en mi tranquilidad y la seguí pues me daba la idea de que ella no era como Kaelith. Está otra academia de Jalindra. Era excepcionalmente humilde, pero todos estaban ayudándole. No solo entre contemporáneos, los grandes con los chicos, con los más mayores, sin importar el tamaño o color de las alas. Sonreí, este ambiente era mucho mejor. 


—Me llaman Heras — Ella me miró y se quedó pensativa. Evaluando, como si supiese algo. Su mirada fue una evidente sospecha. — Creo que he oído de ti, pero no estoy segura. Pero por lo que ví no pareces un tipo sanguinario. Prepárate vamos con tu lección.—


Cuando estás fueron sus palabras entonces ella me dejó en claro que tenía que prepararme. Me senté en el suelo e hice unos respectivos estiramientos en mis piernas, espalda, brazos y cuello; que me prepare bien. Me alce y comencé a dar saltitos. Mis alas hicieron movimientos activandose para un momento extenuante. 


— Recuerdas que te dije que tú cuerpo estaba más listo que tus ojos. Hay una manera de hacer que aprendas el Haki por tu cuerpo primero. Pero más te vale que estés preparado.—


Asentí una vez sentí que había calentado algo de motores. Note que ella se puso en guardia inmediatamente. Imagine que las cosas iba a enseñarse de una manera mucho más didáctica. 


— Que sepas que uno es consciente del espíritu cuando está cada vez más cerca del límite. Así que me disculpara, pero te llevaré hasta la extenuación y luego te comenzaré a entrenar.—


Con la sencillez que lo dijo fue un poco escalofriante. Incluso con la sonrisa al final de lo explicado, supe que ella entonces estaba más que acostumbrada a esto. Fue en cuando el combate dió inicio. Sin avisar desapareció frente a mi rostro y apareció junto a mi. 


Ella es muy rápida.


Fue lo único que alcancé a pensar un instante antes de ser golpeado. No fue tremendo pero sí preciso. Entonces me moví para alejarme. Sería algo muy ajetreado. 


Las siguientes horas hicieron que el sol pasará a tornarse tan anaranjado y brillante, distinto a su azul celeste usual, las plantas cambian sus tonos de un verde brillante a uno más opaco. Los golpes, los ruidos de esfuerzo uno tras otro, no cesaron. Un combate que puso a Heras en situaciones donde sus reflejos no llegaron a ser suficiente. 


Imposible poder ver venir los golpes. Reaccionar y cuánto más usaba los mismos tres o cuatro movimientos que había aprendido. Llegué al punto donde mis ataques eran demasiado predecibles. La había tomado por sorpresa una vez, al inicio, cuando ella no sabía mis técnicas. Luego ya fue imposible y cada golpe de ella era como ser atacado con un bate. Demasiada contundencia. 


Me fue desmoronando, sin anular mi movilidad, me dejaba seguirle el paso y se mantenía a la distancia mínima suficiente para llevarme al límite. Nunca volaba lo suficiente, nunca extendía la mano lo suficiente. Entonces es cuando me percate que para tocarla solo mi físico no sería suficiente. No, tendría que seguirla, a toda costa, poner todo mi ser en un solo impacto.


— ¿Ya se está cansando Mord Heras?— Su pregunta junto a su sonrisa risueña. Sus gestos tan tranquilo, tan acomodada de su ropa. Por mi parte, parezco que llevo todo el día haciendo mano de obra a precio de ganga. Sudado, despeinado, la ropa mal arreglada. La respiración cortada y las marcas por todo el cuerpo de los moretones.


Se me caía el glamour con las burlas, pero no las sentía humillantes pues me estaba demostrando con cruda realidad la diferencia entre nosotros. Los mechones quedaban sobre mi rostro, sin duda alguna, Los acomodó con una sonrisa que acepta lo que sucede, para poder aprender lo que se te desea enseñar tienes que ser capaz de aceptar que no lo sabes todo y de que no lo puedes todo. 


Ponerse de pie ya fue todo un esfuerzo, el aire que infla su pecho entra tan frío y sale tan caliente que deja ver una pequeño vapor que se desaparece tras ser exhalada. Una mirada convencida, una mirada atenta, si es ahora que comenzaba el entrenamiento pues estaría encantado de hacerlo. Apreté fuerte las manos y abrí a la carga contra ella.


Sutil, ágil, discreta, escurridiza, sería como tratar de atrapar un ratón que tiene muchos huecos. No solo estar a tope con los movimientos cada vez que mis puños estaban cerca o podrían impactar el tacto era insuficiente. Mis movimientos, cada vez más torpes, mis músculos cada vez más llevados en su limite. Me piden descanso, mi cuerpo me dice que tengo que desistir. Pero es mi voluntad la que me hace empujar cada metro, seguirla como un gato que está aprendiendo a cazar sin demasiado éxito. 


Me cuestioné si debía seguir, si valía la pena cada segundo y la única respuesta válida era que si. Quedarme esperando eternamente ya no podía ser una opción. Entonces me di cuenta de lo holgazán que había llegado a ser cada día. Que tan tope me había estado comportando. Mis alas se abrían cada vez más, mis puños se extendían a pesar de que los tendones y los músculos gritaban en su límite. Buscaba fuerzas en mi interior para poder hacerlo, el fuego dentro de mi que buscaba usarlo para empujar más lejos mis cualidades de agilidad no era suficiente. 


