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[P.R.-Combate espadachines]Humo y Cenizas. Los restos del incendio de Sabaody. - Kisuke Kageyama - 06-10-2026 República de Mogaro, Nuevo Mundo, Grand Line.
11 de la mañana, día 76 de verano, año 18. Había llegado el día. Tras poco más de una semana de una calma relativa en la isla, donde los lugareños poco a poco se habían acostumbrado a la presencia de la tripulación del Shichibukai Ashura en la isla, la fecha señalada por Kisuke Kageyama, Comandante de los Ejércitos del West Blue, para su duelo con Ashura, había llegado finalmente. La mañana había iniciado y transcurrido con la rutina habitual, pero Kisuke podía sentirlo en sus carnes, no era un día más, como otro cualquiera. Durante un buen rato estuvo terminando de poner en orden el papeleo que tenía pendiente y revisando las últimas gestiones que le quedaban y, tras haberse fumado medio paquete de tabaco a lo largo de las primeras horas del día, había cogido sus katanas, Yamigiri, Sembonsakura y Benisakura, y se las había colocado como siempre la primera en la cadera izquierda y las otras dos en la derecha; se enfundó el manto de los Toros Negros y salió por la puerta de su cuarto para ir al lugar acordado, el patio de armas del castillo de Ciudad Kamome.
"Es el mejor lugar posible para un encuentro así..." El sitio tenía como una hectárea de superficie circundada por la edificación del propio castillo y la muralla que lo defendía cuando era el bastión del anterior rey, y el día anterior, había pedido que quitasen de allí cualquier obstáculo que pudiese entorpecerlos durante su refriega, no quería que nada intercediese en la contienda. El antiguo pescador iba caminando hacia el castillo, pensando en lo acontecido unos años atrás en Sabaody: el hallazgo de su akuma no mi, el rescate de Zorak, la promesa de un futuro desafío a Ashura, la pelea contra el Almirante Dimípalo y la huida del Archipiélago ante la llegada de Akahige. Habían sucedido demasiadas cosas y algunas tuvieron consecuencias inmediatas, como el ascenso de Kageyama a Comandante de la Revolución, y otras estaban llegando ahora, como obra del karma o el destino. Era un duelo que estaba destinado a darse desde el momento en el que Ashura utilizó el den den mushi de Zorak para llamar y pedir un rescate. Al llegar estaban la pareja de guardias que siempre custodiaba la entrada del recinto y saludaron al comandante con deferencia. Kisuke realizó el saludo oficial revolucionario como respuesta. -No tardará en aparecer Ashura, el Shichibukai, así que permitidle entrar y cerrad el acceso al patio de armas. Nadie debe entrar en el mismo o corre el riesgo de morir sin remedio. Miró a los soldados con toda la seriedad y franqueza que pudo transmitir y entró en el patio de armas, activando su kenbunshoku básico en un radio de cien metros, cubriendo toda la superficie del lugar; no quería que hubiese alguien por allí que pudiese interceder en la pelea. Estaba decidido a medir su camino de la espada con el de Ashura, el momento había llegado. Durante su primer encuentro ya quedó más que claro que eran dos espadachines completamente diferentes. El antiguo pescador no tenía la respuesta a cual era el mejor de los dos caminos, pero si tenía claro cual era el suyo y no le importaba si no era el mejor camino, el más sencillo o el más corto, cuando heredó la katana de su padre había decidido poner su espada al servicio de los débiles y los oprimidos, y por ese motivo entró en la Armada Revolucionaria. Ashura por el contrario, había mostrado un ansia de poder, superación de si mismo y una búsqueda de la lucha constante que no le gustaba nada al Comandante Revolucionario porque buscaba seguir ese camino a costa de quien fuera o lo que fuera, y, para Kageyama, sus principios y valores eran lo más importante, por lo que sus personalidades chocaron desde el minuto uno. Además que ambos eran gente sin pelos en la lengua por lo que cualquier interacción entre ellos solía escalar rápidamente a una agresividad inusitada.
"Definitivamente, somos como el agua y el aceite..." La hora se aproximaba, el sol estaba próximo a llegar a su cénit marcando el mediodía, por lo que Kisuke se prendió un cigarro y se cruzó y se situó de pie, de cara a los portones de entrada con los brazos cruzados a cincuenta metros, en el centro mismo del patio de armas, que habían vaciado de cualquier instrumento de entrenamiento, arma o lo que fuera para que aquel combate tuviese lugar sin ningún hándicap. El antiguo pescador estaba nervioso, pero emocionado por el combate, hacía mucho que no se medía a un espadachín tan poderoso como Ashura y aquello era una prueba de fuego para ver hasta donde llegaban sus habilidades. Tenso, agarró la empuñadura de Yamigiri con la mano derecha y comprobó si salía bien de su vaina, aflojando la hoja empujando con el pulgar de su mano derecha y mostrando los primeros centímetros del filo de su meitõ. Volvió a asegurarla y cruzó de nuevo los brazos esperando a su contendiente, justo cuando las campanas dieron las doce del mediodía, señalando la hora indicada. El combate estaba por empezar, los restos del incendio infernal de Sabaody... humo y cenizas.
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