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El peso de los que quedan [P.R] - Kael Omuyaga - 12-10-2026 Día 70 de Verano, Año 18
18:10
Kael estaba sentado frente al escritorio, escribiendo informes, regulando finanzas y encargándose del papeleo como el gestor y tesorero de la División 30, pero a diferencia de sus jornadas de trabajo habituales, había algo ligeramente diferente. Esta vez, y durante lo que nosotros conocemos como casi un mes, Kael tenía el Den Den Mushi sobre la mesa, al cuál observaba de reojo cada pocos minutos pensando que, en cualquier momento, llamaría a través de aquel caracol esa persona de la cuál esperaba la llamada. Él era fuerte, pecaba de confianza, pero su optimismo y su forma de ser le mantendrían lo suficientemente precavido como para encontrar al pirata y no subestimarlo hasta que finalmente, lo tuviese preso bajo sus manos. Él sabía que volvería, que si no observaba el Den Den Mushi eventualmente aparecería tras la puerta diciendo que ese día, como todos los anteriores, no había tenido suerte, y que volvería a intentarlo mañana. Pero no podía dejar de mirarlo. La gestión de gastos no era en absoluto un problema. Las arcas de la división gozaban de una generosa cantidad entre sus miembros que les permitiría mantenerse cómodamente por todo el resto del camino hasta el archipiélago Sabaody donde, eventualmente, deberían acudir hasta la sucursal del Banco Goldreich para pagar la deuda que la ahora Soldado Raso Akira había adquirido para pasar a ser, efectivamente, una mujer de pleno derecho. Los minutos se sucedían uno tras otro, entregando un silencio que tan solo se vería cortado por el sonido de las olas, los pájaros, y el crujido de la manera que el pequeño gato Ford o alguno de sus compañeros realizaría mientras caminaban por el barco. Y entonces, cuando todo parecía seguir el curso de la normalidad de cada día, su Den Den Mushi se movió, comenzando a sonar. Apenas tardó un segundo en atender la llamada. —Se terminó. No hubo ningún saludo, ni tampoco una confirmación de que quién atendía el aparato era su amigo. Ambos sabían a que se debía la llamada en el momento en que descolgó. Encontré a Uker. Yo lo... El silencio se hizo presente. ¿Estaba herido? ¿Necesitaba apoyo? ¿Él? Está muerto, Kael. Necesito decirte exactamente donde estoy, y que vengas. Ahora aquella pausa, vino por parte de quién se encontraba al otro lado de la llamada. No lo había capturado, y de alguna forma, parecía afectado por el desenlace de aquella situación tan abrupta. Llevaba días buscando a aquel pirata entre todos los rincones de la isla, cuando la solución más obvia hubiese sido bordearla hasta conseguir encontrar un barco criminal con la bandera ondeante de su tripulación, si es que aún seguía allí. ¿Acaso le dolía acabar con su vida? —De acuerdo, dame tu localización. Voy ahora mismo para allá. No sabía que le estaba sucediendo, pero sin duda alguna, a través del tono de voz que se transmitía por el animal, aquello le había resultado mucho más incómodo de lo que esperó que fuera en un principio, cuando salió sin hablar con nadie más en su búsqueda. Kael no avisó a nadie, no entregó ninguna advertencia, pues en aquella situación, con los problemas que aparecerían tras comunicar el fallecimiento del último miembro de los Sepultura...era mejor darse a ambos un pequeño espacio de tranquilidad y privacidad antes de tener que enfrentar todo lo demás. 18:55
A lomos del hipopótamo Lanudo Rassmusen que Bertram le encomendó cuidar hasta su reencuentro, consiguió el azabache llegar hasta el lugar donde aún su compañero le esperaba paciente, observándolo a la distancia por aquel reconocible cabello blanco que, junto con el uniforme de marine, le permitía distinguirlo de entre toda la vegetación de aquella zona de la isla. Gracias a la ayuda del animal pudo llegar mucho antes de lo que hubiera tardado a pie, y agradecido por su ayuda, le entregó un par de caricias mientras poco a poco terminaban de alcanzar su destino, hasta que finalmente lo tuvo a tan solo un par de metros de distancia, sin fijarse en nada más a su alrededor, concentrando su atención en la figura de su amigo, buscando algún indicio de que sus palabras fueran completamente sinceras, y tal y como le prometió, no estuviera herido por ningún lado. —Buen tra...—Se detuvo en el acto. Aquella no era la forma adecuada de hablar con su amigo. No estaba el de cabello largo ahí para decirle lo mismo que cualquier otro de sus compañeros. Ellos estaban solos porque podían hablar sin mantener la formalidad, y mantener algo de tacto que ningún otro de sus camaradas podría llegar a tener en esa situación por los protocolos que poseía la propia organización de la Marina.—Me alegro que estés bien, Shin. A pesar de saber y confiar perfectamente que sería el vencedor de aquel posible duelo, parece que al final, incluso él podía seguir sintiendo un ápice de preocupación por la única persona a la que no está dispuesto a perder. No era una duda de sus capacidades, pero sí que hasta la fecha, le resulta aún imposible retraer completamente aquello que, en el fondo, le hace saber que lejos de él, no sabe cuál puede ser su destino. Y no piensa vivir una situación como la de Kutsukku estando lejos de él. Aquello no pasaría jamás. —¿Te encuentras bien? No le podía importar menos en ese momento donde estaba el cadáver. |