En breves instantes sentía que todo se ponía negro me reconocía a mi mismo cómo uns cascaron que se mueve por un vacío infinito. Un cascarón hueco que por más que lo intenta es como estar moviéndose debajo del mar. No hay la fuerza suficiente en los movimientos y ella en camara lenta solo se esta dando el custo de ver y de estudiar cada uno de mis puños, patadas, hasta cabezazos. Había agotado cada una de mis herramientas, cuando incluso las vibraciones de las que soy catalizador no eran capaces de ayudarme a darle caza. 


Que tormento, no me imaginaba ser este tipo de lastre para los nuevos compañeros que hice. No imaginaba que ellos estuvieran obligados a cazar a este humilde Lunarian. Se sentía como caminar en la nieve, no por que el clima estuviese frío, nada que ver, era que si no lo lograba, si no alcanzaba la puerta de esa iglesia iba a morir allí arrojado y a mi alrededor la imagen de estos nuevos compañeros arrastrados por mi. 


No. Esa imagen tiene que morir aquí y ahora. No dejaré que ninguno de ellos fuera caer, arrastraré con todos y cada uno de ellos. Los llevaré hasta esa iglesia, donde nos esperan con calor, comida caliente y un lugar agradable donde descansar. Si así es como van a suceder las cosas. En mi estómago sentía una nueva chispa, una que no es como mi fuego lunar que es claramente visible. No era una diferente, si el fuego está hecho con una mezcla de todos donde predomina el amarillo, estas chispas son diferntes, son naranjas, como extravagantes pues libera restos de una braza que es blanca. 


Mis piernas flaquean en mis avances en ese zig-zag oscilante y fuera de cualquier patrón es cuando noté que ya mi cuerpo no daría más. No había vibraciones que me ayudaran, no había calor de mi fuego que me empujara hacia adelante. En ese instante me quedé pasmado y la vi frente a mi. Es imposible que esta pequeña sea tan elusiva y no se le vea la más mínima señal de esfuerzo. 


No, necesito seguir empujando, aun estoy demasiado lejos y ella solo está allí, tengo que empujar un poco más. Tengo que poner más fuerza en mí, de algún lado tiene que salir. Empuja, EMPUJA, EMPUJA. 


Lo vi, lo reconocí, entonces es cuando esa chispa se convirtió en un nuevo fuego. Uno que al encenderse recubrió mi cuerpo. No motivado por una emoción, no era por el enojo, por la rabia, por la impotencia, no eran las emociones negativas las que habían hecho era por el deseo de luchar por aquellos a mi lado. Por querer protegerlos y cuidarlos. Siendo las primeras personas que están a mi alrededor, que no solo me abrieron una puerta, sino que me dieron la oportunidad. El señor Sangoalo que me había dado esa oportunidad de acompañarlos, de la pequeña Mahou, que me había hecho reír de nuevo, de Bai, ese rostro que ahora yo tenía la oportunidad de volver a encontrarme. 


Si, apuntar hacia ellos que son mi nueva etapa y una que voy a disfrutar a cada segundo, una que voy a cuidar a cada segundo. Si. Lo voy a dar todo por ellos. Sin reservarme y los llevaré a todos a la iglesia, esa que brilla al final del camino lleno de nieve. No estaré más en ese espacio ralentiza mis movimientos. 


La maestro sonrie, se mueve más lenta de lo que acostumbro, lo se, le vengo siguiendo el paso y siento que mis puños estan cada vez mas cerca. Se debe estar agotando. Es mi oportunidad, vuelve a la realidad, entregalo todo aprovecha esta nueva fuente de fuerza. 


Abracé este fuego naranja y lo llevé indiscretamente a mis manos y las hice arder con fuerza. Mi siguiente puño fue cargado con todo lo que tenía y es cuando ella lo detuvo. En seco, con técnica, me recordó al maestro Dan y a la maestra Sira de la isla Karate. 


—Excelente Mord Heras.— Su mirada estaba satisfecha y su sonrisa enseñaba sus dientes bastante bien. Mis músculos se tensaron, me hicieron sufrir, me recordaron que habían pasado su límite. —Ya comenzaste a ser consciente de tu propio espíritu, a partir de ahora es que comienza tu entrenamiento.—


Cómo un títere al que le cortan los hilos me vine abajo. Completamente derrumbado. Cabe destacar que perdí por completo la noción de todo lo que me rodeaba, pero había comenzado a comprender este nuevo mundo lleno de sensaciones.
Off
En el que aparecen los maestros del Haki Kaelith y Jalindra. Segun mi docs tengo 8040 palabras. Espero todo esté en orden



RE: Maestros [PR|Fic, Entrenamiento Haki.] - PX-5 - 31-08-2026

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Entrenamiento Haki Completado


Heras, tienes el Busoshoku Haki básico listo para entrenar.
STAFF DE NAKAMA NO MI
Nota